Amazonas, mito y leyenda

 

Las amazonas, un pueblo de mujeres guerreras que vivían alejadas de los hombres, forman parte de nuestro imaginario colectivo. En este artículo nos ocupamos del papel que desempeñan en mitos y leyendas de la Antigüedad, basándonos en los escritos de los autores antiguos.[1]

Según el mito, el pueblo de las amazonas proviene de Ares, el dios de la guerra (Marte para los romanos), o al menos se dice que son hijas suyas algunas de las más célebres (Hipólita, Antíope, Pentesilea). Su madre fue la ninfa Harmonía, de la que nada más se sabe.[2] Rendían culto principalmente a Ares y a la diosa Ártemis, razón por la cual se les atribuye la fundación de Éfeso y la construcción del templo de la diosa en la ciudad.

Se las ubicaba en dos lugares principalmente, o bien en la actual península de Crimea (llamada Quersoneso Táurica por los antiguos) o bien a orillas del río Termodonte, cuya desembocadura se sitúa en la otra ribera del mar Negro; la capital de su reino se llamaba Temiscira. No obstante, Diodoro de Sicilia (III 52) habla de otras amazonas, las africanas, que se ocupaban de la guerra y los asuntos públicos, mientras los hombres permanecían en casa y realizaban las labores femeninas (hilar y criar). Estas amazonas africanas, a las órdenes de la reina Mirina, lucharon primero contra la Atlántida, que conquistaron, y después contra las Górgonas, a las que no acabaron de vencer; finalmente, fueron destruidas por Héracles. No obstante, antes hicieron una expedición por muchos territorios, llegando a fundar la ciudad de Mitilene en la isla de Lesbos, hasta que los tracios las derrotaron y las obligaron a volver a su tierra natal.

Ya he aludido más arriba a sus costumbres guerreras y a su actitud belicosa. Usaban las flechas y montaban a caballo, animales a los cuales alguna fuente hace vomitar fuego.[3] Vivían sin hombres, salvo las amazonas africanas de Diodoro.

Su nombre Ἀμαζόνες, amázones,[4] resultaba evocador para los antiguos griegos y dio lugar a unas cuantas paretimologías, que describían su forma de vida y talante. En primer lugar, en la Grecia clásica este gentilicio podía aludir la carencia de un pecho, pues se explicaba como formado por el prefijo privativo ἀ- y por μαζός (“pecho”), ya que, según es fama, eliminaban el seno derecho cauterizándolo o lo aplastaban para disparar con mayor facilidad.[5] No obstante, hay otras etimologías fantásticas como la que recoge un escolio en el sentido de que no comían pan ni siqiuera del más basto (μάζα), sino que se alimentaban de tortugas, lagartos y serpientes. También se explicó el nombre del pueblo como resultado de llevar siempre el cinturón (ἅμα ζῶνα). Asimismo sirvió para recordar que vivían juntas (ἅμα ζώσαι), alejadas de los hombres. O servía para recordar que sus madres no las alimentaban de leche de sus pechos, sino de leche de yegua y de miel. Sus vecinos, los escitas, a decir del historiador Heródoto, las llamaban eórpata, “asesinas de hombres”.[6]

El mito

No abundan, de todos modos, las narraciones mitológicas protagonizadas por las amazonas. El primer relato que consideraremos será la lucha que sostuvo contra ellas Belerofontes. Este héroe, tras matar accidentalmente a su hermano, se presentó ante Preto, el rey de Tirinto, que lo purificó de su crimen. Pero Estenebea, la esposa de Preto, se enamoró perdidamente del joven Belerofontes; como fue rechazada, Estenebea denunció a Belerofontes ante su marido de un supuesto intento de seducirla. Para matar a Belerofontes, Preto lo envió ante su cuñado el rey de Licia, Yobates; éste conoció las intenciones de Preto a través de un mensaje del que era portador el propio Belerofontes, después de haberlo acogido como huésped. Yobates no podía matar a Belerofontes sin violar las sagradas normas de hospitalidad, así que envió a Belerofontes a luchar sucesivamente contra la Quimera, los sólimos y las amazonas. Como resultó vencedor, le preparó una emboscada, de la que salió bien parado; por fin (aunque las aventuras y desventuras de Belerofontes no acaban aquí), Yobates lo convirtió en su yerno y le dio la mitad de su reino.[7] Un verso de la Ilíada recuerda esta tercera hazaña de Belerofontes: “En tercer lugar, mató a amazonas iguales a los hombres”.[8] Por su parte, Píndaro retrata la escena con la maestría acostumbrada:

Y con aquél (sc. Pegaso) contra las amazonas,
desde los helados golfos del desierto éter,
disparaba sobre el arquero ejército femenil,
y a la Quimera, que exhalaba fuego, y a los Sólimos mató.[9]

Entre los célebres doce trabajos que Hércules llevó a cabo a las órdenes de Euristeo se cuenta su visita a las amazonas, de cuya tierra tenía que traer el cinturón de la reina por deseo de Admeta, hija de Euristeo. El cinturón, que había sido regalo de Ares, el dios de la guerra y fundador del pueblo de las amazonas, constituía la insignia real. Hércules convenció a la reina Hipólita de que se lo entregase; pero la diosa Hera, siempre enemiga de Hércules, difundió el rumor de que Hipólita había sido raptada. Las amazonas atacaron la nave de Hércules, que dio muerte a Hipólita y se hizo a la mar llevándose el cinturón.[10]

Entre otros héroes, Teseo participó en la expedición de Hércules[11] raptando a una amazona, llamada Antíope, Melanipe, Hipólita o Glauce, según las diversas fuentes. Ello provocó la invasión del territorio ático por parte de las mujeres guerreras, que llegaron a acampar en la colina del Areópago, pero fueron vencidas por los atenienses tras unos combates que duraron tres o cuatro meses. No obstante, otros autores cuentan que Teseo organizó una expedición propia.[12]

Teseo, que, para la mayoría de nuestras fuentes, se casó con la amazona, tuvo de ella un hijo, que fue llamado Hipólito. Pero después Teseo quiso casarse con Fedra, la hija del rey Minos, y entonces se presentó aquella amazona acompañada de otras, todas en armas, aunque los invitados a la ceremonia las mataron. En cuanto a la amazona madre de Hipólito, la mató involuntariamente Pentesilea, el propio Teseo o los invitados. Diodoro (IV 28) añade algunos curiosos detalles, como el hecho de que los escitas se unieron a las amazonas invasoras y que Antíope luchó al lado de Teseo. Plutarco (Thes. 27), además de relatar muchos detalles de la invasión y del desarrollo de la campaña de las amazonas, glosa el texto de una Teseida, un poema épico perdido acerca de Teseo, obra a la que parece no dar mucho crédito; en ella Antíope atacó a Teseo, cuando se casó con Fedra, y Hércules mató a las amazonas que la ayudaron.

En Atenas y sus alrededores se señalaban distintos restos de la invasión, en particular tumbas de amazonas y un templo consagrado a Ares por Teseo en recuerdo de la victoria que obtuvo en Trecén sobre las atacantes. Pero el avance de las amazonas llegó bastante más lejos, puesto que en Pírrico de Laconia hay un templo de Ártemis con la advocación de Astratea, pues allí detuvieron su avance las amazonas, y uno de Apolo Amazonio, con sendas estatuas votivas o xóana, ofrenda de las amazonas.[13] El dramaturgo Esquilo les atribuye incluso el nombre de la colina del Areópago:

Esta colina de Ares, sede de las amazonas y sus tiendas, cuando, por aborrecimiento a Teseo, llegaron dispuestas al combate; y contra esta ciudad de altas torres una nueva alzaron entonces, y en honor de Ares sacrificaban, de donde viene el nombre de la roca y la colina de Ares.[14]

Además Plutarco (Thes. 26, 4) recuerda el relato de un tal Menécrates, probablemente un historiador helenístico, según el cual Solunte, un acompañante de la expedición de Teseo, quedó prendado de Antíope y, al ser rechazado por ella, se suicidó ahogándose en un río. Teseo, al saber lo ocurrido, se dio cuenta de que así se cumplía cierto vaticinio del oráculo de Delfos y, siguiendo sus instrucciones, fundó en aquel lugar una ciudad, a la que dio el nombre de Pitópolis, y llamó Solunte al río. Hay más detalles y variantes sobre Teseo y las amazonas, pero no me extenderé más sobre el tema.

También las amazonas aparecen vinculadas al ciclo troyano. La Ilíada recuerda que el rey Príamo fue a luchar al lado de los frigios y llegaron las amazonas: “Y, en efecto, yo me contaba entre ellos, siendo su aliado, aquel día en que acudieron amazonas iguales a los hombres”.[15]

Ignoramos el desarrollo de aquellos acontecimientos, aunque se suele dar por supuesto que frigios y troyanos lucharon contra las amazonas. Pero, años después, en las postrimerías de la guerra de Troya, tras las muertes de Patroclo y de Héctor, las amazonas acudieron a socorrer a los asediados. Fueron finalmente vencidas por los atacantes, aunque no sin esfuerzo, gracias a la intervención de Aquiles y Áyax. Entre las luchas singulares que se dieron entonces destaca el combate que se trabó entre Aquiles y Pentesilea,[16] a la sazón reina de las amazonas. Aquiles, tras haber vencido a su enemiga, la despojó de sus armas, como era natural en las narraciones homéricas y homerizantes, y se percató de la extraordinaria belleza de aquella mujer, digna de ser su esposa. Así quedó embobado contemplándola,[17] lo cual le valió los reproches de Tersites. Pero Aquiles descargó sobre él su cólera y le dio muerte de un tremendo puñetazo. La devolución de los cadáveres y la celebración de las honras fúnebres cierran esta jornada de la guerra de Troya.[18]

Unos versos de la Alejandra del siempre oscuro y exquisito Licofrón completan este panorama sobre Pentesilea:

Mas a las inaccesibles cumbres tilesias y al escarpado promontorio de Lino, bañado por el mar, a la llanura dominio de la amazona, arribarán otros y acatarán el yugo de la esclava. A esa mujer, la sierva de la rauda muchacha vestida de bronce, errante la llevará el oleaje hacia tierra extranjera. La herida del ojo, con el último aliento de la joven, traerá la perdición al simiesco y dañino etolio, atravesado por sangrienta lanza. Y los crotoniatas arrasarán un día la ciudad de la amazona, tras dar muerte a la intrépida muchacha, a Clete, reina de la tierra de su nombre.[19]

Un comentario antiguo[20] permite entender cabalmente estos versos, que tratan de la nodriza de Pentesilea. Se llamaba Clete o Clite y, como la amazona no regresó de Troya, salió a buscarla y llegó a Italia, donde fundó una ciudad, a la que dio su nombre y desde donde reinó sobre las tierras circunvecinas. Sus sucesoras fueron también llamadas Clete, y la ciudad prosperó durante muchas generaciones, hasta que fue atacada por los habitantes de Crotona, que mataron a la última reina y arrasaron hasta los cimientos la ciudad.

La última desventura de las amazonas tuvo lugar en la isla de Leuce, que Posidón había hecho surgir en el mar Negro, para dar acogida a Aquiles, después que su madre Tetis se lo llevara de su pira funeraria en Troya. En esta isla se celebraron los esponsales de Helena y Aquiles en presencia del dios, de su esposa Anfítrite y de un séquito de divinidades de ríos y demás aguas. En Leuce había un santuario de Aquiles, estaba prohibido pernoctar y edificar a cualquiera que llegase a sus costas y se oían los cánticos de Aquiles, los cascos de caballos y el estrépito de las armas. En Leuce destruyó Aquiles a la tropa más aguerrida de amazonas, al provocar el terror entre sus yeguas, que mataron a sus dueñas y se arrojaron al mar.[21]

La leyenda

El historiador Heródoto[22] se sirve de las míticas amazonas para explicar cierta tradición de los escitas sármatas o saurómatas, entre los cuales ninguna mujer podía ser desposada, si no había dado muerte a un enemigo. El prosista relata que en tiempos míticos unas amazonas fueron hechas prisioneras por los griegos, que se las quisieron llevar a su tierra. Pero cuando se hallaban en alta mar, las amazonas consiguieron desatarse y mataron a todos los hombres. No sabían navegar y su periplo acabó en las costas del que es llamado actualmente mar de Azov, donde se apoderaron de una manada de caballos y se dedicaron al saqueo. Los escitas de aquellas tierras se dieron pronto cuenta de que se trataba de mujeres y elaboraron un plan para conseguirlas como esposas para sus solteros. En efecto, enviaron a los mozos con la orden de que acampasen cerca de ellas y de que huyeran cuando fueran atacados, pero que no por eso dejaran de seguirlas. Los jóvenes siguieron estas instrucciones, hasta que produjo un primer encuentro individual entre un escita y una amazona, a los que siguieron otros, de tal manera que acabaron todos emparejados. Las amazonas aprendieron pronto el lenguaje de los escitas y les propusieron habitar alejados de sus familias en la otra orilla del río Tanais (el actual río Don).

También se relata el encuentro de Alejandro Magno con la reina de las amazonas, Talestris o Talestria,[23] aunque los historiadores antiguos no se ponen de acuerdo sobre si ocurrió realmente. Plutarco cita a numerosos historiadores a favor y en contra de la verdad del acontecimiento, pero da la impresión de que no confía demasiado en ello, más que nada por la falta de pruebas.[24] Estrabón (XI 5, 4) tampoco lo cree. Arriano (VII 13 -26) se muestra poco dispuesto a creer en el encuentro, dado que las fuentes más fidedignas lo niegan y que las amazonas debieron de haberse extinguido mucho antes. A su vez, Diodoro Sículo (XVII 77, 1-3) relata que Talestris, sin igual en belleza y valentía, se presentó ante Alejandro para engendrar un hijo con él; el macedonio pasó trece días con ella y, después de colmarla de regalos, la envió a su patria. Justino (XII 3, 7) añade que Talestris o Minitía se marchó, después de trece días, cuando creyó estar embarazada. Quinto Curcio (VI 5, 24-32) añade el detalle de que la amazona propuso que, si concebía una niña, se la quedaría, pero, si nacía un niño, se lo dejaría a Alejandro.

La en general fantasiosa Vida de Alejandro (III 25-27) de Pseudo-Calístenes sitúa a las amazonas en una isla grandísima en un número de doscientas setenta mil; el autor imagina la correspondencia que mantuvo Alejandro con las jefas de las amazonas, hasta convencerlas de que, si le ofrecían tributos, no debían temer nada de él. Aunque el autor modera su fantasía cuando habla del encuentro de las tropas del macedonio con las amazonas que los recibieron a orillas del Termodonte y les presentaron los tributos previamente acordados.

El último encuentro de las amazonas con personajes históricos tuvo lugar a orillas del río Abas, la batalla en que Pompeyo derrotó a los albanos durante su expedición contra Mitrídates. Entre los despojos se encontraron armas de amazonas, aunque no se halló ningún cuerpo de mujer.[25]

Observaciones finales

Ahora quisiera subrayar los aspectos más destacados de este estudio sobre las amazonas. En primer lugar, conviene mencionar que algunos autores cuyos textos hemos leído anteriormente manifiestan cierto escepticismo a propósito de su existencia; esa desconfianza se entrevé en afirmaciones en el sentido de que no se encontraran cadáveres de amazonas en batallas en que presuntamente intervinieron o en el sentido de que debieron de extinguirse hace ya mucho tiempo.

Estrabón, por su parte, duda de que la totalidad de lo relatado sobre las amazonas sea cierto, puesto que, a su entender, una sociedad sin hombres difícilmente se mantendría y puesto que -y ésa es para él la razón de peso- en el mundo de las amazonas se han invertido los papeles (las mujeres hacen de hombres y viceversa):

Y algo especial ha sucedido con la narración acerca de las amazonas; en efecto, otras narraciones mantienen separados lo mítico y lo histórico, pues los relatos antiguos falsos y monstruosos son llamados mitos, mientras que la historia aspira a la verdad, tanto antigua como reciente, y no contiene monstruosidad alguna o raramente lo hace; pero sobre las amazonas se dice lo mismo ahora que antes, relatos monstruosos y alejados de la credibilidad. ¿Quién creería que un ejército o una ciudad o un pueblo de mujeres podría sostenerse sin hombres? ¿Y no sólo sostenerse, sino además llevar a cabo incursiones en tierra enemiga y someter no sólo a los pueblos vecinos, hasta llegar incluso a la actual Jonia, sino enviar un ejército a través del mar hasta el Ática? Y es que eso sería igual que decir que entonces los hombres eran mujeres y las mujeres hombres. No obstante, todavía ahora se cuenta lo mismo sobre ellas. Y eso acrecienta su particularidad y la confianza en los relatos antiguos más que en los actuales.[26]

El caso más extremo de incredulidad sería representado por Paléfato, quien en las Historias increíbles (32) afirma que no eran mujeres, sino bárbaros vestidos con túnicas, pelo largo e imberbes, aunque excelentes guerreros.

Desde los poemas homéricos las amazonas son caracterizadas con el epíteto ἀντιανείραι, que se debe interpretar como iguales y opuestas a los hombres[27] y que marca su trayectoria en el mito y en la leyenda, aunque en determinados casos los antiguos les reconocen la capacidad de actuar de una forma diferente, colaborando con los hombres (como la amazona que luchó con Teseo contra las demás o las amazonas que se mostraron amistosas con Alejandro Magno).

Por otra parte, un rasgo que convierte a las amazonas en personajes destacados de la mitología es su unicidad, que se reconoce en varios aspectos. Por ejemplo, dice el orador Lisias:[28]

En efecto, antiguamente las amazonas eran hijas de Ares, que habitaban a orillas del río Termodonte. Entre sus vecinos eran las únicas que usaban el hierro y las primeras entre todos ellos que montaron a caballo; con esas cabalgaduras, a causa de la inexperiencia de sus enemigos, capturaban inopinadamente a los fugitivos y dejaban atrás a sus perseguidores.[29]

Así pues, la superioridad técnica de las amazonas les permitió prevalecer sobre los pueblos limítrofes; pero su unicidad se manifiesta también en otros aspectos, como dice en el mismo discurso el propio Lisias:

Ellas fueron las únicas a las que no les fue posible aprender de los errores cometidos para tomar mejores decisiones en adelante, ni volver a la patria para anunciar su propia desgracia y la valentía de nuestros antepasados. Pues, como murieron y dieron el pago de su insensatez aquí, erigieron un monumento inmortal de esta ciudad por su virtud, mas dejaron sin nombre su propia patria por la desventura que les ocurrió aquí. En efecto, ellas, que habían deseado de manera injusta la tierra ajena, perdieron justamente la propia.[30]

Para Lisias su carácter único radica también en su incapacidad de tomar mejores decisiones aprendiendo de los errores pasados. En cambio, Pausanias se fija en otra circunstancia:

Se trata, en efecto, de las únicas entre las mujeres cuyas derrotas no impidieron entregarse sin reservas a los peligros: aunque Temiscira había sido tomada por Héracles y después había sido destruido el ejército que habían enviado contra Atenas, con todo, fueron a Troya para luchar contra los mismos atenienses y contra todos los griegos.[31]

En este pasaje Pausanias hace hincapié en el hecho de que se obstinan en seguir luchando contra los mismos enemigos, a pesar de haber sido derrotadas.

Esta unicidad también caracteriza los combates que se libraron contra ellas. Veámoslo con un ejemplo. En las métopas del Partenón se representaban cuatro luchas diferentes: en la cara norte la toma de Troya, en la cara sur la Centauromaquia, en el lado este la Gigantomaquia (es el lado que corresponde a la fachada del templo) y en el lado oeste la Amazonomaquia. Estudiosos como S. B. Pomeroy[32] se fijan en el emparejamiento entre Amazonomaquia y Centauromaquia, y consideran la oposición amazona – mujer – casta frente a centauro – macho – lujurioso. Pero nosotros creemos que es posible ir más allá y subrayar que se trata de cuatro combates únicos: la Gigantomaquia o lucha de los Olímpicos contra los gigantes, ocurrida tras la Titanomaquia, acaba de cimentar el orden olímpico, en que los dioses anteriores son sometidos o desterrados, y Zeus y sus hermanos se reparten el mundo. La guerra de Troya fue la guerra más importante en el mito y en ella se vieron implicados, además de numerosos pueblos, los dioses olímpicos. La Centauromaquia ilustra el enfrentamiento entre la naturaleza salvaje y la civilización: los centauros embriagados son derrotados por los lápitas. Y la Amazonomaquia retrata la lucha entre hombres y mujeres, y entre griegos y bárbaros.[33]

También el escudo de la estatua criselefantina de Atenea Pártenos, que se encontraba en el interior del Partenón y que era obra del escultor Fidias, representaba una Amazonomaquia en su cara exterior y una Gigantomaquia en su lado interior. Y probablemente este carácter único fuera un factor que influyera en el auge que experimentó la narración y la representación del mito de las amazonas durante el apogeo del imperialismo ateniense en el siglo V.

En cuanto al valor simbólico del cinturón que fue a buscar Hércules al reino de las amazonas, a nadie se le habrá escapado que representa la virginidad[34] y que la entrega o la conquista del cinturón por parte del héroe implica la sumisión de la mujer al hombre y su incardinación en el papel sumiso que le confiere la sociedad patriarcal.[35]

Notas

[1] Sobre ellas se han realizado estudios de muy diversa índole, buscando identificarlas con un pueblo real o con rasgos de pueblos reales, indagando en los abismos de la mente humana para encontrar su sentido profundo, etc. La bibliografía es extensísima, véase, por ejemplo, J. H. Block, The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 443-459; W. B. Tyrrell, Las amazonas, México, 1989, p. 233-238.
[2] Cf. Apolonio de Rodas II 990; Ferécides, 3 F 15 (apud sch. Ap. Rh. II 990); sch. Il. III 189.
[3] Cf. Sch. Il. III 189.
[4] Para la etimología de la palabra, cf. J. H. Block, The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 21-37; P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1, París, 1968, s. v. Ἀμάζων, p. 69; R. Just, Women in Athenian law and life, Londres – New York, 1989, p. 242.
[5] Cf. Apolodoro II 5, 9; Arriano, Anab. VII 13, 2; Servio, Aen. I 490.
[6] Sch. Il. III 189 (no comían pan); Donato, Int. Verg. (portadoras del cinturón); Servio, Aen. I 490 (vivían sin hombres); Filóstrato, Her. 57, 7 (alimentaban a las pequeñas con leche de yeguas y miel); Heródoto, IV 110. C. Schrader (Heródoto, Historia. Libros III-IV, Madrid, 1979, p. 388-389, n. 406) se hace eco de algunas teorías según las cuales eórpata podría significar “dueña de hombres” o “caudillo de diez mil”.
[7] Así lo cuenta por ejemplo Apolodoro (II 3, 1-2).
[8] VI 186: τὸ τρίτον αὖ κατέπεφνεν Ἀμαζόνας ἀντιανείρας.
[9] O. XIII 87-89: σὺν δὲ κείνῳ καί ποτ᾽ Ἀμαζονίδων | αἰθέρος ψυχρῶν ἀπὸ κόλπων ἐρήμου | τοξόταν βάλλων γυναικεῖον στρατόν | καὶ Χίμαιραν πῦρ πνέοισαν καὶ Σολύμους ἔπεφνεν.
[10] Así lo relata Apolodoro (II 5, 9), aunque hay bastantes variantes; Apolonio de Rodas (II 968) narra que capturó a Melanipa, a cambio de la cual consiguió de Hipólita el cinturón. Aunque también se cuenta que Hércules luchó contra Hipólita, a la que dio muerte, llevándose el cinturón como trofeo. Diodoro de Sicilia (IV 16), entre otras cosas, informa de que Hércules después de exterminar a todo el pueblo de las amazonas, dio Antíope a Teseo y liberó a Melanipa a cambio del cinturón; cf. además Higino, Fab. 30; Eurípides, HF 408 ss.
[11] Cf. Apolodoro, Epit. 1, 16-17 y 5, 2; Diodoro IV 16, 4; Justino II 4, 18-25.
[12] Ferécides, Helánico y Herodoro, por los que se inclina Plutarco (cf. Thes. 25).
[13] Pausanias I 2, 1 (tumba de Antíope a la entrada de Atenas); 41, 7 (tumba de Hipólita con forma de escudo de amazona en Mégara); II 32, 9 (templo erigido por Teseo en honor de Ares en Trecén). Plutarco (Thes. 27, 6) menciona que en el llamado Amazoneo estaban enterradas algunas amazonas. Los templos de Pírrico son recordados por Pausanias (III 25, 3).
[14] Eu. 685-690: πάγον δ᾽ †Ἄρειον† τόνδ᾽, Ἀμαζόνων ἕδραν | σκηνάς θ᾽, ὅτ᾽ ἦλθον Θησέως κατὰ φθόνον | στρατηλατοῦσαι, καὶ πόλιν νεόπτολιν | τήνδ᾽ ὑψίπυργον ἀντεπύργωσαν τότε, | Ἄρει δ᾽ ἔθυον, ἔνθεν ἔστ᾽ ἐπώνυμος | πέτρα, πάγος τ᾽ Ἄρειος.
[15] III 188-189: καὶ γὰρ ἐγὼν ἐπίκουρος ἐὼν μετὰ τοῖσιν ἐλέχθην | ἤματι τῷ ὅτε τ᾽ ἦλθον Ἀμαζόνες ἀντιάνειραι.
[16] Sobre Pentesilea, cf. J. H. Block, The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 195-288.
[17] Un escolio (sch. Lyc. 999) señala que Tersites acusó a Aquiles de yacer con el cadáver de Pentesilea. El texto es curioso: “Los ignorantes dicen que Aquiles, después de herir a Pentesilea, una vez producida su muerte, se enamoró de ella, cuyos ojos arrancó a escondidas Tersites. Pero Aquiles se encolerizó y lo mató hiriéndolo con una lanza; pero en mi opinión y en la de los demás, lo hirió de una puñada, esto es de un puñetazo, y no por el hecho de haberle sacado los ojos, sino porque había proferido palabras injuriosas contra Aquiles por haber tenido trato carnal, a causa de un supuesto amor, con el cadáver de Pentesilea”.
[18] Así lo cuentan con diversos matices Apolodoro (Epit. 5,1), Quinto de Esmirna (en el primer canto de su continuación de Homero) y Proclo (p. 105-106 Allen, en su resumen de la Etiópida).
[19] 993-1004: Ἄλλοι δὲ πρῶνας δυσβάτους Τυλησίους | Λίνου θ’ ἁλισμήκτοιο δειραίαν ἄκραν, | Ἀμαζόνος σύγκληρον ἄρσονται πέδον, | δούλης γυναικὸς ζεῦγλαν ἐνδεδεγμένοι. | ἣν χαλκομίτρου θῆσσαν ὀτρηρῆς κόρης | πλανῆτιν ἄξει κῦμα πρὸς ξένην χθόνα. | ἧς ἐκπνεούσης λοῖσθον ὀφθαλμὸς τυπεὶς | πιθηκομόρφῳ πότμον Αἰτωλῷ φθόρῳ | τεύξει τράφηκι φοινίῳ τετμημένῳ. | Κροτωνιᾶται δ’ ἄστυ πέρσουσίν ποτε | Ἀμαζόνος, φθέρσαντες ἄτρομον κόρην, | Κλήτην, ἄνασσαν τῆς ἐπωνύμου πάτρας.
[20] Sch. Lyc. 996.
[21] Cf. Filóstrato, Her. 54, 2 – 57, 17. E. Vinet (“Amazones”, en Ch. Daremberg y E. Saglio [ed.], Dictionnaire des antiquités grecques et romaines, I-1, p. 221) estructura las guerras de las amazonas en seis campañas: 1. Cuando invaden Licia, son rechazadas por Belerofontes. 2. Invasión de Frigia (Príamo es aliado de los frigios). 3. Hércules lleva a cabo el noveno trabajo en busca del cinturón de la reina. 4. Cuando atacan el Ática, son derrotadas por Teseo. 5. Pentesilea socorre a Troya y es derrotada por Aquiles. 6. Invaden la isla de Leuce, pero Aquiles las aniquila.
[22] IV 110-117. Sobre este episodio, cf. W. B. Tyrrell, Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses, México, 1989, p. 90-93.
[23] Sobre este encuentro, cf. C. García Gual, Audacias femeninas, Madrid, 1991, p. 93-111.
[24] Plutarco (Alex. 46) cita a Clitarco, Policlito, Onesícrito, Antígenes e Istro, que dan por cierto el encuentro; y a otros que lo niegan Aristobulo, Cares, Tolomeo, Anticlides, Filón de Tebas, Filipo de Teangela, Hecateo de Eretria, Filipo de Calcis y Duris de Samos.
[25] Cf. Plutarco, Pomp. 35, 3.
[26] XI 5, 3: ἴδιον δέ τι συμβέβηκε τῷ λόγῳ [τῷ] περὶ τῶν Ἀμαζόνων· οἱ μὲν γὰρ ἄλλοι τὸ μυθῶδες καὶ τὸ ἱστορικὸν διωρισμένον ἔχουσι· τὰ γὰρ παλαιὰ καὶ ψευδῆ καὶ τερατώδη μῦθοι καλοῦνται, ἡ δ᾽ ἱστορία βούλεται τἀληθές, ἄν τε παλαιὸν ἄν τε νέον, καὶ τὸ τερατῶδες ἢ οὐκ ἔχει ἢ σπάνιον· περὶ δὲ τῶν Ἀμαζόνων τὰ αὐτὰ λέγεται καὶ νῦν καὶ πάλαι, τερατώδη τε ὄντα καὶ πίστεως πόρρω. τίς γὰρ ἂν πιστεύσειεν, ὡς γυναικῶν στρατὸς ἢ πόλις ἢ ἔθνος συσταίη ἄν ποτε χωρὶς ἀνδρῶν; καὶ οὐ μόνον γε συσταίη, ἀλλὰ καὶ ἐφόδους ποιήσαιτο ἐπὶ τὴν ἀλλοτρίαν καὶ κρατήσειεν οὐ τῶν ἐγγὺς μόνον ὥστε καὶ μέχρι τῆς νῦν Ἰωνίας προελθεῖν, ἀλλὰ καὶ διαπόντιον στείλαιτο στρατείαν μέχρι τῆς Ἀττικῆς; τοῦτο γὰρ ὅμοιον ὡς ἂν εἴ τις λέγοι, τοὺς μὲν ἄνδρας γυναῖκας γεγονέναι τοὺς τότε τὰς δὲ γυναῖκας ἄνδρας. ἀλλὰ μὴν ταῦτά γε αὐτὰ καὶ νῦν λέγεται περὶ αὐτῶν. ἐπιτείνει δὲ τὴν ἰδιότητα καὶ τὸ πιστεύεσθαι τὰ παλαιὰ μᾶλλον ἢ τὰ νῦν. Sobre este texto, cf. W. B. Tyrrell, Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses, México, 1989, p. 94-96.
[27] Ya lo señala el sch. Il. III 189: ἶσαι ἢ ἐναντίαι τοῖς ἀνδράσιν. Un valioso estudio de esta fórmula épica y del epíteto puede leerse en J. H. Block, The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 155-185.
[28] Sobre el uso político de estos pasajes, cf. R. Just, Women in Athenian law and life, Londres – New York, 1989, p. 250-251.
[29] II 4: Ἀμαζόνες γὰρ Ἄρεως μὲν τὸ παλαιὸν ἦσαν θυγατέρες, οἰκοῦσαι [δὲ] παρὰ τὸν Θερμώδοντα ποταμόν, μόναι μὲν ὡπλισμέναι σιδήρῳ τῶν περὶ αὐτάς, πρῶται δὲ τῶν πάντων ἐφ᾽ ἵππους ἀναβᾶσαι, οἷς ἀνελπίστως δι᾽ ἀπειρίαν τῶν ἐναντίων ᾕρουν μὲν τοὺς φεύγοντας, ἀπέλειπον δὲ διώκοντας.
[30] II 6: μόναις δ’ αὐταῖς οὐκ ἐξεγένετο ἐκ τῶν ἡμαρτημένων μαθούσαις περὶ τῶν λοιπῶν ἄμεινον βουλεύσασθαι, οὐδ’ οἴκαδε ἀπελθούσαις ἀπαγγεῖλαι τήν τε σφετέραν αὐτῶν δυστυχίαν καὶ τὴν τῶν ἡμετέρων προγόνων ἀρετήν· αὐτοῦ γὰρ ἀποθανοῦσαι, καὶ δούσαι δίκην τῆς ἀνοίας, τῆσδε μὲν τῆς πόλεως διὰ τὴν ἀρετὴν ἀθάνατον μνήμην ἐποίησαν, τὴν δὲ ἑαυτῶν πατρίδα διὰ τὴν ἐνθάδε συμφορὰν ἀνώνυμον κατέστησαν. ἐκεῖναι μὲν οὖν τῆς ἀλλοτρίας ἀδίκως ἐπιθυμήσασαι τὴν ἑαυτῶν δικαίως ἀπώλεσαν.
[31] I 15, 2: Μόναις δὲ ἄρα ταῖς γυναιξὶν οὐκ ἀφῄρει τὰ πταίσματα τὸ ἐς τοὺς κινδύνους ἀφειδές, εἴγε Θεμισκύρας τε ἁλούσης ὑπὸ Ἡρακλέους, καὶ ὕστερον φθαρείσης σφίσι τῆς στρατιᾶς, ἣν ἐπ᾽ Ἀθήνας ἔστειλαν, ὅμως ἐς Τροίαν ἦλθον Ἀθηναίοις τε αὐτοῖς μαχούμεναι, καὶ τοῖς πᾶσιν Ἕλλησιν.
[32] Diosas, rameras, esposas y esclavas, Madrid, 1990, 2ª edición, p. 39-40. Para las amazonas en relación con los centauros, cf. P. DuBois, Centaurs and Amazons: Women and the Pre-History of the Great Chain of Being, University of Michigan, 1991, p. 25-47; R. Just, Women in Athenian law and life, Londres – New York, 1989, p. 246.
[33] Para esta oposición entre hombres y mujeres bárbaras, cf. N. Loraux en Diccionario de las mitologías, vol. II, Grecia, bajo la dirección de Y. Bonnefoy, Barcelona, 1996, p. 76; y J. Carlier, id., p. 320.
[34] Cf. J. Carlier en Diccionario de las mitologías, vol. II, Grecia, bajo la dirección de Y. Bonnefoy, Barcelona, 1996, p. 322.
[35] Cf. P. DuBois, Centaurs and Amazons: Women and the Pre-History of the Great Chain of Being, University of Michigan, 1991, p, 69-71; W. B. Tyrrell, Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses, México, 1989, p. 129-133.

Bibliografía

J. H. Block, The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth, Leiden – New York – Köln, 1994.
P. DuBois, Centaurs and Amazons: Women and the Pre-History of the Great Chain of Being, University of Michigan, 1991.
C. Falcón Martínez, E. Fernández-Galiano y R. López Melero, Diccionario de la mitología clásica, 1-2, Madrid, 1980.
C. García Gual, Audacias femeninas, Madrid, 1991.
—–, Introducción a la mitología griega, Madrid, 1992.
H. von Geisau, “Amazones”, Der kleine Pauly, 1, Munich, 1979, c. 291-293.
R. Graves, Los mitos griegos, 1-2, Madrid, 1985 (reimpr. 1992).
P. Grimal, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, 1984.
—–, La mitología griega, Barcelona, 1989.
R. Just, Women in Athenian law and life, Londres – New York, 1989.
S. B. Pomeroy, Diosas, rameras, esposas y esclavas, Madrid, 1990 (2ª ed.).
A. Ruiz de Elvira, Mitología clásica, Madrid, 1982 (2ª ed.).
W. B. Tyrrell, Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses, México, 1989.
E. Vinet, “Amazones”, en Ch. Daremberg et E. Saglio, Dictionnaire des antiquités grecques et romaines, I-1, p. 221-223.
VV. AA., Diccionario de las mitologías, vol. II, Grecia, bajo la dirección de Y. Bonnefoy, Barcelona, 1996.

Índice de ilustraciones

1. Amazona fugitiva. Cílix ática de figuras rojas (510-500 a. C.), obra de Eufronio. Staatliche Antikensammlungen (Munich).
2. Amazona con pantalones y armas. Alabastro ático de figuras negras (470 a. C.). British Museum, Londres.
3. Aquiles mata a Pentesilea. Cílix ática de figuras rojas (470-460 a. C.). Staatliche Antikensammlungen (Munich).
4. Amazona con arco. Enócoe ática de figuras rojas (460-450 a. C.). Reiss-Engelhorn-Museen, Mannheim.
5. Amazona a caballo. Ánfora ática de figuras rojas (420 a. C.). Staatliche Antikensammlungen (Munich).

Articulos similares:

Licencia Creative Commons
Amazonas, mito y leyenda por Sebastián Martínez García (Dr. en filología clásica), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

Leave a comment

Add your comment below, or trackback from your own site. You can also subscribe to these comments via RSS.

Your email is never shared. Required fields are marked *

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD