BREVES APUNTES SOBRE LAS MOMIAS DE ANIMALES EGIPCIAS

Abstract Castellano

La momificación artificial en el Antiguo Egipto no solo se realizaba en cuerpos humanos para preservarlos para el Más Allá sino que también los animales eran partícipes de estas prácticas funerarias; de hecho el número de momias animales supera en unos millones al de las humanas. Cabe destacar que no todos iban a tener la misma función en el mundo de los difuntos, así pues, encontramos varios tipos de momificación animal según el fin último del que cada uno de ellos fuera a participar y según las costumbres del periodo cronológico.

Abstract Català

La momificació artificial a l’Antic Egipte no només es realitzava sobre cossos humans per a preservar-los pel Més Enllà sinó que també els animals eren partícips d’aquestes pràctiques funeràries; de fet el nombre de mòmies animals supera en uns milions al de les humanes. Cal destacar que no totes estaven destinades a tenir la mateixa funció en el món dels difunts, així doncs, trobem diferents tipus de momificació animal segons el fi últim del que cada una d’elles participés i segons les costums del període cronològic.

Abstract English

The mummification in ancient Egypt was not only performed in human bodies to preserve them for the afterlife, animals got these burial practices too; in fact the number of animal mummies exceeds human mummies. Note that not everyone would have the same function in afterlife, so, we find several types of animal mummification as the ultimate goal of every one of them and according to the customs of the chronological period.

Breves apuntes sobre las momias de animales egipcias

   Como en todo el horizonte ritual egipcio, las prácticas funerarias sobre animales no deben separarse de la esfera mítica de dicha cultura la cual asemeja todo lo terrenal a un arquetipo. Esto hace que, en la mayoría de los casos, estos animales fueran considerados como divinos y era con la momificación que se perpetuaba su condición. Pero esto no debe extrañarnos ya que el panteón de dioses egipcios está lleno de animales; de hecho los primeros testimonios de divinidades humanas con cabeza de animal las podemos encontrar en la dinastía II en la que empieza a separarse el concepto de divinidad de lo que era el acto de adorar al animal como manifestación de una fuerza natural incontrolada por el hombre.

Ya a partir de 2950 a.C, los “reyes” de la dinastía I en Abidos fueron enterrados con leones, perros y burros, de hecho podemos remontarnos a algunas tumbas predinásticas dónde se han documentado también animales como toros, elefantes y hasta hipopótamos[1]. Estos últimos, todos ellos animales salvajes y peligrosos, son símbolo del alter ego del rey y protectores de la zona. Pero fue en la dinastía XXX cuando el culto a los animales como tal eclosionó manifestándose con la inauguración de las catacumbas del Toro Buchis en Armant,  el descubrimiento y entronización de un nuevo carnero descrito en el Decreto de Canopo o la ampliación de las galerías de Tuna el-Gebel. Para estos cultos, podemos discernir grosso modo entre dos tipos: el culto a los animales únicos, en los que el dios se manifiesta en él dotándole de unas características determinadas que hacen fácil su reconocimiento; y el culto a los múltiples, los cuales fueron criados en masa para funcionar como exvotos de la divinidad.

Así pues, partiendo de estos parámetros y a grandes rasgos, podemos dividir las momias animales en cuatro tipos diferentes: mascotas enterradas con sus amos, animales como suministro funerario para el difunto, animales sagrados cuidados en vida y enterrados con su propio ritual funerario y momias votivas, destinadas a ser ofrendas a diversos dioses.  Cabe destacar que no todas las momias están catalogadas con claridad dentro de esta división, puesto que muchas de ellas pueden tener funciones de culto o ser una dedicatoria al dios tutelar de la localidad.

Animales queridos o “mascotas”

La función de éstos recaía posiblemente en ser una compañía para la eternidad. Se inhumaban normalmente con los propietarios (dentro de la tumba o hasta dentro del mismo sarcófago) y en ocasiones se les elaboraban pequeños sarcófagos con sus nombres inscritos para asegurar su pervivencia eterna. Según Ikram (Ikram 2005, 1) son las más numerosas en el Reino Antiguo y de hecho los egipcios eran representados en sus tumbas junto con sus animales haciendo que su existencia conjunta permaneciera en el Más Allá. Es necesario tener en cuenta la dificultad que conlleva discernir este ámbito referente a “mascotas” del puramente religioso. En el Valle de los Reyes (en las tumbas KV50 y KV51) se han encontrado monos y perros con la apariencia de momificación de éste tipo, no obstante, por la rareza de dichas prácticas en estos animales no se puede descartar una finalidad votiva.

