“Panem et circenses” y otras frases célebres de Juvenal

En este artículo se comentan los contextos de algunas expresiones y frases de las Sátiras de Juvenal, que se suelen usar habitualmente (rara avis, panem et circenses, mens sana in corpore sano, etc.).

Acerca de la biografía de Juvenal no se sabe gran cosa a ciencia cierta.[1] Se suele situar su nacimiento en los años 60 de nuestra era y su muerte debió de ocurrir después del año 131, pues a ese año pertenecen las referencias a acontecimientos históricos más recientes en su obra. Las circunstancias de una y otra son desconocidas, aunque parece vinculado familiarmente con la población de Aquino. No sabemos cuál fue su ocupación, si bien el poeta Marcial (XII 18, 1-9) le atribuye la condición de cliens que visita a los poderosos. Si esto fue así, su fortuna debió de cambiar, pues en determinado momento parece que adquirió algunas propiedades, según se deduce de sus versos (XI 65-76, 171 y 190). También Marcial (VII 91, 1-2) aporta otro detalle sobre Juvenal, pues lo llama facunde, “elocuente”, y por ello se ha pensado que se dedicó a la declamación. El primer libro de las Sátiras se publicó después de la aparición de las Historias de Tácito, que tuvo lugar en el año 109.

El término “sátira”, en esta acepción, procede del latín satura, que define distintos tipos de mezcla (un embutido de varios ingredientes, un plato de cosas variadas ofrecido a los dioses, una ley sobre asuntos diversos, etc.) y fue usado primero por Enio para designar un conjunto de poemas de tema y métrica diversos, aunque se ha supuesto que anteriormente había sido usado para ciertas composiciones teatrales en que se mezclaban cantos varios. Con todo, la sátira en su genuina forma romana fue creada por Lucilio (180-102 a.C), quien usó un tipo de verso concreto (el llamado hexámetro dactílico) para tratar determinados temas, en que primaba la crítica a los vicios contemporáneos. Después, Horacio (65-8 a.C.), Persio (34-62 d.C.) y Juvenal exploraron las posibilidades de la satura, de acuerdo con sus propios puntos de vista y el tiempo en que les tocó vivir.

La obra de Juvenal consiste en dieciséis composiciones distribuidas entre cinco libros de Sátiras, que suman unos cuatro mil versos. Las sátiras tocan diversos temas: aparte de la I, que tiene carácter programático, Juvenal censura la hipocresía, la vida en Roma, a los parásitos y sus huéspedes, el exceso gastronómico, a los nobles, la dificultad de ganarse la vida como poeta, orador, etc. Pero en estas páginas nos ocuparemos más detenidamente de la Sátira VI y la X, que contienen algunas expresiones que han pasado a la posteridad.

Rara avis

La VI es la única composición del libro segundo de las Sátiras de Juvenal; debió de publicarse en el año 116.[2] En sus casi setecientos versos este poema, desde un punto de vista abierta y marcadamente misógino, enfrenta la actual Roma con la Roma del pasado, en un retrato que toma por base la relación entre mujeres y hombres. La exposición comienza relatando que bajo el reinado de Saturno, esto es en la Edad de oro,[3] la diosa Pudicitia (Pudor o Castidad) habitaba todavía entre los humanos, pero que durante la siguiente época, cuando empezó el reinado de Júpiter (Edad de plata), Pudicitia y su hermana Astrea[4] (otro nombre de la justicia) abandonaron la tierra. Esto debe disuadir a Póstumo (el interlocutor real o supuesto del poeta, que después parece perder el hilo y se dirige a un tal Ursidio y a un Léntulo)[5] de su deseo de casarse. Juvenal da cuenta de muchos defectos de las mujeres, tantos y tan graves que desaconsejan el matrimonio. Pero aún dice, admitamos que exista una que…

Sea bella, agraciada, rica, fecunda, disponga
en sus pórticos remotos antepasados, más pura
que toda sabina que, con el cabello suelto, pone fin a la guerra,
rara ave en la tierra, parecidísima a un cisne negro,
¿Quién aguantará a una esposa con esas dotes? Prefiero,
prefiero a Venustina antes que a ti, Cornelia, madre
de los Gracos, si con las grandes virtudes traes
un ancho sobrecejo y cuentas triunfos en tu dote.[6]

Para Juvenal, por tanto, si se diese el caso de que una mujer cumpliera todas las condiciones que en ellas se deben pedir, sería una “rara avis”,[7] esto es, un pájaro exótico, algo nunca visto, como un cisne negro.[8] Pero, aun así, sería tan soberbia y tan pagada de sí misma que sería peor que la mujer más corriente (una Venustina cualquiera).

