Καὶ σὺ, τέκνον; ¿Tú también, hijo?

El día 15 de marzo del año 44 a. C., los famosos idus de marzo, Cayo Julio César fue apuñalado hasta la muerte por un grupo de senadores defensores de la república, entre los que se contaba Marco Junio Bruto. Según se dice, en el momento en que César vio a Bruto, exclamó “¿Tú también, Bruto, hijo mío?”, frase que se ha convertido en una habitual expresión de sorpresa ante una traición. Este artículo pretende analizar los textos antiguos relativos a esta frase, valorar algunas interpretaciones modernas y complementarlas con alguna aportación propia.

Los testimonios antiguos

El desarrollo del magnicidio fue narrado solamente por cinco prosistas: Suetonio, Apiano, Plutarco, Nicolás de Damasco y Dión Casio. Comencemos por el detallado relato del primero, que en la parte que nos interesa dice así:

“En cuanto se sentó, los conspiradores lo rodearon a manera de homenaje y al punto Címber Tilio, que había asumido el primer papel, se le acercó como para pedirle algo y, ante su gesto negativo y dilatorio para otro momento, lo sujetó por ambos hombros de la toga; después, mientras César gritaba “¡Esto es violencia!”, vuelto hacia el otro lado, uno de los Casca lo hirió un poco por debajo de la garganta. César sujetó a Casca por el brazo, le clavó un punzón y, cuando intentaba levantarse, fue detenido por otra herida; y cuando se percató de que era acosado por todas partes por puñales desenvainados, envolvió la cabeza con la toga y a la vez, con la mano izquierda, se bajó el pliegue de la toga hasta el extremo de las piernas, para morir con más decoro, teniendo tapada la parte inferior del cuerpo. Así fue traspasado por veintitrés puñaladas, sin dar un grito, sólo con un gemido al primer golpe, si bien algunos cuentan que dijo a Marco Bruto, que le atacaba: «καὶ σὺ, τέκνον;» Yació exánime un rato, mientras todos huían, hasta que tres esclavos lo pusieron en una litera y, con un brazo colgando, lo llevaron a su casa.”[1]

Como se ha indicado más arriba, centraremos nuestra atención en la frase καὶ σὺ, τέκνον; (“¿También tú, hijo?”[2] es la traducción). Abordaremos la frase, destacando ante todo que Suetonio recoge dos versiones opuestas: la primera, en la parte nuclear de su relato, según la cual César no pronunció ni una palabra durante el crimen; y una segunda, de acuerdo con la cual la célebre frase le es atribuida por ciertas fuentes. En esto se asemeja bastante a él Dión Casio, quien tal vez recuerda[3] lo que había leído en Suetonio, aunque expresa con más claridad su confianza en la versión de que César guardó silencio y, a contrario sensu, su desconfianza en la versión alternativa:

“Ésta es la versión más veraz; pero ya hubo quien contó también esto: que decía a Bruto, que lo había golpeado con violencia, «¿También tú, hijo?».”[4]

En segundo lugar, cabe notar que Suetonio, que escribía en latín, da las palabras de César en griego, pero sobre esto volveremos más adelante. Ahora, fijémonos en el plano sintáctico; en la frase falta el verbo, que podemos sobreentender sin demasiado esfuerzo: “Me matas”, “Me traicionas” o “Estás con ellos”. Esta misma carencia de forma verbal ha permitido postular algunas interpretaciones de la frase que llevan muy lejos, acaso demasiado. Pero de esas interpretaciones hablaremos más abajo.

Aún conviene señalar que la versión más conocida de la frase, Tu quoque, Brute, fili mi? (“¿Tú también, Bruto, hijo mío?”, por dar una traducción de una frase tan conocida), procede de una obra dieciochesca para uso escolar escrita por el abad Lhomond;[5] la oración, si bien no muy rica estilísticamente, permite practicar las particularidades del caso vocativo.

Pero volvamos a nuestras fuentes. Curiosamente, ningún autor clásico más, aun relatando el magnicidio con profusión de detalles, menciona la frase. El historiador Nicolás de Damasco, contemporáneo del emperador Augusto, recuerda con detalle quién hirió a César y en qué partes del cuerpo, e incluso que en el fragor del asesinato Marco Bruto fue herido en la mano por Casio Longino que erró el golpe, y así hasta treinta y cinco heridas.[6]

Bastantes años después, Plutarco insiste en la actitud de César cuando vio a Bruto:

“Era preciso, en efecto, que todos se hiciesen partícipes y gustasen del crimen. Por ello, también Bruto lo hirió una única vez en la ingle. Y según narran algunos, César se defendía ante los otros, apartaba el cuerpo a un lado u otro, y gritaba, mas cuando vio que Bruto sacaba la espada, se echó el manto a la cabeza y se tiró al suelo, siendo arrojado por casualidad o por culpa de los asesinos junto al pedestal sobre el que se alzaba una estatua de Pompeyo.”[7]

Por último, aún queda el historiador Apiano, en cuyo relato existe una laguna en un punto en que muy bien podría encajar la frase que nos ocupa, como podemos ver en el original, desde el momento en que interviene Bruto:

“Casio lo golpeó en la cara, y Bruto lo hirió en el muslo y Bucoliano en la espalda, de modo que, hasta cierto momento, César se revolvía con ira y gritos contra cada uno de ellos, pero, tras el golpe de Bruto”

Y aquí falta un fragmento de texto,[8] donde podrían estar las palabras de César, y luego sigue así:

“… ya porque se hubiera desanimado, se envolvió en el manto y cayó dignamente junto a la estatua de Pompeyo. Pero los otros, aun así, se ensañaron con el caído hasta causarle veintitrés heridas. Y durante la refriega muchos se hirieron con las espadas unos a otros.”[9]

Así pues, el testimonio de Apiano no es decisivo.

Algunas interpretaciones

Sea como fuere, naturalmente, la primera impresión que causan estas palabras es que reflejan la sorpresa y el dolor de César al ver entre sus asesinos a una persona muy querida, como es obvio por el apelativo que usa para con Bruto, τέκνον.[10] En efecto, como ya observó Jérôme Carcopino,[11] este sustantivo se empleaba para jóvenes por los que se sentía un especial afecto y no hay motivo para suponer que Bruto pudiera ser hijo de César, como habían supuesto historiadores y editores de principios del XX. Y sería precisamente ese emotividad lo que empujaría a César a expresarse en griego (no una cita literaria como en ἀνερρίφθω κύβος), como era corriente entre las clases cultas de Roma.[12]

A su vez, H. Gugel[13] sostiene que hay suficientes razones para creer que en el relato de Suetonio la frase sirve de recordatorio final de las malas costumbres de Julio César; la frase fue inventada, por tanto.

Frente a la opinión corriente entre los historiadores modernos y los editores de Suetonio, M. Dubuisson considera que estas palabras constituyen un detalle casi imposible de inventar, sino una exclamación espontánea de la víctima; por tanto, el que se encuentren sólo en Suetonio y Dión Casio no debería lleva a la conclusión de que fueran apócrifas.[14]

En cambio, P. Arnaud[15] tiene la frase por una creación de los historiadores y defiende que su sentido debe buscarse en ciertas palabras que, también según Suetonio, dirigió Augusto a Galba:

“Es un hecho establecido que Augusto le dijo pellizcándole la boquita [sc. a Galba], cuando todavía niño le saludaba con otros de su edad: «καὶ σὺ τέκνον τῆς ἀρχῆς ἡμῶν παρατρώξῃ».”[16]

“También tú, hijo, mordisquearás de nuestro poder”. Según Arnaud, la frase sería un pastiche creado por Augusto a partir de un ignoto verso famoso. Augusto, de una forma velada, pronostica a Galba que en su día será emperador. Para Arnaud, la frase de César implicaría que Bruto iba a convertirse en lo mismo que César: un tirano. En una línea parecida se expresa A. J. Woodman respecto a una frase semejante que se encuentra en Tácito.[17]

Otros aspectos

Si bien no es inoportuno relacionar la frase que nos ocupa con los emperadores romanos, tal vez esta visión política no sea suficiente y convenga situar las palabras de César en un contexto más amplio para entenderlas con todas sus implicaciones.

La novela Quéreas y Calírroe, obra de Caritón de Afrodisias, autor del siglo I a. C. o I d. C., presenta las cuitas de la bellísima protagonista, que, embarazada, se enfrenta con un mundo hostil; dudando si abortar, habla con el hijo que lleva en sus entrañas:

“Tal vez navegarás por mí tú también, hijo, [καὶ σὺ τέκνον] a Sicilia; buscarás a tu padre y a tu abuelo, y les contarás lo ocurrido con tu madre. De allí partirá una flota en mi auxilio. Tú, hijo, devolverás a tus progenitores el uno al otro.”[18]

Pocas líneas después Plangón, mujer del administrador, aconseja a Calírroe que confíe en el juramento que le obligará a prestar a su amo Dionisio:

“Con todo, lograré que jure, aunque sea el amo; es necesario que nosotras hagamos todo con completa seguridad. Y tú, hija, [καὶ σὺ τέκνον] confía en el juramento. Pero yo marcho a realizar la embajada.”[19]

Finalmente, cuando Quéreas y Calírroe han vuelto a encontrarse, Dionisio habla con el hijo de Calírroe, al que cree hijo suyo:

“Un día te alejarás de mí tú también, hijo, [καὶ σὺ τέκνον] para ir junto a tu madre; y en efecto, ella te lo manda; mientras yo viviré solo, siendo el culpable de toda mi desgracia. Me han arruinado mis inútiles celos y tú, Babilonia.”[20]

La novelesca Historia de Alejandro Magno, ya en el siglo III d. C., presenta al filósofo Aristóteles hablando con sus discípulos, a los que les pregunta cómo lo tratarían cuando se convirtieran en reyes; un discípulo anónimo le responde que lo haría compañero de mesa y otro que ministro y consejero. Después el sabio se dirige al joven Alejandro:

“Y tú, hijo, [καὶ σὺ τέκνον] si recibes de tu padre el reino, ¿cómo me tratarás a mí, que soy tu maestro?” Y él contestó: “¿Me preguntas sobre acontecimientos futuros, no teniendo garantía del mañana?”. [21]

El resto de la respuesta de Alejandro la sabrá quien la leyere, pero a nosotros lo que nos interesa es que Aristóteles se dirige al joven usando como incipit de sus palabras la frase que nos ocupa aquí.

Hemos visto varios casos en que se usa la misma expresión καὶ σὺ τέκνον en obras novelescas. La expresión recoge el tono amable de quien es mayor en edad y conocimiento, lo cual podría valer para cualquier momento de la vida de César y de su amistad con Marco Junio Bruto. Pero ¿y en el final de César?

Conclusión

En las páginas anteriores hemos podido ver diversos testimonios de autores antiguos acerca de la frase que posiblemente pronunció César en sus últimos momentos. Hay que tener en cuenta que los dos únicos autores (Suetonio y Dión Casio) que recogen la frase, lo hacen con reparos, considerándola una versión alternativa. Esto nos lleva a dudar de su autenticidad, que negaríamos, si nos viésemos obligados a ello o le encontrásemos alguna utilidad.

Dicho esto, se podría pensar que el καὶ σὺ, τέκνον debió de ser recogido por los historiadores o creado por algún motivo concreto; a mi entender, subraya el patetismo -rayando en el melodrama- de la situación y es capaz de recoger en su trucada y ambigua expresión un sinfín de sentidos: la sorpresa, la angustia, la desesperación, el dolor, el deseo de venganza… No se trata, naturalmente, de sensaciones o sentimientos excluyentes, aun siendo contrapuestos, ni siquiera en el momento de ser asesinado.

Hemos visto que el motivo del καὶ σὺ, τέκνον se encuentra en obras novelescas del tiempo de los historiadores y eso nos indica que era una forma corriente de expresarse; por eso, no nos sorprende tampoco que a los emperadores Augusto y Tiberio se les atribuyeran frases muy parecidas, independientemente de que realmente las usasen.

Nos queda todavía un interesante detalle por comentar: el hecho de que los protagonistas de la escena alternan griego y latín.[22] Ista quidem vis est! exclama César, acaso empleando un tono institucional, cuando lo sujetan de la toga.[23] “¡Infame Casca!, ¿qué haces?”, dice Julio César en latín a Casca, que acaba de herirlo.[24] “Ἀδελφέ, βοήθει”, “¡Ayuda, hermano!”, grita Casca a su hermano en griego, probablemente la lengua en que ambos fueron educados.[25]

El misterio que envuelve el καὶ σὺ, τέκνον es en sí mismo inquietante y turbador, pero tal vez sea la razón por la cual ha pervivido como una frase de uso corriente a través de los siglos.

Notas

[1]     Iul. 82, 2: Assidentem conspirati specie officii circumsteterunt, ilicoque Cimber Tillius, qui primas partes susceperat, quasi aliquid rogaturus propius accessit renuentique et gestu in aliud tempus differenti ab utroque umero togam adprehendit; deinde clamantem: “Ista quidem vis est!” alter e Cascis aversum vulnerat paulum infra iugulum. Caesar Cascae brachium arreptum graphio traiecit conatusque prosilire alio vulnere tardatus est; utque animadvertit undique se strictis pugionibus peti, toga caput obvolvit, simul sinistra manu sinum ad ima crura deduxit, quo honestius caderet etiam inferiore corporis parte velata. Atque ita tribus et viginti plagis confossus est uno modo ad primum ictum gemitu sine voce edito, etsi tradiderunt quidam Marco Bruto irruenti dixisse: καὶ σὺ, τέκνον; Exanimis diffugientibus cunctis aliquamdiu iacuit, donec lecticae impositum, dependente brachio, tres servoli domum rettulerunt.
[2]     En la primera escena del tercer acto, verso 77, de la tragedia Julio César, W. Shakespeare escribee Et tu, Brute? (“¿También tú, Bruto?”), casi un palíndromo, conciso y patético, expresión que ya se hallaba en dos obras de Richard Eedes.
[3]     Hay disparidad de opiniones: M. Dubuisson (“Toi aussi, mon fils!”, Latomus 39, 1989, p. 890, n. 59) señala que el uso de Suetonio por parte de Dión Casio no parece admisible, pero P. Arnaud (“«Toi aussi, mon fils, tu mangera ta part de notre pouvoir» – Brutus le Tyran?”, Latomus 57, 1998, p. 62, n. 4) cree que el final del pasaje de Dión Casio es una simple traducción de Suetonio.
[4]     XLIV 19, 5: Ταῦτα μὲν τἀληθέστατα· ἢδη δέ τινες καὶ ἐκεῖνο εἶπον, ὅτι πρὸς τὸν Βροῦτον ἰσχυρῶς πατάξαντα ἔφη· καὶ σὺ τέκνον; En un resumen tardío de la obra de Dión (Epit. Xiph. 33) se lee: “Y se cuenta que dijo a Bruto que lo había golpeado con violencia: ¿Tú también, hijo?” (λέγεται δὲ ὅτι πρὸς τὸν Βροῦτον ἰσχυρῶς πατάξαντα ἔφη καὶ σὺ τέκνον;).
[5]     De viris illustribus urbis Romæ a Romulo ad Augustum, Filadelfia, 1813 (2ª edición estadounidense; originalmente publicada en París, 1779), p. 189: Quum Marcum Brutum, quem loco filii habebat, in se irruentem vidisset, dixit : “Tu quoque fili mi!” (“Cuando vio que se precipitaba contra él Marco Bruto, al que tenía por un hijo, dijo «Tú también, hijo mío»”, si fuera necesaria una traducción).
[6]     El damasceno (fr. 90 F 130, 89-90 Jacoby) menciona expresamente la intervención de Bruto en este punto (“A su vez, Casio Longino, que se apresura a asestar otro golpe, no acierta en César, sino que alcanza la mano de Marco Bruto”: Κάσσιος δὲ Λογγῖνος ἑτέραν ἐπενδοῦναι πληγὴν σπεύδων, τοῦ μὲν ἁμαρτάνει, τυγχάνει δὲ τῆς Μάρκου Βρούτου χειρός), aunque después todos golpearon al yaciente (“Y ya no quedaba ninguno que no hubiese golpeado el cadáver caído, de manera que pareciese que no había participado en el crimen, hasta que expiró de treinta y cinco heridas”: καὶ οὐδεὶς ἔτι λοιπὸν ἦν ὃς οὐχὶ νεκρὸν κείμενον ἔπαιεν ὅπως ἂν καὶ αὐτὸς δοκοίη τοῦ ἔργου συνῆφθαι, εἰς ὃ ε΄ καὶ λ΄ λαβὼν τραύματα ἀπέπνευσε).
[7]     Caes. 66, 11-12: ἅπαντας γὰρ ἔδει κατάρξασθαι καὶ γεύσασθαι τοῦ φόνου. διὸ καὶ Βροῦτος αὐτῷ πληγὴν ἐνέβαλε μίαν εἰς τὸν βουβῶνα. λέγεται δ’ ὑπό τινων, ὡς ἄρα πρὸς τοὺς ἄλλους ἀπομαχόμενος καὶ διαφέρων δεῦρο κἀκεῖ τὸ σῶμα καὶ κεκραγώς, ὅτε Βροῦτον εἶδεν ἐσπασμένον τὸ ξίφος, ἐφειλκύσατο κατὰ τῆς κεφαλῆς τὸ ἱμάτιον καὶ παρῆκεν ἑαυτόν, εἴτ’ ἀπὸ τύχης εἴθ’ ὑπὸ τῶν κτεινόντων ἀπωσθεὶς πρὸς τὴν βάσιν ἐφ’ ἧς ὁ Πομπηίου βέβηκεν ἀνδριάς. Lo cuenta de manera muy parecida en su biografía de Bruto (Brut. 17, 6-7): Y ya César era golpeado por muchos, miraba alrededor e intentaba rechazarlos; mas en cuanto vio que Bruto sacaba la espada contra él, dejó ir con fuerza la mano de Casca y, cubriéndose la cabeza con el manto, entregó el cuerpo a los golpes. Sin embargo, ellos, que golpeaban sin piedad por todo el cuerpo valiéndose de muchas espadas, se herían unos a otros, de forma que hasta Bruto, siendo cómplice del asesinato, recibió una herida en la mano y todos se llenaron de sangre (ἤδη δὲ παιόμενος ὑπὸ πολλῶν καὶ κύκλῳ περιβλέπων καὶ διώσασθαι βουλόμενος, ὡς εἶδε Βροῦτον ἑλκόμενον ξίφος ἐπ’ αὐτόν, τὴν χεῖρα τοῦ Κάσκα κρατῶν ἀφῆκε, καὶ τῷ ἱματίῳ τὴν κεφαλὴν ἐγκαλυψάμενος, παρέδωκε τὸ σῶμα ταῖς πληγαῖς. οἱ δ’ ἀφειδῶς ἀναπεπλεγμένοι πολλοῖς περὶ τὸ σῶμα χρώμενοι τοῖς ξίφεσιν, ἀλλήλους ἐτίτρωσκον, ὥστε καὶ Βροῦτον εἰς τὴν χεῖρα πληγὴν λαβεῖν, τοῦ φόνου συνεφαπτόμενον, πίμπλασθαι δὲ τοῦ αἵματος ἅπαντας).
[8]     Así lo editan H. White en la colección Loeb (p. 444) y L. Mendelssohn-P. Viereck en la edición teubneriana (p. 255) siguiendo una sugerencia de J. Schweighaeuser (Appiani Alexandrini romanarum historiarum quae supersunt, II, Leipzig, 1785, p. 337).
[9]     BC II 117: καὶ Κάσσιος ἐς τὸ πρόσωπον ἔπληξε καὶ Βροῦτος ἐς τὸν μηρὸν ἐπάταξε καὶ Βουκοιανὸς ἐς τὸ μετάφρενον, ὥστε τὸν Καίσαρα ἐπὶ μέν τι σὺν ὀργῇ καὶ βοῇ καθάπερ θηρίον ἐς ἕκαστον αὐτῶν ἐπιστρέφεσθαι, μετὰ δὲ τὴν Βρούτου πληγήν, … εἴτε ἀπογινώσκοντα ἤδη, τὸ ἱμάτιον περικαλύψασθαι καὶ πεσεῖν εὐσχημόνως παρὰ ἀνδριάντι Πομπηίου. οἱ δὲ καὶ ὣς ἐνύβριζον αὐτῷ πεσόντι, μέχρι τριῶν ἐπὶ εἴκοσι πληγῶν· πολλοί τε διωθιζόμενοι μετὰ τῶν ξιφῶν ἀλλήλους ἔπληξαν.
[10]     Para el uso de τέκνον, cf. P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque, IV-1, París, 1977, s. v. τίκτω, p. 1118; H. G. Liddell – R. Scott, Greek-English Lexicon, Oxford, 1968, s. v. τέκνον, p. 1768.
[11]     Julio César. El proceso clásico de la concentración del poder, Madrid, 2007, p. 623, nota 1.
[12]     Para Julio César y su uso de esta lengua, cf. M. Dubuisson, “Toi aussi, mon fils!”, Latomus 39, 1980, p. 886-887; H. Glaesener, “Un mot historique de César”, AC 22, 1953, p. 104, nota 1; M. Markovic, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, Z. Ant. 2, 1952, p. 63. En general, sobre la educación en Roma y la lengua griega, su influencia sobre el latín y el uso de la lengua helénica entre los romanos, por ejemplo cf. H.-I. Marrou, Historia de la educación en la antigüedad, Madrid, 1985, p. 314-343; F. Rodríguez Adrados, Historia de la lengua griega, Madrid, 1999, p. 173 ss. Sobre otras frases famosas de Julio César, cf. http://www.sarasuati.com/iacta-alea-est-y-otras-frases-de-cesar/.
[13]     “Caesars Tod (Sueton., Divi Iul. 81, 4-82, 3). Aspekte zur Darstellungskunt und zum Caesarsbild Suetons”, Gymnasium 77, 1970, p. 19.
[14]     Cf. “Toi aussi, mon fils!”, Latomus 39, 1980, p. 890.
[15]     “«Toi aussi, mon fils, tu mangeras ta part de notre pouvoir» –Brutus le Tyran?”, Latomus 57, 1998, p. 61–71.
[16]     Galba 4, 2: Constat Augustum puero adhuc, salutanti se inter aequales, apprehensa buccula dixisse: «καὶ σὺ τέκνον τῆς ἀρχῆς ἡμῶν παρατρώξῃ».
[17]     “Tiberius and the taste of power: the year 33 in Tacitus”, CQ 56-1, 2006, p. 183-184. El texto de Tácito se encuentra en Ann. VI 20.
[18]     II 9, 5: πλεύσῃ μοι καὶ σύ, τέκνον, εἰς Σικελίαν· ζητήσεις πατέρα καὶ πάππον, καὶ τὰ τῆς μητρὸς αὐτοῖς διηγήσῃ. ἀναχθήσεται στόλος ἐκεῖθεν ἐμοὶ βοηθῶν. σύ, τέκνον, ἀλλήλοις ἀποδώσεις τοὺς γονεῖς.
[19]     II 11, 6: ἐξορκιῶ δὲ ὅμως αὐτόν, κἂν δεσπότης ᾖ· δεῖ πάντα ἡμᾶς ἀσφαλῶς πράττειν. καὶ σύ, τέκνον, ὀμόσαντι πίστευσον. ἄπειμι δὲ ἐγὼ τὴν πρεσβείαν κομίζουσα.
[20]     VIII 5, 15: ἀπελεύσῃ ποτέ μοι καὶ σύ, τέκνον, πρὸς τὴν μητέρα· καὶ γὰρ αὐτὴ τοῦτο κεκέλευκεν· ἐγὼ δὲ ἔρημος βιώσομαι, πάντων αἴτιος ἐμαυτῷ γενόμενος. ἀπώλεσέ με κενὴ ζηλοτυπία καὶ σύ, Βαβυλών.
[21]     Ps.Callisth. I 16, 3-5: Καὶ σὺ τέκνον, εἰ παραλάβῃς τὸ βασίλειον παρὰ τοῦ πατρός σου, πῶς μοι χρήσῃ τῷ καθηγητῇ σου; ῾Ο δὲ εἶπε· Περὶ μελλόντων μου πραγμάτων πυνθάνῃ, τῆς αὔριον ἐνέχυρον μὴ ἔχων;
[22]     En ello insiste sobre todo el artículo de M. Dubuisson (“Toi aussi, mon fils!”, Latomus 39, 1980, p. 881-891). Cf. supra la n. 12.
[23]     “Esto es un acto de violencia!” (Suetonio, Iul. 82, 2).
[24]     μιαρώτατε Κάσκα, τί ποιεῖς; (Plutarco, Caes. 66, 8, cf. Brut. 17, 5).
[25]     Plutarco, Caes. 66, 8, cf. Brut. 17, 5.

Bibliografía

  • P. Arnaud, “«Toi aussi, mon fils, tu mangeras ta part de notre pouvoir» –Brutus le Tyran?”, Latomus 57, 1998, p. 61–71.
  • J. Carcopino, Julio César. El proceso clásico de la concentración del poder, Madrid, 2007.
  • M. Dubuisson, “Toi aussi, mon fils!”, Latomus 39, 1980, p. 881-891.
  • R. Étienne, Les ides de Mars: l’assassinat de César ou de la dictature?, París, 1973.
  • H. Gugel, “Caesars Tod (Sueton., Divi Iul. 81, 4-82, 3). Aspekte zur Darstellungskunt und zum Caesarsbild Suetons”, Gymnasium 77, 1970, p. 5-22.
  • V.-J. Herrero Llorente, Diccionario de expresiones y frases latinas, Madrid, 1985 (2ª edición).
  • A. J. Woodman, “Tiberius and the Taste of Power: The Year 33 in Tacitus”, CQ 56-1, 2006, p. 175–189.

Ilustraciones

1. La muerte de César de Carl Theodor von Piloty (1826-1886), Niedersächsisches Landesmuseum, Hannover.
2. La muerte de César (1798) de Vincenzo Camuccini (1773-1844).
3. La muerte de César (1862) de Jean-Léon Gérome (Walters Art Gallery, Baltimore).
4. Reproducción de la nota C de la p. 113 de la edición de Suetonio a cargo de Casaubon (Caii Suetonii Tranquilli de XII Caesaribus libri VIII, 1611); nótese que Casaubon publica un texto -Καὶ σὺ εἶ ἐκεῖνων; καὶ σὺ τέκνον;- parcialmente descartado por editores posteriores.

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Καὶ σὺ, τέκνον; ¿Tú también, hijo? por Sebastián Martínez García (Dr. en filología clásica), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

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