También se podría llegar a pensar que las mascotas fueron sacrificadas en el momento de la muerte del propietario para que permaneciese con él pero no hay pruebas concluyentes para esta hipótesis, de hecho es probable que en realidad, si la mascota fallecía antes o posteriormente a su amo, la momia de ésta fuese depositada en la tumba(o futura casa de eternidad) de su difunto cuidador. En Giza encontramos la tumba del perro guardián real Abutiu, el espacio y el ataúd del cual fue pagado por su propietario. O un individuo llamado Hapy-min (dinastía XXX) fue enterrado en Abidos con su perro acurrucado en sus pies (Ikram 2003, 79).

Un caso emblemático es el de Hieracómpolis en el que muchos líderes de la primera dinastía están enterrados con leones y otros animales salvajes; este hecho corresponde a la tipología de “momias mascotas” pero con un importante matiz simbólico. Estaríamos hablando de la teoría constatada por hallazgos arqueológicos de que, en esta temprana época, los “reyes” podían tener a su disposición una especie de “zoológico” de animales exóticos (que estaban en cautividad habiendo sido trasladados desde lejos o simplemente siendo los más peligrosos de la zona) a modo de protección y muestra de su poder.

Algunos ejemplos emblemáticos  de estos animales queridos momificados son el de Maatkare, la cual fue enterrada con un mono momificado, el de Djehutmose, que tiene junto a él un sarcófago con su gato doméstico, o el de Ankhshepenwepet (Dinastía XXV) el cual lleva consigo una gacela.

Animales como suministro alimenticio para el difunto

 En este caso se trata de comida momificada/conservada para que el difunto tuviese provisiones de nutriente en su eternidad. Dentro de este grupo encontramos pichones, patos, peces o huevos de todos ellos. Para que se llevase a cabo dicha función de suministro el animal era colocado entero o en algunos casos sólo aparecen trozos de él como ofrenda de aprovisionamiento.

La elaboración de estas ofrendas se llevaba a cabo a partir de la desecación del trozo de carne (o del animal en cuestión en el caso que estuviese entero) y posteriormente se procedía al guardado en cestos, pequeñas cajas o ataúdes de madera. En ocasiones el trozo de carne estaba cuidadosamente preparado para que estuviese listo para su cocinado y posterior consumo. La ofrenda de consumo más prestigiosa encontrada era la carne de Res la cual provenía de animales jóvenes de no más de dos años y medio. A modo de curiosidad cabe apuntar que no se han encontrado restos de cerdo ni de pescado, de la misma manera que tampoco aparecen en las mesas de ofrendas representadas en tumbas. Éstos eran considerados alimentos fáciles de conseguir y de criar y por lo tanto de fácil consumo para toda la población y con poco valor como ofrenda para el Más Allá (Ikram 2003, 81-82). Aunque esta práctica se remonta al Reino Antiguo debemos decir que la gran mayoría de momias como ofrenda provienen de las necrópolis del Reino Nuevo, concretamente de Tebas. Parece que no había normas para su colocación en la tumba del difunto pero este tipo de hallazgos, como el de la tumba de Tutankhamon con sus más de cuarenta ofrendas animales, nos ofrecen una gran variedad de información acerca de lo que podríamos llamar “carnicería”, la preparación previa de los alimentos antes de ser cocinados y además nos aporta información simbólica vinculada a las preferencias y al estatus de la comida según su aparición como ofrendas.

  Animales sagrados

Este conjunto fue considerado como animales especiales que habían sido elegidos, o algunos de ellos hasta estaban señalados con unas marcas características, para representar la presencia física de un dios y vivir como la encarnación de este en el mundo terrenal. Durante su vida, estos eran cuidados y adorados por separado y en el momento de su muerte se les realizaba una ceremonia digna de un dios en la tierra, tal como el faraón y eran enterrados de manera ostentosa con  su propio ritual funerario.  El espíritu de este (el ba residente en los cuerpos de las criaturas), tras dichas celebraciones, buscaría el camino para yacer en otro animal marcado el cual sería identificado y posteriormente adorado a lo largo de su vida como el anterior.  Estas criaturas divinas eran atendidas por su propia jerarquía de sacerdotes en el templo y cada espacio o paisaje era acomodado y ambientado según las necesidades del animal (Ikram 2005, 6).

Algún ejemplo de estas encarnaciones las encontraríamos con el toro Apis de Menfis asemejado a Ptah u Osiris, el toro Buchis de Armant como personificador de Montu y Re, el cocodrilo del Fayum y Kom Ombo como encarnación de Sobek o el carnero en Elefantina como personificación de Khnum (Ikram 2005, 5).

La primera presencia de estos cultos lo tenemos en la dinastía I aunque la mayoría de las evidencias para estos animales se encuentra en el Reino Nuevo. Esta concepción de la representación viva la deidad tendrá su máximo apogeo en el 300 a.C. El ejemplo más longevo y mejor conocido es el del culto (por su vinculo con el sol) siendo los más importantes el ya nombrado toro Apis[2] (símbolo de fortaleza y virilidad vinculado al monarca), el toro Mnevis (encarnación de Re) o el también conocido Buchis.