Sed quis custodiet ipsos custodes?

La sátira no acaba aquí, sino que todavía recuerda los defectos menores de las mujeres: su pasión por lo griego (la costumbre de hablar en griego a todas horas, incluso en el lecho), su carácter autoritario (que tiene la salida del divorcio), la suegra (que resulta su maestra en todos los vicios), su usurpación de las ocupaciones masculinas (las mujeres convertidas en abogadas o gladiatrices), sus celos femeninos (absolutamente hipócritas, pues ellas también cometen adulterio)…

Todos esos vicios (sigue Juvenal) no se daban en tiempos, pero la paz y el lujo importado arrasaron las costumbres antiguas: ahora las mujeres se entregan al vino y a las orgías, sin miramientos. Entonces se suele oír un consejo bienintencionado:

Oigo lo que desde antaño aconsejáis, viejos amigos:
“¡Pon cerrojo! ¡Detenla!” Mas ¿quién vigilará a los propios
vigilantes? Es cauta y por ellos empieza tu esposa.[9]

Aquí tenemos, en efecto, otra de las famosas frases de Juvenal: sed quis custodiet ipsos | custodes? Lógicamente los custodios de la mujer, al ser los que se encuentran más en contacto con ella, serán sus primeras víctimas. Las mujeres se empeñan para asistir a los juegos, se rodean de homosexuales (que, en realidad, no lo son), se ganan con sexo a sus vigilantes, incluso los eunucos se convierten en sus amantes…

Y según Juvenal, hay de todas clases (las enamoradas del canto, que en realidad adoran al cantante; las ricas, que creen que todo les está permitido…) y son capaces de toda suerte de crímenes; por eso, la sátira se transforma en tragedia: no hay rincón de Roma donde no haya una parricida.

Panem et circenses

La sátira X pertenece al libro IV de Juvenal, que debió de ver la luz en la década de los años 120. Sus 366 versos están dedicados a un tema universal:[10] la naturaleza engañosa de los deseos. El poder, la elocuencia, la gloria, la longevidad y la belleza, las aspiraciones más corrientes entre los humanos, conducen a la muerte, al fracaso o a graves situaciones, como demuestra Juvenal con ejemplos históricos y mitológicos. El poeta empieza ocupándose de las desgracias que trae consigo el poder, pese a ser tan deseado. El primer ejemplo que escoge para demostrar su tesis es la caída de Sejano,[11] quien, de ser el prefecto de la guardia pretoriana, amigo, confidente y segundo del emperador Tiberio, pasó a ser decapitado cuando cayó en desgracia, sospechoso de un complot contra el emperador. El pueblo romano, entre tanto, no se preocupaba de nada:

Ya hace años, desde que los votos a nadie
vendemos, se dejó de cuidados, pues aquel que antaño
daba gobierno, fasces, legiones, todo, hoy en día se
aguanta y tan sólo dos bienes desea con ansia:
pan y juegos circenses.[12]

En efecto, Juvenal compara la actitud del pueblo romano, que en tiempos pasados (cuando tenía derecho al voto -hasta que los comicios fueron suprimidos por Tiberio- y, por tanto, los políticos los compraban a los ciudadanos) se preocupaba por las tareas del gobierno y era él quien otorgaba los cargos y magistraturas, con el desinterés que demuestra durante la época imperial, cuando, desposeído del voto, se interesa sólo por las distribuciones gratuitas de pan y por los juegos de circo organizados por los emperadores. Ésta es acaso la frase más conocida de Juvenal en nuestros días. Hoy diríamos: “Hamburguesas y fútbol”.

Más dura será la caída

Pero hablando de Sejano todavía, Juvenal se da cuenta de que cuanto más medró y cuanto más poder acumuló, tanto más atraía sobre sí la desgracia:

Por tanto, admitirás que ignoró qué debía pedir
Sejano; y es que cuando pedía honores excesivos
y excesivos bienes demandaba, numerosos pisos
levantaba de una elevada torre, de donde más alta fuese
la caída y horrendo el vértigo de un derrumbe a plomo.[13]

Sejano es, pues, un buen paradigma de que el llegar alto en la carrera del poder implica que la caída será todavía mayor y más dolorosa. Así pues, aquí tenemos otra expresión de uso corriente que procede de las Sátiras de Juvenal: “más alta -o más dura- será la caída”.

Mens sana in corpore sano

La sátira X continúa con otros casos de ruina de poderosos como los integrantes del primer triunvirato. Asimismo, otros que desearon otros supuestos bienes también tuvieron un mal fin, como Demóstenes y Cicerón, cuya elocuencia les costó la vida. El ansia de gloria militar también acabó con otros como Aníbal o Alejandro Magno… Tampoco la longevidad es un bien, como demuestran ejemplos de la mitología (Néstor, Peleo o Príamo se hubieran ahorrado conocer o contemplar la muerte de seres queridos) y la historia (una muerte a tiempo habría salvado a Mario y Pompeyo de las desgracias que vivieron al final de sus carreras). La belleza tampoco, pues causó la desgracia de Hipólito y Belerofonte y, fuera de la mitología, la de Silio, el joven amado por Mesalina. Por todas esas razones, el autor concluye:

¿Nada entonces pedirán los hombres? Si consejo quieres,
a los propios númenes dejarás sopesar aquello
que nos convenga y sea útil en nuestros negocios;
que en vez de deleites lo más adecuado nos darán los dioses.[14]

Es decir: es mejor no pedir nada a los dioses y ponerse en sus manos; ya sabrán las divinidades qué será más conveniente para cada uno. Ahora bien, si hay que pedir algo:

Mas cuando demandes algo y en un altarcillo ofrezcas
las entrañas y divinos sesos de un lechón blanquillo,
se debe pedir una mente sana en un cuerpo sano.[15]

Probablemente estos versos encierran una cierta ironía, un cierto menosprecio, una cierta compasión incluso, hacia aquellas personas que realizan sinceramente los sacrificios a los dioses… El sabio Juvenal aconseja a esos pobres ignorantes que su petición sea mens sana in corpore sano. ¿Y en qué consiste esta mens sana?

Demanda un ánimo fuerte sin temor de la muerte,
que ponga el último lapso de la vida entre los dones
de natura, capaz de resistir cualquier penalidad,
que ignore la ira, nada desee y tenga los trabajos
y amargas penalidades de Hércules por mejores
que los amores, cenas y plumas de Sardanapalo.[16]

Por tanto, resulta bien curioso constatar que la frase mens sana in corpore sano se haya convertido en apología del espíritu deportivo, teniendo incluso una adaptación en una marca deportiva. Y realmente en los versos de Juvenal no hay ninguna alusión al ejercicio, sino a la salud física y a la cordura, y no a ejercitarlos o incrementarlos de alguna manera o con alguna actividad, sino como concesión de los dioses.

El poema acaba con una observación interesante: son los propios humanos quienes pueden alcanzar la vida perfecta a través del ejercicio de la virtud y en ese sentido la diosa Fortuna no es tal.

Conclusión

Los poemas de Juvenal no alcanzaron la fama sino mucho después de su publicación, en el siglo IV, pero desde entonces no dejaron de despertar el interés de los lectores, siendo conocidos algunos a través de antologías escolares, en colecciones de ejemplos o de sentencias, inspirando a otros literatos de diversas épocas e idiomas (entre ellos algunos autores principales de nuestra lengua como Quevedo, Góngora, Jovellanos y Larra).

Sobre la manera de expresarse de Juvenal decía G. Highet:[17] “Nadie a llegado a superar a Juvenal en el arte de burilar sobre el corazón humano con vitriolo puro. Fué él quien forjó muchas frases que son ahora moneda corriente, como el célebre panem et circenses. Toda su obra está sembrada de expresiones parecidas, de sentencias que tienen la permanencia de una gran inscripción y el sonido inequívoco de la poesía sincera y perfecta. La ironía trágica de su actitud ante la vida, y el estilo inimitable con que sabe lanzar, en tres o cuatro palabras, su comentario acerca de un problema eterno, han llegado a muchos poetas modernos cuya obra está escrita con medios absolutamente distintos.”

Sus frases más célebres han sido repetidas y celebradas por muchas generaciones y todavía hoy se siguen oyendo o leyendo, a pesar de que sus Sátiras hayan sido apartadas de los programas educativos. Por eso, en ocasiones conviene recordar el contexto del que proceden, como hemos hecho aquí.

Notas

[1] Sobre la biografía y, en general, sobre este autor, cf. las introducciones de M. Balasch (1991) y de R. Cortés Tovar (2007).

[2] Sobre esta sátira, cf. W. S. Anderson, 1956; D. G. Battisti, 1996; R. P. Bond, 1979; S. H. Braund, 1992; S. A. Cecchin, 1989; D. Nardo, 1973; A. Richlin, 1984.

[3] Sobre este aspecto, cf. F. Bellandi, 1991; R. Cortés Tovar, 1972.

[4] Acerca de Pudicitia, cf. J. De Decker, “Pudicitia”, en Ch. Daremberg – E. Saglio (eds.), IV-1, p. 754; G. Radke, “Pudicitia”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), IV, c. 1240-1241; L. Schmitz, “Pudicitia”, en W. Smith (ed.), III, p. 603-604.Y sobre Astrea, cf. W. Eisenhut, “Astraia”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), I, c. 659; L. Schmitz, “Astraea”, en W. Smith (ed.), I, p. 389.

[5] Sobre el interlocutor en esta sátira, cf. F. Bellandi, 1994.

[6] VI 162-169: sit formonsa, decens, diues, fecunda, uetustos | porticibus disponat auos, intactior omni | crinibus effusis bellum dirimente Sabina, | rara auis in terris nigroque simillima cycno, | quis feret uxorem cui constant omnia? Malo, | malo Venustinam quam te, Cornelia, mater | Gracchorum, si cum magnis uirtutibus adfers | grande supercilium et numeras in dote triumphos. Sobre el cisne negro, comparación muy inusual, cf. D’A. W. Thompson, 1966, p. 179. En cuanto a Cornelia, cf. H. G. Gundel, “Cornelius. 92. Cornelia”, K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), I, c. 1314; W. Smith, “Cornelia. 5”, en W. Smith (ed.), I, 854-855.

[7] De hecho, la expresión “rara avis” había sido usada antes por Persio (I 46).

[8] La comparación con el cisne negro encuentra su opuesto en el cuervo blanco de VII 202, comparación más corriente, cf. D’A. W. Thompson, 1966, p. 163.

[9] VI 346-348: audio quid ueteres olim moneatis amici, | ‘pone seram, cohibe.’ sed quis custodiet ipsos | custodes? cauta est et ab illis incipit uxor.

[10] Sobre esta sátira, cf. D. E. Eichholz, 1956, D. Fishelov, 1990; G. Lawall, 1958.

[11] Sobre Sejano, cf. G. Long, “Seianus”, en W. Smith (ed.), III, p. 766-768; G. Winkler, “Seianus”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), V, c. 76-77.

[12] X 77-81: iam pridem, ex quo suffragia nulli | uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim | imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se | continet atque duas tantum res anxius optat, | panem et circenses.

[13] X 103-107: ergo quid optandum foret ignorasse fateris | Seianum; nam qui nimios optabat honores | et nimias poscebat opes, numerosa parabat| excelsae turris tabulata, unde altior esset | casus et inpulsae praeceps inmane ruinae.

[14] X 346-349: nil ergo optabunt homines? si consilium vis, | permittes ipsis expendere numinibus quid | conueniat nobis rebusque sit utile nostris; | nam pro iucundis aptissima quaeque dabunt di.

[15] X 354-356: ut tamen et poscas aliquid uoueasque sacellis | exta et candiduli diuina tomacula porci, | orandum ut sit mens sana in corpore sano.

[16] X 357-362: fortem posce animum mortis terrore carentem, | qui spatium uitae extremum inter munera ponat | naturae, qui ferre queat quoscumque labores, | nesciat irasci, cupiat nihil et potiores | Herculis aerumnas credat saeuosque labores | et uenere et cenis et pluma Sardanapalli. Sobre Sardanapalo, cf. W. Röllig, “Sardanapal”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), IV, c. 1550-1551; W. Smith, “Sardanapalus”, en W. Smith (ed.), III, p. 711-712.

[17] La tradición clásica, II, México, 1996, p. 31.

 

Bibliografía

  • W. S. Anderson, “Juvenal 6: A Problem in Structure”, CPh, 51-2, 1956, p. 73-94.
  • D. G. Battisti, La retorica della misoginia. La satira sesta di Giovenale, Venosa, 1996.
  • F. Bellandi, “Mito e ideologia: età dell’oro e mos maiorum in Giovenale”, en Materiali e discussioni per l’analisi dei testi classici, 27, 1991, p. 89-128.
  • ———– “Postumo e Ursidio (a proposito d’interlocutore e struttura nella Satira VI di Giovenale”, en C. Curti y C. Crimi (eds.), Scritti classici e cristiani offerti a Francesco Corsaro, Catania, 1994, p. 57-81.
  • R. P. Bond, “Anti-feminism in Juvenal and Cato”, en C. Deroux (ed.), Studies in Latin Literature and Roman History, I, Bruselas, 1979, p. 418-447.
  • S. H. Braund, “Juvenal – Misogynist or Misogamist?”, JRS 82, 1992, p. 71-86.
  • S. A. Cecchin, “Letteratura e realtà: la donna in Giovenale (analisi de la VI satira)”, en R. Uglione (ed.), La donna nel mondo antico. Atti del II Convegno Nazionale di Studi, Turín, 1989, p. 141-164.
  • R. Cortés Tovar, “La ironía en el mito de la Edad de Oro en Juv. VI 1-24”, Actas del X Congreso Español de Estudios Clásicos, II, Madrid, 2001, p. 319-324.
  • E. R. Curtius, Literatura europea y Edad Media Latina, I-II, México-Madrid, 1995 (reimpr. de la primera edición de 1955; trad. de la edición alemana, Berna, 1984).
  • Ch. Daremberg – E. Saglio (eds.), Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969). (Se puede consultar en internet en http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/index.xsp)
  • D. E. Eichholz, “The Art of Juvenal and his Tenth Satire”, G&R 3, 1956-1, p 61-69.
  • D. Fishelov, “The Vanity of the Reader’s Wishes: Rereading Juvenal’s Satire 10”, AJPh 111, 1990, p. 370-382.
  • G. Highet, La tradición clásica, I-II, México, 1996 (reimpr. de la edición de 1954; trad. de la edición inglesa, Londres, 1949).
  • Juvenal – Persio, Sátiras, Madrid, 1991, M. Balasch (ed.).
  • Juvenal, Sátiras, Madrid, 2007, R. Cortés Tovar (ed.).
  • G. Lawall, “Exempla and Theme in Juvenal’s Tenth Satire”, TAPhA 89, 1958, 25-31.
  • D. Nardo, La sesta satira di Giovenale e la tradizione erotico-elegiaca latina, Padua, 1973.
  • A. Richlin, “Invective Against Women in Roman Satire”, Arethusa 17, 1984, p. 67-80.
  • D. Singleton, “Juvenal VI, 1-20 and some ancient Attitudes to the Golden Age”, G&R 19, 1972, p. 151-165.
  • W. Smith (ed.), Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology, Boston, 1867. (se puede leer en internet en http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/ )
  • J. P. Sullivan, “La sátira”, en R. Jenkyns (ed.), El legado de Roma. Una nueva valoración, Barcelona, 1995 (trad. de la edición inglesa, Oxford, 1992), p. 197-223.
  • D’A. W. Thompson, A Glossary of Greek Birds, Hildesheim, 1966.
  • K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), Der kleine Pauly, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).

Ilustraciones

 

  1. Frontispicio del libro de John Dryden y otros, The Satires of Decimus Junius Juvenalis, and of Aulus Persius Flaccus (Londres, 1714).
  2. “Cornelia rechaza la corona ofrecida por Tolomeo”, de Laurent de La Hyre (1646), Museo de Bellas Artes de Budapest.
  3. “La mort de Sardanapale” (1827) de E. Delacroix (Museo del Louvre).

Articulos similares:

Licencia Creative Commons
“Panem et circenses” y otras frases célebres de Juvenal por Sebastián Martínez García (Dr. en filología clásica), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

One Comment

One Trackback

Leave a comment

Add your comment below, or trackback from your own site. You can also subscribe to these comments via RSS.

Your email is never shared. Required fields are marked *

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD