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	<title>Sárasuatī _v2.1 &#187; Sebastián Martínez</title>
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	<description>Revista digital de Humanidades Sarasuati (Estudios americanos e hispánicos, fundacion atapuerca, biografias ...)</description>
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		<title>Solteras y casadas (poesía pornográfica clásica II)</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Dec 2011 23:59:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Featured]]></category>
		<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[pornografía]]></category>

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		<description><![CDATA[En este segundo artículo que dedicamos a la poesía griega y latina de asunto pornográfico, reúno una pequeña colección de epigramas de la Antología Palatina cuyos protagonistas masculinos tienen relaciones con mujeres libres solteras o casadas.
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En este segundo artículo que dedicamos a la poesía griega y latina de asunto pornográfico, reúno una pequeña colección de epigramas de la <em>Antología Palatina,</em>[1] cuyos protagonistas masculinos tienen relaciones con mujeres libres solteras o casadas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/12/pp-en-el-tepidario.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-full wp-image-6267" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/12/pp-en-el-tepidario.jpg" alt="" width="800" height="577" /></a></p>
<h2 style="text-align: justify;">Vida marítima</h2>
<p style="text-align: justify;">De Dioscórides,[2] que vivió en la segunda mitad del III a. C., se conservan unos cuarenta epigramas, de un fuerte realismo, acaso obsceno. Este alejandrino, seguidor de Calímaco y Asclepíades, fue incluido en la <em>Corona</em> de Meleagro. He aquí la traducción de un poema suyo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Nunca tumbes boca arriba a una embarazada<br />
en tu lecho, gozando de una fértil Cipris;<br />
pues entre ambos habrá gran marea y no pequeño esfuerzo:<br />
ella remará y tú te balancearás.<br />
Pero dale la vuelta y disfruta con las rosadas nalgas,                                 5<br />
considerando a la esposa una Cipris masculina.[3]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El poema da un consejo al lector sobre la forma más conveniente de tener relaciones sexuales con una embarazada; se trata de una relación conyugal, como se dice expresamente en el último verso. Según Dioscórides, es preferible el coito <em>a tergo</em>, pues evita las incomodidades provocadas por el vientre abultado de la mujer. Es notable la presencia de metáforas de la navegación: “gran marea”(v. 3, μέγα κῦμα) alude al vientre de la embarazada; en el verso siguiente “remar” y “balancearse” se refieren figuradamente a los movimientos de la mujer y el hombre durante el coito; también en esta línea está el uso de στρέψας (“dale la vuelta”), verbo que puede servir para un cambio de rumbo durante la navegación.[4] En este epigrama Dioscórides usa uno de los nombres de Afrodita, Cipris, para designar a la pareja.</p>
<h2 style="text-align: justify;">Madre e hija</h2>
<p style="text-align: justify;">Por su parte, Marco Argentario[5] relata una aventura erótica con un curioso final:<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/12/pp1-03-hermes.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-6266" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/12/pp1-03-hermes.jpg" alt="" width="210" height="512" /></a></p>
<blockquote><p>A la virgen Alcipa amaba tanto, un buen día la seduje<br />
y a escondidas la poseí en su lecho.<br />
Nuestros pechos se agitaban con el temor de que alguien viniera<br />
y contemplase los secretos de nuestros prodigiosos deseos.<br />
Mas la madre no dejó de oír sus susurros, aunque, al verme,                 5<br />
dijo al instante: «Ese Hermes a medias, hija.»[6]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La conocida aventura de la seducción de una muchacha, que cuenta con precedentes desde la poesía del siglo VII a. C.[7] se resuelve aquí de una forma bien curiosa, cuando la madre, al descubrir a los enamorados, reclama su parte. “Ese Hermes a medias” (v. 6, Ἑρμῆς κοινός) era una expresión corriente,[8] que se usaba cuando dos o más personas encontraban algo y tenían que repartírselo, pero un hermes era también un busto o cabeza del dios u otros personajes, puestos sobre una estela o un pilar que se encontraba en calles y plazas, y que a la altura correspondiente solía reproducir los genitales masculinos.<br />
Esta madre contrasta, desde luego, con las madres de los <em>Diálogos de cortesanas</em> de Luciano, que venden la virginidad de sus hijas, y les proponen o consienten que tengan amantes: en el tercer diálogo una madre reprende a su hija Filina por mostrarse arisca con su amante; en el quinto diálogo Cróbile habla con su hija Corina sobre la forma de complacer a los hombres, después de vender su virginidad; o en el sexto diálogo Musarion escucha las reticencias de su madre acerca de su enamorado Quéreas.</p>
<h2 style="text-align: justify;">Mi vecinita&#8230;</h2>
<p style="text-align: justify;">Agatías el escolástico[9] compuso en el siglo VI d. C. una antología llamada <em>Ciclo</em>, además de otras obras poéticas e históricas. El siguiente poema tiene un carácter marcadamente narrativo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">La vieja envidiosa yacía junto a mi joven vecina,<br />
atravesada en el lecho, echada sobre la espalda,<br />
cual inexpugnable baluarte; mas como defensa<br />
cubría a la muchacha una ancha combinación;<br />
y una criada altanera, que había clausurado las puertas de la casa,     5<br />
descansaba aturdida por la bebida sin mezclar.<br />
Con todo, no me asustaron, cuando alcé suavemente<br />
con manos silenciosas el gozne de la puerta<br />
y las teas ardientes con el aire de mi manto<br />
apagué. Entonces me colé de refilón en la alcoba,                                   10<br />
evité a la guardiana que dormía y repté despacio<br />
sobre mi vientre por la cama bajo el dosel;<br />
me encaminé poco a poco a donde la muralla era accesible;<br />
y apoyando el pecho al lado de la joven,<br />
me apoderé de sus senos; y le llené de besos la cara,                              15<br />
gozando mi boca con la suavidad de sus labios.<br />
Y era, de este modo, la bella boca mi botín y tenía<br />
el beso como contraseña del nocturno combate.<br />
Mas no saqueé aún la torre de la amada virginidad,<br />
sino que está cerrada por una inevitable mora.                                       20<br />
Con todo, si de otra batalla emprendemos la refriega,<br />
pronto asediaré, sí, las murallas de su doncellez<br />
y ya no me pararán baluartes. Y si tengo suerte,<br />
trenzaré coronas para ti, Cipris, que concedes trofeos.[10]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Los veinticuatro versos de este largo epigrama narran una aventura, cuyo protagonista se cuela en casa de sus vecinos[11] y se mete en la cama de una virgen. El allanamiento de una casa de una manera muy parecida se encuentra relatado en un diálogo de Luciano, aunque la aventura acaba de una forma muy diferente, puesto que el joven sorprende a su amada (una hetera, por cierto) acostada con alguien que él cree un hombre.[12]<br />
Esta narración supone, en cierta manera, una burla a un tópico literario serio: el llamado <em>paraklausíthyron</em>, canto suplicante del enamorado ante la puerta de la casa en que vive su amada.[13] En la aventura que relata Agatías el joven consigue sortear todas las prevenciones (la vieja,[14] la criada, las antorchas, la puerta cerrada&#8230;) y tener una sesión de besos y caricias con la muchacha. No puede llegar más allá, dado que la vieja está atravesada en el lecho y obstaculiza otros acercamientos.<br />
A lo largo de estos versos se deslizan numerosas metáforas militares relacionadas con la toma de una fortaleza, tanto en lo que se refiere a la entrada subrepticia en la casa (baluarte, muralla) como en el <em>petting</em> con la muchacha (“nocturno combate”, “si de otra batalla emprendemos la refriega, pronto asediaré, sí, las murallas de su doncellez y ya no me pararán baluartes”, “Cipris, que concedes trofeos”); y por cierto que este epíteto, aplicado aquí a la diosa Afrodita, se encuentra usado para la Victoria.[15]</p>
<h2 style="text-align: justify;">La solución del problema</h2>
<p style="text-align: justify;">Entre los epigramas de Agatías el escolástico también se puede leer el siguiente, muy reflexivo en contraste con el anterior:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">¿Qué camino seguiría uno hacia Eros? En las calles<img class="size-large wp-image-6264 alignright" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/12/pp-Waterhouse-Diogenes-664x1024.jpg" alt="" width="245" height="377" /><br />
lamentarás la lujuria ansiosa de oro del puterío;<br />
mas si te arrimas a una cama virginal, llegarás a la boda<br />
conforme a la ley o a las penas de los estupradores.<br />
¿Con la legítima esposa? ¿Quién podría aguantar a una Cipris      5<br />
sin placer, arrastrado por la necesidad?<br />
El lecho adúltero es lo peor y ajeno a los amores:<br />
vaya con la perversidad de la pedofilia.<br />
Y la viuda, en su desorden, toma un amante vulgar<br />
y se sabe todas las astucias del puterío.                                               10<br />
La prudente, que a duras penas se entrega al amor,<br />
sufre los aguijones de una despiadada inconstancia<br />
y odia sus actos; conque, por un resto de pudor que le queda,<br />
se echa atrás con un mensaje para acabar con las citas.<br />
Pero, si te unes a tu propia sierva, tendrás que soportar                 15<br />
convertirte tú, a tu vez, en esclavo de la criada.<br />
Y, ¿con la ajena? En ese caso la ley te cubrirá de infamia<br />
por causar ultraje en un cuerpo propiedad de otro.<br />
Por ello, Diógenes rehuyó todo eso y el himeneo<br />
entonó con su mano, sin necesitar a Lais.[16]                                   20</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este extenso epigrama no requiere demasiadas explicaciones; resulta muy difícil conseguir una vida sexual agradable, puesto que ningún tipo de mujer reúne todas las condiciones: las prostitutas están ávidas de dinero,[17] hacer el amor con las vírgenes es delito perseguido o implica acabar casado, tener relaciones con la propia esposa carece de interés, el adulterio es peor[18] y las viudas son desaconsejables, las mujeres decentes ni pensarlo, en cuanto a las esclavas ni las propias ni las ajenas. ¿Qué queda, entonces, según Agatías? La masturbación, como Diógenes el Cínico;[19] el poeta lo dice en una expresión primero refinada (“celebró el himeneo”) que deriva hacia la ironía (“con su mano”). Lais, una famosa cortesana,[20] en este poema representa por antonomasia la cumbre de los placeres. En realidad, el epigrama constituye una imitación de uno muy serio de Posidipo,[21] que se pregunta qué hacer en la vida: ante la falta de salidas, observa Posidipo que lo mejor sería no haber nacido o morir al ver la luz.</p>
<h2 style="text-align: justify;">Por las buenas o&#8230;</h2>
<p style="text-align: justify;">Paulo o Pablo el Silenciario[22] fue amigo de Agatías el escolástico y poemas suyos fueron recogidos en el <em>Ciclo</em> de éste; en el libro V de la <em>Antología Palatina</em> se pueden leer muchos versos suyos. Entre sus muchas composiciones encontramos una escena de sexo a la fuerza:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">La agraciada Menecrátide, entregada al sueño al atardecer,<br />
yacía, con el brazo cubriéndose los ojos;<br />
valientemente me metí en su cama, mas, cuando alegremente<br />
iba a alcanzar la mitad del camino de Cipris,<br />
la joven se despertó del sueño y con sus blancas manos                5<br />
quería arrancarme de la cabeza todo el pelo;<br />
mas, aunque luchaba, acabé el resto del acto del amor.<br />
Y ella, saltándosele las lágrimas, me dijo:<br />
«Criminal, ahora has logrado tu deseo, por el que<br />
a menudo juré rechazar mucho oro de tu mano.                            10<br />
Y te largarás a poner a otra bajo tu barriga,<br />
porque sois trabajadores de una Cipris insaciable.»[23]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El protagonista abusa de la joven Menecrátide, aprovechándose inicialmente de que está dormida y después de su superioridad física; por cierto, el nombre de la chica viene pintiparado, puesto que el adjetivo del que deriva, μενεκράτης, significa “fuerte y resistente”. No se dice en el poema si se trata de una hetera, ni tampoco se menciona si era virgen.[24] En el poema hay, por otra parte, algunas expresiones metafóricas que aluden al coito: “el camino de Cipris”, “el acto del amor” y “poner bajo la barriga”.</p>
<h2>¡Cuidado con el perro!</h2>
<p style="text-align: justify;">También Eratóstenes el escolástico pertenece ya al siglo VI d. C. y sus poemas fueron incluidos en el <em>Ciclo</em> de Agatías. Traducimos a continuación un epigrama sobre un encuentro casual en la calle:</p>
<blockquote><p>Al ver a Mélite, me puse pálido, pues su esposo<br />
con ella iba; tembloroso, le dije lo siguiente:<br />
«¿Puedo descorrer los cerrojos de tu puerta,<br />
soltando el glande de la doble hoja,<br />
y cruzar el húmedo umbral del doble vestíbulo                         5<br />
e introducir en medio el extremo del pasador?»<br />
Mas ella dice riendo, mientras mira de reojo a su hombre:<br />
«¡Aparta del vestíbulo, que te va a matar el perro!»[25]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">El encuentro del protagonista y de Mélite acompañada por su marido da pie a un aparte entre ellos dos, conversación que está llena de dobles sentidos. “Los cerrojos de tu puerta” del tercer verso serían las hebillas o broches que, al soltarse, permitirían desnudar a la esposa, mientras que “el glande de la doble hoja” se puede referir al pasador de un collar, pero también al pene.[26] Eratóstenes también habla figuradamente, cuando menciona “el húmedo umbral del doble vestíbulo” y “el extremo del pasador”, que se refieren respectivamente a la vagina de Mélite y al miembro de su interlocutor. El perro del último verso hace alusión al marido de forma metonímica, pues alude al pene.[27] Por cierto, nótese la muy diferente actitud de él, pálido y trémulo, y de Mélite con sus risas.<br />
Además la alusión final al perro quizá pudiera recordar al lector antiguo cierto cuentecillo, según el cual el ladrido era la contraseña de un amante que visitaba a una casada; en cierta ocasión otro individuo, que se había percatado de la señal, se adelantó al amante habitual y, cuando éste llegó, contestó a su ladrido, ladrando más fuerte que él desde dentro de la casa.[28]</p>
<h2 style="text-align: justify;">Conclusión</h2>
<p style="text-align: justify;">En este segundo artículo sobre poesía pornográfica vienen a sumarse otros nombres de poetas (Dioscórides, Agatías, Paulo y Eratóstenes) a los ya conocidos.<br />
Los epigramas aquí reunidos adoptan tonos variados, desde la forma de consejo a la narrativa, pasando por la reflexión o el diálogo. Las situaciones son variadas: el lecho conyugal, el sexo a escondidas, el allanamiento de morada, la conversación callejera&#8230;<br />
La mayor parte de los juegos de estas composiciones se basa en el doble sentido: la acción de remar, los hermes, las metáforas militares, el allanamiento de una casa&#8230;</p>
<h2 style="text-align: justify;">Notas</h2>
<p style="text-align: justify;">[1] Para la <em>Antología Palatina</em>, véase la nota 1 del artículo <em>Prostitutas y heteras</em> (<a href="http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/">http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/</a>).<br />
[2] Sobre Dioscórides, cf. G. Galán Vioque, <em>Dioscórides. Epigramas</em>, Huelva, 2001; M. Fernández Galiano, <em>Antología Palatina I. Epigramas helenísticos</em>, Madrid, 1978, p. 257.<br />
[3] V 54: μήποτε γαστροβαρῆ πρὸς σὸν λέχος ἀντιπρόσωπον | παιδογόνῳ κλίνῃς Κύπριδι τερπόμενος. | μεσσόθι γὰρ μέγα κῦμα καὶ οὐκ ὀλίγος πόνος ἔσται, | τῆς μὲν ἐρεσσομένης, σοῦ δὲ σαλευομένου. | ἀλλὰ πάλιν στρέψας ῥοδοειδέι τέρπεο πυγῇ, | τὴν ἄλοχον νομίσας ἀρσενόπαιδα Κύπριν.<br />
[4] Para la navegación erótica con muy variados matices, cf. <em>AP</em> V 44 (de Rufino), 156 (Meleagro), 161 (Hédilo o Asclepíades), 190, 204 (ambos de Meleagro), 235 (Macedonio); IX 415 (Antífilo) y 416 (Filipo). Sobre el tema, cf. P. Murgatroyd, “The Sea of Love”, <em>CQ</em> 45 (1995), 9-25.<br />
[5] Para Marco Argentario, cf. la nota 6 del artículo <em>Prostitutas y heteras</em> (<a href="http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/">http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/</a>).<br />
[6] V 127: παρθένον Ἀλκίππην ἐφίλουν μέγα, καί ποτε πείσας | αὐτὴν λαθριδίως εἶχον ἐπὶ κλισίῃ. | ἀμφοτέρων δὲ στέρνον ἐπάλλετο, μή τις ἐπέλθῃ, | μή τις ἴδῃ τὰ πόθων κρυπτὰ περισσοτέρων. | μητέρα δ᾽ οὐκ ἔλαθεν κείνης λάλον ἀλλ᾽ ἐσιδοῦσα | ἐξαπίνης, ‘ Ἑρμῆς κοινός,’ ἔφη. ‘θύγατερ.’ (El quinto verso presenta problemas de lectura, al menos para algunos especialistas).<br />
[7] Cf. Arquíloco, fr. 196a West. Sobre la persuasión y el enamoramiento, cf. F. Rodríguez Adrados, <em>Sociedad, amor y poesía en la Grecia antigua</em>, Madrid, 1995, p. 205-213.<br />
[8] Cf. Aristóteles, <em>Rh</em>. II 24, 2; Teofrasto, <em>Char</em>. 30, 2.<br />
[9] Para Agatías como poeta, cf. A. Cameron, <em>Agathias</em>, Oxford, 1970, p. 12-29.<br />
[10] V 294: ἡ γραῦς ἡ φθονερὴ παρεκέκλιτο γείτονι κούρῃ | δόχμιον ἐν λέκτρῳ νῶτον ἐρεισαμένη, | προβλὴς ὥς τις ἔπαλξις ἀνέμβατος· οἷα δὲ πύργος | ἔσκεπε τὴν κούρην ἁπλοῒς ἐκταδίη· | καὶ σοβαρὴ θεράπαινα πύλας σφίγξασα μελάθρου | κεῖτο χαλικρήτῳ νάματι βριθομένη. | ἔμπης οὔ μ᾽ ἐφόβησαν ἐπεὶ στρεπτῆρα θυρέτρου | χερσὶν ἀδουπήτοις βαιὸν ἀειράμενος, | φρυκτοὺς αἰθαλόεντας ἐμῆς ῥιπίσμασι λώπης | ἔσβεσα· καὶ διαδὺς λέχριος ἐν θαλάμῳ | τὴν φύλακα κνώσσουσαν ὑπέκφυγον ἦκα δὲ λέκτρου | νέρθεν ὑπὸ σχοίνοις γαστέρι συρόμενος, |ὠρθούμην κατὰ βαιόν, ὅπη βατὸν ἔπλετο τεῖχος· | ἄγχι δὲ τῆς κούρης στέρνον ἐρεισάμενος, | μαζοὺς μὲν κρατέεσκον· ὑπεθρύφθην δὲ προσώπῳ, | μάστακα πιαίνων χείλεος εὐαφίῃ. | ἦν δ᾽ ἄρα μοι τὰ λάφυρα καλὸν στόμα, καὶ τὸ φίλημα | σύμβολον ἐννυχίης εἶχον ἀεθλοσύνης. | οὔπω δ᾽ ἐξαλάπαξα φίλης πύργωμα κορείης, | ἀλλ᾽ ἔτ᾽ ἀδηρίτῳ σφίγγεται ἀμβολίῃ. | ἔμπης ἢν ἑτέροιο μόθου στήσωμεν ἀγῶνα, | ναὶ τάχα πορθήσω τείχεα παρθενίης, | οὐ δ᾽ ἔτι με σχήσουσιν ἐπάλξιες. ἢν δὲ τυχήσω, | στέμματα σοὶ πλέξω, Κύπρι τροπαιοφόρε. En el tercer verso hay un problema de lectura, que se ha querido resolver mediante dos conjeturas, οἷα δὲ πύργος, la que preferimos nosotros, y οἷα δ’ ἐπ’ ἦρι (“como en primavera”).<br />
[11] También Rufino tiene un epigrama sobre su vecina (<em>AP</em> V 75).<br />
[12] <em>DMeretr</em>. 12, 3; sobre Luciano de Samósata, cf. el artículo<em> Prostitutas y heteras</em> (<a href="http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/">http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/</a>).<br />
[13] Sobre este motivo, cf. <em>AP</em> V 23 (de Calímaco), 164, 189 (ambos de Asclepíades), 191 (de Meleagro), 213 (Posidipo); XII 90 (anónimo). Para este tema en general, cf. F. O. Copley, <em>Exclusus amator: a study in Latin love poetry</em>, Madison, 1956; W. J. Verdenius, “Opening Doors again”, <em>Mnemosyne</em> 33, 1-2, serie 4, 175; C. Yardley, “The Elegiac Paraklausithyron”, <em>Eranos</em> 76 (1978), 19-34.<br />
[14] Que una vieja vigile a la joven parece habitual, cf. <em>AP</em> V 106 (de Diotimo), 262 (Paulo), 289 (Agatías).<br />
[15] En el poema rezuma, por otra parte, el topos elegíaco del <em>militia amoris</em>, cf. ex. gr. Ovidio, <em>Am</em>. II 12 (el poeta celebra la victoria en su conquista del amor de Corina). En general, véase E. Thomas, “Variations on a military theme in Ovid&#8217;s Amores”, <em>G&amp;R</em> n. s. 11 (1964), 151-165; P. Murgatroyd, “Militia amoris and the Roman Elegies”, <em>Latomus</em> 34 (1975), 59-79; J. C. McKeown, “Militat Omnis Amans”, <em>CJ</em> 90-3 (1995), 295-304.<br />
[16] V 302: ποίην τις πρὸς Ἔρωτος ἴοι τρίβον; ἐν μὲν ἀγυιαῖς | μαχλάδος οἰμώξεις χρυσομανεῖ σπατάλῃ· | εἰ δ᾽ ἐπὶ παρθενικῆς πελάσεις λέχος, ἐς γάμον ἥξεις | ἔννομον, ἢ ποινὰς τὰς περὶ τῶν φθορέων. | κουριδίαις δὲ γυναιξὶν ἀτερπέα κύπριν ἐγείρειν | τίς κεν ὑποτλαίη, πρὸς χρέος ἑλκόμενος; | μοίχια λέκτρα κάκιστα, καὶ ἔκτοθέν εἰσιν ἐρώτων, | ὧν μέτα παιδομανὴς κείσθω ἀλιτροσύνη. | χήρη δ᾽, ἡ μὲν ἄκοσμος ἔχει πάνδημον ἐραστήν, | καὶ πάντα φρονέει δήνεα μαχλοσύνης· | ἡ δὲ σαοφρονέουσα μόλις φιλότητι μιγεῖσα | δέχνυται ἀστόργου κέντρα παλιμβολίης, | καὶ στυγέει τὸ τελεσθὲν ἔχουσα δὲ λείψανον αἰδοῦς, | ἂψ ἐπὶ λυσιγάμους χάζεται ἀγγελίας. | ἢν δὲ μιγῇς ἰδίῃ θεραπαινίδι, τλῆθι καὶ αὐτὸς | δοῦλος ἐναλλάγδην δμωίδι γινόμενος· | εἰ δὲ καὶ ὀθνείῃ, τότε σοι νόμος αἶσχος ἀνάψει, | ὕβριν ἀνιχνεύων σώματος ἀλλοτρίου. | πάντ᾽ ἄρα Διογένης ἔφυγεν τάδε, τὸν δ᾽ ὑμέναιον | ἤειδεν παλάμῃ, Λαΐδος οὐ χατέων.<br />
[17] Sobre las prostitutas callejeras, cf. Aristófanes, <em>Eq</em>. 1400-1402; Teofrasto, <em>Char</em>. 28.3; Horacio, <em>Ep</em>. I 14, 21; <em>Sat</em>. I 2, 30; Juvenal XI 172-173. En general, v. S. B. Pomeroy, <em>Diosas, rameras, esposas y esclavas</em>, Madrid, 1990 (2ª ed.), p. 225.<br />
[18] Acerca del adulterio y su consideración delictiva, cf. E. Cantarella, <em>La calamidad ambigua. Condición e imagen de la mujer en la antigüedad griega y romana</em>, Madrid, 1991, p. 66-70.<br />
[19] Sobre Diógenes y la masturbación, cf. Dión Crisóstomo VI 17-20. Para la actitud de los cínicos ante el sexo y la mujer, véase F. Rodríguez Adrados, <em>El cuento erótico griego, latino e indio</em>, Madrid, 1994, p. 62 ss.<br />
[20] Sobre Lais de Corinto, cf. <em>AP</em> VII 218 (Antípatro), IX 260 (Secundo), XI 67 (Mirino); Ateneo XIII 570e; Claudio Eliano, <em>VH</em> X 2, XII 5, XIV 35; Marcial XI 104; Pausanias II 2, 4-5. Hubo otra Lais más joven, cf. Ateneo XIII 574e, 588cd, 589ab; Aulo Gelio I 8, 3-6.<br />
[21] <em>AP</em> IX 359. Aunque también se atribuye a Crates el cínico y a Platón el cómico. En <em>AP</em> IX 360 Metrodoro intenta refutar esta tesis.<br />
[22] Para este autor, cf. R. Keydell, “Paulus 9”, <em>Der kleine Pauly,</em> 4, 1974, c. 567.<br />
[23] V 275: Δειελινῷ χαρίεσσα Μενεκρατὶς ἔκχυτος ὕπνῳ | κεῖτο περὶ κροτάφους πῆχυν ἑλιξαμένη. | τολμήσας δ᾽ ἐπέβην λεχέων ὕπερ. ὡς δὲ κελεύθου | ἥμισυ κυπριδίης ἤνυον ἀσπασίως, | ἡ παῖς ἐξ ὕπνοιο διέγρετο, χερσὶ δὲ λευκαῖς | κράατος ἡμετέρου πᾶσαν ἔτιλλε κόμην | μαρναμένης δὲ τὸ λοιπὸν ἀνύσσαμεν ἔργον ἔρωτος. | ἡ δ᾽ ὑποπιμπλαμένη δάκρυσιν εἶπε τάδε· | σχέτλιε, νῦν μὲν ἔρεξας ὅ τοι φίλον, ᾧ ἔπι πουλὺν | πολλάκι σῆς παλάμης χρυσὸν ἀπωμοσάμην | οἰχόμενος δ᾽ ἄλλην ὑποκόλπιον εὐθὺς ἑλίξεις· | ἐστὲ γὰρ ἀπλήστου κύπριδος ἐργατίναι.<br />
[24] Que la virginidad estaba bien cotizada, lo prueba algún epigrama como <em>AP </em>V 45 (de Calíctor).<br />
[25] V 242: ὡς εἶδον Μελίτην, ὦχρός μ᾽ ἕλε· καὶ γὰρ ἀκοίτης | κείνῃ ἐφωμάρτει· τοῖα δ᾽ ἔλεξα τρέμων | τοῦ σοῦ ἀνακροῦσαι δύναμαι πυλεῶνος ὀχῆας, | δικλίδος ὑμετέρης τὴν βάλανον χαλάσας, | καὶ δισσῶν προθύρων πλαδαρὴν κρηπῖδα περῆσαι, | ἄκρον ἐπιβλῆτος μεσσόθι πηξάμενος; | ἡ δὲ λέγει γελάσασα, καὶ ἀνέρα λοξὸν ἰδοῦσα· | τῶν προθύρων ἀπέχου, μή σε κύων ὀλέσῃ.<br />
[26] Como en Aristófanes, <em>Lys</em>. 410, 413. Véase f. J. Henderson,<em> The Maculate Muse</em>, Yale, 1991 (2ª edición), p. 41 y 119.<br />
[27] Sobre el perro, cf. nota 8 del artículo <em>Prostitutas y heteras</em> (<a href="http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/">http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/</a>).<br />
[28] Cf. F. Rodríguez Adrados, <em>El cuento erótico griego, latino e indio</em>, Madrid, 1994, p. 70 ss. De todos modos, κύων puede no ser la lectura correcta, ya que la original es σκευὴν “equipación, vestimenta”, etc., que, aunque figuradamente puede referirse al miembro viril, no parece adecuada al contexto.</p>
<h2 style="text-align: justify;">Ilustraciones</h2>
<p style="text-align: justify;">1.<em> En el tepidario</em> (1882) de Sir L. Alma-Tadema (Lady Lever Art Gallery, Port Sunlight Village, Wirral Inglaterra).<br />
2. Hermes de la isla de Sifnos (520 a. C.), Museo Arqueológico Nacional de Atenas.<br />
3. Diógenes (1882) de J. W. Waterhouse (Art Gallery of New South Wales, Australia).</p>
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		<title>Prostitutas y heteras (poesía pornográfica clásica I)</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 23:59:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Featured]]></category>
		<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologia]]></category>
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		<description><![CDATA[Selección de poemas de la "Antología Palatina" en los que desempeñan un papel principal prostitutas y heteras.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Con el presente artículo <em>Schedae</em> inicia una serie de trabajos sobre poesía pornográfica griega y romana. Este primer escrito selecciona unos cuantos poemas de la <em>Antología Palatina</em>, en los que desempeñan un papel principal prostitutas y heteras.[1]</p>
<h2>Ofrenda a Afrodita</h2>
<p style="text-align: justify;">La mayor parte de los poemas del libro VI de la <em>Antología palatina</em> tiene carácter votivo. En ellos un personaje presenta a los dioses un objeto como muestra de agradecimiento por los favores solicitados o ya recibidos. Algunos de estos epigramas deben de ser auténticos, pero da la impresión de que otros muchos son pura literatura, incluso mera parodia en ocasiones. Entre ellos queremos comentar un epigrama que algunos atribuyen a Luciano de Samósata.[2] Luciano, autor de numerosos escritos en prosa, escribió entre ellos unos <em>Diálogos de cortesanas</em>, un conjunto de catorce breves cuadritos en que presenta las conversaciones de dos, tres o cuatro personajes, que departen principalmente sobre las relaciones entre las heteras y sus amantes. El epigrama, de ser realmente de Luciano, pertenecería al siglo II a. C.:</p>
<blockquote><p>Tres heteras te hacen ofrenda de estos juguetes,<br />
Cipris dichosa, cada una por su respectiva labor;<br />
Eufro ofrece por sus nalgas éste, Clío este otro<br />
por la forma lícita, la tercera Atis por el cielo de su boca.<br />
Por ellos envía a la primera los beneficios, señora, sodomitas,                            5<br />
a la segunda los femeninos y a la tercera los demás.[3]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Como ya se ha dicho, en el libro VI de la <em>Antología Palatina</em> se recogen epigramas votivos, algunos auténticos, otros no. Esta vez se trata de tres prostitutas que presentan a la diosa Afrodita exvotos representativos de sus particulares habilidades eróticas (el coito anal, el vaginal y la felación).[4] El poeta pide, en su nombre, la recompensa correspondiente al respectivo exvoto. Acerca de las tres especialidades amatorias[5] veremos un poco más adelante unos epigramas de Tucidio Galo y de Nicarco.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/11/pp0-pompeya.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-full wp-image-6184" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/11/pp0-pompeya.jpg" alt="" width="499" height="402" /></a></p>
<h2></h2>
<h2>Cuanto abarca el universo</h2>
<p style="text-align: justify;">Marco Argentario[6] vivió entre los siglos I a. C. y el I d. C.; podría ser el Argentario que se dedicó a la declamación y que encontramos citado en la obra de Séneca el Viejo. Poemas suyos fueron incluidos en la <em>Corona</em> de Filipo, una antología de epigramas elaborada en el I d. C. y después refundida en la <em>Antología Palatina</em>. En su libro V se puede leer una docena de poemas de Marco Argentario; entre ellos éste, dedicado a una prostituta llamada Menófila:</p>
<blockquote><p>Dicen que entre las golfas otro es el mundo de Menófila,<br />
otro, porque cata todo vicio.<br />
Mas id, caldeos, a su vera, pues su cielo<br />
alberga dentro el perro y los gemelos.[7]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">En otros poemas de la <em>Antología</em> que tratan de temas cercanos, se emplea una imaginería variada para la actividad sexual: la carrera, la equitación o la marina. En éste, en cambio, tenemos un contexto astrológico, ya desde el propio nombre de la protagonista, Menófila, “la amiga de la luna”, que tiene un universo propio. Los caldeos, habitantes de las tierras al suroeste de Babilonia, o al menos ciertos sacerdotes babilonios así llamados, tenían fama de astrólogos; este universo propio acoge en su cielo constelaciones como el perro de Orión y los gemelos (la que actualmente llamamos Géminis). Pero todo tiene doble sentido, porque el cielo es el cielo del paladar, la boca de Menófila (como en VI 17, el epigrama atribuido a Luciano que traducíamos más arriba), mientras que los gemelos representan los testículos y el perro es el pene.[8]</p>
<h2>Su especialidad no es el baile</h2>
<p style="text-align: justify;">Como Marco Argentario, Automedonte,[9] que vivió entre los siglos I a. C. y I d. C., fue incluido en la <em>Corona</em> de Filipo. Se conserva una docena de epigramas suyos, entre los cuales se cuenta éste:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">A la bailarina de Asia, a ésa que se mueve<br />
con gesto pícaro desde la punta de sus uñas delicadas,<br />
celebro, no porque se apasione tanto, no porque ponga<br />
así o asá delicadamente sus manos delicadas,<br />
sino porque sabe bailar incluso sobre una clavija                                           5<br />
gastada, y no evita las arrugas de la vejez.<br />
Besa con la lengua, estimula, abraza; y si levanta sobre ti<br />
sus piernas, sacará tu tranca del Hades.[10]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Bailarinas, flautistas y citaristas, que acompañaban a los hombres en el banquete, tenían fama de mujeres fáciles; en todo caso, el <em>lemma</em>[11] del epigrama no deja lugar a dudas: εἰς πόρνην ὀρχηστρίδα, “a una bailarina puta”. La bailarina asiática, cuyo arte alaban los dos primeros dísticos del epigrama, recibe alabanzas por su dominio de la danza, pero sobre todo porque emplea sus técnicas carnales incluso con los ancianos: es tan efectiva, que puede conseguir erecciones en casos desesperados (al reino de Hades descendían, como es sabido, los difuntos). La “clavija gastada” del v. 5 representa metafóricamente el miembro viril del viejo; en este contexto podemos pensar, y no sería una idea descabellada, que las “arrugas de la vejez” del verso siguiente quizá representen el pene arrugado. En cuanto a la expresión “levanta sobre ti sus piernas”, estamos también ante un doble sentido, pues puede entenderse que es aplicada al baile, pero también al acto sexual. Finalmente, el sustantivo κορύνη, que hemos traducido por “tranca”, designa habitualmente una maza como la de Hércules, pero aquí tiene otro significado, el miembro viril.[12]</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/11/pp1-02-juicio-de-paris.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-full wp-image-6183" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/11/pp1-02-juicio-de-paris.jpg" alt="" width="602" height="800" /></a></p>
<h2 style="text-align: justify;"></h2>
<h2 style="text-align: justify;">Concurso de entrepiernas</h2>
<p style="text-align: justify;">A Rufino[13] se le ha situado entre finales del siglo I d. C. y el siglo IV, y es responsable de una treintena de poemas del libro V de la <em>Antología Palatina</em>. Escogemos una composición suya que trata de un concurso de belleza; el cuarto dístico no se ha conservado:</p>
<blockquote><p>Entre ellas riñeron Ródope, Mélite y Rodoclea:<br />
“De las tres, ¿cuál tiene el más poderoso muslo?”<br />
Y juez me eligieron; como diosas, admirables,<br />
quedaron desnudas de pie, rociadas de néctar.<br />
Y de Ródope brillaba el centro de los muslos venerable,                                        5<br />
cual rosas, abierto por un fuerte céfiro&#8230;<br />
Mas el delicado centro de Rodoclea era igual que cristal,<br />
cual en un templo una imagen recién labrada.<br />
Pero, conociendo claramente los sufrimientos de Paris por el juicio,<br />
juntas a las tres como inmortales en seguida coroné.[14]                                   10</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este epigrama presenta un concurso de belleza, en que tres mujeres compiten por la hermosura de sus muslos, o mejor dicho, de lo que se encuentra entre ellos, como se dice muy explícitamente en el v. 5. Se nos dan los nombres de las tres protagonistas, Ródope, Mélite (el dístico dedicado a ésta es lo que falta) y Rodoclea, el primero y el último relacionados con la palabra que en griego significa “rosa” y el segundo nombre con el sustantivo que designa la miel.[15]</p>
<p style="text-align: justify;">El poema contiene algunos juegos de palabras más o menos maliciosos; en el v. 2 hay un juego de palabras intraducible, puesto que en lugar de escribir μηρίον, la palabra que se emplea para “muslo”, se escribe μηριόνης, justo como el nombre del héroe de la <em>Ilíada</em>, Meriones, y le añade un epíteto, el comparativo κρείσσονα, más adecuado para un héroe épico que para los muslos de las prostitutas.[16] También se puede considerar que hay una alusión maliciosa en el v. 4, donde se podría pensar que las mujeres han sido “rociadas de néctar”, aunque figuradamente.[17] En los dos dísticos siguientes se produce el contraste entre las vulvas de Ródope y de Rodoclea (recordemos que faltan los dedicados a Mélite): la muy honrada (probablemente por sus muchos visitantes) de la primera, rosada y abierta, contrasta con la blancura y delicadeza de la segunda, acaso virgen, si conferimos importancia a la alusión al cristal y a la parafernalia estatuaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, el protagonista da por vencedoras a las tres, habida cuenta de la experiencia de Paris (su decisión acarreó la destrucción de Troya, de su familia y su propia muerte). En la última palabra del poema, συνεστεφάνουν, “juntas coroné”, tal vez debamos ver un doble sentido, pues un sustantivo relacionado con este verbo, στεφάνη, es usado en terminología médica para el esfínter anal y para la corona del glande.[18]</p>
<p style="text-align: justify;">Rufino es además autor de otro poema sobre un concurso:</p>
<blockquote><p>Las nalgas de tres juzgué yo mismo, pues ellas me eligieron<br />
para mostrar el esplendor desnudo de sus cuerpos.<br />
Y ésta, con el sello de unas sonrisas redondeadas,<br />
florecía en sus glúteos con blanca suavidad;<br />
de ésa, abierta de piernas, se ruborizó la nívea carne,                           5<br />
más roja incluso que una rosa de púrpura;<br />
mientras aquélla, serena, rompía con suave oleaje,<br />
estremeciéndose ella sola en su delicada piel.<br />
Si el juez de las diosas hubiera contemplado estas nalgas,<br />
ni tan sólo mirar hubiera querido las anteriores.[19]                         10</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Así pues, Rufino presenta el concurso de nalgas desnudas de tres mujeres, bajo la capa del mitológico juicio de Paris; en ese relato Paris declara a Afrodita la más bella por encima de Atenea y Hera. No en vano se cuenta que la diosa del amor se desnudó ante el joven troyano y le ofreció, si era la ganadora, una mujer como ella. Rufino, si bien ensalza las bellezas de las tres mujeres, se abstiene de escoger a una, aunque considera que el propio Paris las hubiese preferido a las diosas que juzgó.</p>
<p style="text-align: justify;">Este juicio de culos podría haberse inspirado en un relato de época helenística sobre las Calipigias, las “Culibellas”, dos hermanas de Siracusa que discutían acerca de quién tenía las nalgas más bellas; se hicieron famosas y encontraron ricos esposos. Edificaron un templo en honor de Afrodita para agradecerle su fortuna.[20] Por su parte, el epigramatista Agatías (<em>AP</em> V 222) hace alusión a un concurso de belleza, mientras que Paulo el Silenciario (<em>AP</em> V 244) corona a la ganadora de un certamen de besos. También Alcifrón (IV 14) relata en sus cartas una competición de nalgas entre unas prostitutas llamadas Mirrina y Triálida, además de certámenes de cinturas y pechos.</p>
<h2></h2>
<h2>Lide, especialista en cuartetos</h2>
<p style="text-align: justify;">También es de fecha insegura Tucidio Galo,[21] aunque el epigrama que se le atribuye no es corriente:</p>
<blockquote><p>La que sirve a tres hombres en el acto, Lide, soy:<br />
a uno más arriba del vientre, a otro en él y a otro detrás;<br />
acojo al amante de los chicos, al mujeriego y al maltratador.<br />
Si traes prisa, aunque vengas con dos más, no te detengas.[22]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Podríamos decir que se trata del anuncio de una prostituta -y tal vez sería posible encontrar textos parecidos en las paredes de determinados lugares antiguos o modernos-, en que la protagonista, Lide, se ofrece para hacer el amor con tres hombres a la vez, complaciendo sus diversas inclinaciones; el “maltratador” del v. 3. (φιλυβριστήν) significa literalmente “aficionado a la violencia desenfrenada”, aunque, teniendo en cuenta el v. 2, tendría que referirse al que es objeto de una felación.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6182" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/11/pp1-02-HetaeraOlisbos.jpg" alt="" width="622" height="611" /></p>
<h2></h2>
<h2>Con la vieja somos cuatro</h2>
<p style="text-align: justify;">Nicarco pertenece al I d. C., según testimonio de Diogeniano que lo incluyó en su antología. Traducimos un poema que guarda cierta relación temática con el anterior:</p>
<blockquote><p>Una vez, Hermógenes, yo y Cleobulo, conducíamos<br />
a una Cipris común a la única Aristodice;<br />
a mí precisamente me tocó habitar en su canosa mar.<br />
Pues nos la repartimos: cada uno a su parte, no todo de todos,<br />
Y Hermógenes recibió la odiosa morada anchurosa                                    5<br />
y remota, deslizándose en un paraje ignoto,<br />
donde las riberas de los difuntos e higueras golpeadas por el temporal<br />
se agitan con el soplo de vientos ominosos.<br />
Y por un Zeus ten a Cleobulo, a quien ascender al cielo,<br />
llevando en su mano el fuego humeante, tocó.                                          10<br />
Y la tierra quedaba como un bien común, pues en ella<br />
echamos una estera y así nos repartimos a la vieja.[23]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">El epigrama trata de la forma en que el protagonista, acompañado por dos amigos, Hermógenes y Cleobulo, se distribuyen las zonas erógenas de una vieja prostituta.[24] El autor establece un paralelismo entre los tres personajes y los dioses Zeus, Hades y Posidón, que se repartieron mediante un sorteo el mundo, después de someter a las divinidades de la generación anterior, los Titanes. Pero además, y sobre todo, Nicarco parodia un pasaje homérico en que Posidón dirige la palabra a Iris:</p>
<blockquote><p>Pues tres somos los hermanos hijos de Crono que concibió Rea,<br />
Zeus y yo, y el tercero Hades, que reina sobre los difuntos.<br />
En tres partes quedó todo dividido, y cada uno consiguió un honor;<br />
así, a mí me tocó habitar siempre en el canoso mar,<br />
realizado el sorteo; Hades recibió el oscuro poniente<br />
y a Zeus correspondió el ancho cielo entre el éter y las nubes;<br />
y aún quedó como bien común la tierra y el alto Olimpo.[25]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Del mismo modo que a Posidón le correspondió el mar, al protagonista le toca el “canoso mar” de la vieja, metáfora que designa su pubis (la expresión remite al lector a la fraseología homérica, pues calca el verso 190). A Hermógenes le corresponden las nalgas, mientras que Cleobulo recibe en suerte la boca, “el cielo” en el texto;[26] en cuanto al “fuego humeante” que Hermógenes lleva en su mano, no podemos imaginar sino que se refiere a su pene.</p>
<h2>Conclusión</h2>
<p style="text-align: justify;">Los autores reunidos en esta pequeña recopilación (Luciano de Samósata, Marco Argentario, Automedonte, Rufino, Tucidio Galo y Nicarco) vivieron a partir del siglo II a. C.; sin perder de vista el trabajo de los poetas anteriores, tratan de ir más allá, de dar otra vuelta de tuerca a un tema, de aportar nuevas imágenes o puntos de vista.</p>
<p style="text-align: justify;">En estos pocos poemas encontramos metáforas e imágenes variadas usadas para el acto sexual o los genitales: la astrología, el clavo, la tranca, la flor&#8230; También quedan ilustradas situaciones diversas como la ofrenda, la danza, el concurso de belleza o el acto sexual, siempre en el contexto de la prostitución o de la relación con las heteras.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro aspecto que conviene destacar en esta poesía es el hecho de que los poetas producen variaciones sobre un mismo tema. Un buen ejemplo puede verse en el poema de Tucidio Galo sobre Lide y el de Nicarco sobre los tres amantes de la prostituta vieja: la concisión y la arrogancia de la Lide de Tucidio contrastan fuertemente con el empacho mitológico y la prolijidad del poema de Nicarco.</p>
<p style="text-align: justify;">El mito, omnipresente en la poesía griega, aporta buenos motivos para la parodia: el juicio de Paris, el nombre de Meriones y el reparto del universo entre los dioses Olímpicos.</p>
<h2></h2>
<h2>Notas</h2>
<p style="text-align: justify;">[1] La <em>Antología Palatina</em> es una voluminosa recopilación de epigramas griegos realizada en el siglo XI a partir de otros florilegios; al respecto pueden resultar de interés como fuente de información y punto de partida para otros estudios las introducciones de M. Fernández Galiano (<em>Antología Palatina I. Epigramas helenísticos</em>, Madrid, 1978), de G. Galán Vioque y M. A. Márquez Guerrero (<em>Epigramas eróticos griegos. Antología Palatina [Libros V y XII],</em> Madrid, 2001), de G. Galán Vioque (<em>Antología Palatina II. La guirnalda de Filipo</em>, Madrid, 2004) y de P. Waltz (<em>Anthologie Grecque. Anthologie Palatine [Livres I-IV],</em> París, 1960).<br />
[2] Como presentación de la vida y obra de Luciano se puede consultar la introducción general de J. Alsina en <em>Luciano. Obras, </em>I, Madrid, 1981, p. 7-70. También resultan de interés general algunos artículos de <em>Lucian of Samosata, greek writer and roman citizen</em>, F. Mestre y P. Gómez (eds.), Barcelona, 2010. Sus epigramas fueron reunidos por M. D. MacLeod en el tomo IV de <em>Luciani Opera</em>, Oxford, 1987, p. 411-431.<br />
[3] VI 17: αἱ τρισσαί τοι ταῦτα τὰ παίγνια θῆκαν ἑταῖραι, | Κύπρι μάκαιρ᾽, ἄλλης ἄλλη ἀπ᾽ ἐργασίης· | ὧν ἀπὸ μὲν πυγῆς Εὐφρὼ τάδε, ταῦτα δὲ Κλειὼ | ὡς θέμις, ἡ τριτάτη δ᾽ Ἀτθὶς ἀπ᾽ οὐρανίων. | ἀνθ᾽ ὧν τῇ μὲν πέμπε τὰ παιδικά, δεσπότι, κέρδη, | τῇ δὲ τὰ θηλείης, τῇ δὲ τὰ μηδετέρης.<br />
[4] Dentro del contexto erótico abundan los epigramas de temática votiva, particularmente en el libro V de la <em>Antología Palatina</em>: así V 199, obra de Hédilo, en que se consagran a Afrodita las prendas de una hetera llamada Aglaonice; V 200, de autor desconocido, en que se dedican a Príapo las prendas de la joven Alexo; V 201, también anónimo, consagración a Afrodita de un instrumento musical; V 202, epigrama de Asclepíades de Samos o de Posidipo, en que una hetera consagra unas riendas y una fusta que le dieron la victoria en una competición erótica; V 203, composición de Asclepíades, en que una hetera consagra a Afrodita un elemento que le servía para excitar a sus compañeros durante el acto sexual. También en otros libros se refieren asuntos semejantes, por ejemplo en VI 210 (epigrama tal vez obra de Filitas, consagración de diversos objetos -uno de ellos innombrable, según dice su autor- por parte de la hetera Niciade), en IX 332 (poema de Nóside, en que se hace referencia a una estatua de Afrodita dedicada por la hetera Poliárquide) o en XIII 24 (ofrendas varias a Afrodita por parte de la hetera Simon, epigrama de Calímaco).<br />
[5] Sobre el sentido de “cielo”, cf. <em>AP</em> V 105 (el epigrama de Marco Argentario que se traduce seguidamente).<br />
[6] Sobre Marco Argentario, cf. S. G. P. Small, <em>The epigrams of Marcus Argentarius: Introduction, revised text, commentary</em>, tesis doctoral, Universidad de Cincinnati, 1942; G. Galán Vioque, <em>Antología Palatina II. La guirnalda de Filipo</em>, Madrid, 2004, p. 229-230, n. 654.<br />
[7] V 105: ἄλλος ὁ Μηνοφίλας λέγεται παρὰ μαχλάσι κόσμος, | ἄλλος, ἐπεὶ πάσης γεύεται ἀκρασίης. | ἀλλ᾽ ἴτε Χαλδαῖοι κείνης πέλας· ἦ γὰρ ὁ ταύτης | οὐρανὸς ἐντὸς ἔχει καὶ κύνα καὶ διδύμους.<br />
[8] La metáfora del perro se encuentra en otros lugares, cf. <em>AP</em> V 242 (epigrama de Eratóstenes el escolástico). Cf. J. Henderson, <em>The Maculate Muse</em>, Yale, 1991 (2ª edición), p. 127.<br />
[9] Sobre Automedonte, cf. R. Höschele, “Dirty Dancing. A Note on Automedon AP 5.129”, <em>Mnemosyne</em> 59 (2006), 592-595; P. G. Maxwell-Stuart, “Automedon, the mordant wit”, <em>ZAnt</em>, 24 (1974), 73-88.<br />
[10] V 129: τὴν ἀπὸ τῆς Ἀσίης ὀρχηστρίδα, τὴν κακοτέχνοις | σχήμασιν ἐξ ἁπαλῶν κινυμένην ὀνύχων, | αἰνέω, οὐχ ὅτι πάντα παθαίνεται, οὐδ᾽ ὅτι βάλλει | τὰς ἁπαλὰς ἁπαλῶς ὧδε καὶ ὧδε χέρας· | ἀλλ᾽ ὅτι καὶ τρίβακον περὶ πάσσαλον ὀρχήσασθαι | οἶδε, καὶ οὐ φεύγει γηραλέας ῥυτίδας. | γλωττίζει, κνίζει, περιλαμβάνει· ἢν δ᾽ ἐπιρίψῃ | τὸ σκέλος, ἐξ ᾄδου τὴν κορύνην ἀνάγει. De todos modos, la alusión a las uñas también se podría traducir por “desde su más tierna infancia”, cf. Plutarco, <em>Mor</em>. 3c. Véase A. Cameron, “Tener unguis”, <em>CQ</em> 15 (1965), 80-83.<br />
[11] Los <em>lemmata</em> son unos breves títulos, que suelen informar del argumento del epigrama y que se encuentran en el propio texto o en los márgenes; son obra de distintas manos en el manuscrito principal que ha conservado la <em>Antología Palatina</em>, el <em>Palatinus</em> <em>23</em> y su segunda parte el <em>Parisinus suppl. gr. 384</em>.<br />
[12] Quizá la metáfora de la clavija para el órgano sexual masculino sea corriente, cf. Aristófanes, <em>Ec</em>. 1020. Sobre el levantamiento de piernas, cf. Aristófanes, <em>Pax</em> 332 (en el baile); <em>Ec</em>. 265 (en el sexo). Para κορύνη en el sentido de pene, cf. Nicandro, <em>Alex</em>. 409. Sobre trancas y estacas, cf. Marcial VI 49; <em>vid. et.</em> J. Henderson,<em> The Maculate Muse</em>, Yale, 1991 (2ª edición), p. 119, n. 60.<br />
[13] Sobre Rufino, cf. D. Page, <em>The Epigrams of Rufinus edited with an Introduction and Commentary</em>, Cambridge, 1978.<br />
[14] V 36: Ἤρισαν ἀλλήλαις Ῥοδόπη, Μελίτη, Ῥοδόκλεια, | τῶν τρισσῶν τίς ἔχει κρείσσονα μηριόνην, | καί με κριτὴν εἵλοντο· καὶ ὡς θεαὶ αἱ περίβλεπτοι | ἔστησαν γυμναί, νέκταρι λειβόμεναι. |Καὶ Ῥοδόπης μὲν ἔλαμπε μέσος μηρῶν πολύτιμος | οἷα ῥοδὼν πολλῷ σχιζόμενος ζεφύρῳ&#8230; | τῆς δὲ Ῥοδοκλείης ὑάλῳ ἴσος ὑγρομέτωπος | οἷα καὶ ἐν νηῷ πρωτογλυφὲς ξόανον. | ἀλλὰ σαφῶς, ἃ πέπονθε Πάρις διὰ τὴν κρίσιν, εἰδὼς | τὰς τρεῖς ἀθανάτας εὐθὺ συνεστεφάνουν.<br />
[15] De todos modos, Rufino dedica algún poema a Rodoclea (AP V 73, 74), a Ródope (V 92) y a Mélite (V 94).<br />
[16] Para este juego de palabras con el nombre de Meriones parece probable que Rufino se inspirara en un epigrama de Antípatro de Sidón (<em>AP</em> XII 97, 2).<br />
[17] Para esta metáfora, que aquí representaría el semen, cf. J. Henderson, <em>The Maculate Muse</em>, Yale, 1991 (2ª edición), p. 145 y n. 194.<br />
[18] Cf. <em>LSJ</em>, s. v. στεφάνη, I 3 c. También se juega con ese doble sentido en <em>AP</em> XII 8 (epigrama de Estratón).<br />
[19] V 35: Πυγὰς αὐτὸς ἔκρινα τριῶν· εἵλοντο γὰρ αὐταὶ | δείξασαι γυμνὴν ἀστεροπὴν μελέων. | καί ῥ&#8217; ἡ μὲν τροχαλοῖς σφραγιζομένη γελασίνοις | λευκῇ ἀπὸ γλουτῶν ἤνθεεν εὐαφίῃ· | τῆς δὲ διαιρομένης φοινίσσετο χιονέη σὰρξ | πορφυρέοιο ῥόδου μᾶλλον ἐρυθροτέρη· | ἡ δὲ γαληνιόωσα χαράσσετο κύματι κωφῷ, | αὐτομάτη τρυφερῷ χρωτὶ σαλευομένη. | εἰ ταύτας ὁ κριτὴς ὁ θεῶν ἐθεήσατο πυγάς, | οὐκέτ&#8217; ἂν οὐδ&#8217; ἐσιδεῖν ἤθελε τὰς προτέρας.<br />
[20] Según lo recoge Ateneo (XII 554cd; cf. XIII 609e-610a; Clemente de Alejandría, <em>Prot</em>. II 39, 3), lo cuentan Arquelao del Quersoneso y Cércidas de Megalópolis, autores del III a. C. Sobre estos concursos, cf. J. F. Martos, <em>Desde Lesbos con amor. Homosexualidad femenina en la Antigüedad</em>, Madrid, 1996, p. 21 y n. 2.<br />
[21] Sobre este poeta no se sabe nada más, pues incluso el nombre parece inseguro.<br />
[22] V 49: ἡ τρισὶ λειτουργοῦσα πρὸς ἓν τάχος ἀνδράσι Λύδη, | τῷ μὲν ὑπὲρ νηδύν, τῷ δ᾽ ὑπό, τῷ δ᾽ ὄπιθεν, | εἰσδέχομαι φιλόπαιδα, γυναικομανῆ, φιλυβριστήν. | εἰ σπεύδεις, ἐλθὼν σὺν δυσί, μὴ κατέχου.<br />
[23] XI 328: τὴν μίαν Ἑρμογένης κἀγώ ποτε καὶ Κλεόβουλος | ἤγομεν εἰς κοινὴν κύπριν Ἀριστοδίκην· | ἧς ἔλαχον μὲν ἐγὼ πολιὴν ἅλα ναιέμεν αὐτός· | εἷς γὰρ ἕν, οὐ πάντες πάντα, διειλόμεθα. | Ἑρμογένης δ᾽ ἔλαχε στυγερὸν δόμον εὐρώεντα, | ὕστατον, εἰς ἀφανῆ χῶρον ὑπερχόμενος, | ἔνθ᾽ ἀκταὶ νεκύων, καὶ ἐρινεοὶ ἠνεμόεντες | δινεῦνται πνοιῇ δυσκελάδων ἀνέμων. | Ζῆνα δὲ θὲς Κλεόβουλον, ὃς οὐρανὸν εἰσαναβαίνειν, | τὸ ψολόεν κατέχων ἐν χερὶ πῦρ, ἔλαχεν. | γῆ δ᾽ ἔμενε ξυνὴ πάντων ψίαθον γὰρ ἐν αὐτῇ | στρώσαντες, τὴν γραῦν ὧδε διειλόμεθα.<br />
[24] No sabríamos decir si la elección de la anciana se debe a la falta de dinero (cf. Marcial XI 87; <em>AP</em> XI 65 [Parmenión]), a su handicap sexual (cf. Marcial III 32) o a lo grotesco de la situación (<em>AP</em> V 38 [Nicarco]). No obstante, según la apreciación de los poetas, hay ancianas con gran atractivo sexual, cf. <em>AP</em> V 53 (Filodemo de Gádara), VII 217 (Asclepíades de Samos).<br />
[25] Il. XV 187-193: τρεῖς γάρ τ᾽ ἐκ Κρόνου εἰμὲν ἀδελφεοὶ οὓς τέκετο Ῥέα | Ζεὺς καὶ ἐγώ, τρίτατος δ᾽ Ἀΐδης ἐνέροισιν ἀνάσσων. | τριχθὰ δὲ πάντα δέδασται, ἕκαστος δ᾽ ἔμμορε τιμῆς· | ἤτοι ἐγὼν ἔλαχον πολιὴν ἅλα ναιέμεν αἰεὶ | παλλομένων, Ἀΐδης δ᾽ ἔλαχε ζόφον ἠερόεντα, | Ζεὺς δ᾽ ἔλαχ᾽ οὐρανὸν εὐρὺν ἐν αἰθέρι καὶ νεφέλῃσι· | γαῖα δ᾽ ἔτι ξυνὴ πάντων καὶ μακρὸς Ὄλυμπος.<br />
[26] Sobre esta metonimia, cf. <em>supra</em> el poema que dedica Marco Argentario a Menófila.</p>
<h2>Ilustraciones</h2>
<p>1.<em> </em>Casa del Centenario, Pompeya, siglo I d. C.</p>
<p>2. <em>El Juicio de Paris</em> (1599) de Hendrick Van Balen el viejo (Gemäldegalerie, Berlín)</p>
<p>3. Hetera con dos <em>olisboi</em> (cerámica de figuras rojas)</p>
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		<title>“Panem et circenses” y otras frases célebres de Juvenal</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 17:57:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
		<category><![CDATA["Mens sana in corpore sano"]]></category>
		<category><![CDATA["Panem et circenses"]]></category>
		<category><![CDATA["Rara avis"]]></category>
		<category><![CDATA[frases célebres]]></category>
		<category><![CDATA[Juvenal. Sátiras]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>

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		<description><![CDATA[En este artículo se comentan los contextos de algunas expresiones y frases de las Sátiras de Juvenal, que se suelen usar habitualmente (rara avis, panem et circenses, mens sana in corpore sano, etc.).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-5651 alignleft" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/06/juvenal-1.gif" alt="" width="347" height="557" /></p>
<p style="text-align: justify;">En este artículo se comentan los contextos de algunas expresiones y frases de las <em>Sátiras </em>de Juvenal, que se suelen usar habitualmente (<em>rara avis, panem et circenses, mens sana in corpore sano</em>, etc.).</p>
<p style="text-align: justify;">Acerca de la biografía de Juvenal no se sabe gran cosa a ciencia cierta.[1] Se suele situar su nacimiento en los años 60 de nuestra era y su muerte debió de ocurrir después del año 131, pues a ese año pertenecen las referencias a acontecimientos históricos más recientes en su obra. Las circunstancias de una y otra son desconocidas, aunque parece vinculado familiarmente con la población de Aquino. No sabemos cuál fue su ocupación, si bien el poeta Marcial (XII 18, 1-9) le atribuye la condición de <em>cliens </em>que visita a los poderosos. Si esto fue así, su fortuna debió de cambiar, pues en determinado momento parece que adquirió algunas propiedades, según se deduce de sus versos (XI 65-76, 171 y 190). También Marcial (VII 91, 1-2) aporta otro detalle sobre Juvenal, pues lo llama <em>facunde</em>, “elocuente”, y por ello se ha pensado que se dedicó a la declamación. El primer libro de las <em>Sátiras </em>se publicó después de la aparición de las <em>Historias </em>de Tácito, que tuvo lugar en el año 109.</p>
<p style="text-align: justify;">El término “sátira”, en esta acepción, procede del latín <em>satura</em>, que define distintos tipos de mezcla (un embutido de varios ingredientes, un plato de cosas variadas ofrecido a los dioses, una ley sobre asuntos diversos, etc.) y fue usado primero por Enio para designar un conjunto de poemas de tema y métrica diversos, aunque se ha supuesto que anteriormente había sido usado para ciertas composiciones teatrales en que se mezclaban cantos varios. Con todo, la sátira en su genuina forma romana fue creada por Lucilio (180-102 a.C), quien usó un tipo de verso concreto (el llamado hexámetro dactílico) para tratar determinados temas, en que primaba la crítica a los vicios contemporáneos. Después, Horacio (65-8 a.C.), Persio (34-62 d.C.) y Juvenal exploraron las posibilidades de la <em>satura</em>, de acuerdo con sus propios puntos de vista y el tiempo en que les tocó vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">La obra de Juvenal consiste en dieciséis composiciones distribuidas entre cinco libros de <em>Sátiras</em>, que suman unos cuatro mil versos. Las sátiras tocan diversos temas: aparte de la I, que tiene carácter programático, Juvenal censura la hipocresía, la vida en Roma, a los parásitos y sus huéspedes, el exceso gastronómico, a los nobles, la dificultad de ganarse la vida como poeta, orador, etc. Pero en estas páginas nos ocuparemos más detenidamente de la Sátira VI y la X, que contienen algunas expresiones que han pasado a la posteridad.</p>
<h2>Rara avis</h2>
<p style="text-align: justify;">La VI es la única composición del libro segundo de las Sátiras de Juvenal; debió de publicarse en el año 116.[2] En sus casi setecientos versos este poema, desde un punto de vista abierta y marcadamente misógino, enfrenta la actual Roma con la Roma del pasado, en un retrato que toma por base la relación entre mujeres y hombres. La exposición comienza relatando que bajo el reinado de Saturno, esto es en la Edad de oro,[3] la diosa Pudicitia (Pudor o Castidad) habitaba todavía entre los humanos, pero que durante la siguiente época, cuando empezó el reinado de Júpiter (Edad de plata), Pudicitia y su hermana Astrea[4] (otro nombre de la justicia) abandonaron la tierra. Esto debe disuadir a Póstumo (el interlocutor real o supuesto del poeta, q<img class="size-large wp-image-5650 alignright" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/06/juvenal-2-937x1024.jpg" alt="" width="337" height="368" />ue después parece perder el hilo y se dirige a un tal Ursidio y a un Léntulo)[5] de su deseo de casarse. Juvenal da cuenta de muchos defectos de las mujeres, tantos y tan graves que desaconsejan el matrimonio. Pero aún dice, admitamos que exista una que&#8230;</p>
<blockquote><p>Sea bella, agraciada, rica, fecunda, disponga<br />
en sus pórticos remotos antepasados, más pura<br />
que toda sabina que, con el cabello suelto, pone fin a la guerra,<br />
rara ave en la tierra, parecidísima a un cisne negro,<br />
¿Quién aguantará a una esposa con esas dotes? Prefiero,<br />
prefiero a Venustina antes que a ti, Cornelia, madre<br />
de los Gracos, si con las grandes virtudes traes<br />
un ancho sobrecejo y cuentas triunfos en tu dote.[6]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Para Juvenal, por tanto, si se diese el caso de que una mujer cumpliera todas las condiciones que en ellas se deben pedir, sería una “rara avis”,[7] esto es, un pájaro exótico, algo nunca visto, como un cisne negro.[8] Pero, aun así, sería tan soberbia y tan pagada de sí misma que sería peor que la mujer más corriente (una Venustina cualquiera).</p>
<h2>Sed quis custodiet ipsos custodes?</h2>
<p style="text-align: justify;">La sátira no acaba aquí, sino que todavía recuerda los defectos menores de las mujeres: su pasión por lo griego (la costumbre de hablar en griego a todas horas, incluso en el lecho), su carácter autoritario (que tiene la salida del divorcio), la suegra (que resulta su maestra en todos los vicios), su usurpación de las ocupaciones masculinas (las mujeres convertidas en abogadas o gladiatrices), sus celos femeninos (absolutamente hipócritas, pues ellas también cometen adulterio)&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Todos esos vicios (sigue Juvenal) no se daban en tiempos, pero la paz y el lujo importado arrasaron las costumbres antiguas: ahora las mujeres se entregan al vino y a las orgías, sin miramientos. Entonces se suele oír un consejo bienintencionado:</p>
<blockquote><p>Oigo lo que desde antaño aconsejáis, viejos amigos:<br />
“¡Pon cerrojo! ¡Detenla!” Mas ¿quién vigilará a los propios<br />
vigilantes? Es cauta y por ellos empieza tu esposa.[9]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Aquí tenemos, en efecto, otra de las famosas frases de Juvenal: <em>sed quis custodiet ipsos | custodes?</em> Lógicamente los custodios de la mujer, al ser los que se encuentran más en contacto con ella, serán sus primeras víctimas. Las mujeres se empeñan para asistir a los juegos, se rodean de homosexuales (que, en realidad, no lo son), se ganan con sexo a sus vigilantes, incluso los eunucos se convierten en sus amantes&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Y según Juvenal, hay de todas clases (las enamoradas del canto, que en realidad adoran al cantante; las ricas, que creen que todo les está permitido&#8230;) y son capaces de toda suerte de crímenes; por eso, la sátira se transforma en tragedia: no hay rincón de Roma donde no haya una parricida.</p>
<h2>Panem et circenses</h2>
<p style="text-align: justify;">La sátira X pertenece al libro IV de Juvenal, que debió de ver la luz en la década de los años 120. Sus 366 versos están dedicados a un tema universal:[10] la naturaleza engañosa de los deseos. El poder, la elocuencia, la gloria, la longevidad y la belleza, las aspiraciones más corrientes entre los humanos, conducen a la muerte, al fracaso o a graves situaciones, como demuestra Juvenal con ejemplos históricos y mitológicos. El poeta empieza ocupándose de las desgracias que trae consigo el poder, pese a ser tan deseado. El primer ejemplo que escoge para demostrar su tesis es la caída de Sejano,[11] quien, de ser el prefecto de la guardia pretoriana, amigo, confidente y segundo del emperador Tiberio, pasó a ser decapitado cuando cayó en desgracia, sospechoso de un complot contra el emperador. El pueblo romano, entre tanto, no se preocupaba de nada:</p>
<blockquote><p>Ya hace años, desde que los votos a nadie<br />
vendemos, se dejó de cuidados, pues aquel que antaño<br />
daba gobierno, fasces, legiones, todo, hoy en día se<br />
aguanta y tan sólo dos bienes desea con ansia:<br />
pan y juegos circenses.[12]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">En efecto, Juvenal compara la actitud del pueblo romano, que en tiempos pasados (cuando tenía derecho al voto -hasta que los comicios fueron suprimidos por Tiberio- y, por tanto, los políticos los compraban a los ciudadanos) se preocupaba por las tareas del gobierno y era él quien otorgaba los cargos y magistraturas, con el desinterés que demuestra durante la época imperial, cuando, desposeído del voto, se interesa sólo por las distribuciones gratuitas de pan y por los juegos de circo organizados por los emperadores. Ésta es acaso la frase más conocida de Juvenal en nuestros días. Hoy diríamos: “Hamburguesas y fútbol”.</p>
<h2>Más dura será la caída</h2>
<p style="text-align: justify;">Pero hablando de Sejano todavía, Juvenal se da cuenta de que cuanto más medró y cuanto más poder acumuló, tanto más atraía sobre sí la desgracia:</p>
<blockquote><p>Por tanto, admitirás que ignoró qué debía pedir<br />
Sejano; y es que cuando pedía honores excesivos<br />
y excesivos bienes demandaba, numerosos pisos<br />
levantaba de una elevada torre, de donde más alta fuese<br />
la caída y horrendo el vértigo de un derrumbe a plomo.[13]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sejano es, pues, un buen paradigma de que el llegar alto en la carrera del poder implica que la caída será todavía mayor y más dolorosa. Así pues, aquí tenemos otra expresión de uso corriente que procede de las Sátiras de Juvenal: “más alta -o más dura- será la caída”.</p>
<h2>Mens sana in corpore sano</h2>
<p style="text-align: justify;">La sátira X continúa con otros casos de ruina de poderosos como los integrantes del primer triunvirato. Asimismo, otros que desearon otros supuestos bienes también tuvieron un mal fin, como Demóstenes y Cicerón, cuya elocuencia les costó la vida. El ansia de gloria militar también acabó con otros como Aníbal o Alejandro Magno&#8230; Tampoco la longevidad es un bien, como demuestran ejemplos de la mitología (Néstor, Peleo o Príamo se hubieran ahorrado conocer o contemplar la muerte de seres queridos) y la historia (una muerte a tiempo habría salvado a Mario y Pompeyo de las desgracias que vivieron al final de sus carreras). La belleza tampoco, pues causó la desgracia de Hipólito y Belerofonte y, fuera de la mitología, la de Silio, el joven amado por Mesalina. Por todas esas razones, el autor concluye:</p>
<blockquote><p>¿Nada entonces pedirán los hombres? Si consejo quieres,<br />
a los propios númenes dejarás sopesar aquello<br />
que nos convenga y sea útil en nuestros negocios;<br />
que en vez de deleites lo más adecuado nos darán los dioses.[14]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Es decir: es mejor no pedir nada a los dioses y ponerse en sus manos; ya sabrán las divinidades qué será más conveniente para cada uno. Ahora bien, si hay que pedir algo:</p>
<blockquote><p>Mas cuando demandes algo y en un altarcillo ofrezcas<br />
las entrañas y divinos sesos de un lechón blanquillo,<br />
se debe pedir una mente sana en un cuerpo sano.[15]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Probablemente estos versos encierran una cierta ironía, un cierto menosprecio, una cierta compasión incluso, hacia aquellas personas que realizan sinceramente los sacrificios a los dioses&#8230; El sabio Juvenal aconseja a esos pobres ignorantes que su petición sea <em>mens sana in corpore sano</em>. ¿Y en qué consiste esta <em>mens sana</em>?</p>
<blockquote><p>Demanda un ánimo fuerte sin temor de la muerte,<br />
que ponga el último lapso de la vida entre los dones<br />
de natura, capaz de resistir cualquier penalidad,<br />
que ignore la ira, nada desee y tenga los trabajos<br />
y amargas penalidades de Hércules por mejores<br />
que los amores, cenas y plumas de Sardanapalo.[16]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por tanto, resulta bien curioso constatar que la frase<em> mens sana in corpore sano </em>se haya convertido en apología del espíritu deportivo, teniendo incluso una adaptación en una marca deportiva. Y realmente en los versos de Juvenal no hay ninguna alusión al ejercicio, sino a la salud física y a la cordura, y no a ejercitarlos o incrementarlos de alguna manera o con alguna actividad, sino como concesión de los dioses.</p>
<p style="text-align: justify;">El poema acaba con una observación interesante: son los propios humanos quienes pueden alcanzar la vida perfecta a través del ejercicio de la virtud y en ese sentido la diosa Fortuna no es tal.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/06/juvenal-52.jpeg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5644" title="juvenal-52" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/06/juvenal-52-300x238.jpg" alt="" width="300" height="238" /></a></p>
<h2>Conclusión</h2>
<p style="text-align: justify;">Los poemas de Juvenal no alcanzaron la fama sino mucho después de su publicación, en el siglo IV, pero desde entonces no dejaron de despertar el interés de los lectores, siendo conocidos algunos a través de antologías escolares, en colecciones de ejemplos o de sentencias, inspirando a otros literatos de diversas épocas e idiomas (entre ellos algunos autores principales de nuestra lengua como Quevedo, Góngora, Jovellanos y Larra).</p>
<p style="text-align: justify;">Sobre la manera de expresarse de Juvenal decía G. Highet:[17] “Nadie a llegado a superar a Juvenal en el arte de burilar sobre el corazón humano con vitriolo puro. Fué él quien forjó muchas frases que son ahora moneda corriente, como el célebre <em>panem et circenses</em>. Toda su obra está sembrada de expresiones parecidas, de sentencias que tienen la permanencia de una gran inscripción y el sonido inequívoco de la poesía sincera y perfecta. La ironía trágica de su actitud ante la vida, y el estilo inimitable con que sabe lanzar, en tres o cuatro palabras, su comentario acerca de un problema eterno, han llegado a muchos poetas modernos cuya obra está escrita con medios absolutamente distintos.”</p>
<p style="text-align: justify;">Sus frases más célebres han sido repetidas y celebradas por muchas generaciones y todavía hoy se siguen oyendo o leyendo, a pesar de que sus Sátiras hayan sido apartadas de los programas educativos. Por eso, en ocasiones conviene recordar el contexto del que proceden, como hemos hecho aquí.</p>
<h2>Notas</h2>
<p>[1] Sobre la biografía y, en general, sobre este autor, cf. las introducciones de M. Balasch (1991) y de R. Cortés Tovar (2007).</p>
<p>[2] Sobre esta sátira, cf. W. S. Anderson, 1956; D. G. Battisti, 1996; R. P. Bond, 1979; S. H. Braund, 1992; S. A. Cecchin, 1989; D. Nardo, 1973; A. Richlin, 1984.</p>
<p>[3] Sobre este aspecto, cf. F. Bellandi, 1991; R. Cortés Tovar, 1972.</p>
<p>[4] Acerca de Pudicitia, cf. J. De Decker, “Pudicitia”, en Ch. Daremberg &#8211; E. Saglio (eds.), IV-1, p. 754; G. Radke, “Pudicitia”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), IV, c. 1240-1241; L. Schmitz, “Pudicitia”, en W. Smith (ed.), III, p. 603-604.Y sobre Astrea, cf. W. Eisenhut, “Astraia”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), I, c. 659; L. Schmitz, “Astraea”, en W. Smith (ed.), I, p. 389.</p>
<p>[5] Sobre el interlocutor en esta sátira, cf. F. Bellandi, 1994.</p>
<p>[6] VI 162-169: sit formonsa, decens, diues, fecunda, uetustos | porticibus disponat auos, intactior omni | crinibus effusis bellum dirimente Sabina, | rara auis in terris nigroque simillima cycno, | quis feret uxorem cui constant omnia? Malo, | malo Venustinam quam te, Cornelia, mater | Gracchorum, si cum magnis uirtutibus adfers | grande supercilium et numeras in dote triumphos. Sobre el cisne negro, comparación muy inusual, cf. D&#8217;A. W. Thompson, 1966, p. 179. En cuanto a Cornelia, cf. H. G. Gundel, “Cornelius. 92. Cornelia”, K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), I, c. 1314; W. Smith, “Cornelia. 5”, en W. Smith (ed.), I, 854-855.</p>
<p>[7] De hecho, la expresión “rara avis” había sido usada antes por Persio (I 46).</p>
<p>[8] La comparación con el cisne negro encuentra su opuesto en el cuervo blanco de VII 202, comparación más corriente, cf. D&#8217;A. W. Thompson, 1966, p. 163.</p>
<p>[9] VI 346-348: audio quid ueteres olim moneatis amici, | &#8216;pone seram, cohibe.&#8217; sed quis custodiet ipsos | custodes? cauta est et ab illis incipit uxor.</p>
<p>[10] Sobre esta sátira, cf. D. E. Eichholz, 1956, D. Fishelov, 1990; G. Lawall, 1958.</p>
<p>[11] Sobre Sejano, cf. G. Long, “Seianus”, en W. Smith (ed.), III, p. 766-768; G. Winkler, “Seianus”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), V, c. 76-77.</p>
<p>[12] X 77-81: iam pridem, ex quo suffragia nulli | uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim | imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se | continet atque duas tantum res anxius optat, | panem et circenses.</p>
<p>[13] X 103-107: ergo quid optandum foret ignorasse fateris | Seianum; nam qui nimios optabat honores | et nimias poscebat opes, numerosa parabat| excelsae turris tabulata, unde altior esset | casus et inpulsae praeceps inmane ruinae.</p>
<p>[14] X 346-349: nil ergo optabunt homines? si consilium vis, | permittes ipsis expendere numinibus quid | conueniat nobis rebusque sit utile nostris; | nam pro iucundis aptissima quaeque dabunt di.</p>
<p>[15] X 354-356: ut tamen et poscas aliquid uoueasque sacellis | exta et candiduli diuina tomacula porci, | orandum ut sit mens sana in corpore sano.</p>
<p>[16] X 357-362: fortem posce animum mortis terrore carentem, | qui spatium uitae extremum inter munera ponat | naturae, qui ferre queat quoscumque labores, | nesciat irasci, cupiat nihil et potiores | Herculis aerumnas credat saeuosque labores | et uenere et cenis et pluma Sardanapalli. Sobre Sardanapalo, cf. W. Röllig, “Sardanapal”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), IV, c. 1550-1551; W. Smith, “Sardanapalus”, en W. Smith (ed.), III, p. 711-712.</p>
<p>[17] <em>La tradición clásica</em>, II, México, 1996, p. 31.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Bibliografía</h2>
<ul>
<li>
<div style="text-align: justify;">W. S. Anderson, “Juvenal 6: A Problem in Structure”, <em>CPh</em>, 51-2, 1956, p. 73-94.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">D. G. Battisti, <em>La retorica della misoginia. La satira sesta di Giovenale</em>, Venosa, 1996.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">F. Bellandi, “Mito e ideologia: età dell&#8217;oro e mos maiorum in Giovenale”, en <em>Materiali e discussioni per l&#8217;analisi dei testi classici</em>, 27, 1991, p. 89-128.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; “Postumo e Ursidio (a proposito d&#8217;interlocutore e struttura nella Satira VI di Giovenale”, en C. Curti y C. Crimi (eds.), <em>Scritti classici e cristiani offerti a Francesco Corsaro</em>, Catania, 1994, p. 57-81.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">R. P. Bond, “Anti-feminism in Juvenal and Cato”, en C. Deroux (ed.), <em>Studies in Latin Literature and Roman History</em>, I, Bruselas, 1979, p. 418-447.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">S. H. Braund, “Juvenal &#8211; Misogynist or Misogamist?”, <em>JRS </em>82, 1992, p. 71-86.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">S. A. Cecchin, “Letteratura e realtà: la donna in Giovenale (analisi de la VI satira)”, en R. Uglione (ed.), <em>La donna nel mondo antico. Atti del II Convegno Nazionale di Studi</em>, Turín, 1989, p. 141-164.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">R. Cortés Tovar, “La ironía en el mito de la Edad de Oro en Juv. VI 1-24”, <em>Actas del X Congreso Español de Estudios Clásicos</em>, II, Madrid, 2001, p. 319-324.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">E. R. Curtius, <em>Literatura europea y Edad Media Latina</em>, I-II, México-Madrid, 1995 (reimpr. de la primera edición de 1955; trad. de la edición alemana, Berna, 1984).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Ch. Daremberg &#8211; E. Saglio (eds.),<em> Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines</em>, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969). (Se puede consultar en internet en <a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/index.xsp">http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/index.xsp</a>)</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">D. E. Eichholz, “The Art of Juvenal and his Tenth Satire”, <em>G&amp;R</em> 3, 1956-1, p 61-69.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">D. Fishelov, “The Vanity of the Reader&#8217;s Wishes: Rereading Juvenal&#8217;s Satire 10”, <em>AJPh </em>111, 1990, p. 370-382.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">G. Highet, <em>La tradición clásica</em>, I-II, México, 1996 (reimpr. de la edición de 1954; trad. de la edición inglesa, Londres, 1949).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Juvenal &#8211; Persio, <em>Sátiras</em>, Madrid, 1991, M. Balasch (ed.).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Juvenal, <em>Sátiras</em>, Madrid, 2007, R. Cortés Tovar (ed.).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">G. Lawall, “Exempla and Theme in Juvenal&#8217;s Tenth Satire”, <em>TAPhA </em>89, 1958, 25-31.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">D. Nardo, <em>La sesta satira di Giovenale e la tradizione erotico-elegiaca latina</em>, Padua, 1973.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">A. Richlin, “Invective Against Women in Roman Satire”, <em>Arethusa </em>17, 1984, p. 67-80.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">D. Singleton, “Juvenal VI, 1-20 and some ancient Attitudes to the Golden Age”, <em>G&amp;R</em> 19, 1972, p. 151-165.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">W. Smith (ed.), <em>Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology</em>, Boston, 1867. (se puede leer en internet en http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/ )</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">J. P. Sullivan, “La sátira”, en R. Jenkyns (ed.), <em>El legado de Roma. Una nueva valoración</em>, Barcelona, 1995 (trad. de la edición inglesa, Oxford, 1992), p. 197-223.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">D&#8217;A. W. Thompson, <em>A Glossary of Greek Birds</em>, Hildesheim, 1966.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), <em>Der kleine Pauly</em>, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).</div>
</li>
</ul>
<h2>Ilustraciones</h2>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>
<div style="text-align: justify;">Frontispicio del libro de John Dryden y otros,<em> The Satires of Decimus Junius Juvenalis, and of Aulus Persius Flaccus </em>(Londres, 1714).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">“Cornelia rechaza la corona ofrecida por Tolomeo”, de Laurent de La Hyre (1646), Museo de Bellas Artes de Budapest.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">“La mort de Sardanapale” (1827) de E. Delacroix (Museo del Louvre).</div>
</li>
</ol>
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		<title>Lecturas para el verano de 2011</title>
		<link>http://www.sarasuati.com/lecturas-para-el-verano-de-2011/</link>
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		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 23:28:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<category><![CDATA[Mitologia]]></category>
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		<description><![CDATA[En este artículo se comentan una excepcional traducción de una tragedia excepcional, una obra monumental sobre las plantas en el mundo antiguo, un diccionario -sui generis- de mitología, un libro sobre la ciudad de Pompeya y una recopilación de curiosidades romanas.
Al final de este trabajo se encontrará una lista no exhaustiva con otras novedades bibliográficas, donde incluimos los correspondientes enlaces a las páginas de las editoriales para los lectores que precisen de más información.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En este artículo se comentan una excepcional traducción de una tragedia excepcional, una obra monumental sobre las plantas en el mundo antiguo, un diccionario -<em>sui generis</em>- de mitología, un libro sobre la ciudad de Pompeya y una recopilación de curiosidades romanas.</p>
<p style="text-align: justify;">Al final de este trabajo se encontrará una lista no exhaustiva con otras novedades bibliográficas, donde incluimos los correspondientes enlaces a las páginas de las editoriales para los lectores que precisen de más información.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-01-renoir.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5294" title="lecturas-01-renoir" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-01-renoir-228x300.jpg" alt="" width="228" height="300" /></a></p>
<h2>1. Ésquilo, <em>Los persas, </em>versión rítmica de Agustín García Calvo, Zamora, 2010, 68 páginas.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Valgan estas primeras líneas para manifestar la admiración de quien esto escribe hacia García Calvo por su labor al frente de la editorial Lucina, donde, desde hace bastantes años, han visto la luz, además de creaciones suyas, traducciones y estudios muy valiosos.</p>
<p style="text-align: justify;">La breve introducción con que es presentada la obra resultará interesante, pues el autor relata su larga relación con el tema, y se detiene en la rara naturaleza del teatro griego y en particular de <em>Los Persas </em>de Esquilo, subrayando aquello que tiene de chocante: el coro, la métrica, el canto, el tiempo y el espacio.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos primero algunos aspectos discutibles de esta versión. Los neologismos creados para encajar en el verso y reflejar los compuestos griegos pueden parecer superfluos y extraños: “mildorado” (p. 21) trata de trasladar el πολυχρύσου del v. 9, “malagorero” (p. 21) refleja el κακόμαντις (v. 10), “torriarrasadoras” (p. 24) para πυργοδαΐκτους (v. 104), etc. En algún caso, las necesidades de la traducción provocan juegos de palabras que no están en el original griego: “y en cuenta sin cuento” (p. 22) produce un efecto etimológico que no está en πλῆθός τ&#8217; ἀνάριθμοι (v. 40). En cambio, otros juegos etimológicos quedan bien reflejados, como “¿qué penas pena esta nación?” (p. 49) en griego τίνα πόλις πονεῖ πόνον; (v. 682).</p>
<p style="text-align: justify;">Por otra parte, se encuentra algún anacronismo como “los ángeles de la guarda” (p. 28) para traducir ἀποτρόποισι δαίμοσιν (v. 203), “las divinidades que apartan el mal”. Y alguna vez se pierde alguna imagen valiosa: “Y de la sal malmordidos, ¡auh! |los desuellan las mudas, ¡ehe eh!, | crías de la mar brava, ¡oh oh ah!” (p. 44) pierde una bella expresión, πρὸς ἀναύδων | ἠέ παίδων τᾶς ἀμιάντου (v. 576-577), “los mudos hijos de lo impoluto” (se refiere a los peces, los mudos, nacidos en el mar, que permanece sin mancha). También puede parecer extraño traducir por “¡Oh, guay! ¡Oh, guay!” (p. 64) los alaridos de dolor, ya que, si bien <em>guay </em>equivalía a <em>ay </em>en tiempos pretéritos, hoy en día suena a otra cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Conviene anotar dos carencias de la publicación: en ningún lugar se menciona la edición del texto que ha seguido García Calvo, y, por otra parte, se echan de menos algunas notas a pie de página, que aclaren mínimamente al lector profano algún detalle, por ejemplo, qué significa ese “Yerra”, que aparece en la p. 25 y siguientes.</p>
<p style="text-align: justify;">Un detalle muy positivo, a nivel formal, de la versión rítmica es que las distintas formas de ejecución (partes declamadas, habladas, recitadas y cantadas) son señaladas al margen. Asimismo es de celebrar el uso de arcaísmos y palabras inusuales como “retiñir” (p. 25), “garrida” (p. 26), “cuidos” (p. 27), “sumidad” (p. 35), etc. La traducción rítmica presenta muchos hallazgos eufónicos y económicos: “mas es por los ojos el temor: | que ojo de la casa estimo la presencia del señor” (p. 27) vierte el griego ἀμφὶ δ&#8217; ὀφθαλμῶι φόβος· | ὄμμα γὰρ δόμων νομίζω δεσπότου παρουσίαν (v. 168-169).</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, hay que advertir a los lectores sobre la peculiar ortografía de García Calvo (nadie entienda mis palabras como una crítica): a lo largo de estas páginas encontraremos “Ésquilo”, “Sofoclés”, “pués”, “mostruos”, “tí”, “ví”, “fué” y “espediciones”, entre otras formas que no son erratas ni descuidos, sino el resultado de una forma particular de entender la ortografía. <a href="http://www.editoriallucina.es/cms/index.php/catalogo-editorial?task=view&amp;id=85&amp;catid=94" target="_blank">ENLACE</a></p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">2. S. Segura Munguía y J. Torres Ripa, <em>Historia de las plantas en el mundo antiguo</em>, Bilbao-Madrid, 2009, 478 páginas.</h2>
<p style="text-align: justify;">Tras una presentación sobre el nacimiento y desarrollo de este volumen, que tiene su origen en el libro <em>Los jardines en la Antigüedad </em>(Bilbao-Madrid, 2005, <a href="http://www.deusto-publicaciones.es/ud/paginas/vendidos/vendido_01_c.html" target="_blank">ENLACE</a>), nos introducimos en el primer capítulo (“Las plantas y los jardines en la Antigüedad”, p. 17-77), que está dedicado a los orígenes de los jardines, las plantas en la Biblia y en el Antiguo Egipto, los primeros escritores naturalistas (donde explica con detalle el contenido de las obras antiguas sobre la agricultura y las plantas, p. 52-61), los árboles y las plantas en la literatura greco-latina, y los jardines en la cultura griega y en Roma.</p>
<p style="text-align: justify;">El capítulo II (p. 78-199) trata de los árboles: árboles sagrados, coníferas, de hoja caediza, de hoja persistente, palmeras y árboles frutales. En total, son objeto de atención más de cincuenta especies. El tercer capítulo (p. 200-263) se ocupa de las plantas arbustivas (arbustos y semiarbustos, plantas industriales y trepadoras), con unas cuarenta especies estudiadas. El capítulo IV (p. 264-395) está consagrado a las plantas herbáceas y vivaces, las plantas aromáticas y las especias, las plantas bulbosas, las plantas acuáticas, las gramíneas, las plantas venenosas y las mágicas. Se estudian casi cien especies.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde el capítulo II al IV se recoge una inmensa documentación sobre cada planta: la taxonomía moderna, sus nombres antiguos y actuales, etimología, papel en la cultura, vínculos mitológicos, descripción, usos terapéuticos, utilidad del fruto, la raíz, la madera, etc. Todo ello se acompaña de textos representativos de las obras de Teofrasto, la <em>Historia natural</em> de Plinio, de Dioscórides, y en menor medida de otros autores como Columela, Virgilio, etc. Las traducciones de estos autores, como se indica en una nota de la p. 14, son obra de Segura Munguía, salvo las versiones de los autores griegos que proceden de los volúmenes correspondientes de la editorial Gredos. La mayor parte de las entradas siguen una ordenación parecida, salvo alguna excepción como la dedicada al muérdago (p. 392), que empieza por su papel en la mitología.</p>
<p style="text-align: justify;">El quinto y último capítulo (p. 396-445), que tiene por asunto las plantas en la cocina romana y que describe el uso de unas cincuenta especies, se basa en las recetas que Apicio da para los vegetales en el <em>De re coquinaria</em>. Todos los apartados están ordenados siguiendo el orden alfabético de la lengua español<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-01.png" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-5288" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-01.png" alt="" width="225" height="301" /></a>a.</p>
<p style="text-align: justify;">El volumen se completa con un glosario (muy abundante y documentado, donde se explica un buen número de tecnicismos que aparecen en el volumen; en él sólo cabe señalar el defecto de que los étimos griegos aparecen transcritos y no en la grafía original), una bibliografía, índices onomásticos de las plantas en español y latín, agradecimientos y procedencia de las ilustraciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Un aspecto destacable y, por supuesto, digno de encomio es la abundancia y calidad de las ilustraciones, unas de gran tamaño, otras menores, monócromas o polícromas. Naturalmente, interesan particularmente al <em>homo urbanus</em>, para quien las plantas constituyen un tema alejado de su experiencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otra parte, se han observado muy pocas erratas: “sostercios” por “sestercios” (p. 116), “Les jardins romaines” por “Les jardins romains” (p. 72 y 465). Y se encuentran muy pocas interpretaciones erróneas: en la p. 53 se menciona como ejemplo de la influencia de Teofrasto en Teócrito el hecho de que este autor cita una taza de madera de ciprés, lo cual podría recordar una afirmación de Teofrasto, según el cual la madera de ciprés, incorruptible y adecuada para ser pulida, resulta un buen material. Pero Teócrito pudo haber obtenido la información de la observación directa, de los propios fabricantes o de cualquier otra fuente, supuesto que la madera de ciprés reunía tan buenas cualidades. <a href="http://www.deusto-publicaciones.es/ud/newsletter/historia_plantas.html" target="_blank">ENLACE </a></p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">3. L. A. de Villena, Diccionario de mitos clásicos para uso de modernos, Madrid, 2011, 271 páginas.</h2>
<p style="text-align: justify;">Entre los numerosos diccionarios dedicados a la mitología clásica, este volumen de Luis Antonio de Villena ocupa un lugar especial a causa de la la limitación que pone de manifiesto su título: “para uso de modernos”. En esto se hermana con la <em>Biblioteca de clásicos para uso de modernos</em> del mismo autor publicada en 2008. Es un factor que conviene tener en cuenta a la hora de manejarlo, puesto que se limita a aquello que, a juicio del autor, debiera conocer o necesitaría consultar el “moderno” (término un tanto inquietante por lo que pudiera incluir y excluir). Quizás hubiera sido más adecuado llamarlo “diccionario personal”, como se lee en la p. 31 (“Aquí empieza el diccionario personal”).</p>
<p style="text-align: justify;">El volumen se abre con un prólogo (“Prólogo necesario. Mitología, mitos, familias divinas” se titula), que aborda concisamente las nociones más elementales sobre mito y mitología. En seguida, el prólogo se vuelve diccionario, puesto que dedica un largo apartado a los dioses principales del panteón (p. 13-20); seguidamente de Villena describe a grandes rasgos los principales enfoques con que se han interpretado o estudiado los mitos (p. 20-25), siguiendo la <em>Mitología clásica </em>de A. Ruiz de Elvira. Finalmente, el autor expone en unas breves páginas las fuentes que ha manejado. El prólogo acaba con una frase singular que merecería ocupar un lugar entre las más bellas escritas sobre el tema: “La mitología es necesidad. Además (y unido a ella) es poema. Ansia de más. Luz de belleza” (p. 30).</p>
<p style="text-align: justify;">Pasando ya al diccionario propiamente dicho, anotaremos en primer lugar que reúne, salvo error u omisión, ochenta y ocho entradas, cifra bastante poco elevada en relación con el amplísimo elenco de la mitología antigua. Todas esas entradas tienen una estructura muy parecida; el autor relata las peripecias del personaje mitológico en su versión o sus versiones más conocidas, menciona las principales fuentes antiguas y algunas de las obras modernas escultóricas, pictóricas o literarias en que aparece el personaje mitológico tratado, sin ánimo de exhaustividad como dice el autor (véanse la p. 77 o la p. 94). En ocasiones, de Villena cita además algún trabajo erudito sobre el tema.</p>
<p style="text-align: justify;">La exposición está bien llevada y la lectura resulta grata. No obstante, algunas afirmaciones son sorprendentes por su gratuidad y falta de rigor. Por ejemplo en la p. 10, donde se lee: “¿Qué diferencia puede haber entre María madre de Dios por obra del Espíritu Santo, sin presencia de varón, o la historia de una diosa que nace de la espuma del mar&#8230;?”. No hace al caso la mención de la Virgen María, pero además las diferencias saltan a la vista. Otro ejemplo: en la p. 11 se dice “Caos tiene cuatro hijos: de un lado el Cielo y la Tierra. Y de otro la Noche y el Ponto”, en cambio, en la p. 12 se dice que Urano “engendrado por Gea partenogenéticamente”, sin avisarnos de que hemos cambiado a la versión de la <em>Teogonía </em>de Hesíodo.</p>
<p style="text-align: justify;">Se lee, por otra parte, alguna interpretación errónea o muy sesgada: el relato sobre Atalanta no tiene implicaciones feministas (p. 64), por más que a de Villena le parezcan evidentes: Atalanta es, como las Amazonas (hablábamos precisamente de esto en nuestro artículo sobre ellas, cf: <a href="http://www.sarasuati.com/amazonas-mito-y-leyenda/" target="_blank">ENLACE</a>), única entre las mujeres y, como tal, es vencida y sometida al yugo de la masculinidad: aquéllas son vencidas por la fuerza, ésta por la astucia, ambas consideradas por los antiguos helenos privilegios del varón.</p>
<p style="text-align: justify;">También se pueden observar algunos despistes. En la p. 85 se dice que el último trabajo de Hércules consistió en matar a Cérbero: no<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-02.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-5286" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-02.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>, simplemente en presentarlo ante Euristeo para después devolverlo a su guarida infernal. En la p. 90 de Villena olvida que Polifemo y los cíclopes vecinos suyos descienden de Posidón y de Toosa, que no todos los cíclopes son hijos de Gea y Úrano. En la p. 149 se lee que Diomedes, rey de Tracia, era dueño de unos caballos, pero en realidad eran yeguas.</p>
<p style="text-align: justify;">Encontramos una redacción descuidada en la p. 245, donde, acerca del drama satírico, se dan a entender cosas que no son: de Villena dice que “muchas tragedias solían terminar con un drama satírico”, cuando la realidad es que el drama satírico seguía a las tres tragedias que presentaba cada autor trágico en los festivales atenienses.</p>
<p style="text-align: justify;">En nuestra lectura hemos hallado algunas erratas, más de las habituales: frecuentes tropiezos con la palabra metamorfosis (p. 26 o p. 57), un “haya” en lugar de “halla”, (p. 80), unas comillas sin cerrar (p. 101), la falta de un interrogante inicial en el enigma de la Esfinge en la versión de Apolodoro (p. 102), “Ars gratia artis” (p. 145: en buen latín el ablativo <em>gratia </em>precede al sustantivo al que rige, de manera que se tendría que decir: “ars artis gratia”), la inexistente νύμφε en vez de νύμφη (p. 199), “de el viento” (p. 265), etc.</p>
<p style="text-align: justify;">Para acabar, subrayaré que se trata de lectura sugerente más que de un trabajo erudito o una obra de consulta (para este propósito las obras más recomendables siguen siendo el <em>Diccionario de la mitología clásica </em>de C. Falcón Martínez, E. Fernández-Galiano y R. López Melero, el <em>Diccionario de mitología griega y romana </em>de P. Grimal y la <em>Mitología clásica </em>de A. Ruiz de Elvira), un volumen que puede proporcionarnos gratos momentos de ocio con una lectura pausada, buscando, leyendo, mirando o recordando textos y representaciones mitológicas. <a href="http://www.editorialgredos.com/diccionario-de-mitos-clasicos-para-uso-de-modernos_luis-antonio-de-villena_libro-GBNC031-es.html" target="_blank">ENLACE </a></p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">4. M. Romero Recio, <em>Pompeya. Vida, muerte y resurrección de la ciudad sepultada por el Vesubio</em>, Madrid, 2010, 455 páginas.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Se podría decir que éste es un volumen doble, dado que su primera mitad trata del pasado de la ciudad de Pompeya, mientras<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-04.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-5285" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-04.jpg" alt="" width="250" height="366" /></a> que la segunda parte se ocupa de su descubrimiento y del desarrollo de los trabajos arqueológicos, así como de las repercusiones que tuvieron éstos, aspectos que, de una manera que quizá pueda parecer poco atinada, intenta plasmar el subtítulo “Vida, muerte y resurrección de la ciudad sepultada por el Vesubio”. La introducción incide en la razón de la fama de Pompeya, el hecho de que consigue “que el visitante se traslade en el tiempo” (p. 14) y destaca el detalle de que a lo largo de los siglos ha habido tantas Pompeyas como visitantes, dado que la forma de entender, de representar o de imaginar la ciudad ha variado de uno a otro. El propósito de la autora consiste en “que el lector observe cuantas Pompeyas se han gestado desde hace más de doscientos sesenta años” (p. 16).</p>
<p style="text-align: justify;">Así pues, la primera parte del libro se centra en Pompeya durante la Antigüedad, y está estructurada a través de la metáfora en que la ciudad es comparada con un ser vivo, que nace, crece, se desarrolla, sufre y muere. El primer apartado, dedicado a la historia de la ciudad, en la medida en que puede ser reconstruida, empieza con la narración de sus orígenes según la mitología (p. 21-23), hecho que, en cierta manera, puede confundir al lector: los mitos acerca de Pompeya no expresan necesariamente ni la realidad ni el punto de vista de los primeros pobladores ni sus creencias, puesto que esos relatos sólo están atestiguados por autores que vivieron en el siglo IV o más tarde. Por tanto, esas tradiciones deben entenderse como visiones de una ciudad que ya había dejado de existir y que sólo se conocía a través de fuentes escritas.</p>
<p style="text-align: justify;">El resto del capítulo trata de las fases más importantes de la historia de la ciudad hasta su madurez a través de un recorrido por los hallazgos arqueológicos y las fuentes epigráficas. Ese recorrido lleva al lector desde los primeros tiempos en que Pompeya estuvo bajo la influencia griega y etrusca, pasa por la presencia de los samnitas, un pueblo de lengua indoeuropea, y el posible abandono del lugar durante el siglo V, y llega hasta la caída de la ciudad en la órbita de Roma a consecuencia de las guerras samnitas. Después, Pompeya sufrirá los mismos avatares que la ciudad de Roma: las guerras púnicas o la Guerra social, por citar alguno; aunque padecerá sus propias tragedias, como la grave disputa con sus vecinos de Nuceria en el 59 d. C. y el terremoto del año 62.</p>
<p style="text-align: justify;">El capítulo siguiente trata de la vida en la ciudad; explica, de forma bastante vívida por cierto, las principales actividades económicas (la producción de vino y aceite, así como la elaboración de <em>garum </em>parecen las más destacadas, y en torno a ellas se trenzó una compleja red de talleres y negocios de muy variada índole). Después se pasa a la vida doméstica de los pompeyanos con la descripción de algunas casas pompeyanas y el transcurso de la vida en ellas, valiéndose de textos antiguos -como prácticamente sucede en toda esta primera parte del libro-, que hacen referencia a la vida cotidiana de los romanos. Se estudian las diversas estancias de las casas, las prácticas religiosas domésticas, los mosaicos y las pinturas, etc. El siguiente apartado trata de la vida política local para cuya explicación se cuenta con el testimonio de inscripciones y grafitos. A continuación, se pasa revista a las diversiones de la ciudad: termas y palestras, juegos de gladiadores y teatro. Posteriormente se dedican unas páginas a la vida religiosa con un repaso a las principales actividades de este tipo atestiguadas en Pompeya. El capítulo acaba con las repercusiones que tiene la muerte en la ciudad: las ceremonias fúnebres y los enterramientos.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda mitad del volumen trata de la visión moderna de Pompeya. Se inicia, como es natural, con el relato minucioso de las excavaciones desde su comienzo en el siglo XVIII hasta nuestros días. El siguiente capítulo se ocupa de los visitantes ilustres que tuvo la ciudad (Goethe, Stendhal, Chateaubriand, Dickens), pero sobre todo de los españoles (Moratín, el duque de Rivas, Alarcón, Valera, Pérez Galdós, Blasco Ibáñez, Unamuno y otros de menor renombre). A continuación, se pasa revista a la repercusión de la ciudad en la literatura, las artes decorativas (cerámica y porcelana, decoración de interiores, etc.), la pintura, el teatro, la ópera, el cine y la televisión, haciendo hincapié en sus repercusiones en España.</p>
<p style="text-align: justify;">Las aproximadamente doscientas notas del libro se reúnen al final (junto con una bibliografía suficiente), una ubicación incómoda para el lector interesado. El número de notas parece, por otra parte, escaso, si se tiene en cuenta el tamaño del volumen y la abundancia de fuentes y materiales consultados. Resulta por demás sorprendente que Romero Recio deje en el anonimato a los autores de diversas teorías y opiniones acerca de Pompeya; así, este volumen hubiera podido servir de punto de partida para profundizar en las cuestiones pompeyanas. Por ejemplo, las p. 181-182 tratan de un terremoto que causó graves daños en el año 62 o 63 d. C.; se alude a varias teorías y a la existencia de diversos partidarios de una u otra fecha, pero no se menciona a ninguno. Tenemos también una treintena de buenas fotografías fuera de texto que reproducen imágenes de los hallazgos arqueológicos de Pompeya y algunas obras relacionadas con la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Se trata de un libro muy cuidado en el que apenas se observan erratas (“plasmanron” en la p. 207, “se rebelan” en lugar de “se revelan” p. 332), descuidos (“decimoctavo aniversario de la destrucción de Pompeya”, p. 359, ¡hubiera sido el año 97 d.C.!; se quería decir “decimoctavo centenario”) y algún parágrafo mal redactado (como el que trata de Quío en la p. 178). <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497349642" target="_blank">ENLACE </a></p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">5. J. C. Mc Keown, <em>Gabinete de curiosidades romanas. Relatos extraños y hechos sorprendentes</em>, Barcelona, 2011, 334 páginas (traducción de <em>A Cabinet of Roman Curiosities</em>, Oxford University Press, 2010).</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Se trata de un libro interesantísimo, amenísimo, agradabilísimo, que recoge un elevado<img class="size-full wp-image-5284 alignright" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/04/lecturas-03.jpg" alt="" width="273" height="403" /> número de anécdotas llamativas y narraciones extraordinarias. Ahora bien, por su propia abundancia y naturaleza, resulta difícil aprovechar toda la información que en él se expone. No es un libro para consultar, sino para releer, dado que, cuando el lector abre el volumen por una página cualquiera y se pone a leer de él, es arrastrado por la maravilla al interior de una selva de conocimientos y sorpresas.</p>
<p style="text-align: justify;">El volumen está encabezado por una cita de la <em>Historia natural </em>de Plinio (VII 8, p. 5): “Y sin embargo, no voy a empeñar mi credibilidad en la mayoría de estas cosas y más bien remitiré a los autores que se nombren en todos los temas dudosos”. Esta cita nos advierte de que McKeown recoge directamente textos griegos y latinos (textos a menudo traducidos, a veces extractados), y pocas veces se pronuncia sobre la veracidad de lo relatado. El autor se reconoce, por su forma de escribir, en la obra de Aulo Gelio: “Anotaba inmediatamente todo lo que me llamaba la atención de forma indiscriminada y desordenada” (p. 9). McKeown explica (p.10) la gestación del libro: de hecho, reúne las citas con las que acompañaba los ejercicios electrónicos de su método de lengua latina (<em>Classical latin</em>, Hackett Publishing Company, 2010; sobre éste puede verse el <a href="http://www.jcmckeown.com/index.php" target="_blank">ENLACE</a>), citas que los alumnos preferían saltarse para ir directamente a los ejercicios.</p>
<p style="text-align: justify;">Tanto en su composición como en su contenido el texto podría compararse a las obras que los antiguos clasificaban dentro del género de la paradoxografía, cuyos autores exponían curiosidades y hechos sorprendentes que obtenían de unas lecturas, a veces sistemáticas, a veces anárquicas. Es, sin duda, una excelente forma de acercarse a la obra de autores que <em>per se </em>deberían ser vendidos casi como <em>best sellers </em>y que, no obstante, causan un cierto temor reverencial a los lectores: Cicerón, Suetonio, Tito Livio, Marcial, Plinio, entre otros. Pero además permite tomar contacto con otro tipo de textos más desconocidos, pero no carentes de interés ni de valor, como inscripciones, autores médicos, comentaristas antiguos, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">El libro está dividido en veintitrés capítulos que tratan de la vida familiar, la mujer, los nombres, la educación, el ejército&#8230; El más extenso de esos capítulos es el último, dedicado a los emperadores. Se completa con un glosario, una breve explicación de las imágenes de las monedas reproducidas a lo largo del volumen y de los créditos de las ilustraciones (y por cierto que hubiera sido conveniente prestar más atención editorial a las ilustraciones y publicar buen número de ellas en color y a mayor tamaño, y tal vez con algún comentario).</p>
<p style="text-align: justify;">No se observan apenas erratas, aunque varias veces se produce la falta de concordancia en número del sujeto y del verbo: “Casi un millón de personas perdieron la vida” (p. 54), “toda esa gente&#8230; negocian” (p. 96).  <a href="http://www.planetadelibros.com/gabinete-de-curiosidades-romanas-libro-48576.html" target="_blank">ENLACE</a></p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">Algunos títulos más (sin ánimo de ser exhaustivo)</h2>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">En la categoría de traducción:</h2>
<ul>
<li>
<div style="text-align: justify;">G. Galán Vioque, <em>Amor dorio. Epigramas eróticos griegos</em>, Madrid, 2011. <a href="http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=2650789&amp;id_sello_editorial_web=34&amp;id_sello_VisualizarDatos=34" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Homero, <em>Ilíada</em>, Madrid, 2011, ed. de Ó. Martínez García. <a href="http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=1092107&amp;id_sello_editorial_web=34&amp;id_sello_VisualizarDatos=34" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Ovidio, <em>Heroides</em>, Madrid, 2010, ed. de A. de Ramírez de Verger Jaén. <a href="http://www.akal.com/libros/Heroides/9788446024620" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Plinio el Joven, <em>Panegírico de Trajano</em>, Madrid, 2010, ed. de R. Moreno Soldevila. <a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/inicio.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Teognis, <em>Elegías (Libro I), </em>Madrid, 2010, ed. de E. Calderón Dorda. <a href="http://www.catedra.com/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=2038971&amp;id_sello_editorial_web=01&amp;id_sello_VisualizarDatos=01" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">S. Torallas Tovar – J. A. Alvarez-Pedrosa Nuñez, <em>Edición de textos mágicos de la Antigüedad y de la Edad Media</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/inicio.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">Entre los estudios y ensayos:</h2>
<ul>
<li>
<div style="text-align: justify;">P. Barceló, <em>Aníbal. Estratega y estadista</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497349758" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">A. Bernabé &#8211; J. Pérez de Tudela (eds.), <em>Mitos sobre el origen del hombre</em>, Madrid, 2011. <a href="http://www.circulobellasartes.com/ag_ediciones-libros.php?ele=124" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">L. Bordas, <em>En torno a la Odisea. Paisajes y personajes</em>, Barcelona, 2010. <a href="http://www.ed-bellaterra.com/" target="_blank">Enlace </a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">L. Canfora, <em>El viaje de Artemidoro. Vida y aventuras de un gran explorador de la Antigüedad</em>, Madrid, 2011. <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497347969" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">R. L. Fox, <em>Héroes viajeros. Los griegos y sus mitos</em>, Barcelona, 2011. <a href="http://www.planetadelibros.com/heroes-viajeros-libro-49141.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">J. F. C. Fuller, <em>Las batallas decisivas del mundo antiguo. De Salamina a la Pax Romana</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.editorialgredos.com/las-batallas-decisivas-del-mundo-antiguo_de-salamina-a-la-pax-romana_john-frederick-charles-fuller_libro-GBNC024-es.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">A. Goldsworthy, <em>La caída del Imperio romano: el ocaso de occidente</em>, Madrid, 2011. <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497348645" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">P. Heather, <em>La caída del imperio romano</em>, Madrid, 2011. <a href="http://www.planetadelibros.com/la-caida-del-imperio-romano-libro-49171.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">J. de Hoz, <em>Historia lingüística de la Península Ibérica en la Antigüedad, </em>Vol. I, Madrid, 2010. <a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/inicio.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">P. Grimal,<em> El amor en la Roma antigua</em>, Barcelona 2011. <a href="http://www.planetadelibros.com/el-amor-en-la-roma-antigua-libro-49061.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">F. Lillo Redonet, <em>Héroes de Grecia y Roma en la pantalla</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.edicionesevohe.com/index.php?main_page=product_info&amp;products_id=31" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">R. Martín Hernández, <em>Orfeo y los magos. La literatura órfica, la magia y los misterios</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.abadaeditores.com/web/index.php" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Ph. Matyszak, <em>Legionario. El manual del soldado romano</em>, Madrid, 2011. <a href="http://www.akal.com/libros/Legionario-RUstica/9788446033851" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">F. Rodríguez Adrados, <em>Nueva historia de la democracia. De Solón a nuestros días</em>, Barcelona, 2011. <a href="http://www.planetadelibros.com/nueva-historia-de-la-democracia-libro-49073.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">J. de Romilly, <em>Los grandes sofistas de la Atenas de Peric</em>les, Madrid, 2010. <a href="http://www.editorialgredos.com/los-grandes-sofistas-de-la-atenas-de-pericles_jacqueline-de-romilly_libro-GBNC027-es.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">P. Schmitt Pantel,<em> Dioses y diosas de la Grecia antigua explicados a todo el mundo</em>, Barcelona, 2011. <a href="http://www.planetadelibros.com/dioses-y-diosas-de-la-grecia-antigua-explicados-a-todo-el-mundo-libro-49379.html" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">G. Traina, <em>428 después de Cristo. Historia de un año</em>, Madrid, 2011. <a href="http://www.akal.com/libros/428-despuEs-de-Cristo/9788446027911" target="_blank">Enlace</a></div>
</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>(Todos los enlaces fueron comprobados el 25 de abril de 2011)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Ilustraciones</h2>
<p>“La lectora” de P.-A. Renoir (1874-76), Musée d&#8217;Orsay, París.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.sarasuati.com/lecturas-para-el-verano-de-2011/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/</creativeCommons:license>
	</item>
		<item>
		<title>&#8220;Caprica&#8221;, el mundo clásico en una teleserie</title>
		<link>http://www.sarasuati.com/caprica-el-mundo-clasico-en-una-teleserie/</link>
		<comments>http://www.sarasuati.com/caprica-el-mundo-clasico-en-una-teleserie/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 17 Apr 2011 15:42:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologia]]></category>
		<category><![CDATA[mitos]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Tradición clásica]]></category>

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		<description><![CDATA[La serie "Caprica", emitida durante el año 2010, contiene numerosas referencias al mundo clásico, que se estudian en este trabajo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/Caprica-06-cartel.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-full wp-image-5183" title="Caprica-06-cartel" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/Caprica-06-cartel.jpg" alt="" width="500" height="331" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Presentación</h2>
<p style="text-align: justify;">La serie de televisión <em>Caprica</em>, emitida durante el año 2010, sólo constó de dieciocho capítulos, puesto que, al parecer, no llegó a alcanzar el éxito deseado. Está ambientada en el astro homónimo, que constituye una de las doce colonias del ficticio planeta de Kobol, integrante del universo de <em>Battlestar Galactica </em>(una serie televisiva emitida entre los años 1978 y 1980 con tanto éxito que fue vuelta a grabar en 2003). <em>Caprica </em>relata ciertos acontecimientos que ocurrieron años antes del comienzo de la acción de <em>Galactica</em>. No es mi intención relatar aquí su argumento, aunque me gustaría señalar que su universo irreal plantea ciertos conflictos que lo convierten en un mundo muy semejante al real: entre esas tensiones podemos subrayar el enfrentamiento generacional entre el matrimonio Graystone y su hija Zoe, o la oposición entre los naturales de Caprica y los inmigrantes procedentes del planeta Tauron. Un tema recurrente en la serie es el choque de religiones entre el politeísmo oficial y el monoteísmo, que trata de imponerse por todos los medios, incluido el terrorismo. Asimismo ocupan un lugar relevante las dudas acerca de la moralidad de determinadas prácticas científicas en los campos de la inteligencia artificial y la robótica, así como la nefasta influencia del mundo virtual, sobre todo sobre los jóvenes.</p>
<p style="text-align: justify;">     Curiosamente, en este planeta imaginario abundan las referencias al mundo clásico, principalmente a la antigua Grecia, aunque también a Roma, y en ese aspecto <em>Caprica </em>supera a <em>Battlestar Galactica</em>, la serie madre. Encontramos expresiones, costumbres, frases en griego antiguo, nombres de la mitología&#8230; De todo ello trataremos en este artículo.</p>
<h2>Dioses y héroes de los doce mundos</h2>
<p style="text-align: justify;">La religión más extendida entre los habitantes del mundo de <em>Caprica </em>es el politeísmo de los griegos antiguos. Por ello, los dioses clásicos aparecen en los más variados contextos, aunque, a veces, con el nombre que les daban los romanos. Y así ocurre desde el principio de la serie, en que se representa un sacrificio humano (en el mundo virtual, como podremos saber después) en honor a Hécate[1] (episodio I, 00:41:58).</p>
<p style="text-align: justify;">     También al comienzo de la serie se produce un atentado en que mueren, entre otras personas, Shannon y Tamara Adama, esposa e hija de Joseph Adama, uno de los personajes principales. El hermano de éste, Sam Adama, recomienda a Joseph que invoque a Marte[2], para que el dios le ayude a vengarse de los terroristas (I, 00:28:07).Por otra parte, la mayoría de los personajes juveniles de la serie asiste a clase en un centro de enseñanza secundaria conocido como Athena Academy. Se trata de un nombre muy adecuado para el lugar, dado que el conocimiento era uno de los ámbitos en que la diosa ejercía su poder[3].</p>
<p style="text-align: justify;">     Curiosamente, en Caprica no se celebra el día de san Valentín, sino el día de Eros, como podemos comprobar en una postal de felicitación que encuentra Amanda Graystone en su armario (IX, 23:30). El encargado de los asuntos del corazón es, por tanto, el mitológico dios del amor[4]. Por otra parte, Joseph Adama (XVIII, 38:31) alza al dios Júpiter[5] su plegaria en el primer aniversario de la muerte de su hijo William.</p>
<p style="text-align: justify;">     Al empezar el episodio X (2:31), se habla de un reciente atentado con un coche bomba, que ha destruido una estatua de Ícaro; un <em>showm<img class="alignright size-medium wp-image-5182" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/caprica-02-entradas-244x300.jpg" alt="" width="244" height="300" />an </em>televisivo, Baxter Sarno, aprovecha para hacer un juego de palabras llamando la atención sobre el hecho de que las alas de Ícaro[6] se derritieron con la explosión: en el mito, como es sabido, la cera con que estaban pegadas las plumas de las alas de Ícaro se derritió por el calor del sol. Ícaro, ciertamente, no es un dios, sino un simple mortal. Por otra parte, algunos personajes de la serie adoptan nombres mitológicos para sus identidades virtuales: Quirón[7] (Chiron, episodio VII) o Hércules[8] (episodio VII). En Caprica hay incluso un Parque de Orfeo (XVIII, 13:52), aunque Orfeo[9] más bien está relacionado con la música.</p>
<p style="text-align: justify;">     Hallamos todavía otra alusión a la mitología en las noticias de la televisión (XIII, 03:19), que informa de que en el planeta Tauron tiene lugar una guerra civil entre los agrarios y los heracletes. No se dan más detalles, pero se puede creer que estos últimos guardan relación con Hércules, pues en la Esparta antigua sabemos de un grupo de aristócratas llamado heráclidas[10] (supuestos descendientes de Hércules). Al oír esa noticia (03:23), Sam Adama exclama νὴ τὸν Δία, es decir “¡Por Zeus!”, una exclamación corriente, que se encuentra en muchos autores de época clásica.</p>
<p style="text-align: justify;">     En suma, los dioses de la religión griega y romana (en una curiosa mezcolanza), y los héroes ocupan un lugar importante en las palabras y en las vidas de los protagonistas: Marte, el dios de la guerra, se convierte en dios de la venganza; Hécate, diosa de la brujería, es honrada con sacrificios humanos en el mundo virtual; Atenea presta su nombre a un centro de estudios secundarios, Júpiter, Eros&#8230;</p>
<h2>Productos y deportes</h2>
<p style="text-align: justify;">Entre la gama de productos que aparecen en <em>Caprica</em>, tenemos uno muy interesante: las pastillas que consume la doctora Graystone, que proceden la Peneus Pharmacy. El mitológico Peneo era un río, por cuya intercesión (según algunas versiones) los dioses olímpicos se apiadaron de su hija Dafne[11] y la convirtieron en laurel, cuando estaba a punto de caer en el abrazo de Apolo. Por eso quizá no sea muy desacertado suponer que el producto de la Peneus Pharmacy consiga salvar a Amanda Graystone de sus problemas.</p>
<p style="text-align: justify;">     Otros elementos que contienen referencias al mundo clásico son las bebidas. Una de ellas, que escasea y procede del planeta Scorpion, recibe el nombre de <em>Ambrosia </em>(VI, 22:44). Por supuesto, la ambrosía era, en la mitología griega, el licor de los dioses y la bebida que sólo podían consumir ellos y quienes estaban destinados a convertirse en inmortales. Pero aún tenemos otra bebida de resonancias clásicas, una bebida refrescante o tal vez una cerveza llamada <em>Lethe</em>. Esta vez se trata de Lete, la fuente del olvido, de cuyas aguas bebían los difuntos para olvidarse de su vida pasada, antes de ingresar en el reino del dios Hades[12].</p>
<p style="text-align: justify;">     En Caprica existe una gran afición por un deporte de equipo llamado “Pirámide”, deporte que, según el relato de <em>Battlestar Galactica</em>, sigue existiendo años después. La influencia clásica también llega hasta su liga, como podemos ver en las entradas: el equipo propiedad del doctor Graystone, los <em>Buccaneers</em>, se enfrenta a <em>Delphi Legion</em>, un buen nombre para un equipo, teniendo en cuenta el antecedente de las legiones romanas y el hecho de que en Delfos se celebraban cada cuatro años los Juegos Píticos[13] en honor al dios Apolo, encuentros deportivos que eran los segundos en importancia tras los Juegos Olímpicos[14]. Precisamente la ciudad donde se celebraban estos últimos da nombre a otro equipo del campeonato, el <em>Olympia <img class="alignright size-medium wp-image-5181" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/caprica-01-pastillas-peneus-300x266.jpg" alt="" width="300" height="266" />Stallions </em>(II, 8:09).La fecha de celebración del encuentro es el jueves 11 del mes <em>sextilis </em>del año 42. <em>Sextilis </em>era el nombre que primitivamente recibía el sexto mes del calendario romano y que pasó a llamarse <em>Augustus </em>ocho años antes del nacimiento de Cristo[15].</p>
<p style="text-align: justify;">     Siguiendo con la entrada que reproducimos en la ilustración adjunta, también se observa que está señalada con una letra griega, la omega, mientras que la liga de este deporte es la liga Alpha, otra letra griega, que se usaba además para representar el número uno. Por si esto fuera poco, tenemos que el recinto donde tienen lugar los partidos de los Buccaneers se llama Atlas Arena; otro nombre de la mitología griega, pues el titán Atlas[16] era aquel forzudo personaje que sostenía sobre sus espaldas los pilares del firmamento.</p>
<p style="text-align: justify;">     Por cierto, también se llama Delphi el instituto de convalecencia (VII, 35:19), donde durante dos años y medio estuvo internada Amanda Graystone a raíz de las perturbaciones mentales que le causó la muerte de su hermano en un accidente de automóvil que ella presenció. El santuario de Delfos estaba consagrado a Apolo[17], dios que entre sus atribuciones incluía poderes curativos (Asclepio, dios de la medicina, fue hijo suyo).</p>
<p style="text-align: justify;">     En la cara, concretamente en la mandíbula derecha, del jefe del grupo mafioso de la Halatha, llamado Guatrau, se puede observar un tatuaje que representa varias letras mayúsculas griegas (IX, 11:15) ΩΨΦΔ, cuyo significado se nos escapa; las tres primeras letras escritas verticalmente se leen también en el cuello de Sam Adama (IX, 16:40).</p>
<h2>El idioma de Tauron</h2>
<p style="text-align: justify;">Si bien la mayor parte de la acción de la serie se desarrolla en el planeta Caprica, un buen número de personajes procede del planeta Tauron. Todos ellos pertenecen al entorno de Joseph Adama, un abogado de dudosa reputación. Como ya se ha dicho anteriormente, su esposa, Shannon, y su hija Tamara mueren en un atentado que se produce casi al comienzo del primer episodio. Joseph tiene un hermano, Sam, que milita en la Halatha. Este grupo obedece las órdenes de un individuo conocido como el Guatrau, que tiene, como sabremos en los últimos episodios, una hija llamada Fidelia. Estos personajes hablan entre ellos en la misma lengua que los otros habitantes de Caprica, aunque con frecuencia utilizan palabras, expresiones y frases enteras en griego clásico, que se puede suponer que es la lengua o la lengua antigua de su planeta.<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/caprica-04-ambrosía.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-medium wp-image-5180" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/caprica-04-ambrosía-102x300.jpg" alt="" width="102" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">     Comentaremos algunas de ellas, comenzando por algunas expresiones malsonantes o insultantes. Ya en el primer episodio (00:27:38) Sam Adama usa la palabra νόθος[18] para sugerirle a su hermano Joseph que el Guatrau les podría ayudar a vengarse del terrorista que ha asesinado a su mujer y a su hija; el significado del término es “bastardo”.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio IV (6:36) Sam Adama recibe una llamada de su hermano Joseph, que le pregunta por las razones de su inacción, cuando se suponía que iba a matar a Amanda Graystone. Sam le increpa llamándole σοφιστής y trata de justificarse. Además de señalar que la forma es incorrecta (pues se esperaría el vocativo σοφιστά y no el nominativo), conviene anotar que parece que se usa el término con valor peyorativo[19] (“charlatán”), como también tuvo en época clásica, además de servir para designar a aquellos filósofos y maestros de retórica.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio IV (18:12) el jefe de la policía amenaza al agente Duram diciéndole que lo tiene cogido de los ὄρχεις, esto es los testículos, así que más le vale no equivocarse en su investigación sobre los terroristas, que supuestamente se hallan entre los estudiantes de la Athena Academy. También se usa el mismo sustantivo en el episodio XIII (12:32). En griego clásico esta palabra es más bien neutra, es decir que no es particularmente vulgar (de hecho, la encontramos en autores médicos).</p>
<p style="text-align: justify;">     En el quinto episodio (9:15) Joseph Adama insulta a su hermano llamándolo βίνων βλάξ[20], que sería una traducción literal del inglés <em>fucking stupid</em>, puesto que el verbo βίνω no se utiliza de este modo.</p>
<p style="text-align: justify;">      En el episodio XVIII (11:22) la suegra de Joseph Adama increpa a Fidelia Fazekas, a la que considera culpable de la muerte de su nieto Bill, llamándola παιδοκτόνος, esto es “asesina de niños”, epíteto que encontramos en autores clásicos como Sófocles, donde aparece en boca de Eurídice (<em>Antígona </em>1304-1305), que increpa a su esposo Creonte, causante del suicidio de su hijo Hemón. También aparece en Eurípides (<em>HF </em>835), que lo aplica a Héracles, asesino de sus propios hijos.</p>
<p style="text-align: justify;">     En cambio, también se pronuncian en griego algunas palabras corteses a lo largo de la serie. En el episodio II (32:59) Joseph Adama llama δέσποινα (“ama”, “señora”) a la persona que llama desde el colegio para interesarse por la ausencia de Bill Adama. Este término se emplea para la dueña de la casa, reinas o princesas, y también como epíteto de diosas.</p>
<p style="text-align: justify;">      En el episodio III (5:42) Sam Adama expresa su agradecimiento al chófer de Daniel Graystone, antes de retener a éste para darle una paliza, diciéndole χάρις (“gracias”). Este sustantivo, no obstante, no se usaba de este modo ni con este sentido en griego clásico.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio IV (29:46), cuando Sam Adama se cuela entre bastidores en un estudio de televisión, una encargada le pregunta por su pulsera de identificación. Él, al darse cuenta por un<img class="alignleft size-full wp-image-5179" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/caprica-05-lethe.jpg" alt="" width="336" height="318" /> tatuaje de que la joven procede del planeta Tauron, le dice οὐ δέομαι οὐδενὸς (“no necesito nada”). La joven le da su propia tarjeta de identificación y le desea en griego algo semejante a una agradable visita[21].</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio XIII (15:47) Sam Adama habla con su pareja Larry y se despide de él, diciéndole κἀγώ σε φιλῶ, “yo también te quiero”. El verbo en griego clásico abarca numerosos sentidos afectuosos, entre ellos el amor entre varones.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio XV (3:21) el Guatrau saluda a los hermanos Adama llamándolos παῖδες, sustantivo que significa “hijos”, “niños”, “muchachos”.</p>
<p style="text-align: justify;">     Cuando el Guatrau acepta entrevistarse con los hermanos Adama (episodio XVIII 17:36) a propuesta de su hija Fidelia, dice καλῶς, καλῶς, “bien, bien”. Este uso del adverbio en respuestas afirmativas es corriente, por ejemplo, en los diálogos platónicos.</p>
<p style="text-align: justify;">     Aún encontramos muchas expresiones de lo más variopinto. Por ejemplo, en el episodio II (11:16) la suegra de Joseph Adama llama εὐπατρίδας a los Graystone; la palabra significa “aristócratas”, “nobles”, pero en la antigua Grecia tenía un uso muy concreto, ya que se aplicaba a las familias nobles, especialmente a las atenienses, un conjunto de familias que, hasta las reformas democráticas, acapararon el poder en la ciudad y que, a pesar de de dichas reformas, mantuvieron gran influencia[22].</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio X (15:54) el Guatrau ordena a Joseph Adama encargarse de la vigilancia del nuevo asunto que emprenden con Graystone y le dice que es un gran paso para un ἄξιος ἀνήρ, “un hombre digno”.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio XIII (13:23) Sam Adama se queja de su pareja Larry, porque no entiende su apoyo a la causa de la sublevación en Tauron, supuesto que no es como ellos, ἐγχώριος γεγωνώς, “nacido en el lugar”.</p>
<p style="text-align: justify;">     También en el episodio XIII (22:36) Sam Adama pregunta al Guatrau τίς ἐστὶν ἡ ἡδονή σου; (“¿Cuál es tu placer?”), una expresión que parece traducción literal del inglés “What&#8217;s your pleasure?”). El Guatrau responde (22:43) a Sam Adama que debe demostrar quién es: “un hombre que no se rinde”, ἀνήρ ὃς οὐ κατακείσεται.</p>
<p style="text-align: justify;">     El tintero, cuya tinta fue usada para señalar con la marca de la hombría propia del planeta Tauron, es denominado σκευὴ μέλανος (XV 04:35), “el recipiente de la tinta” (aunque quizá se hubiera podido esperar el singular de esta palabra o incluso otro término).</p>
<p style="text-align: justify;">     Los participantes en cierta guerra que se desarrolla en el planeta Tauron son llamados στρατιῶται, “soldados”, en el episodio XVII (7:46).</p>
<p style="text-align: justify;">      En el último episodio de la serie (10:14) Sam Adama recibe a Fidelia, la hija del Guatrau, diciéndole que tiene κάρυα[23] de presentarse en casa de su hermano Joseph, cuando ella es culpable de la muerte de su sobrino Bill. Este sustantivo, que significa “nueces”, puede ser una traducción literal del inglés “nut”, que se aplica en <em>slang </em>a los testículos, pero que en griego clásico no tiene este sentido. Fidelia responde a Adama que está allí bajo el derecho del πένθος, “duelo”.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio final (21:14), Sam Adama, después de consumar la venganza contra el Guatrau, dice: “ἐκεῖνο ἦν πρὸ Willie”, “Esto era por Willie”.</p>
<p style="text-align: justify;">     También se usa el griego clásico en frases que parecen sentencias o proverbios. En el primer episodio (00:27:44) Sam Adama se dirige a su hermano Joseph diciéndole: αἵμα ἀντὶ αἵματος· ἡ δίκη τῶν Ταυρωνείων, es decir “Sangre por sangre: la justicia de los tauronios”. No hace falta decir que la frase constituye una síntesis de la bíblica ley del Talión. Poco después, en ese mismo primer episodio (00:28:25) volvemos a oír de labios de Sam Adama una frase acerca de la necesidad de tomarse la venganza por su mano: μᾶλλον οὖν καὶ τεῦξαι τὴν ἡμῶν δίκην, ὦ ἄδελφέ μου[24], que significa algo así como “Entonces mejor incluso llevar a cabo nuestra venganza, hermano mío”.</p>
<p style="text-align: justify;">     El mismo Sam Adama asesina al ministro de defensa de Caprica en su propia cama, mientras le dice (episodio I, 01:08:20): χαῖρε, ὦ θεραπων. La frase, casi ininteligible a causa de la dicción descuidada de los actores, significa por lo que sabemos por los subtítulos “Salud[25], ministro, nunca debiste volver la espalda a un hombre al que llamas amigo”. El asesinato se lleva a cabo usando unos cuchillos que seguramente son las σφαγίδες, “cuchillos sacrificiales”, con que Sam Adama amenaza a Amanda Graystone en el episodio IV (38:52).<img class="aligncenter size-full wp-image-5178" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/caprica-03-puñaL.jpg" alt="" width="560" height="233" /></p>
<p style="text-align: justify;">     Sam Adama (V, 9:23) dirige unas palabras muy duras a su hermano Joseph a propósito de su desatención a su hijo Bill: εἰ τι ἀποβάλλεις καὶ τίς ἄλλος εὑρίσκει, τούτῳ προσήκει αἰώνιον: “Si arrojas algo y otro lo encuentra, le pertenecerá para siempre”.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el duodécimo episodio (37:51) un personaje apellidado Vergis, natural del planeta Tauron también él, dice a Graystone: ἄρχετε τὸν νόστον εἰς τὴν ἄρουραν[26], “controlad el regreso a la tierra”, que, según aclara a su interlocutor, supone controlar la propia muerte, morir en el momento elegido.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el episodio XV (18:35) Daniel Graystone alude a cierta amenaza que se cierne sobre él, cuando acabe la investigación que tiene entre manos, citando en griego clásico un proverbio de Tauron: ὅταν τὸ δένδρον τὸν καρπὸν ἀφίστηται, βέλτιστον (aunque parece oírse βελτίστη) ἐστί κείρειν ἀπὸ τοῦ ἄκρου κάτω, “Cuando el árbol deja ir la fruta, lo mejor es podarlo desde la copa hasta abajo”.</p>
<p style="text-align: justify;">     En suma, la lengua original de los naturales de Tauron parece el griego clásico, aunque se puede observar alguna pincelada de griego moderno[27].</p>
<h2>Funerales y espectáculos</h2>
<p style="text-align: justify;">La trama de la primera parte de la serie está centrada en las consecuencias del atentado en que mueren, entre otras personas, Zoe Graystone, y Shannon y Tamara Adama. El duelo por las dos últimas, esposa e hija de Joseph Adama, se cierra al final del quinto episodio con una ceremonia funeraria (34:05), que tiene lugar en la casa familiar. Al iniciarse el ritual, el oficiante pide a Joseph una moneda para su esposa y a Bill una moneda[28] para su hermana Tamara. Se trata del importe de un pasaje. No se dice expresamente qué clase de pasaje, pero es fácil suponer que es el pago del barquero Caronte[29], aquel personaje mitológico que llevaba a bordo de su barca las almas de los difuntos al otro lado de la laguna Estigia. Al acabar la ceremonia, mientras el oficiante realiza un tatuaje en el cuerpo de Joseph, los presentes entonan una canción (40:14), cuya letra, en griego clásico, dice[30]: αὕται εἰσι αἱ φωναὶ τούτων οὓς πεφιλήκαμεν, | οἳ οὐκέτι ἀλγήσουσιν, | συμπλεχθεῖσαι τῷ ἀθανάτῳ καὶ τῷ αἰεί, καὶ τῷ αἰεί. La traducción podría ser: “Éstas son las voces de aquellos a los que amamos, | quienes ya no sienten dolor, | enlazadas a lo inmortal y lo eterno y lo eterno”.</p>
<p style="text-align: justify;">     Estos versos ya habían aparecido anteriormente en el episodio III (9:42) con un texto más largo y ligeramente diferente, y la música tenía forma de <em>rap</em>[31]. Dice así:</p>
<blockquote><p>αὕται εἰσὶ αἱ φωναὶ τούτων<br />
οἳ διεπέρασαν τὸν ποταμὸν<br />
ἀκουσθεῖσαι ἐπὶ τὸν ἄνεμον,<br />
συμπλεχθεῖσαι τῷ ἀθανάτῳ καὶ τῷ αἰεί.<br />
αὕται εἰσι αἱ φωναὶ τούτων οὓς πεφιλήκαμεν,<br />
οἳ οὐκέτι ἀλγήσουσιν,<br />
οἳ ἐπανῆλθον ἐς τὸν βόρβορον.<br />
αὕται εἰσὶ αἱ φωναὶ τῶν τεθνηκοτων.</p>
<p>Éstas son las voces<br />
de los que atravesaron el río,<br />
oídas en el viento,<br />
enlazadas a lo inmortal y lo eterno.<br />
Éstas son las voces de aquellos a los que amamos,<br />
que ya no sufrirán,<br />
que han regresado al lodo,<br />
Éstas son las voces de los difuntos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">En la letra tenemos de nuevo una referencia al mundo clásico cuando habla del río; se trata del río Aqueronte[32], otro de los accidentes geográ<img class="alignright size-full wp-image-5177" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/03/caprica-07-personajes.jpg" alt="" width="229" height="343" />ficos que encuentran los muertos en su viaje al más allá.</p>
<p style="text-align: justify;">     Por otra parte, en el octavo episodio (27:10) Joseph Adama, durante la búsqueda de su hija muerta en el mundo virtual, visita un club dedicado al <em>burlesque</em>. En ese local llamado <em>Mysteries </em>un <em>showman</em>, vestido al estilo de Liza Minelli en la famosa escena de <em>Cabaret</em>, invita a los espectadores a resolver el enigma de la noche. Los secuaces del <em>showman </em>escogen a Adama para responder: si acierta, conseguirá alguna pista sobre el paradero de su hija; pero si falla, dispararán contra él y será expulsado para siempre de esa parte del mundo virtual. El enigma dice (29:52): “Los dioses derrocaron a los titanes y el hombre ha derrocado a los dioses. Pero cuando los pecados del hombre recaen en sus hijos, ¿cómo habría que recompensarle?”. Aparte de las referencias al mundo clásico que contiene el enigma[33], la situación recuerda, de un lado, el encuentro de Edipo con la Esfinge: el monstruo, mezcla de bestia y mujer (hasta cierto punto como el <em>showman </em>hombre y mujer), plantea también un enigma a Edipo y el castigo por no resolverlo es también la muerte, aunque una muerte real. Por otro lado, la visita al mundo virtual evoca, en cierta manera, la conversación que tiene Ulises con los difuntos en el canto XI de la <em>Odisea </em>o la visita de Eneas al mundo de ultratumba como la describe Virgilio en el canto VI de la <em>Eneida</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">     Otra curiosa referencia al mundo clásico se encuentra en el episodio XII (3:19), parte del cual se desarrolla en un anfiteatro virtual (de hecho, es una cancha de pirámide, el deporte del que hablábamos antes), donde se desarrolla una lucha sin cuartel entre los avatares de las jóvenes Zoe Graystone y Tamara Adama. En su entrada a la arena, Tamara Adama es saludada por el público con el grito “¡Ave, Deathwalker!”, detalle que recuerda a los juegos de gladiadores que se celebraban en la antigua Roma.</p>
<h2>To be continued&#8230;</h2>
<p style="text-align: justify;">Según se puede reconstruir el relato del pasado del universo de <em>Galactica</em>, en un pasado remoto, la humanidad se dispersó desde el imaginario planeta llamado Kobol y fundó trece colonias; doce de ellas (todas con nombre zodiacal: Caprica, Tauron, Geminon, Scorpion, etc.) no perdieron el contacto, mientras que la décimo tercera, la Tierra, quedó aislada del resto. Cuando las doce colonias fueron arrasadas por el ataque de los <em>cylons </em>(unos robots con aspecto completamente humano), los escasos supervivientes se esforzaron por encontrar la Tierra. Sin embargo, cuando consiguieron llegar a esa Tierra, descubrieron que había sido completamente destruida a causa de una guerra total. Con todo, consiguieron llegar a otro planeta habitable, al que también llamaron Tierra (el nuestro), donde ya existía una raza de homínidos. Eso habría ocurrido hace 150.000 años.</p>
<p style="text-align: justify;">     De alguna manera (y siguiendo la lógica de ese entramado de ficción), las creencias, las tradiciones y el lenguaje que encontramos en la serie <em>Caprica </em>se transmitieron a lo largo de esos 150.000 años hasta encontrar su momento de esplendor hace tan sólo 2.500 años aproximadamente, en la Grecia clásica. Una explicación curiosa, atractiva y simpática (por su evidente falsedad), al menos para los enamorados del mundo clásico.</p>
<h2>Bibliografía</h2>
<ul>
<li><strong>Ch. Daremberg &#8211; E. Saglio </strong>(eds.), <em>Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines</em>, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969). (se puede consultar en internet en <a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/index.xsp">http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/index.xsp</a>)</li>
<li><strong>P. Grimal</strong>, <em>Diccionario de mitología griega y romana</em>, Barcelona, 1984.</li>
<li><strong>W. Smith </strong>(ed.), <em>Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology</em>, Boston, 1867. (se puede leer en internet en <a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/">http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/</a>)</li>
<li><strong>W. Smith et al.</strong> (eds.), <em>A Dictionary of Greek and Roman Antiquities</em>, Londres, 1890 (3ª edición). (se puede encontrar en internet en <a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-dgra/">http://www.ancientlibrary.com/smith-dgra/</a>)</li>
<li><strong>K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer </strong>(eds.), <em>Der kleine Pauly</em>, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Sobre <em>Caprica </em>en internet</h2>
<ul>
<li><a href="http://www.ktema.org/blog/caprica/">http://www.ktema.org/blog/caprica/</a></li>
<li><a href="http://www.bearmccreary.com/blog/?p=1903">http://www.bearmccreary.com/blog/?p=1903</a></li>
<li><a href="http://www.syfy.com/caprica">http://www.syfy.com/caprica</a></li>
<li><a href="http://en.battlestarwiki.org/wiki/Caprica_(series">http://en.battlestarwiki.org/wiki/Caprica_(series</a>)</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<h2>NOTAS</h2>
<p style="text-align: justify;">[1] Sobre Hécate, v. P. Grimal, “Hécate”, p. 225; P. Paris, “Hecate”, en Daremberg-Saglio (eds.), III-1, p. 45-51 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=3&amp;partie=1&amp;numPage=49&amp;nomEntree=HECATE&amp;vue=image" target="_blank">enlace</a>); L. Schmitz, “Hecate”, en W. Smith (ed.), II, p. 364 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/1472.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[2] Para Marte, v. F. Durrbach, “Mars”, en Daremberg-Saglio (eds.), III-2, p. 1607-1623 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=3&amp;partie=2&amp;numPage=730&amp;nomEntree=MARS" target="_blank">enlace</a>); P. Grimal, “Marte”, p. 334-335; L. Schmitz, “Mars”, en W. Smith (ed.), II, p. 961-962 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/2069.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[3] Para Atenea, v. G. Fougeres, “Minerva”, en Daremberg-Saglio (eds.), III-2, p. 1910-1930 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=3&amp;partie=2&amp;numPage=1033&amp;nomEntree=MINERVA" target="_blank">enlace</a>); P. Grimal, “Atenea”, p. 59-61; L. Schmitz, “Athena”, en W. Smith (ed.), I, p. 397-400 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0406.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[4] Para Eros, v. M. Collignon, “Cupido”, en Daremberg-Saglio (eds.), I-2, p. 1595-1611 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=1&amp;partie=2&amp;numPage=842&amp;nomEntree=CUPIDO" target="_blank">enlace</a>); P. Grimal, “Eros”, p. 171-172; L. Schmitz, “Eros”, en W. Smith (ed.), II, p. 50-51 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/1159.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[5] Sobre Júpiter, v. P. Grimal, “Júpiter”, p. 299-300; P. Perdrizet, “Jupiter”, en Daremberg-Saglio (eds.), III-2, p. 691-713 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=3&amp;partie=1&amp;numPage=695&amp;filtre=jupiter&amp;nomEntree=JUPITER" target="_blank">enlace</a>); L. Schmitz, “Jupiter”, en W. Smith (ed.), II, p. 659-660 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/1767.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[6] Sobre Ícaro, v. P. Grimal, “Ícaro. 1”, p. 178; L. Schmitz, “Icarus”, en W. Smith (eds.), II, p.559 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/1667.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[7] Sobre Quirón, v. P. Grimal, “Quirón”, p. 462-463; L. De Ronchaud, “Chiron”, en Daremberg-Saglio, I-2, p. 1105-1106 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=1&amp;partie=2&amp;numPage=352&amp;filtre=chiron&amp;nomEntree=CHIRON" target="_blank">enlace</a>); L. Schmitz, “Cheiron”, en W. Smith (ed.), I, p. 692-693 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0701.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[8] Sobre Hércules, v F. Dürrbach, “Hercules”, en Daremberg-Saglio (eds.), III-1, p. 78-128 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=3&amp;partie=1&amp;numPage=80&amp;nomEntree=HERCULES&amp;vue=image" target="_blank">enlace</a>); P. Grimal, “Heracles”, p. 239-257; L. Schmitz, “Heracles”, en W. Smith (ed.), II, p. 393-401 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/1501.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[9] Para Orfeo, v. P. Monceaux, “Orpheus”, en Daremberg-Saglio (eds.), IV-1, p. 241-256 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=4&amp;partie=1&amp;numPage=245&amp;nomEntree=ORPHEUS" target="_blank">enlace</a>); P. Grimal, “Orfeo”, p. 391-392; P. Smith, “Orpheus”, en W. Smith (ed.), III, p. 59-62 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/2392.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[10] Sobre los heráclidas y Esparta, v. P. Oliva, <em>Esparta y sus problemas sociales</em>, Madrid, 1983, p. 119.<br />
[11] Para este personaje, v. P. Grimal, “Dafne”, p. 124-125; L. Schmitz, “Daphne”, en W. Smith (ed.), I, p. 939 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0945.html" target="_blank">enlace</a>); L. Smitz, “Peneius”, en W. Smith (ed.), III, p. 183 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/2516.html" target="_blank">enlace</a>).<br />
[12] Sobre la ambrosía, v. K. Blondel, “Ambrosia”, en Daremberg-Saglio (eds.), I-1, p. 225-226 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=1&amp;partie=1&amp;numPage=238&amp;filtre=ambrosia&amp;nomEntree=AMBROSIA">enlace</a>); H. von Geisau, “Ambrosia. 2”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), I, c. 295-296. Para Lete, v. P. Grimal, “Lete”, p. 315; L. Schmitz, “Lethe”, en W. Smith (ed.), II, p. 772 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/1880.html">enlace</a>).<br />
[13] Sobre las competiciones deportivas en Delfos, v. C. Gaspar [E. Portier], “Pythia”, en Daremberg-Saglio (eds.), IV-1, p. 784-794 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=4&amp;partie=1&amp;numPage=788&amp;filtre=pythiques&amp;nomEntree=PYTHIA">enlace</a>); L. Schmitz, “Pythia”, en W. Smith et al. (eds.), p. 976-978 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-dgra/0983.html">enlace</a>).<br />
[14] Sobre los juegos olímpicos, v. C. Gaspar, “Olympia”, en Daremberg-Saglio (eds.), IV-1, p. 172-196 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=4&amp;partie=1&amp;numPage=176&amp;nomEntree=OMEN&amp;vue=image">enlace</a>); O. W. Reinmuth, “Olympia. III”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), IV, c. 286-287.<br />
[15] Para el calendario romano, v. T. H. Key, “Calendarium”, en W. Smith et al. (eds.), I, p. 222-233 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-dgra/0229.html">enlace</a>); W. Sontheimer, “Kalender. III”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), III, c. 62-63.<br />
[16] Para Atlas, cf. P. Grimal, “Atlante”, p. 61: L. Schmitz, “Atlas”, en W. Smith (ed.), I, p. 406-407 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0415.html">enlace</a>); E. Vinet, “Atlas”, en Daremberg-Saglio (eds.), I-1, p. 526-528 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=1&amp;partie=1&amp;numPage=538&amp;nomEntree=ATLAS&amp;vue=image">enlace</a>).<br />
[17] Para Apolo, cf. L. De Ronchaud, “Apollo”, en Daremberg-Saglio (eds.), I, p. 310-321 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=1&amp;partie=1&amp;numPage=322&amp;nomEntree=APOLLO">enlace</a>); P. Grimal, “Apolo”, p. 35-38; L. Schmitz, “Apollo”, en W. Smith (ed.), I, p. 230-232 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0239.html">enlace</a>).<br />
[18] También se usa este insulto en el episodio XIII (17:04) y en el XVIII (12:14). Sobre el concepto de bastardía en la Antigüedad, cf. L. Beauchet, “Nothoi”, en Daremberg-Saglio (eds.), IV-1, p. 106-108 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=4&amp;partie=1&amp;numPage=110&amp;nomEntree=NOTORIA&amp;vue=image">enlace</a>); E. Bellen, “Nothoi”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), IV, c, 165-166.<br />
[19] Sobre el sentido de sofista, v. P. Chantraine, <em>Dictionnaire étymologique de la langue grecque </em>IV-1, París, 1968, s. v. “Σοφός”, p. 1031.<br />
[20] En su blog D. Reed (<a href="http://www.ktema.org/blog/caprica/thereisanothersky.html">enlace</a>) propone que se oye πίνων βλάξ, que significaría “tonto borracho”.<br />
[21] Según D. Reed (<a href="http://www.ktema.org/blog/caprica/gravedancing.html">enlace</a>), dice ἡδὺ τῇ σῇ εἰσόδῳ,<br />
[22] Sobre los eupátridas, cf. Ch. Lécrivain, “Eupatrides”, en Daremberg-Saglio (eds.), II-1, p. 853-865 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=2&amp;partie=1&amp;numPage=857">enlace</a>); L. Schmitz, “Eupatridai”, en W. Smith et al. (eds.), p. 477-478 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-dgra/0484.html">enlace</a>).<br />
[23] El término ya se había usado en el episodio XIV (15:07: ποῦ ἐστι τὰ κάρυα σου; “¿Dónde están tus nueces?”).<br />
[24] En el blog Κτῆμα ἐς τὰ παρόντα (<a href="http://www.ktema.org/blog/caprica/caprica.html">enlace</a>) se da una versión ligeramente distinta de la frase: μᾶλλον οὖν χρὴ διῶξαι τὴν ἐμην δίκην, ὦ ἄδελφέ μου. La expresión (“Hermano mío”) se repite en alguna otra ocasión, cf. episodio III (42:29), episodio XIII ((16:54).<br />
[25] Este saludo también se usará en el episodio V, cuando Joseph Adama recibe en su casa a los invitados a una ceremonia fúnebre de la que más adelante nos ocuparemos. Los saluda diciendo (34:06) χαίρετε, que es una forma cortés de saludo en griego clásico.<br />
[26] Una expresión parecida en el episodio XIII (17:18).<br />
[27] Por ejemplo, en el episodio II (27:46) se puede leer una frase en griego moderno en el rótulo de una tienda: ποίοτητα εκτύπωσης σε λογικές τιμές (frase que significa “Trabajos de imprenta a precios razonables”).<br />
[28] Fidelia, la hija del Guatrau, introduce una moneda en el bolsillo de la americana de su padre, mientras dice (episodio XVIII 21:34): “Ibas a morir igualmente, πατέρ”.<br />
[29] Sobre Caronte. v. P. Grimal, “Caronte”, p. 89; E. Saglio, ”Charon”, en Daremberg-Saglio (eds.), I-1, p. 1099-1101 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=1&amp;partie=2&amp;numPage=346&amp;filtre=charon&amp;nomEntree=CHARON">enlace</a>); L. Schmitz, “Charon”, en W. Smith (ed.), I, p. 689 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0698.html">enlace</a>).<br />
[30] Se puede oír en el blog de su autor, Bear McCreary (<a href="http://www.bearmccreary.com/blog/?p=3761">enlace</a>).<br />
[31] Se puede oír completa y leer la traducción inglesa en el blog de McCreary (<a href="http://www.bearmccreary.com/blog/?p=3761">enlace</a>).<br />
[32] Sobre el Aqueronte, v. P. Grimal, “Aqueronte”, p. 39; L. Schmitz, “Acheron”, en W. Smith (ed.), I, p. 9 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0018.html">enlace</a>).<br />
[33] Alude a la titanomaquia, v. A. Boulanger, “Titanes”, en Daremberg-Saglio (eds), V, p. 345-346 (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/feuilleter.xsp?tome=5&amp;partie=1&amp;numPage=355&amp;nomEntree=TITANES">enlace</a>); L. Schmitz, “Titan”, en W. Smith (ed.), III, p. 1156 (<a href="http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/3489.html">enlace</a>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Observación: todos los enlaces fueron comprobados el día 27 de marzo de 2011.</strong></p>
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		<title>&#8220;Hispania&#8221;: la verdad sobre Viriato (y ii)</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Mar 2011 12:17:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<description><![CDATA[Esta segunda parte del artículo se centra en la actividad militar y las estratagemas que usó Viriato contra los romanos, así como en el análisis de su asesinato.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-6-falcata.jpeg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a> </p>
<h2 style="text-align: justify;">La guerra contra Viriato</h2>
<p style="text-align: justify;">La narración de los hechos más completa (de hecho, la única) se halla en el libro que dedica Apiano a las guerras en Iberia (60-75), un pasaje que puede servir como base de nuestro relato. La narración podría empezar así: en el año 150 a. C. Viriato consiguió escapar con unos cuantos lusitanos, todos desarmados, de una <strong>matanza</strong> a manos de las tropas de Servio Galba.[1] En el año 147 esa partida se unió a otros grupos hasta formar un contingente de diez mil hombres que invadió Turdetania.[2] Allí se encontraron con las tropas romanas encabezadas por Vetilio[3] y en ese apuro eligieron jefe a Viriato.[4] Éste logró huir de Vetilio con una estratagema que veremos más adelante.[5] Después, en los alrededores de Tríbola,[6] Viriato venció a Vetilio, que perdió la vida a manos de un lusitano, que lo había capturado y no se percató de su identidad. Murieron cuatro mil romanos de diez mil.[7]</p>
<p style="text-align: justify;">     Continuaron los <strong>éxitos</strong> de Viriato; en el año 146 Viriato devastó Carpetania;[8] usando la táctica de la falsa huida, aniquiló a una tropa de 4.000 hombres enviados tras él por C. Plautio.[9] Viriato, acampado en el monte de Afrodita,[10] venció a C. Plautio, que en pleno verano se retiró a los cuarteles de invierno.[11] Al año siguiente fue enviado Fabio Máximo Emiliano, que, con un contingente de quince mil infantes sin entrenar y dos mil jinetes, evitó el combate hasta tener a sus hombres preparados. Viriato venció a algunos leñadores.[12] Ese mismo año Lelio derrotó a Viriato, según dice Cicerón:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pues nadie puede alcanzar al Africano en gloria militar, la misma en la que, según sabemos, Lelio fue notable por la guerra contra Viriato.[13]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: center;">     Ya se ha dicho que en el año 144 tuvieron lugar las bodas de Viriato; además Viriato, vencido por Fabio Emiliano, se refugió en Bécor e invernó en Córdoba; Fabio Emiliano fue sucedido por Quinto Pompeyo Aulo.[14]<img class="size-full wp-image-4864  aligncenter" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-6-falcata.jpeg" alt="" width="686" height="105" /></p>
<p style="text-align: justify;">     Durante los dos años siguientes Viriato pareció recuperarse, pues en el 143 hizo sublevarse a varios pueblos nativos (arevacos, titos y belos) incitando a <strong>Numancia</strong> a la insurrección y, tras una primera derrota, venció a Claudio Unimano, que estuvo a punto de perder la vida.[15] En el año 142 Fabio Máximo Serviliano sucedió a Quintio, trayendo consigo dos nuevas legiones, y con la contribución de los aliados y los númidas del norte de África llegó a reunir un ejército de unos 18.000 infantes, casi 2.000 jinetes y diez elefantes; camino de Ituca, consiguió repeler un ataque de Viriato.[16] Después Viriato venció a Serviliano obligando a sus tropas a encerrarse en su campamento donde los estuvo hostigando.[17]</p>
<p style="text-align: justify;">     En el año 141 Serviliano tomó diversas poblaciones enemigas y se deshizo de bastantes salteadores;[18] hizo además cortar las manos a un buen número de desertores.[19] Ese año se produjo también una victoria de Serviliano,[20] tal vez cuando liberó la población de Buccia.[21] Al año siguiente Viriato consiguió una victoria cerca de Erisane, donde rodeó a las tropas de Serviliano, quien se vio obligado a aceptar la paz.[22] Pero esta <strong>paz</strong> duró poco, pues ante la insistencia de Cepión, el sucesor de Serviliano, el Senado permitió reiniciar la guerra contra Viriato.[23] Sabemos, no obstante, que se desarrollaron unas negociaciones entre Viriato y Popilio, en que éste presentó su oferta de manera muy prudente:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El cónsul Popilio, al pedirle Viriato una entrevista, decidió presentarle por partes los acuerdos, no fuera que rechazase sus propuestas en conjunto y se enfureciese librando una guerra sin cuartel.[24]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Dión Casio refiere el contexto de estas <strong>negociaciones</strong> de paz:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Que Popilio aterrorizó a Viriato hasta tal punto que inmediatamente le envió una delegación para establecer unos acuerdos incluso antes de probar suerte en combate; reclamó a los jefes de los sublevados contra los romanos y mató a unos, entre los cuales fue ejecutado su cuñado, aunque poseía su propio contingente, y entregó a los otros, cuyas manos hizo cortar el cónsul. Y hubieran acabado por completo las hostilidades, si no les hubiesen sido reclamadas también las armas; porque ni él ni el resto del pueblo pudieron acatar este mandato.[25]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Con todo, debieron de seguir las <strong>hostilidades</strong>, pues Viriato, hallándose en Carpetania, fue obligado a huir por Serviliano, que se hacía impopular entre sus tropas por su severidad.[26]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h2 style="text-align: justify;"> </h2>
<h2 style="text-align: justify;">La astucia de Viriato</h2>
<p style="text-align: justify;"> Frontino, entre los variados ejemplos de ardides militares que recopila en los <em>Strategemata</em>, relata varias astucias de Viriato. Encontramos un par que usó contra los romanos. La primera astucia, un paradigma de <strong>insidia</strong>, consiste en llevar a los enemigos a un paraje desconocido y lleno de dificultades:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, que pasó de ladrón a jefe de los celtíberos, fingiendo retirarse ante los jinetes romanos, los llevó hasta un lugar lleno de socavones y elevado, y, habiendo escapado a través de pasos seguros y conocidos sólo por él, hizo perecer a los romanos desprevenidos y hundidos en el barro.[27]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Nótese que en el texto anterior se llama a Viriato jefe de los celtíberos. En otra ocasión, según cuenta Frontino, la estratagema se basa en <strong>dispersar</strong> las tropas para escapar:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, jefe de los lusitanos, logró escapar de nuestras tropas y de la dificultad de aquellos lugares de la misma forma que Sertorio: dispersó el ejército, luego lo reunió.[28]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Apiano[29] da muchos más detalles, pues, mientras el grueso de las tropas se dispersaba para reunirse en Tríbola, Viriato a la cabeza de un grupo de jinetes provocó durante un día entero la persecución de los hombres de Vetilio. Fue una de sus primeras acciones militares, pues ha sido datada en el 147 a. C., y con ella se ganó fama y aliados entre los lusitanos.</p>
<p style="text-align: justify;">     Frontino también recuerda dos estratagemas empleadas por Viriato contra los segobrigenses.[30] Una de ellas se encuentra entre los ardides que sirven para hacer salir de su ciudad a los asediados:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, dispuestas tropas en emboscada, envió a unos pocos hombres a que alejasen los rebaños de los segobrigenses: como aquellos acudieron a toda prisa a recuperar su ganado y persiguieron a los ladrones que fingían la fuga, fueron conducidos a la trampa y asesinados.[31]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">De acuerdo con Frontino, Viriato consigue hacer salir a los sitiados con un<strong> falso robo</strong>. Pero los males de los segobrigenses no acaban aquí, pues vuelven a ser víctimas de la astucia del lusitano:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, habiendo llevado a cabo su marcha en tres días, tras recorrer el mismo camino en un solo día, aplastó a los segobrigenses, que se creían seguros y estaban ocupados en un sacrificio.[32]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Esta estratagema se basa en un <strong>falso abandono</strong>, dado que se parece, hasta cierto punto, al que sirvió para tomar la mítica Troya. Finalmente, traemos aquí un pasaje de Frontino, que no refiere una estratagema, sino que ilustra la fidelidad de los segovianos[33] a su alianza con Roma:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Los segovianos, aunque Viriato les restituía a sus hijos y mujeres, prefirieron presenciar el sacrificio de sus seres queridos antes que abandonar a los romanos.[34]</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-9-numancia.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-large wp-image-4863" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-9-numancia-1024x686.jpg" alt="" width="574" height="384" /></a> </p>
</blockquote>
<h2 style="text-align: justify;"> </h2>
<h2 style="text-align: justify;">La muerte de Viriato</h2>
<p style="text-align: justify;"> Acabaremos este artículo dedicando unas palabras al asesinato de Viriato. Los <strong>hechos</strong> son bastante conocidos y no existe sombra de misterio sobre las circunstancias principales, aunque sí sobre algunos mínimos detalles. Las <em>Periochae</em> de Tito Livio nos proporcionan el esquema y sirven además para datar su muerte en el año 139 a. C.:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato fue asesinado por obra de unos traidores por instigación de Servilio Cepión; muy llorado por su ejército y sepultado noblemente, fue un gran hombre y un gran jefe y durante los catorce años en que combatió a los romanos fue a menudo superior.[35]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Mediante la lectura del epítome de Oxirrinco podemos añadir algún dato más:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Audax, Minuro y Ditalcón, corrompidos por Cepión, degollaron a Viriato.[36]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Tenemos, pues, los nombres de los asesinos, el móvil, el instigador y el <em><strong>modus operandi</strong></em>. Y en el resumen del año siguiente sabemos algo más del destino de los autores:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Durante el consulado de P. Escipión y D. Junio, los asesinos de Viriato fueron expulsados de la ciudad y la recompensa les fue negada.[37]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Floro, cuyo texto hemos traducido anteriormente, no añade gran cosa ni tampoco Veleyo Patérculo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Después siguió la triste y vergonzosa guerra en Hispania contra Viriato, jefe de salteadores: fue llevada a cabo con variadas alternativas, aunque a menudo la suerte fue adversa a los romanos. Pero muerto Viriato más por el engaño que por la valentía de Servilio Cepión, estalló con mayor gravedad aún la guerra de Numancia.[38]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     A su vez, el testimonio de Valerio Máximo no aporta sino un análisis moral de los hechos, distinguiendo en ellos dos manifestaciones de <strong>perfidia</strong>:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">También la muerte de Viriato recibió una doble acusación de perfidia: contra sus amigos, porque fue asesinado por sus manos; contra el cónsul Q. Servilio Cepión, dado que, al prometerles impunidad, fue él el autor del crimen y no mereció la victoria, sino que la compró.[39]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Diodoro de Sicilia, aunque discrepa en la identidad de uno de los <strong>autores</strong> (Nicoronte en lugar de Minuro) y altera los nombres de los otros dos (Audas y Ditalces en vez de Audax y Ditalcón), aporta una información muy importante acerca de su prodedencia (la población de Orsón)[40] y de la existencia de vínculos de amistad entre ellos. Refiere asimismo otras circunstancias de interés como el hecho de que actuaron al amparo de la noche y que el escenario del crimen fue la tienda de Viriato:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Audas, Ditalces y Nicorontes de la ciudad de Orsón, allegados y amigos entre ellos, se percataron de que la supremacía de Viriato se agotaba por obra de los romanos y temieron por sus vidas, de modo que decidieron ofrecer a los romanos algún favor, que les procurase la seguridad&#8230; En efecto, cuando observaron que Viriato deseaba poner fin a la guerra, se ofrecieron para persuadir a Cepión de negociar sobre la paz, si Viriato los dejaba ir como embajadores para el cese de hostilidades. Como el dinasta consintió de buen grado, ellos se presentaron en breve plazo ante Cepión y, en el momento en que se ofrecieron a matar alevosamente a Viriato, lo persuadieron fácilmente de que les diera la impunidad. Pues bien, después de haber dado y recibido toda clase de garantías sobre el asunto, regresaron con rapidez al campamento; y como dijeron que habían persuadido a los romanos sobre la paz, consiguieron que Viriato albergase buenas esperanzas, esforzándose en alejar todo lo posible su pensamiento del verdadero motivo. Y como Viriato confió en ellos por su amistad, se introdujeron sin ser vistos en su tienda durante la noche y con sus espadas ocasionaron a Viriato las heridas oportunas; después saltaron fuera del campamento, siguieron una senda de la montaña y buscaron la salvación junto a Cepión.[41]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Diodoro analiza el comportamiento de los asesinos y le atribuye un móvil psicológico: actuaron así por temor por sus propias vidas y ese <strong>temor</strong> les llevó también a insistir ante Cepión en su propia seguridad.</p>
<p style="text-align: justify;">     Por su parte, Apiano prefiere usar los nombres de los asesinos tal y como los cita Tito Livio. En su versión Apiano insiste en que los asesinos fueron <strong>corrompidos</strong> por Cepión, es decir que su intención inicial no era asesinar a Viriato, sino negociar la paz por orden de Viriato:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato envió, para lograr un acercamiento, ante Cepión a sus más leales amigos, Audax, Ditalcón y Minuro, quienes, corrompidos por Cepión con grandes presentes y muchos ofrecimientos, le prometieron matar a Viriato. Y lo mataron así: Viriato era de poco dormir por preocupaciones y esfuerzos, y las más de las veces descansaba armado, a fin de estar preparado al momento para cualquier eventualidad, si lo despertaban. Por ello, estaba permitido a sus amigos visitarlo de noche. Aprovechándose de esa costumbre también en aquella ocasión, los hombres de Audax, que estaban de guardia, se introdujeron en la tienda de Viriato, que se acababa de dormir, con la excusa de una urgencia, y estando armado, lo hirieron en el cuello. Pues no había otra alternativa. Como nadie se diese cuenta por la precisión de la herida, huyeron junto a Cepión y reclamaron sus recompensas. Éste, en primera instancia, les concedió conservar libremente los bienes que ya poseían, pero los remitió a Roma para tratar de sus peticiones. Por su parte, los sirvientes de Viriato y el resto del ejército, cuando se hubo hecho de día, creyeron que descansaba y se maravillaban de un hecho tan insólito, hasta que algunos se percataron de que yacía muerto con las armas puestas. Y al instante se extendieron por todo el campamento el lamento y el sufrimiento, ya que se dolían por él, temían por sus vidas y pensaban en qué peligros se encontraban y de qué general se veían privados. Y por encima de todo, el hecho de no haber encontrado a los autores, les apesadumbraba.[42]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Apiano, que da el detalle de que Viriato dormía armado (hecho muy acorde con su actitud vigilante e insomne, que hemos visto en el texto de Diodoro y otro del mismo autor, que veremos más adelante), retoma la mención del hecho de que los criminales, ya sin los regalos que les había dado Cepión, fueron <strong>enviados a Roma</strong>, como hemos visto en el <em>Epítome de Oxirrinco</em> (LV).</p>
<p style="text-align: justify;">     Por tanto, en Tito Livio y Apiano se encontraba ya <em>in nuce</em> la famosa frase “Roma no paga a traidores”. En el <em>Breviario</em> de Eutropio se desarrolla un poco más el concepto:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por aquel tiempo, Metelo llevó a cabo en Celtiberia notables hazañas entre los hispanos. Sucedió a éste Q. Pompeyo. Y no mucho después también fue enviado Quinto Cepión a esta misma guerra, que llevaba a cabo un tal Viriato en Lusitania contra los romanos. Por temor a éstos, Viriato fue asesinado por los suyos, habiendo agitado a las Hispanias contra los romanos durante catorce años. Fue primero pastor, pronto cabecilla de ladrones, y por último incitó a la guerra a tantos pueblos que fue considerado libertador de Hispania contra los romanos. Y habiendo pedido sus asesinos la recompensa al cónsul Cepión, les fue respondido que a los romanos nunca les gustó que los generales fueran muertos por sus soldados.[43]<img class="size-full wp-image-4861 alignright" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/Viriato-3-zamora.jpg" alt="" width="321" height="697" /></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El texto explica también el asesinato como consecuencia del temor que sentían los suyos frente a los romanos. Por otra parte, Eutropio subraya el hecho de que Cepión negase a los asesinos la recompensa prometida, so pretexto de que se trataba de un <strong>acto desagradable</strong> para Roma.</p>
<p style="text-align: justify;">     El pasaje del pseudo Aurelio Víctor traducido en la primera parte de este artículo da dos detalles que podríamos considerar aberrantes, puesto que dice que los asesinos fueron dos, cuando, por las otras fuentes, sabemos que fueron tres; y por otra parte, el pseudo Aurelio Víctor menciona que Viriato estaba inconsciente a causa del vino, hecho que parece incoherente con las descripciones que lo retratan como persona sobria y jefe responsable.</p>
<p style="text-align: justify;">     Finalmente, Orosio hace alusión al asesinato, subrayando sobre todo que la <strong>indignidad</strong> de los asesinos no los hacía merecedores de premio alguno:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, sin embargo, habiendo derrotado durante catorce años a los jefes y al ejército romanos, fue asesinado por los engaños de los suyos, actuando de forma justificada los romanos respecto a él sólo en un aspecto: en que consideraron a sus asesinos indignos de recompensa.[44]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Así pues, parece que la célebre frase “Roma no paga a traidores” es la quintaesencia de las palabras de Apiano, Eutropio y Orosio. Otro autor tardío, Juan de Antioquía resume así la biografía de Viriato:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">En Iberia Viriato era un hombre de linaje oscuro y de un género de vida frugal, nada más que un pastor al principio. Éste posteriormente encabezó una tropa de bandidos; finalmente, alcanzó tan gran poder y convenció a tantos pueblos de aliarse a su empresa, que fue considerado digno de combatir a los romanos y capaz de devolver a los iberos a su antigua constitución patria. En efecto, en primer lugar, fue enviado como general a esta guerra Quinto Cecilio Metelo, quien había combatido, de una manera insuperable y digna del poder de Roma, contra la sublevación de los celtíberos. Pero, como la guerra se alargaba contra las previsiones, a su vez acudió por mar Quinto Pompeyo, junto con el cual fue enviado a la misma guerra Quinto Cepión. Los bárbaros, sobre todo por temor a éstos, asesinaron a Viriato, que había luchado durante catorce años contra los romanos. De este modo, contaban que iban a ganarse al jefe del ejército romano que mostraría benevolencia y respeto para con ellos. Ciertamente, entre los asesinos de Viriato unos se presentaron y reclamaban obtener del cónsul una recompensa por lo que habían hecho con aquel hombre. A éstos les responde Cepión que no era en absoluto legítimo para los romanos aprobar las conspiraciones llevadas a cabo contra los generales por sus subordinados.[45]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Anotemos, para acabar este apartado, que Táutamo o Tántalo, el <strong>sucesor</strong> de Viriato, fue vencido por Cepión en el año 138 a. C. y se rindió a los romanos en unas condiciones no especialmente desventajosas, pues les fueron concedidas tierras a él y a sus hombres.[46]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h2 style="text-align: justify;">Conclusión: la virtud de Viriato</h2>
<p style="text-align: justify;"> Hemos visto que los autores antiguos[47] se expresan de manera muy favorable sobre Viriato. Un aspecto en que coinciden muchos es su <strong>comportamiento equitativo</strong> a la hora de distribuir los bienes conseguidos, como podemos leer en este pasaje de Diodoro de Sicilia:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, jefe de salteadores lusitano, era justo en el reparto de los botines, puesto que honraba con premios selectos a los valerosos conforme a sus méritos y además francamente no se apropiaba de ningún bien común. Por ello, ocurría que los lusitanos se exponían a los peligros con la mayor entrega, honrándolo como a su benefactor y salvador común.[48]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     El hecho de que Diodoro atribuya a Viriato los títulos de <strong>benefactor</strong> (εὐεργέτης) y <strong>salvador</strong> (σωτῆρ) eleva al lusitano a la altura de dioses y personajes mitológicos e históricos, dado que en la Antigüedad fueron ostentados por divinidades, héroes de la mitología y monarcas.[49] Así, Atenas concedió el título de “benefactor” a Alejandro I de Macedonia durante las Guerras Médicas y también fue el título que ostentó el rey Ptolomeo III de Egipto o una denominación del dios Dioniso. “Salvadores” fueron también algunos dioses (Zeus, Apolo, Asclepio, las divinidades en general, etc.) y el primer Ptolomeo, entre otros miembros de las dinastías helenísticas, por ejemplo. Diodoro trata de reflejar de este modo que los lusitanos consideraban a Viriato como a un ser excepcional cercano a los dioses y héroes del pasado.</p>
<p style="text-align: justify;">     La actitud de Viriato en el reparto del botín, junto con su menosprecio de las riquezas, debió de resultar chocante, desde el punto de vista de los historiadores, en comparación con la actuación de los mandos romanos, que aprovecharon los cargos para <strong>enriquecerse</strong>, como hicieron Galba, Craso o Julio César, por nombrar sólo a algunos. Pero volvamos a Diodoro:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Honraron el cuerpo de Viriato con una tumba singular y grandiosa, y celebraron junto a la tumba un combate de doscientas parejas de gladiadores, rindiendo tributo a su reconocida hombría. En efecto, según reconocían todos, era el más luchador en los peligros, el más hábil general en disponer lo conveniente y he aquí lo principal: durante todo el tiempo de su mando, fue querido por los soldados como ningún otro. Y es que en los repartos del botín no se adjudicaba nada más que la parte que correspondía a los soldados corrientes, y con lo recibido honraba a los dignos de agradecimiento y sostenía a los soldados sin recursos. Era sobrio, insomne, capaz de sobreponerse a cualquier esfuerzo o peligro, y estaba por encima de cualquier apetito. Y las pruebas de su virtud son evidentes: aun estando once años al mando de los lusitanos, sus fuerzas permanecieron no sólo leales, sino casi invencibles. <a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-5-acrobata-osuna.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-4862" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-5-acrobata-osuna.jpg" alt="" width="311" height="528" /></a>Después de su muerte se deshizo la unión de los lusitanos, privada de su mando.[50]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Naturalmente la tumba de Viriato no ha sido encontrada, aunque cabe preguntarse si realmente fue un monumento funerario de tanta categoría como le atribuye Diodoro, teniendo en cuenta la situación bélica y el declive de los lusitanos. No resulta fácil determinar si los juegos de gladiadores celebrados en esa ocasión responden al auténtico ritual funerario de los lusitanos o al modo romano de ver el mundo.[51] De todos modos, también Apiano hace referencia a ellos entre otras <strong>ceremonias fúnebres</strong>:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Después de vestir a Viriato con sus mejores galas, quemaron su cadáver en una pira altísima y degollaron abundantes víctimas en su honor; con sus armas infantes y jinetes en formación corrían en círculo alrededor de la pira, prorrumpían en alabanzas a la manera de los bárbaros y se quedaron allí hasta apagarse el fuego; acabado el funeral, realizaron una competición de gladiadores junto a la tumba.[52]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Por otra parte, a juicio de Cicerón, el éxito que alcanzaron mediante la aplicación de la <strong>justicia</strong> distributiva salteadores como Bardulis o Viriato explica el papel que desempeña el Derecho en el Estado:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Es más, se dice que incluso entre los ladrones hay leyes a las que obedecen y que observan. Así pues, a causa de su reparto equitativo de los botines el bandido ilirio Bardulis, del cual se trata en la obra de Teopompo, tuvo gran poder y mucho mayor lo tuvo el lusitano Viriato; ante él también cedieron incluso nuestro ejército y nuestros generales. A éste C. Lelio, aquél que era llamado el sabio, ejerciendo el cargo de pretor, derrotó, aplastó y redujo su fiereza, de manera que dejó una guerra fácil a sus sucesores. Por tanto, teniendo en cuenta que el poder de la justicia es tan grande que incluso fortalece y acrecienta la influencia de los salteadores ¿qué poder creemos que tendrá entre leyes y tribunales en un Estado constituido?[53]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     “Rómulo de Hispania”, “dinasta”, “benefactor”, “salvador”, “libertador de Hispania”&#8230; Uno no puede dejar de preguntarse qué hubiera sido de Hispania si Viriato no hubiese sido asesinado. Pero, teniendo en cuenta sus negociaciones con Popilio o el miedo que demostraron sus asesinos, da la impresión de que no estaban muy lejos la <strong>derrota</strong> o la <strong>rendición</strong>. Tal vez Viriato, de haber seguido con vida, hubiera defraudado muchas expectativas. Tal vez la apreciación de los autores que escribieron sobre él fuera bien distinta. Quienes son amados por los dioses mueren jóvenes&#8230; y tal vez por ello los aman también los humanos.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h2 style="text-align: justify;">Notas</h2>
<p style="text-align: justify;">[1] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 60 (el texto se puede leer en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D10" target="_blank">enlace</a>); Valerio Máximo VIII 1, 2 (para el texto, cf. el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Valerius_Maximus/8*.html#1.abs.2" target="_blank">enlace</a>) y IX 6, 2 (se puede encontrar el texto en este <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Valerius_Maximus/9*.html#6.2" target="_blank">enlace</a>); Cicerón, <em>Brut</em>. 89 (el texto se encuentra en el <a href="http://www.thelatinlibrary.com/cicero/brut.shtml#89" target="_blank">enlace</a>); [Tito Livio] <em>Per</em>. IL (el texto latino se hallará en este <a href="http://www.livius.org/li-ln/livy/periochae/periochae048.html#49" target="_blank">enlace</a>); Suetonio, <em>Gal</em>. 3, 2 (el texto se puede leer en el <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text;jsessionid=8002EFD99F5E7BD1BBAAD2D7E6779A37?doc=Suet.+Gal.+3.2&amp;fromdoc=Perseus%3Atext%3A1999.02.0061" target="_blank">enlace</a>); Orosio IV 21, 10 (para el texto véase el <a href="http://www.attalus.org/latin/orosius4.html#21" target="_blank">enlace</a>). Sobre el entonces pretor Servio Sulpicio Galba, cf. L. Schmitz, “Galba 6. Ser. F. Sulpicius, Ser. Galba”, en W. Smith (ed.), II, Boston, 1867, p. 205.<br />
[2] Para Turdetania, cf. K. Abel, “Turdetani”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 5, c. 1005; D. Ruíz Mata, “Turdetanos: origen, territorio y delimitación del tiempo histórico”, <em>REIb</em> 3, 1998, p. 153-221.<br />
[3] Sobre el pretor M. o C. Vetilio, cf. W. Smith, “Vetilius”, en W. Smith (ed.), III, p. 1249.<br />
[4] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 61 (el texto se puede leer en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>); Diodoro de Sicilia XXXIII 1, 1-3 y 21, 1 (para el texto, cf. el <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>); [Tito Livio] <em>Per</em>. LII (se puede consultar el texto latino en el <a href="http://www.livius.org/li-ln/livy/periochae/periochae051.html#52" target="_blank">enlace</a>); Floro I 33, 15 (el texto se puede ver en este <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Florus/Epitome/1I*.html#XXXIII" target="_blank">enlace</a>); Dión Casio XXII 73 (para el texto, cf. el <a href="http://books.google.com/books?printsec=frontcover&amp;id=14sBAAAAYAAJ&amp;hl=es&amp;output=text&amp;pg=PA123" target="_blank">enlace</a>); Justino XLIV 2, 7 (el original se puede encontrar en este <a href="http://www.forumromanum.org/literature/justin/texte44.html#2" target="_blank">enlace</a>).<br />
[5] En el apartado sobre las astucias de Viriato se encontrarán los detalles.<br />
[6] La ubicación de Tríbola en el valle del Guadiaro o en la zona de Beturia no está muy clara, cf. L. A. García Moreno, <em>De Gerión a César: estudios históricos y filológicos de la España indígena y romano-republicana</em>, Alcalá de Henares, 2001, p. 145-146.<br />
[7] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 63 (el texto se encontrará en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>); Diodoro de Sicilia XXXIII 1, 3 (el texto original se puede leer en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>); [Tito Livio] <em>Per</em>. LII (se puede ver el texto latino en este <a href="http://www.livius.org/li-ln/livy/periochae/periochae051.html#52" target="_blank">enlace</a>); [Tito Livio] <em>Ep. Ox</em>. LII (para el texto, cf. este <a href="http://www.attalus.org/latin/livius.html#52" target="_blank">enlace</a>); Orosio V 4, 2 (para el texto, cf. el <a href="http://www.attalus.org/latin/orosius5.html#4" target="_blank">enlace</a>).<br />
[8] Sobre Carpetania, cf. R. Grosse, “Carpetani”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 1, c. 1060; W. Hazlitt, “Carpetani”, <em>The Classical Gazetter</em>, Londres, 1851, p. 94; D. Urbina Martínez, “La Carpetania romana y los carpetanos indígenas: Tribu, etnia, nación o el país de los escarpes”, <em>Gerión</em> 16, 1998, p. 183-208.<br />
[9] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 64 (el texto griego se puede leer en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>). Para el pretor C. Plautio, cf. M. Dreißmann-Merten, “Plautius. 4”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 4, c. 908.<br />
[10] El monte de Afrodita podría ser la sierra de San Vicente, cerca de Talavera, según A. Sancho Royo en su traducción (<em>Apiano, Historia romana</em>, 1, Madrid, 1995).<br />
[11] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 64 (el texto griego se puede leer en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>). Esta victoria también es mencionada en las <em>Periochae</em> de Tito Livio (LII; hemos dado la traducción anteriormente; el texto latino se puede leer en este <a href="http://www.livius.org/li-ln/livy/periochae/periochae051.html#52" target="_blank">enlace</a>) y en Orosio (V 4, 3, véase el texto en el <a href="http://www.attalus.org/latin/orosius5.html#4" target="_blank">enlace</a>).<br />
[12] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 65 (véase el texto en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>); Veleyo Patérculo II 3, 5 (el texto puede encontrarse en el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Velleius_Paterculus/2A*.html#5" target="_blank">enlace</a>). Para el cónsul Quinto Fabio Máximo Emiliano, véase cf. W. Bodham Donne, “Maximus Fabius. 8. Q. Fabius Q. F. Q. N. Maximus Aemilianus”, en W. Smith (ed.), II, p. 994; H. G. Gundel, “Fabius. I. 33. Q. F. Maximus Aemilianus”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 2, c. 492-493.<br />
[13] <em>Brut</em>. 84 (<em>nam ut ex bellica laude aspirare ad Africanum nemo potest, in qua ipsa egregium Viriathi bello reperimus fuisse Laelium</em>). Cf. Cicerón, <em>Off</em>. II 40 (texto sobre el que volveremos más adelante). Acerca de C. Lelio el Sabio, cf. W. Bodham Donne, “Laelius. 2. C. Laelius Sapiens”, en W. Smith (ed.), II, p. 706-707; H. G. Gundel, “Laelius I. 2”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 3, c. 445-446.<br />
[14] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 65 (para el texto, cf. el <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>). Bécor pudiera guardar alguna relación con Baecula (actual Bailén), cf. W. Hazlitt, “Baecor” y “Baecula”, <em>The Classical Gazetter</em>, Londres, 1851, p. 66. Para Quinto Pompeyo Aulo, cf. W. Smith, “Pompeius. 3. Q. Pompeius, A. F.”, en W. Smith (ed.), III, p. 474.<br />
[15] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 66 (el texto se hallará en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>). Por su parte, Floro (I 33, 16; para el texto véase el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Florus/Epitome/1I*.html#XXXIII" target="_blank">enlace</a>) y el Pseudo Aurelio Victor (<em>Vir. Ill.</em> 71, 1; para el texto latino, cf. el <a href="http://www.forumromanum.org/literature/aurelius_victor/illustr.html#71" target="_blank">enlace</a>) también mencionan la derrota, mientras que Orosio (V 4, 3-6; véase el texto en este <a href="http://www.attalus.org/latin/orosius5.html#4" target="_blank">enlace</a>) subraya la magnitud de la misma. Para arevacos, belos y titos, cf. R. Grosse, “Arevaci”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 1, c. 532; R. Grosse, “Belli”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 1, c. 858; W. Hazlitt, “Arevacae”, <em>The Classical Gazetter,</em> Londres, 1851, p. 47; W. Hazlitt, “Belli”, <em>The Classical Gazetter</em>, Londres, 1851, p. 71.<br />
[16] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 67 (el texto griego se hallará en el <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12" target="_blank">enlace</a>). Sobre Quinto Fabio Máximo Serviliano, cf. W. Bodham Donne, “Maximus Fabius. 11. Q. Fabius Q. F. Q. N. Maximus”, en W. Smith (ed.), II, p. 995; H. G. Gundel, “Fabius. I. 39. Q. F. Maximus Servilianus”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 2, c. 493. De Ituca, Tucci o Tica en otros autores, ya hemos hablado anteriormente.<br />
[17] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 67 (para el texto cf. este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12" target="_blank">enlace</a>).<br />
[18] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 68 (se puede leer el texto en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12" target="_blank">enlace</a>).<br />
[19] Cf. Valerio Máximo II 7, 11 (el texto se encuentra en este <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Valerius_Maximus/2*.html#7.11" target="_blank">enlace</a>); Frontino, <em>Strat</em>. IV 1, 42 (el texto se hallará en el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Frontinus/Strategemata/4*.html#1.42" target="_blank">enlace</a>).<br />
[20] <em>Ep. Ox</em>. 53 (el texto se puede encontrar en este <a href="http://www.attalus.org/latin/livius.html#53" target="_blank">enlace</a>). Quizá se refiera a esta victoria Ampelio (<em>Liber memorialis</em> 47, 3; el texto en latín se puede leer en el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Ampelius/Liber_Memorialis*.html#47" target="_blank">enlace</a>): “Hasta el emperador Trajano quiénes fueron vencidos y por qué generales: El pueblo romano venció a los macedonios por obra del cónsul Flaminino; […] a los celtíberos y a Numancia por obra de Escipión Emiliano; a Lusitania y a su jefe Viriato por obra del mismo Escipión”.</p>
<p style="text-align: justify;">[21] Cf. Orosio V 4, 12 (el texto se hallará en el <a href="http://www.attalus.org/latin/orosius5.html#4" target="_blank">enlace</a>). De la ciudad de Buccia no se sabe más.<br />
[22] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 69 (para el texto, cf. el <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12" target="_blank">enlace</a>); Diodoro XXXIII 1, 4 (el original se puede leer en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>); [Tito Livio] <em>Per</em>. LIV (para el texto, cf. el <a href="http://www.livius.org/li-ln/livy/periochae/periochae051.html#54" target="_blank">enlace</a>); [Tito Livio] <em>Ep. Ox</em>. LIV (para el texto, cf. este <a href="http://www.attalus.org/latin/livius.html#54" target="_blank">enlace</a>). No obstante, según Pseudo Aurelio Víctor fue Popilio el que hizo esta paz (para la traducción y texto, cf. más arriba). Cárax de Pérgamo (FgrH 103 Jacoby, 26-27) recuerda este tratado de paz: “Quinto, el general romano en ambas Hispanias, vencido por Viriato, hizo la paz con él” (Κόϊντος ὁ τῶν Ῥωμαίων πολέμαρχος ἐν ἀμφοτέραις ταῖς Ἱσπανίαις, ἡσσώμενος ὑπὸ Οὐριάθου σπονδὰς πρὸς αὐτὸν ἐποιήσατο). De la población de Erisane no se sabe nada; hay quienes la identifican con Arsa, que podría ser la actual Azuaga (Badajoz), cf. W. Hazlitt, “Arsa” y “Erisane”, <em>The Classical Gazetter</em>, Londres, 1851, p. 51 y p. 149 respectivamente.<br />
[23] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 70 (el texto se puede leer en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12" target="_blank">enlace</a>); Diodoro de Sicilia XXXIII 1, 4 (véase el texto en el <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>).<br />
[24] Cf. Diodoro de Sicilia XXXIII 19, 1 (para el texto, véase este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>). Véase también Dión Casio XXII 75 (el texto griego se puede leer en el <a href="http://books.google.com/books?id=14sBAAAAYAAJ&amp;pg=PA128&amp;hl=es&amp;output=text" target="_blank">enlace</a>). Sobre este Popilio, cf. W. Ihne, “Laenas. 6. M. Popillius, M. F. P. N. Laenas”, en W. Smith (ed.), II, p. 708; H. Volkmann, “Popillius. I. 6. M. P. Laenas”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 4, c. 1053.<br />
[25] XXII 75 (el texto griego se encontrará en este <a href="http://books.google.com/books?id=14sBAAAAYAAJ&amp;pg=PA128&amp;hl=es&amp;output=text" target="_blank">enlace</a>). La palabra κηδεστής, que hemos traducido por “cuñado”, puede designar a cualquier pariente político cercano (suegro, yerno, segundo marido de la madre, cuñado como hermano de la propia esposa o como marido de la hermana, etc.); los dos primeros no me han parecido probables por lo que veíamos en la primera parte del artículo acerca de las bodas de Viriato en el año 144 y acerca de su suegro Astolpas.<br />
[26] Cf. Apiano, <em>Hisp</em>. 70 (para el texto, cf. este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12" target="_blank">enlace</a>); Dión Casio XXII 78, 1-3 (el texto se encuentra en este <a href="http://books.google.com/books?id=14sBAAAAYAAJ&amp;pg=PA128&amp;hl=es&amp;output=text" target="_blank">enlace</a>).<br />
[27] <em>Strat</em>. II 5, 7 (para el texto latino véase el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Frontinus/Strategemata/2*.html#5.7" target="_blank">enlace</a>).<br />
[28] <em>Strat</em>. II 13, 4 (puede verse el original en este <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Frontinus/Strategemata/2*.html#13.4" target="_blank">enlace</a>). Sobre Sertorio, cf. M. Deißmann-Merten, “Sertorius”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 5, c. 138-139; G. Long, “Q. Sertorius” en W. Smith (ed.), III, p. 789-792.<br />
[29] <em>Hisp</em>. 62 (el texto se encontrará en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D11" target="_blank">enlace</a>).<br />
[30] Segóbriga fue el nombre de varias poblaciones, la más conocida en el término municipal de Saélices (Cuenca), cf. K. Abel, “Segobriga”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 5, c. 73; W. Hazlitt, “Segobriga”, <em>The Classical Gazetter</em>, Londres, 1851, p. 312.<br />
[31] <em>Strat</em>. III 10, 6 (para el texto véase este <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Frontinus/Strategemata/3*.html#10.6" target="_blank">enlace</a>).<br />
[32] <em>Strat</em>. III 11, 4 (el original latino puede hallarse en el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Frontinus/Strategemata/3*.html#11.4" target="_blank">enlace</a>).<br />
[33] Para Segovia en la Antigüedad, cf. K. Abel, “Segovia”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 5, c. 74.<br />
[34] <em>Strat</em>. IV 5, 22 (se puede consultar en texto en latín en este <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Frontinus/Strategemata/4*.html#5.22" target="_blank">enlace</a>).<br />
[35] <em>Per</em>. LIV (para el texto, cf. el <a href="http://www.livius.org/li-ln/livy/periochae/periochae051.html#54" target="_blank">enlace</a>). Ya hemos hecho referencia a la duración del mando de Viriato en la nota 14 de la primera parte de este artículo.<br />
[36] <em>Ep. Ox</em>. LIV (el texto se puede consultar en este <a href="http://www.attalus.org/latin/livius.html#54" target="_blank">enlace</a>). De los asesinos de Viriato no se sabe gran cosa, como se verá en los textos recopilados en este artículo.<br />
[37] <em>Ep. Ox</em>. LV (para este texto véase el <a href="http://www.attalus.org/latin/livius.html#55" target="_blank">enlace</a>).<br />
[38] II 1, 3 (el texto latino se puede leer en este <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Velleius_Paterculus/2A*.html#3" target="_blank">enlace</a>).<br />
[39] IX 6, 4 (el texto latino se encontrará en el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Valerius_Maximus/9*.html#6.4" target="_blank">enlace</a>).<br />
[40] La población de Orsón es la actual Osuna (Sevilla), cf. W. Hazlitt, “Urso”, <em>The Classical Gazetter</em>, Londres, 1851, p. 362; E. Olshausen, “Urso”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 5, c. 1072.<br />
[41] XXXIII 21, 1 (el texto griego se puede leer en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>).<br />
[42] <em>Hisp</em>. 74 (para el texto, cf. el <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12%3Asection%3D74" target="_blank">enlace</a>).<br />
[43] <em>Brev</em>. IV 16 (se puede consultar el texto en este <a href="http://www.forumromanum.org/literature/eutropius/text4.html#16" target="_blank">enlace</a>).<br />
[44] V 4, 14 (puede leerse en latín en este <a href="http://www.attalus.org/latin/orosius5.html#4" target="_blank">enlace</a>). Orosio (V 23, 15; véase el texto original en el <a href="http://www.attalus.org/latin/orosius5.html#23" target="_blank">enlace</a>) vuelve a mencionar que la recompensa fue denegada a los asesinos.<br />
[45] Fr. 60 Müller (IV, p. 559); damos aquí el texto, que no resulta fácil de encontrar: Ὅτι κατὰ τὴν Ἰβηρίαν Βορίανθος ἦν ἀνὴρ ἀφανὴς τὸ γένος, εὐτελής τε τὴν ἐπιτήδευσιν, οὐδὲν ὅτι μὴ ποιμὴν τὸ κατ&#8217; ἀρχάς· οὗτος μετὰ ταῦτα λῃστρικοῦ τινος ἡγήσατο τάγματος· τελευταῖον τοσαύτην περιεβάλετο δύναμιν, καὶ τοσαῦτα κοινωνῆσαί οἱ τῆς ἐπιχειρήσεως ἀνέπεισε γένη, ὡς ἀξιόμαχος νομισθῆναι Ῥωμαίοις, ἱκανός τε πρὸς τὴν ἀρχαίαν καὶ πάτριον τοὺς Ἴβηρας ἐπαναγαγεῖν πολιτείαν. Πρῶτος γοῦν Κόϊντος Κεκίλιος Μέτελλος ἐπὶ τόνδε τὸν πόλεμον στρατηγὸς ἐκπέμπεται, [ὃς] ἄριστα καὶ τῆς Ῥωμαίων δυνάμεως ἀξίως τοῖς ἀποστᾶσι Κελτιβῆρων προσεπολέμησε. Μηκυνομένου δὲ παρ&#8217; ἐλπίδα τοῦ πολέμου, Kόϊντος Πομπήϊος αὖθις στρατηγὸς ἐξέπλει, μεθ&#8217; ὃν Κόϊντος Καιπίων ἐπὶ τὸν αὐτὸν ἐξεπέμφθη πόλεμον. Ὧν μάλιστα πάντων ἕνεκα δείσαντες οἱ βάρβαροι, κτείνουσι τὸν Βορίανθον, τέσσαρα καὶ δέκα Ῥωμαίοις ἔτη ἐναντίων πολεμήσαντα· ταύτῃ προσάγεσθαι τὸν ἡγούμενον τῆς Ῥωμαϊκῆς στρατιᾶς εἰς εὔνοιαν αὐτῶν καὶ φειδὼ λογισάμενοι. Καὶ δὴ ἀφικόμενοι τῶν αὐθεντῶν τοῦ Βοριάνθου τινὲς ἆθλα τῶν περὶ τὸν ἄνδρα πεπραγμένων ἠξίουν παρὰ τοῦ ὑπάτου κομίζεσθαι. Οἷς ὁ Καιπίων ἀποκρίνεται, μηδαμῶς εἶναι Ῥωμαίοις ἔννομον ἐπαινείσθαι τὰς κατὰ τῶν στρατηγῶν τοῖς ἀρχομένοις ἐπιχειρουμένας ἐπιβουλάς. Cf. <em>Suda</em>, s. v. Βοριάνθος (β 396, Adler) [el texto del léxico <em>Suda</em> se hallará en el <a href="http://www.stoa.org/sol-bin/search.pl?db=REAL&amp;field=adlerhw_gr&amp;searchstr=beta,396" target="_blank">enlace</a>].<br />
[46] Diodoro XXXIII 1, 4 (el texto puede hallarse en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>); Apiano, <em>Hisp</em>. 75 (se puede consultar el original griego en el <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12%3Asection%3D75" target="_blank">enlace</a>). Del sucesor de Viriato no se sabe nada más, cf. W. Smith, “Tantalus”, en W. Smith (ed.), III, p. 975.<br />
[47] Además de los textos que traducimos en esta conclusión, véanse los pasajes, citados anteriormente, de Floro (I 33, 15), Justino (XLIV 2, 7-8) o Dión Casio (XXII 73).<br />
[48] XXXIII 1, 5 (puede leerse en griego en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>).</p>
<p style="text-align: justify;">[49] Sobre estos apelativos, cf. H. Volkmann, “Euergetes”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 2, c. 412; H. Volkmann, “Soter”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 5, c. 289.<br />
[50] XXXIII 21 (el texto original puede verse en el <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">enlace</a>).</p>
<p style="text-align: justify;">[51] Sobre el origen de los combates de gladiadores como parte del ritual funerario, cf. R. Auget, <em>Crueldad y civilización. Los juegos romanos</em>, Barcelona, 1985, p. 8-11; A. Futrell, <em>Blood in the Arena: The Spectacle of Roman Power,</em> Austin, 1997, p. 18-24; G. Lafaye, “Gladiator”, en Ch. Daremberg &#8211; E. Saglio (eds.), 2-2, p. 1563-1565; W. Smith &#8211; A. S. Wilkins, “Gladiatores”, en W. Smith et al. (eds.), 1, p. 916.<br />
[52] Cf. <em>Hisp</em>. 75 (el texto se puede consultar en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0229%3Atext%3DHisp.%3Achapter%3D12%3Asection%3D75" target="_blank">enlace</a>). Sigue una exposición de las buenas cualidades de Viriato: “Tan gran añoranza dejó Viriato, el más capaz en el mando, aunque nacido entre bárbaros, el mayor amante del peligro en cualquier circunstancia y ante cualquier enemigo, y el más equitativo en el reparto del botín. Pues se había comprometido a no tomar nunca la parte mayor, aunque siempre lo invitaban a ello. Pero lo que recibía, lo daba a los más destacados. Por eso, aunque las circunstancias eran dificílisimas y para ningún general se hubieran desarrollado cómodamente, durante los ocho años de esta guerra su ejército heterogéneo se mantuvo unido, siempre sumiso y el más dispuesto ante los peligros”.<br />
[53] <em>Off</em>. II 11 (para el texto latino véase el <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A2007.01.0047%3Abook%3D2%3Asection%3D40" target="_blank">enlace</a>). Sobre Bardulis, cf. H. G. Gundel, “Bardylis. 1.”, en K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), 1, c. 825; E. Elder, “Bardylis or Bardyllis” en W. Smith (ed.), I, p. 463.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>NOTA BENE</strong>: Todos los enlaces fueron comprobados el 9 de enero de 2011.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h2 style="text-align: justify;">Bibliografía</h2>
<ul>
<li>
<div style="text-align: justify;">A. Coelho F. Silva, “O nome de Viriato”, <em>Portugalia</em> n. s. 24, 2003, p. 45-52.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Ch. Daremberg &#8211; E. Saglio (eds.), <em>Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines</em>, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Th. Grünewald, <em>Bandits in the Roman Empire: myth and reality</em>, Londres-New York, 2004.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">R. López Melero, “Viriatus Hispaniae Romulus”, <em>Espacio, Tiempo y Forma</em>, Serie II, H. Antigua, t. I, 1988, p. 247-262.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">J. A. Monge, “Viriato”, <em>Historia. National Geographic</em> 84, 2010, p. 62-73.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">M. Pastor Muñoz, <em>Viriato</em>, Madrid, 2004.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">L. Pérez Vilatela, <em>Lusitania: historia y etnología</em>, Madrid, 2000.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">E. Sánchez Moreno, “Algunas notas sobre la guerra como estrategia de interacción social en la Hispania prerromana: Viriato, jefe redistributivo (I)”, <em>Habis</em> 32, 2001, p. 149-169.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">&#8212;&#8212;, “Algunas notas sobre la guerra como estrategia de interacción social en la Hispania prerromana: Viriato, jefe redistributivo (II)”, <em>Habis</em> 33, 2002, p. 141-174.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">W. Smith (ed.), <em>Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology</em>, Boston, 1867.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">W. Smith et al. (eds.), <em>A Dictionary of Greek and Roman Antiquities</em>, Londres, 1890 (3ª edición).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">K. Ziegler &#8211; W. Sontheimer (eds.), <em>Der kleine Pauly</em>, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).</div>
</li>
</ul>
<h2 style="text-align: justify;"> </h2>
<h2 style="text-align: justify;">Ilustraciones </h2>
<ol>
<li>
<div style="text-align: justify;">Falcata ibera (Museo Arqueológico Nacional), hallada en Almedinilla, Córdoba (IV-III a. C.).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Numancia, vista de las excavaciones.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Estatua de Viriato en Zamora.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Altorrelieve que representa un acróbata (Museo Arqueológico Nacional), hallado en Osuna, Sevilla (II-I a. C).</div>
</li>
</ol>
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		<title>“Hispania”: la verdad sobre Viriato (i)</title>
		<link>http://www.sarasuati.com/hispania-la-verdad-sobre-viriato-i/</link>
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		<pubDate>Sun, 30 Jan 2011 23:55:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
		<category><![CDATA[Hispania]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Lusitania]]></category>
		<category><![CDATA[lusitano]]></category>
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		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Viriato]]></category>

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		<description><![CDATA[El interés que ha despertado la serie televisiva "Hispania" nos lleva a preguntarnos por la figura histórica de Viriato: ¿Quién fue en realidad? ¿Cuál era su manera de ser? ¿Cómo y por qué luchó contra Roma? ¿Fueron traidores sus asesinos?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-1-jose-madrazo-muerte-de-viriato-1814.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a>A Claudia Pozo,<br />
καί ποτε φήσεις | εὖ συμβουλεύειν τοῖσι φίλοισιν ἐμέ. (Teognis)</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">El éxito que ha cosechado la serie televisiva <em>Hispania</em> nos lleva a preguntarnos qué se sabe en realidad de Viriato, no tanto para valorar el contenido y el trabajo de los guionistas, sino sobre todo para hacernos cargo de la trascendencia de este personaje histórico. Las obras de los historiadores de la Antigüedad nos informan de bastantes hechos relacionados con él y además valoran (y muy positivamente, por cierto) su figura. Empecemos dedicando unas breves palabras a la situación en el siglo II a. C.</p>
<h2 style="text-align: justify;"> </h2>
<h2 style="text-align: justify;">Hispania en el siglo II a. C.</h2>
<p style="text-align: justify;">A consecuencia de la derrota de Cartago en la segunda guerra púnica (218-210 a. C.), Hispania quedó a merced de Roma. El territorio sometido fue organizado en dos provincias: Hispania Citerior (las tierras más cercanas a las costas al norte del Ebro) e Hispania Ulterior (<em>grosso modo</em>, la actual Andalucía y las costas levantinas), provincias que, casi desde el momento de su creación, fueron escenario de revueltas contra Roma. A lo largo del siglo II a. C.[1] se desarrolló la expansión romana por la mayor parte de la península. Después de la pacificación de los celtíberos (179 a. C.), se extendió un período de calma, durante el cual Roma fundó nuevas ciudades, muchos montañeses bajaron a las llanuras, llegaron numerosos colonos de la península itálica y se pusieron en funcionamiento explotaciones mineras.</p>
<p style="text-align: justify;">     Entre los años 154 y 133 siguió, no obstante, un período de duras guerras contra los lusitanos,[2] encabezados por Viriato, y contra los celtíberos, período bélico que, por la incapacidad de los mandos romanos, se alargó más de lo que cabía esperar. En el año 134 el Senado nombró cónsul a Escipión Emiliano y la guerra acabó con la caída de Numancia. Por esas fechas los romanos llevaron a cabo una expedición en el noroeste y durante la década siguiente colonizaron las islas Baleares. En el siglo I (29–19 a. C.) fueron sometidos astures y cántabros.</p>
<p style="text-align: center;"><img title="viriato-1-jose-madrazo-muerte-de-viriato-1814" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/01/viriato-1-jose-madrazo-muerte-de-viriato-1814.jpg" alt="" width="640" height="404" /></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<h2 style="text-align: justify;">Las fuentes</h2>
<p style="text-align: justify;">Como hemos dicho ya, las fuentes que informan acerca de Viriato son únicamente las obras de algunos autores antiguos, principalmente historiadores. De varios ya nos hemos ocupado en el artículo sobre Espártaco que publicó esta misma revista:[3]</p>
<ul>
<li>
<div style="text-align: justify;">La parte de la obra de <strong>Tito Livio</strong> en que se hablaba de Viriato no se ha conservado y sólo conocemos unos detalles escasos, aunque valiosos, a través de las <em>Periochae</em> y de los <em>Periocharum fragmenta Oxyrhynchi reperta</em>, unos resúmenes muy simplificados.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">En su epítome de la obra de Tito Livio <strong>Floro</strong> consagra poco más de media docena de líneas al lusitano.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;"><strong>Veleyo Patérculo</strong> en las <em>Historiae romanae</em> menciona brevísimamente la guerra contra Viriato.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">En los <em>Strategemata</em> <strong>Sexto Julio Frontino</strong> explica de manera concisa varias astucias a las que recurrió Viriato.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">El texto que conservamos de <strong>Apiano</strong>, el más completo sobre las campañas de Viriato, no supera las diez páginas.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">El <em>Breviarium</em> de <strong>Eutropio</strong> dedica al lusitano media docena de líneas.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Las <em>Historiae aduersus paganos</em> de <strong>Orosio</strong> recuerdan brevemente a Viriato.</div>
</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Hay otros autores antiguos que también se ocupan de Viriato:</p>
<ul>
<li>
<div style="text-align: justify;">Los testimonios más antiguos de todos los conservados sobre el lusitano pertenecen a <strong>Cicerón</strong> (I a. C.), quien lo menciona escuetamente en dos ocasiones con relación a un hecho no mencionado por ninguna otra fuente.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">La perdida obra historiográfica en latín de <strong>Pompeyo Trogo</strong> (autor que quizá vivió en torno al nacimiento de Cristo) fue objeto, probablemente en el siglo III, de un extracto, al parecer bastante fiel, de un tal <strong>Justino</strong>. Este resumen dedica menos de diez líneas al hispano.[4]</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">En la primera mitad del siglo I d. C., <strong>Valerio Máximo</strong> reúne los <em>Facta et dicta memorabilia</em>, obra en que consagra un par de líneas a la traición que sufrió Viriato.[5]</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">También vivió en el siglo I el historiador <strong>Diodoro de Sicilia</strong>, que, en su obra llamada <em>Biblioteca</em>, compuesta en griego, escribió acerca de Viriato en el libro XXXIII, conservado fragmentariamente.[6]</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Un tal <strong>Lucio Ampelio</strong> dedicó a Viriato una breve mención en el <em>Liber Memorialis</em>,[7] escrito probablemente en el siglo III d. C.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">El historiador griego del siglo III d. C. <strong>Dión Casio</strong> escribió en su <em>Historia romana</em> acerca de Viriato unos pasajes conservados fragmentariamente.[8]</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">A la obra de <strong>Aurelio Víctor</strong>, autor del IV d. C. se adjuntó un tratado <em>De viris illustribus urbis Romae</em> de autor desconocido, que recuerda a Viriato en cinco líneas.[9]</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Al siglo V pertenece <strong>Juan de Antioquía</strong>, autor de diversas obras, en uno de cuyos fragmentos se encuentran unas líneas sobre Viriato.[10]</div>
</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Existen asimismo otras alusiones menores,[11] pero la información más interesante procede de los autores que acabamos de mencionar.</p>
<h2 style="text-align: justify;"> </h2>
<h2 style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-4821" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/12/viriato-7-estela.jpg" alt="" width="400" height="533" />La personalidad de Viriato</h2>
<p style="text-align: justify;">Buena parte de los autores antiguos que mencionan a Viriato[12] esquematizan su <strong>curso vital</strong> casi con las mismas palabras que las contenidas en un resumen de Tito Livio:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">En Hispania, Viriato, que antes había pasado de pastor a cazador y de cazador a salteador, y pronto también se convirtió en jefe de un verdadero ejército, se adueñó de Lusitania entera, capturó al pretor M. Vetilio, dispersado su ejército; después de éste, el pretor C. Plautio se encargó del asunto con no mejor suerte; y este enemigo provocó tal estado de terror que fue necesario llamar contra él a un cónsul con su ejército.[13]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Mucho más dice Floro en su epítome de Tito Livio:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por lo demás, Viriato levantó a los lusitanos; era un hombre de una agudeza extrema, que se convirtió de cazador en salteador, de salteador pasó en seguida a jefe y a general y, si la fortuna lo hubiese consentido, habría sido el Rómulo de Hispania; no se contentó con defender la libertad de los suyos, arrasó todo territorio a ambas orillas del Ebro y del Tajo con fuego y hierro durante catorce años, atacó también campamentos de pretores y acuartelamientos, casi dio muerte a Claudio Unimano en la matanza de sus tropas, y con las trábeas y los fasces que había cogido a los nuestros, levantó notables trofeos en sus montañas. No obstante, el cónsul Fabio Máximo lo atacó; pero la victoria fue mancillada por su sucesor Popilio: éste, que se encontraba sin duda ansioso de poner término al asunto y que atacó a un jefe vencido, que consideraba los términos de la rendición, valiéndose de engaño, insidias y agresores entre sus allegados, le dio esta gloria a su enemigo, supuesto que no podía derrotarlo de otro modo.[14]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">La carrera de Viriato (pastor – cazador – salteador – jefe – general) recuerda en cierta manera la vida de Espártaco: estipendiario, soldado, desertor, ladrón, gladiador, jefe. Pero tengamos en cuenta que, mientras el curso vital de Espártaco es descendente, Viriato asciende en la escala de la valoración de un romano. ¿La diferencia? Radica en el hecho de que Espártaco es un esclavo que lucha contra sus dueños en tierra de Roma; Viriato es, en cambio, un hombre libre que combate en su propia tierra a los invasores y muere a causa de una traición. Y a decir de Floro, hubiera llegado a ser el <strong>Rómulo de Hispania</strong>, es decir el fundador de una entidad política que con el tiempo hubiera podido llegar a ser un imperio.</p>
<p style="text-align: justify;">     Se pueden albergar ciertas dudas acerca de las implicaciones de su primera ocupación como pastor, pues, si bien, por una parte, puede servir para atribuir imaginar a Viriato un <strong>origen humilde</strong>, por otra parte es posible recordar a ciertos personajes de la mitología, como Paris, hijo del rey de Troya, que en sus inicios fue pastor o que, como Rómulo y Remo, vivieron rústicamente. Por otro lado, con el apelativo <em>latro</em> parece que debemos considerarlo un <strong>bandido</strong> integrante de una partida que realizaba razias, práctica bastante extendida en la región, dada su pobreza.[15]</p>
<p style="text-align: justify;">     Por su parte, en el <em>Epítome</em> que redactó Justino a partir de la obra de Pompeyo Trogo se hace hincapié en la <strong>moralidad</strong> del personaje, en su grandeza, su valentía, su moderación y su desinterés por los bienes materiales, aspectos en los que aún profundizarán más otros autores, en particular, Diodoro de Sicilia. He aquí el texto de Justino:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">En el lapso de tantos siglos no tuvieron ningún gran jefe salvo Viriato, quien agotó a los romanos durante diez años con diversas victorias. Los habitantes de Hispania llevan a cabo hazañas desmesuradas más propias de fieras que de hombres incluso. A éste mismo lo siguieron no porque lo hubieran elegido de acuerdo con el criterio del pueblo, sino como sabio para protegerlos y experto en evitar los peligros. Fueron propias de él valentía y continencia, de tal manera que, aunque a menudo venció a los ejércitos consulares, a pesar de tantas hazañas, no alteró la condición de sus armas ni de sus ropas, ni en definitiva su manera de vivir, sino que había de conservar aquella vestimenta con la que había empezado a combatir al principio, de tal manera que cualquier soldado parecía más rico que el propio general.[16]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">A su vez, Diodoro de Sicilia dedica bastante espacio a anécdotas acerca de Viriato y aporta más datos interesantes, puesto que, además de informar sobre sus cualidades físicas y morales, da algún indicio más sobre su <strong>procedencia</strong>:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Los lusitanos, dice, que al principio no tenían un jefe adecuado, eran fácilmente capturados cuando luchaban con los romanos, pero después, cuando tuvieron a Viriato, infligieron graves perjuicios a los romanos. Pertenecía éste, en efecto, a los lusitanos que viven junto al océano; pastor desde niño, estaba acostumbrado a la vida en la montaña, pues incluso lo respaldaba la naturaleza de su físico; también superaba de largo a los iberos en fuerza, en velocidad y en la agilidad del resto del cuerpo. Solía, por otra parte, tomar poco alimento, practicar mucho ejercicio y dormir lo estrictamente necesario; en general, como llevaba continuamente armas de hierro y entraba en lucha contra fieras y ladrones, llegó a ser conocido entre la masa, fue elegido jefe y pronto reunió una banda de salteadores a su alrededor.[17]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Según Diodoro, Viriato procedía de algún lugar montañoso en la proximidad del océano Atlántico, de manera que podríamos pensar que pertenecía concretamente al pueblo de los túrdulos opidanos, afines a los lusitanos, aunque sea difícil decir hasta qué punto.[18] Y por su modo de vida había desarrollado unas <strong>cualidades físicas</strong> excepcionales (robustez, velocidad, resistencia, etc.), que se añadían a un físico ya de por sí fuera de serie, detalles en los que coincidirá con Diodoro Dión Casio, como veremos enseguida.</p>
<p style="text-align: justify;">     El mismo Diodoro añade algunos detalles más, pues hace referencia a otras facultades y cualidades del lusitano (capacidad estratégica, justicia en el reparto del botín, etc.) y menciona el hecho de que Viriato se proclamó <strong>dinasta</strong>,[19] con lo que probablemente quería decir jefe de la oligarquía de aquella tierra:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Además, como adelantaba tanto en los combates, no sólo fue admirado por su fuerza, sino que se ganó fama, ante todo, por su habilidad estratégica. Era, por demás, justo en el reparto del botín y, según sus méritos, halagó con regalos a los valerosos. Por su ascenso se proclamó ya no salteador, sino dinasta y combatió a los romanos y los venció en muchas batallas, de manera que incluso derrotó en combate al general romano Vitelio con su ejército, lo tomó prisionero y lo mató con su espada; y consiguió muchos otros éxitos en la guerra, hasta que el general Fabio fue elegido para llevar la guerra contra él. Y desde ese momento empezó su decadencia y no en escasa medida. Luego, habiéndose recuperado y ganado reputación sobre Fabio, lo obligó a llegar a unos tratados indignos de los romanos. Sin embargo, Cepión, a su vez, habiendo sido escogido para luchar contra Viriato, anuló los tratados y habiendo vencido a Viriato varias veces y luego habiéndolo reducido a un declive tan extremo que incluso buscaba la paz, lo hizo asesinar dolosamente por unos domésticos. Y habiendo atemorizado a Táutamo, el sucesor de Viriato en el mando, y a sus gentes, y habiéndoles impuesto las condiciones de paz que quiso, les dio tierra y una ciudad donde habitar.[20]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Del asesinato de Viriato y su sucesión nos ocuparemos en el último apartado de este artículo. Sigamos ahora con Diodoro de Sicilia, a través del cual nos enteramos de que Viriato <strong>se casó</strong> y, aunque no sabemos gran cosa del acontecimiento, encontramos más detalles que caracterizan a nuestro protagonista:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, hallándose expuestas con ocasión de su boda muchas copas de plata y de oro, así como telas bordadas y variadas, se levantó apoyándose en su lanza y contemplaba tal abundancia, sin admirarse ni sorprenderse, sino más bien manifestando una actitud de menosprecio. Y aunque pronunció acertadamente muchas palabras, con una sola respuesta dio a entender que muchos pretextos para el desagradecimiento hacia los benefactores y para la insensatez&#8230; por enorgullecerse sobre los inciertos regalos de la fortuna, y en suma, que la conocida riqueza de su suegro era esclava de quien poseía una lanza, y además de esto, que éste le debía agradecimiento a él, y que no le daba nada propio, porque él ya era dueño de todo.[21]</p>
</blockquote>
<p><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/12/viriato-4-lunula.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-large wp-image-4820 alignleft" style="margin: 10px;" title="viriato-4-lunula" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/12/viriato-4-lunula-1024x1013.jpg" alt="" width="368" height="365" /></a>Este desinterés por las posesiones materiales y el escaso valor que les concedía en comparación con el poder que otorgan las armas están acordes con el desapego hacia los bienes que, como hemos visto ya, le atribuía Justino. Pero Diodoro todavía habla de las bodas de Viriato, interpretando las prisas que demostró por retirarse llevándose a la novia:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">En efecto, Viriato ni se dejó lavar ni se recostó para comer, aunque insistieron, sino que, estando la mesa llena de toda suerte de comida, cogió panes y carnes, y se los dio a los venidos con él y, habiéndose llevado un bocado de comida a la boca, mandó llamar a la novia. Pero después de sacrificar a los dioses y hacer lo acostumbrado entre los iberos, subió a la doncella a lomos de un caballo e inmediatamente partió camino de sus posiciones en las montañas. Pues era de la opinión de que la autosuficiencia es la mayor riqueza, de que la libertad es la patria y el bien más seguro es la superioridad nacida de la valentía. Este hombre era atinado en sus expresiones, supuesto que sus palabras irreprochables brotaban de una naturaleza autodidacta y recta.[22]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Conocemos, también a través de Diodoro, otra anécdota de <strong>las bodas de Viriato</strong>, en que pregunta las razones que tuvo para emparentar con él a un tal Astolpas, el que probablemente sería su suegro, un hombre rico y respetado por los romanos:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, estando expuestos con ocasión de sus bodas muchos objetos lujosos, cuando tuvo bastante de su contemplación, preguntó a Astolpas. “Entonces, viendo esto los romanos después de los banquetes en tu casa, ¿cómo se abstuvieron de tales riquezas, aunque podían apoderarse de ellas gracias a su superioridad?”. Respondió Astolpas que, aunque muchos las habían visto, ninguno intentó cogerlas ni reclamarlas. “¿Así pues, dijo Viriato, amigo, si los poderosos te daban la confianza y el disfrute seguro de estos bienes, los has abandonado y has querido ser pariente de mi rusticidad y vileza?”.[23]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     De este modo, da la impresión de que en algún momento, el personaje de Viriato debió de convertirse en protagonista de ciertas anécdotas que le retrataban como alguien recto y desinteresado, si bien con una cierta <strong>sorna</strong>, como vemos en en otro pasaje de Diodoro, que pone en sus labios una fábula bastante conocida entre griegos y romanos:[24]</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Éste era atinado en sus expresiones, como si sus palabras nacieran de una naturaleza autodidacta y recta. En efecto, los habitantes de Tica nunca mantenían sus decisiones, sino que se inclinaban a veces por los romanos y a veces por los partidarios de Viriato, y como actuaban así a menudo, se burló de ellos de una manera no carente de sabiduría y reprendió la inconstancia de su juicio, relatándoles una fábula. Resulta que les contó que un hombre de mediana edad estaba casado con dos mujeres; la más joven, que se afanaba por que su marido se pareciera a ella, le arrancaba de la cabeza las canas y la vieja los cabellos negros; y el resultado fue que, arrancándole las dos el pelo, pronto se quedó calvo. Algo semejante iba a pasarles a los habitantes de Tica, pues, si los romanos mataban a los que les eran hostiles y los lusitanos aniquilaban a sus propios enemigos, pronto iba a quedar desierta la ciudad. Dicen además que expresó muchas otras opiniones con pocas palabras, siendo carente de instrucción y formado por su inteligencia práctica.[25]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Por su parte, Dión Casio da por hecho que pertenecía a una <strong>familia modesta</strong> (recuérdese lo que se comentaba anteriormente acerca del posible simbolismo de su actividad como pastor); además lo caracteriza con un físico envidiable, aunque no tanto como su temperamento, detalles en que coincide con Diodoro:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato era un lusitano de linaje oscurísimo de acuerdo con algunas opiniones, pero alcanzó la mayor fama por sus hazañas, pues de pastor llegó a ser bandido y después incluso general. Resulta que por naturaleza y por entrenamiento era el más rápido en la persecución y en la huida, y fortísimo en la lucha a pie firme. Y consumía con el mayor agrado el alimento que hallaba en cada ocasión y la bebida que encontraba, pasaba la mayor parte de su vida al aire libre y le bastaba el lecho que le ofrecía la naturaleza. Por este motivo resistía todo el calor y todo el frío y jamás sufrió por hambre ni padeció por otra incomodidad cualquiera, puesto que conseguía lo más imprescindible en cada una de las situaciones de necesidad que constantemente se presentaban, como si fuera la mejor solución. Pero aun siendo así su cuerpo por su propia naturaleza y por el ejercicio, lo superaba de largo en las virtudes del alma. En efecto, era rápido en pensar y realizar todo lo necesario y, a la vez, sabía qué debía hacer y reconocía la ocasión para ello; y era hábil para fingir que ignoraba lo más evidente y para saber lo más oculto. Además como en toda ocasión actuó igualmente como general y como subordinado de sí mismo, no pareció ni modesto ni cargante; al contrario, con esa actitud había mezclado la debilidad de su familia y la consideración de su fuerza, hasta el punto de que no parecía ni peor que nadie ni mejor. Dicho en pocas palabras, se entregaba a la guerra no por ambición ni por poder o por ira, sino por las propias hazañas, y por esto fue considerado amante de la guerra y buen soldado.[26]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">     Podemos desconfiar, por tanto, de algunas afirmaciones que se leen en el Pseudo Aurelio Víctor, en el sentido que Viriato fue primero <strong>mercenario</strong>[27] y cazador, como tampoco parece muy creíble la afirmación de que lo asesinaron cuando se encontraba postrado bajo los efectos de la bebida:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Viriato, lusitano de origen, se hizo primero mercenario por pobreza, luego cazador por entusiasmo, por audacia salteador, finalmente jefe; emprendió la guerra contra los romanos y venció al general Claudio Unimano y luego a C. Nigidio. Prefirió pedir la paz a Popilio con el ejército indemne mejor que derrotado y, habiéndose escapado por otro lugar y habiéndose detenido las armas, reinició la guerra. Como Cepión no pudiera vencerlo de otra manera, corrompió con dinero a dos guardias suyos, que asesinaron a Viriato vencido por el vino. Esta victoria, como había sido comprada, no recibió la aprobación del senado.[28]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ya trataremos de las circunstancias de la muerte de Viriato en otro apartado de este artículo, pero conviene subrayar que el autor de este último texto añade nuevos matices, al especificar las causas que producen los cambios vitales de Viriato.</p>
<h2> </h2>
<h2>Notas</h2>
<p style="text-align: justify;">[1] Para el siglo II a. C. en general se puede consultar la bibliografía incluida en la nota 5 de nuestro artícu<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/12/viriato-2-viseu-portuga-.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-4819" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/12/viriato-2-viseu-portuga-.jpg" alt="" width="424" height="532" /></a>lo sobre Espártaco (<a href="http://www.sarasuati.com/espartaco-en-los-autores-antiguos-i/" target="_blank">ENLACE</a>).<br />
[2] El territorio que ocuparon los lusitanos corresponde aproximadamente a la parte de Portugal al sur del río Duero, y a las zonas más cercanas de las comunidades autónomas vecinas; parece que anteriormente habían habitado el territorio interior comprendido entre los ríos Duero y Tajo.<br />
[3] Para bibliografía complementaria sobre estos autores y las ediciones usadas de los mismos, cf. la nota 6 y siguientes de nuestro artículo sobre Espártaco (<a href="http://www.sarasuati.com/espartaco-en-los-autores-antiguos-i/" target="_blank">ENLACE</a>).<br />
[4] Hemos consultado el texto de la edición teubneriana de O. Seel (<em>M. Iuniani Iustini Epitoma Historiarum Philippicarum Pompei Trogi accedunt prologi in Pompeium Trogum</em>, Stuttgart, 1972). Resulta interesante la consulta de la introducción y traducción de J. Castro Sánchez (JUSTINO. <em>Epítome de las &#8220;Historias filípicas&#8221; de Pompeyo Trogo. Prólogos</em>. POMPEYO TROGO. <em>Fragmentos</em>, Madrid, 1995).<br />
[5] Hemos seguido el texto publicado por R. Combès en Les Belles Lettres (<em>Faits et dits mémorables</em>, I-II, París, 1995). También resultan útiles la introducción y traducción de S. López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo y J. Villalba Álvarez (<em>Hechos y dichos memorables</em>, I-II, Madrid, 2003).<br />
[6] Hemos tenido en cuenta el texto de F. R. Walton en la Loeb Classical Library (<em>Library of History, Volume XII, Fragments of Books 33-40</em>, Cambridge [Mass.] &#8211; Londres, 1967). Se recomienda la consulta de la introducción de F. Parreu Alasà en la Biblioteca Clásica Gredos (<em>Biblioteca histórica</em>, I, Madrid, 2001).<br />
[7] Hemos manejado el texto publicado por Marie-Pierre Arnaud-Lindet (<em>Aide-mémoire. Liber memorialis</em>, París, 1993), cuya introducción también es recomendable.<br />
[8] Se ha seguido el texto de U. Ph. Boissevain (<em>Historiarum romanarum quae supersunt Cassii Dionis Cocceiani</em>, Berlín, 1895, I, p. 321 ss.). Para este autor se puede leer la introducción de D. Plácido Suárez en la Biblioteca Clásica Gredos (<em>Historia romana</em>, Madrid, 2004).<br />
[9] Hemos recurrido al texto de P. Dufraigne en Les Belles Lettres (<em>Livre des Césars</em>, París, 1975). Para más información, véase la introducción de Emma Falque en EUTROPIO, <em>Breviario</em> – AURELIO VÍCTOR, <em>Libro de los Césares</em>, Madrid, 1999.<br />
[10] Se ha seguido el texto de los <em>Fragmenta Historicorum Graecorum</em> de C. Müller.<br />
[11] Entre ellas las de Silio Itálico o Cárax de Pérgamo, de las que también trataremos.<br />
[12] Y por cierto que Viriato no es un nombre excepcional, sino que consta que hubo otros hombres llamados así, de acuerdo con lo que se lee en diversas inscripciones (puede verse el texto y las referencias a las mismas en A. COELHO F. SILVA, “O nome de Viriato”, <em>Portugalia</em> n. s. 24, 2003, p. 48-49). Por su parte, Silio Itálico (III 354-356) habla de un Viriato que, en tiempos de las guerras púnicas, se une a las tropas de Aníbal: “Guía Viriato a éstos y al lusitano sacado de sus remotas madrigueras, Viriato en su primera edad, nombre pronto noble por sus derrotas a los romanos” (<em>hos Viriathus agit Lusitanumque remotis | extractum lustris, primo Viriathus in aeuo, | nomen Romanis factum mox nobile damnis</em>); este Viriato, siempre según Silio Itálico (X 219-233), mata en la batalla de Cannas a un tal Servilio, antes de morir él mismo bajo los golpes de Paulo.<br />
[13] <em>Per</em>. LII (véase el texto latino en este <a href="http://www.livius.org/li-ln/livy/periochae/periochae051.html#52" target="_blank">ENLACE</a>). Más adelante, en el apartado dedicado a la guerra contra los lusitanos, haremos referencia a estos personajes históricos.<br />
[14] I 33 (para el texto latino, cf. el <a href="http://penelope.uchicago.edu/Thayer/L/Roman/Texts/Florus/Epitome/1I*.html#17.13" target="_blank">ENLACE</a>). Nótese el error cronológico de Floro, puesto que Viriato estuvo a la cabeza de los lusitanos sólo entre 148 y 139 (Apiano -<em>Hisp</em>. 75- dice ocho años, mientras que Justino le atribuye diez años de actividad en el texto que traducimos a continuación). Sobre las trábeas, cf. F. COURBY, “Trabea”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 5, p. 382; W. H. GROSS, “Trabea 1”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 5, c. 904; PH. SMITH, “Toga”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 1137. Para los fasces, véase CH. LÉCRIVAIN, “Lictor”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 3-2, p. 1239-1242; G. SCHROT, “Lictor”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER(eds.), 3, c. 645-646; W. SMITH, “Fasces”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 520-521.<br />
[15] Para esta ocupación de los lusitanos y de los iberos en general, cf. Diodoro de Sicilia V 34, 6-7; Estrabón III 4, 5 (véase el texto en este <a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text;jsessionid=D4A57A7C84128E83274AB32D05B9BCBA?doc=Strab.+3.4.5&amp;fromdoc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0197" target="_blank">ENLACE</a>). Sobre los <em>latrones</em> en general, cf. G. HUMBERT [CH. LÉCRIVAIN], “Latrocinium”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 3-2, p. 991-992; D. MEDICUS, “Latrocinium”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 3, c. 516; W. SMITH, “Latrocinium, Latrones”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 670. Para estas prácticas en Hispania, cf. A. GARCÍA Y BELLIDO, “Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, <em>Hispania</em> 21, 1945, p. 547-548.<br />
[16] XLIV 2, 7-8 (el original latino se puede encontrar en este <a href="http://www.forumromanum.org/literature/justin/texte44.html#2" target="_blank">ENLACE</a>).<br />
[17] XXXIII 1, 1-4 (puede verse el texto en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">ENLACE</a>).<br />
[18] Sobre los túrdulos, cf. L. A. GARCÍA MORENO, “Turdetanos, turdulos y tartessios. Una hipótesis”, <em>Gerion, Estudios sobre la Antigüedad en homenaje al profesor Santiago Montero Díaz</em>, nº extr. 2, 1989, p. 289-294.<br />
[19] <em>Dynasteia</em> es una forma de oligarquía familiar y hereditaria de la Grecia antigua, cf. E. CAILLEMER, “Dynasteia”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 2-1, p. 442-443. Sobre este aspecto, cf. R. LÓPEZ MELERO, “Viriatus Hispaniae Romulus”, <em>Espacio, Tiempo y Forma,</em> Serie II, H. Antigua, t. I, 1988, p. 247-262.<br />
[20] Para el texto griego, cf. este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">ENLACE</a>.<br />
[21] XXXIII 7, 1-3 (el texto original, que presenta una laguna, se puede leer en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">ENLACE</a>). Naturalmente, los regalos expuestos constituían la dote (o parte de ella) recibida de su suegro Astolpas (por lo que deducimos de lo que cuenta Diodoro un poco más adelante). Sobre la dote entre griegos y romanos, cf. G. LONG, “Dos”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 436-438; F. RABER, “Dos”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 2, c. 150-151.<br />
[22] Se puede leer el texto griego en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">ENLACE</a>. Los lusitanos, tal vez sólo los romanizados como el rico Astolpas, habrían adoptado la costumbre romana de comer recostados.<br />
[23] XXXIII 7, 4 (para el texto griego, véase el <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">ENLACE</a>). Sobre Astolpas no se sabe nada más; no obstante, en un pasaje de Dión Casio (XXII 75), del que nos ocuparemos en la segunda parte de este artículo, se alude a la ejecución de un pariente, entre otras personas, anticipándose a la petición de los romanos.<br />
[24] Esta fábula se encuentra entre las de Esopo (Hsr. 31, Ch. 52), aunque no se trata de esposas, sino de dos prostitutas, y entre las de Babrio (fab. 22). Sobre esta fábula en Diodoro, cf. G.-J. VAN DIJK, <em>Ainoi, logoi, mythoi: fables in archaic, classical and Hellenistic Greek literature</em>, Leiden-Nueva York-Colonia, 1997, p. 283-284. Sobre la caracterización de Viriato, cf. J. LENS TUERO, “Viriato, héroe y rey cínico”, <em>EFG</em> 2, 1968, p. 253-272.<br />
[25] XXXIII 7, 5-8, 1 (el texto original se puede leer en este <a href="http://remacle.org/bloodwolf/historiens/diodore/livre33.htm" target="_blank">ENLACE</a>). Para esta población, que podría ser Martos (Jaén), cf. W. HAZLITT, “Tucci. II”, <em>The Classical Gazetter</em>, Londres, 1851, p. 385; J. M. SERRANO DELGADO, “Colonia Augusta Gemella Tucci”, <em>Habis</em> 12, 1981, p. 203-222.<br />
[26] XXII, fr. 73 (se encontrará el texto en este <a href="http://books.google.com/books?printsec=frontcover&amp;id=14sBAAAAYAAJ&amp;hl=es&amp;output=text&amp;pg=PA123" target="_blank">ENLACE</a>).<br />
[27] Para los <em>mercen(n)arii</em>, cf. A. MARTIN, “Mercenarii”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 4-2, p. 1784-1802.<br />
[28] <em>Vir. Ill</em>. 71, 1 (el texto latino se puede leer en este <a href="http://www.forumromanum.org/literature/aurelius_victor/illustr.html#71" target="_blank">ENLACE</a>).</p>
<h2> </h2>
<h2>Índice de ilustraciones</h2>
<p>1. <em>La muerte de Viriato</em> de José de Madrazo (comienzos del XIX).</p>
<p>2. Inscripción lusitana. Estela de Brozas (Cáceres) con el texto VIRIATIS LOVESI F. (AE 1971, 413).</p>
<p>3. Lúnula de Chao de Lamas (II a. C.).</p>
<p>4. Estatua de Viriato en Viseu (Portugal).</p>
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		<title>Mundo clásico en internet</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Dec 2010 21:38:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<description><![CDATA[En este artículo se comenta un buen número de páginas web que pueden resultar valiosas o atractivas para los interesados en los estudios clásicos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de lo que podría parecer a primera vista, el mundo clásico está bien representado en internet. Incluso da la impresión de que ocupa un lugar bastante más importante del que le correspondería en comparación con los grandes recursos materiales y humanos de que disponen otros sectores. Probablemente esa posición de inferioridad se ve compensada por el entusiasmo y el esfuerzo de autores y colaboradores. A continuación, quisiera comentar una sucinta lista de páginas clásicas de interés. Como es natural, no están todas las que son, pero el lector sabrá hacerse cargo de que es imposible ser exhaustivo y de que este artículo sólo pretende proporcionar una aproximación al tema.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-4710  aligncenter" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/01-interclassica.gif" alt="" width="738" height="156" /> </p>
<h3 style="text-align: justify;">PORTALES. PÁGINAS GENERALES</h3>
<p style="text-align: justify;">Muchas universidades y asociaciones de estudios clásicos ofrecen grandes posibilidades en sus páginas: enlaces, bibliografía, noticias, recursos didácticos, publicaciones, etc. Citaremos unas cuantas:</p>
<p style="text-align: justify;">     En la página de la <strong>American Philological Association</strong> (<a href="http://apaclassics.org/" target="_blank">ENLACE</a>) se encontrará una completísima información sobre actividades de la asociación, congresos, convocatorias, publicaciones en general y de la propia sociedad, petición de colaboraciones, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>The Center of Hellenic Studies</strong> (<a href="http://chs.harvard.edu/wa/pageR?tn=Welcome&amp;bdc=12&amp;mn=0" target="_blank">ENLACE</a>) de la Universidad de Harvard se hallan diversos elementos interesantes: <em>The Homeric Multitext Project</em> sobre la transmisión de los poemas homéricos, el contenido de varios debates, enlaces de interés, los interesantísimos archivos de un curso sobre Homero impartido por el profesor G. Nagy, etc. Incluye también<em> Classics@,</em> una revista digital cuyos primeros números se pueden consultar sin restricciones.</p>
<p style="text-align: justify;">     El portal del departamento de Filología clásica e indoeuropea de la <strong>Universidad de Salamanca</strong> (<a href="http://clasicas.usal.es/portal_recursos/" target="_blank">ENLACE</a>) ofrece desde 1998 una valiosa y muy abundante colección de recursos de todo tipo, como enlaces sobre revistas, textos, cursos de latín o griego, investigación, cómo escribir en griego, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     La <strong>Sociedad Española de Estudios Clásicos</strong> (<a href="http://www.estudiosclasicos.org/" target="_blank">ENLACE</a>) proporciona información sobre los fines, junta directiva y estatutos de la asociación, noticias, convocatorias, publicaciones, viajes y otras informaciones sobre las actividades de la SEEC.</p>
<p style="text-align: justify;">     Desde <strong>Interclassica. Investigación y Difusión del Mundo Griego y Romano Antiguo</strong> (<a href="http://interclassica.um.es/" target="_blank">ENLACE</a>), página de la Universidad de Murcia dedicada a la investigación y docencia del mundo clásico, se difunde material de muy diversa naturaleza: reproducción de tesis o de incunables, mapas, traducciones, enlaces, didáctica, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     La web <strong>Culturaclasica.com</strong> (<a href="http://culturaclasica.com" target="_blank">ENLACE</a>) se centra en noticias de actualidad sobre temas clásicos, pero reúne muchas páginas con vídeos, materiales para aprender y enseñar, biografías, cine y mucho, mucho más.</p>
<p style="text-align: justify;">     La <strong>Bibliotheca Classica Selecta</strong> (<a href="http://bcs.fltr.ucl.ac.be/" target="_blank">ENLACE</a>) de la Universidad Católica de Lovaina contiene una bibliografía orientativa, un espejo del TOCS-IN (del que después hablaremos), la revista <em>Folia Electronica Classica</em> y otros escritos, numerosos textos de autores griegos y romanos en versión original y traducción francesa (<a href="http://agoraclass.fltr.ucl.ac.be/concordances/intro.htm" target="_blank">ENLACE</a>), la <em>Lupa</em> <em>Capitolina Electronica</em> acerca de los orígenes mitológicos de Roma (<a href="http://lupacap.fltr.ucl.ac.be/" target="_blank">ENLACE</a>), etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>Electronic Resources for Classicists: The Second Generation</strong> (<a href="http://www.tlg.uci.edu/index/resources.html" target="_blank">ENLACE</a>) hallamos muchísimos recursos: portales, publicaciones electrónicas, colecciones de imágenes, cursos, bibliografías, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Classics Resources in Internet</strong> (<a href="http://www.ut.ee/klassik/links/pages/" target="_blank">ENLACE</a>) recopila más de 1100 enlaces relacionados con el mundo clásico divididos por temas: arqueología, geografía, paleografía, etc. y permite al lector hacer aportaciones.</p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/03-didaskalia.gif" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-full wp-image-4709" title="03-didaskalia" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/03-didaskalia.gif" alt="" width="250" height="126" /></a> </p>
<h3 style="text-align: justify;">TEXTOS Y TRADUCCIONES</h3>
<p style="text-align: justify;">La página de <strong>Perseus Project</strong> (<a href="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/" target="_blank">ENLACE</a>) reúne un amplio elenco de textos y traducciones de autores griegos y latinos, así como estudios sobre la Antigüedad, un extenso elenco en constante crecimiento. En cuanto a los textos, permite usar un diccionario y un instrumento para el análisis morfológico. Además se puede consultar una colección de imágenes muy amplia y bien organizada. La web cuenta con el apoyo de importantes instituciones y empresas estadounidenses.</p>
<p style="text-align: justify;">     El <strong>Thesaurus Linguae Graecae</strong> (<a href="http://www.tlg.uci.edu/" target="_blank">ENLACE</a>), a pesar de no ser gratuito, permite acceder a algunos textos y realizar búsquedas en ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">     La <strong>Library of Ancient Texts Online</strong> (<a href="http://sites.google.com/site/ancienttexts/" target="_blank">ENLACE</a>) facilita el acceso a numerosas obras griegas antiguas, tanto en el texto original como en traducción, que no serían fáciles de hallar.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>The Latin Library</strong> (<a href="http://www.thelatinlibrary.com/classics.html" target="_blank">ENLACE</a>) hallamos, entre otras aportaciones, una muy completa colección de textos de autores latinos, entre los cuales se cuentan también humanistas</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>Documenta Catholica Omnia</strong> (<a href="http://www.documentacatholicaomnia.eu/" target="_blank">ENLACE</a>) encontramos toda clase de escritos eclesiásticos en latín: padres de la Iglesia, papas, doctores, etc.; por cierto, esta página está en latín, aunque con indicaciones complementarias en inglés.</p>
<p style="text-align: justify;">     La <strong>Bibliotheca Augustana</strong> (<a href="http://www.fh-augsburg.de/~harsch/saeca07.html" target="_blank">ENLACE</a>) contiene sendas colecciones de autores griegos y latinos, ambas de gran interés.</p>
<p style="text-align: justify;">     La página web de <strong>Ph. Remacle</strong> (<a href="http://www.remacle.org/" target="_blank">ENLACE</a>) reúne textos de autores griegos y latinos, y traducciones al francés (aparte de textos y sobre todo traducciones de otras lenguas), y está en crecimiento constante.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>Intra Text Digital</strong> <strong>Library: Bibliotheca Latina</strong> (<a href="http://www.intratext.com/LATINA/" target="_blank">ENLACE</a>) podemos consultar obras escritas en latín desde los primeros testimonios escritos hasta el presente.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>Tito Livio: Historia de Roma desde su fundación</strong> (<a href="http://tlivio.iespana.es/" target="_blank">ENLACE</a>) se encuentra una traducción completa (del siglo XIX) al español de la historia de Tito Livio y también una versión de las <em>Periochae</em>, resumen de cada uno de los libros.</p>
<p style="text-align: justify;"> <img class="aligncenter size-full wp-image-4708" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/04-theoi.jpg" alt="" width="1000" height="166" /></p>
<h3 style="text-align: justify;">LIBROS, BUSCADORES DE LIBROS, BIBLIOTECAS</h3>
<p style="text-align: justify;">Se puede acceder a la reproducción parcial o completa, habitualmente en formato PDF, de libros antiguos a través de <strong>Internet Archive</strong> (<a href="http://www.archive.org/" target="_blank">ENLACE</a>). Muchos de esos libros han sido digitalizados por <strong>Google</strong> y, por tanto, se pueden encontrar directamente a través de su buscador de libros (<a href="http://books.google.es/bkshp?hl=es&amp;ie=UTF-8&amp;tab=wp" target="_blank">ENLACE</a>), donde también se pueden encontrar vistas parciales de bastantes libros recientes.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>     Making of America</strong> (<a href="http://quod.lib.umich.edu/m/moa/" target="_blank">ENLACE</a>) facilita la consulta de más de 10.000 volúmenes del siglo XIX, entre ellos muchos relacionados con el mundo clásico, naturalmente; las búsquedas no afectan sólo a los títulos ni a las etiquetas, sino a los contenidos de cada página (unos tres millones y medio).</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>The Ancient Library</strong> (<a href="http://www.ancientlibrary.com/" target="_blank">ENLACE</a>) se pueden consultar libros como el <em>Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology</em> de William Smith (1867) o el <em>Dictionary of Greek and Roman Antiquities</em> del mismo editor y autor (1870), junto con una veintena de obras más.</p>
<p style="text-align: justify;">     Se puede consultar <em>online</em> el <em>Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines</em> de <strong>Daremberg</strong> y <strong>Saglio</strong> en una página de la Universidad de Toulouse Le Mirail (<a href="http://dagr.univ-tlse2.fr/sdx/dagr/index.xsp" target="_blank">ENLACE</a>).</p>
<p style="text-align: justify;">     En el apartado de manuscritos, se puede ver <strong>British Library Digitised Manuscripts</strong> (<a href="http://www.bl.uk/manuscripts/Default.aspx" target="_blank">ENLACE</a>), donde se pueden encontrar manuscritos completos de obras clásicas.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h3 style="text-align: justify;">EDITORIALES, LIBRERIAS</h3>
<p style="text-align: justify;">Asimismo pueden resultar interesantes las páginas web de las editoriales que publican ediciones y/o traducciones de los clásicos: los <strong>Oxford Classical Texts</strong> (<a href="http://www.oup.com/us/catalog/general/series/OxfordClassicalTexts/?view=usa" target="_blank">ENLACE</a>), la <strong>Loeb Classical Library</strong> (<a href="http://www.hup.harvard.edu/collection.php?cpk=1031" target="_blank">ENLACE</a>), la <strong>Collection des Universités de France</strong>, conocida como <strong>Budé</strong> (<a href="http://www.lesbelleslettres.com/" target="_blank">ENLACE</a>) o la colección <strong>Teubner</strong> (<a href="http://www.degruyter.de/indexEn.cfm" target="_blank">ENLACE</a>).</p>
<p style="text-align: justify;">     Y por supuesto, también resultan útiles las españolas <strong>Biblioteca Clásica Gredos</strong> (<a href="http://www.editorialgredos.com/home-es.html" target="_blank">ENLACE</a>), <strong>Alma Mater</strong> del CSIC (<a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/tienda.jsp" target="_blank">ENLACE</a>) o la colección <strong>Bernat Metge</strong> del Institut Cambó (<a href="http://www.institutcambo.org/" target="_blank">ENLACE</a>).</p>
<p style="text-align: justify;">     Además pueden ser una buena fuente de información las páginas web de librerías como <strong>Marcial Pons</strong> (<a href="http://www.marcialpons.es/index.php" target="_blank">ENLACE</a>), <strong>Alibri</strong> (<a href="http://www.alibri.es/index.php?option=com_commerce&amp;page=index.php&amp;&amp;cPath=3_48&amp;bptp=&amp;osCsid=5965f034c8de59e29fa1d952f3fa17ff&amp;osCsid=5965f034c8de59e29fa1d952f3fa17ff" target="_blank">ENLACE</a>), la librería <strong>Aurea</strong> (<a href="http://www.libreriaaurea.com/seccion-clasicas-novedades.php" target="_blank">ENLACE</a>), etc.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h3 style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-4707" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/05-chs.png" alt="" width="125" height="632" />REVISTAS</h3>
<p style="text-align: justify;">Se pueden consultar revistas especializadas por internet, muchas de ellas gratis. Sólo citaremos algunas, de acceso total o parcialmente libre: <em>Emerita</em> (<a href="http://emerita.revistas.csic.es/index.php/emerita/index" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Lexis</em> (<a href="http://www.lexisonline.eu/" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Estudios Clásicos</em> (<a href="http://www.estudiosclasicos.org/revistaEstudiosClasicos.php" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Ítaca</em> (<a href="http://publicacions.iec.cat/PopulaFitxa.do?moduleName=revistes_cientifiques&amp;subModuleName=&amp;idColleccio=58" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Faventia</em> (<a href="http://ddd.uab.es/record/21" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Myrtia</em> (<a href="http://revistas.um.es/myrtia" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos</em> (<a href="http://revistas.ucm.es/portal/modulos.php?name=Revistas2&amp;id=CFCL" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Griegos e Indoeuropeos</em> (<a href="http://revistas.ucm.es/portal/modulos.php?name=Revistas2&amp;id=CFCG" target="_blank">ENLACE</a>), <em>Greek, Roman and Byzantine Studies</em> (<a href="http://www.duke.edu/web/classics/grbs/index.html" target="_blank">ENLACE</a>), etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     Asimismo se pueden leer revistas que, como la propia <em>Sarasuati</em>, sólo existen en internet: la <strong>Bryn Mawr Classical Review</strong> (<a href="http://bmcr.brynmawr.edu/" target="_blank">ENLACE</a>) publica reseñas de libros sobre temas clásicos desde 1990. <strong>Aestimatio</strong> (<a href="http://www.ircps.org/publications/aestimatio/aestimatio.htm" target="_blank">ENLACE</a>) reúne reseñas sobre libros de historia de la ciencia. <strong>Ancient Narrative</strong> (<a href="http://www.ancientnarrative.com/index.html" target="_blank">ENLACE</a>) es una revista electrónica dedicada sólo a la narrativa, publicada desde 2001, con artículos y suplementos de gran nivel. <strong>Cahiers Mondes Anciens</strong> (<a href="http://mondesanciens.revues.org/index164.html" target="_blank">ENLACE</a>) no se limita sólo al mundo grecorromano, sino que trata también otros campos de la Antigüedad (el primer número, publicado en 2009, lleva el subtítulo <em>Écritures rituelles</em>). <strong>Didaskalia</strong> (<a href="http://www.didaskalia.net/" target="_blank">ENLACE</a>) trata desde 1994 del teatro clásico en la actualidad.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h3 style="text-align: justify;">BIBLIOGRAFÍA</h3>
<p style="text-align: justify;">Hay numerosos sitios donde podemos conseguir bibliografía sobre los temas que nos interesen; citaremos algunos.</p>
<p style="text-align: justify;">     Desde 1992 <strong>TOCS-IN</strong> (<a href="http://projects.chass.utoronto.ca/amphoras/tocs.html" target="_blank">ENLACE</a>) se hace eco del contenido de casi doscientas publicaciones periódicas y obras colectivas, incluyendo enlaces sobre reseñas electrónicas de las mismas.</p>
<p style="text-align: justify;">     Los servicios por internet de <strong>L&#8217;Année philologique</strong> (<a href="http://www.annee-philologique.com/aph/" target="_blank">ENLACE</a>), publicación esencial para cualquier consulta bibliográfica, son de pago, pero en su página podemos encontrar algún material útil y gratuito como la lista de abreviaturas de publicaciones periódicas (<a href="http://www.annee-philologique.com/aph/files/sigles_fr.pdf" target="_blank">ENLACE</a>).</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Pinax online</strong> (<a href="https://perswww.kuleuven.be/~u0013314/pinaxonline.html" target="_blank">ENLACE</a>) reúne bibliografías sobre el mundo griego antiguo publicadas en la red. Tiene un apartado general, y apartados sobre autores y temas.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>A Hellenistic Bibliography</strong> (<a href="http://sites.google.com/site/hellenisticbibliography/home" target="_blank">ENLACE</a>) presenta una bibliografía muy completa sobre los autores griegos de la época helenística e imperial así como autores latinos; esta recopilación alcanza ya los 20.000 títulos.</p>
<p style="text-align: justify;">     Una página de la <strong>Universidad de Nijmegen</strong> (<a href="http://www.let.ru.nl/~m.v.d.poel/index.html" target="_blank">ENLACE</a>), a cargo de M. van der Poel, recopila bibliografía latina selecta y contiene una interesante ayuda bibliográfica para el estudio de los textos de los humanistas.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h3 style="text-align: justify;"><em>BLOGS</em> Y PÁGINAS PERSONALES</h3>
<p style="text-align: justify;">El número de <em>blogs</em> de clasicistas es notable. Muchos profesores se ponen en contacto con sus alumnos y/o sus conocidos a través de ellos; en España se está haciendo una gran labor en este sentido y merecen elogio muchos profesores que llevan a cabo un gran trabajo, consiguiendo implicar en él a sus alumnos. No es difícil encontrarlos en internet.</p>
<p style="text-align: justify;">     Por otra parte, también se encuentran <em>blogs</em> especializados en aspectos concretos del mundo clásico. Citaremos unos pocos. <strong>The Stoa Consortium</strong> (<a href="http://www.stoa.org/" target="_blank">ENLACE</a>) publica con cierta asiduidad artículos de gran interés desde 2003; también se encuentran enlaces a páginas de todo tipo y a otros <em>blogs</em>. En <strong>What&#8217;s New in Papyrology</strong> (<a href="http://papyrology.blogspot.com/" target="_blank">ENLACE</a>) aparecen <em>posts</em> muy valiosos sobre papirología. <strong>Current Epigraphy</strong> (<a href="http://www.currentepigraphy.org/" target="_blank">ENLACE</a>) trae muchas novedades sobre epigrafía y también mantiene un alto nivel.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h3 style="text-align: justify;">ESCRIBIR EN GRIEGO</h3>
<p style="text-align: justify;">Antes que se extendiese el uso de la informática, se tenían que emplear dos máquinas de escribir para combinar abecedario latino y alfabeto griego, o se añadían a mano los caracteres helénicos. En los primeros tiempos de los PC, escribir en griego fue un verdadero martirio por la carencia de recursos. Después, se pudieron emplear diversas fuentes como Sgreek o Graeca (en la página del <em>Thesaurus Linguae Graecae</em> [<a href="http://stephanus.tlg.uci.edu/canon/fontsel" target="_blank">ENLACE</a>], por ejemplo, se pueden encontrar fuentes descargables).</p>
<p style="text-align: justify;">     Actualmente parece que la tendencia mayoritaria es usar las fuentes <strong>Unicode</strong> que permiten escribir en griego, ver lo escrito e imprimirlo en todos los ordenadores, y casi siempre sin hacer cambio alguno en la configuración. Para usar Unicode, se pueden emplear diversas plantillas que vinculan a determinadas teclas las letras, los signos diacríticos y sus diversas combinaciones. Algunas de esas plantillas pueden verse en la página de la Universidad de Salamanca (<a href="http://clasicas.usal.es/portal_recursos/index.php?option=com_content&amp;view=category&amp;id=47&amp;Itemid=21" target="_blank">ENLACE</a>); y entre ellas se cuenta <strong>Euclides</strong> (<a href="http://www.ub.edu/filologiagrega/electra/euclides/esp/index.htm" target="_blank">ENLACE</a>), que es la usada en estos escritos de <em>Schedae</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"> <img class="aligncenter size-full wp-image-4706" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/06-la-caída-de-faetón.jpg" alt="" width="768" height="512" /></p>
<h3 style="text-align: justify;">CAJÓN DE SASTRE</h3>
<p style="text-align: justify;">El número de las webs clásicas es infinito, pero aquí sólo podemos citar unas cuantas más:</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Attalus: sources for Greek &amp; Roman history</strong> (<a href="http://www.attalus.org/" target="_blank">ENLACE</a>) es una página de gran interés dedicada a la historia antigua entre los años 322 y 45 a. C., que incluye listas de acontecimientos y fuentes sobre la época helenística y la república romana, así como traducciones al inglés, algunas difíciles de encontrar.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Theoi. Greek Mythology</strong> (<a href="http://theoi.com" target="_blank">ENLACE</a>) es una web dedicada a la mitología griega, que contiene más de 1.500 páginas dedicadas a los personajes mitológicos y reúne traducciones de textos antiguos y más de 1.200 imágenes antiguas sobre ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>The Philological Museum</strong> (<a href="http://www.philological.bham.ac.uk/" target="_blank">ENLACE</a>) está dedicado a los humanistas y recopila una biblioteca de textos de humanistas y una bibliografía sobre estos autores.</p>
<p style="text-align: justify;">     El importantísimo <strong>Diccionario Griego-Español</strong> tiene presencia en Internet (<a href="http://dge.cchs.csic.es/" target="_blank">ENLACE</a>) en una página donde se informa acerca del diccionario y del repertorio bibliográfico de lexicografía griega, pero donde también se encuentra la base de datos CLAROS (concordancia de las inscripciones griegas) y algunos materiales complementarios.</p>
<p style="text-align: justify;">     En el <strong>Ancient Word Mapping Center</strong> (<a href="http://www.unc.edu/awmc" target="_blank">ENLACE</a>) de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill se encontrarán mapas del mundo antiguo (Grecia, Roma, la cuenca mediterránea, etc.), así como información sobre cartografía y un índice de topónimos.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>Forum Romanum</strong> (<a href="http://www.forumromanum.org/index.html" target="_blank">ENLACE</a>) podemos encontrar, además del <strong>Corpus Scriptorum Latinorum</strong> (<a href="http://www.forumromanum.org/literature/index.html" target="_blank">ENLACE</a>) con textos y traducciones, sobre todo al inglés, de autores latinos, algunos libros interesantes sobre la vida cotidiana y la historia de Roma.</p>
<p style="text-align: justify;">     El <strong>APIS, Advanced Papyrological Information System</strong> (<a href="http://www.columbia.edu/cu/lweb/projects/digital/apis/index.html" target="_blank">ENLACE</a>), en el que participan instituciones de todo el planeta, reúne importantísimas informaciones sobre papiros.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>Encyclopaedia romana</strong> (<a href="http://penelope.uchicago.edu/~grout/encyclopaedia_romana/index.html" target="_blank">ENLACE</a>) encontraremos información sobre la antigua ciudad de Roma y sus monumentos.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Livius</strong> (<a href="http://www.livius.org/" target="_blank">ENLACE</a>), página a cargo del historiador holandés J. Lendering, presenta desde 1995 trabajos en inglés sobre temas históricos de Roma y Grecia en forma de artículos de enciclopedia dedicados a personajes, lugares, cargos públicos, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Ancient History Encyclopedia</strong> (<a href="http://ancientopedia.com/" target="_blank">ENLACE</a>) aporta un buen número de artículos sobre Grecia y Roma, además de imágenes de interés, esquemas, mapas, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>The Tertullian Project</strong> (<a href="http://www.tertullian.org/" target="_blank">ENLACE</a>) reúne material sobre Tertuliano y sus obras; la página consta de textos, traducciones, comentarios de sus escritos, manuscritos, ediciones, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Ancient Olympics</strong> (<a href="http://ancientolympics.arts.kuleuven.be/" target="_blank">ENLACE</a>) constituye una clara y correcta explicación de los juegos olímpicos de la Antigüedad, tratando la mayor parte de los aspectos: la ciudad de Olimpia, desarrollo de los juegos, otros juegos deportivos antiguos, etc. Contiene además excelentes imágenes.</p>
<p style="text-align: justify;">     En <strong>Diotima</strong> (<a href="http://www.stoa.org/diotima/" target="_blank">ENLACE</a>) se podrán consultar materiales diversos para el estudio del papel de la mujer y del género en Grecia y Roma. Esta web, en funcionamiento desde 1995, proporciona una extensa bibliografía sobre el tema, una antología de textos sobre la mujer, enlaces varios y numerosos recursos en internet, como por ejemplo cursos relacionados con estas cuestiones.</p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>Legio XIII Gemina</strong> (<a href="http://ckoepfer.de/" target="_blank">ENLACE</a>) permite conocer el trabajo de un grupo de reconstrucción histórica y, además, su web puede ser un buen punto de partida para profundizar en el tema.<img class="alignright size-full wp-image-4705" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/07-ancient-olympics.jpg" alt="" width="156" height="600" /></p>
<p style="text-align: justify;">     <strong>The Ovid Project: Metamorphosing the Metamorphoses</strong> (<a href="http://www.uvm.edu/~hag/ovid/index.html" target="_blank">ENLACE</a>) reproduce bellísimos grabados de ediciones de las <em>Metamorfosis</em> de Ovidio, ediciones que datan del siglo XVII.</p>
<p style="text-align: justify;">     Y antes de acabar, reproduciremos diez enlaces que reservan pequeñas sorpresas a nuestros lectores: <a href="http://www.arkeo3d.com/byzantium1200/index.html" target="_blank">ENLACE 1</a>, <a href="http://home.arcor.de/angelion/index.html" target="_blank">ENLACE 2</a>, <a href="http://www.vincenzoavagliano.com/archeo.html" target="_blank">ENLACE 3</a>, <a href="http://www.parcoappiaantica.it/it/index.asp" target="_blank">ENLACE 4</a>, <a href="http://www.elionline.com/elimagazines/2010/ita/PDF/ADULESCENS.pdf" target="_blank">ENLACE 5</a>, <a href="http://ifc.dpz.es/publicaciones/ebooks/id/2314" target="_blank">ENLACE 6</a>, <a href="http://www.laukart.de/ctm/index.php?id=274" target="_blank">ENLACE 7</a>, <a href="http://recursos.cnice.mec.es/latingriego/Palladium/2_publico/espl20.php" target="_blank">ENLACE 8</a>, <a href="http://arachne.uni-koeln.de/drupal/?q=es/node/3" target="_blank">ENLACE 9</a>, <a href="http://www.fas.harvard.edu/~classics/poetry_and_prose/homer/homer.html" target="_blank">ENLACE 10</a>. </p>
<p style="text-align: justify;">     Por último, señalaremos que en la revista <em>Auriga</em> se publica desde hace una docena de años una sección llamada <em>Plèomen</em>, a cargo de nuestro buen amigo Xavier Yánez i Such, que reseña páginas web relacionadas con el mundo clásico.</p>
<p><strong>NOTA BENE: Todas estas direcciones de internet fueron comprobadas el día 19 de noviembre de 2010.</strong></p>
<p><strong> </strong> </p>
<h3>ÍNDICE DE ILUSTRACIONES</h3>
<p style="text-align: justify;">1. Imagen de <strong>InterClassica</strong> (<a href="http://interclassica.um.es/didactica/literatura/">http://interclassica.um.es/didactica/literatura/</a>, visitada el 14 de noviembre de 2010).</p>
<p style="text-align: justify;">2.  Revista <strong>Didaskalia</strong> (<a href="http://www.didaskalia.net/">http://www.didaskalia.net/</a>, visitada el 14 de noviembre de 2010).</p>
<p style="text-align: justify;">3. Imagen de <strong>Theoi Greek Mythology</strong> (<a href="http://www.theoi.com/">http://www.theoi.com/</a>, visitada el 15 de noviembre de 2010).</p>
<p style="text-align: justify;">4. Imagen de <strong>The Center of Hellenic Studies</strong> (<a href="http://chs.harvard.edu/wa/pageR?tn=Welcome&amp;bdc=12&amp;mn=0">http://chs.harvard.edu/wa/pageR?tn=Welcome&amp;bdc=12&amp;mn=0</a>, visitada el 15 de noviembre de 2010).</p>
<p style="text-align: justify;">5. Reproducción del grabado <strong>La caída de Faetón</strong> del <em>Bellissimum Ovidii Theatrum</em> (Nüremberg, 1703) de <strong>The Ovid Project</strong> (<a href="http://www.uvm.edu/~hag/ovid/baur1703/baur1703b2p16.jpeg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);">http://www.uvm.edu/~hag/ovid/baur1703/baur1703b2p16.jpeg</a>, vista el 20 de noviembre de 2010).</p>
<p style="text-align: justify;">6. Imagen de <strong>Ancient Olympics</strong> (<a href="http://ancientolympics.arts.kuleuven.be/">http://ancientolympics.arts.kuleuven.be/</a>, visitada el 20 de noviembre de 2010).</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Amazonas, mito y leyenda</title>
		<link>http://www.sarasuati.com/amazonas-mito-y-leyenda/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Nov 2010 22:52:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<description><![CDATA[Este artículo se ocupa del papel que desempeñan las amazonas en los mitos y leyendas de la Antigüedad clásica, basándonos en las fuentes escritas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/3-aquiles-pentesilea-470.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/1-amazona-fugitiva-510.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/2-amazonas-alabastro-470.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/1-amazona-fugitiva-510.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-large wp-image-4640" title="1-amazona-fugitiva-510" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/1-amazona-fugitiva-510-1024x780.jpg" alt="" width="614" height="468" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Las amazonas, un pueblo de mujeres guerreras que vivían alejadas de los hombres, forman parte de nuestro imaginario colectivo. En este artículo nos ocupamos del papel que desempeñan en mitos y leyendas de la Antigüedad, basándonos en los escritos de los autores antiguos.[1]</p>
<p style="text-align: justify;">Según el mito, el pueblo de las amazonas proviene de <strong>Ares</strong>, el dios de la guerra (Marte para los romanos), o al menos se dice que son hijas suyas algunas de las más célebres (Hipólita, Antíope, Pentesilea). Su madre fue la ninfa Harmonía, de la que nada más se sabe.[2] Rendían culto principalmente a Ares y a la diosa Ártemis, razón por la cual se les atribuye la fundación de Éfeso y la construcción del templo de la diosa en la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Se las ubicaba en dos <strong>lugares</strong> principalmente, o bien en la actual península de Crimea (llamada Quersoneso Táurica por los antiguos) o bien a orillas del río Termodonte, cuya desembocadura se sitúa en la otra ribera del mar Negro; la capital de su reino se llamaba Temiscira. No obstante, Diodoro de Sicilia (III 52) habla de otras amazonas, las africanas, que se ocupaban de la guerra y los asuntos públicos, mientras los hombres permanecían en casa y realizaban las labores femeninas (hilar y criar). Estas amazonas africanas, a las órdenes de la reina Mirina, lucharon primero contra la Atlántida, que conquistaron, y después contra las Górgonas, a las que no acabaron de vencer; finalmente, fueron destruidas por Héracles. No obstante, antes hicieron una expedición por muchos territorios, llegando a fundar la ciudad de Mitilene en la isla de Lesbos, hasta que los tracios las derrotaron y las obligaron a volver a su tierra natal.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya he aludido más arriba a sus <strong>costumbres</strong> guerreras y a su actitud belicosa. Usaban las flechas y montaban a caballo, animales a los cuales alguna fuente hace vomitar fuego.[3] Vivían sin hombres, salvo las amazonas africanas de Diodoro.</p>
<p style="text-align: justify;">Su <strong>nombre</strong> Ἀμαζόνες, <em>amázones</em>,[4] resultaba evocador para los antiguos griegos y dio lugar a unas cuantas paretimologías, que describían su forma de vida y talante. En primer lugar, en la Grecia clásica este gentilicio podía aludir la carencia de un pecho, pues se explicaba como formado por el prefijo privativo ἀ- y por μαζός (“pecho”), ya que, según es fama, eliminaban el seno derecho cauterizándolo o lo aplastaban para disparar con mayor facilidad.[5] No obstante, hay otras etimologías fantásticas como la que recoge un escolio en el sentido de que no comían pan ni siqiuera del más basto (μάζα), sino que se alimentaban de tortugas, lagartos y serpientes. También se explicó el nombre del pueblo como resultado de llevar siempre el cinturón (ἅμα ζῶνα). Asimismo sirvió para recordar que vivían juntas (ἅμα ζώσαι), alejadas de los hombres. O servía para recordar que sus madres no las alimentaban de leche de sus pechos, sino de leche de yegua y de miel. Sus vecinos, los escitas, a decir del historiador Heródoto, las llamaban <em>eórpata</em>, “asesinas de hombres”.[6]</p>
<h2>El mito</h2>
<p style="text-align: justify;">No abundan, de todos modos, las narraciones mitológicas protagonizadas por las amazonas. El primer relato que consideraremos será la lucha que sostuvo contra ellas Belerofontes. Este héroe, tras matar accidentalmente a su hermano, se presentó ante Preto, el rey de Tirinto, que lo purificó de su crimen. Pero Estenebea, la esposa de Preto, se enamoró perdidamente del joven <strong>Belerofontes</strong>; como fue rechazada, Estenebea denunció a Belerofontes ante su marido de un supuesto intento de seducirla. Para matar a Belerofontes, Preto lo envió ante su cuñado el rey de Licia, Yobates; éste conoció las intenciones de Preto a través de un mensaje del que era portador el propio Belerofontes, después de haberlo acogido como huésped. Yobates no podía matar a Belerofontes sin violar las sagradas normas de hospitalidad, así que envió a Belerofontes a luchar sucesivamente contra la Quimera, los sólimos y las amazonas. Como resultó vencedor, le preparó una emboscada, de la que salió bien parado; por fin (aunque las aventuras y desventuras de Belerofontes no acaban aquí), Yobates lo convirtió en su yerno y le dio la mitad de su reino.[7] Un verso de la <em>Ilíada</em> recuerda esta tercera hazaña de Belerofontes: “En tercer lugar, mató a amazonas iguales a los hombres”.[8] Por su parte, Píndaro retrata la escena con la maestría acostumbrada:</p>
<blockquote><p>Y con aquél (sc. Pegaso) contra las amazonas,<br />
desde los helados golfos del desierto éter,<br />
disparaba sobre el arquero ejército femenil,<br />
y a la Quimera, que exhalaba fuego, y a los Sólimos mató.[9]</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Entre los célebres doce trabajos que <strong>Hércules</strong> llevó a cabo a las órdenes de Euristeo se cuenta su visita a las amaz<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/2-amazonas-alabastro-470.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-4642" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/2-amazonas-alabastro-470.jpg" alt="" width="328" height="728" /></a>onas, de cuya tierra tenía que traer el cinturón de la reina por deseo de Admeta, hija de Euristeo. El cinturón, que había sido regalo de Ares, el dios de la guerra y fundador del pueblo de las amazonas, constituía la insignia real. Hércules convenció a la reina Hipólita de que se lo entregase; pero la diosa Hera, siempre enemiga de Hércules, difundió el rumor de que Hipólita había sido raptada. Las amazonas atacaron la nave de Hércules, que dio muerte a Hipólita y se hizo a la mar llevándose el cinturón.[10]</p>
<p style="text-align: justify;">Entre otros héroes, <strong>Teseo</strong> participó en la expedición de Hércules[11] raptando a una amazona, llamada Antíope, Melanipe, Hipólita o Glauce, según las diversas fuentes. Ello provocó la invasión del territorio ático por parte de las mujeres guerreras, que llegaron a acampar en la colina del Areópago, pero fueron vencidas por los atenienses tras unos combates que duraron tres o cuatro meses. No obstante, otros autores cuentan que Teseo organizó una expedición propia.[12]</p>
<p style="text-align: justify;">Teseo, que, para la mayoría de nuestras fuentes, se casó con la amazona, tuvo de ella un hijo, que fue llamado Hipólito. Pero después Teseo quiso casarse con Fedra, la hija del rey Minos, y entonces se presentó aquella amazona acompañada de otras, todas en armas, aunque los invitados a la ceremonia las mataron. En cuanto a la amazona madre de Hipólito, la mató involuntariamente Pentesilea, el propio Teseo o los invitados. Diodoro (IV 28) añade algunos curiosos detalles, como el hecho de que los escitas se unieron a las amazonas invasoras y que Antíope luchó al lado de Teseo. Plutarco (<em>Thes</em>. 27), además de relatar muchos detalles de la invasión y del desarrollo de la campaña de las amazonas, glosa el texto de una <em>Teseida</em>, un poema épico perdido acerca de Teseo, obra a la que parece no dar mucho crédito; en ella Antíope atacó a Teseo, cuando se casó con Fedra, y Hércules mató a las amazonas que la ayudaron.</p>
<p style="text-align: justify;">En Atenas y sus alrededores se señalaban distintos restos de la invasión, en particular tumbas de amazonas y un templo consagrado a Ares por Teseo en recuerdo de la victoria que obtuvo en Trecén sobre las atacantes. Pero el avance de las amazonas llegó bastante más lejos, puesto que en Pírrico de Laconia hay un templo de Ártemis con la advocación de Astratea, pues allí detuvieron su avance las amazonas, y uno de Apolo Amazonio, con sendas estatuas votivas o <em>xóana</em>, ofrenda de las amazonas.[13] El dramaturgo Esquilo les atribuye incluso el nombre de la colina del Areópago:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Esta colina de Ares, sede de las amazonas y sus tiendas, cuando, por aborrecimiento a Teseo, llegaron dispuestas al combate; y contra esta ciudad de altas torres una nueva alzaron entonces, y en honor de Ares sacrificaban, de donde viene el nombre de la roca y la colina de Ares.[14]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Además Plutarco (<em>Thes</em>. 26, 4) recuerda el relato de un tal Menécrates, probablemente un historiador helenístico, según el cual <strong>Solunte</strong>, un acompañante de la expedición de Teseo, quedó prendado de Antíope y, al ser rechazado por ella, se suicidó ahogándose en un río. Teseo, al saber lo ocurrido, se dio cuenta de que así se cumplía cierto vaticinio del oráculo de Delfos y, siguiendo sus instrucciones, fundó en aquel lugar una ciudad, a la que dio el nombre de Pitópolis, y llamó Solunte al río. Hay más detalles y variantes sobre Teseo y las amazonas, pero no me extenderé más sobre el tema.</p>
<p style="text-align: justify;">También las amazonas aparecen vinculadas al ciclo troyano. La <em>Ilíada</em> recuerda que el rey <strong>Príamo</strong> fue a luchar al lado de los frigios y llegaron las amazonas: “Y, en efecto, yo me contaba entre ellos, siendo su aliado, aquel día en que acudieron amazonas iguales a los hombres”.[15]</p>
<p style="text-align: justify;">Ignoramos el desarrollo de aquellos acontecimientos, aunque se suele dar por supuesto que frigios y troyanos lucharon contra las amazonas. Pero, años después, en las postrimerías de la guerra de Troya, tras las muertes de Patroclo y de Héctor, las amazonas acudieron a socorrer a los asediados. Fueron finalmente vencidas por los atacantes, aunque no sin esfuerzo, gracias a la intervención de <strong>Aquiles</strong> y Áyax. Entre las luchas singulares que se dieron entonces destaca el combate que se trabó entre Aquiles y Pentesilea,[16] a la sazón reina de las amazonas. Aquiles, tras haber vencido a su enemiga, la despojó de sus armas, como era natural en las narraciones homéricas y homerizantes, y se percató de la extraordinaria belleza de aquella mujer, digna de ser su esposa. Así quedó embobado contemplándola,[17] lo cual le valió los reproches de Tersites. Pero Aquiles descargó sobre él su cólera y le dio muerte de un tremendo puñetazo. La devolución de los cadáveres y la celebración de las honras fúnebres cierran esta jornada de la guerra de Troya.[18]</p>
<p style="text-align: justify;">Unos versos de la <em>Alejandra</em> del siempre oscuro y exquisito Licofrón completan este panorama sobre Pentesilea:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Mas a las inaccesibles cumbres tilesias y al escarpado promontorio de Lino, bañado por el mar, a la llanura dominio de la amazona, arribarán otros y acatarán el yugo de la esclava. A esa mujer, la sierva de la rauda muchacha vestida de bronce, errante la llevará el oleaje hacia tierra extranjera. La herida del ojo, con el último aliento de la joven, traerá la perdición al simiesco y dañino etolio, atravesado por sangrienta lanza. Y los crotoniatas arrasarán un día la ciudad de la amazona, tras dar muerte a la intrépida muchacha, a Clete, reina de la tierra de su nombre.[19]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Un comentario antiguo[20] permite entender cabalmente estos versos, que tratan de la nodriza de Pentesilea. Se llamaba <strong>Clete</strong> o Clite y, como la amazona no regresó de Troya, salió a buscarla y llegó a Italia, donde fundó una ciudad, a la que dio su nombre y desde donde reinó sobre las tierras circunvecinas. Sus sucesoras fueron también llamadas Clete, y la ciudad prosperó durante muchas generaciones, hasta que fue atacada por los habitantes de Crotona, que mataron a la última reina y arrasaron hasta los cimientos la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">La última desventura de las amazonas tuvo lugar en la <strong>isla de Leuce</strong>, que Posidón había hecho surgir en el mar Negro, para dar acogida a Aquiles, después que su madre Tetis se lo llevara de su pira funeraria en Troya. En esta isla se celebraron los esponsales de Helena y Aquiles en presencia del dios, de su esposa Anfítrite y de un séquito de divinidades de ríos y demás aguas. En Leuce había un santuario de Aquiles, estaba prohibido pernoctar y edificar a cualquiera que llegase a sus costas y se oían los cánticos de Aquiles, los cascos de caballos y el estrépito de las armas. En Leuce destruyó Aquiles a la tropa más aguerrida de amazonas, al provocar el terror entre sus yeguas, que mataron a sus dueñas y se arrojaron al mar.[21]</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2>La leyenda</h2>
<p style="text-align: justify;">El historiador Heródoto[22] se sirve de las míticas amazonas para explicar cierta tradición de los e<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/3-aquiles-pentesilea-470.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-full wp-image-4639 alignright" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/3-aquiles-pentesilea-470.jpg" alt="" width="437" height="361" /></a>scitas <strong>sármatas</strong> o saurómatas, entre los cuales ninguna mujer podía ser desposada, si no había dado muerte a un enemigo. El prosista relata que en tiempos míticos unas amazonas fueron hechas prisioneras por los griegos, que se las quisieron llevar a su tierra. Pero cuando se hallaban en alta mar, las amazonas consiguieron desatarse y mataron a todos los hombres. No sabían navegar y su periplo acabó en las costas del que es llamado actualmente mar de Azov, donde se apoderaron de una manada de caballos y se dedicaron al saqueo. Los escitas de aquellas tierras se dieron pronto cuenta de que se trataba de mujeres y elaboraron un plan para conseguirlas como esposas para sus solteros. En efecto, enviaron a los mozos con la orden de que acampasen cerca de ellas y de que huyeran cuando fueran atacados, pero que no por eso dejaran de seguirlas. Los jóvenes siguieron estas instrucciones, hasta que produjo un primer encuentro individual entre un escita y una amazona, a los que siguieron otros, de tal manera que acabaron todos emparejados. Las amazonas aprendieron pronto el lenguaje de los escitas y les propusieron habitar alejados de sus familias en la otra orilla del río Tanais (el actual río Don).</p>
<p style="text-align: justify;">También se relata el encuentro de <strong>Alejandro Magno</strong> con la reina de las amazonas, Talestris o Talestria,[23] aunque los historiadores antiguos no se ponen de acuerdo sobre si ocurrió realmente. Plutarco cita a numerosos historiadores a favor y en contra de la verdad del acontecimiento, pero da la impresión de que no confía demasiado en ello, más que nada por la falta de pruebas.[24] Estrabón (XI 5, 4) tampoco lo cree. Arriano (VII 13 -26) se muestra poco dispuesto a creer en el encuentro, dado que las fuentes más fidedignas lo niegan y que las amazonas debieron de haberse extinguido mucho antes. A su vez, Diodoro Sículo (XVII 77, 1-3) relata que Talestris, sin igual en belleza y valentía, se presentó ante Alejandro para engendrar un hijo con él; el macedonio pasó trece días con ella y, después de colmarla de regalos, la envió a su patria. Justino (XII 3, 7) añade que Talestris o Minitía se marchó, después de trece días, cuando creyó estar embarazada. Quinto Curcio (VI 5, 24-32) añade el detalle de que la amazona propuso que, si concebía una niña, se la quedaría, pero, si nacía un niño, se lo dejaría a Alejandro.</p>
<p style="text-align: justify;">La en general fantasiosa <em>Vida de Alejandro</em> (III 25-27) de Pseudo-Calístenes sitúa a las amazonas en una isla grandísima en un número de doscientas setenta mil; el autor imagina la correspondencia que mantuvo Alejandro con las jefas de las amazonas, hasta convencerlas de que, si le ofrecían tributos, no debían temer nada de él. Aunque el autor modera su fantasía cuando habla del encuentro de las tropas del macedonio con las amazonas que los recibieron a orillas del Termodonte y les presentaron los tributos previamente acordados.</p>
<p style="text-align: justify;">El último encuentro de las amazonas con personajes históricos tuvo lugar a orillas del río Abas, la batalla en que <strong>Pompeyo</strong> derrotó a los albanos durante su expedición contra Mitrídates. Entre los despojos se encontraron armas de amazonas, aunque no se halló ningún cuerpo de mujer.[25]</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2>Observaciones finales</h2>
<p>Ahora quisiera subrayar los aspectos más destacados de este estudio sobre las amazonas. En primer lugar, conviene mencionar q<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/4-amazonas-enocoe-4601.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-4636" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/4-amazonas-enocoe-4601.jpg" alt="" width="267" height="431" /></a>ue algunos autores cuyos textos hemos leído anteriormente manifiestan cierto escepticismo a propósito de su <strong>existencia</strong>; esa desconfianza se entrevé en afirmaciones en el sentido de que no se encontraran cadáveres de amazonas en batallas en que presuntamente intervinieron o en el sentido de que debieron de extinguirse hace ya mucho tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Estrabón, por su parte, duda de que la totalidad de lo relatado sobre las amazonas sea cierto, puesto que, a su entender, una sociedad sin hombres difícilmente se mantendría y puesto que -y ésa es para él la razón de peso- en el mundo de las amazonas se han invertido los papeles (las mujeres hacen de hombres y viceversa):</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y algo especial ha sucedido con la narración acerca de las amazonas; en efecto, otras narraciones mantienen separados lo mítico y lo histórico, pues los relatos antiguos falsos y monstruosos son llamados mitos, mientras que la historia aspira a la verdad, tanto antigua como reciente, y no contiene monstruosidad alguna o raramente lo hace; pero sobre las amazonas se dice lo mismo ahora que antes, relatos monstruosos y alejados de la credibilidad. ¿Quién creería que un ejército o una ciudad o un pueblo de mujeres podría sostenerse sin hombres? ¿Y no sólo sostenerse, sino además llevar a cabo incursiones en tierra enemiga y someter no sólo a los pueblos vecinos, hasta llegar incluso a la actual Jonia, sino enviar un ejército a través del mar hasta el Ática? Y es que eso sería igual que decir que entonces los hombres eran mujeres y las mujeres hombres. No obstante, todavía ahora se cuenta lo mismo sobre ellas. Y eso acrecienta su particularidad y la confianza en los relatos antiguos más que en los actuales.[26]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El caso más extremo de incredulidad sería representado por Paléfato, quien en las <em>Historias increíbles</em> (32) afirma que no eran mujeres, sino bárbaros vestidos con túnicas, pelo largo e imberbes, aunque excelentes guerreros.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde los poemas homéricos las amazonas son caracterizadas con el epíteto ἀντιανείραι, que se debe interpretar como <strong>iguales y opuestas</strong> a los hombres[27] y que marca su trayectoria en el mito y en la leyenda, aunque en determinados casos los antiguos les reconocen la capacidad de actuar de una forma diferente, colaborando con los hombres (como la amazona que luchó con Teseo contra las demás o las amazonas que se mostraron amistosas con Alejandro Magno).</p>
<p style="text-align: justify;">Por otra parte, un rasgo que convierte a las amazonas en personajes destacados de la mitología es su <strong>unicidad</strong>, que se reconoce en varios aspectos. Por ejemplo, dice el orador Lisias:[28]</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">En efecto, antiguamente las amazonas eran hijas de Ares, que habitaban a orillas del río Termodonte. Entre sus vecinos eran las únicas que usaban el hierro y las primeras entre todos ellos que montaron a caballo; con esas cabalgaduras, a causa de la inexperiencia de sus enemigos, capturaban inopinadamente a los fugitivos y dejaban atrás a sus perseguidores.[29]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Así pues, la superioridad técnica de las amazonas les permitió prevalecer sobre los pueblos limítrofes; pero su unicidad se manifiesta también en otros aspectos, como dice en el mismo discurso el propio Lisias:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ellas fueron las únicas a las que no les fue posible aprender de los errores cometidos para tomar mejores decisiones en adelante, ni volver a la patria para anunciar su propia desgracia y la valentía de nuestros antepasados. Pues, como murieron y dieron el pago de su insensatez aquí, erigieron un monumento inmortal de esta ciudad por su virtud, mas dejaron sin nombre su propia patria por la desventura que les ocurrió aquí. En efecto, ellas, que habían deseado de manera injusta la tierra ajena, perdieron justamente la propia.[30]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Para Lisias su carácter único radica también en su incapacidad de tomar mejores decisiones aprendiendo de los errores pasados. En cambio, Pausanias se fija en otra circunstancia:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Se trata, en efecto, de las únicas entre las mujeres cuyas derrotas no impidieron entregarse sin reservas a los peligros: aunque Temiscira había sido tomada por Héracles y después había sido destruido el ejército que habían enviado contra Atenas, con todo, fueron a Troya para luchar contra los mismos atenienses y contra todos los griegos.[31]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En este pasaje Pausanias hace hincapié en el hecho de que se obstinan en seguir luchando contra los mismos enemigos, a pesar de haber sido derrotadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta unicidad también caracteriza los combates que se libraron contra ellas. Veámoslo con un ejemplo. En las métopas del Partenón se representaban cuatro luchas diferentes: en la cara norte la toma de Troya, en la cara sur la Centauromaquia, en el lado este la Gigantomaquia (es el lado que corresponde a la fachada del templo) y en el lado oeste la Amazonomaquia. Estudiosos como S. B. Pomeroy[32] se fijan en el emparejamiento entre Amazonomaquia y Centauromaquia, y consideran la oposición amazona – mujer – casta frente a centauro – macho – lujurioso. Pero nosotros creemos que es posible ir más allá y subrayar que se trata de cuatro <strong>combates únicos</strong>: la Gigantomaquia o lucha de los Olímpicos contra los gigantes, ocurrida tras la Titanomaquia, acaba de cimentar el orden olímpico, en que los dioses anteriores son sometidos o desterrados, y Zeus y sus hermanos se reparten el mundo. La guerra de Troya fue la guerra más importante en el mito y en ella se vieron implicados, además de numerosos pueblos, los dioses olímpicos. La Centauromaquia ilustra el enfrentamiento entre la naturaleza salvaje y la civilización: los centauros embriagados son derrotados por los lápitas. Y la Amazonomaquia retrata la lucha entre hombres y mujeres, y entre griegos y bárbaros.[33]</p>
<p style="text-align: justify;">También el escudo de la estatua criselefantina de Atenea Pártenos, que se encontraba en el interior del Partenón y que era obra del escultor Fidias, representaba una Amazonomaquia en su cara exterior y una Gigantomaquia en su lado interior. Y probablemente este carácter único fuera un factor que influyera en el auge que experimentó la narración y la representación del mito de las amazonas durante el apogeo del imperialismo ateniense en el siglo V.</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto al <strong>valor simbólico del cinturón</strong> que fue a buscar Hércules al reino de las amazonas, a nadie se le habrá escapado que representa la virginidad[34] y que la entrega o la conquista del cinturón por parte del héroe implica la sumisión de la mujer al hombre y su incardinación en el papel sumiso que le confiere la sociedad patriarcal.[35]</p>
<p style="text-align: center;">
<h2>N<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/4-amazonas-enocoe-4601.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a>otas</h2>
<p style="text-align: justify;">[1] Sobre ellas se han realizado estudios de muy diversa índole, buscando identificarlas con un pueblo real o con rasgos<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/5-amazona-ánfora-4201.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-4635" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/11/5-amazona-ánfora-4201.jpg" alt="" width="347" height="583" /></a> de pueblos reales, indagando en los abismos de la mente humana para encontrar su sentido profundo, etc. La bibliografía es extensísima, véase, por ejemplo, J. H. Block, <em>The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth</em>, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 443-459; W. B. Tyrrell, <em>Las amazonas</em>, México, 1989, p. 233-238.<br />
[2] Cf. Apolonio de Rodas II 990; Ferécides, 3 F 15 (<em>apud</em> sch. Ap. Rh. II 990); sch. <em>Il</em>. III 189.<br />
[3] Cf. Sch. <em>Il</em>. III 189.<br />
[4] Para la etimología de la palabra, cf. J. H. Block, <em>The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth</em>, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 21-37; P. Chantraine, <em>Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1</em>, París, 1968, s. v. Ἀμάζων, p. 69; R. Just, <em>Women in Athenian law and life</em>, Londres – New York, 1989, p. 242.<br />
[5] Cf. Apolodoro II 5, 9; Arriano, Anab. VII 13, 2; Servio, <em>Aen</em>. I 490.<br />
[6] Sch. <em>Il</em>. III 189 (no comían pan); Donato, <em>Int. Verg</em>. (portadoras del cinturón); Servio, <em>Aen</em>. I 490 (vivían sin hombres); Filóstrato, <em>Her</em>. 57, 7 (alimentaban a las pequeñas con leche de yeguas y miel); Heródoto, IV 110. C. Schrader (Heródoto, <em>Historia. Libros III-IV</em>, Madrid, 1979, p. 388-389, n. 406) se hace eco de algunas teorías según las cuales <em>eórpata</em> podría significar “dueña de hombres” o “caudillo de diez mil”.<br />
[7] Así lo cuenta por ejemplo Apolodoro (II 3, 1-2).<br />
[8] VI 186: τὸ τρίτον αὖ κατέπεφνεν Ἀμαζόνας ἀντιανείρας.<br />
[9] <em>O</em>. XIII 87-89: σὺν δὲ κείνῳ καί ποτ᾽ Ἀμαζονίδων | αἰθέρος ψυχρῶν ἀπὸ κόλπων ἐρήμου | τοξόταν βάλλων γυναικεῖον στρατόν | καὶ Χίμαιραν πῦρ πνέοισαν καὶ Σολύμους ἔπεφνεν.<br />
[10] Así lo relata Apolodoro (II 5, 9), aunque hay bastantes variantes; Apolonio de Rodas (II 968) narra que capturó a Melanipa, a cambio de la cual consiguió de Hipólita el cinturón. Aunque también se cuenta que Hércules luchó contra Hipólita, a la que dio muerte, llevándose el cinturón como trofeo. Diodoro de Sicilia (IV 16), entre otras cosas, informa de que Hércules después de exterminar a todo el pueblo de las amazonas, dio Antíope a Teseo y liberó a Melanipa a cambio del cinturón; cf. además Higino, <em>Fab</em>. 30; Eurípides, <em>HF</em> 408 ss.<br />
[11] Cf. Apolodoro, <em>Epit</em>. 1, 16-17 y 5, 2; Diodoro IV 16, 4; Justino II 4, 18-25.<br />
[12] Ferécides, Helánico y Herodoro, por los que se inclina Plutarco (cf. <em>Thes</em>. 25).<br />
[13] Pausanias I 2, 1 (tumba de Antíope a la entrada de Atenas); 41, 7 (tumba de Hipólita con forma de escudo de amazona en Mégara); II 32, 9 (templo erigido por Teseo en honor de Ares en Trecén). Plutarco (<em>Thes</em>. 27, 6) menciona que en el llamado Amazoneo estaban enterradas algunas amazonas. Los templos de Pírrico son recordados por Pausanias (III 25, 3).<br />
[14] <em>Eu</em>. 685-690: πάγον δ᾽ †Ἄρειον† τόνδ᾽, Ἀμαζόνων ἕδραν | σκηνάς θ᾽, ὅτ᾽ ἦλθον Θησέως κατὰ φθόνον | στρατηλατοῦσαι, καὶ πόλιν νεόπτολιν | τήνδ᾽ ὑψίπυργον ἀντεπύργωσαν τότε, | Ἄρει δ᾽ ἔθυον, ἔνθεν ἔστ᾽ ἐπώνυμος | πέτρα, πάγος τ᾽ Ἄρειος.<br />
[15] III 188-189: καὶ γὰρ ἐγὼν ἐπίκουρος ἐὼν μετὰ τοῖσιν ἐλέχθην | ἤματι τῷ ὅτε τ᾽ ἦλθον Ἀμαζόνες ἀντιάνειραι.<br />
[16] Sobre Pentesilea, cf. J. H. Block, <em>The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth</em>, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 195-288.<br />
[17] Un escolio (sch. Lyc. 999) señala que Tersites acusó a Aquiles de yacer con el cadáver de Pentesilea. El texto es curioso: “Los ignorantes dicen que Aquiles, después de herir a Pentesilea, una vez producida su muerte, se enamoró de ella, cuyos ojos arrancó a escondidas Tersites. Pero Aquiles se encolerizó y lo mató hiriéndolo con una lanza; pero en mi opinión y en la de los demás, lo hirió de una puñada, esto es de un puñetazo, y no por el hecho de haberle sacado los ojos, sino porque había proferido palabras injuriosas contra Aquiles por haber tenido trato carnal, a causa de un supuesto amor, con el cadáver de Pentesilea”.<br />
[18] Así lo cuentan con diversos matices Apolodoro (<em>Epit</em>. 5,1), Quinto de Esmirna (en el primer canto de su continuación de Homero) y Proclo (p. 105-106 Allen, en su resumen de la <em>Etiópida</em>).<br />
[19] 993-1004: Ἄλλοι δὲ πρῶνας δυσβάτους Τυλησίους | Λίνου θ&#8217; ἁλισμήκτοιο δειραίαν ἄκραν, | Ἀμαζόνος σύγκληρον ἄρσονται πέδον, | δούλης γυναικὸς ζεῦγλαν ἐνδεδεγμένοι. | ἣν χαλκομίτρου θῆσσαν ὀτρηρῆς κόρης | πλανῆτιν ἄξει κῦμα πρὸς ξένην χθόνα. | ἧς ἐκπνεούσης λοῖσθον ὀφθαλμὸς τυπεὶς | πιθηκομόρφῳ πότμον Αἰτωλῷ φθόρῳ | τεύξει τράφηκι φοινίῳ τετμημένῳ. | Κροτωνιᾶται δ&#8217; ἄστυ πέρσουσίν ποτε | Ἀμαζόνος, φθέρσαντες ἄτρομον κόρην, | Κλήτην, ἄνασσαν τῆς ἐπωνύμου πάτρας.<br />
[20] Sch. Lyc. 996.<br />
[21] Cf. Filóstrato, <em>Her</em>. 54, 2 – 57, 17. E. Vinet (“Amazones”, en Ch. Daremberg y E. Saglio [ed.], <em>Dictionnaire des antiquités grecques et romaines</em>, I-1, p. 221) estructura las guerras de las amazonas en seis campañas: 1. Cuando invaden Licia, son rechazadas por Belerofontes. 2. Invasión de Frigia (Príamo es aliado de los frigios). 3. Hércules lleva a cabo el noveno trabajo en busca del cinturón de la reina. 4. Cuando atacan el Ática, son derrotadas por Teseo. 5. Pentesilea socorre a Troya y es derrotada por Aquiles. 6. Invaden la isla de Leuce, pero Aquiles las aniquila.<br />
[22] IV 110-117. Sobre este episodio, cf. W. B. Tyrrell, <em>Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses</em>, México, 1989, p. 90-93.<br />
[23] Sobre este encuentro, cf. C. García Gual, <em>Audacias femeninas</em>, Madrid, 1991, p. 93-111.<br />
[24] Plutarco (<em>Alex</em>. 46) cita a Clitarco, Policlito, Onesícrito, Antígenes e Istro, que dan por cierto el encuentro; y a otros que lo niegan Aristobulo, Cares, Tolomeo, Anticlides, Filón de Tebas, Filipo de Teangela, Hecateo de Eretria, Filipo de Calcis y Duris de Samos.<br />
[25] Cf. Plutarco, <em>Pomp</em>. 35, 3.<br />
[26] XI 5, 3: ἴδιον δέ τι συμβέβηκε τῷ λόγῳ [τῷ] περὶ τῶν Ἀμαζόνων· οἱ μὲν γὰρ ἄλλοι τὸ μυθῶδες καὶ τὸ ἱστορικὸν διωρισμένον ἔχουσι· τὰ γὰρ παλαιὰ καὶ ψευδῆ καὶ τερατώδη μῦθοι καλοῦνται, ἡ δ᾽ ἱστορία βούλεται τἀληθές, ἄν τε παλαιὸν ἄν τε νέον, καὶ τὸ τερατῶδες ἢ οὐκ ἔχει ἢ σπάνιον· περὶ δὲ τῶν Ἀμαζόνων τὰ αὐτὰ λέγεται καὶ νῦν καὶ πάλαι, τερατώδη τε ὄντα καὶ πίστεως πόρρω. τίς γὰρ ἂν πιστεύσειεν, ὡς γυναικῶν στρατὸς ἢ πόλις ἢ ἔθνος συσταίη ἄν ποτε χωρὶς ἀνδρῶν; καὶ οὐ μόνον γε συσταίη, ἀλλὰ καὶ ἐφόδους ποιήσαιτο ἐπὶ τὴν ἀλλοτρίαν καὶ κρατήσειεν οὐ τῶν ἐγγὺς μόνον ὥστε καὶ μέχρι τῆς νῦν Ἰωνίας προελθεῖν, ἀλλὰ καὶ διαπόντιον στείλαιτο στρατείαν μέχρι τῆς Ἀττικῆς; τοῦτο γὰρ ὅμοιον ὡς ἂν εἴ τις λέγοι, τοὺς μὲν ἄνδρας γυναῖκας γεγονέναι τοὺς τότε τὰς δὲ γυναῖκας ἄνδρας. ἀλλὰ μὴν ταῦτά γε αὐτὰ καὶ νῦν λέγεται περὶ αὐτῶν. ἐπιτείνει δὲ τὴν ἰδιότητα καὶ τὸ πιστεύεσθαι τὰ παλαιὰ μᾶλλον ἢ τὰ νῦν. Sobre este texto, cf. W. B. Tyrrell, <em>Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses</em>, México, 1989, p. 94-96.<br />
[27] Ya lo señala el sch. <em>Il</em>. III 189: ἶσαι ἢ ἐναντίαι τοῖς ἀνδράσιν. Un valioso estudio de esta fórmula épica y del epíteto puede leerse en J. H. Block, <em>The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth</em>, Leiden – New York – Köln, 1994, p. 155-185.<br />
[28] Sobre el uso político de estos pasajes, cf. R. Just, <em>Women in Athenian law and life</em>, Londres – New York, 1989, p. 250-251.<br />
[29] II 4: Ἀμαζόνες γὰρ Ἄρεως μὲν τὸ παλαιὸν ἦσαν θυγατέρες, οἰκοῦσαι [δὲ] παρὰ τὸν Θερμώδοντα ποταμόν, μόναι μὲν ὡπλισμέναι σιδήρῳ τῶν περὶ αὐτάς, πρῶται δὲ τῶν πάντων ἐφ᾽ ἵππους ἀναβᾶσαι, οἷς ἀνελπίστως δι᾽ ἀπειρίαν τῶν ἐναντίων ᾕρουν μὲν τοὺς φεύγοντας, ἀπέλειπον δὲ διώκοντας.<br />
[30] II 6: μόναις δ&#8217; αὐταῖς οὐκ ἐξεγένετο ἐκ τῶν ἡμαρτημένων μαθούσαις περὶ τῶν λοιπῶν ἄμεινον βουλεύσασθαι, οὐδ&#8217; οἴκαδε ἀπελθούσαις ἀπαγγεῖλαι τήν τε σφετέραν αὐτῶν δυστυχίαν καὶ τὴν τῶν ἡμετέρων προγόνων ἀρετήν· αὐτοῦ γὰρ ἀποθανοῦσαι, καὶ δούσαι δίκην τῆς ἀνοίας, τῆσδε μὲν τῆς πόλεως διὰ τὴν ἀρετὴν ἀθάνατον μνήμην ἐποίησαν, τὴν δὲ ἑαυτῶν πατρίδα διὰ τὴν ἐνθάδε συμφορὰν ἀνώνυμον κατέστησαν. ἐκεῖναι μὲν οὖν τῆς ἀλλοτρίας ἀδίκως ἐπιθυμήσασαι τὴν ἑαυτῶν δικαίως ἀπώλεσαν.<br />
[31] I 15, 2: Μόναις δὲ ἄρα ταῖς γυναιξὶν οὐκ ἀφῄρει τὰ πταίσματα τὸ ἐς τοὺς κινδύνους ἀφειδές, εἴγε Θεμισκύρας τε ἁλούσης ὑπὸ Ἡρακλέους, καὶ ὕστερον φθαρείσης σφίσι τῆς στρατιᾶς, ἣν ἐπ᾽ Ἀθήνας ἔστειλαν, ὅμως ἐς Τροίαν ἦλθον Ἀθηναίοις τε αὐτοῖς μαχούμεναι, καὶ τοῖς πᾶσιν Ἕλλησιν.<br />
[32] <em>Diosas, rameras, esposas y esclavas</em>, Madrid, 1990, 2ª edición, p. 39-40. Para las amazonas en relación con los centauros, cf. P. DuBois, <em>Centaurs and Amazons: Women and the Pre-History of the Great Chain of Being</em>, University of Michigan, 1991, p. 25-47; R. Just, <em>Women in Athenian law and life</em>, Londres – New York, 1989, p. 246.<br />
[33] Para esta oposición entre hombres y mujeres bárbaras, cf. N. Loraux en <em>Diccionario de las mitologías, vol. II, Grecia</em>, bajo la dirección de Y. Bonnefoy, Barcelona, 1996, p. 76; y J. Carlier, <em>id</em>., p. 320.<br />
[34] Cf. J. Carlier en <em>Diccionario de las mitologías, vol. II, Grecia</em>, bajo la dirección de Y. Bonnefoy, Barcelona, 1996, p. 322.<br />
[35] Cf. P. DuBois, <em>Centaurs and Amazons: Women and the Pre-History of the Great Chain of Being</em>, University of Michigan, 1991, p, 69-71; W. B. Tyrrell, <em>Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses</em>, México, 1989, p. 129-133.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2>Bibliografía</h2>
<p>J. H. Block, <em>The early amazones: modern and ancient perspectives on a persistent myth</em>, Leiden – New York – Köln, 1994.<br />
P. DuBois, <em>Centaurs and Amazons: Women and the Pre-History of the Great Chain of Being</em>, University of Michigan, 1991.<br />
C. Falcón Martínez, E. Fernández-Galiano y R. López Melero, <em>Diccionario de la mitología clásica,</em> 1-2, Madrid, 1980.<br />
C. García Gual, <em>Audacias femeninas</em>, Madrid, 1991.<br />
&#8212;&#8211;, <em>Introducción a la mitología griega</em>, Madrid, 1992.<br />
H. von Geisau, “Amazones”, <em>Der kleine Pauly, 1</em>, Munich, 1979, c. 291-293.<br />
R. Graves, <em>Los mitos griegos</em>, 1-2, Madrid, 1985 (reimpr. 1992).<br />
P. Grimal, <em>Diccionario de mitología griega y romana</em>, Barcelona, 1984.<br />
&#8212;&#8211;, <em>La mitología griega,</em> Barcelona, 1989.<br />
R. Just, <em>Women in Athenian law and life</em>, Londres – New York, 1989.<br />
S. B. Pomeroy, <em>Diosas, rameras, esposas y esclavas</em>, Madrid, 1990 (2ª ed.).<br />
A. Ruiz de Elvira, <em>Mitología clásica</em>, Madrid, 1982 (2ª ed.).<br />
W. B. Tyrrell, <em>Las amazonas. Un estudio de los mitos atenienses</em>, México, 1989.<br />
E. Vinet, “Amazones”, en Ch. Daremberg et E. Saglio, <em>Dictionnaire des antiquités grecques et romaines</em>, I-1, p. 221-223.<br />
VV. AA., <em>Diccionario de las mitologías, vol. II, Grecia</em>, bajo la dirección de Y. Bonnefoy, Barcelona, 1996.</p>
<h2>Índice de ilustraciones</h2>
<p>1. Amazona fugitiva. Cílix ática de figuras rojas (510-500 a. C.), obra de Eufronio. Staatliche Antikensammlungen (Munich).<br />
2. Amazona con pantalones y armas. Alabastro ático de figuras negras (470 a. C.). British Museum, Londres.<br />
3. Aquiles mata a Pentesilea. Cílix ática de figuras rojas (470-460 a. C.). Staatliche Antikensammlungen (Munich).<br />
4. Amazona con arco. Enócoe ática de figuras rojas (460-450 a. C.). Reiss-Engelhorn-Museen, Mannheim.<br />
5. Amazona a caballo. Ánfora ática de figuras rojas (420 a. C.). Staatliche Antikensammlungen (Munich).</p>
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		<title>Καὶ σὺ, τέκνον; ¿Tú también, hijo?</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Sep 2010 23:56:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<category><![CDATA[frases famosas]]></category>
		<category><![CDATA[Julio César]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>

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		<description><![CDATA[En este artículo se estudia la famosa frase atribuida a Julio César "¿Tú también, hijo?"]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/07/Carl_Theodor_von_Piloty_Caesars_Death.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-full wp-image-4050" title="Carl_Theodor_von_Piloty_Caesars_Death" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/07/Carl_Theodor_von_Piloty_Caesars_Death.jpg" alt="" width="400" height="249" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">El día 15 de marzo del año 44 a. C., los famosos idus de marzo, Cayo Julio César fue apuñalado hasta la muerte por un grupo de senadores defensores de la república, entre los que se contaba Marco Junio Bruto. Según se dice, en el momento en que César vio a Bruto, exclamó “¿Tú también, Bruto, hijo mío?”, frase que se ha convertido en una habitual expresión de sorpresa ante una traición. Este artículo pretende analizar los textos antiguos relativos a esta frase, valorar algunas interpretaciones modernas y complementarlas con alguna aportación propia.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2>Los testimonios antiguos</h2>
<p style="text-align: justify;">El desarrollo del magnicidio fue narrado solamente por cinco prosistas: Suetonio, Apiano, Plutarco, Nicolás de Damasco y Dión Casio. Comencemos por el detallado relato del primero, que en la parte que nos interesa dice así:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">&#8220;En cuanto se sentó, los conspiradores lo rodearon a manera de homenaje y al punto Címber Tilio, que había asumido el primer papel, se le acercó como para pedirle algo y, ante su gesto negativo y dilatorio para otro momento, lo sujetó por ambos hombros de la toga; después, mientras César gritaba “¡Esto es violencia!”, vuelto hacia el otro lado, uno de los Casca lo hirió un poco por debajo de la garganta. César sujetó a Casca por el brazo, le clavó un punzón y, cuando intentaba levantarse, fue detenido por otra herida; y cuando se percató de que era acosado por todas partes por puñales desenvainados, envolvió la cabeza con la toga y a la vez, con la mano izquierda, se bajó el pliegue de la toga hasta el extremo de las piernas, para morir con más decoro, teniendo tapada la parte inferior del cuerpo. Así fue traspasado por veintitrés puñaladas, sin dar un grito, sólo con un gemido al primer golpe, si bien algunos cuentan que dijo a Marco Bruto, que le atacaba: «καὶ σὺ, τέκνον;» Yació exánime un rato, mientras todos huían, hasta que tres esclavos lo pusieron en una litera y, con un brazo colgando, lo llevaron a su casa.&#8221;[1]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Como se ha indicado más arriba, centraremos nuestra atención en la frase καὶ σὺ, τέκνον; (“¿También tú, hijo?”[2] es la traducción). Abordaremos la frase, destacando ante todo que Suetonio recoge dos versiones opuestas: la primera, en la parte nuclear de su relato, según la cual César no pronunció ni una palabra durante el crimen; y una segunda, de acuerdo con la cual la célebre frase le es atribuida por ciertas fuentes. En esto se asemeja bastante a él Dión Casio, quien tal vez recuerda[3] lo que había leído en Suetonio, aunque expresa con más claridad su confianza en la versión de que César guardó silencio y, <em>a contrario sensu</em>, su desconfianza en la versión alternativa:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“Ésta es la versión más veraz; pero ya hubo quien contó también esto: que decía a Bruto, que lo había golpeado con violencia, «¿También tú, hijo?».”[4]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En segundo lugar, cabe notar que Suetonio, que escribía en latín, da las palabras de César en griego, pero sobre esto volveremos más adelante. Ahora, fijémonos en el plano sintáctico; en la frase falta el verbo, que podemos sobreentender sin demasiado esfuerzo: “Me matas”, “Me traicionas” o “Estás con ellos”. Esta misma carencia de forma verbal ha permitido postular algunas interpretaciones de la frase que llevan muy lejos, acaso demasiado. Pero de esas interpretaciones hablaremos más abajo.</p>
<p style="text-align: justify;">Aún conviene señalar que la versión más conocida de la frase, <em>Tu quoque, Brute, fili mi?</em> (“¿Tú también, Bruto, hijo mío?”, por dar una traducción de una frase tan conocida), procede de una obra dieciochesca para uso escolar escrita por el abad Lhomond;[5] la oración, si bien no muy rica estilísticamente, permite practicar las particularidades del caso vocativo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero volvamos a nuestras fuentes. Curiosamente, ningún autor clásico más, aun relatando el magnicidio con profusión de detalles, menciona la frase. El historiador Nicolás de Damasco, contemporáneo del emperador Augusto, recuerda con detalle quién hirió a César y en qué partes del cuerpo, e incluso que en el fragor del asesinato Marco Bruto fue herido en la mano por Casio Longino que erró el golpe, y así hasta treinta y cinco heridas.[6]</p>
<p style="text-align: justify;">Bastantes años después, Plutarco insiste en la actitud de César cuando vio a Bruto:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Era preciso, en efecto, que todos se hiciesen partícipes y gustasen del crimen. Por ello, también Bruto lo hirió una única vez en la ingle. Y según narran algunos, César se defendía ante los otros, apartaba el cuerpo a un lado u otro, y gritaba, mas cuando vio que Bruto sacaba la espada, se echó el manto a la cabeza y se tiró al suelo, siendo arrojado por casualidad o por culpa de los asesinos junto al pedestal sobre el que se alzaba una estatua de Pompeyo.&#8221;[7]</p>
</blockquote>
<p>Por último, aún queda el historiador Apiano, en cuyo relato existe una laguna en un punto en que muy bien podría encajar la frase que nos ocupa, como podemos ver en el original, desde el momento en que interviene Bruto:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Casio lo golpeó en la cara, y Bruto lo hirió en el muslo y Bucoliano en la espalda, de modo que, hasta cierto momento, César se revolvía con ira y gritos contra cada uno de ellos, pero, tras el golpe de Bruto&#8221;</p>
</blockquote>
<p>Y aquí falta un fragmento de texto,[8] donde podrían estar las palabras de César, y luego sigue así:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">&#8220;&#8230; ya porque se hubiera desanimado, se envolvió en el manto y cayó dignamente junto a la estatua de Pompeyo. Pero los otros, aun así, se ensañaron con el caído hasta causarle veintitrés heridas. Y durante la refriega muchos se hirieron con las espadas unos a otros.&#8221;[9]</p>
</blockquote>
<p>Así pues, el testimonio de Apiano no es decisivo.</p>
<h2></h2>
<h2>Algunas interpretaciones</h2>
<p style="text-align: justify;">Sea como fuere, naturalmente, la primera impresión que causan estas palabras es que reflejan la sorpresa y el dolor de César al ver entre sus asesinos a una persona muy querida, como es obvio por el apelativo que usa para con Bruto, τέκνον.[10] En efecto, como ya observó Jérôme Carcopino,[11] este sustantivo se empleaba para jóvenes por los que se sentía un especial afecto y no hay motivo para suponer que Bruto pudiera ser hijo de César, como habían supuesto historiadores y editores de principios del XX. Y sería <img class="alignleft size-full wp-image-4049" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/07/camuccini-muerte-de-cesar.jpg" alt="" width="600" height="334" />precisamente ese emotividad lo que empujaría a César a expresarse en griego (no una cita literaria como en ἀνερρίφθω κύβος), como era corriente entre las clases cultas de Roma.[12]</p>
<p style="text-align: justify;">A su vez, H. Gugel[13] sostiene que hay suficientes razones para creer que en el relato de Suetonio la frase sirve de recordatorio final de las malas costumbres de Julio César; la frase fue inventada, por tanto.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a la opinión corriente entre los historiadores modernos y los editores de Suetonio, M. Dubuisson considera que estas palabras constituyen un detalle casi imposible de inventar, sino una exclamación espontánea de la víctima; por tanto, el que se encuentren sólo en Suetonio y Dión Casio no debería lleva a la conclusión de que fueran apócrifas.[14]</p>
<p style="text-align: justify;">En cambio, P. Arnaud[15] tiene la frase por una creación de los historiadores y defiende que su sentido debe buscarse en ciertas palabras que, también según Suetonio, dirigió Augusto a Galba:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“Es un hecho establecido que Augusto le dijo pellizcándole la boquita [sc. a Galba], cuando todavía niño le saludaba con otros de su edad: «καὶ σὺ τέκνον τῆς ἀρχῆς ἡμῶν παρατρώξῃ».”[16]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">“También tú, hijo, mordisquearás de nuestro poder”. Según Arnaud, la frase sería un pastiche creado por Augusto a partir de un ignoto verso famoso. Augusto, de una forma velada, pronostica a Galba que en su día será emperador. Para Arnaud, la frase de César implicaría que Bruto iba a convertirse en lo mismo que César: un tirano. En una línea parecida se expresa A. J. Woodman respecto a una frase semejante que se encuentra en Tácito.[17]</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2>Otros aspectos</h2>
<p style="text-align: justify;">Si bien no es inoportuno relacionar la frase que nos ocupa con los emperadores romanos, tal vez esta visión política no sea suficiente y convenga situar las palabras de César en un contexto más amplio para entenderlas con todas sus implicaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">La novela <em>Quéreas y Calírroe</em>, obra de Caritón de Afrodisias, autor del siglo I a. C. o I d. C., presenta las cuitas de la bellísima protagonista, que, embarazada, se enfrenta con un mundo hostil; dudando si abortar, habla con el hijo que lleva en sus entrañas:</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-4048" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/07/Gerome_Death_of_Caesar.jpg" alt="" width="569" height="337" /></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“Tal vez navegarás por mí tú también, hijo, [καὶ σὺ τέκνον] a Sicilia; buscarás a tu padre y a tu abuelo, y les contarás lo ocurrido con tu madre. De allí partirá una flota en mi auxilio. Tú, hijo, devolverás a tus progenitores el uno al otro.”[18]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pocas líneas después Plangón, mujer del administrador, aconseja a Calírroe que confíe en el juramento que le obligará a prestar a su amo Dionisio:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“Con todo, lograré que jure, aunque sea el amo; es necesario que nosotras hagamos todo con completa seguridad. Y tú, hija, [καὶ σὺ τέκνον] confía en el juramento. Pero yo marcho a realizar la embajada.”[19]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, cuando Quéreas y Calírroe han vuelto a encontrarse, Dionisio habla con el hijo de Calírroe, al que cree hijo suyo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“Un día te alejarás de mí tú también, hijo, [καὶ σὺ τέκνον] para ir junto a tu madre; y en efecto, ella te lo manda; mientras yo viviré solo, siendo el culpable de toda mi desgracia. Me han arruinado mis inútiles celos y tú, Babilonia.”[20]</p>
</blockquote>
<p>La novelesca <em>Historia de Alejandro Magno</em>, ya en el siglo III d. C., presenta al filósofo Aristóteles hablando con sus discípulos, a los que les pregunta cómo lo tratarían cuando se convirtieran en reyes; un discípulo anónimo le responde que lo haría compañero de mesa y otro que ministro y consejero. Después el sabio se dirige al joven Alejandro:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“Y tú, hijo, [καὶ σὺ τέκνον] si recibes de tu padre el reino, ¿cómo me tratarás a mí, que soy tu maestro?” Y él contestó: “¿Me preguntas sobre acontecimientos futuros, no teniendo garantía del mañana?”. [21]</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El resto de la respuesta de Alejandro la sabrá quien la leyere, pero a nosotros lo que nos interesa es que Aristóteles se dirige al joven usando como <em>incipit</em> de sus palabras la frase que nos ocupa aquí.</p>
<p>Hemos visto varios casos en que se usa la misma expresión καὶ σὺ τέκνον en obras novelescas. La expresión recoge el tono amable de quien es mayor en edad y conocimiento, lo cual podría valer para cualquier momento de la vida de César y de su amistad con Marco Junio Bruto. Pero ¿y en el final de César?</p>
<h2></h2>
<h2>Conclusión</h2>
<p style="text-align: justify;">En las páginas anteriores hemos podido ver diversos testimonios de autores antiguos acerca de la frase que posiblemente pronunció César en sus últimos momentos. Hay que tener en cuenta que los dos únicos autores (Suetonio y Dión Casio) que recogen la frase, lo hacen con reparos, considerándola una versión alternativa. Esto nos lleva a dudar de su autenticidad, que negaríamos, si nos viésemos obligados a ello o le encontrásemos alguna utilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Dicho esto, se podría pensar que el καὶ σὺ, τέκνον debió de ser recogido por los historiadores o creado por algún motivo concreto; a mi entender, subraya el patetismo -rayando en el melodrama- de la situación y es capaz de recoger en su trucada y ambigua expresión un sinfín de sentidos: la sorpresa, la angustia, la desesperación, el dolor, el deseo de venganza&#8230; No s<img class="alignleft size-full wp-image-4047" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/07/suetonio-casaubon.jpg" alt="" width="412" height="202" />e trata, naturalmente, de sensaciones o sentimientos excluyentes, aun siendo contrapuestos, ni siquiera en el momento de ser asesinado.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos visto que el motivo del καὶ σὺ, τέκνον se encuentra en obras novelescas del tiempo de los historiadores y eso nos indica que era una forma corriente de expresarse; por eso, no nos sorprende tampoco que a los emperadores Augusto y Tiberio se les atribuyeran frases muy parecidas, independientemente de que realmente las usasen.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos queda todavía un interesante detalle por comentar: el hecho de que los protagonistas de la escena alternan griego y latín.[22] <em>Ista quidem vis est!</em> exclama César, acaso empleando un tono institucional, cuando lo sujetan de la toga.[23] “¡Infame Casca!, ¿qué haces?”, dice Julio César en latín a Casca, que acaba de herirlo.[24] “Ἀδελφέ, βοήθει”, “¡Ayuda, hermano!”, grita Casca a su hermano en griego, probablemente la lengua en que ambos fueron educados.[25]</p>
<p style="text-align: justify;">El misterio que envuelve el καὶ σὺ, τέκνον es en sí mismo inquietante y turbador, pero tal vez sea la razón por la cual ha pervivido como una frase de uso corriente a través de los siglos.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2>Notas</h2>
<p style="text-align: justify;">[1]     <em>Iul</em>. 82, 2: <em>Assidentem conspirati specie officii circumsteterunt, ilicoque Cimber Tillius, qui primas partes susceperat, quasi aliquid rogaturus propius accessit renuentique et gestu in aliud tempus differenti ab utroque umero togam adprehendit; deinde clamantem: &#8220;Ista quidem vis est!&#8221; alter e Cascis aversum vulnerat paulum infra iugulum. Caesar Cascae brachium arreptum graphio traiecit conatusque prosilire alio vulnere tardatus est; utque animadvertit undique se strictis pugionibus peti, toga caput obvolvit, simul sinistra manu sinum ad ima crura deduxit, quo honestius caderet etiam inferiore corporis parte velata. Atque ita tribus et viginti plagis confossus est uno modo ad primum ictum gemitu sine voce edito, etsi tradiderunt quidam Marco Bruto irruenti dixisse: καὶ σὺ, τέκνον; Exanimis diffugientibus cunctis aliquamdiu iacuit, donec lecticae impositum, dependente brachio, tres servoli domum rettulerunt.<br />
</em>[2]     En la primera escena del tercer acto, verso 77, de la tragedia <em>Julio César</em>, W. Shakespeare escribee<em> Et tu, Brute?</em> (“¿También tú, Bruto?”), casi un palíndromo, conciso y patético, expresión que ya se hallaba en dos obras de Richard Eedes.<br />
[3]     Hay disparidad de opiniones: M. Dubuisson (“Toi aussi, mon fils!”, <em>Latomus</em> 39, 1989, p. 890, n. 59) señala que el uso de Suetonio por parte de Dión Casio no parece admisible, pero P. Arnaud (“«Toi aussi, mon fils, tu mangera ta part de notre pouvoir» &#8211; Brutus le Tyran?”, <em>Latomus</em> 57, 1998, p. 62, n. 4) cree que el final del pasaje de Dión Casio es una simple traducción de Suetonio.<br />
[4]     XLIV 19, 5: Ταῦτα μὲν τἀληθέστατα· ἢδη δέ τινες καὶ ἐκεῖνο εἶπον, ὅτι πρὸς τὸν Βροῦτον ἰσχυρῶς πατάξαντα ἔφη· καὶ σὺ τέκνον; En un resumen tardío de la obra de Dión (<em>Epit. Xiph. </em>33) se lee: “Y se cuenta que dijo a Bruto que lo había golpeado con violencia: ¿Tú también, hijo?” (λέγεται δὲ ὅτι πρὸς τὸν Βροῦτον ἰσχυρῶς πατάξαντα ἔφη καὶ σὺ τέκνον;).<br />
[5]     <em>De viris illustribus urbis Romæ a Romulo ad Augustum</em>, Filadelfia, 1813 (2ª edición estadounidense; originalmente publicada en París, 1779), p. 189: <em>Quum Marcum Brutum, quem loco filii habebat, in se irruentem vidisset, dixit : “Tu quoque fili mi!”</em> (“Cuando vio que se precipitaba contra él Marco Bruto, al que tenía por un hijo, dijo «Tú también, hijo mío»”, si fuera necesaria una traducción).<br />
[6]     El damasceno (fr. 90 F 130, 89-90 Jacoby) menciona expresamente la intervención de Bruto en este punto (“A su vez, Casio Longino, que se apresura a asestar otro golpe, no acierta en César, sino que alcanza la mano de Marco Bruto”: Κάσσιος δὲ Λογγῖνος ἑτέραν ἐπενδοῦναι πληγὴν σπεύδων, τοῦ μὲν ἁμαρτάνει, τυγχάνει δὲ τῆς Μάρκου Βρούτου χειρός), aunque después todos golpearon al yaciente (“Y ya no quedaba ninguno que no hubiese golpeado el cadáver caído, de manera que pareciese que no había participado en el crimen, hasta que expiró de treinta y cinco heridas”: καὶ οὐδεὶς ἔτι λοιπὸν ἦν ὃς οὐχὶ νεκρὸν κείμενον ἔπαιεν ὅπως ἂν καὶ αὐτὸς δοκοίη τοῦ ἔργου συνῆφθαι, εἰς ὃ ε΄ καὶ λ΄ λαβὼν τραύματα ἀπέπνευσε).<br />
[7]     <em>Caes</em>. 66, 11-12: ἅπαντας γὰρ ἔδει κατάρξασθαι καὶ γεύσασθαι τοῦ φόνου. διὸ καὶ Βροῦτος αὐτῷ πληγὴν ἐνέβαλε μίαν εἰς τὸν βουβῶνα. λέγεται δ’ ὑπό τινων, ὡς ἄρα πρὸς τοὺς ἄλλους ἀπομαχόμενος καὶ διαφέρων δεῦρο κἀκεῖ τὸ σῶμα καὶ κεκραγώς, ὅτε Βροῦτον εἶδεν ἐσπασμένον τὸ ξίφος, ἐφειλκύσατο κατὰ τῆς κεφαλῆς τὸ ἱμάτιον καὶ παρῆκεν ἑαυτόν, εἴτ’ ἀπὸ τύχης εἴθ’ ὑπὸ τῶν κτεινόντων ἀπωσθεὶς πρὸς τὴν βάσιν ἐφ’ ἧς ὁ Πομπηίου βέβηκεν ἀνδριάς. Lo cuenta de manera muy parecida en su biografía de Bruto (<em>Brut</em>. 17, 6-7): <em>Y ya César era golpeado por muchos, miraba alrededor e intentaba rechazarlos; mas en cuanto vio que Bruto sacaba la espada contra él, dejó ir con fuerza la mano de Casca y, cubriéndose la cabeza con el manto, entregó el cuerpo a los golpes. Sin embargo, ellos, que golpeaban sin piedad por todo el cuerpo valiéndose de muchas espadas, se herían unos a otros, de forma que hasta Bruto, siendo cómplice del asesinato, recibió una herida en la mano y todos se llenaron de sangre</em> (ἤδη δὲ παιόμενος ὑπὸ πολλῶν καὶ κύκλῳ περιβλέπων καὶ διώσασθαι βουλόμενος, ὡς εἶδε Βροῦτον ἑλκόμενον ξίφος ἐπ’ αὐτόν, τὴν χεῖρα τοῦ Κάσκα κρατῶν ἀφῆκε, καὶ τῷ ἱματίῳ τὴν κεφαλὴν ἐγκαλυψάμενος, παρέδωκε τὸ σῶμα ταῖς πληγαῖς. οἱ δ’ ἀφειδῶς ἀναπεπλεγμένοι πολλοῖς περὶ τὸ σῶμα χρώμενοι τοῖς ξίφεσιν, ἀλλήλους ἐτίτρωσκον, ὥστε καὶ Βροῦτον εἰς τὴν χεῖρα πληγὴν λαβεῖν, τοῦ φόνου συνεφαπτόμενον, πίμπλασθαι δὲ τοῦ αἵματος ἅπαντας).<br />
[8]     Así lo editan H. White en la colección Loeb (p. 444) y L. Mendelssohn-P. Viereck en la edición teubneriana (p. 255) siguiendo una sugerencia de J. Schweighaeuser (<em>Appiani Alexandrini romanarum historiarum quae supersunt</em>, II, Leipzig, 1785, p. 337).<br />
[9]     <em>BC</em> II 117: καὶ Κάσσιος ἐς τὸ πρόσωπον ἔπληξε καὶ Βροῦτος ἐς τὸν μηρὸν ἐπάταξε καὶ Βουκοιανὸς ἐς τὸ μετάφρενον, ὥστε τὸν Καίσαρα ἐπὶ μέν τι σὺν ὀργῇ καὶ βοῇ καθάπερ θηρίον ἐς ἕκαστον αὐτῶν ἐπιστρέφεσθαι, μετὰ δὲ τὴν Βρούτου πληγήν, &#8230; εἴτε ἀπογινώσκοντα ἤδη, τὸ ἱμάτιον περικαλύψασθαι καὶ πεσεῖν εὐσχημόνως παρὰ ἀνδριάντι Πομπηίου. οἱ δὲ καὶ ὣς ἐνύβριζον αὐτῷ πεσόντι, μέχρι τριῶν ἐπὶ εἴκοσι πληγῶν· πολλοί τε διωθιζόμενοι μετὰ τῶν ξιφῶν ἀλλήλους ἔπληξαν.<br />
[10]     Para el uso de τέκνον, cf. P. Chantraine, <em>Dictionnaire étymologique de la langue grecque</em>, IV-1, París, 1977, s. v. τίκτω, p. 1118; H. G. Liddell – R. Scott, <em>Greek-English Lexicon</em>, Oxford, 1968, s. v. τέκνον, p. 1768.<br />
[11]     <em>Julio César. El proceso clásico de la concentración del poder</em>, Madrid, 2007, p. 623, nota 1.<br />
[12]     Para Julio César y su uso de esta lengua, cf. M. Dubuisson, “Toi aussi, mon fils!”, <em>Latomus</em> 39, 1980, p. 886-887; H. Glaesener, “Un mot historique de César”, <em>AC</em> 22, 1953, p. 104, nota 1; M. Markovic, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, <em>Z. Ant</em>. 2, 1952, p. 63. En general, sobre la educación en Roma y la lengua griega, su influencia sobre el latín y el uso de la lengua helénica entre los romanos, por ejemplo cf. H.-I. Marrou, <em>Historia de la educación en la antigüedad</em>, Madrid, 1985, p. 314-343; F. Rodríguez Adrados, <em>Historia de la lengua griega</em>, Madrid, 1999, p. 173 ss. Sobre otras frases famosas de Julio César, cf. http://www.sarasuati.com/iacta-alea-est-y-otras-frases-de-cesar/.<br />
[13]     “Caesars Tod (Sueton., Divi Iul. 81, 4-82, 3). Aspekte zur Darstellungskunt und zum Caesarsbild Suetons”, <em>Gymnasium</em> 77, 1970, p. 19.<br />
[14]     Cf. “Toi aussi, mon fils!”, <em>Latomus</em> 39, 1980, p. 890.<br />
[15]     “«Toi aussi, mon fils, tu mangeras ta part de notre pouvoir» –Brutus le Tyran?&#8221;, <em>Latomus</em> 57, 1998, p. 61–71.<br />
[16]     <em>Galba</em> 4, 2: <em>Constat Augustum puero adhuc, salutanti se inter aequales, apprehensa buccula dixisse: «καὶ σὺ τέκνον τῆς ἀρχῆς ἡμῶν παρατρώξῃ».<br />
</em>[17]     “Tiberius and the taste of power: the year 33 in Tacitus”, <em>CQ</em> 56-1, 2006, p. 183-184. El texto de Tácito se encuentra en <em>Ann</em>. VI 20.<br />
[18]     II 9, 5: πλεύσῃ μοι καὶ σύ, τέκνον, εἰς Σικελίαν· ζητήσεις πατέρα καὶ πάππον, καὶ τὰ τῆς μητρὸς αὐτοῖς διηγήσῃ. ἀναχθήσεται στόλος ἐκεῖθεν ἐμοὶ βοηθῶν. σύ, τέκνον, ἀλλήλοις ἀποδώσεις τοὺς γονεῖς.<br />
[19]     II 11, 6: ἐξορκιῶ δὲ ὅμως αὐτόν, κἂν δεσπότης ᾖ· δεῖ πάντα ἡμᾶς ἀσφαλῶς πράττειν. καὶ σύ, τέκνον, ὀμόσαντι πίστευσον. ἄπειμι δὲ ἐγὼ τὴν πρεσβείαν κομίζουσα.<br />
[20]     VIII 5, 15: ἀπελεύσῃ ποτέ μοι καὶ σύ, τέκνον, πρὸς τὴν μητέρα· καὶ γὰρ αὐτὴ τοῦτο κεκέλευκεν· ἐγὼ δὲ ἔρημος βιώσομαι, πάντων αἴτιος ἐμαυτῷ γενόμενος. ἀπώλεσέ με κενὴ ζηλοτυπία καὶ σύ, Βαβυλών.<br />
[21]     Ps.Callisth. I 16, 3-5: Καὶ σὺ τέκνον, εἰ παραλάβῃς τὸ βασίλειον παρὰ τοῦ πατρός σου, πῶς μοι χρήσῃ τῷ καθηγητῇ σου; ῾Ο δὲ εἶπε· Περὶ μελλόντων μου πραγμάτων πυνθάνῃ, τῆς αὔριον ἐνέχυρον μὴ ἔχων;<br />
[22]     En ello insiste sobre todo el artículo de M. Dubuisson (“Toi aussi, mon fils!”, <em>Latomus</em> 39, 1980, p. 881-891). Cf. <em>supra</em> la n. 12.<br />
[23]     “Esto es un acto de violencia!” (Suetonio, <em>Iul</em>. 82, 2).<br />
[24]     μιαρώτατε Κάσκα, τί ποιεῖς; (Plutarco, <em>Caes</em>. 66, 8, cf. <em>Brut</em>. 17, 5).<br />
[25]     Plutarco, <em>Caes</em>. 66, 8, cf. <em>Brut</em>. 17, 5.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2>Bibliografía</h2>
<ul>
<li>P. Arnaud, “«Toi aussi, mon fils, tu mangeras ta part de notre pouvoir» –Brutus le Tyran?&#8221;, <em>Latomus</em> 57, 1998, p. 61–71.</li>
<li>J. Carcopino, <em>Julio César. El proceso clásico de la concentración del poder</em>, Madrid, 2007.</li>
<li>M. Dubuisson, “Toi aussi, mon fils!”, <em>Latomus</em> 39, 1980, p. 881-891.</li>
<li>R. Étienne, <em>Les ides de Mars: l&#8217;assassinat de César ou de la dictature?,</em> París, 1973.</li>
<li>H. Gugel, “Caesars Tod (Sueton., Divi Iul. 81, 4-82, 3). Aspekte zur Darstellungskunt und zum Caesarsbild Suetons”, <em>Gymnasium</em> 77, 1970, p. 5-22.</li>
<li>V.-J. Herrero Llorente, <em>Diccionario de expresiones y frases latinas</em>, Madrid, 1985 (2ª edición).</li>
<li>A. J. Woodman, &#8220;Tiberius and the Taste of Power: The Year 33 in Tacitus&#8221;, <em>CQ</em> 56-1, 2006, p. 175–189.</li>
</ul>
<h2>Ilustraciones</h2>
<p style="text-align: justify;">1. <em>La muerte de César</em> de Carl Theodor von Piloty (1826-1886), Niedersächsisches Landesmuseum, Hannover.<br />
2. <em>La muerte de César</em> (1798) de Vincenzo Camuccini (1773-1844).<br />
3. <em>La muerte de César</em> (1862) de Jean-Léon Gérome (Walters Art Gallery, Baltimore).<br />
4. Reproducción de la nota C de la p. 113 de la edición de Suetonio a cargo de Casaubon (<em>Caii Suetonii Tranquilli de XII Caesaribus libri VIII</em>, 1611); nótese que Casaubon publica un texto -Καὶ σὺ εἶ ἐκεῖνων; καὶ σὺ τέκνον;- parcialmente descartado por editores posteriores.</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Los monstruos clásicos de &#8220;Furia de titanes&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Jul 2010 23:23:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<description><![CDATA[En este artículo se estudian los datos que proporcionan los autores antiguos sobre los monstruos clásicos (Grayas, Medusa, Pegaso y monstruo de Andrómeda) que aparecen en la película "Furia de titanes".]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">En un artículo publicado en esta revista el pasado mes de abril[1] se comentaban algunos aspectos generales de la versión del mito de Perseo que se daba en la película <em>Furia de titanes.</em> Hay, no obstante, algunos temas en los que se puede profundizar y entre ellos tal vez el más interesante sea el de los monstruos. Los monstruos clásicos que aparecen en <em>Furia de titanes</em> son Pegaso, las Grayas, Medusa y las Gorgonas, y una criatura del mar que en la película llaman Kraken, nombre que, como ya dije en su día, pertenece a la mitología nórdica, aunque el monstruo aparece en las aventuras de Perseo.</p>
<p style="text-align: justify;">     Introduciré brevemente el tema consagrando unas palabras a su <strong>ascendencia</strong>; resulta que, de acuerdo con los versos 270-336 de la <em>Teogonía</em> de Hesíodo, Forcis y Ceto, que descienden de Gea y de Ponto y que son hermanos de Nereo, Taumante y Euribia, tuvieron una prole monstruosa, siendo hermanas las Grayas o Fórcides (dos, siempre según Hesíodo, llamadas Penfredo y Enio) y las Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa), además de muchos otros seres como el dragón de las Hespérides, el león de Nemea, Equidna, Cerbero, etc. Autores posteriores añadieron parientes a esta estirpe, pero no es éste el lugar para ocuparnos del tema. A su vez, Pegaso nació de Medusa, pero veremos los detalles más adelante. Finalmente, de la progenie del monstruo que había de atacar a Andrómeda no sabemos nada.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/Perseus_Medusa_Louvre_CA795.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-medium wp-image-3976 aligncenter" title="Perseus_Medusa_Louvre_CA795" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/Perseus_Medusa_Louvre_CA795-300x250.jpg" alt="" width="300" height="250" /></a></p>
<h2>Las Grayas</h2>
<p style="text-align: justify;">La <strong>descripción</strong> que hace Hesíodo de las Grayas como viejas de cabello blanco es completada por fuentes posteriores, que añaden que entre las dos o las tres usaban un solo ojo y un único diente, razón por la cual da la impresión de que eran antropomorfas, aunque las fuentes no confirman ni desmienten este extremo.[2] Se oponen, en cierto modo, a otros seres monstruosos caracterizados por el exceso en partes de su cuerpo, como Gerión con su triple cuerpo o Cerbero con sus cabezas múltiples. El tragediógrafo Esquilo las califica de <em>kyknómorfoi</em> (κυκνόμορφοι), “de forma de cisne”, epíteto que los escoliastas tratan de explicar por su color blanco, por el tamaño de su cuello o porque realmente tenían aspecto de cisne.[3] También se destaca en ellas su naturaleza longeva o inmortal como justificación de su nombre.[4]</p>
<p style="text-align: justify;">     Se hizo <strong>residir</strong> a las Grayas en el extremo occidente, a donde no llega nunca la luz del sol, o al pie del Atlas, no lejos de las Gorgonas en ambos casos.[5] Y también se las hizo conocedoras del camino que lleva hasta esas parientes suyas[6] o hasta ciertas ninfas, que proporcionaron a Perseo diversos objetos con que pudo llevar a término su misión.[7]</p>
<p style="text-align: justify;">     También se puede obtener alguna información acerca de ellas estudiando sus <strong>nombres</strong>. Hesíodo dice que se llamaban Enio y Penfredo. El nombre de Enio evoca a una divinidad homónima, vinculada con la guerra, seguidora y familiar de Ares, y a Enialio, un sobrenombre de Ares, acaso una divinidad prehelénica.[8] A su vez, Penfredo se emplea como denominación de un insecto, una especie de avispa probablemente, pero resulta imposible encontrar ningún vínculo entre ambos seres ni en las descripciones antiguas del insecto ni en la etimología del sustantivo ni en la caracterización del personaje de la mitología.[9] Después de Hesíodo se concreta que les Grayas son tres y se añade el nombre de la tercera: Perso, Persis o Dino,[10] relacionados los dos primeros con una naturaleza destructora y el tercero con el miedo. Hay también un cangrejo marino que se llama <em>graîa</em> como las Grayas; es posible que estos crustáceos recibieran el nombre por su longevidad.[11] A través de los nombres, Enio, Perso o Persis y Dino, podemos imaginar un ámbito de guerra, destrucción y temor, pero de las Grayas no se sabe más.[12]</p>
<h3 style="text-align: center;"> </h3>
<h2 style="text-align: justify;">Medusa y las Gorgonas</h2>
<p style="text-align: justify;">Más arriba ya me he ocupado del <strong>linaje</strong> de las Gorgonas; no obstante, conocemos otras versiones como la que refiere un personaje de Eurípides, Creúsa, según la cual la Gorgona, Medusa por antonomasia, nació de Gea en ocasión de la guerra de los Olímpicos contra los Gigantes; en cambio, en Higino se puede leer que Medusa nació de Gorgona.[13]</p>
<p style="text-align: justify;">     Anteriormente también se ha aludido al <strong>nacimiento</strong> <strong>de Pegaso</strong>; resulta que Medusa había tenido relaciones con Posidón y, cuando Perseo le cortó el cuello, salieron de él Pegaso y Crisaor, quien más adelante habría de engendrar en Calírroe, hija de Océano, a Gerión.[14] Aún cabe añadir que otras fuentes antiguas narran que Pegaso no salió directamente del cuello de Medusa, sino que nació de la sangre derramada por Medusa.[15] En relación con este poder generador de la sangre de Medusa, encontramos algunos relatos muy chocantes: las innumerables serpientes de Libia surgieron de la sangre derramada de la cabeza de Medusa, cuando Perseo sobrevoló aquel territorio después de cumplir su misión; o todos los animales de este tipo, serpientes, víboras, arañas, nacieron de las salpicaduras de la sangre de Medusa o, según otros, de la sangre de Tifón.[16]</p>
<p style="text-align: justify;">  <a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/belerofonte-matando-la-quimera.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-medium wp-image-3975" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/belerofonte-matando-la-quimera-300x292.jpg" alt="" width="300" height="292" /></a>   En cuanto al <strong>físico</strong>, las Gorgonas son retratadas con la cabeza rodeada de serpientes, colmillos de jabalí, manos de bronce, alas y mirada penetrante; se cuenta que el cabello de Medusa, que había provocado la cólera de Atenea, por haberse jactado de él, se transformó en serpientes. Sin embargo, determinadas representaciones arcaicas de Medusa le confieren cuerpo de caballo y busto humano, por decirlo de alguna manera; recordaremos la representación de un <em>pithos</em> beocio de relieve, datado hacia el 670, en que Perseo está a punto de cortarle la cabeza.[17]</p>
<p style="text-align: justify;">     Según el pasaje de Hesíodo (<em>The</em>. 274-275), las Gorgonas <strong>viven hacia occidente</strong>, donde se hallan las Hespérides; pero también en este aspecto el poeta beocio es objeto de rectificaciones: las Gorgonas fueron ubicadas en el país de los hiperbóreos, en la isla de Sarpedón, en la isla Górgades, en Libia o en África.[18]</p>
<p style="text-align: justify;">     Ahora quisiera dedicar unas líneas a sus <strong>voces</strong>. A propósito de las Gorgonas se relata que el llanto de las dos hermanas que sobrevivieron cuando Perseo mató a Medusa, inspiró a la diosa Atenea la composición de un <em>nomos</em>, llamado “policéfalo”, para flauta. Aunque no sabemos más de las lamentaciones de las Gorgonas, otro relato nos permite hacernos cargo de la bestialidad de sus voces: cuando las Gorgonas perseguían a Perseo para tomar venganza por la muerte de Medusa, desistieron al darse cuenta de que no conseguirían alcanzarlo y lanzaron un mugido desde una colina que desde entonces recibió el nombre de Micenas. Además Euríale, al matar Perseo a su hermana, muge, característica que parece exclusivamente suya, mientras que Esteno silba.[19] En conjunto, si añadimos el sonido de escudo que acompaña a las Gorgonas, se observa que estos personajes se rodean de unos sonidos inquietantes, perturbadores, espantosos, no tanto por lo que son o representan por separado, sino por el conjunto y la confrontación entre ellos.[20]</p>
<p style="text-align: justify;">     Medusa posee todavía alguna <strong>facultad muy especial</strong>, además de petrificar con la mirada: su sangre tenía unas propiedades curiosísimas y era usada para envenenar o curar, mientras que un rizo suyo sirvió a Estérope para poner en fuga a los atacantes de Tegea.[21] Medusa era la única mortal de las tres Gorgonas, tanto es así que su espíritu se encontraba en el Hades y fue atacada por Hércules, que, en cumplimiento de las órdenes de Euristeo, había bajado a buscar a Cerbero.[22]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h2>Pegaso</h2>
<p style="text-align: justify;">Ya hemos hablado del nacimiento de Pegaso, pero a continuación nos interesaremos por su <strong>aspecto</strong>: es un caballo, como anotan numerosas fuentes, y además dotado de alas.[23] Asimismo conviene subrayar su carácter único, frente a la manada de caballos blancos alados que vemos en <em>Furia de titanes</em>. No obstante, Plinio escribe que una especie de caballo con alas que se cría en Etiopía, recibe el nombre de <em>pegasus</em>.[24]</p>
<p style="text-align: justify;">     Lo que queda por añadir sobre Pegaso no tiene que ver con Perseo, puesto que, a lomos de este corcel, <strong>Belerofonte</strong> luchó contra la Quimera, otro monstruo emparentado con los anteriores, y además venció a las amazonas; también cabalgando a Pegaso, Belerofonte quiso asaltar el Olimpo.[25] Y finalmente, Pegaso, ya desde el relato de Hesíodo, vive con los dioses olímpicos.[26]</p>
<p style="text-align: justify;">     El nombre del caballo alado es puesto en relación ya desde Hesíodo con las <strong>fuentes</strong>, <em>pēgaí</em> en griego (πηγαί), pues su nacimiento tuvo lugar junto a las fuentes de Océano; pero también tuvo que ver con otras fuentes, pues hizo brotar la fuente Hipocrene en el monte Helicón y otra fuente en Trecén.[27]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h2><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/andromeda-dore.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-medium wp-image-3974 alignright" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/andromeda-dore-197x300.jpg" alt="" width="197" height="300" /></a>El monstruo del mar</h2>
<p style="text-align: justify;">La <strong>naturaleza</strong> del monstruo encargado de acabar con los días de Andrómeda resulta más difícil de precisar. Fue enviado por Poseidón a petición de las Nereidas o de Hera, ofendidas por la declaración de Casiopea en el sentido de que su hija Andrómeda las superaba en belleza. Tenemos que los autores antiguos están bastante de acuerdo en el género de bestia que es: un <em>kêtos</em> o <em>cetus</em>, es decir un monstruo marino gigantesco y peligrosísimo. Ovidio da algunos detalles más: es una fiera monstruosa (<em>belua</em>), su tamaño es ingente, un enorme fragor le acompaña al surcar el mar, su lomo está cubierto de abultados caparazones (<em>cavis&#8230; conchis</em>), su cuerpo acaba en una cola de pez&#8230; y Perseo lo mata hiriéndolo repetidamente con su espada.[28]</p>
<p style="text-align: justify;">     Podemos completar nuestras impresiones sobre los monstruos que surgen del mar dedicando unas líneas a otros seres que aparecieron en <strong>contextos semejantes</strong>. Después de la construcción de las murallas de Troya por parte de Apolo y Posidón, ambos dioses reclamaron su recompensa, pero el rey Laomedonte se la negó. Los dioses se vengaron enviando Apolo una peste y Posidón un monstruo marino. De este ser no se han conservado descripciones, pero sí un detalle que resalta su tamaño ingente: Héracles se introdujo en sus fauces y permaneció en su interior tres días hiriéndolo, hasta que salió con la única pérdida del pelo de la cabeza.[29]</p>
<p style="text-align: justify;">     Otros seres monstruos relacionados con el ciclo troyano son las dos serpientes que fueron enviadas para castigar a Laocoonte: Petronio subraya el aspecto espantoso y el talante feroz de las dos serpientes salidas del mar, mientras que Quinto de Esmirna, que las considera descendientes de Tifón, las sitúa en una cueva inaccesible a los mortales, donde son despertadas por Atenea; en su avance provocan un maremoto y causan el espanto de los monstruos del mar y de todo espectador; devorados los hijos de Laocoonte, se internan en las profundidades terrestres.[30]</p>
<p style="text-align: justify;">     Otro monstruo que sale del mar como instrumento de venganza es el toro enviado por Posidón contra el carro de Hipólito. Su retrato más completo se encuentra en la tragedia <em>Fedra</em> de Séneca:[31] anunciado por estruendosos mugidos, surge del mar un monstruo con forma de toro enorme, cuyos ojos vomitan llamas; su cuerpo acaba en una gigantesca cola de pez; provoca el terror en todos los que lo contemplan, salvo en Hipólito.</p>
<p style="text-align: justify;">     Entre los autores de obras <strong>sobre los animales y su captura</strong>, algunos[32] proporcionan datos que nos pueden ayudar a completar este panorama sobre los monstruos. Opiano de Anazarbo describe en su poema sobre la pesca estos monstruos y su captura; aparte de numerosos, los califica de gigantescos, fortísimos, espantosos, agresivos, superiores a las fieras terrestres, famélicos. En la larga lista que da se encuentran seres reales (los atunes y diversas especies de tiburones, por ejemplo) y otros imaginarios o no identificables (la hiena marina, el leopardo de mar, etc.). Claudio Eliano abunda en lo anteriormente dicho y añade algunos seres monstruosos que se encuentran en los mares de la lejana isla de Trapobana.[33]</p>
<p style="text-align: justify;">     Por último, quisiera destacar la <strong>relación etimológica</strong> del nombre griego del monstruo, <em>kêtos</em> (κῆτος), con Ceto, que, como decíamos al principio de este artículo, fue la madre de las Grayas, las Gorgonas y otros muchos monstruos; es decir que, en cierto sentido, estos seres están vinculados con la familia de los monstruos.[34]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h2><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/hercules-y-monstruo.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-medium wp-image-3973" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/hercules-y-monstruo-269x300.jpg" alt="" width="269" height="300" /></a>Nota final</h2>
<p style="text-align: justify;">Lugares remotos, monstruos descomunales, aventuras inimaginables, propiedades prodigiosas, héroes intachables,&#8230; tantos y tantos elementos que han encendido la imaginación durante tantas generaciones encuentran un pálido reflejo en <em>Furia de titanes</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">     En efecto, en la película se omiten muchos aspectos, pero además en otros hay gran confusión: las Grayas no son brujas, Medusa no tiene un cuerpo en forma de gran serpiente tubular, los monstruos marinos no están a disposición de Hades, Pegaso es único y no es la cabalgadura de Perseo, sino de Belerofonte.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3971"></span></p>
<h5><span style="text-decoration: underline;">Notas</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[1] Véase <a href="http://www.sarasuati.com/el-mito-de-perseo-y-furia-de-titanes-clash-of-the-titans-2010/">http://www.sarasuati.com/el-mito-de-perseo-y-furia-de-titanes-clash-of-the-titans-2010/</a> .<br />
[2] Cf. Apolodoro II 4, 2; Esquilo, Pr. 794-796; Ferécides, fr. 11 Jacoby (apud sch. A. R. IV 1515); Nonno, D. XXV 35-36; Ovidio, Met. IV 775-777 (no habla del diente, sino sólo del ojo; cf. Paléfato 31). Según ciertas fuentes tardías (Servio, Aen. VI 289), también las Gorgonas tenían un solo ojo.<br />
[3] Pr. 795; cf. sch. vet. A. Pr. 793a Herington; sch. rec. A. Pr. 793 Smyth; sch. rec. A. Pr. 793A Dindorf. También se podría vincular el epíteto al aspecto envejecido que se les atribuye; para la identificación de los cisnes con la vejez, cf. S. Martínez, “El poeta i les aus”, Anuari de filologia de la Universitat de Barcelona. Studia Graeca et Latina, 21, 9, 1998-1999, p. 116-117.<br />
[4] Cf. sch. rec. A. Pr. 794 Smyth; sch. rec. A. Pr. 794 Dindorf.<br />
[5] Para las Grayas en el extremo occidente, cf. Esquilo, Pr. 793-798. Para las Grayas al pie del Atlas, cf. Ovidio, Met. IV 772.<br />
[6] Cf. Paléfato 31.<br />
[7] Sobre estas desconocidas ninfas, cf. Apolodoro, II 4, 2; Ferécides, fr. 11 Jacoby (apud sch. A. R.  IV 1515).<br />
[8] Sobre el nombre, cf. P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1, París, 1968, p. 352, s. v. Ἐνυάλιος.<br />
[9] G. Herzog-Hauser (“Die Graien”, WS 51, 1933, p. 67) se percata de la coincidencia del nombre de una Graya y del insecto. El insecto πεμφρηδών no es mencionado por muchos autores antiguos, cf. Epifanio, Haer. II 93.12; Nicandro, Al. 183, Th. 812. Los escolios de los dos pasajes de Nicandro citados son la fuente principal. Para E. Schwyzer, que es seguido por L. Gil (Nombres de insectos en griego antiguo, Madrid, 1959, p. 129; además, véase M. Davies &#8211; J. Kathirithamby, Greek Insects, Londres, 1986, p. 81), el nombre viene de la raíz indoeuropea *bh(e)re-, “zumbar”, de donde provienen algunas denominaciones de insectos en otras lenguas indoeuropeas.<br />
[10] Son tres, cf. Esquilo, Pr. 795, fr. 459 Mette. Para el nombre de la tercera, cf. Apolodoro II 4, 2 (Dino); Heráclito, Incred. 13 (Perso); Higino, Fab. pr. 9 (Persis o Dino); sch. A. R. IV 1515a (Dino). Pero siguen siendo dos para Ovidio (Met. IV 774); véase G. Herzog-Hauser, “Die Graien”, WS 51, 1933, p. 71-72.<br />
[11] Sobre el cangrejo γραῖα, véase D’A. W. Thompson, A Glossary of Greek Fishes, Londres, 1947, p. 50-51.<br />
[12] Un escolio (sch. Hes. Th. 273 di Gregorio) pretende vincular las Grayas con la navegación por sus ascendientes marinos, interpretando los epítetos que les atribuye Hesíodo.<br />
[13] Para Medusa, surgida de Gea, cf. Eurípides, Ion 989. Sobre Medusa como hija de Gorgona, cf. Higino, Fab. 151.<br />
[14] Para el nacimiento de Pegaso y Crisaor, cf. Apolodoro II 3, 2 y II 4, 2; Juvenal III 118; Ovidio, Met. IV 785-786. Sobre Gerión, cf. Apolodoro II 4, 2 y 5.10; Higino, Astr. II 18, 1; Fab. 151; sch. Pl. Ti. 24e.<br />
[15] Para la sangre de Medusa, cf. Ovidio, Met. IV 785-786 (Pegason et fratres escribe el poeta, mas no sabemos quién o quiénes son esos otros hermanos); sch. D. P. 870.<br />
[16] Para las serpientes libias nacidas de la sangre de Medusa, cf. Apolonio de Rodas IV 1513-1517; Lucano IX 700 ss.; Ovidio, Met. IV 617-620; sch. A. R. IV 1515. Todos los reptiles y similares surgidos de Medusa, cf. Apolonio de Rodas, fr. 4 Powell (apud sch. Nic. Th. 11). De la sangre de Tifón, cf. Acusilao, fr. 14 (apud sch. Nic. Th. 11).<br />
<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/Laoconte.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-large wp-image-3972 alignright" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/06/Laoconte-1024x1024.jpg" alt="" width="368" height="368" /></a>[17] Para el retrato de las Gorgonas, cf. Apolodoro II 4, 2; Esquilo, Pr. 798-799 (van vestidas de serpientes y son aladas); Hesíodo, Sc. 233-236 (llevan dos serpientes en la cintura); Nonno, D. XL 231; Píndaro, P. X 46 y XII 9; sch. vet. A. Pr. 793 ; sch. Pi. P. XII 15b. Sobre la metamorfosis de Medusa, cf. Diodoro de Sicilia III 54-55; Plinio, HN VI 35; Servio, Aen. VI 289; sch. A. R. IV 1515. Según Ovidio (Met. IV 793-803), el castigo provendría del hecho de que fue violada por Posidón en un templo de la diosa. También se dice que Posidón habría adoptado forma de pájaro, cf. Ovidio, Met. IV 119-120; Lactancio Plácido, Fab. VI 1. Sobre las serpientes de Medusa, cf. Nonno, D. XXV 38, XXV 44, XXX 265-267; Píndaro, O. XIII 63. Para las representaciones de Medusa como caballo, véase I. Kranskopf &#8211; S.-Ch. Dahlinger, “Gorgo, Gorgones”, LIMC 4.1, 1988, p. 312 (las ilustraciones correspondientes se encuentran en el LIMC 4.2, p. 182, numeradas 290 -cf. n. 284-).<br />
[18] Para la residencia de las Gorgonas en las Hespérides, cf. Eurípides, HF 394-395; sch. E. Hipp. 742. Para las Gorgonas en el país de los Hiperbóreos, cf. Píndaro, P. X 50 (sch. Pi. P. X 72b lo pone en duda). Para las Gorgonas en la isla de Sarpedón, cf. Cypr. fr. 32 Bernabé; Suda, σ.145 (s. v. Σαρπηδονία ἀκτή; lugar hacia Océano). Para las Gorgonas en la isla Górgades del Atlántico, cf. Plinio, HN VI 200. Para las Gorgonas en Libia: Nonno, D. XXV 51, XXX 264, XL 228; Suda, γ. 391 (s. v. Γοργόνες τιθράσιαι), τ.479 (s. v. Τίθρασος); sch. vet. Ar. Ra. 477. Para las Gorgonas en África, cf. Servio, Aen. VI 289 (cerca del Atlas).<br />
[19] Para la invención del nómos, cf. Nonno, D. XL 227-233; Píndaro, P. XII 14 y 39; sch. Pi. P. XII 12ab, 15ab, 35ab, 39a. Para las Gorgonas y Micenas, cf. Ps.-Plutarco, Fluu. 18.6. También su mugido explica el nombre de Mícale y Micaleso, cf. Suda, μ.1490 (s. v. Μυκάλη, Μυκαλησός); sch. Il. II 498b. Para las voces de las Gorgonas al morir Medusa, cf. Nonno, D. XXV 53 y 58 (véase además XXX 266).<br />
[20] Cf. J.-P. Vernant, La muerte en los ojos. Figuras del Otro en la antigua Grecia, Barcelona, 1996 (trad. de La mort dans les yeux, París, 1985), p. 69-71 (y por cierto que la idea de prestar atención a las voces de las Gorgonas ha sido inspirada por estas páginas de Vernant). Para el sonido de escudos, cf. Hesíodo, Sc. 232-233. Por otra parte, Vernant (op. cit., p. 71) observa que la voz del caballo forma parte de la composición de los monstruos y quiere poner en relación el caballo con los sonidos de las Gorgonas, pero en este caso parece que el argumento es débil, ya que nunca se dice que las Gorgonas emitan sonidos de caballo, ni que estos equinos relinchen con voz de Gorgona; en todo caso, cuando para caballos se usa gorgós (γοργός), palabra con la que está etimológicamente relacionada Gorgona (cf. A. Carnoy, Dictionnaire étymologique de la mythologie, París, 1965, p. 62; P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1, París, 1968, p. 233, s. v. γοργός), las connotaciones son visuales; y lo mismo vale probablemente para el hápax γοργοῦμαι (Jenofonte, Eq. 10.4).<br />
[21] Para la petrificación, cf.: Apolodoro II 4, 3; Ovidio, Met. IV 779-781; Píndaro P. X 48; sch. A. R. IV 1515; sch. Pi. P. X 72a. También se reconoce esta facultad a Esteno (Nonno, D. XXX 265) y a las tres Gorgonas (Apolodoro II 4, 2; sch. vet. A. Pr. 793). Para la sangre de Medusa, cf. Apolodoro III 10, 3 (usada por Asclepio); Eurípides, Ion 1003-1015 (dos gotas en poder de Erictonio). Para el rizo de Medusa, cf. Apolodoro II 7, 3; Suda, π.1786 (s. v. πλόκιον Γοργάδος); Pausanias VIII 47, 5 (versión con otros protagonistas).<br />
[22] Para Medusa en el Hades, cf. Apolodoro II 5, 12.<br />
[23] Para Pegaso como caballo alado, cf. Apolodoro II 3, 2; Estrabón VIII 6, 21; Eurípides, Ion 202; Juvenal III 118; Ovidio, Met. IV 785; Píndaro, O. XIII 86, I. VII 44; sch. Il. I 255-268.<br />
[24] Para el caballo pegasus, cf. Plinio, HN VIII 72, X 136 (aquí los sitúa en Escitia, aunque la redacción es dudosa; además los considera fabulosos).<br />
[25] Para Belerofonte y Pegaso, cf. Píndaro, O. XIII 84-87, I. VII 44-47; Apolodoro II 3, 2; Higino, Astr. II 18; Pausanias II 4, 1-3; Estrabón VIII 6, 21; Paléfato 28; Horacio, C. IV 11, 26-28.<br />
[26] Pegaso fue a parar al Olimpo, cf. Píndaro, O. XIII 92.<br />
[27] Para Pegaso y las fuentes de Océano, cf. Hesíodo, Th. 282 s. Para la fuente Hipocrene, cf. Estrabón VIII 6, 21; Higino, Astr. II 18; Libanio, Or. XI 97; Hesiquio, s. v. Ἱππουκρήνης (ι 858). Para la fuente de Trecén, cf. Pausanias II 31, 9.<br />
[28] Cf. Apolodoro II 4, 3; Pausanias IV 35, 9; Higino, Fab. 64; Astr. II 11; Ovidio, Met. IV 688-734.<br />
[29] Lo cuentan el erudito bizantino Tzetzes (ad Lyc. 34) y un escolio a la Ilíada (AB XX 146, el relato parece proceder del historiador Helánico, cf. fr. 4 F 26 Jacoby).<br />
[30] Los textos citados pertenecen a Petronio (89) y Quinto de Esmirna (XII 449-480).<br />
[31] Cf. 1025-1056. Por su parte, determinadas fuentes (Servio, Aen. VII 761) atribuyen la muerte de Hipólito no al toro, sino a unas focas.<br />
[32] Para Aristóteles, en cambio, κῆτος constituye una categoría zoológica formada por animales marinos vivíparos que no tienen branquias (como el delfín, la ballena o la marsopa) y los que tienen las branquias al descubierto (selacios), cf. HA 489b2, 505b30, 556b3; etc. Véase también D’A. W. Thompson, A Glossary of Greek Fishes, Londres, 1947, p. 114.<br />
[33] Los pasajes referidos prodecen de Opiano (H. I 360-382 y V 21-357) y  Eliano (NA IX 49 y XVI 18).<br />
[34] Para el nombre Ceto, véase G. Herzog-Hauser, “Die Graien”, WS 51, 1933, p. 66; A. Lesky, Thalatta. Der Weg der Griechen zum Meer, Viena, 1947, p. 109 y 141.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5><span style="text-decoration: underline;">Bibliografia</span></h5>
<ul>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">A. Carnoy, Dictionnaire étymologique de la mythologie, París, 1965.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1, París, 1968.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">M. Davies &#8211; J. Kathirithamby, Greek Insects, Londres, 1986.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">C. Falcón Martínez, E. Fernández-Galiano y R. López Melero, Diccionario de la mitología clásica, 1-2, Madrid, 1980.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">C. García Gual, Introducción a la mitología griega, Madrid, 1992.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">L. Gil, Nombres de insectos en griego antiguo, Madrid, 1959.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">R. Graves, Los mitos griegos, 1-2, Madrid, 1985.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">P. Grimal, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, 1984.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">&#8212;&#8211;, La mitología griega, Barcelona, 1989.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">G. Herzog-Hauser, “Die Graien”, WS 51, 1933, 66-72.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">I. Kranskopf &#8211; S.-Ch. Dahlinger, “Gorgo, Gorgones”, LIMC 4.1, 1988, 285-330.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">A. Lesky, Thalatta. Der Weg der Griechen zum Meer, Viena, 1947.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">LIMC = Lexicon iconographicum mythologiae classicae, Zurich-München 1981 s.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">S. Martínez, “El poeta i les aus”, Anuari de filologia de la Universitat de Barcelona. Studia Graeca et Latina, 21, 9, 1998-1999, 107-122.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">A. Ruiz de Elvira, Mitología clásica, Madrid, 1982 (2ª ed.).</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">D&#8217;A. W. Thompson, A Glossary of Greek Fishes, Londres, 1947.</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">J.-P. Vernant, La muerte en los ojos. Figuras del Otro en la antigua Grecia, Barcelona, 1996 (trad. de La mort dans les yeux, París, 1985).</h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">M. L. West, Hesiod. Theogony, Oxford, 1966 (reimpr. 1997).</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5><span style="text-decoration: underline;">Ilustraciones</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Perseo degüella a Medusa (cerámica del VII a. C., Museo del Louvre, CA 795).<br />
2. A lomos de Pegaso, Belerofonte da muerte a la Quimera (cerámica ática del V a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas, nº 2179).<br />
3. Andrómeda de Gustave Doré (1869; colección privada).<br />
4. Hércules y el monstruo del mar, hidria del s. VI a. C. (colección Niarchos, Atenas).<br />
5. Laocoonte y sus hijos, período helenístico (Museo Pio-Clementino, Ciudad del Vaticano).</h5>
]]></content:encoded>
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		<title>Lecturas clásicas para el verano</title>
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		<pubDate>Thu, 27 May 2010 21:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<description><![CDATA[Una divertidísima adaptación de Plauto, un estudio sobre los oráculos griegos, unas conferencias sobre Ulises y Perseo, un trabajo sobre los gestos, la narración de un día en la Roma del imperio y una reflexión sobre los griegos y la violencia, serán los libros que comente en este artículo. Al final se encontrará una lista no exhaustiva de otros aparecidos últimamente (para más información se incluyen enlaces a las páginas de las editoriales).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/Sappho_poem_an_old_age-3aC-Altes-museum-berlin.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-large wp-image-3793  aligncenter" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/Sappho_poem_an_old_age-3aC-Altes-museum-berlin-1011x1024.jpg" alt="" width="546" height="553" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Una divertidísima adaptación de Plauto, un estudio sobre los oráculos griegos, unas conferencias sobre Ulises y Perseo, un trabajo sobre los gestos, la narración de un día en la Roma imperial y una reflexión sobre los griegos y la violencia, serán los libros que comente en este artículo. Al final se encontrará una lista no exhaustiva de otros aparecidos últimamente (para más información se incluyen enlaces a las páginas de las editoriales).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h3 style="text-align: justify;">1. J. de Romilly, <em>La Grecia antigua contra la violencia</em>, Madrid, 2010, 153 páginas (traducción de <em>La Grèce antique contre la violence</em>, París, 2000).</h3>
<p style="text-align: justify;">Con un retraso de diez años se publica en nuestro país la traducción (obra de J. Terré, no siempre demasiado entonado, por cierto) de un libro esencial, puesto que su importancia trasciende los estudios helénicos y toca el tema candente, la llaga abierta de nuestro tiempo: la violencia. De Romilly se pregunta qué puede aportar la Grecia antigua contra ella, para aborrecerla y para desechar su uso, y qué consejos podemos obtener de sus autores para paliar sus consecuencias. Jacqueline de Romilly es sobradamente conocida, pues ha publicado numerosos trabajos sobre la Grecia clásica (Tucídides, la tragedia, el pensamiento y los conflictos de la época, etc.), habiendo recibido las más altas distinciones.<br />
     En los textos clásicos quedan reflejados abundantes actos de violencia; no obstante, según de Romilly, estos actos violentos protagonizan los escritos en tanto que los autores los denuncian y condenan. Y precisamente estas denuncias constituyen un legado valioso –acaso el más valioso, hoy en día– de los autores antiguos. “La cultura griega –dice la autora (p. 16)– se define como una búsqueda apasionada de todo lo que pueda poner fin a esta violencia considerada brutal e indigna del ser humano.” Ello se produjo en dos etapas: primero, en el descubrimiento de la justicia y, en segundo lugar, en el descubrimiento de la benignidad.<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/la-grecia-antigua-contra-la-violencia.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-3792" style="margin: 10px;" title="la-grecia-antigua-contra-la-violencia" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/la-grecia-antigua-contra-la-violencia.jpg" alt="" width="200" height="299" /></a><br />
     El primero de los tres capítulos del libro está dedicado al estudio de la violencia en la tragedia; en efecto, la tragedia griega gira en torno de la violencia; podríamos decir que es su tema, si bien la condena de manera clara e inequívoca: contra el crimen familiar y su venganza en la <em>Orestíada</em>, contra la dictadura en <em>Las suplicantes</em> de Eurípides, contra la guerra en <em>Las troyanas</em> o <em>Los siete contra Tebas</em>&#8230; (quizá no en <em>Los persas</em>, a pesar de la opinión de J. de Romilly –p. 50-51– , tragedia que, a mi modesto entender, hace una apología de la guerra defensiva ateniense contra el invasor persa). Hay dos tragedias que parecen una excepción en esta condena (<em>Medea </em>y <em>Las Bacantes</em>), pero sobre ambas volverá más adelante de Romilly.<br />
     En la segunda parte del libro la autora pasa a ocuparse de la violencia divina en oposición a la benignidad humana. En este aspecto, J. de Romilly subraya que, en contraste con los humanos, los dioses actúan brutal y arbitrariamente. Esta actuación divina tiene, no obstante, unos límites y unas causas. En todo caso, fueron precisamente los dioses quienes infundieron la benignidad en los hombres, y a la esfera humana están limitados sentimientos como el perdón y la reconciliación. Y justamente la indefensión ante lo divino hace nacer el sentimiento de solidaridad entre los hombres. Con todo, el pensamiento griego (o al menos así se aprecia en autores tan relevantes como Píndaro, Eurípides o Platón) manifiesta también una tendencia a atribuir a los dioses bondad y benignidad.<br />
     El último capítulo trata de los recursos que se pueden oponer a las violencias cotidianas; es decir qué remedios puede ofrecernos la Grecia clásica contra la violencia: el ideal de la concordia (<em>homonoia</em>), “el apego vívido a las leyes de la ciudad, un cierto sentido de la solidaridad humana y, más profundamente todavía, un amor constante por la vida y sus bellezas” (p. 101).<br />
     J. de Romilly centra sus conclusiones en aclarar el hecho de que en numerosos casos los autores griegos hicieron un bello retrato de los actos violentos; y su explicación concluye que los autores no dejaron de comentar el contenido y las consecuencias de los actos violentos, de analizarlos y de advertir claramente contra ellos. Los griegos hicieron frente a la violencia con palabras –esto es, con conceptos–, “pero las palabras pueden ser más bellas que las armas y su acción ser más duradera” (p. 129). <a href="http://www.editorialgredos.com/la-grecia-antigua-contra-la-violencia_jacqueline-de-romilly_libro-GBNC022-es.html" target="_blank">Enlace</a></p>
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<h3 style="text-align: justify;">2. D. Hernández de la Fuente, <em>Oráculos griegos</em>, Madrid, 2008, 272 páginas.  </h3>
<p style="text-align: justify;">“El oráculo (…) es la respuesta más o menos misteriosa de un ser sobrenatural (…) a una pregunta acerca del porvenir, que se ofrece a través de un intermediario humano en un lugar determinado y siguiendo un ritual preciso”; la definición procede del propio Hernández de la Fuente (p. 23), pero, como muy bien dice poco después, en nuestra lengua esta palabra también se aplica al propio lugar y al intermediario. Los oráculos constituyeron un elemento clave, básico, en el mundo griego antiguo, tanto en la realidad cotidiana como en el imaginario mitológico y literario; en ellos, en la lengua, en las Olimpíadas, en la poesía de Homero, en los mitos, radica la identidad griega. De ahí el interés de este libro que, de un modo divulgativo, pero al mismo tiempo profundo y completo, toca numerosos aspectos relativos a los oráculos.<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/oraculos-griegos.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-medium wp-image-3791" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/oraculos-griegos-189x300.jpg" alt="" width="189" height="300" /></a><br />
     El autor, además de novelista y ensayista, ha trabajado en la traducción de Nono de Panópolis y de Plutarco, publicando estudios sobre el panopolitano y sobre temas mitológicos. Por eso, no nos sorprende la agradable redacción del libro ni, como obra de un profesor, su claridad pedagógica.<br />
     La primera parte del libro está dedicada a introducirnos en el origen de la adivinación y en los sus dos grandes géneros. Indaga en los primeros tiempos de los oráculos sobre todo a través del análisis de algunos mitos. En cuanto a los dos tipos de adivinación, el autor los relaciona con dos personajes de la mitología: la adivinación a través del trance, la visión, el sueño, el entusiasmo o posesión divina, encarnada en la figura de Casandra; el otro tipo se basa en la interpretación de señales como el vuelo de las aves, las entrañas de los animales sacrificados, los fenómenos meteorológicos, etc. y tiene un eximio representante en la figura de Héleno, hermano gemelo de aquélla.<br />
     La segunda parte, la más extensa del volumen, aproximadamente cien densas páginas, profundiza sobre las funciones de la adivinación en el mundo griego. Estudia los vínculos de los oráculos con los mitos y la literatura, su relación con los filósofos, con otros actos religiosos (plegarias o fiestas, por ejemplo), su papel en la identidad de lo helénico, sus vínculos con la política, etc.<br />
     La tercera y última parte trata de las sedes más importantes de los oráculos; describe de una manera tan exacta como hoy en día resulta posible los santuarios de Apolo en Delfos y Delos, además de otros menores como Dídima y Claros, situados en Asia Menor; también informa acerca de los oráculos de Zeus en Dodona y Siwa; y finalmente nos introduce en santuarios como Epidauro donde se practicaba la curación de enfermos y donde las prácticas oraculares, bajo la advocación de Asclepio, el dios de la medicina, desempeñaban un papel principal. De todos estos santuarios se describen, a grandes rasgos, el recinto (incluyendo algunos planos), las excavaciones y lo que se sabe del ritual.<br />
     El último apartado (“El crepúsculo de los oráculos”) está consagrado a explicar cómo se produjo la decadencia de los oráculos y la huella que dejaron en la posteridad.<br />
     El libro, cuya lectura resulta en sí misma placentera, es altamente recomendable, por la abundante y clara información que aporta, así como por el rigor filológico en los textos antiguos que aduce y la rica bibliografía con que está documentado. <a href="http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaElige.pl?id_sello_editorial_web=34&amp;id_sello_VisualizarDatos=34&amp;codigo_comercial=3464117" target="_blank">Enlace</a></p>
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<h3 style="text-align: justify;">3. M. A. Fornés Pallicer – M. Puig Rodríguez-Escalona, <em>El porqué de nuestros gestos. La Roma de ayer en la gestualidad de hoy</em>, Barcelona – Palma, 2008, 92 páginas. </h3>
<p style="text-align: justify;"><em>Lo bueno, si breve&#8230;</em> Este librito, pese a su brevedad, resulta atractivo y se gana el interés, no menos que la simpatía, del lector desde los primeros párrafos. Está dedicado a la gestualidad en el mundo romano.<br />
     Se estudian diez gestos antiguos (las orejas de burro, levantar el dedo corazón, los cuernos, chascar con los dedos, etc.) a partir de testimonios antiguos, escritos y/o icónicos, para establecer la forma en que se hacían y el significado o los significados que tenían. De este análisis se deduce que muchos de nuestros gestos conservan sin cambios los que usaban los antiguos romanos, es decir que no sólo hemos heredado la lengua, sino también el acompañamiento gestual. Es bien cierto también que, como pasó con las palabras, algunos gestos han cambiado ligera o profundamente en su forma o en su significado, y que otros han desaparecido.<br />
     El trabajo se abre con una introducción donde se explican los objetivos del libro y se dan unas breves nociones teóricas sobre la gestualidad. Diremos que en los actos comunicativos se distingue una triple estructura: lo que se dice (el lenguaje), la forma de decirlo (paralenguaje) y los movimientos corporales (o cinésica). Entre estos últimos se encuentran los gestos, y entre ellos los emblemas, que son aquellos gestos convencionales, que tienen, en definición de las autoras, “un equivalente verbal sin ninguna ambigüedad –aunque pueden ser polisémicos, añadiremos nosotros– en el ámbito de una cultura determinada” (p. 14).<br />
     El volumen se completa con una bibliografía muy correcta y acertada, además de un breve diccionario acerca de los autores antiguos citados, que puede resultar de utilidad a los neófitos. <a href="http://www.octaedro.com/index.php?q=catalogo/articulos/ver/7004&amp;id=es" target="_blank">Enlace</a></p>
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<h3 style="text-align: justify;">4. A. Angela, <em>Un día en la Antigua Roma. Vida cotidiana, secretos y curiosidades</em>, Madrid, 2009, 380 páginas (traducción de <em>Una giornata nell&#8217;antica Roma. Vida quotidiana, segreti e curiosità</em>, Roma, 2007).</h3>
<p style="text-align: justify;"><em>700.000 italianos no pueden equivocarse</em>: discúlpeme el lector esta broma, nacida de la frase de la portada del libro, donde se informa de que se ha superado esa cantidad de ejemplares vendidos en Italia; es decir que, hasta cierto punto, nos hallamos ahora en la categoría de los <em>best-sellers</em>, apartado divulgativo y/o ensayístico. Por otra parte, el hecho de que el volumen haya sido galardonado con el premio Cimitile de ensayo también parece un aval. Ahora bien, conviene advertir de que el<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/un-dia-en-la-antigua-roma.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-medium wp-image-3790" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/un-dia-en-la-antigua-roma-214x300.jpg" alt="" width="214" height="300" /></a> autor, Alberto Angela, carece de formación especializada en la Antigüedad clásica, puesto que se especializó en paleontología y paleoantropología. Así que, por decirlo de algún modo, toca de oído, aunque lo hace bien, puesto que, si bien a veces deja algún tema un tanto en el aire y pasa de puntillas por otros, el libro está bien documentado y construido. Volviendo al autor, es bien conocido por sus obras destinadas al gran público (sobre los tiburones, el cosmos, la historia del planeta, etc.) y por sus programas de televisión.<br />
     Es la novela, bien escrita, aunque en ciertos pasajes algo morosa, de un día en la vida de Roma imperial desde el amanecer hasta el anochecer, recorriendo todos los lugares comunes y algunos menos comunes. De todos modos, da la impresión de que este libro ya lo hemos leído antes, y así es, puesto que hay algunos trabajos que ya se han ocupado de relatar la historia de la vida diaria. En el ámbito que nos ocupa destaca el libro de J. Carcopino <em>La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio</em>, que, a pesar de haber sido publicado por primera vez en 1939, ha conservado en buena medida su interés y su valor, que deben atribuirse a la abundante documentación usada y que da la impresión de haber inspirado más de una vez a Angela. Por eso quiero insistir que el valor del libro de Angela radica sobre todo en su excelente narración y amena redacción. Además el volumen incluye algunas ilustraciones dentro y fuera de texto (éstas creadas infográficamente), que debemos alabar, lamentando al mismo tiempo que no haya más.<br />
     El libro abarca, como ya he dicho, la mayor parte de las actividades que llevaba a cabo un habitante de la ciudad, desde que despertaba hasta que se iba a dormir. Es cierto que las distintas clases sociales tenían una agenda bien diferente, a veces opuesta, a veces complementaria, y esta cuestión queda bien reflejada en el libro; el relato de la actividad de un patricio se complementa con los actos de sus esclavos o con los de los siervos ajenos que nos vamos encontrando en nuestro recorrido (y digo nuestro, porque el autor consigue hasta cierto punto que nos identifiquemos con su paseo de cámara, casi siempre oculta, algo en verdad televisivo) por las calles de la Ciudad Eterna.<br />
     Empezamos con el amanecer en una <em>domus</em> y la actividad que allí se desarrolla en torno al señor y a la señora de la casa, su manera de vestirse y de acicalarse. Saltamos a las primeras tareas que se emprenden en la ciudad, el trabajo de los barberos, visitamos las <em>insulae</em>. Recorremos tiendas, talleres y calles, observamos los juegos, asistimos a una clase de primaria, etc. Hay, desde luego, algunos datos de los que no se suelen explicar en las clases, como la equivalencia aproximada entre un sestercio y un euro, el precio de un esclavo, la <em>Forma Urbis</em>, entre otros. No faltan alusiones o descripciones un tanto morbosas de reos entregados a las fieras del anfiteatro, de la higiene en las letrinas, de las señoras en las termas o de la actividad sexual de los antiguos romanos. ¡Es la televisión, señores! ¡Pasen y vean!  <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497349062" target="_blank">Enlace</a></p>
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<h3 style="text-align: justify;">5. J. A. Martínez, <em>Totus Plautus (o casi)</em>, Alcira, 2010, 114 páginas.</h3>
<p style="text-align: justify;">El nombre de la colección en que se publica este título, <em>Joven teatro de papel</em>, ya aclara bastante la intención con que ha sido creado; como refiere José Antonio Martínez, la razón para publicar este <em>Totus Plautus</em> es que “no son fáciles de encontrar (&#8230;) adaptaciones de sus obras orientadas a los escolares, siendo, como es, sin embargo, el padre de la comedia y, por lógica, uno de los dramaturgos que más fácilmente puede llegar a nuestros alumnos. Por otra parte (&#8230;) pocos de sus textos al completo son adecuados a sus mentalidades, al aparecer situaciones y personajes pensados para un público adulto” (p. 9-10). Se trata, en efecto, de una adaptación orientada a los estudiantes, pero que también puede resultar de interés para el lector general o para el aficionado al teatro en particular. El librito cuenta asimismo con una introducción suficiente sobre Plauto y las características de sus comedias (los personajes, el lenguaje, la comicidad, etc.).<br />
     El objetivo que se propone el adaptador se consigue –y a fe que se consigue– dando “cuenta de los momentos más significativos de sus obras, estructurados en un nuevo texto cuya trama central se encuentra también en ellas mismas” (p. 10-11). El armazón de la nueva obra se apoya en las comedias <em>Anfitrión</em> y <em>Aulularia</em>, a la que se añaden elementos del <em>Miles gloriosus, Pseudolus</em> y algunas más. El truco está en hacer vecinos de la misma calle a Anfitrión, el marido burlado por Júpiter, y al viejo avaro Euclión. Probablemente esto disgustará a los puristas, puesto que mezcla varias comedias. Pero, aparte de recordar que lo mismo hacía Plauto, hay que admitir que el resultado está muy logrado, pues <em>Totus Plautus</em> se sigue con la sonrisa en los labios y a veces con una sonora carcajada. También podrá resultar desagradable a algún lector alguna escena añadida por el adaptador, que, a pesar de no encontrarse en el texto plautino, responde al espíritu del de Sársina.<br />
     Hay, de todos modos, algún detalle que parece innecesario y difícilmente justificable, como el hecho de que transforme a los esclavos en criados, puesto que los jóvenes son capaces de entender el concepto de esclavitud. Con todo, una fuerte y merecida ovación para J. A. Martínez. <a href="http://www.algareditorial.com/" target="_blank">Enlace</a></p>
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<h3 style="text-align: justify;">6. J.-P. Vernant, <em>Ulises/Perseo. Breve conferencia sobre los héroes de la Antigüedad</em>, Barcelona, 2010, 127 páginas (traducción de <em>Ulysse suivi de Persée. Petite conférence sur la Grèce</em>, París, 2004).</h3>
<p style="text-align: justify;">Después de haber publicado numerosos trabajos eruditos y penetrantes acerca de la Grecia antigua (<em>Los orígenes del pensamiento griego</em>, <em>Mito y pensamiento en la antigua Grecia</em>, <em>Mito y sociedad en la antigua Grecia</em>, y muchos más en solitario o en colaboración con M. Detienne y P. Vidal-Naquet, entre otros), J.-P. Vernant (1914-2007) muestra en este volumen una admirable faceta desconocida hasta ahora, al menos para nosotros, la de conferenciante para jóvenes. El libro reproduce el texto de dos conferencias que pronunció en la primera mitad de la pasada década y las preguntas –ignoro si todas– que le dirigió su joven auditorio.<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/Ulises_Perseo.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-full wp-image-3789" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/Ulises_Perseo.jpg" alt="" width="200" height="281" /></a><br />
     La primera de las dos charlas trata de las peripecias de Ulises, desde que salió de Ítaca para ir a la guerra de Troya hasta su regreso veinte años después a su isla patria y su reconocimiento por parte de los suyos. Vernant se extiende especialmente en algunos episodios como la estancia de Ulises en la isla de los Cíclopes y, en cambio, apenas alude a otros como la matanza de los pretendientes; por esa razón su joven auditorio le tiene que preguntar por las Sirenas. La segunda conferencia relata el mito de Perseo; empieza informándonos de la ascendencia familiar del héroe y acaba con su muerte y catasterización.<br />
     J.-P. Vernant sigue en sus charlas los argumentos de Homero y Hesíodo respectivamente y como dice al principio de la segunda, “estas historias, no las altero ni las invento, sino que las cuenta un antiguo poeta griego, Hesíodo, en el siglo VII antes de Cristo, poco más o menos tal como os las cuento yo, o más bien yo las cuento más o menos como lo hace él” (p. 80). Pero no todo es narración, sino que en algún momento Vernant deja en suspenso su relato y expone alguna reflexión: sobre el mundo al que viaja Ulises (p. 22-24), sobre lo efímero y lo inmortal (p. 57-58) o sobre qué representa la Gorgona (p. 90-92 y 110-111).<br />
     Se trata, pues, de una lectura amena y grata, recomendable para los jóvenes y para los no tan jóvenes que quieran tener un primer contacto con la mitología griega. La traducción es muy correcta y sólo he detectado un descuido (en la p. 81 se escribe “Tirinte”, a la francesa, en lugar de Tirinto). <a href="http://www.paidos.com/ficha.aspx?cod=38317" target="_blank">Enlace</a></p>
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<h3>Algunos títulos más (sin ánimo de ser exhaustivo)</h3>
<h3> </h3>
<h3>En la categoría de traducción:</h3>
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<li>Esquilo, <em>Tragedias IV. Coéforos. Euménides</em>, ed. F. Rodríguez Adrados y E. Calderón Dorda, Madrid, 2010. <a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/inicio.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Eurípides, <em>Fenicias. Suplicantes. Heraclidas</em>, trad. de A. Pérez Jiménez, Madrid, 2009. <a href="http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=946908&amp;id_sello_editorial_web=34&amp;id_sello_VisualizarDatos=34" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Filóstrato Aristéneto, <em>Cartas de amor</em> – Aristéneto, <em>Cartas</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.editorialgredos.com/vol.-382---cartas-de-amor---cartas_filostrato-aristeneto_aristeneto-..._libro-GBCC382-es.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Hefestión, <em>Métrica griega</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.sarasuati.com//www.editorialgredos.com/vol.-383---metrica-griega_hefestion_libro-GBCC383-es.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Higino, <em>Fábulas mitológicas</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.editorialgredos.com/vol.-380---fabulas_higinio-...._libro-GBCC380-es.html" target="_blank">Enlac</a>e. Otra traducción reciente es obra de F. M. del Rincón Sánchez. <a href="http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=2010285&amp;id_sello_editorial_web=34&amp;id_sello_VisualizarDatos=34" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Homero, <em>Ilíada</em>, trad. de Ó. Martínez García, Madrid, 2010. <a href="http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=2416429&amp;id_sello_editorial_web=34&amp;id_sello_VisualizarDatos=34" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Homero, <em>Ilíada</em>, III, ed. L. M. Macía Aparicio, Madrid, 2009. <a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/inicio.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Jenofonte, <em>Constitución de Esparta; Constitución de Atenas</em>, a cargo de P. Varona, Madrid, 2009. <a href="http://www.catedra.com/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=1722718&amp;id_sello_editorial_web=01&amp;id_sello_VisualizarDatos=01" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Luciano de Samosata, <em>Pleito entre consonantes; Pseudosofista</em>, a cargo de M.ª T. Amado Rodríguez, Madrid, 2009. <a href="http://www.catedra.com/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=1721517&amp;id_sello_editorial_web=01&amp;id_sello_VisualizarDatos=01" target="_blank">Enlace</a></li>
<li>Luciano, <em>El bibliómano ignorante</em>, trad. de Helena González e introducción de Iván de los Ríos, Madrid, 2009. <a href="http://www.erratanaturae.com/index.php/2009/el-bibliomano-ignorante/" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Macrobio, <em>Saturnales</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.editorialgredos.com/saturnales_macrobio-macrobio_libro-GBCC384-es.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>Virgilio, <em>Eneida</em>, I, ed. A. Ramírez de Verger Jaén, L. Rivero García, J. A. Estévez Sola y M. Librán Moreno, Madrid, 2009. <a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/inicio.html" target="_blank">Enlace</a></li>
<li><em>Líricos griegos. Elegíacos y yambógrafos arcaicos</em>, ed. F. Rodríguez Adrados, Madrid, 2010. <a href="http://www.publicaciones.csic.es:8080/CSIC/inicio.html" target="_blank">Enlace </a></li>
</ul>
<h3> </h3>
<h3>Entre los estudios y ensayos:</h3>
<ul>
<li>A. Bernabé y F. Casadesús (eds.), <em>Orfeo y la tradición órfica: un reencuentro</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.akal.com/libros/Orfeo-y-la-tradiciOn-Orfica/9788446018964" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>A. Birley, <em>Marco Aurelio</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.editorialgredos.com/marco-aurelio_anthony-birley_libro-GBNC018-es.htm" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>G. Bravo, <em>Teodosio</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497349260" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>E. Cantarella, <em>El dios del amor</em>, Barcelona, 2009. <a href="http://www.paidos.com/ficha.aspx?cod=52147" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>F. Castelló, <em>Hablar como los dioses</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.edicionesevohe.com/" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>O. Dickinson, <em>El Egeo: de la Edad de bronce a la Edad de hierro</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.ed-bellaterra.com/" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>M. Fernández Algaba, <em>Vivir en Emérita Augusta</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497348829" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>N. Fields, <em>Termópilas: la resistencia de los 300</em>, Barcelona, 2009. <a href="http://sellotest.rbalibros.com/termopilas_la-resistencia-de-los-300_nic-fields_libro-OSPC003-es.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>C. García Gual, <em>Encuentros heroicos. Seis escenas griegas</em>, Madrid. 2009. <a href="http://www.fcede.es/site/es/libros/detalleslibro.asp?IDL=6679" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>C. García Gual y otros, <em>Cinco miradas sobre la novela histórica</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.edicionesevohe.com/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=46" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>P. González Serrano, <em>Mitología e iconografía en la pintura del Museo del Prado</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.edicionesevohe.com/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=60" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>S. Gouguenheim, <em>Aristóteles y el islam. Las raíces griegas de la Europa cristiana</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.editorialgredos.com/aristoteles-y-el-islam_sylvain-gouguenheim_libro-GBNC019-es.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>W. Hecker, <em>Las conquistas de Alejandro Magno</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.editorialgredos.com/las-conquistas-de-alejandro-magno_waldemar-heckel_libro-GBNC023-es.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>K. Kerényi, <em>Hermes, el conductor de almas</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.sextopiso.com/esp/art_detalle.php?ida=188" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>K. Kerényi, <em>El médico divino</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.sextopiso.com/esp/art_detalle.php?ida=166" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>C. Martínez de la Torre, <em>Mitología clásica e iconografía cristiana</em>, Madrid, 2010. <a href="http://www.elcorteingles.es/tiendas_e/cda/cera/producto/0,5553,9788480049429,FF.html" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>F. Martínez Marzoa, <em>La cosa y el relato: a propósito de Tucídides</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.abadaeditores.com/web/index.php" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>J. Negrete, <em>La gran aventura de los griegos</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497348133" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>C. F. Quesada Sanz, <em>Armas de Grecia y Roma</em>, Madrid. 2008. <a href="http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=9788497347006" target="_blank">Enlace </a></li>
<li>L. Sancho Rocher, <em>¿Una democracia “perfecta”?: consenso, justicia y demokratía en el discurso político de Atenas (411-322 a.C.), </em>Zaragoza, 2009. <a href="http://www.sarasuati.com//ifc.dpz.es/publicaciones/ver/id/2927" target="_blank">Enlace</a></li>
<li>G. Schwab, <em>Las más bellas leyendas de la Antigüedad</em>, Madrid, 2009. <a href="http://www.editorialgredos.com/las-mas-bellas-leyendas-de-la-antiguedad_gustav-schwab_libro-GBNC016-es.html" target="_blank">Enlace </a></li>
</ul>
<p> </p>
<h3>Ilustraciones:</h3>
<p style="text-align: justify;">1. Fragmento papiráceo del siglo III a. C., que contiene un poema de Safo (Altes Museum, Berlin).</p>
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		<title>&#8220;Iacta alea est&#8221; y otras frases de César</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Apr 2010 10:41:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<description><![CDATA[En este artículo se estudian cuatro frases célebres tradicionalmente atribuidas a Julio César “La suerte está echada”, “Sólo César manda en César”, “La mujer de César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo” y “Llegué, vi, vencí”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/PompeoMagno.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Caesar-Altes-Museum-Berlin.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a><em>Dedicado al alumnado de bachillerato que cursa las asignaturas de Latín y Griego en el IES Can Vilumara</em></p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Caesar-Altes-Museum-Berlin.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-large wp-image-3644" title="Caesar-Altes-Museum-Berlin" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Caesar-Altes-Museum-Berlin-697x1024.jpg" alt="" width="488" height="717" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Muchas frases pronunciadas por personajes de la Antigüedad clásica han alcanzado celebridad y la han conservado a través de los siglos; entre ellas hay unas pocas atribuidas a Julio César. Aquí nos ocuparemos de algunas, con la intención de aclarar su sentido y su literalidad, concretamente de “La suerte está echada”, “Sólo César manda en César”, “La mujer de César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo” y “Llegué, vi, vencí”. Dejaremos para mejor ocasión la no menos famosa “Tú también, Bruto, hijo mío”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2><em>Iacta alea est</em></h2>
<p style="text-align: justify;">Una madrugada del invierno de 50-49 a. C., Julio César atravesó con sus tropas el río Rubicón,(1) un hecho que constituyó una declaración de guerra contra Pompeyo, el comienzo de la segunda guerra civil.(2) En ese trance pronunció unas palabras que, andando el tiempo, se convirtieron en un lugar común: “La suerte está echada”, como solemos decir, cuando nos vemos obligados a actuar de una forma determinada o a sufrir las consecuencias de actos ajenos, sin tener alternativas.</p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar, es menester recordar las palabras literales de César.(3) Tenemos varios testimonios del cruce de Rubicón conservados en sendos pasajes de Suetonio y Apiano, y en tres de Plutarco.(4) Leamos primero el texto de Suetonio:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Mientras dudaba, tuvo lugar el siguiente prodigio: de repente un individuo de una altura y belleza extraordinarias se apareció en la cercanía tocando la flauta; y como, para oír a éste, se aproximaran, además de numerosos pastores, también soldados desde sus puestos, y entre ellos también trompetas, el hombre saltó al río empuñando la trompeta que había arrebatado a uno y, tocando con enorme energía el instrumento, se fue hacia la otra orilla. Entonces César dijo: “Vayamos a donde nos llaman los prodigios de los dioses y la iniquidad de los enemigos. Lanzado ha sido el dado”. Así dijo.(5)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">He traducido <em>Iacta alea est</em> de la forma más literal que he sido capaz, porque, de momento, nos interesan las palabras exactas de César. <em>Iacta est</em> es la tercera persona del singular pasiva del pretérito perfecto de indicativo del verbo <em>iacio</em>, “lanzar”, tiempo verbal que se suele traducir por pretérito perfecto simple o compuesto; mientras que el sustantivo <em>alea</em> significa “dado”, “juego de dados” o “azar”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su parte, Apiano omite el prodigio y dibuja a Julio César sumido en sus pensamientos, mas por poco tiempo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y saliendo de su ensimismamiento, dijo a los presentes: “El retraso en atravesar este río, amigos, dará principio a mis males, pero el atravesarlo a los de todos los hombres”. Y tras decir esto como alguien inspirado por la divinidad, cruzó con decisión, pronunciando esta conocida frase: “El dado sea lanzado”.(6)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Así pues, lo que dijo César, según Apiano, difiere de la versión de Suetonio por el uso de una forma verbal diferente, un imperativo de perfecto (ἀνερρίφθω), pero más adelante volveremos sobre este detalle. El sustantivo κύβος, por su parte, significa “dado”, “as” (del dado), y en general designa objetos con forma cúbica.</p>
<p style="text-align: justify;">A su vez, Plutarco recuerda este hecho histórico en tres ocasiones, de las cuales dedicaremos una atención especial a la versión que da en la biografía de Pompeyo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Luego, como quienes se arrojan a un abismo insondable desde un despeñadero, cerró los ojos del pensamiento, corrió un velo ante el peligro y, después de exclamar ante los presentes tan sólo estas palabras en griego “Sea lanzado el dado”, hizo cruzar el ejército.(7)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Esta primera versión de Plutarco aporta dos elementos relevantes: su coincidencia en la forma verbal con Apiano y el testimonio de que Julio César se expresó en griego.</p>
<p style="text-align: justify;">En la biografía de César, Plutarco repite también las dos palabras de la frase,(8) aunque omite decir en qué lengua; en cambio, en una recopilación de dichos de reyes y generales, Plutarco, sin anotar la lengua en que habló el general, dice algo ligeramente diferente, pues añade una palabra πᾶς, “todo”, de cuyo uso nos ocuparemos en seguida:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y atravesó el río Rubicón de la prefectura gala contra Pompeyo diciendo: “Todo dado sea lanzado”.(9)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por tanto, sólo uno de los cinco testimonios conservados dice expresamente que César habló en griego; sin embargo, podemos estar razonablemente seguros de ello, por lo que veremos a continuación.</p>
<p style="text-align: justify;">En un fragmento de Menandro, autor griego del IV a. C., unos pocos versos procedentes de una comedia llamada ᾿Αρρηφορος ἢ αὐλητρίς, <em>La arréforo</em>(10) <em>o la flautista</em>, se leen exactamente las mismas palabras que las pronunciadas por Julio César. En el texto, conservado fragmentariamente, un personaje aconseja a otro que no se case:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Personaje 1º</strong>: No te cases, si tienes entendimiento, abandonando esta manera de vivir; es que yo también he estado casado: por eso te aconsejo que no lo hagas.<br />
<strong>Personaje 2º</strong>: Decidida está la cosa: ¡sea lanzado el dado!<br />
<strong>Personaje 1º</strong>: Hazlo, aunque ojalá te salves; que ahora te meterás en un verdadero mar de problemas, no el mar libio ni el Egeo donde de treinta barcos no se hunden tres, mientras que de los casados ni siquiera se ha salvado uno solo.(11)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pero el personaje 2º está decidido a casarse y se ve capaz de hacer frente a lo que la suerte le depare.</p>
<p style="text-align: justify;">Es posible que la expresión fuera ya corriente o tuviera un antecedente en un fragmento de Aristófanes, el célebre comediógrafo ateniense. A pesar de la falta de contexto, puesto que se ha conservado un único verso, es posible dar una traducción:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Entérate, por tanto, de que yo por ti tengo lanzado todo dado.(12)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En este caso, parece que un personaje ha hecho todo lo que estaba en su mano por otro y espera las consecuencias, como si los dados estuvieran aún en el aire o cubiertos por el cubilete. Llama, por otra parte, poderosamente la atención el uso de πᾶς, “todo”, en lo que coincide con las palabras atribuidas a Julio César en el último texto de Plutarco que hemos visto más arriba.</p>
<p style="text-align: justify;">Acabaremos este breve recorrido por la historia de la expresión(13) con otro pasaje del propio Plutarco que presenta una situación en verdad interesante: se trata del encuentro entre Marco Junio Bruto y Mesala la víspera de la primera batalla de Filipos:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y acabada la cena, cogiendo su mano de repente dijo en griego, como solía hacer cuando se mostraba amistoso, lo siguiente: “Te pongo por testigo, Mesala, de que estoy pasando por lo mismo que Pompeyo Magno, obligado como estoy a lanzar en una sola batalla el dado del destino de la patria. Tengamos, por tanto, buen ánimo, poniendo nuestros ojos en la suerte, de la que, aunque decidamos erróneamente, no sería justo desconfiar”. (14)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Este pasaje presenta numerosos puntos de contacto con el paso del Rubicón; Bruto se pone en manos de la suerte en un momento especialmente emotivo y decisivo para la historia de Roma y para la biografía de los protagonistas. Asimismo, Bruto emplea una expresión muy parecida a las palabras usadas por César y también lo hace hablando en griego.</p>
<p style="text-align: justify;">Así pues, da la impresión de que entre los romanos la frase era bastante conocida bien por sus orígenes helénicos o bien por su uso por Julio César.(15) No hay duda de que César la pronunció en griego(16) y en un contexto particularmente emotivo, en lo que de una u otra manera inciden Suetonio, Plutarco y Lucano.(17) Sus palabras fueron literalmente ἀνερρίφθω κύβος o tal vez πᾶς ἀνερρίφθω κύβος. Como ya se ha dicho más arriba, la expresión está compuesta por el sustantivo κύβος, que significa “dado” y la forma verbal ἀνερρίφθω. Esta última es una tercera persona del singular del imperativo de perfecto(18) medio-pasivo de ἀναρρίπτω. Por tanto, la mejor traducción parece “Sea lanzado el dado”, del mismo modo que sería preferible corregir la versión latina de Suetonio que dábamos al comienzo de estas páginas en <em>Iacta alea sit</em> o <em>Iacta alea esto</em>, como ya adelantó Erasmo de Rotterdam.(19)</p>
<p style="text-align: justify;">Por otra parte, resulta muy difícil decidir si en la expresión original de Julio César aparecía πᾶς (“todo”), pero no parece imposible, puesto que se conocen diversos juegos de azar, con dados o con tabas, con o sin cubilete, en los cuales se usaban varias piezas, sumando los puntos o valorando las combinaciones de las caras(20)</p>
<p style="text-align: justify;">Aquella madrugada invernal la suerte no estaba echada para Julio César, ni los dados habían sido lanzados, ni el destino estaba decidido, sino que todo estaba en el aire y empezaba la partida entre él y Pompeyo: todo dado debía ser lanzado.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<h2>Interludio político-conyugal<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/PompeoMagno.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-medium wp-image-3645" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/PompeoMagno-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a></h2>
<p style="text-align: justify;">Julio César tomó esposa cuatro veces; en relación con dos de ellas se vio envuelto en ciertas circunstancias en que pronunció frases que acabaron siendo célebres. Cuando aún no había alcanzado la edad adulta, su padre lo hizo casarse con Cosutia,(21) que pertenecía a una adinerada familia ecuestre. Pero al año siguiente de morir su progenitor, Julio César, que a la sazón era un jovencísimo <em>paterfamilias</em>, repudió a Cosutia y desposó a Cornelia,(22) de la que nació Julia. Cornelia era hija de Cinna; éste, que había sido partidario de Mario, había sido asesinado en Brindisi, cuando estaba en campaña contra Sila, quien se hizo con el poder en Roma. El caso es que Sila quiso obligar a César a repudiarla. Así lo cuenta Suetonio en el comienzo de su biografía de Julio César:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Durante el decimosexto año de su vida perdió a su padre; y durante el siguiente consulado, fue nombrado sacerdote de Júpiter; habiendo repudiado a Cosutia, una joven de familia ecuestre, pero muy rica, a la que había desposado adolescente, tomó por esposa a Cornelia, hija de Cinna, el que había sido cuatro veces cónsul, y de ella pronto nació Julia; y de ningún modo pudo ser obligado por el dictador Sila a repudiarla. Por ello, privado del sacerdocio, de la dote de su esposa y de la herencia familiar, era víctima de tantas acusaciones, que se veía forzado a desaparecer de la vida pública, a cambiar casi cada noche de escondite aun enfermo de unas graves fiebres cuartanas y a rescatarse de sus perseguidores con dinero, hasta que alcanzó el perdón por intercesión de las vírgenes Vestales, de Mamerco Emilio y de Aurelio Cota, parientes y aliados suyos.(23)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Así pues, César escapó como pudo de las asechanzas de los partidarios de Sila, como también relatan con mayor o menor detalle, además de Suetonio, Plutarco(24) y Veleyo Patérculo.(25) Ahora bien, no he sido capaz de atestiguar en ningún autor antiguo la frase “En César sólo manda César”, que, según se dice, pronunció Julio César, cuando el mensajero de Sila le dijo que se divorciase de Cornelia. Parece, por tanto, una falsificación.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Mucho tiempo después, en el año 62 Publio Clodio Pulcro(26) se introdujo en casa de Julio César durante los preparativos para las celebraciones de la Bona Dea; iba disfrazado de mujer, ya que a los hombres les estaba vedado el acceso. Fue descubierto y procesado. El desarrollo de los acontecimientos fue complicado, pues implicaba a importantes políticos romanos, partidarios y detractores de Clodio. En resumidas cuentas, fue absuelto, al parecer gracias a los sobornos. Por su parte, Julio César, aun negándose a testimoniar en el proceso, para lo que alegó desconocimiento de los hechos, repudió a su esposa Pompeya.<br />
La frase que se suele atribuir a Julio César como justificación de sus actos, “La mujer de César no sólo debe ser honrada, sino también parecerlo”, debe de ser una vulgarización de unas palabras suyas recogidas por Plutarco en su biografía de Cicerón:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ciertamente César, que había sido llamado como testigo, no declaró contra Clodio, y sostuvo que no conocía ningún acto adúltero de su mujer, aunque la había repudiado, porque era preciso que el matrimonio de César no sólo estuviera limpio de actos deshonrosos, sino también de mala fama.(27)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En su biografía de César, Plutarco relata los acontecimientos con más detalle, aunque la versión de lo que dijo Julio César queda más desfigurada:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">César repudió a Pompeya inmediatamente y, siendo llamado al juicio como testigo, afirmó no conocer ninguno de los actos de que se acusaba a Clodio. Y pareciendo tan extraña su afirmación, cuando el acusador le preguntó “Entonces ¿cómo has repudiado a tu mujer?”, contestó “porque consideré que mi mujer ni siquiera puede ser objeto de sospechas”. Unos afirman que César respondió esto, porque así pensaba, pero otros que por agradar al pueblo, deseoso de salvar a Clodio.(28)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En suma, la frase que se le atribuye (“La mujer de César etc.”) se corresponde bastante bien con las circunstancias y con el sentido de sus palabras, según las recogen los historiadores antiguos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Plutarco.gif" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-full wp-image-3646 alignleft" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Plutarco.gif" alt="" width="290" height="313" /></a></p>
<h2 style="text-align: justify;"><em>Veni uidi uici</em></h2>
<p style="text-align: justify;">En el año 47 a. C., acabada la guerra civil, que había empezado con el paso del Rubicón, Julio César regresó a Roma por tierra desde Egipto a través de Asia Menor, donde derrotó a Farnaces II, rey del Ponto,(29) obteniendo una gran victoria en la batalla de Zela.(30) La campaña contra Farnaces duró en total cinco días, de manera que Julio César bien pudo escribir:(31)</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Veni uidi uici.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Es decir, “He llegado, he visto, he vencido” o bien “Llegué, vi, vencí”, según se entienda que la frase nació poco después de la victoria o que transcurrió algún tiempo más; en seguida nos ocuparemos de este asunto.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada una de estas tres formas verbales es naturalmente una primera persona del singular activo del pretérito perfecto de indicativo de los verbos <em>venio</em>, <em>video</em> y <em>vinco</em>, respectivamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Estilísticamente se trata de una frase trimembre o trícolon, en asíndeton (no hay conjunciones) y se puede reconocer una hendiatris (un concepto -“victoria fulminante”- expresado a través de tres nociones coordinadas o, como aquí, yuxtapuestas). En el plano sonoro se combina un tautograma (un modo de aliteración en que todas las palabras comienzan por la misma letra) con un homeoteleuton (coincidencia en los finales de palabra), siendo también notable el que sólo se usen seis sonidos distintos (<strong>u e i n d c</strong>). La expresión es extremadamente lacónica y adopta forma de gradación o clímax, ya que reserva para el final el hecho esencial. El biógrafo Plutarco se percata de algunos de estos detalles:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por cierto, en latín estas palabras, que acaban en la misma terminación verbal, hacen gala de una concisión no inexpresiva.(32)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ya he aludido más arriba al contexto histórico, pero ahora quisiera dedicar unas líneas al uso que, de acuerdo con los historiadores antiguos dio Julio César a la frase. Una de las versiones antiguas pertenece a Plutarco, quien señala que con estas tres palabras César comunicó la victoria por carta a un amigo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y cuando anunció a Roma la celeridad y la rapidez de esta victoria, escribió a Macio, uno de sus amigos, tres palabras “He llegado, he visto, he vencido”.(33)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">A su vez, el historiador Suetonio lo cuenta así:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Para el triunfo en el Ponto entre los “fercula” del cortejo destacó un lema de tres palabras “Llegué, vi, vencí”, que aludía, no como los otros, a los hechos de la guerra, sino como recuerdo a su pronto fin.(34)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">A diferencia de Plutarco, Suetonio informa de que la frase fue usada como lema acompañando el desfile. No obstante, tal vez no sea muy desatinado pensar que sucedieron ambas cosas; a Julio César se le ocurrió la frase, cuando escribía a su amigo, y, encontrándola afortunada, la usó entre los lemas de su cortejo triunfal.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">A modo de conclusión</h2>
<p style="text-align: justify;">En este artículo hemos podido ver la variada suerte de cuatro frases atribuidas a Julio César; cada una de ellas, que tuvo su origen en circunstancias muy diversas, posee cierta notoriedad. Hemos visto que dos de ellas, ἀνερρίφθω κύβος (“Sea lanzado el dado”) y <em>Veni vidi vici</em>, acuñadas en momentos muy concretos de su vida política y militar, fueron conservadas en su literalidad, aunque la primera sufrió las consecuencias de una interpretación errónea bien a causa de una traducción desacertada al latín o bien a causa de una transmisión textual defectuosa.</p>
<p style="text-align: justify;">En cambio, “Sólo César manda en César” parece una falsificación, puesto que no ha sido posible atestiguarla en los textos antiguos, a pesar de que las circunstancias históricas con que se ha relacionado la frase son ciertas. Finalmente, “La mujer de César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo” no se corresponde con las palabras exactas que han conservado los historiadores antiguos, aunque sí con su sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3394"></span></p>
<h3 style="text-align: justify;">NOTAS</h3>
<p style="text-align: justify;">1     Para el Rubicón, véase W. HAZLIT, “Rubico”, <em>Classical Gazetter</em>, 1851, p. 296-297; G. RADKE, “Rubico, Rubicon”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 4, 1462.<br />
2     Sobre la segunda guerra civil, cf. el apartado <em>1. El contexto histórico</em> de nuestro artículo “Espártaco en los autores antiguos (I)”, <em>Sarasuati</em>, 6-II-2010 (<a href="http://www.sarasuati.com/espartaco-en-los-autores-antiguos-i/">http://www.sarasuati.com/espartaco-en-los-autores-antiguos-i/</a>), y la bibliografía que allí se cita en la nota 5.<br />
3     Ha habido quienes, como W. Drumman – P. Groebe y H. Peters, han puesto en duda la autenticidad de la frase, pero sus argumentos no son sólidos, véase M. MARKOVIC, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, <em>Z. Ant</em>., 2, 1952, p. 63.<br />
4     Son, por otra parte, espléndidos los versos de la <em>Farsalia</em> (I 183 ss.), que empiezan <em>Iam gelidas Caesar cursu superaverat Alpes</em>, pero en ellos Lucano no alude a esta frase.<br />
5     <em>Iul</em>. 32: <em>Cunctanti ostentum tale factum est. quidam eximia magnitudine et forma in proximo sedens repente apparuit harundine canens; ad quem audiendum cum praeter pastores plurimi etiam ex stationibus milites concurrissent interque eos et aeneatores, rapta ab uno tuba prosiliuit ad flumen et ingenti spiritu classicum exorsus pertendit ad alteram ripam. tunc Caesar: “eatur,” inquit, “quo deorum ostenta et inimicorum iniquitas uocat. Iacta alea est,” inquit</em>.<br />
6     <em>BC</em> II 5.35: καὶ πρὸς τοὺς παρόντας εἶπεν ἀνενεγκών· “ἡ μὲν ἐπίσχεσις, ὦ φίλοι, τῆσδε τῆς διαβάσεως ἐμοὶ κακῶν ἄρξει, ἡ δὲ διάβασις πᾶσιν ἀνθρώποις.” καὶ εἰπὼν οἷά τις ἔνθους ἐπέρα σὺν ὁρμῇ, τὸ κοινὸν τόδε ἐπειπών· “ὁ κύβος ἀνερρίφθω.”<br />
7     <em>Pomp</em>. 60.2: εἶτα, ὥσπερ οἱ πρὸς βάθος ἀφιέντες ἀχανὲς ἀπὸ κρημνοῦ τινος ἑαυτούς, μύσας τῷ λογισμῷ καὶ παρακαλυψάμενος πρὸς τὸ δεινόν, καὶ τοσοῦτον μόνον ᾿Ελληνιστὶ πρὸς τοὺς παρόντας ἐκβοήσας, “᾿Ανερρίφθω κύβος,” διεβίβαζε τὸν στρατόν.<br />
8     <em>Caes</em>. 32.8: “Mas al final, como lanzándose con valentía, contra todo cálculo, hacia el futuro, una vez hubo pronunciado ese preludio ya célebre para quienes se meten en aventuras arriesgadas y acciones temerarias «Sea lanzado el dado», se dio prisa en cruzar el río y, avanzando ya desde entonces a la carrera, cayó sobre Arimino antes del día y se apoderó de ella”. (τέλος δὲ μετὰ θυμοῦ τινος ὥσπερ ἀφεὶς ἑαυτὸν ἐκ τοῦ λογισμοῦ πρὸς τὸ μέλλον, καὶ τοῦτο δὴ τὸ κοινὸν τοῖς εἰς τύχας ἐμβαίνουσιν ἀπόρους καὶ τόλμας προοίμιον ὑπειπὼν “ἀνερρίφθω κύβος,” ὥρμησε πρὸς τὴν διάβασιν, καὶ δρόμῳ τὸ λοιπὸν ἤδη χρώμενος, εἰσέπεσε πρὸ ἡμέρας εἰς τὸ ᾿Αρίμινον, καὶ κατέσχε.).<br />
9     <em>Mor</em>. 206b: Καὶ διέβη τὸν Ῥουβίκωνα ποταμὸν ἐκ τῆς Γαλατικῆς ἐπαρχίας ἐπὶ Πομπήιον εἰπών “πᾶς ἀνερρίφθω κύβος.”<br />
10     Las arréforos eran cuatro niñas atenienses de familia noble escogidas por el arconte basileo para llevar en la procesión los objetos sagrados de Atenea Polia; sobre esta celebración, véase HUNZIKER, “Arrhephoria”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 1-1, p. 440-441. L. SCHMITZ, “Arrhephoria”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, p. 193-194.<br />
11     Fr. 59 Koerte (conservado en el XIII 559e de los <em>Deipnosophistai</em> de Ateneo de Náucratis): οὐ γαμεῖς, ἂν νοῦν ἔχῃς, | τοῦτον καταλείπων τὸν βίον. γεγάμηκα γὰρ | καὐτός· διὰ τοῦτό σοι παραινῶ μὴ γαμεῖν. | Β. δεδογμένον τὸ πρᾶγμ’· ἀνερρίφθω κύβος. | Α. πέραινε, σωθείης δέ· νῦν ἀληθινὸν | εἰς πέλαγος αὑτὸν ἐμβαλεῖς γὰρ πραγμάτων, |οὐ Λιβυκὸν οὐδ’ Αἰγαῖον , | οὗ τῶν τριάκοντ’ οὐκ ἀπόλλυται τρία | πλοιάρια· γήμας δ’ οὐδὲ εἶς σέσωσθ’ ὅλως.<br />
12     Fr. 929 PCG: φράζε τοίνυν, ὡς ἐγώ σοι πᾶς ἀνέρριμμαι κύβος.<br />
13     Y parece que siguió en boga durante bastante tiempo, pues encontramos versiones de la frase, por ejemplo, en Luciano, <em>Pr.Im</em>. 16, <em>Harm.</em> 3.<br />
14     <em>Brut</em>. 40.3: παυσαμένου δὲ τοῦ δείπνου, λαβόμενον τῆς χειρὸς αὐτοῦ σφόδρα τοσοῦτον εἰπεῖν, ὥσπερ εἰώθει φιλοφρονούμενος, ῾Ελληνικῇ φωνῇ· “μαρτύρομαί σε Μεσσάλα ταὐτὰ Πομπηίῳ Μάγνῳ πάσχων, ἀναγκαζόμενος διὰ μιᾶς μάχης ἀναρρῖψαι τὸν περὶ τῆς πατρίδος κύβον. ἀγαθὴν μέντοι ψυχὴν ἔχωμεν, εἰς τὴν Τύχην ἀφορῶντες, ᾗ, κἂν βουλευσώμεθα κακῶς, ἀπιστεῖν οὐ δίκαιον.”<br />
15     Plutarco hace hincapié en la fama de la frase en el texto de <em>Caes</em>. 32.8, que hemos reproducido y traducido en la nota 8.<br />
16     Para Julio César y su uso de esta lengua, cf. M. DUBUISSON, “Toi aussi, mon fils!”, <em>Latomus</em>, 39, 1980, p. 886-887; H. GLAESENER, “Un mot historique de César”, <em>AC</em>, 22, 1953, p. 104, nota 1; M. MARKOVIC, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, <em>Z. Ant</em>., 2, 1952, p. 63. En general, sobre la educación en Roma y la lengua griega, su influencia sobre el latín y el uso de la lengua helénica entre los romanos, por ejemplo cf. H.-I. MARROU, <em>Historia de la educación en la antigüedad</em>, Madrid, 1985, p. 314-343; F. RODRÍGUEZ ADRADOS, <em>Historia de la lengua griega</em>, Madrid, 1999, p. 173 ss.<br />
17     El poeta de la <em>Farsalia</em> con el diálogo entre César y Roma (I 190-203).<br />
18     Para el uso del imperativo de perfecto, cf. M. BASILE, <em>Sintassi storica del greco antico</em>, Bari, 2001, p. 469-470; G. L. COOPER, <em>Attic Greek Prose Syntax</em>, vol. 1, Michigan, 2001 (4ª ed.), p. 630-631.<br />
19    Sobre correcciones propuestas al texto de Suetonio y traducciones erróneas, cf. M. MARKOVIC, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, <em>Z. Ant</em>., 2, 1952, p. 63-64.<br />
20     Sobre los juegos de dados, cf. G. HUMBERT, “Alea”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 1-1, p. 179-180; G. LAFAYE, “Tessera”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 5, p. 125-136; O. W. REINMUTH, “Alea 2”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 1, 239; W. SMITH, “Alea”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 74-75; J. YATES, “Tessera”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 1112-1113. Sobre las tabas, cf. G. LAFAYE, “Talus”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 5, p. 28-31; J. YATES, “Talus”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p.1095-1096. Y para el cubilete, cf. W. H. GROß, “Fritillus”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 2, 615; E. SAGLIO, “Fritillus”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 2-2, p. 1341-1342; J. YATES, “Fritillus”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 548.<br />
21     Acerca de Cosutia (de la cual de hecho no se sabe más que lo que cuenta Suetonio en el texto que citamos), cf. L. ULRICHS, “Cossutia”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 886.<br />
22     Sobre Cornelia, cf. H. G. GUNDEL, “Cornelius 94. Cornelia”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (EDS.), 1, 1314; L. SCHMITZ, “Cornelia 2”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 854.<br />
23     <em>Iul</em>. 1.1-2: <em>Annum agens sextum decimum patrem amisit; sequentibusque consulibus flamen Dialis destinatus dimissa Cossutia, quae familia equestri sed admodum dives praetextato desponsata fuerat, Corneliam Cinnae quater consulis filiam duxit uxorem, ex qua illi mox Iulia nata est; neque ut repudiaret compelli a dictatore Sulla ullo modo potuit. Quare et sacerdotio et uxoris dote et gentilicis hereditatibus multatus diversarum partium habebatur, ut etiam discedere e medio et quamquam morbo quartanae adgravante prope per singulas noctes commutare latebras cogeretur seque ab inquisitoribus pecunia redimeret, donec per virgines Vestales perque Mamercum Aemilium et Aurelium Cottam propinquos et adfines suos veniam impetravit</em>.<br />
24     <em>Caes</em>. 1.1: “Cuando Sila se alzó con el poder, como no fue capaz ni con promesas ni con amenazas de conseguir que César repudiase a Cornelia, la hija del dictador Cinna, confiscó la dote”. (Τὴν Κίννα τοῦ μοναρχήσαντος θυγατέρα Κορνηλίαν ὡς ἐπεκράτησε Σύλλας οὔτ&#8217; ἐλπίσιν οὔτε φόβῳ δυνηθεὶς ἀποσπάσαι Καίσαρος, ἐδήμευσε τὴν φερνὴν αὐτῆς.)<br />
25     II 41.2: “Como César fuese pariente de sangre muy cercano de C. Mario y yerno de Cinna, a cuya hija no había podido obligar a repudiar bajo ninguna amenaza, mientras que M. Pisón, que había sido cónsul, había repudiado a Annia, que había sido esposa de Cinna, por complacer a Sila, y como tuviese casi dieciocho años en aquel tiempo en que Sila se hizo con el poder, buscándolo para darle muerte los subordinados y ayudantes de Sila más que el propio Sila, se cambió de ropa y escapó de la ciudad durante la noche llevando una vestimenta inadecuada para su fortuna”. (<em>Cum fuisset C. Mario sanguine coniunctissimus atque idem Cinnae gener, cuius filiam ut repudiaret nullo metu compelli potuit, cum M. Piso consularis Anniam, quae Cinnae uxor fuerat, in Sullae dimisisset gratiam, habuissetque fere duodeviginti annos eo tempore, quo Sulla rerum potitus est, magis ministris Sullae adiutoribusque partium quam ipso conquirentibus eum ad necem mutata veste dissimilemque fortunae suae indutus habitum nocte urbe elapsus est</em>).<br />
26     Sobre Publio Clodio Pulcro, cf. H. G. GUNDEL, “Clodius 8”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 1, 1227-1228; C. P. MASON, “Claudius 40. P. Clodius Pulcher”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 771-774.<br />
27     <em>Cic</em>. 29.9: ὁ μέντοι Καῖσαρ οὐ κατεμαρτύτησε κληθεὶς ἐπὶ τὸν Κλώδιον, οὐδ&#8217; ἔφη μοιχείαν κατεγνωκέναι τῆς γυναικός, ἀφεικέναι δ&#8217; αὐτὴν ὅτι τὸν Καίσαρος ἔδει γάμον οὐ πράξεως αἰσχρᾶς μόνον, ἀλλὰ καὶ φήμης καθαρὸν εἶναι. También lo recoge entre los Dichos de reyes y generales Plutarco (<em>Mor</em>. 206a): “Al preguntarle el acusador «¿Por qué entonces la has repudiado?», «Porque la mujer de Cesar -dijo- debía estar limpia incluso de calumnias»”. (ἐρομένου δὲ τοῦ κατηγόρου “διὰ τί τοίνυν ἐξέβαλες αὐτήν”, “ὅτι τὴν Καίσαρος” ἔφη “γυναῖκα καὶ διαβολῆς ἔδει καθαρὰν εἶναι.”).<br />
28     <em>Caes</em>. 10.8-10: ὁ δὲ Καῖσαρ ἀπεπέμψατο μὲν εὐθὺς τὴν Πομπηΐαν, μάρτυς δὲ πρὸς τὴν δίκην κληθείς, οὐδὲν ἔφη τῶν λεγομένων κατὰ τοῦ Κλωδίου γιγνώσκειν. ὡς δὲ τοῦ λόγου παραδόξου φανέντος ὁ κατήγορος ἠρώτησε “πῶς οὖν ἀπεπέμψω τὴν γυναῖκα;” “ὅτι” ἔφη “τὴν ἐμὴν ἠξίουν μηδ&#8217; ὑπονοηθῆναι.” ταῦθ&#8217; οἱ μὲν οὕτω φρονοῦντα τὸν Καίσαρα λέγουσιν εἰπεῖν, οἱ δὲ τῷ δήμῳ χαριζόμενον, ὡρμημένῳ σῴζειν τὸν Κλώδιον.<br />
29     Sobre Farnaces, cf. E. H. BUNBURY, “Pharnaces II”, en W. SMITH (ed.), 3, p. 241-242; H. VOLKMANN, “Pharnakes 2”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 4, 716.<br />
30     Sobre el lugar, véase W. Hazlit, “Zela”, <em>Classical Gazetter</em>, 1851, p. 367; E. OLDSHAUSEN, “Zela”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 5, 1489.<br />
31     Así lo glosa Floro (II 13): “El rey Farnaces, por confianza en nuestra desunión más que en su propia valentía, se precipitaba con un ejército dispuesto contra Capadocia. Pero César lo atacó y en un solo combate y, por así decir, no completo, lo aplastó a la manera de un rayo, puesto que, en un solo y único movimiento, llegó, golpeó y se marchó. Y no fue en vano la jactancia de César, cuando dijo que el enemigo fue vencido antes de ser visto”. (<em>Rex Pharnaces magis discordiae nostrae fiducia quam suae virtutis infesto in Cappadociam agmine ruebat. Sed hunc Caesar adgressus uno et, ut sic dixerim, non toto proelio obtrivit, more fulminis, quod uno eodemque momento venit, percussit, abscessit. Nec vana de se praedicato est Caesaris, ante hostem victum esse quam visum</em>).<br />
32     <em>Caes</em>. 50.4: ῾Ρωμαϊστὶ δ᾿ αἱ λέξεις, εἰς ὅμοιον ἀπολήγουσαι σχῆμα ῥήματος, οὐκ ἀπίθανον τὴν βραχυλογίαν ἔχουσιν.<br />
33     <em>Caes</em>. 50.3: καὶ τῆς μάχης ταύτης τὴν ὀξύτητα καὶ τὸ τάχος ἀναγγέλλων εἰς ῾Ρώμην πρός τινα τῶν φίλων Μάτιον ἔγραψε τρεῖς λέξεις· ἦλθον, εἶδον, ἐνίκησα. El tal Macio es probablemente C. Macio Calvena, un amigo íntimo de César, cf. H. G. GUNDEL, “Matius 1”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 3, 1080; L. Schmitz, “Calvena, C. Matius”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 583-584. Más resumidamente recoge Plutarco esta expresión en otro lado (<em>Mor</em>. 206e): “Y después de haber vencido a Farnaces el rey del Ponto, escribió al punto a sus amigos «He llegado, he visto, he vencido»”. (Φαρνάκην δὲ νικήσας τὸν Ποντικὸν ἐξ ἐφόδου πρὸς τοὺς φίλους ἔγραψεν “ἦλθον εἶδον ἐνίκησα.”)<br />
34     <em>Iul</em>. 37: <em>Pontico triumpho inter pompae fercula trium uerborum praetulit titulum “veni, vidi, vici non acta belli significantem sicut ceteris, sed celeriter confecti notam</em>. Para el uso de los <em>fercula</em>, cf. W. H. GROß, “Ferculum”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 2, 535; P. PARIS, “Ferculum I”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 2-2, p. 1040-1041. W. SMITH, “Ferculum”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 528. Sobre los <em>triumphi</em> y los <em>titula</em>, cf. R. CAGNAT, “Triumphus”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 5, p. 488-491; W. RAMSAY, “Triumphus”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 1163-1167; H. VRETSKA, “Triumphus”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 5, 973-974.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3 style="text-align: justify;">Índice de ilustraciones</h3>
<p style="text-align: justify;">1. C. Julio César, busto del I d. C (Altes Museum de Berlín).<br />
2. Pompeyo, estatua romana restaurada (Villa Arconati en Castellazzo di Bollate).<br />
3. Plutarco (grabado de la traducción de las <em>Vidas</em> <em>paralelas</em> de Amyot, 1565).</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3>Bibliografía</h3>
<ul>
<li>E. BICKEL, “Iacta alea est”, <em>Paideia,</em> 7, 1952, p. 269-273.</li>
<li>L. CANFORA, <em>Julio César, un dictador democrático</em>, Barcelona, 2000.</li>
<li>J. CARCOPINO, <em>Julio César</em>, Madrid, 2004.</li>
<li>CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), <em>Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines</em>, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969).</li>
<li>H. GLAESENER, “Un mot historique de César”, <em>AC,</em> 22, 1953, p. 103-105.</li>
<li>A. GOLDSWORTHY, <em>César</em>, Madrid, 2007.</li>
<li>J. HENDERSON, <em>Fighting for Rome: Poets and Caesars, History, and Civil War</em>, Cambridge, 1998.</li>
<li>V.-J. HERRERO LLORENTE, <em>Diccionario de expresiones y frases latinas</em>, Madrid, 1985 (2ª edición).</li>
<li>T. HOLLAND, <em>Rubicón. Auge y caída de la República romana</em>, Barcelona, 2005.</li>
<li>M. MARKOVIC, “Шта је Цезар заправо рекао прелазеђи Рубикон?”, <em>Z.Ant</em>., 2, 1952, p. 53-64 (artículo en serbio con un resumen en alemán -“Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”- en las dos últimas páginas).</li>
<li>W. SMITH (ed.), <em>Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology</em>, Boston, 1867.</li>
<li>W. SMITH ET AL. (eds.), <em>A Dictionary of Greek and Roman Antiquities</em>, Londres, 1890 (3ª edición).</li>
<li>K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), <em>Der kleine Pauly</em>, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).</li>
</ul>
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		<title>El mito de Perseo y &#8220;Furia de Titanes&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Apr 2010 09:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<category><![CDATA[Mitologia]]></category>
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		<category><![CDATA[peplum]]></category>
		<category><![CDATA[Perseo]]></category>
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		<category><![CDATA[sword and sandal]]></category>

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		<description><![CDATA[Acerca del tratamiento del mito de Perseo en "Furia de titanes" ("Clash of the Titans 2010")]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong><em>Dedicado a mis alumnos de 4º de ESO</em></strong></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Piero_di_Cosimo.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-large wp-image-3282  aligncenter" title="Piero_di_Cosimo" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Piero_di_Cosimo-1024x601.jpg" alt="" width="553" height="325" /></a> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">     <a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/klimt.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-medium wp-image-3281" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/klimt.jpg" alt="" width="273" height="264" /></a>Habida cuenta de los deslices que, desde el punto de vista de la mitología, se introducen en el argumento de la película <em>Furia de titanes</em>, estrenada recientemente, no sería desaconsejable recordar algunos detalles del mito de Perseo y de la mitología griega en general.  Ante todo, conviene señalar que los <strong>titanes</strong> son los dioses de la segunda generación. Entre ellos se cuenta Crono, quien, después de emascular y expulsar a su padre Urano, se hizo con el poder sobre los dioses. Otros dioses de esta generación fueron Rea (esposa de Crono), Tetis (madre de Aquiles), Océano (dios del río circular que rodea la tierra), etc. A su vez, los titanes fueron vencidos por los dioses de la generación siguiente, llamados Olímpicos, porque establecieron sus palacios en el monte Olimpo, única posesión común, una vez llevado a cabo el sorteo en que a Posidón le correspondió el mar, a Hades el inframundo y a Zeus el cielo. Por otra parte, los mitos griegos no mencionan ninguna <strong>rebelión de la humanidad</strong> contra los dioses e ignoran todo enfrentamiento entre Zeus y Hades; y aunque a nosotros nos pueda parecer un reparto injusto, Hades se conformó con el lote que le había correspondido, que no era tan pobre como puede parecer a primera vista, si tenemos en cuenta otro nombre del dios: Plutón, “el Rico”.</p>
<p style="text-align: justify;">     En cuanto a la biografía de Perseo, cabe señalar que la madre de Perseo se llamaba Dánae; su padre Acrisio la encerró en una mazmorra subterránea para evitar que pudiera tener descendencia, puesto que se había enterado por un oráculo que perdería la vida si tenía un nieto. No obstante, Zeus consiguió unirse con ella adoptando la forma de <strong>lluvia de oro</strong>. Nacido Perseo, fueron puestos en un arca y arrojados al mar. El arca llegó a Sérifos, donde Dánae y Perseo fueron recogidos por un pescador llamado Dictis (y no Spyros, como en la película). Más adelante, <strong>Polidectes</strong>, tirano de Sérifos y hermano de Dictis, envió a Perseo a por la cabeza de Medusa, con la intención de librarse de Perseo para seducir a la aún bellísima Dánae. También se cuenta que fue el propio Perseo quien se comprometió a lo que fuese, incluso a traer la cabeza de Medusa como uno de los regalos que presentaría Polidectes para conseguir la mano de Hipodamía.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/JOHNWI11.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-medium wp-image-3286 alignright" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/JOHNWI11.jpg" alt="" width="480" height="300" /></a>     En las <strong>aventuras de Perseo</strong> no intervienen ni Io ni Hades, aunque sí su padre Zeus, que interviene para que Hermes y Atenea den armas al héroe (él le da una hoz y ella un escudo); ambos además lo asisten en sus aventuras. Perseo usa también otros objetos mágicos (el casco de Hades que le confiere la invisibilidad, unas sandalias aladas y un zurrón), que le son proporcionados por ciertas ninfas de las que las fuentes no informan más. Y por supuesto, ni Perseo ni ningún personaje de la mitología griega cabalgó escorpiones gigantes acompañado de djins o genios del desierto. También es de interés saber que <strong>Pegaso</strong>, el caballo alado, fue único en su especie y, junto con Crisaor, nació del cuello de Medusa cuando fue decapitada por Perseo. En realidad, el único héroe que cabalgó el corcel alado fue Belerofontes. Para descubrir el paradero de Medusa, Perseo se vio obligado a visitar a las <strong>Greas</strong> o “Viejas”, personajes dotados de un solo ojo y de un único diente, en cuyo uso se alternaban para ver y alimentarse.</p>
<p style="text-align: justify;">     Perseo cortó la cabeza de <strong>Medusa</strong>, aunque para degollarla no tuvo que visitar el reino de Hades ni pagar a Caronte, pues Medusa habitaba en el país de los Hiperbóreos o no lejos de Tarteso. Y por cierto que Medusa era la única mortal de tres hermanas monstruosas, las Górgonas. De regreso hacia Sérifos, Perseo pasa por las costas de Etiopía, donde descubre a <strong>Andrómeda</strong> a punto de ser devorada por un monstruo, que no se llamaba Kraken (pulpo gigante perteneciente a la mitología escandinava), sino que era una criatura anónima, y no permanecía encerrado a disposición de Hades. Inmediatamente, Perseo rescata a Andrómeda, pero se casa con ella y con ella tiene siete hijos. Había sido precisamente una afirmación de su madre, Casiopea, en el sentido de que su belleza superaba a la de la mismísima diosa Hera o a la de las Nereidas, lo que atrajo la cólera de los dioses contra la muchacha.</p>
<p style="text-align: justify;">     Como hemos podido ver, <strong>resulta imposible valorar positivamente la labor de los guionistas de <em>Furia de titanes</em>, que no han hecho un buen uso de la mitología clásica, dado que mezclan sin ton ni son elementos de otras mitologías, y tergiversan y desaprovechan las aventuras de Perseo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3276"></span></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h3 style="text-align: justify;">Bibliografía esencial</h3>
<ul>
<li>C. FALCÓN MARTÍNEZ, E. FERNÁNDEZ-GALIANO Y R. LÓPEZ MELERO, Diccionario de la mitología clásica, 1-2, Madrid, 1980.</li>
<li>C. GARCÍA GUAL, Introducción a la mitología griega, Madrid, 1992.</li>
<li>R. GRAVES, Los mitos griegos, 1-2, Madrid, 1985.</li>
<li>P. GRIMAL, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, 1984.</li>
<li>&#8212;&#8211;, La mitología griega, Barcelona, 1989.</li>
<li>A. RUIZ DE ELVIRA, Mitología clásica, Madrid, 1982 (2ª ed.).</li>
</ul>
<h3 style="text-align: justify;"> </h3>
<h3 style="text-align: justify;">Índice de ilustraciones</h3>
<ol>
<li>
<div style="text-align: justify;">Piero di Cosimo, <em>Perseo libera a Andrómeda</em> (c. 1513), Galleria degli Uffizi, Florencia.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Gustav Klimt, <em>Dánae</em> (1907-1908), Leopoldmuseum, Viena.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Reproducción fotográfica de un cuadro perdido de John William Waterhouse, <em>Dánae</em> (1896).</div>
</li>
</ol>
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		<title>Espártaco en los autores antiguos (y II)</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 20:05:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Según los historiógrafos, el tracio Espártaco, que había desertado del ejército romano y se había convertido en salteador, es detenido y puesto a la venta como esclavo. Un día oye la interpretación de un presagio que va a marcar su destino; se convierte en gladiador. Hasta que ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">     Según los historiógrafos, el tracio Espártaco, que había desertado del ejército romano y se había convertido en salteador, es detenido y puesto a la venta como esclavo. Un día oye la interpretación de un presagio que va a marcar su destino; se convierte en gladiador. Hasta que &#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>4. La peripecia italiana</strong></p>
<p style="text-align: justify;">     La aventura de Espártaco continúa en el año 73 a. C.[1] en la ciudad de Capua, centro de escuelas de gladiadores.[2] Escapó de una de estas escuelas o ludi, concretamente de un establecimiento que era propiedad de Léntulo,[3] en compañía de otros gladiadores, setenta y cuatro, según la mayoría de las fuentes.[4] Plutarco apunta la presunta causa de la huida, cuando señala que los gladiadores la planearon</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>Encontrándose encerrados para combatir no por las maldades cometidas, sino por injusticia de su dueño</em>.[5]</p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Así pues, la fuga parece haber sido provocada por los malos tratos infligidos. Los huidos se refugiaron en el monte Vesubio,[6] a cuarenta kilómetros escasos de la ciudad de Capua, y por esas fechas eligieron a tres jefes:[7] Espártaco, Crixo y Enomao. Pronto se les había unido un numeroso gentío.[8]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Para los hechos posteriores seguiremos la cronología de Tito Livio, que complementaremos con datos de los otros autores. Resulta que, según Livio, los fugitivos vencieron al legado Claudio Pulcro, mejor Claudio Glabro, y al pretor Publio Vareno,[9] que los tenían cercados en el Vesubio.[10] Tras la victoria, los efectivos de los rebeldes llegaron a los setenta mil, según Apiano (BC I 116). Después deambularon por la región, logrando nuevas victorias y arrasando diversas poblaciones.[11] Cuenta además Plutarco que Espártaco sorprendió a Cosinio, cuando se bañaba en el mar, estuvo a punto de capturarlo y finalmente derrotó a sus tropas.[12]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Para el año 72 a. C. partiremos del resumen de las Periochae:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>El pretor Quinto Arrio mató a Crixo, un jefe de los fugitivos, con veinte mil hombres. El cónsul Cneo Léntulo luchó contra Espártaco con resultado adverso. Por el mismo Espártaco fueron vencidos en combate el cónsul Lucio Gelio y el pretor Quinto Arrio.</em>[13]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Y más adelante:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>El procónsul Cayo Casio y el pretor Cneo Manlio combatieron contra Espártaco con resultado adverso y esta guerra fue confiada al pretor Marco Craso</em>.[14]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Así pues, Espártaco derrotó al cónsul Cneo Léntulo,[15] al cónsul Lucio Gelio[16] y al pretor Quinto Arrio,[17] y posteriormente al procónsul Cayo Casio[18] y al pretor Cneo Manlio.[19] No obstante, los de Espártaco sufrieron una derrota ese año, pues el pretor Quinto Arrio venció a Crixo, que encabezaba a veinte mil hombres.[20] Así las cosas, el mando de las tropas de Roma pasó a Marco Licinio Craso, quien, por lo que cuenta Apiano (BC I 118), tuvo a sus órdenes seis legiones más los restos de los efectivos de los dos cónsules.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Volvemos a las Periochae para el año 71 a. C., el final de la guerra:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;">     <em>El pretor Marco Craso combatió con éxito primero contra una parte de los fugitivos que estaba formada por galos y germanos, cayendo treinta y cinco mil[21] enemigos y sus jefes Casto y Gánico. Después combatió contra Espártaco, cayendo con él sesenta mil hombres.[22]</em></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     No lo cuenta Livio, pero es notable la forma en que Craso intentó poner fin a la guerra rodeando con un foso a los rebeldes. Plutarco señala que fueron rodeados en Regio por un foso de trescientos estadios, unos sesenta quilómetros, de donde Espártaco consiguió sacar un tercio de sus tropas.[23] Un aspecto que ofrece cierto margen de duda es el escenario de la batalla final, donde cayeron Espártaco y los suyos.[24]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Merece además comentario la falta de unanimidad acerca de los efectivos de Espártaco en dicha batalla final: la cifra más repetida es sesenta mil hombres (Livio y Eutropio), pero para Veleyo Patérculo llegaron a ser noventa mil en el último enfrentamiento con el ejército romano, mientras que Orosio detalla que cayeron sesenta mil hombres y seis mil fueron hechos prisioneros, y aún quedaron algunos vagabundos que fueron aniquilados por varios generales.[25] Esos seis mil hombres bien pudieron ser los que, según Apiano, fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia. Floro y Ateneo dicen expresamente que Espártaco murió, aunque, según Apiano, el cadáver no fue encontrado.[26]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Todavía hay algunas circunstancias muy interesantes en la parte final de la aventura de Espártaco. Según relata Plutarco, hizo un intento de pasar a dos mil hombres a Sicilia, valiéndose de los servicios de unos piratas, pero fue engañado; el propósito, tal y como da a entender el de Queronea, habría sido extender la guerra, teniendo en cuenta que Sicilia era terreno abonado para las insurrecciones de esclavos.[27] Floro da unos detalles distintos, que parecen más bien la consecuencia del fracaso anterior: intentando huir, los sublevados, que se hallaban rodeados en la península de Brutio, se hacen a la mar con balsas construidas por ellos mismos, pero las corrientes les impiden lograr su objetivo.[28]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__DallOrto_28-5-2006.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-medium wp-image-2531  aligncenter" title="DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri,_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__Dall'Orto_28-5-2006" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__DallOrto_28-5-2006-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>5. Estratagemas, juegos funerarios, sacrificios</strong></p>
<p style="text-align: justify;">     A continuación nos ocuparemos de varios episodios de la biografía de Espártaco en que se relatan situaciones que requirieron del uso de la astucia por parte de los sublevados; y, por otro lado, nos detendremos en ciertas ejecuciones, que podrían ser calificadas de rituales. La primera estratagema fue puesta en práctica cuando Espártaco y los suyos se encontraban cercados en las estribaciones del Vesubio, es decir poco después de su fuga de Capua. Plutarco dice lo siguiente:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>Después fue enviado desde Roma con tres mil hombres el general Claudio y los tenía asediados en una montaña que sólo tenía un escarpado y estrecho acceso, que vigilaba Claudio, mientras que el resto eran rocas cortadas a pico y peladas; cortaron las partes útiles de los sarmientos de una abundante parra agreste que se criaba en la cumbre; entretejieron con ellos escalas resistentes y largas, de manera que, colgando desde arriba junto al risco, tocaban el llano, y descendieron con seguridad por ellas todos menos uno. Y ése, que se había quedado por las armas, una vez hubieron bajado, se las lanzaba abajo y, habiéndoselas echado todas, se salvó él mismo el último</em>.[29]</p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     De este modo, se introdujeron en el campamento de los romanos provocando la confusión y la huida de los mismos.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Una fuga más astuta, si cabe, tuvo lugar cuando los de Espártaco se hallaban cercados por Varinio, según relata Frontino[30]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>El mismo Espártaco, que había sido rodeado por el procónsul L. Varinio, ató ante la puerta cadáveres, adornados con ropas y armas, a postes clavados a escasa distancia, después de haber encendido hogueras en el campamento entero: engañado el enemigo por la falsa apariencia, sacó a su tropa en el silencio de la noche</em>.[31]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Ya de día, según cuenta Salustio, Varinio sospechó por la ausencia de ruidos en el campamento rebelde y envió a una tropa de caballería a espiar desde una colina cercana.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Aún conocemos una tercera estratagema, a la cual parece aludir Plutarco y que resume Frontino:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>Espártaco, que había sido rodeado por M. Craso mediante un foso, lo llenó durante la noche con los cuerpos muertos de prisioneros y ganado, y logró salir.</em>[32]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     En las tres ocasiones reseñadas Espártaco recurre al engaño y actúa con nocturnidad, para salvar la situación de inferioridad en que se encuentra.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Por otra parte, resulta interesante la actitud de Espártaco y sus hombres hacia los prisioneros. Al respecto, hay que subrayar, en primer lugar, el <strong>sacrificio de trescientos prisioneros</strong> que ordenó Espártaco en represalia por la muerte de Crixo; por el verbo que usa Apiano, el autor que ha conservado esta noticia,[33] debemos pensar que se trata de un sacrificio ritual, no de una muestra de ensañamiento, o al menos, no exclusivamente.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Del mismo modo, hay que creer que los <strong>juegos de gladiadores</strong> que organizó Espártaco tienen un motivo ritual funerario,[34] como estaba en el origen de tal actividad. Floro menciona unos juegos junto a la pira funeraria de sus jefes muertos. En cambio, según cuenta Orosio, con cuatrocientos prisioneros los sublevados ofrecieron un espectáculo de gladiadores en las exequias fúnebres en honor de una matrona deshonrada, que se había suicidado. Ambos autores coinciden en destacar el contraste que supone el que los juegos fueron organizados por alguien que antes había actuado en ellos como gladiador. Para complementar estos hechos, y no ofrecer una imagen incompleta o parcial de Espártaco, conviene recordar un pasaje de Salustio, donde el líder se ve incapaz de impedir los abusos de los suyos contra todo lo divino y humano[35] en el pillaje de una población.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Cuando está a punto de librarse la batalla final, Espártaco mata <strong>su caballo</strong>, según Plutarco, con una clara intención:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>Y habiendo sido llevado ante él su caballo, una vez que desenvainó la espada y dijo que, si vencía, iba a conseguir de los enemigos muchos y bellos caballos, pero que, si era derrotado, no los iba a necesitar, degolló el caballo.</em>[36]</p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Algunos estudiosos malinterpretan el texto considerando que Espártaco prescinde de la caballería, pero en realidad el texto sólo dice que mata su caballo. ¿Qué pretendía con esta muerte? Aparte de la finalidad ritual que puede atribuirse al sacrificio de un animal,[37] da la impresión de que con ello quería animar a sus huestes, dejando claro que él no iba a huir. Seguramente también hay que entender que Espártaco se había percatado de que la batalla era decisiva y por eso luchó hasta la muerte, mejor así que crucificado. Es, por consiguiente, un acto cara a sus seguidores, del mismo modo que lo es la <strong>crucifixión</strong> de un prisionero romano relatada por Apiano: Espártaco enseña a sus gentes qué destino les espera, si los cogen vivos,[38] pero además, teniendo lugar a la vista de los romanos, demuestra al enemigo hasta dónde es capaz de llegar.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Un último acontecimiento al que quiero referirme es que Craso, el principal enemigo de Espártaco, <strong>diezmó a sus soldados</strong>. Resulta llamativo el que los dos autores que aluden al hecho le dan un contexto diferente, aunque en los comienzos del mando del futuro triunviro. Según Plutarco, los quinientos primeros legionarios que huyeron estando a las órdenes de Mumio, el legado de Craso, fueron objeto del castigo: un soldado de cada una de las cincuenta decenas en que habían sido repartidos fue escogido por sorteo y ejecutado. La acción merece las siguientes palabras del biógrafo:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>&#8230; un castigo ancestral éste, aplicado a los soldados después de mucho tiempo; y en efecto, la infamia va ligada al procedimiento de la muerte, y produce gran espanto y pena por el castigo a la vista de todos.</em>[39]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     En cambio, Apiano relata que los castigados fueron hombres de los dos cónsules por sus muchas derrotas. Pero da otra versión en el sentido de que la causa del castigo fue la derrota que habían sufrido a su mando y las víctimas ascendieron a cuatro mil hombres.[40]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p><strong><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Oath_Spartacus_Barrias_Tuileries.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft" style="margin: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Oath_Spartacus_Barrias_Tuileries.jpg" alt="" width="410" height="626" /></a>6. Conclusión</strong></p>
<p style="text-align: justify;">     Para dar fin a estas páginas es conveniente comentar algunos aspectos esenciales que no han quedado suficientemente perfilados y algunas consecuencias relevantes que se derivan de nuestra lectura de los textos relativos a Espártaco. Ante todo, conviene insistir en que se desconoce por completo la etapa de gladiador de Espártaco; sin duda, la fascinación morbosa que se siente en la actualidad por los combates sangrientos estaba colmada para Salustio, Apiano o Plutarco, o al menos no encajaba en sus narraciones. No sabemos si Espártaco tomó parte en muchos combates y, en cuanto a los demás <strong>detalles de su biografía</strong>, aparte de lo comentado en el apartado correspondiente de este artículo, a ciencia cierta no se sabe nada más.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     En segundo lugar, no podemos evitar preguntarnos qué clase de tropa encabezó Espártaco. ¿Dio estructura militar a los fugitivos o se trataba de una enorme turba que desbordaba al enemigo por el número? Por Floro sabemos que sus hombres se dedicaron a fabricar armas primitivas y que organizaron una fuerza de caballería como un <strong>verdadero ejército</strong>, por Salustio nos enteramos de que estaban acostumbrados a actividades militares disciplinadas como guardias o rondas y por Apiano conocemos las restricciones que impuso Espártaco a la compra de joyas en beneficio de la adquisición de hierro y bronce para la fabricación de armas.[41] Pero en los pillajes[42] y, sobre todo, en las escisiones de Crixo, Enomao, Ganicio y Casto[43] podemos ver una tropa semejante a un ejército bárbaro, tribal, en que unos cabecillas actúan por su cuenta y riesgo. Así pues, parece que estas circunstancias contradictorias son manifestaciones de la tensión que generaba el intento de organizar y disciplinar un ejército frente el primitivismo de los esclavos y el individualismo de los gladiadores.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Por otra parte, el análisis de estos textos permite observar cómo ante el mismo hecho histórico narradores o historiadores adoptan <strong>diferentes actitudes</strong>: hemos podido contrastar el retrato con rasgos favorables que traza Plutarco con el dibujo en tonos sombríos de Floro. A eso podemos añadir la objetividad de Tito Livio o la presunta simpatía de Apiano y acaso Salustio. Esas actitudes ante Espártaco vienen determinadas por las informaciones heredadas, pero influyen a su vez sobre la propia selección e interpretación de los hechos por parte del narrador.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Antes de acabar, se debe dedicar unas líneas a las <strong>consecuencias</strong>, desde el punto de vista de los autores antiguos, de la guerra. Para Veleyo Patérculo la gloria de la victoria recayó en Marco Licinio Craso, que se convirtió en el primer ciudadano de la república. A la vista de los comentarios de Apiano, la guerra supuso el vertiginoso ascenso de Craso y su inmediato antagonismo con Cneo Pompeyo, así como su pronta reconciliación. Plutarco también se percata de que la amenaza que suponía para Craso el regreso de Lúculo y de Pompeyo apresuró el fin de Espártaco, pero, acabada la guerra, Pompeyo pretendió ganarse a Craso presentándolo al consulado, durante el cual precisamente nació la oposición entre ambos.[44] En definitiva, hay un cierto consenso en que la guerra contra Espártaco llevó a Craso al primer plano de la política.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     A pesar de ser tan limitadas las consecuencias de la guerra, en la memoria de los antiguos quedó bien grabado <strong>el recuerdo de Espártaco</strong>. Éste es el último asunto que se va a tratar aquí: ¿Les pareció tan grave lo ocurrido? Para Marco Tulio Cicerón, que a la sazón tenía treinta y pocos años, y ejercía como abogado en Roma, y para su generación, Espártaco debió de representar una grave amenaza para la ciudad y la república, pues treinta años más tarde no duda en invocar su recuerdo tres veces para comparar con él a <strong>Marco Antonio.</strong> Dice de él en un discurso de las Filípicas:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>Así pues, quirites, para el pueblo romano, vencedor de todas las naciones, queda toda una lucha con un sicario, con un bandido, con un Espártaco; pues en aquello en que suele gloriarse de ser semejante a Catilina, en el crimen es igual que él, pero en ingenio inferior.</em>[45]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Maccari-Cicero.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Maccari-Cicero.jpg" alt="" width="519" height="324" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">    Es decir que Marco Antonio es comparable con Espártaco por la gravedad de sus crímenes, aunque en astucia queda por detrás de Catilina, aquel conspirador, cuyo intento contra la República había denunciado y reprimido el propio Cicerón durante su consulado del año 63. Y en otra Filípica, Cicerón vuelve a comparar a Marco Antonio con Espártaco, considerándolos a ambos peores incluso que al propio <strong>Catilina</strong>:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Oh, Espártaco! Pues ¿qué mejor nombre te daré, si a la vista de tus nefandos crímenes parece soportable Catilina?</em>[46]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Y el recuerdo de los daños materiales aún pervivía cincuenta años después, cuando el poeta Horacio escribía, saludando a Octavio Augusto, que había regresado de las guerras cántabras:</p>
<p style="text-align: center;"><em>Ve, pide perfume, muchacho, y coronas,<br />
y un jarro testigo de las guerras marsas,<br />
si salvarse pudo del errante Espártaco<br />
alguna ánfora</em>.[47]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Ciertamente, la impresión negativa continuó durante muchos años: téngase en cuenta que, más de doscientos cincuenta años después, Ateneo compara a Espártaco con Euno, el cabecilla de la primera guerra servil en Sicilia, quien, al mando de doscientos mil hombres, arrasó varias ciudades y se proclamó rey. Y a su vez, unos quinientos años más tarde, Eutropio y Orosio comparan los daños que ocasionó en Italia con los de <strong>Aníbal</strong>.[48]</p>
<p style="text-align: justify;">    Estuvo, por tanto, a la altura de Aníbal, Euno, Catilina o Marco Antonio, los enemigos de la república romana, en opinión de los buenos ciues.</p>
<p style="text-align: justify;"> <span id="more-2913"></span></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p>BIBLIOGRAFÍA</p>
<ul>
<li>K. R. BRADLEY, Slavery and Rebellion in the Roman World, 140 B.C.–70 B.C, Indianapolis-Londres, 1989.</li>
<li>P. A. BRUNT, Conflictos sociales en la república romana, Buenos Aires, 1973.</li>
<li>J. CORTADELLA, “Espartaco: el gladiador que desafió a Roma”, Historia (National Geographic) 9, septiembre de 2004, p. 56-69.</li>
<li>CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969).</li>
<li>N. FIELDS, Spartacus and the slave war 73-71 BC, Oxford, 2009.</li>
<li>E. GABBA, Bellorum civilium. Liber primus, Florencia, 1967 (2ª edición).</li>
<li>E. S. GRUEN, The last Generation of the Roman Republic, Berkeley-Los Angeles-Londres, 1995.</li>
<li>K. HOPKINS, Conquistadores y esclavos, Barcelona, 1981.</li>
<li>PH. MATYSZAK, Los enemigos de Roma, Madrid, 2005.</li>
<li>F. MÜNZER, “Spartacus”, RE III A-2, 1929, 1528.</li>
<li>PLUTARCO, Le vite di Nicia e di Crasso, Maria Gabriella Angeli Bertinelli, Carlo Carena, Mario Manfredinie y Luigi Piccirilli (eds.), Verona, 1993.</li>
<li>RE = A. PAULY, G. WISSOWA ET AL. (eds.), Realencyclopädie der classischen Altertumswissenschaft, Stuttgart, 1894-1980.</li>
<li>Z. RUBINSOHN, “Was the bellum spartacium a servile insurrection?”, RIGI 99, 1971, p. 290-299.</li>
<li>M. L. SÁNCHEZ LEÓN, Revueltas de esclavos en la crisis de la República, Madrid, 1991.</li>
<li>W. SMITH (ed.), Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology, Boston, 1867.</li>
<li>W. SMITH ET AL. (eds.), A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, Londres, 1890 (3ª edición).</li>
<li>M. J. TROW, Spartacus: The Myth and the Man, Sutton, 2006.</li>
<li>H. VOLKMANN, “Spartakus”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (EDS.), 5, 297-298.</li>
<li>K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (EDS.), Der kleine Pauly, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).</li>
</ul>
<p> </p>
<p>NOTAS:</p>
<ol>
<li>Se deduce la fecha de Livio (Per. XCV); por tanto, se equivoca Eutropio (VI 7), que data el comienzo de la rebelión en el 678 de la fundación de Roma (es decir en el 74 a. C.); a su vez, Orosio (V 24.1) lo data en el año anterior, el equivalente al 75 a. C. Otros autores no dan una fecha exacta: Veleyo Patérculo (II 31.5) hace la sublevación contemporánea de las guerras sertorianas, que, como se decía en la primera parte de este artículo, tuvieron lugar entre los años 83 y 72. Apiano, en la misma línea, aunque más exacto, hace coincidir la revuelta con la muerte de Sertorio y el final de esa guerra. En cambio, Ateneo (VI 104) lo sitúa en los tiempos de la guerra de Mitrídates, un período amplio, pues la tercera guerra contra el rey del Ponto duró desde el año 74 al 63.</li>
<li>Para el desarrollo de esta actividad, y particularmente en la ciudad de Capua, donde años después Julio César tuvo un ludus en propiedad, cf. R. AUGET, Crueldad y civilización. Los juegos romanos, Barcelona, 1985, p. 91; G. LAFAYE, “Gladiator”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 2-2, p. 1578-1581; W. SMITH &#8211; A. S. WILKINS, “Gladiatores”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, p. 917.</li>
<li>Livio (Per. XCV) y Floro (II 20.3) dan este nombre; Orosio (V 24.1) lo llama Cneo Léntulo. Batiato era su cognomen, según Plutarco (Crass. 8.2), aunque no falta quien lo discute, cf. F. MÜNZER, “Cornelius 209)”, RE 4-1, 1377.</li>
<li>Este número dan Salustio (fr. III 90 M.), Tito Livio (Per. XCV), Frontino (Strat. I 5.21) y Orosio (V 24.1), aunque Floro (II 20.3) dice que eran treinta o más (triginta aut amplius). A su vez, Veleyo Patérculo (II 30.5) cuenta sesenta y cuatro. Plutarco (Crass. 8.2) relata que los dispuestos a la fuga eran doscientos, aunque sólo llegaron a hacerlo setenta y ocho (ἐβουλεύσαντο μὲν διακόσιοι φεύγειν&#8230; ὀγδοήκοντα δυεῖν δέοντες). Para Cicerón (At. VI 2.8), no obstante, no pasaban de cincuenta.</li>
<li>Crass. 8.1: ἐξ αἰτιῶν οὐ πονηρῶν, ἀλλ᾿ ἀδικίᾳ τοῦ πριαμένου συνειρχθέντες ὑπ᾿ ἀνάγκης ἐπὶ τῷ μονομαχεῖν.</li>
<li>Allí los localizan Veleyo Patérculo (II 31.5), Floro (II 20.4), Frontino (Strat. I 5.21), Apiano (BC I 116) y Orosio (V 24.1); los demás autores ni siquiera nombran el Vesubio.</li>
<li>Así lo cuenta Plutarco (Crass. 8.2). Dan los nombres de los otros dos Eutropio (VI 7), Orosio (V 24.1, que informa de que ambos eran galos) y también Apiano (BC I 116), para quien Crixo y Enomao eran subordinados de Espártaco (ὑποστρατήγους ἔχων). En cambio, Salustio (fr. III 96 M.) sólo menciona a Crixo y Livio sólo a Enomao, aunque nombra (Per. XCVII) a otros cabecillas llamados Gánico y Casto (en Plutarco -Crass. 11.4- Cayo Ganicio y Casto). En cuanto al origen de las gentes de Espártaco, Salustio (fr. III 96 M.) menciona a germanos y galos, mientras que Plutarco (Crass. 8.1) dice que eran galos y tracios; por su parte, Tito Livio (Per. XCVII) comenta que los dirigidos por Casto y Gánico eran germanos y galos.</li>
<li>Cf. Veleyo Patérculo, II 30.5. Para Tito Livio (Per. XCV) eran esclavos y trabajadores de ergástulos, para Floro (II 20.2) esclavos y para Apiano también esclavos, pero también había agricultores libres (BC I 116); según el propio Apiano (ibid.), el reparto igualitario del botín motivó tantas adhesiones. Plutarco (Crass. 9.4), que sitúa las nuevas incorporaciones después de la primera victoria, dice que “se les sumaban muchos de los boyeros y pastores de la zona, individuos pendencieros y veloces, entre los cuales daban armas a unos y a los otros los empleaban de correos y tropas ligeras” (καὶ προσεγίνοντο πολλοὶ τῶν αὐτόθι βοτήρων καὶ ποιμένων αὐτοῖς, πλήκται καὶ ποδώκεις ἄνδρες, ὧν τοὺς μὲν ὥπλιζον, τοῖς δὲ προδρόμοις καὶ ψιλοῖς ἐχρῶντο). Más adelante, según señala Apiano (BC I 117), Espártaco rechazaba a los desertores. Diariamente se le unían esclavos, según Ateneo (VI 104) y Floro (II 20.6).</li>
<li>Lo correcto es Claudio Glabro, como en Floro (II 20.4). También Apiano (BC I 116) se equivoca en los nombres, pues dice Varinio Glaber y Publio Valerio. Orosio (V 24.1), Frontino (Strat. I 5.21) y Plutarco (Crass. 9.2) simplemente hablan del pretor Clodio; el último le atribuye el mando sobre tres mil hombres. Sobre estas confusiones, cf. E. S. GRUEN, The last Generation of the Roman Republic, Berkeley-Los Angeles-Londres, 1995, p. 70; PLUTARCO, Le vite di Nicia e di Crasso, M. G. ANGELI BERTINELLI, C. CARENA, M. MANFREDINI Y L. PICCIRILLI (eds.), Verona, 1993, p. 349, y la bibliografía que allí se cita; F. RYAN, “The praetorship of Varinius, Cossinius und Glaber”, Klio 78, 1996, p. 374-379.</li>
<li>Ya nos ocuparemos de los detalles en el apartado de estratagemas.</li>
<li>De acuerdo con Orosio (V 24.2) anduvieron por Consentia y Metaponto, donde acrecentaron sus efectivos, habiendo sido vencido y muerto Enomao. Para Floro (II 20.5), vencieron a Vareno y a Toranio, y arrasaron Nola, Nuceria, Turio y Metaponto. Plutarco (Crass. 9.5) relata que derrotó al pretor Publio Varino y a su lugarteniente Furio, que iba al mando de tres mil hombres.</li>
<li>Crass. 9.5, cf. Salustio, fr. III 94 M. Para Cosinio, cf. E. S. GRUEN, The last Generation of the Roman Republic, Berkeley-Los Angeles-Londres, 1995, p. 176; H. G.. GUNDEL, “Cossinius 2”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 1, 1326-1327; O. T. LÁNG, “Did the Cossinii build Macella”, en Acta XII Congressus Internationalis Epigraphiae Graecae et Latinae, II, G.. BARATTA (ed.), 2007, p. 819; F. RYAN, “The praetorship of Varinius, Cossinius und Glaber”, Klio 78, 1996, p. 376-379.</li>
<li>Per. XCVI: Q. Arrius praetor Crixum, fugitiuorum ducem, cum XX milia hominum cecidit. Cn. Lentulus cos. male aduersus Spartacum pugnauit. Ab eodem L. Gellius cos. et Q. Arrius praetor acie uicti sunt.</li>
<li>Per. XCVI: C. Cassius procos. et Cn. Manlius praetor male aduersus Spartacum pugnauerunt idque bellum M. Crasso praetori mandatum est.</li>
<li>Floro (II 20.10) sitúa el combate contra Léntulo en los Apeninos. Para Orosio (V 24.4) los dos cónsules fueron vencidos por separado por Espártaco y Crixo, y también juntos. Luego, según relata Plutarco (Crass. 9.7), Espártaco se retiró hacia los Alpes. Para Apiano (BC I 117) la doble victoria ocurrió en la región de Piceno. Sobre Cneo Cornelio Léntulo Clodiano y sobre L. Gelio Publicola, véase E. S. GRUEN, The last Generation of the Roman Republic, Berkeley-Los Angeles-Londres, 1995, p. 41; H. G. LIDDELL, “Lentulus 24”, en W. SMITH (ed.), II. p. 732; P. SMITH, “Publicola, Gellius 1”, en W. SMITH (ed.), III, p. 600.</li>
<li>Plutarco (Crass. 9.9) atribuye a Gelio una victoria sobre los fugitivos germanos.</li>
<li>Para Quinto Arrio, véase W. A. GREENHILL, “Arrius 1”, en W. SMITH (ed.), I, p. 353; J. M. C. TOYNBEE, Roman historical portraits, Londres, 1978, p. 23.</li>
<li>La derrota de Cayo Caso se produjo cerca de Módena, dice Floro (II 20.10). Orosio (V 24.4) informa de que Espártaco mató a Cayo Casio. Plutarco (Crass. 9.10) escribe que Casio mandaba a diez mil hombres. Para Cayo Casio Longino, véase H. G. GUNDEL, “Cassius I.14”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 1, 1070; P. SMITH, “Longinus 10. C. Cassius Longinus Varus”, en W. SMITH (ed.), II, p. 799.</li>
<li>Para Cneo Manlio, véase E. S. GRUEN, The last Generation of the Roman Republic, Berkeley-Los Angeles-Londres, 1995, p. 186.</li>
<li>La derrota y la muerte de Crixo ocurrieron cerca del monte Gárgano, de acuerdo con Apiano (BC I 117).</li>
<li>Para Orosio (V 24.6) los auxiliares galos y germanos caídos fueron treinta mil hombres. Este combate, según Plutarco (Crass. 11.1), se produjo junto al lago Lucano; después Espártaco se retiró a los montes Petilinos y puso en fuga a Quinto y Escrofa.</li>
<li>Per. XCVII: M. Crassus praetor primum cum parte fugitiuorum quae ex Gallis Germanisque constabat feliciter pugnauit, caesis hostium XXXV milia et ducibus eorum Casto et Gannico. Cum Spartaco dein debellauit, caesis cum ipso LX milibus.</li>
<li>Crass. 10.7-8. Según Apiano (BC I 118), la fortificación constaba de empalizada, foso y muro.</li>
<li>En Lucania, según Plutarco (Crass. 11.7 ss.; Orosio -V 24.6- concreta que fue en la cabecera del río Silaro), o en Apulia, como dice Eutropio (VI 7). Cuenta Apiano (BC I 120) que la batalla se produjo cuando las tropas de Espártaco se dirigían, tras romper el cerco, hacia Bríndisi perseguidas por Craso.</li>
<li>Livio, Per. XVII; Eutropio, VI 7; Veleyo Patérculo, II 31.6; Orosio, V 24.7.</li>
<li>Floro, II 20.14; Ateneo, VI 104; Apiano BC I 120 (“Y el cadáver de Espártaco no fue encontrado”: καὶ τὸν Σπαρτάκου νέκυν οὐχ εὑρεθῆναι).</li>
<li>Dice Plutarco (Crass. 10.6): “Y habiéndose encontrado con unos piratas cilicios en el estrecho, deseó alcanzar Sicilia y, enviando dos mil hombres a la isla, encender allí otra vez la guerra servil, puesto que se había extinguido todavía no hacía mucho tiempo y con poco combustible hubiera prendido nuevamente” (ἐν δὲ τῷ πορθμῷ λῃστρίσι Κιλίσσαις περιτυχών, ὥρμησεν ἅψασθαι Σικελίας καὶ δισχιλίους ἄνδρας ἐμβαλὼν εἰς τὴν νῆσον αὖθις ἐκζωπυρῆσαι τὸν δουλικὸν ἐκεῖ πόλεμον, οὔπω πολὺν χρόνον ἀπεσβηκότα καὶ μικρῶν πάλιν ὑπεκκαυμάτων δεόμενον).</li>
<li>II 20.13: “Rodeados allí, cerca del cabo de Brutio, habiendo preparado la huida a Sicilia y no habiendo conseguido barcos, pusieron a prueba en vano, a causa de la fuerza de la corriente, balsas hechas con vigas y toneles atados con mimbres.” (Ibi circa Bruttium angulum clusi, cum fugam in Siciliam pararent neque nauigia suppeterent, ratesque ex trabibus et dolia conexa uirgultis rapidissimo freto frustra experirentur).</li>
<li>Crass. 9.2-3: Ἔπειτα Κλωδίου στρατηγοῦ μετὰ τρισχιλίων πεμφθέντος ἐκ ῾Ρώμης καὶ πολιορκοῦντος αὐτοὺς ἐν ὄρει μίαν ἔχοντι χαλεπὴν καὶ στενὴν κάθοδον, ἣν ὁ Κλώδιος ἑφρούρει, τὰ δ&#8217; ἄλλα κρημνοὺς ἀποτόμους καὶ λισσάδας, ἄμπελον δὲ πολλὴν άγρίαν ἐπιπολῆς πεφυκυῖαν, ἔτεμνον τῶν κλημάτων τὰ χρήσιμα, καὶ συμπλέκοντες ἐξ αὐτῶν κλιμακίδας εὐτόνους καὶ βαθείας, ὥστ&#8217; ἄνωθεν ἀνηρτημένας παρὰ τὸ κρημνῶδες ἅπτεσθαι τῶν ἐπιπέδων, κατέβαινον ἀσφαλῶς δι&#8217; αὐτῶν πλὴν ἑνός. οὗτος δὲ τῶν ὅπλων ἕνεκα μείνας, ἐπεὶ κατέβησαν ἠφίει κάτω τὰ ὅπλα, καὶ βαλὼν ἅπαντα τελευταῖος ἀπεσῴζετο καὶ αὐτός. Más brevemente lo cuentan Frontino (Strat. I 5.21) y Floro (ΙΙ 20.4), y Orosio (V 24.1) alude de pasada a la derrota de Claudio Glaber.</li>
<li>Probablemente Frontino parafrasea a Salustio (fr. III 96 M.), un fragmento mal conservado por cierto.</li>
<li>Strat. V 21.1: Idem, cum ab L. Varinio proconsule praeclusus esset, palis per modica interualla fixis ante portam erecta cadauera, adornata ueste atque armis, alligauit, ut procul intuentibus stationis species esset, ignibus per tota castra factis: imagine uana deluso hoste copias silentio noctis eduxit.</li>
<li>Strat. V 21.1: Spartacus fossam, qua erat a M. Crasso circumdatus, caesis captivorum pecorumque corporibus noctu repleuit et supergressus est. Cf. Plutarco, Crass. 10.9.</li>
<li>El verbo ἐναγίζω: ὁ δὲ Σπάρτακος τριακοσίους Ῥωμαίων αἰχμαλώτους ἐναγίσας Κρίξῳ. (“Y Espártaco, habiendo sacrificado a trescientos de los prisioneros romanos en honor de Crixo&#8230;”). Los sacrificios humanos habían sido prohibidos por una ley del 97 a. C., cf. J. TOUTAIN, “Sacrificium”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 4-2, p. 976-977. En general, además de este artículo, véase W. W. FOWLER, “Sacrificium”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 2, p. 582-583. J. N. BREMMER, “Human sacrifice: an brief introduction”, en The strange word of human sacrifice, J. N. BREMMER (ed.), Leuwen, 2007, p. 1-8 (y la bibliografía que allí se cita).</li>
<li>Sobre el origen de los combates de gladiadores como parte del ritual funerario, cf. R. AUGET, Crueldad y civilización. Los juegos romanos, Barcelona, 1985, p. 8-11; A. FUTRELL, Blood in the Arena: The Spectacle of Roman Power, Austin, 1997, p. 18-24; G. LAFAYE, “Gladiator”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 2-2, p. 1563-1565; W. SMITH &#8211; A. S. WILKINS, “Gladiatores”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, p. 916.</li>
<li>Neque sanctum aut nefandum dice Salustio en el fr. III 98 M.</li>
<li>Crass. 11.9: Καὶ πρῶτον μὲν τοῦ ἵππου προσαχθέντος αὐτῷ, σπασάμενος τὸ ξίφος καὶ εἰπών, ὅτι νικῶν μὲν ἕξει πολλοὺς ἵππους καὶ καλοὺς τοὺς τῶν πολεμίων, ἡττώμενος δ&#8217; οὐ δεῖται, κατέσφαξε τὸν ἵππον.</li>
<li>Para las víctimas animales, véase J. TOUTAIN, “Sacrificium”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 4-2, p. 974-976; A. MARTIN, “Equus”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 2-1, p. 803. En particular, para la relación del caballo con el inframundo, cf. E. DELEBECQUE, Le cheval dans l&#8217;Iliade, París, 1951, p. 240-241; M. P. NILSSON, Geschichte der griechischen Religion, vol. 1, Munich, 1967 (3ª edición), p. 382, n. 3.</li>
<li>Apiano, BC I 119: δεικνὺς τοῖς ἰδίοις τὴν ὄψιν ὧν πείσονται, μὴ κρατοῦντες. (“Mostrando a sus gentes la imagen de lo que iban a sufrir, si no vencían”). Para este tipo de castigo, cf. F. RABER, “Crux”, en K. ZIEGLER &#8211; W. SONTHEIMER (eds.), 1, 1337; E. SAGLIO, “Crux”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 1-2, p. 1573-1575; W. WAYTE, “Crux”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, p. 565-568.</li>
<li>Crass. 10.4-5: Πάτριόν τι τοῦτο διὰ πολλῶν χρόνων κόλασμα τοῖς στρατιώταις ἐπαγαγών. Καὶ γὰρ αἰσχύνη τοῦ θανάτου τῷ τρόπῳ πρόσεστι, καὶ δρᾶται πολλὰ φρικώδη καὶ σκυθρωπὰ περὶ τὴν κόλασιν, ἁπάντων θεωμένων.</li>
<li>BC I 118: “Y cuando llegó, también tomó el mando sobre las fuerzas de los cónsules. En seguida, hizo con ellas un sorteo, supuesto que habían sido vencidas muchas veces, e hizo ejecutar a la décima parte. Pero otros no lo creen así, sino que, habiendo atacado con todo el ejército y siendo derrotado, sorteó la décima parte de todos y ejecutó a casi cuatro mil hombres, sin vacilar ante el número” (ἀφίκομενος δὲ καὶ τὰ τῶν ὑπάτων δύο προσέλαβε. καὶ τῶνδε μὲν αὐτίκα διακληρώσας ὡς πολλάκις ἡττημένων ἐπὶ θανάτῳ μέρος δέκατον διέφθειρεν. οἱ δ’ οὕτω νομίζουσιν, ἀλλὰ παντὶ τῷ στρατῷ συμβαλόντα καὶ τόνδε καὶ ἡττημένον, πάντων διακληρώσαι τὸ δέκατον καὶ ἀνειλεῖν ἐς τετρακισχιλίους, οὐδὲν διὰ τὸ πλῆθος ἐνδοιάσαντα). Sobre la decimatio, cf. R. CAGNAT, “Militum poena”, en CH. DAREMBERG &#8211; E. SAGLIO (eds.), 3-2, p. 1897; H. O. FIEBIGER, “Decimatio”, RE IV, 2, 1901, 2272; S. PEREA YÉBENES, Águilas de plata: lecturas sobre ejército romano y religión, Madrid, 2006, p. 1-21; W. SMITH -W. WAYTE, “Decimatio”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, p. 602.</li>
<li>Floro, II 20.6-7; Salustio, fr. III 96 M (en el mismo fragmento Salustio menciona la fabricación de lanzas cuyas puntas de madera quemaban, para que adquiriesen la dureza del hierro); Apiano, BC I 117 (en el epígrafe anterior también habla de la fabricación de armas y del acopio de impedimenta).</li>
<li>Salustio, fr. III 98 M.: Plutarco, Crass. 9.8 y 11.7.</li>
<li>Salustio, fr. III 96 M.; Plutarco, Crass. 11.4.</li>
<li>Veleyo Patérculo II 31.6; Apiano, BC I 121; Plutarco, Crass. 11-12.</li>
<li>Phil. IV 15: Est igitur, Quirites, populo Romano, uictori omnium gentium, omne certamen cum percussore, cum latrone, cum Spartaco. Nam quod se similem esse Catilinae gloriari solet, scelere par est illi, industria inferior.</li>
<li>Phil. XIII 22: O Spartace! quem enim te potius appellem, cuius propter nefanda scelera tolerabilis uidetur fuisse Catilina. La Filípica (III 21) que no comentamos dice: “A aquél [sc. Marco Antonio], a quien en los edictos llama Espártaco, en el senado ni siquiera se atreve a llamarlo malo” (Quem in edictis Spartacum appellat, hunc in senatu ne improbum quidem dicere audet).</li>
<li>C. III 14.19-22: I pete unguentum, puer, et coronas | et cadum Marsi memorem duelli, | Spartacum si qua potuit vagantem | fallere testa. Y por cierto que los marsos eran un pueblo vecino de Roma, por tanto Horacio hace referencia a un caldo de los tiempos de las guerras más antiguas.</li>
<li>Ateneo, VI 104; Eutropio, VI 7; Orosio, V 24.5.</li>
</ol>
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		<title>Espártaco en los autores antiguos (I)</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 11:50:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Filología clásica. Schedae]]></category>
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		<description><![CDATA[El reciente estreno de la serie televisiva Spartacus: blood and sand daría pie y justificación sobrada, si es que fuera necesaria una justificación, a un artículo sobre Espártaco en las fuentes antiguas.  (...)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p><a class="highslide-image" href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/83/Thracian_Tomb_of_Kazanlak.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a><a class="highslide-image" href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/83/Thracian_Tomb_of_Kazanlak.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Thracian_Tomb_of_Kazanlak.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-medium wp-image-2530 alignleft" style="margin: 10px;" title="Thracian_Tomb_of_Kazanlak" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Thracian_Tomb_of_Kazanlak-261x300.jpg" alt="Thracian_Tomb_of_Kazanlak" width="261" height="300" /></a>   El reciente estreno de la serie televisiva <em>Spartacus: blood and sand</em> daría pie y justificación sobrada, si es que fuera necesaria una justificación, a un artículo sobre Espártaco[1] en las fuentes antiguas. Espártaco, aquel gladiador que encabezó una sublevación de esclavos en el siglo I antes de Cristo, ha protagonizado varias novelas, como las escritas por Arthur Koestler[2] y por Howard Fast,[3] y varias películas (dirigidas por Giovanni Enrico Vidali en 1913, por Riccardo Freda en 1953, por Stanley Kubrick en 1960 y por Robert Dornhelm en 2004). Por ello, y dado que además se han publicado diversos estudios sobre él, se puede afirmar que no es una figura histórica desconocida, aunque ha sido desvirtuada, tanto que, a mi entender, el propio Espártaco no se reconocería en la imagen que se tiene de él.[4]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Así pues, este primer artículo de las <em>Schedae</em> pretende retratar a Espártaco con la máxima fidelidad, de acuerdo con lo que dijeron los escritores antiguos. Los textos conservados sobre él no son numerosos ni extensos, aunque sí valiosos y enriquecedores. Pero antes de entrar en materia, dedicaremos unas líneas al contexto histórico del siglo I a. C. y a los autores que informaron sobre Espártaco.</p>
<p> </p>
<h3>1. El contexto histórico</h3>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__DallOrto_28-5-2006.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-medium wp-image-2531" style="margin: 10px;" title="DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri,_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__Dall'Orto_28-5-2006" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__DallOrto_28-5-2006-300x225.jpg" alt="DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri,_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__Dall'Orto_28-5-2006" width="300" height="225" /></a>     En pocas palabras se puede resumir el siglo I a. C.,[5] la época de Espártaco, como el período en que Roma deviene un imperio, abandonando la estructura política republicana y consiguiendo la hegemonía sobre los territorios costeros del Mediterráneo. Tal proceso, como es natural, provocó varias crisis a diferentes niveles, siendo las más visibles las guerras serviles y las <strong>guerras civiles</strong>. Estas últimas fueron cuatro. Entre los años 88 y 82 lucharon los partidos de los <em>optimates</em> y los <em>populares</em> encabezados respectivamente por Sila y Mario; una secuela de esta guerra civil, las guerras sertorianas, tuvo por escenario nuestra península entre los años 83-72, cuando Roma intentó someter a su poder a Sertorio, partidario de Mario.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Desde el año 48 al 45 se prolongó la guerra que entablaron los partidarios de Julio César contra los de Pompeyo y del senado. Durante la tercera guerra civil (43-42 a. C.) el segundo triunvirato llevó a cabo la persecución de Casio y Bruto, quienes habían asesinado a Julio César en el año 44. La última guerra civil (32-30 a. C.) enfrentó a Octavio y Marco Antonio. Esas crisis llegaron a su final en el año 27, en que Octavio se convirtió en Augusto por decisión del senado. En cambio, las tres <strong>guerras serviles</strong> acabaron con el aplastamiento de los esclavos sublevados; las dos primeras se desarrollaron en la isla de Sicilia (135-132 y 104-100 a. C.), mientras que la tercera fue la de Espártaco, cuyos detalles se estudiarán seguidamente.</p>
<p> </p>
<h3>2. Las fuentes</h3>
<p>Los autores antiguos[6] cuyos textos hemos seguido son los siguientes:</p>
<ul>
<li>
<p style="text-align: justify;">El historiador Cayo <strong>Salustio</strong> Crispo (86-34 a. C.), autor de las conocidas monografías <em>Sobre la conjuración de Catilina</em> y <em>La guerra de Yugurta</em>, fue probablemente el escritor más antiguo que se ocupó de la figura de Espártaco. Lo hizo en las <em>Historiae</em>,[7] cuyo relato, conservado fragmentariamente, arranca en la muerte de Sila (78 a. C.) y se interrumpe en el año 67. Del pasaje sobre Espártaco, que se encontraba en el libro III, se han conservado unos fragmentos, que apenas ocupan una página.</p>
</li>
<li>
<p style="text-align: justify;">La célebre <em>Ab urbe condita</em> de <strong>Tito Livio</strong>, historiador algo más joven y bastante más longevo que Salustio, trataba de los acontecimientos ocurridos desde la fundación de la ciudad de Roma hasta el año 9 a. C. De este vasto conjunto de ciento cuarenta y dos libros sólo han llegado hasta nosotros treinta y cinco, siendo el resto mínimamente conocido a través de alguna cita literal y de las <em>Periochae</em>,[8] extractos y resúmenes de los libros XLVI a CXLII salvo el CXXXVI y el CXXXVII. En estas <em>Periochae</em> el relato de la sublevación de Espártaco se encuentra en los libros XCV-XCVII y en total no supera la docena de líneas. También conocemos más detalles sobre las historias <em>Ab urbe condita</em> a través de Julio Obsecuente, autor –probablemente en el siglo IV– de un <em>Liber prodigiorum</em>, recopilación de sucesos prodigiosos contados por Tito Livio, aunque este <em>Liber prodigiorum</em> ignora a Espártaco.</p>
</li>
<li>
<p style="text-align: justify;">Asimismo nos resulta útil para conocer el relato de Tito Livio el texto[9] del epitomator <strong>Floro</strong>, cuyo pasaje sobre Espártaco (II 8.8) ocupa una página escasa. A este autor, cuya identidad no parece segura, se le sitúa ya en el siglo II.</p>
</li>
<li>
<p style="text-align: justify;">Retrocederemos en el tiempo para referirnos a <strong>Veleyo Patérculo</strong>, autor de la época del emperador Tiberio, que da una brevísima y poco sustanciosa noticia[10] de cinco líneas sobre Espártaco (II 31.5), en sus <em>Historiae romanae</em>, cuyos dos libros, conservado incompleto el primero, abarcan desde 168 a. C. hasta el año 30 d. C.</p>
</li>
<li>
<p style="text-align: justify;">A la segunda mitad del siglo I d. C. pertenece Sexto Julio <strong>Frontino</strong>, que fue, además de un notable prosista, cónsul tres veces. Escribió diversos tratados entre los que se cuenta los <em>Strategemata</em>,[11] que trata de situaciones bélicas resueltas mediante la astucia; en el primer libro relata brevemente tres ardides usados por Espártaco para escapar de sus enemigos.</p>
</li>
<li>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Estauta_Plutarcu_en_Delfu.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-medium wp-image-2532" style="margin: 10px;" title="Estauta_Plutarcu_en_Delfu" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/01/Estauta_Plutarcu_en_Delfu-225x300.jpg" alt="Estauta_Plutarcu_en_Delfu" width="225" height="300" /></a>El polígrafo griego <strong>Plutarco de Queronea</strong> (ca. 45-ca. 120), además de redactar monografías sobre muy diversos temas (literatura, moral, pedagogía, naturaleza, etc.), conjunto conocido como <em>Moralia</em>, compuso las <em>Vidas</em> <em>paralelas</em>, una serie de biografías de intención antes moralizante que biográfica. De ellas se han conservado cincuenta, entre las que se cuenta la <em>Vida de Craso</em>,[12] que aporta el testimonio más extenso acerca de Espártaco, unas tres o cuatro páginas.</p>
</li>
<li>
<p style="text-align: justify;">Aproximadamente entre los años 95 y 165 vivió el historiador <strong>Apiano de Alejandría</strong>, quien desarrolló una destacada carrera política. Su obra, la <em>Historia romana</em>, que se ha conservado sólo parcialmente, fue extensa; una parte de ésta, editada como <em>Bellum Civile</em>,[13] dedica un pasaje de menos de tres páginas a Espártaco (I 14.116-120).</p>
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<p style="text-align: justify;">Algo más reciente que Apiano debió de ser <strong>Ateneo de Náucratis</strong>, que probablemente redactó su <em>Banquete de los sabios </em>o <em>Deipnosophistai</em>[14] en las postrimerías del siglo II. En un pasaje muy breve, que no llega ni a media página, menciona a Espártaco (VI 104).</p>
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<p style="text-align: justify;"><strong>Eutropio</strong>, autor del siglo IV, contó la historia de Roma desde la fundación hasta la época del emperador Valente en el <em>Breviarium ab urbe condita</em>,[15] obra en la que dedicó poco más de media docena de líneas (VI 7) a Espártaco.</p>
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<p style="text-align: justify;">A caballo entre los siglos IV y V vivió el sacerdote e historiador hispanorromano <strong>Orosio</strong>, autor entre otras obras de las <em>Historiae aduersus paganos</em>,[16] en la que dedicó a Espártaco algo más de media página (V 24).</p>
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<p style="text-align: justify;">     Hasta aquí llega el elenco de autores an