Así pues, cuando estos animales morían, toda la zona se sumía en un ambiente de luto, en el caso de los toros Apis, este periodo de lamentación anterior al funeral podía durar hasta setenta días  hasta que el animal fuese momificado; para los primeros cuatro días del luto, solo se debía comer pan y vegetales (Ikram 2005, 6). Es posible que la procesión del traslado del cuerpo al sarcófago (de madera o granito) fuera un acontecimiento más bien público en el que podrían haber participado sacerdotes, ritualistas del templo y altos funcionarios (Ikram 2003, 83-89) y el animal en cuestión con su ajuar y sus canopos era trasladado a una necrópolis en especial para éste donde se realizarían los últimos rituales.

Debemos señalar que en los primeros periodos antes de la unificación, los animales totémicos fueron utilizados como símbolo y estandarte específico de un área geográfica o de un grupo (clan) de gente en concreto. Estos animales locales pudieron ser los fundamentos de esta asimilación entre animales y dioses puesto que el vínculo entre la realeza y los animales existía ya desde el Protodinástico donde a los jefes se los designaba con nombre de animal: escorpión, serpiente…posiblemente para señalar la naturaleza divina de ambos[3].

Ofrendas votivas y sacrificios ceremoniales

En este punto podemos hacer referencia a dos tipos animales. En primer lugar los momificados y posteriormente usados como ofrendas votivas a los dioses y al culto animal, práctica que, como veremos más adelante, condujo a un importante negocio de venta de todo tipo de animales momificados el contenido de los cuales no siempre era lo que el exterior anunciaba.  En segundo lugar, debemos hacer referencia a los ya apuntados sacrificios, criaturas a las que se les ha arrebatado la vida por motivos rituales y simbólicos y que no siempre se hayan momificadas (ni siquiera enteras) o en tumbas exclusivas. Un ejemplo emblemático (aunque basado en numerosas hipótesis) es el del centro ceremonial HK29A de Hieracómpolis donde se hallaron sacrificios tanto de animales domésticos (bueyes y ovicápridos) como de animales salvajes (cocodrilos, hipopótamos, tortugas, percas y gacelas); tal vez propiciatorios los primeros (para atraer la fecundidad) y expiatorios los segundos (para alejar el caos).

La momia votiva se identifica generalmente como aquella ofrenda dedicada a una divinidad a cambio de alguna petición u oración del individuo que la ofrece. Podríamos asimilarla grosso modo  a las actuales velas que se depositan delante de algunos santos en determinadas fechas.  Era común pues, ofrecer un animal totémico momificado a la deidad a la cual se asemejaba, así pues, a la diosa Bastet se le podrían ofrecer gatos, su manifestación, o ibis y babuinos al dios Thot. En origen estas ofrendas eran preparadas en unas salas especiales de embalsamamiento y posteriormente eran entregadas por los sacerdotes en los templos o en procesiones. Igual que en la actualidad, estas ofrendas oscilaban en diferentes categorías, había las más económicas que se presentaban con el envoltorio simple y estaban las más caras a las que se les añadían amuletos y hasta sarcófagos de piedra o madera (en época ptolemaica hasta podemos encontrar cajas de bronce). En el periodo greco-romano, momento de proliferación, muchos sacerdotes se convirtieron en mercaderes y ofrecían toda clase de momias las cuales iban a ser depositadas en el templo conveniente (había lugares que solo estaban dedicados a una deidad y a su animal de culto pero la mayoría de emplazamientos sagrados, como Abidos, están repletos de todo tipo de momias vinculadas a alguna divinidad en particular.  El triunfo de los cultos zoomórficos y por lo tanto de las momias votivas alcanzó su máximo apogeo en el 664 a.C, en la dinastía XXVI cuando el país acababa de expulsar a sus gobernantes extranjeros y los egipcios retomaron todas sus tradiciones; el negocio de las momias se reemprendió. Ibis, halcones, cocodrilos, gatos y babuinos, entre otros, se embalsamaban para ser después depositados en lugares concretos y crear cúmulos de momias que  han llegado hasta hoy día.

Curiosamente, según nos ha mostrado la arqueología, parece que la línea de producción de estos elementos fue contaminada por la “corrupción” y se vendieron animales comunes en el sitio de animales costosos, o envoltorios preciosos llenos de barro o cuerpos que no estaban enteros[4].

Finalmente, hemos de añadir que no solo se realizaban ofrendas de animales simbólicos a través de momias sino que se han hallado también figuritas de diversos materiales (madera, fayenza, metal…) conocidas como ex-votos representando al animal en cuestión. No podemos asegurar que tuviesen el mismo significado, precio o eficacia pero en todo caso siguen siendo una imagen totémica de la fuerza natural y las propiedades a las que se quería venerar.

Cultos animales

 Nos detendremos un momento en el grupo de animales considerados sagrados ya que sería conveniente observar la importancia que se les atribuyó a algunos de ellos, la implicación  y las prácticas que giraban en torno a estos. El trato diferencial hacia éstos se traduce en majestuosas necrópolis y  algunas imágenes que nos remiten a monarcas tratando al animal en cuanto a su valor divino.

Fue durante el Reino Nuevo cuando el culto a un animal específico se estableció plenamente. A partir de la Época Saíta la veneración de los animales se generalizó y el pueblo se identificó de tal manera con ellos que finalmente los animales más importantes tuvieron un papel en el ceremonial oficial religioso.

 El culto al Toro: Desde el predinástico la figura del toro está asociada al poder físico y sexual. De hecho “Toro poderoso” fue parte del nombre de Horus de los faraones de la dinastía XVIII hasta la XXII. Los cultos mejor conocidos fueron el del toro Apis en Menfis, el toro Buchis en Armant  y Mnevis en Heliópolis[5]. Un ejemplo de la importancia de este culto son las estelas que les dedicaron los mismos soberanos saítas a estos animales (Apries y Amasis) así como monumentos en los que éstos aparecen arrodillados frente al toro sagrado. Existen, de la misma manera, las figuras de la Madre de Apis y la Madre de Buchis; estas vacas eran también enterradas en catacumbas separadas (en el caso de la primera, en el conocido Iseum en Saqqara) como aquellas que dieron a luz al animal sagrado en cuestión. No debemos olvidar la importancia de la simbología de la vaca en la realidad egipcia puesto que su simbología de protectora y propiciadora de la fertilidad la hace no solo madre-vaca y fuente de sacrificios propiciatorios sino que la convierte en madre de divinidades y la vincula a diosas como Hathor actuando de elemento acogedor de los difuntos para el viaje al Más Allá. Algunas de la necrópolis y templos donde encontramos a este animal sagrado son: la zona de Saqqara Norte, el Serapeum[6], Heliópolis (en Arab al-Tawil)[7], o el Bucheum en Armant,

El culto a la Vaca: hubo varias vacas sagradas, las vinculadas con Hathor llamadas Zentel y la de Hesat (madre de Apis) la cual amamantaba al faraón (futuro toro) cuando era niño. Su lugar de culto más importante fue Dendera.

El culto al Gato: El gato[8], en conjunción con el culto a la diosa leona, fue asociado a la divinidad de Bastet. Encontramos, tanto restos de estos animales sagrados como de figuras y exvotos en el santuario de Saqqara cerca de Menfis (el Bubasteion[9]) y en su lugar de culto principal, el yacimiento actual de Tell Basta (la egipcia Bast y griega Bubastis), en el Delta del Nilo. Con todo, y tal como hemos apuntado, debemos decir que Bastet no siempre tuvo forma de gata. En sus orígenes en la dinastía II (c.2730-2590 a.C.), ésta se representó como una diosa leona hasta que, en los inicios del primer milenio a.C., comenzó a representarse con atributos gatunos, puesto que Bastet encarnaba el lado más amable, amoroso y benéfico de la diosa conocida como Ojo del Sol (correspondiente femenino de Ra, el Sol).

 El culto al Cocodrilo: Éste estaba asociado al dios Sobek[10], “señor de las aguas”. Su culto se remonta a las primeras dinastías. Se le adoró en Shedet (Cocrodilópolis), en El-Fayum y en Tebas (como en el emblemático templo de Kom Ombo). Se han encontrado también varios enterramientos de éste animal destacando Tebtunis donde se halla una amplia actividad del culto a este animal sagrado en templo de Soknebtunis. Según Herodóto, en el siglo V a.C, algunos egipcios tenían cocodrilos como animales domésticos. En el estanque del templo de Sobek, en Arsínoe, vivía un cocodrilo sagrado, al que se alimentaba, cubría de joyas y rendía culto. Cuando los cocodrilos morían eran embalsamados, momificados, depositados en sarcófagos y enterrados en tumba sagrada. Han sido hallados cocodrilos momificados en sepulturas egipcias, incluso huevos de cocodrilo embalsamados: tenemos unos ejemplares en el British Museum donde aún se conservan algunos de éstos.

 El culto al Ibis: ave sagrada para los egipcios, estaba consagrada a Thot. Era muy utilizado como ofrenda a los dioses y desde la dinastía XIX hasta el Período Ptolemaico, los egipcios ofrendaban al dios Thot momias de estos animales en Hermópolis Magna. Se han encontrado más de 3000 urnas y estatuillas para los ibis en Tuna el-Gebel, necrópolis cercana a la ciudad.

 El culto al Halcón: desde los primeros tiempos animal fue adorado como una divinidad cósmica, cuyo cuerpo representaba el cielo y cuyos ojos eran el Sol y la Luna. En primera instancia se identificó con el dios Horus cuyo nombre significaba algo como “el que está arriba” y ya gozaba de gran veneración antes de la fundación de las primeras dinastías; se le adoró sobretodo en Edfú y Hieracómpolis. Al morir el animal sagrado, se le colocaba en cajas de bronce rectangulares o en forma de halcón que encontramos de manera paradigmática en la necrópolis de Tuna el-Gebel.

El culto al Babuino: representaban al dios Thot y los escribas lo veneraban en forma de babuino. En los últimos siglos de la cultura egipcia, cuando se extendió el culto a los animales, los babuinos sagrados se convirtieron en oráculos. Muchas veces se le representaba dirigiendo a los escribas en sus trabajos como animal sagrado asociado al dios. En Tuna el-Gebel, acompañando a los ibis, halcones y cocodrilos encontramos también numerosas catacumbas de este animal.

El culto a las Cobras y Serpientes: ligadas a los mitos solares del tránsito del sol por el mundo subterráneo. La más importante fue la cobra, símbolo del ureus, protectora del Bajo Egipto. Se la adoraba en Buto y eran dispuestas en cajas de bronce o madera.

El culto a los Peces: a los cuales se los momificó en grandes cantidades y de forma sencilla, han sido encontrados generalmente en cajas de madera o bronce. Los peces más abundantes en este tipo de culto fueron las percas, y en algunos lugares, los oxirrincos (sobre todo en la ciudad con el mismo nombre, localizada en el XIX nomo del Alto Egipto, la actual El-Bahnasa). Por el importante papel mítico de estos, el pez oxirrinco no era comido tampoco se extraían sus órganos, sólo se deshidrataban y sobre las vendas se les dibujaba la cara y otras partes del cuerpo.

El culto al León: símbolo de poder y defensa, tenía un importante papel como guardián y protector del camino del sol por el horizonte, las puertas del Más Allá. Sus centros de culto estaban en el Delta y destaca Xois. Se le asemeja al dios Aker pero también, en femenino, a Sekhmet y Tefnut y se lo asociaba con la fuerza del faraón. Lo vemos representado en las esfinges, leones echados portando cabeza humana con nemes y representando al faraón como sol del horizonte, una de las diversas etapas personificadas del astro.

Otros cultos: buitres, carneros, garzas, gansos, abejas, escorpiones, ranas, escarabajos, hipopótamos…

 Yacimientos

Tal como hemos ido indicando a lo largo de esta breve presentación, a los animales considerados sagrados y divinos se les otorgaba los mismos privilegios que a las personas. Así pues se construyeron necrópolis de animales en las cuales eran enterrados estos después de los rituales y ceremonias pertinentes.

Así pues, encontraremos a lo largo de todo el Nilo cementerios únicos (que contienen restos de un solo animal) y cementerios múltiples (donde se han encontrado momias de diversas especies). Veamos algunos de los ejemplos más emblemáticos:

 Bubasteion[11]

El Bubasteion Saqqara designa el témenos griego, perímetro dedicado a la diosa Bastet, en su santuario y sus catacumbas, situado en la entrada de la necrópolis de Menfis. Este término, que data del periodo ptolemaico, se remonta, por lo menos al Reino Nuevo, a la presencia de un templo en Saqqara dedicado a esta diosa gato, Bastet señora de Ânkhtaouy, el nombre de un barrio de Memphis que tenía una suerte de anexo en la necrópolis. Los centenares de restos de gatos encontrados en estas catacumbas demuestran estas prácticas de confección de momias (a nivel casi industrial) utilizadas como ofrendas, personificaciones de Bastet u otros. Precisar el número total de felinos en dichas catacumbas es imposible puesto que no solo han sido víctimas de saqueos y accidentes naturales sino que en el siglo XIX éstas fueron importadas en masa a Europa.

Momia intacta de gato descubierta en el Bubasteion (IKRAM 2005, 116)

Momia intacta de gato descubierta en el Bubasteion (IKRAM 2005, 116)

El aviso, en 1988, del hallazgo de 300.000 momias de gatos en Spéos Artemidos, cerca de Beni Hassan, nos muestra una idea del gigantismo de estos cementerios de felinos. La investigación de este lugar fue iniciada por Alain Zivie y actualmente está siendo estudiado por la mission archéologique française du Bubasteion (MAFB) cuyo director es él mismo. Los gatos de estas catacumbas se encuentran de dos maneras diferentes: o momificados completamente con todas las extremidades pegadas al cuerpo o dibujando la silueta completa; éstos pueden encontrarse en sarcófagos de piedra o madera y acompañados de ajuar funerario (amuletos, joyas, etc). El equipo del Bubasteion se encarga de estudiar estas momias, la causa de su muerte y los rituales que se les aplicaban con técnicas de análisis no destructivo: el examen radiológico. Con esto, se ha llegado a la conclusión que muchos de estos gatos fueron sacrificados mediante la fractura del cráneo o por estrangulación pero solo en contexto ritual; si se dañaba a un gato fuera de estas ceremonias debía aplicarse un castigo al implicado.

Kom Ombo

 Fue el centro de culto más importante del dios Sobek[12], representado como un cocodrilo.

Momia de cocodrilo. Exposición 2008 Egipto, Nubia y Oriente Próximo en Granada (Autora: Gisèle Martínez)

Momia de cocodrilo. Exposición 2008 Egipto, Nubia y Oriente Próximo en Granada (Autora: Gisèle Martínez)

Los restos encontrados en este templo provienen de la necrópolis de cocodrilos próxima a éste y de lo que dejaban los peregrinos como ofrendas al dios en forma de momias de cocodrilo que se enterraban en el mismo templo. Actualmente se muestran algunos de estos animales sagrados momificados en la capilla de Hathor, en la zona sur del templo.  Se momificaban tanto adultos como jóvenes y hasta encontramos huevos. En los templos dedicados a su culto existían unas piscinas especiales destinadas a la crianza y el cuidado de estos ya que era un animal temido y respetado a la vez que adorado.

Tuna el-Gebel[13]

Éste fue un cementerio de fundación tardía, las galerías de Ibis fueron excavadas por el egiptólogo Sami Gabra durante el periodo entreguerras. En 1980-1990 las investigaciones siguieron por parte de los alemanes, a cargo de Dieter Kessler.

Las catacumbas se encuentran en todo el recorrido hasta Hermópolis (las partes conocidas se extienden a lo largo de 3 km) y en el interior se contenían más de un millón y medio de ibis momificados distribuidos en numerosas cámaras donde también se encontraron amuletos y estatuillas con forma de ave en honor al dios Thot.

Galería donde se muestran los nichos de enterramientos de Ibis y varias cerámicas en Tuna el-Gebel (Ikram 2005, 157)

Galería donde se muestran los nichos de enterramientos de Ibis y varias cerámicas en Tuna el-Gebel (Ikram 2005, 157)

Estas catacumbas también albergan babuinos y halcones momificados en jarras, la mayoría de estos fueron enterrados en el Periodo Greco-Romano y destacamos una capilla central que contiene una estatua al dios Thot en forma de babuino.

Armant

En esta ciudad próxima a Luxor, donde se daba culto al dios Montu, se encuentra el Bucheum al norte de Hermontis, cementerio descubierto por Robert Mond y U.B Emery en 1927 utilizado durante varios periodos destinado a enterramiento de los toros sagrados Buchis. Éste fecha del reinado de Nectanebo II y se utilizó durante 650 años, hasta la época del emperador Diocleciano. En él podemos encontrar un templo dedicado a Montu y un cementerio de vacas consideradas como representaciones de Hathor como símbolo de la madre de Buchis.

Serapeum

Es la necrópolis subterránea situada al norte de Saqqara[14] donde se enterraron los sagrados toros Apis. El nombre de Serapeum fue dado por Estrabón al asociar Apis a Serapis. El modelo es como el de Tuna el-Gebel, una inmensa galería subterránea llena de nichos que recogían a los animales sagrados ya momificados. Está excavado a doce metros de profundidad y consiste en tres pasajes. Existe una avenida de esfinges que conduce desde la ciudad de Memfis hasta el propio Serapeum; esto nos puede llevar a reflexionar sobre la gran importancia de este cementerio y más si tenemos en cuenta que el culto al toro Apis estaba unido al del dios Ptah, dios principal de Menfis. El Serapeum fue encontrado en 1850 por Auguste Mariette el cual halló veinticuatro sarcófagos saqueados y la famosa estatua del “escriba sentado” que podemos contemplar hoy en el Museo del Louvre. En 1965 Walter Bryan Emery descubrió las catacumbas, conocidas como Iseum, que contenían las vacas que simbolizaban la madre de Apis, ibis, halcones, o babuinos entre otros (Bard 1999, 712-714).

Plano del Serapeum de Saqqara (Bard 199, 715)

Plano del Serapeum de Saqqara (Bard 199, 715)

A demás de estas necrópolis existen otras importantes como la del Carnero Sagrado en Mendes[15], Abidos[16], Oasis del Kharga[17] o correderos y pasillos de catacumbas por regiones como la zona de Saqqara estudiadas por la EES.

La momificación animal

De manera similar a la de los humanos, los animales fueron momificados de distintas formas siguiendo diversos esquemas dependiendo de la función y/o finalidad de ésta, la tipología del animal o del periodo. La mayoría de la información que conocemos acerca las momias animales se ha extraído del estudio de las mismas, de textos antiguos, y más recientemente a partir de la arqueología experimental.

Con el análisis detallado de uno de los rituales más populares como el del toro Apis y gracias a las nuevas tecnologías de radiología se ha podido experimentar con la elaboración de momias de conejos, peces y patos tal como nos lo relata Salima Ikram (Ikram 2005, 20) en su obra donde nos muestra detalles y fotografías del proceso.  En relación al trabajo de conservación, podemos encontrar casi 5 tipos de momificación animal, no nos pararemos en describir cada uno de ellos pero si intentaremos mostrar grosso modo  el procedimiento general para obtener una idea aproximada (Ikram 2005, 16-40).

El primer paso, pues, seria la evisceración y desecación; normalmente en mamíferos en los que el contenido craneal sea propenso a la pudrición. Una vez extraídas las vísceras (comúnmente por el vientre pero también en muchos casos por el ano) se podía optar por untar el torso en una sustancia negra (aceite o ungüento) para mejorar la conservación.

Conejo actual momificado usando la técnica del enema e la Universidad del Cairo (Ikram 2003, 53)

Conejo actual momificado usando la técnica del enema de la Universidad del Cairo (Ikram 2003, 53)

En una de las técnicas de momificación (llamada enema) los animales eran, ante nada descarnados, el motivo aún es incierto pero eran cubiertos en aceite y probablemente con el fin de ser alimento en el Más Allá. Si el presupuesto era alto, estas momias eran rellenadas con perfumes y ropajes como si de un humano se tratase, se los envolvía en vendas de lino y en algunos casos se les podía poner algún tipo de máscara funeraria (Ikram 2005, 30-46).

A modo de aclaración debemos añadir que estos animales se momificaban una vez muertos pero Ikram nos expone que la quinta técnica de momificación implicaba sumergir pájaros vivos en resinas u otros ungüentos y los ahogaban hasta que quedaran petrificados. Como estos no eran tratados posteriormente, se han encontrado en un pésimo estado de conservación.

Conservación y técnicas actuales de protección[18]

Para finalizar esta breve exposición sería conveniente mencionar la existencia de proyectos encargados no solo a la conservación, protección y limpieza de las momias animales sino también al estudio detallado de estas empleando conocimientos tecnológicos actuales y hasta la arqueología experimental.

Una de las colecciones más importantes de momias animales es la del Museo del Cairo cuyo comienzo se remonta a 1860 con un pequeño número de animales que sería aumentado entre 1901 y 1904 por Charles Louis Lortet el cual se interesó por el estudio no solo de lo que concernía a la fauna del Nilo sino a aspectos como la domesticación, nutrición, prácticas religiosas o prácticas veterinarias. Actualmente en este conocido museo existe el AMP (Animal Mummy Project) en colaboración con el Supreme Council of Antiquities del que forman parte la autora de numerosos trabajos Salima Ikram o el famoso Zahi Hawass. Dicho proyecto es uno de los más modernos y con un estudio no-destructivo y a gran escala de cualquier resto de momia animal del mundo; para ello se utilizan métodos visuales y radiográficos y el fin último no es solo el de examinar sino el de, en última instancia, conservar y proteger del deterioro a los animales.

Notas

[1] Ver trabajos de Renee Friedman en: Hierakonpolis Expedition. Hierakonpolis Online, 2012-2015. www.hierakonpolis-online.org. Última consulta: 17 Diciembre 2014.

[2] Para saber más: Ikram 2003, 84.

[3] Para más información acerca de la evolución de  estos cultos animales, ver Ikram 2005, 6-9.

[4] Para más información sobre este tema, ver Ikram 2005, 9-15.

[5] Para un estudio más detenido de estos toros ver el capítulo de Aidan Dodson en: Ikram 2005,  72-106.

[6] Ver mapa en el capítulo de Aidan Dodson en: Ikram 2005, 75 y 80-81.

[7] Ver mapa en el capítulo de Aidan Dodson en: Ikram 2005, 92-93.

[8] Para un conocimiento de este culto más detallado, consultar: Málek, J., The Cat in Ancient Egypt,

Londres, 2006.

[9] Ver mapa en el capítulo de Alain Zivie y Roger Lichtenberg en Ikram 2005, 115.

[10] Para más información sobre éste, consultar: Ikram 2005, 199-207.

[11] Para un detallado estudio de este yacimiento consultar: Ikram 2005, 106-120.

[12] Para profundizar más sobre este tema consultar capítulo de Edda Bresciani en: Ikram 2005, 199-207.

[13] Para una información más detallada consultar: Ikram 2005, 120-164.

[14] Para observar un mapa de la región de las necrópolis: Ikram 2005, 47.

[15] Hay un extenso capítulo de Susan Redfort y Donald B. Redfort en: Ikram 2005, 164.

[16] Ver artículo: Ikram, Salima. Animals in the ritual landscape at Abydos: A synopsis 1. Academia. edu, 2014. www.academia.edu/7735050/Animals_in_the_Ritual_Landscape_at_Abydos_A_Synopsis_1. Última consulta: 23 Diciembre 2014.

[17] Ver artículo: Ikram, Salima. A desert zoo: an exploration of meaning and reality of animals in the rock art of Kharga. Academia. edu, 2014.  www.academia.edu/7854998/A_Desert_Zoo_an_exploration_of_meaning_and_reality_of_animals_in_the_rock_art_of_Kharga. Última consulta: 8 Enero 2015.

[18] Para conocer este proyecto, sus técnicas y las conclusiones de cada tipo de momificación a las que han llegado a través de su estudio consultar capítulo de Salima Ikram en: Ikram 2005, 207-227.

 

Bibliografia

  • Bard, K, A. Encyclopedia of the Archaeology of Ancient Egypt. Nueva York: Routledge, Charron, A. Massacres d’animaux à la Basse Epoque. Revue d’Égyptologie 41 (1990): 209–13.
  • David, A.R, ed., Egyptian Mummies and Modern Science. Cambridge: University Press, 2008.
  • Davies, S. T. The Sacred Animal Necropolis at North Saqqara: The mother of Apis and baboon catacombs. Excavations at North Saqqâra. Excavations Memoir no.76: Londres: EES, 2006.
  • Dodson, A, Rituals Related to Animal Cults. En Jacco Dieleman, Willeke Wendrich, eds., Los Angeles: UCLA Encyclopedia of Egyptology, 2009.
  • Flores, D. V. Funerary Sacrifice of Animals in the Egyptian Predynastic Period. British Archaeological Reports 1153 (2003).
  • Houlihan, P. y Goodman S. The Birds of Ancient Egypt. Warminster: Aris and Phillips, 1986.
  • Ikram, S. Death and Burial in Ancient Egypt. Londres: Longman, 2003.
  • Ikram, S. Divine Creatures; Animal mummies in Ancient Egypt. El Cairo: University Press, 2005.
  • Ikram, S, En Jacco Dieleman, Willeke Wendrich, eds., Los Angeles: UCLA Encyclopedia of Egyptology, 2010.
  • Ikram, S. A desert zoo: An exploration of meaning and reality of animals  in the rock art of Kharga Oasis. Colloquium Africanum 4: Desert Animals in the Eastern Saqqara, Heinrich-Barth Institut (2009) 263-291.
  • Kessler, D. y A. H. Nur ed-Din, Tuna al-Gebel: Millions of Ibises and Other Animals. In s. Ikram ed., Divine Creatures: Animal Mummies in Ancient Egypt, 120–63. El Cairo, University Press, 2005.
  • Kurth, D. In  Helck, W. y Otto, E, eds., VI: 497–523, 1986.
  • Lortet, L. y Gaillard, C. La faune momifiée de l’ancienne Egypte. Lyon : University Press, 1903-9.
  • Lucas, y Harris, J. R. Ancient Egyptian Materials and Industries. Londres: Dover Publications, 1962.
  • Malek, J. The Cat in Ancient Egypt. Pennsylvania: University Press, 1997.
  • Nicholson, P. .T. y Shaw, I., eds., Ancient Egyptian Materials and Technology. Cambridge: University Press, 2000.
  • Parra, J.M, coord., El Antiguo Egipto. Madrid: Marcial Pons, 2011.

Articulos similares:

    Sin coincidencias

Licencia Creative Commons
BREVES APUNTES SOBRE LAS MOMIAS DE ANIMALES EGIPCIAS por Gisèle Martínez Sancliment, a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Gisèle Martinez (egiptóloga)

Egiptòloga. Llicenciada en Història en l’especialitat de Història Antiga i Arqueologia a la Universitat de Barcelona. He realitzat Cursos sobre la Guerra a Egipte a l’Associació Catalana d’Egiptologia i un curs de Restauració de fòssils i óssos a l’escola d’art ECORE. Recentment he finalitzat el Màster Oficial de Llengua i Civilització egípcia de la Universitat Autònoma de Barcelona. Exerceixo de guia i monitora del Museu Egipci de Barcelona i he participat en diverses campanyes arqueològiques per Catalunya. M’he especialitzat en el món funerari a través de l’anàlisi de l’art i la iconografia tractant temes com les danses funeràries en la meva tesina. El meu interès principal és entendre els rituals i creences funeràries egípcies a través de disciplines com l’antropologia establint així comparacions etnogràfiques amb les tribus nilòtiques africanes.

Leave a comment

Add your comment below, or trackback from your own site. You can also subscribe to these comments via RSS.

Your email is never shared. Required fields are marked *

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD