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	<title>Sárasuatī _v2.1 &#187; .Bio</title>
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	<description>Revista digital de Humanidades Sarasuati (Estudios americanos e hispánicos, fundacion atapuerca, biografias ...)</description>
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		<title>La filosofía política durante el Renacimiento (2ª Parte) &#8211; Tomás Moro (1478-1535)</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Oct 2011 20:31:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Bolena]]></category>
		<category><![CDATA[Bio]]></category>
		<category><![CDATA[C.Politicas]]></category>
		<category><![CDATA[Erasmo de Rotterdam]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofia]]></category>
		<category><![CDATA[Luteranismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Utopía]]></category>

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		<description><![CDATA[A principios del siglo XVI, la sociedad europea estaba en crisis. Muchas eran las críticas contra los dos grandes poderes, el terrenal y el espiritual. Los estados europeos estaban en constantes guerra. Y, en contra de los abusos de la Iglesia, un monje alemán colgó, sus 95 tesis, de la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg. En estas tesis, criticaba a la Iglesia por su alejamiento de las palabras del Evangelio, y por su enriquecimiento por medio de las “indulgencias”. A cambio de una suma de dinero, se liberaba al pecador del purgatorio, o de ciertos castigos terrenales. La Iglesia también recaudaba dinero gracias al negocio de las “reliquias milagrosas”, trocitos del cuerpo de un santo(a) que eran objeto de veneración y de negocio.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/10/TOMAS.MORO_.Hans_Holbein.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-medium wp-image-6045" title="TOMAS.MORO.Hans_Holbein" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/10/TOMAS.MORO_.Hans_Holbein-238x300.jpg" alt="" width="238" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En la pintura de Holbein vemos a Tomás Moro “envuelto en una capa de piel sobre la cual la rosa de los Tudor une las rejillas de Lancaster, brillando con su gran collar (…) Viste un traje rojo, el de Juez del Consejo Privado del Rey”. (Louis Bouyer, <em>Tomás Moro, humanista y Mártir</em>, p. 14).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">A principios del siglo XVI, la sociedad europea estaba en crisis. Muchas eran las críticas contra los dos grandes poderes, el terrenal y el espiritual. Los estados europeos estaban en constantes guerra. Y, en contra de los abusos de la Iglesia, un monje alemán colgó, sus <strong>95 tesis</strong>, de la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg. En estas tesis, criticaba a la Iglesia por su alejamiento de las palabras del Evangelio, y por su enriquecimiento por medio de las “indulgencias”. A cambio de una suma de dinero, se liberaba al pecador del purgatorio, o de ciertos castigos terrenales. La Iglesia también recaudaba dinero gracias al negocio de las “reliquias milagrosas”, trocitos del cuerpo de un santo(a) que eran objeto de veneración y de negocio.</p>
<p style="text-align: justify;">A raíz de la publicación de las 95 tesis escritas por <strong>Martín Lutero </strong>(1483-1546), fueron muchos los que se pusieron del lado del fraile agustino nacido en Eisleben, Alemania. La intervención de este teólogo alemán cambió las bases cristianas de muchos europeos. El luteranismo fue el origen de un gran cambio, no sólo espiritual, sino también político y social. La supremacía de la Iglesia católica fue poco a poco perdiendo adeptos y, por lo tanto, su enorme poder. Su poder lo defendió, y justificó, el protagonista de este artículo, el inglés <strong>Tomás Moro (1478-1535)</strong>. Fue tal su defensa del catolicismo que Moro llegó, incluso, a perder la cabeza. La revuelta creció lentamente en Inglaterra, y la Reforma fue ineludible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>“Un hombre para todo momento” (Erasmo</strong>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El humanista Tomás Moro (<em>Thomas More</em>) nació en Londres en 1478. Desde su juventud, junto a su padre, gustaba de leer a los clásicos y debatir sobre temas teológicos. Cuando cumplió los doce años, Moro entró a trabajar al servicio de cardenal <strong>John Morton</strong>, arzobispo de Canterbury y Gran Canciller de Inglaterra, de quien se dice que también simpatizaba con los humanistas. Poco después, el joven Moro fue enviado a Oxford para estudiar derecho. Allí estuvo en contacto con los principales humanistas ingleses, <strong>Thomas Linacre, Willian Grocyn y John Colet</strong>. Moro que pronto formó parte del grupo de humanistas ingleses educados en Oxford, amplió sus conocimientos humanísticos gracias a la lectura de las obras renacentistas italianas. Todas ellas influyeron y enriquecieron a Moro pero, sobre todas, lo hizo “<em>El discurso sobre la dignidad del hombre</em>”, la obra cumbre de <strong><a title="Sarasuati - Bio: Pico della Mirandola" href="http://www.sarasuati.com/pico-della-mirandola-y-la-dignidad-del-hombre/" target="_blank">Pico della Mirandola</a></strong>. Fue tal su impacto en nuestro protagonista que Moro la tradujo al inglés, y poco después escribió otra biografía sobre el autor, <em>Vida de Pico della Mirandola</em>. Moro hizo del joven pensador italiano, “el modelo del hombre moderno” a seguir. [1] Éstos y otros contactos, le animaron a participar, intelectual y formalmente, de la corriente humanista que se propagaba por toda Europa. El multifacético Moro se interesó también por la ciencia y la política, la literatura y la teología.</p>
<p style="text-align: justify;">Era tal su fe que Moro se enclaustró en la Cartuja de Londres, entre 1501 y 1504. No era su intención ingresar en la orden, pero sí que quería satisfacer su deseo de vivir una vida monástica dedicada al estudio, a la contemplación y a la oración. Allí, se dedicó principalmente a la traducción y comentarios de la obra de <strong><a title="Sarasuati - Bio: Agustín de Hipona" href="http://www.sarasuati.com/medievo-agustin-de-hipona/" target="_blank">San Agustín de Hipona</a></strong>, <em>La ciudad de dios</em>. Para Moro, el de Hipona era el ejemplo del pensador cristiano a seguir, ya que sus fundamentos partían de la <em>Biblia</em> y de los clásicos griegos y latinos. Espiritualmente, su educación en la tradición cristiana y humanista, le llevó a considerar necesaria una reforma de la Iglesia que, en su opinión, debía recuperar la sabiduría de los antiguos cristianos, los Padres de la Iglesia. Pero Moro volvió a la vida seglar y a dedicarse a la abogacía.</p>
<p style="text-align: justify;">Decir, también, que Moro se casó dos veces. Con Jane Colt con quien tuvo cuatro hijos: Margaret, Elizabeth, Cicely y John. Y, cuando enviudó en 1511, con Alice Middleton, quien ya tenía una hija, Alice. Su hija mayor, Margaret, estuvo casada con otro letrado, William Roper, el autor de su primera biografía: <em>La vida de Sir Tomás Moro</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SU AMIGO, ERASMO DE ROTTERDAM</strong></p>
<p style="text-align: justify;">De entre todos sus amigos destacó el humanista holandés, <strong>Erasmo de Rotterdam</strong> (1466-1536), a quien conoció durante una estancia del holandés en Oxford. Tras su primer encuentro, creció entre ellos una gran amistad y admiración.</p>
<p style="text-align: justify;">Erasmo, sacerdote agustino, encabezaba un movimiento que pretendía “reformar la Iglesia, sin separarse de ella, con espíritu conciliador”. Porque Erasmo era “un espíritu moderno per no revolucionario”, dijo de él, el catedrático en Filosofía, José Mª Valverde. [2] Sus primeras propuestas fueron las que animaron a Lutero a seguir con su objetivo reformista. Sin embargo, las cartas entre ambos, demuestran que eran muchas las profundas diferencias entre ambos, sobre todo en lo que hacía referencia a la reforma de la Iglesia católica.</p>
<p style="text-align: justify;">Erasmo y Moro defendieron en sus obras el “libre albedrío”. Es decir, que ellos eran los únicos responsables de sus actos, “para bien o para mal”, como proponía San Agustín. Moro llevó hasta sus últimas consecuencias este principio. En 1508, mientras residía en casa de Moro, Erasmo empezó a escribir su famoso libro, <em>Elogio de la Locura</em> (1511), obra que dedicó a su amigo. El humanista inglés colaboró con Erasmo en su redacción, en la parte dedicada a la sabiduría cristiana, escribe el teólogo francés Louis Bouyer. En el prefacio, Erasmo escribió: “En la ausencia, tu recuerdo como ausente me deleitaba tanto como tu presencia en el trato cotidiano contigo como presente, el cual, por mi vida, puedo asegurarte que es lo que me produce más satisfacción en el mundo”. [3]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN HOMBRE DE ESTADO</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El ascenso social de Tomás Moro se debió a su fama como abogado, a su talante y a su gran humanismo. Era un hombre culto, un gran retórico y, además, tenía un gran sentido del humor, escriben sus biógrafos. El entonces cardenal, <strong>Thomas Wolsey</strong> (1473-1530), le presentó al rey <strong>Enrique VIII</strong> (1491-1547) y, en seguida, Moro se convirtió en su tutor y confidente. En 1514, Moro fue nombrado Relator del Consejo de Estado (<em>Master of the Requests</em>). Durante este tiempo, Moro empezó a figurar como miembro destacado de la embajada inglesa. Desde 1518, la familia Moro vivía alejada de la Corte, al otro lado del río Támesis, en Chelsea. Su casa, la describe así, Bouyer, “casi monástica, con biblioteca y capilla”.</p>
<p style="text-align: justify;">El ascenso social de Moro fue imparable. Desde 1509, Moro era miembro del Parlamento y vice-sheriff (<em>Under-Sheriff</em>), cargo que ocupó hasta 1518. Fue nombrado consejero privado (1517); armado caballero y Tesorero de la Real Hacienda (1521); elegido presidente de la Cámara de los Comunes (1523); nombrado Canciller del Ducado de Lancaster (1525); y, finalmente, lord Canciller de Inglaterra (1529). Moro fue el primer seglar que alcanzó este alto cargo del Estado, por encima de él sólo estaba el rey. [4]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANA BOLENA Y LA REFORMA</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta luna de miel, entre Moro y el monarca inglés, se resintió cuando el rey le reveló su intención de divorciarse de su esposa, la reina consorte <strong>Catalina de Aragón</strong> (1485-1536), una de las hijas de los Reyes Católicos. [5] Cuando el rey le contó sus intenciones, Moro le mostró su rechazo. Como católico, Moro no veía con buenos ojos el divorcio. Convencido de que pronto cambiaría de opinión, el rey se mostró tolerante ante la oposición de su consejero. El rey quería un hijo para cederle su trono, y estaba convencido de que Dios no se lo había concedido todavía porque vivía en pecado. [6]</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando en 1527, Enrique VIII solicitó el divorcio al Papa, empezó un largo enfrentamiento entre ambos, porque el papa se oponía al divorcio del rey con Catalina. Su matrimonio, avalado por una dispensa papal, era totalmente válido. No había motivo alguno para anular su matrimonio. Mientras tanto, en Inglaterra aumentaba el número de reformistas inspirados en las ideas de Lutero. También colaboró a ello, el enfado del rey con el papado, situación que animó a los reformistas a atacar al Vaticano y proponer la separación de Roma. Prueba de ello, es la elección del nuevo arzobispo de Canterbury, el reformista <strong>Thomas Cranmer</strong>, en 1533. Él fue una de las piezas clave para la consecución de las aspiraciones del monarca inglés, conseguir el divorcio y casarse con <strong>Ana Bolena</strong> (1501-1536), que le había prometido un hijo suyo. Finalmente, tras largos debates en el clero inglés y en el Consejo real, Enrique VIII obtuvo el suficiente apoyo para romper sus relaciones con la Iglesia de Roma. Se debe tener en cuenta que, Enrique VIII no era reformista. En 1521, el monarca había obtenido del papa el título de “Defensor de la fe”, por su obra &#8220;<em>Defensa de los siete sacramentos</em>&#8220;. Enrique había defendido la fe católica frente a Lutero pero ahora le tocaba a él repudiar a la Iglesia de Roma, su motivo resultaba un poco caprichoso para muchos. Poco después, Enrique VIII fue excomulgado.</p>
<p style="text-align: justify;">Rota toda relación con el Vaticano, el arzobispo de Canterbury anuló el matrimonio con Catalina, era mayo de 1533. Un mes después, Ana Bolena fue coronada reina de Inglaterra. Sin embargo, tampoco pudo darle al rey un hijo varón. De todos sus embarazos, sólo sobrevivió <strong>Elizabeth</strong>, la que sería reina de Inglaterra de 1558 a 1603. Sería la última de la dinastía de los Tudor. Como reina consorte tuvo gran influencia en la política y la religiosidad inglesa, pero murió pronto, condenada por el rey a ser decapitada.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1534, apoyado por el clero inglés y el Parlamento, Enrique VIII se autoproclamó <strong>cabeza de la nueva Iglesia de Inglaterra</strong>. Se negó entonces cualquier “jurisdicción del papa sobre el reino” de Inglaterra. La situación de Tomás Moro en la corte “se hizo extraña”, así que decidió, además de por motivos de salud, dimitir de su cargo. El rey aceptó su dimisión. Él seguía defendiendo los principios católicos y no estaba a favor ni del divorcio ni de la suplantación, o división, de la figura papal. A pesar del peligro que suponía su postura, Moro “prefería perder la cabeza antes que la virtud”, escribió William Roper en su biografía.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando en abril de 1535, le tocó el turno a Moro para prestar juramento al acta de sucesión, “a favor de los nuevos hijos que tuvieran Enrique VIII y Ana Bolena”, Moro se negó. El texto del acta “mezclaba la causa de la sucesión con la aceptación formal del cisma” (Bouyer, p. 63). En el texto constaba “el rechazo de la jurisdicción papal” y el “reconocimiento del rey como único jefe de la Iglesia de Inglaterra” (Bouyer, p. 59). Moro no podía jurar, iba contra su conciencia. Su rechazo a prestar juramento le costó la libertad, como prisionero fue llevado a la Torre de Londres. La condena real estaba poniendo a prueba la conciencia de Moro, la cárcel le haría cambiar de idea.</p>
<p style="text-align: justify;">Álvaro Silva ha recopilado las últimas cartas que Tomás Moro escribió desde su casa, y desde su celda en la Torre. [7] Hay muchas dirigidas a su hija Margaret, otras a amigos y a hombres de Estado, incluso una para el monarca. En las cartas que le escribieron, le pedían que jurase el Acta de Supremacía. La respuesta de Moro era siempre la misma: “No”. Él amaba a su rey, y era su humilde servidor, pero eso no podía jurarlo, iba contra sus principios. En una carta a Thomas Cronwell, desde Chelsea, le pedía que le diera el nombre de aquél que le difamaba para poder “resolver el asunto con esa persona”. (Carta 6, p. 65). Desde la Torre de Londres, donde vivía recluido, escribía a los suyos para prepararles para lo peor.</p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de todos los interrogatorios y de las visitas de los miembros del Consejo real, Moro seguía negándose a jurar contra su conciencia. En su defensa, Moro les explicaba que el rey sabía de su opinión al respecto, y que “su graciosa majestad” sólo le pidió discreción para que no divulgase sus ideas. Ni siquiera las visitas de su hija mayor, o de su esposa, pudieron hacerle cambiar de postura. Para aumentar su castigo, meses después le privaron de todo aquello que le aportaba satisfacción, la pluma, el papel, y los libros. En las cartas que escribió durante su encarcelamiento, Moro se mostraba feliz de poder llevar una vida monástica. Su celda era “un buen lugar” para dedicar su tiempo “a tareas intelectuales y a Dios”, escribió Moro.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se le juzgó en Westminster, en su defensa, Moro, alegó que el poder temporal estaba por debajo del poder espiritual. Dijo: “No estoy obligado a conformar mi conciencia al concilio de un solo reino contra el concilio en general de la cristiandad” (Bouyer, p. 76). Se aportaron falsas acusaciones y el jurado, compuesto por hombres fieles al nuevo canciller, el reformista Thomas Cronwell, redactó el veredicto de culpabilidad. Tomás Moro fue sentenciado culpable de alta traición. Cronwell firmó su sentencia de muerte. Una semana después, el 6 de julio 1535, Tomás Moro murió decapitado. Frente a su verdugo, Moro reafirmó a los asistentes que “moría en y por la fe católica”. Poco antes, toda su familia ya había prestado juramento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SU OBRA <em>UTOPÍA</em> (1516)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Para superar la crisis de la sociedad inglesa, y europea en general, Tomás Moro sugirió la sociedad ideal en su obra <em>Utopía</em>. En la edición de 1518, se incluyó un prólogo de Erasmo.</p>
<p style="text-align: justify;">Basándose en <em>La República</em> de Platón, Tomás Moro escribió su obra más famosa, <em>Utopía</em>. [8] Dividió el libro en dos partes. En la primera, Moro exponía sus críticas a la situación social y política de Inglaterra. En la segunda, describía la organización de un Estado situado en la imaginaria isla de Utopía. Hitlodeu, un navegante que había vivido allí durante cinco años, explica cómo es la vida en la isla. En Utopía la gente era feliz, porque allí no existía la propiedad privada, tampoco el dinero. Aquel era un mundo que escapaba a la crisis porque todos sus ciudadanos eran iguales. A los “utopianos” les unía el interés general en repartir entre ellos “los bienes de consumo”. Es fácil comprender por qué muchos consideran a Tomás Moro como el ícono del pre-comunismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Moro esbozó en ella, una guía práctica para encontrar soluciones a los problemas cotidianos. El autor, que participaba en el diálogo que desarrolla en la obra, consideraba absurdo creer que el dinero y la propiedad privada generasen una ambición desmesurada, y dudaba que se pudiese &#8220;vivir convenientemente&#8221; en un lugar donde todo era común. Así, Moro consigue implicar al lector, porque le obliga a pensar si es, o no, coherente la propuesta que se hace en <em>Utopía</em>. Sus reflexiones versaban sobre la forma de organización política que debía facilitar, a través del estado, el desarrollo feliz del ser humano.</p>
<p style="text-align: justify;">En contra de lo que <a title="Saruasati - Bio: Maquiavelo" href="http://www.sarasuati.com/la-filosofia-politica-durante-el-renacimiento/" target="_blank"><strong>Maquiavelo</strong> </a>afirmaba en su obra <em>El Príncipe</em>, en donde describía la guerra como un instrumento noble, Moro la consideraba algo abominable. En contra de la opinión de Maquiavelo que consideraba que los mercenarios eran una de las causas de los fracasos bélicos, Moro los apoyó en Utopía, lugar en donde no se quería hacer la guerra. Sus habitantes incluso organizaban sobornos para evitarla. Moro estaba convencido de que la felicidad terrena era posible, si se retornaba a la “sencillez” predicada en los evangelios. La intención real de Tomas Moro era moralizar sobre el hecho político, y formular cuáles eran los deberes que el hombre debía cumplir a nivel particular (moral) y colectivo (política).</p>
<p style="text-align: justify;">Moro también escribió una historiografía, <em>Historia del rey Ricardo III</em> (1513), obra en la que se basó Shakespeare para escribir el drama que lleva el mismo nombre, escribe Pedro R. Santidrián. Pero la mayoría de sus obras son apologéticas, es decir, que tratan “sobre la verdad de la religión católica”. En ellas, Moro escribía contra las doctrinas de los “nuevos hombres”, así llamaban a los reformistas.</p>
<p style="text-align: justify;">Sir Tomás Moro ha sido venerado por su labor como jurista, por ser un hombre justo. Pero, a pesar de la afirmación que hace en sus cartas: “No me entrometo en las conciencias de quienes piensan de otro modo”, Moro también juzgó la conciencia de algunos “pioneros del protestantismo” inglés, y dictó su pena de muerte en la hoguera. Según Bouyer, tras su investigación, observó que “durante la cancillería de Moro tuvieron lugar 4 ejecuciones entre los años 30 y 31”. En la carta que escribe a su amigo Johannes Cochlaeus desde Chelsea (1532), le comunica su dicha por el ajusticiamiento de algunos “salvajes de la fe cristiana”. Algunos contemporáneos, dijeron de él que había llevado a cabo una “persecución sangrienta” de los herejes y que era “víctima de una reacción de buen sentido del príncipe” (Bouyer, p. 85). En su defensa, decir que no sólo defendió el libre albedrío, sino que también luchó porque las mujeres tuviesen el mismo acceso a la cultura que los hombres.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su defensa a ultranza del catolicismo, Tomás Moro fue beatificado en 1886, y luego canonizado en 1935. Tomás Moro es para muchos “el paradigma del perfecto católico”, afirma Bouyer. Para el teólogo, Álvaro Silva, el mérito de Moro radica “en la superación del temor natural al poderoso (…) para no ir en contra de la propia conciencia” (Silva, p. 37). Fue “una simple víctima del dogmatismo teológico medieval”, añade Silva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A continuación, algunas frases de Tomás Moro extraídas de sus <em>Últimas cartas, 1532-1535</em>.</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">A Erasmo, carta nº 3,</span> Chelsea, junio 1533:</p>
<p>Le escribe el contenido de su Epitafio:</p>
<p style="text-align: justify;">“Aquí yace Joan, la amada esposa de Moro. Yo, Tomás, quiero que sea también la tumba de Alice y la mía. Una de estas mujeres, unida a mí en los años de nuestra juventud, me dio un niño y tres niñas que me llaman padre. La otra ha sido una mujer tan dedicada a sus hijastros como si fueran hijos suyos, cualidad muy rara en una madrastra. Una pasó su vida a mi lado y la otra aún vive conmigo, de tal manera que no puedo decidir cuál de las dos es más amada. <strong>¡Qué felices hubiéramos vivido los tres si el destino y la religión lo hubieran permitido!</strong> Rezo para que la tumba y el cielo nos unan. La muerte nos dará lo que la vida no pudo”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Al rey Enrique VIII, carta nº 10</span>, Chelsea, marzo 1534:</p>
<p style="text-align: justify;">“Soy en este momento vuestro verdadero servidor, lo he sido siempre y lo seré hasta que muera”, escribe al rey.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">A su hija Margaret (Meg), carta nº 12</span>, Torre de Londres, abril 1534:</p>
<p style="text-align: justify;">Moro le afirma que su postura es “fruto de (…) una decisión de su conciencia tomada tras largo y serio estudio de la evidencia”. Moro añade: “este era uno de los casos en los que estaba obligado a no obedecer al rey”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><span style="text-decoration: underline;">De Meg a su hermana Alice, carta nº 18</span>, Torre de Londres, agosto 1534:</p>
<p style="text-align: justify;">Le dice Meg a su padre: “el juramento está también hecho por una ley hecha por el Parlamento, piensan que eres tú quién está obligado”. Moro le contesta: “ningún hombre está obligado a jurar que toda ley está bien hecha”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">A Stephen Leder, el vicario de Ware, carta nº 25</span>, Torre de Londres, enero 1535:</p>
<p>“Lo que hago no es por obstinación, sino por la salvación de mi alma”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">A Meg, carta nº 30, Torre de Londres</span>, 5 de julio de 1535:</p>
<p style="text-align: justify;">“Es la víspera de Santo Tomás y (…) la octava de San Pedro, y por eso anhelo que sea mañana el día en que vaya a Dios. Sería una fecha muy oportuna y conveniente para mí”. Así fue.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>[1] Pedro Rodríguez Santidrían, en la Introducción de <em>Utopía</em>, Ciencia Política, Alianza Editorial, Nota nº5, pág. 32.</p>
<p style="text-align: justify;">La primera biografía de Pico della Mirandola la escribió su sobrino, Gian Francesco.</p>
<p>[2] José Mª Valverde en su libro <em>Vida y Muerte de las Ideas</em>, pág. 94.</p>
<p>[3] Erasmo de Rotterdam, Prefacio de <em>Elogio de la Locura</em> (1508), pág. 49.</p>
<p style="text-align: justify;">[4] Para la consulta on-line de la <em>Vida de Tomás Moro</em> (1994), archivo PDF de la Unesco <a href="http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/archive/publications/ThinkersPdf/moros.PDF">http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/archive/publications/ThinkersPdf/moros.PDF</a>).</p>
<p style="text-align: justify;">[5] En 1501, Catalina de Aragón llegó a Londres para casarse con el príncipe Arturo de Gales, como así estaba establecido. Un año más tarde, el príncipe murió de fiebres. Las monarquías, inglesa y española, mantuvieron su alianza y convinieron en casar a Enrique VIII con Catalina. Para conseguir la nulidad matrimonial, Catalina tuvo que jurar que era virgen. Debido a la mala salud del príncipe, alegó, nunca consumaron su matrimonio. Enrique VIII, rey de Inglaterra y Señor de Irlanda, desde mayo de 1509, se casó un mes después con Catalina.</p>
<p style="text-align: justify;">[6] Enrique VIII creía que la causa de su desdicha estaba escrita en la <em>Biblia</em>: “La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás; la desnudez de tu hermano es” (<em>Levítico</em>, capítulo XVIII, versículo XVI). Y lo interpretó como incesto.</p>
<p style="text-align: justify;">[7] Álvaro Silva, <em>Tomás Moro. Últimas cartas (1532-1535),</em> Editorial Acantilado, 2010.</p>
<p style="text-align: justify;">[8] La palabra “utopía” la inventó Moro, indicaba un lugar que no existía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<p>Foto de Tomás Moro en Wikipedia <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Hans_Holbein_d._J._065.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);">http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Hans_Holbein_d._J._065.jpg</a></p>
<p style="text-align: justify;">Bouyer, Louis <em>Tomás Moro, Humanista y Mártir</em>, Ediciones Encuentro, S.A., Madrid, 2009.</p>
<p style="text-align: justify;">Moro, Tomás (1516) <em>Utopía</em>. Introducción, traducción y notas de Pedro Rodríguez Santidrián. Alianza Editorial, S.A., Ciencia política, Madrid, 2004.</p>
<p style="text-align: justify;">Rotterdam, Erasmo <em>Elogio de la Locura</em>, Editorial Espasa Calpe, S.A., Colección Austral, Barcelona, 2005.</p>
<p style="text-align: justify;">Silva, Álvaro <em>Tomás Moro. Últimas cartas (1532-1535),</em> Editorial Acantilado, Barcelona, 2010.</p>
<p style="text-align: justify;">Valverde, José Mª (1980) <em>Vida y muerte de las ideas. Pequeña historia del pensamiento occidental</em>. Colección Ensayo, Editorial Planeta, S.A. Barcelona, 3ª edición, 1982.</p>
<p style="text-align: justify;">Van Doren, Charles (1991) <em>Breve historia del saber, la cultura al alcance de todos</em>, Editorial Planeta, S.A., Barcelona, 4ª edición, 2006.</p>
<p style="text-align: justify;">THE HISTORY OF PARLIAMENT &#8211; Thomas More <a href="http://www.histparl.ac.uk/thomas-more.html">http://www.histparl.ac.uk/thomas-more.html</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">UNESCO – La vida de Tomás Moro, de Keith Watson, 1994. <a href="http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/archive/publications/ThinkersPdf/moros.PDF">http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/archive/publications/ThinkersPdf/moros.PDF</a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>FILMOGRAFÍA</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Película: Un hombre para la eternidad (A man for all seasons). Dirigida por Fred Zinnemann, 1966 y escrita por Robert Bolt.</p>
<p style="text-align: justify;">TV Series: Los Tudor (The Tudor), 2007. Primera y Segunda Temporada.</p>
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		<title>La filosofía política durante el Renacimiento</title>
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		<pubDate>Sun, 29 May 2011 11:52:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
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		<category><![CDATA[N. Maquiavelo]]></category>
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		<description><![CDATA[Ensayo a través de la obra de Nicolás Maquiavelo y Tomas Moro       Con la llegada del Humanismo, los valores de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/06/200px-Maquiavelo.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-full wp-image-5433" title="Maquiavelo" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/06/200px-Maquiavelo.jpg" alt="" width="200" height="222" /></a></strong></p>
<h1 style="text-align: center;"><strong>Ensayo a través de la obra de Nicolás Maquiavelo y Tomas Moro</strong></h1>
<p style="text-align: justify;">      Con la llegada del Humanismo, los valores de la Antigüedad grecorromana se incorporaron rápidamente a la cultura renacentista, sobre todo gracias al descubrimiento de la <strong>imprenta </strong>a mediados del siglo XV [1]. Entre aquellas primeras publicaciones, se editó en 1513 la obra de Maquiavelo, <em>El Príncipe</em>. El historiador Bartolomé Benassar la define como un “tratado cínico de filosofía política que otorgaba al príncipe los derechos, incluidos el crimen, la traición y el perjurio, con la única justificación de la razón del Estado”. Tres años después, Erasmo de Rotterdam (1466-1536) publicó <em>Educación del Príncipe cristiano, </em>obra que marcó la diferencia de ideales políticos entre los humanistas. Chocaron el ideal político del Humanismo cristiano propuesto por Erasmo y la fría razón de Estado de Maquiavelo. En 1516, el inglés Tomás Moro escribió <em>Utopía</em>. Este era el nombre de la isla que el gran navegante Hitlodeo describió a Moro, y lugar en donde se daba, utópicamente, el mejor gobierno. Estas tres obras están consideradas como el despertar de la política moderna. El sistema político se analizaba desde otra perspectiva, más humana.</p>
<p style="text-align: justify;">      Durante el Renacimiento se empezó a quebrar la unidad Europea, y se dio inicio a la época de los absolutismos y de los nacionalismos. En Italia, los gobiernos de las repúblicas estaban en decadencia. Para evitarla, los pensadores italianos se comprometieron a favor de ciertas virtudes sociales que tenían que ver con asuntos morales y políticos. Los gobiernos, por su parte, favorecieron los <strong>valores nacionales </strong>para conseguir más apoyos. La religión también se adhirió al sentimiento nacionalista por intereses políticos, y se identificó con la nación: anglicanismo inglés, luteranismo alemán, catolicismo español y francés, etc. Aquel incipiente nacionalismo también se nutría de otros factores, como fue el lingüístico y el económico. Aparecieron las primeras gramáticas y muchas lenguas nacionales substituyeron al latín. Además, con los descubrimientos se estaban abriendo nuevos mercados y también nuevos conflictos internacionales.</p>
<p style="text-align: justify;">      La aparición y desarrollo de la <strong>filosofía política </strong>estuvo estrechamente relacionada con la crisis del pensamiento religioso, la burguesía enriquecida y el pensamiento renacentista. La iglesia estaba perdiendo el poder político que detentaba en Europa desde que Carlomagno fue coronado Emperador del Sacro Imperio por el papa (800). Pero en el siglo XIV, los pensadores escolásticos, <span style="text-decoration: underline;">Siger de Brabante </span>y <span style="text-decoration: underline;">Boecio de Dacia</span>, consideraron que se tenía que separar la filosofía de la teología, debían ser doctrinas independientes ya que trataban de diferentes asuntos. Da<span style="text-decoration: underline;">nte Alighieri </span>(1265-1321), también opinó al respecto y propuso la teoría de la doble verdad: el papa era el guía espiritual indiscutible, pero el emperador debía cuidar de la humanidad. El filósofo italiano, <span style="text-decoration: underline;">Marsilio de Padua</span>, fue más lejos y opinó que “debía fundamentarse el poder terrenal sobre el Derecho Natural, es decir, independientemente de la creencia en dios”. El inglés <span style="text-decoration: underline;">Guillermo de Ockham</span>, rizó el rizo, al afirmar que los dos poderes habían de coexistir, pero que el emperador podía elegir y sustituir al papa. La separación fue definitiva cuando el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos IV (1316-1378) promulgó la Bula de Oro (1356), en la cual se presentaba el nuevo sistema de elección y coronación del emperador, y en donde no se nombraba al papa.</p>
<p style="text-align: justify;">      Cuando se rompió definitivamente con el agustinismo político se dio origen a la filosofía política moderna que se agrupó según el pensamiento realista y el idealista. Al <strong>realismo político</strong>, cuya propuesta se basaba en la lógica de las exigencias del orden, y la descripción de cómo funcionan las cosas para intentar intervenir con eficacia, lo representó el italiano <strong><span style="text-decoration: underline;">Nicolás Maquiavelo </span></strong>(1469-1527). Al idealismo político, lo representó el inglés <span style="text-decoration: underline;"><strong>Tomas Moro </strong></span>(1478-1535). Los idealistas consideraban que se podía, y debía, reproducir fielmente un Estado ideal, asesorado por un buen filósofo. Las obras de ambos fueron fruto de las críticas hacia la corrupción de su tiempo, y también su propuesta para la regeneración social. Pero, a pesar de sus muchos puntos de vista en común, sus proposiciones eran totalmente opuestas.</p>
<p style="text-align: justify;">      Veamos primeramente cuál fue la propuesta maquiavélica para una política eficiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;"><strong><span style="text-decoration: underline;">Nicolás Maquiavelo</span> (1469-1527)</strong></h2>
<p style="text-align: justify;">      La nueva creencia humanista ya no consideraba a dios como la única influencia en el hacer humano. El mundo, era bajo la perspectiva humanista, “un objeto del trabajo humano” y no “un acto de la creación divina”, escribe el sociólogo Alfred Von Martin. [2] Eran factores racionales los que controlaban la Fortuna. Así pues, todo podía hacerse si se disponía de una buen técnica. Eso significaba que “el conocimiento debía ser útil, práctico y provechoso”, afirma V. Martin. Así pensaba el funcionario florentino Nicolás Maquiavelo, que quiso aplicar la técnica a la política, para fundamentarla sobre “el virtuosismo y la racionalización del pensamiento”. La política se podría “dominar” si se disponía de “inteligencia calculadora y talento técnico”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>     Nicolás Maquiavelo </strong>se formó intelectualmente junto a su padre, un doctor en leyes de quien Maquiavelo aprendió las artes de la retórica, el placer de la lectura y también del estudio. Este joven intelectual fue testigo directo del gran desarrollo de su ciudad, Florencia, pero también de su decadencia. Maquiavelo comenzó trabajando como funcionario de la república florentina. Con 29 años, ya era secretario de la segunda cancillería de Asuntos Exteriores y de la Guerra de la República. Pero destacó en la política sobre todo por su carrera diplomática. En numerosas ocasiones estuvo reunido con los grandes europeos: el rey de Francia, la Santa Sede y el Emperador Carlos de Austria (1500-1558), entre otros. Así como en otras importantísimas misiones en Italia. Todas estas relaciones se vieron plasmadas más tarde en sus libros, y sin duda formaron su pensamiento político. Maquiavelo gustaba de analizar el presente, tras la observación directa lo contraponía con antiguas experiencias pertenecientes al pasado grecorromano, o a los sucesos políticos de las ciudades-estado italianas. De esta forma, Maquiavelo extraía sus conclusiones para una mejor teoría política.</p>
<p style="text-align: justify;">     Cuando <span style="text-decoration: underline;">Lorenzo de Médici </span>(1449-1492) inició su gobierno en Florencia, nació Maquiavelo. La gobernó durante 23 años y su labor como hombre de Estado le valió el apodo del “Magnífico”. Florencia se había convertido en la capital del arte y la cultura occidental, pero también se había convertido en un lugar codiciado por las poderosas familias florentinas, ansiosas de poder. Cuando contaba con 20 años, el joven Nicolás, debió escuchar las inflamas del fraile dominico <span style="text-decoration: underline;">Savonarola </span>(1452-1498), que predicaba sobre el Apocalipsis. Los Médici, acorralados por las tropas francesas que marchaban hacia Nápoles, se vieron obligados a abandonar la ciudad. Iban encabezados por Pedro, el hijo de Lorenzo. La anarquía reinó en la capital toscana y esta situación favoreció la ascensión política de Savonarola. Éste formó un Consejo Mayor y se puso al mando de la República. La ciudad vivió oprimida por la obsesión del dominico por combatir el pecado. En 1496, en una hoguera emplazada en la Plaza de la Signoria se quemaban libros y obras de arte, junto a las joyas de los florentinos. Los <em>arrabbiati </em>(los enfadados) luchan por liberar a la ciudad del monje. Maquiavelo tenía 27 años, cuando “por encargo”, escribió una carta al embajador de Florencia en Roma, informando de “los sermones pronunciados por Savonarola”. El papa Alejandro VI cansado de las duras críticas de Savonarola hacia el papado decidió poner fin a su vida. En 1498, el fraile fue detenido y cuando llegaron los emisarios papales se puso fin a su vida. Murió colgado y quemado frente al <em>Palazzo Vecchio</em>, allí donde había ardido “la hoguera de las vanidades”.</p>
<p style="text-align: justify;">      Florencia vivió de nuevo las luchas entre familias para hacerse con el poder. En 1502, para poner fin a esta lucha se nombró al prior de la ciudad, Pier Soderini (1450-1522), gonfalonero de por vida. A Maquiavelo le nombraron <strong>secretario de la Segunda Cancillería </strong>florentina, cargo que mantuvo durante 15 años. Entre 1503 y 1506 Maquiavelo reorganizó las defensas militares de la república de Florencia y aconsejó a Soderini el reclutamiento de tropas entre los hombres de la ciudad para asegurar a Florencia una defensa permanente y patriótica. En 1507, Maquiavelo fue nombrado <strong>Canciller</strong>. En 1512, murió la república florentina junto con todas sus instituciones populares. Cuando los partidarios de los Médici ocuparon el <em>Palazzo della Signoria</em>, Maquiavelo aconsejó a los Médici “moderación y clemencia”. Esto le costó su cargo y su destierro de Florencia, acusado de participar “en la conjura republicana de Capponi y Boscoli”. Le arrestaron pero no encontraron pruebas. Finalmente, el canciller fue desterrado.</p>
<p style="text-align: justify;">     Durante su destierro, su tiempo de ocio lo dedicó a escribir las obras más importantes de su vida: <em>El Príncipe </em>(1513), <em>La Mandrágora </em>(1518) y <em>El Arte de la Guerra </em>(1519-1520) donde plasmó su línea de pensamiento militar. Para ganarse el favor de los Medici, Maquiavelo escribió <em>El Príncipe</em>, pero nunca volvió a ocupar un cargo destacado en el gobierno. Maquiavelo describía el método para que un príncipe (gobernante) pudiese adquirir y mantener su poder político, su influencia y su prestigio. Desde el punto de vista de Maquiavelo, el gobernante debería preocuparse solamente del poder, y sólo debería rodearse de aquellos que le garantizasen el éxito de sus actuaciones políticas.</p>
<p style="text-align: justify;">     Por fin, en 1520, Maquiavelo volvió a recibir un encargo público. El cardenal Giulio de Médicile le encargó que elaborase un ensayo “de carácter historicista”, con los anales y las crónicas florentinas. Esta obra la conocemos como <em>Historia de Florencia </em>(1520-1525). Como buen humanista, Maquiavelo era un hombre multifacético que destacó sobre todo por su gran <strong>talento diplomático</strong>. Maquiavelo viajó varias veces a Francia para defender los intereses florentinos. Allí tuvo la oportunidad de estudiar las instituciones francesas y de observar al pueblo francés, sorprendiéndole su unión ante un solo monarca y su ejército propio. Tras sus viajes a Francia, Maquiavelo escribió tres libros dedicados a las costumbres y la política francesa. Entre sus reuniones, destacaron las mantenidas con <span style="text-decoration: underline;">César Borgia </span>(1475-1507), el hijo del papa Alejandro VI. Maquiavelo, que “quedó gratamente impresionado”, le describió como “un hombre formidable”, afirma H. Puigdoménech. [3]</p>
<p style="text-align: justify;">     El joven Borgia había renunciado a su cargo cardenalicio, y aceptado el nuevo ducado Valentino ofrecido por el rey francés Luís XII. A partir del año 1500, César comenzó su conquista por el territorio italiano: Imola, Forlí, Cesana, Pesaro, Faenza y Piombino. En las reuniones mantenidas con Maquiavelo, el joven Borgia “pedía ayuda y dinero a Florencia”, y alardeaba del apoyo francés. Maquiavelo, totalmente seducido por el duque, “lo estudiaba” y “lo comparaba con otros grandes hombres de la antigüedad”. [4] Habló sobre él “como ejemplo de acción política coherente y eficaz”, admirando también su comportamiento amoral ante sus enemigos. Estos contactos con el joven Borgia resultaron decisivos para la futura reflexión del secretario florentino que plasmó luego en <em>El Príncipe</em>. “César Borgia era considerado cruel, pese a lo cual fue su crueldad la que impuso el orden en la Romaña, la que logró su unión y la que la volvió a la paz y a la fe” (Maquiavelo, <em>El Príncipe</em>, Cap. XVII).</p>
<h3><strong>El ideario político de Maquiavelo.</strong></h3>
<p>Para Maquiavelo la política era la explicación de los <strong>hechos humanos</strong>, y un análisis exhaustivo de ellos le permitía mostrar la realidad tal como era. Escribió en Discursos: “<em>yo he expresado todo cuanto sé y todo cuanto he aprendido por una larga práctica y continua lección de las cosas del mundo</em>”. Maquiavelo era también un pedagogo, escribió: “<em>Siendo mi intención escribir algo útil para quién lo lea, me ha parecido más conveniente buscar la verdadera realidad de las cosas que la simple imaginación de las mismas</em>” (<em>El Principe</em>, XV). La historia es quién nos muestra el camino a seguir, creía el humanista.</p>
<p style="text-align: justify;">      Maquiavelo siempre se mostró muy <strong>crítico </strong>con aquellos que no eran capaces de tomar decisiones. Escribió en <em>El Príncipe</em>: “<em>no se debe nunca permitir un desorden esperando evitar una guerra, porque no se evita, sino que se aplaza en tu perjuicio</em>”. Maquiavelo también se lamentaba de la ineficacia de los príncipes y de la corrupción de la Iglesia. Criticaba a los idealistas porque, según él, se debía “<em>buscar la verdad efectiva</em>” y no imaginar, e idealizar la política, ya que así no se podía alcanzar una política eficaz.</p>
<p style="text-align: justify;">      El objetivo de Maquiavelo era recuperar la grandeza de la república romana y liberar a Italia de la dominación extranjera (franceses y españoles, principalmente). Para el florentino, el modelo a copiar era Suiza, porque aquel era “un pueblo en armas. Una auténtica democracia”. [5] Y también la antigua Roma, pero adaptada a la nueva sociedad renacentista. Cuando quería copiar una acción política, Maquiavelo la analizaba profundamente, observaba sus efectos y juzgaba su eficacia. La vida política debía estar fomentada en la cooperación entre las instituciones y la comunidad, opinaba.</p>
<p style="text-align: justify;">      Maquiavelo también criticó en su obra a la sociedad burguesa, que dormitaba acomodada tras su enorme riqueza, totalmente inactiva. Se debía luchar y defender Florencia de la dominación extranjera. Era necesaria la presencia de un <strong>Príncipe</strong>, un hombre dispuesto a defender la ciudad. Un líder virtuoso, moderno, secularizado y cuyo único objetivo fuese alcanzar el éxito. Un buen caudillo, educado en el humanismo y apto para mandar. Entre sus cualidades debería destacar el dominio de sí mismo, el conocimiento de las leyes naturales y la elocuencia. El príncipe virtuoso buscaría constantemente el equilibrio entre los intereses comunes de sus ciudadanos. El Príncipe debía intentar satisfacer los intereses de sus súbditos. Incluso podía fingir si así se afianzaba en el poder. Cuanto más se sentían satisfechos, más largo sería su gobierno.</p>
<p style="text-align: justify;">      Pero si algo ha sido objeto de furibundas críticas en la obra de Maquiavelo, ha sido el hecho de introducir en su obra el <strong>concepto del mal </strong>como una posibilidad permanente. Es más, juzgaba a todos los hombres malvados: “<em>Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro</em>” (<em>El Príncipe</em>, Cap. XVII). Maquiavelo murió en 1527, alejado de la política. Su cuerpo está enterrado en la Iglesia de Santa Croce en Florencia.</p>
<p>      Maquiavelo quiso establecer &#8220;las reglas que regulasen la vida política&#8221;, y que sus leyes marcasen los preceptos de la política, debían ser válidas para todos los gobernantes de este mundo, de ahí el interés universal que despertó la obra de Maquiavelo. <span style="text-decoration: underline;">Francis Bacon </span>escribió sobre Maquiavelo: &#8220;Mucho debemos a Maquiavelo y a otros como él, que escribieron sobre lo que hacen los hombres y no sobre lo que deberían hacer&#8221;. En contraposición, <span style="text-decoration: underline;">Jean Bodin </span>tildó de no piadoso e injusto a Maquiavelo, debido a que rechazaba la religión como contraria al Estado.</p>
<p style="text-align: justify;">      El maquiavelismo, como término político, ha sido utilizado para describir aquellos principios políticos que están de acuerdo con la máxima de: “el fin justifica los medios”. De ahí que su obra, <em>El Príncipe</em>, haya sido muchas veces considerada como una defensa al despotismo y a la tiranía. “El fin justifica los medios” es la frase que siempre se le adjudica a Maquiavelo pero que, al parecer, nunca dijo. En oposición a las propuestas realistas de Nicolás Maquiavelo, se situó el idealista Tomas Moro (1478-1535), que consideraba que se debía investigar sobre las características de la sociedad ideal para poder plasmarlas en un nuevo ideal político. En la próxima biografía repasaremos la vida y la obra de <span style="text-decoration: underline;">Tomás Moro</span>, un filósofo de la política, idealista y católico, que educó y asesoró al rey inglés Enrique VIII.</p>
<p> <span id="more-5432"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTAS:</strong></p>
<p>[1] “El primer libro impreso se publicó en 1470 en Venecia (…). En 1500, 236 ciudades de Europa ya tenían una o varias imprentas”, escribe el historiador Bartolomé Bennassar en su obra La Europa del Renacimiento, pág. 36-37.</p>
<p>[2] Alfred Von Martin (1932), Sociología del Renacimiento, pág. 51.</p>
<p>[3] Helena Puigdoménech, (1939- ), titular de Literatura italiana a la Universidad de Barcelona. Texto extraído de su Estudio Preliminar, pág. XXI, del libro de Maquiavelo La Mándragora.</p>
<p>[4] Helena Puigdoménech, Estudio Preliminar, p.XXIII.</p>
<p>[5] Sociología del Renacimiento Von Martin, pág. 111.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA:</strong></p>
<ul>
<li>Alfred Von Martin (1932), Sociología del Renacimiento, Fondo de Cultura Económica, 70 años. Méjico, 2005.</li>
<li>Bartolomé Bennassar (1988), La Europa del Renacimiento, Historia. Biblioteca Básica. Editorial Grupo Anaya, S.A., 7ª ed., Madrid, 2004.</li>
<li>Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, E.D.A.F., Imprenta Fareso, Madrid, 1964.</li>
<li>Nicolás Maquiavelo, La Mandrágora¸ Helena Puigdoménech, Estudio Preliminar traducción y notas. Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S.A.), Madrid, 2008.</li>
</ul>
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		<title>Pico della Mirandola y &#8220;la dignidad del hombre&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Mar 2011 23:55:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; GIOVANNI PICO DELLA MIRANDOLA   Discurso sobre la dignidad del hombre &#160; Giovanni Pico della Mirandola nació en 1463 en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/02/pico.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5115" title="Pico della Mirandola" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2011/02/pico-269x300.jpg" alt="" width="269" height="300" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>GIOVANNI PICO DELLA MIRANDOLA</h2>
<h2><em> </em></h2>
<h2><em>Discurso sobre la dignidad del hombre</em></h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Giovanni Pico della Mirandola nació en 1463 en el castillo de la Mirandola, junto a Módena. Su vida fue corta pero muy intensa, murió en 1494, cuando tenía sólo 31 años. Fue un joven precoz que dejó muchos pensamientos fragmentados en sus muchas obras incompletas. Su reputación sigue siendo hoy la de un gran pensador, fiel modelo del hombre renacentista, dedicado principalmente a la adquisición de conocimientos. Sin duda alguna, este joven, filósofo y literato, participó y forjó el humanismo italiano del Renacimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Como muchos de los hijos de la alta nobleza, sus padres eran los condes de la Mirandola, Pico estaba destinado a cursar la carrera eclesiástica, y a los 14 años le enviaron a Bolonia para estudiar derecho canónico. Sin embargo, cuando conoció la filología griega y romana quedó cautivado y abandonó su carrera eclesiástica. Empieza entonces su recorrido por “las universidades europeas más prestigiosas”, escribe Pedro J. Quetglas en su introducción al “<strong><em>Discurso sobre la Dignidad del hombre</em></strong>” de Pico della Mirandola. [1] Su avidez por el conocimiento y el estudio le llevó, dos años después, a la Universidad de Ferrara, en donde estudió filosofía y profundizó sobre la filología clásica. Atraído por la tradición aristotélica viajó a Padua, en donde se hallaba la universidad italiana más famosa por su dedicación al pensamiento del filósofo de Estagira, Aristóteles. Allí, también profundizó en lógica y retórica y pudo leer las obras del estagirita gracias a las traducciones y a sus comentadores medievales, Averroes (1126-1198) entre ellos. Pico también fue alumno de Elia del Medigo, el maestro judío y averroísta que le enseñó la lengua hebrea y la sabiduría judaica cabalística. Su interés abarcaba muchas disciplinas y se vio en la necesidad de aprender hebreo y árabe para poder profundizar en el misticismo medieval. Después, se trasladó a Florencia atraído por la Academia de Marsilio Ficino (1433-1499) y la filosofía neoplatónica. Su amistad con el sacerdote y filósofo Ficino, y con el poeta humanista Angelo Poliziano (1454-1494), le facilitó la entrada en la Academia. [2]</p>
<p style="text-align: justify;">En 1482-83, Pico viajó a París para estudiar en la Sorbona, griego y hebreo, pero sobre todo para profundizar en la filosofía escolástica. En 1484, volvió a Florencia y siguió su aprendizaje de Platón y de los neoplatónicos. Su amistad con Marsilio Ficino influyó enormemente en el pensamiento de Pico. Ficino, quien fue además su maestro, era un gran conocedor de los antiguos autores cristianos y de las obras relacionadas con las ciencias ocultas (Hermes Trimegisto). También destacaba por su “orientación conciliadora” entre la obra de Platón y Aristóteles, y por su voluntad de relacionar la obra de los clásicos con la religión cristiana. Su intención no era otra que la de demostrar que el cristianismo era la religión verdadera. Asuntos que también adoptó Pico, su alumno y amigo. En sus siguientes viajes, Pico entabló una estrecha relación con Flavio Mitriades, quien le introdujo en “los oráculo caldaicos” y le puso en contacto con las obras cabalísticas, explica P. J. Quetglas. Todos estos encuentros y estudios fueron poco a poco, pero muy intensamente, configurando el pensamiento ecléctico del joven Pico, quien fue moldeando su pensamiento hacia el saber universal y la concordia. Con 23 años, Pico, como fruto de todo su saber, publicó sus 900 tesis.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong></p>
<h1 style="text-align: justify;"> LAS 900 TESIS (1486)</h1>
<p style="text-align: justify;">A finales del 1486, con 23 años, Pico ya tenía compuestas sus famosas “900 tesis” que quería defender en Roma frente a un auditorio compuesto por un buen número de eruditos europeos. Las tesis versaban sobre la dignidad del hombre. Esta obra póstuma que le encumbró hasta nuestros días se conoció más adelante como “<em><strong>Oratio de hominis dignitate</strong></em>” (<em>Discurso sobre la dignidad del hombre</em>). Sin embargo, trece de aquellas tesis no gustaron a la curia, ni tampoco al papa italiano Inocencio VIII (1434-1492). Una comisión formada por un grupo de teólogos, obispos y juristas, declararon que 13 de las tesis eran heréticas y paganas. La comisión condenó 7 por no ser “ortodoxas” y a otras 6 por “dudosas”. Entre las “no ortodoxas” figura la número 13: “<em>No estoy de acuerdo con la opinión común de los teólogos que afirman que Dios, puede adoptar cualquier naturaleza; esto solamente lo admito con respecto a las naturalezas racionales</em>”. Y la 14 que dice: “<em>Ni la cruz de Cristo ni ninguna imagen tiene que ser adorada con el culto de latría (adoración), ni tan siquiera de la manera que sostiene Tomás</em>” (de Aquino). Entre las dudosas figura la 24: “Los <em>milagros de Cristo son una prueba segurísima de su divinidad, no en razón de lo realizado, sino de la manera de hacerlo</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Con la Iglesia has topado querido Pico! A pesar de las explicaciones que dio Pico a la comisión en su obra “<strong><em>Apología</em></strong>” (1487), y de su posterior retractación, el papa decidió condenar las 900 tesis y condenarle a él por herejía. Inocencio VIII puso fin al proyecto de Pico prohibiendo la disputa. Pico juró no volver a tratar el tema de sus tesis, pero aun así el papa condenó las tesis con una Bula papal. En diciembre, la Inquisición citó a Pico, ahora acusado de perjurio. Parece ser que la obra “<em>Apología</em>” cayó en manos del papa tras el juramento que hizo Pico de no volver a tratar sobre sus tesis. En 1488, Pico huyó de Roma. De camino a París, ciudad en la que sí habían sido bien recibidas sus tesis, fue detenido.</p>
<p style="text-align: justify;">Gracias a la mediación del rey francés Carlos VIII (1470-1498) y, sobre todo, a la de Lorenzo de Medici (1449-1492) [3] Pico fue liberado a condición de que Lorenzo, el entonces gobernante de Florencia, ejerciese de tutor del pensador y se comprometiesen a no hacer pública la obra “<em>Apología</em>”. Pico viajó de nuevo a la capital de la Toscana. Pero no fue hasta la llegada del nuevo papa, el valenciano Alejandro VI (1431-1503), que Pico fue absuelto en 1493. Murió en extrañas circunstancias, el 17 de noviembre de 1494. Según el filósofo Paul O. Kristeller, especializado en la época renacentista, Pico murió asesinado “al parecer por su secretario”. Mientras que Quetglás afirma que su muerte llegó a consecuencia de “un envenenamiento atribuido a sus servidores”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong></p>
<h1 style="text-align: justify;">SU FILOSOFÍA: el pensamiento piquiano</h1>
<h2 style="text-align: justify;">Sincretismo</h2>
<p style="text-align: justify;">Como filósofo, Pico se caracterizó por su <strong>sincretismo</strong>, es decir, que trataba de conciliar las doctrinas diferentes, dijo: “<em>Quienes siguen alguna escuela filosófica, ya sea la de Tomás o la de Escoto, que son las que están actualmente en boga, pueden exponer su doctrina discutiendo un número reducido de cuestiones. En cuanto a mí, tengo por principio no jurar por la palabra de nadie: me he preparado para poder basarme en todos los maestros de la filosofía</em>”. [4] Por ejemplo, Pico no despreció al pensamiento escolástico, desprestigiado ahora por los humanistas. Él creía que también tenían “<em>pensamientos sólidos dignos de ser valorados</em>”. Pico creía que todas las escuelas y pensadores, teólogos y filósofos, aportaban conocimientos válidos, dignos de ser “<em>reafirmados y defendidos</em>”. Este conciliación queda fundamentada cuando leemos que en “<em>Discurso</em>”, Pico hace referencia en él a, Hermes Trismegisto, un personaje mítico griego introductor al hermetismo. A Zoroastro (ca. s. X y IV a.C.), el profeta iraní fundador del zoroastrismo. A Orfeo, otro personaje mítico griego fundador del orfismo. Y también, al griego Pitágoras (s. VI a.C.), y al persa Avicena (980-1037), y a Averroes, y a los escolásticos Tomás de Aquino (1224-1274) y a Duns Escoto (1266-1308), y a los cabalistas judíos, entre otros. En cuanto a los dos grandes filósofos de los todos los tiempos, Platón (s. V a.c.) y Aristóteles, (s. IV a.C.), Pico quiso “conciliar y armonizar el platonismo y el aristotelismo” y hacer concordar sus proposiciones. Objetivo ya expresado tiempo atrás por Cicerón (106 a.C. -43 a.C.), Plotino (205-270), y Boecio (480-525).</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">Magia – Cábala y Astrología</h2>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;"><br />
</span>Pico se interesó por la Cábala, la magia y otros ritos paganos de la época clásica. Razón por la cual se le considera muchas veces como “el primer sabio cristiano que hizo uso de la literatura de la cábala” (P. O. Kristeller, 85). Esto era así, porque Pico creía “en la tradición secreta” de la Cábala, y en su relación con la Biblia y el Antiguo Testamento. Su afán consistió en “demostrar que la cábala podía confirmar la teología cristiana”. (P. O. Kristeller, 86). Pico quería, a través de la filosofía, la teología y la cábala, “desvelar todas las predicciones acerca del origen y destino del hombre y el universo” (P. J. Quetglas, 29).</p>
<p style="text-align: justify;">La magia (la “blanca”), afirma Pico que “<em>abraza la contemplación más íntima de las cosas más secretas y el conocimiento de la naturaleza</em>” (Pico della Mirandola, 98).<br />
Sin embargo, Pico criticó y atacó, de pleno, a la astrología, área ligada por aquel entonces a la cosmología científica. Pico veneraba la magia natural, pero veía en a la astrología una superchería sin ninguna base científica. Dijo al respecto: “<em>Las estrellas son cuerpos, y nosotros somos espíritus, no se puede admitir que un ser material, y por tanto inferior, haya de actuar sobre nuestro yo superior y restringir su libertad</em>”. Pico escribió Disputaciones contra la astrología adivinatoria (1496), obra póstuma donde expuso su incredulidad ante su capacidad predictiva.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong></p>
<h1 style="text-align: justify;">SUS OBRAS</h1>
<p style="text-align: justify;">Entre sus obras destacan poemas de amor escritos en italiano, a pesar de que Pico quemó una buena parte de ellos, a causa de un ataque de “autocensura”. Pero, sí conservó sus poemas toscanos. También se ha conservado la correspondencia que mantuvo con el veneciano Ermolao Barbaro (1454-1493). Barbaro, profesor de filosofía en Padua, traductor y comentador de Aristóteles, recibió una carta de Pico, fechada el 5 de junio de 1485 que fue publicada en la primera edición póstuma de sus obras (Bolonia, 1496). La carta a Ermolao Barbaro trataba sobre la relación entre la retórica y la ﬁlosofía. Pico criticaba el uso de la retórica en filosofía, porque según él, sólo llevaba a confusión. También publicó dos obras filosóficas, “<em><strong>Heptaplus</strong></em>” (1489) obra dedicada a comentar el inicio del Génesis, fundamentada en los filósofos cristianos y paganos; y “<strong><em>Del ser y del uno</em></strong>” (1492), síntesis entre el aristotelismo y el platonismo. Muchas de las obras escritas por Pico las recopiló su sobrino Gian Francesco. Como fue el caso del “<em>Discurso sobre la dignidad humana</em>”, publicado por él unos años tras la muerte de su tío.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h2 style="text-align: justify;">El Discurso sobre la dignidad del hombre</h2>
<p style="text-align: justify;">Pico no puso nombre a esta obra que era, por aquel entonces, la introducción a sus 900 tesis. El primer título, “<strong><em>Oratio</em></strong>” (<em>Discurso</em>), se lo puso su sobrino. Éste también incluyó una biografía de su autor en la introducción a la obra. Posteriormente, del concepto central sobre la dignidad del hombre, surgió la idea de incluirla en el título de la obra (en Basilea, 1557). El manuscrito de la primera redacción de “<em>Oratio</em>” se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Florencia. “<em>Oratio</em>” representaba, y todavía representa hoy, “el ideario del hombre renacentista” que consistía en “situar al hombre en el centro del universo… rescatándolo de una larga etapa de sumisión” (P.J. Quetglas, 32). Era la intención de Pico, proponer a los sabios “<em>una</em> <em>disputa sobre los sublimes misterios de la teología cristiana</em>” (P. della Mirandola, 79). Pico puso el acento en la libertad del hombre, ya que según su elección, podía situarse en cualquier grado de su vida, es decir desde una plano irracional hasta uno divino. En su &#8220;<em>Discurso&#8221;</em>, Pico nos habla de la singularidad del hombre sobre las demás criaturas, dado que ll hombre piquiano puede moldearse a sí mismo, pudiéndose convertir “en lo que él quiera”.</p>
<p style="text-align: justify;">Pico escribe en su introducción a las tesis el texto que, según el humanista, dios le expuso a Adán: “<em>No te hemos dado una ubicación fija (…) ¡oh, Adán!, para que así puedas tener y poseer el lugar, el aspecto y los bienes que, según tu voluntad y pensamiento, tú mismo elijas. (…) definirás los límites de tu naturaleza, según tu propio albedrío, en cuyas manos te he colocado. (…) Podrás degenerar en los seres inferiores… o en los superiores, que son los divinos, según la voluntad de tu espíritu</em>&gt;&gt; (Pico della Mirandola, 50-51). Dios puso a Adán “en el centro del universo para que pudiese ver todo lo que hay en él, y de esta manera valorar lo que más le convenga”, explica P.J. Quetglas.<br />
Las palabras de Pico alababan la excelencia humana y sus capacidades, entre las cuales destaca su indeterminación, condición que le per permite “escoger libremente su ser” (P. R. Santidrián, 128). La clave es la versatilidad humana, y el hecho de que por ser hombre tenga la oportunidad de escoger cómo quiera ser, esa es su libertad. Para Pico la dignidad humana depende “de su modo especial de creación y no de sus méritos”, escribe Jaime Arias. En “<em>Oratio</em>”, Pico no sólo nos habla de la excelencia y la dignidad del hombre, también lo hace sobre la verdad universal, que se cosecha con el estudio de varias corrientes y autores. También gracias al estudio de “los antiguos”, rasgo característico del pensamiento renacentista, se puede alcanzar la sabiduría. Pico era además un “investigador insaciable”.</p>
<p style="text-align: justify;">En su presentación, Pico quería demostrar que sus tesis estaban muy sopesadas y que él, a pesar de su juventud, podría y sabría defenderlas. Pico defendía a un hombre, a diferencia del pensamiento escolástico, indefinido, que se forma a sí mismo. Sus 900 tesis suponían una recopilación de todo su saber, y una demostración de que abarcaba todos los campos del conocimiento humano, desde la historia hasta la filosofía, desde la magia hasta la teología. Pero su apuesta por la libertad de pensamiento y de albedrío se vio cercenada, prohibida, porque el papa Inocencio VIII consideró que aquellas tesis eran contrarias a la religión.</p>
<p style="text-align: justify;">Al final de su vida, Pico se interesó más por la religión, principalmente por su desavenencia con la Iglesia, pero sobre todo, por su relación con el fraile dominico, Girolamo Savonarola (1452-1498). Fueron célebres los discursos críticos del fraile contra el lujo y la lujuria, y en 1487 tuvo que dejar la ciudad ante el descontento de los florentinos. En 1491, Savonarola volvió a Florencia y continúo atacando desde el púlpito al papa y a toda la Iglesia romana, así como a los ricos florentinos y a su corte de portentosos artistas. Tras la conquista francesa, y la consiguiente expulsión del gobernador florentino, Piero de Medici, Savonarola tomó el poder. Con su política restrictiva y censuradora levantó una hoguera en el centro de la ciudad en donde, ciudadanos y policía, lanzaban al fuego todo aquello que el dominico tachaba de pecado: ropa, joyas, objetos de arte, juegos, libros, etc. Allí, en la “hoguera de las vanidades” se consumían los pecados de los florentinos. Finalmente, el papa Alejandro VI cansado y muy enojado con el fraile, le excomulgó, ordenó su captura y su ejecución. En 1498, allí dónde ardía su famosa hoguera, en la Plaza della Signoria, junto a dos frailes más, Savonarola fue quemado y los Medici volvieron a gobernar Florencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Pico escribió en 1490: “<em>la religión parece ser un acabamiento de la filosofía. (…) la religión nos ayuda a alcanzar ese fin último para el que la filosofía puede sólo prepararnos</em>”. El joven pensador italiano, como casi todos los humanistas del período renacentista, era ante todo cristiano. En su opinión, la verdadera felicidad sólo se encontraba cerca de Dios. Pico della Mirandola defendió al cristianismo íntimamente fundado sobre el platonismo. La obra de Pico tuvo grandes repercusiones. Entre los pensadores cristianos del siglo XVI, creció una amplia corriente cabalística y se puso de moda el estudio del hebreo y el árabe en Europa. También influyó en filósofos más modernos, como fueron Nietzsche, Marx, Kierkegaard o Sarte. “Él resume en su persona, en su vida y en su obra lo que el Renacimiento significa y sugiere para nosotros los humanistas del siglo XX”, afirma Pedro R. Santidrián. El sincretismo de Pico buscaba “la armonía, la unidad, la concordia y la paz en el saber”, añade el filósofo español.  Quiso Pico, ante los sabios, que quiso “<span style="text-decoration: underline;">dar muestra no tanto de que sabía mucho, como de que sabía lo que otros ignoran</span>” (P. della Mirandola, 107).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Escribió Pico en <em>Oratio</em>:</p>
<p style="text-align: justify;">“<em>El Hacedor deseaba que hubiera alguien capaz de sopesar el mérito de una tan grande creación</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">“<em>Hemos nacido con la posibilidad de ser lo que queramos</em>”</p>
<p style="text-align: justify;">“<em>alcanzar lo superior… puesto que podemos, si queremos</em>”</p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong> <span id="more-4900"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS</span></strong>:</p>
<ol>
<li>
<div style="text-align: justify;">Della Mirandola, Pico (1486), <em>Discurso sobre la Dignidad del hombre</em>, Traducción, introducción, edición y notas de Pedro J. Quetglas. Textos universales, PPU, S.A., Barcelona, 2002.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Nombre que utilizaban Ficino y sus contemporáneos para designar a un “círculo de amigos informalmente organizado”. Allí se celebraban recitales y discursos, y también lecturas privadas de Platón y Plotin, explica Paul O. Kristeller, quien afirma que al menos, en un par de ocasiones, “se celebró del natalicio de Platón”.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Lorenzo de Medici, banquero y mecenas, apoyó y financió a grandes artistas renacentistas como fueron Sandro Botticelli (1445-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519), y Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), entre otros. Lorenzo, también llamado &#8221;el Magnífico&#8221;, fue el promotor de la Academia neoplatónica, sita en los jardines de su palacio florentino.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">En, María Morrás, <em>Manifiesto del Humanismo</em>, pág. 118-120.</div>
</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">BIBLIOGRAFÍA</span></strong></p>
<ul>
<li>
<div style="text-align: justify;">Jaime Arias, A parte Rei, 59. Revista de Filosofía Pico Della Mirandola. <em>Una visión para la Filosofía del Derecho</em>. URL:http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/arias59.pdf (2008).</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Santidrián Rodríguez, Pedro (1986), <em>Humanismo y Renacimiento</em>, Historia, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2007.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Oskar Kristeller, Paul (1964), <em>Ocho filósofos del Renacimiento italiano</em>, Breviarios, Fondo de Cultura Económica de España, S.L., Madrid, 1996.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Della Mirandola, Pico (1486), <em>Discurso sobre la Dignidad del hombre</em>, Traducción, introducción, edición y notas de Pedro J. Quetglas. Textos universales, PPU, S.A., Barcelona, 2002.</div>
</li>
<li>
<div style="text-align: justify;">Morrás, María <em>Manifiestos del Humanismo</em>. Ediciones Península, págs., 118-120, Barcelona, 2000.</div>
</li>
</ul>
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		<item>
		<title>PETRARCA: “Los muchos libros a unos hicieron sabios y a otros locos”.</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Sep 2010 21:53:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[F. Petrarca]]></category>

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		<description><![CDATA[Como hicieron los eruditos del siglo XIV, pasamos página y abandonamos la escolástica y la dialéctica para aproximarnos al estudio del ser humano. Dios existe, no les cabía duda alguna, pero los hombres pasan a ser ahora el objeto de su estudio. Si hasta ahora todo giraba alrededor de dios, ahora todo cambia de sentido.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/09/francesco_petrarca.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-full wp-image-4440  aligncenter" title="francesco_petrarca" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/09/francesco_petrarca.jpg" alt="" width="348" height="400" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><em>“Aunque todas esas cosas fueran ciertas, no tendrían ninguna importancia para la vida feliz. Porque de qué me aprovecharía conocer la naturaleza de los animales, pájaros, peces y serpientes e ignorar o desdeñar la naturaleza de los hombres, el fin para el cual nacemos, de dónde venimos y a dónde vamos”</em> (Petrarca, De la ignorancia<em>).</em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Como hicieron los eruditos del siglo XIV, pasamos página y abandonamos la escolástica y la dialéctica para aproximarnos al estudio del ser humano. Dios existe, no les cabía duda alguna, pero los hombres pasan a ser ahora el objeto de su estudio. Si hasta ahora todo giraba alrededor de dios, ahora todo cambia de sentido. La tierra dejará de ser el centro del universo para pasar a girar alrededor del sol, y dios dejará de ser aquel ente inalcanzable sólo para unos pocos privilegiados. Dios había gobernado el mundo durante toda la Edad Media y ahora unos hombres van a gobernar el mundo a su lado. El hombre renacentista pasa a estar “situado por Dios como cabeza y clave del Universo” (José Mª Valverde, <em>Vida y muerte de las ideas</em>, 78). Según Eugenio Garin (1909-2004), el filósofo e historiador florentino, el fin del humanismo fue “destruir la construcción de grandes catedrales de ideas”, y la filología pre-renacentista supuso el principio de “la nueva filosofía… el nuevo método de plantearse los problemas” (Reale y Antiseri, <em>Historia del pensamiento filosófico y científico,</em> 27-30). Aquellos literatos favorecieron también el desarrollo de las traducciones de los griegos clásicos y, el pensamiento heleno y oriental, resurgió.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Italia fue la cuna del <strong>humanismo</strong>,<strong> </strong>y <strong>Dante, Petrarca y Boccaccio,</strong> los tres grandes literatos italianos, fueron sus primeros representantes. Este artículo se centra en <strong>Francesco Petrarca</strong> (Arezzo, 1304 &#8211; Arquà, Padua, 1374), porque es considerado por muchos como &lt;&lt;<strong>el primer hombre moderno</strong>&gt;&gt;. Fue en Florencia donde estos tres hombres forjaron su papel decisivo para el futuro de la historia del pensamiento y de la cultura en general. Para ellos, la Antigüedad representaba “el ideal de la elegancia literaria” (Pedro R. Santidrían, <em>Humanismo y Renacimiento</em>, 17), y el modelo humanista a seguir era <a href="http://www.sarasuati.com/ciceron-el-primer-humanista/">Cicerón</a>, ciudadano que compaginó a la perfección su vida activa con la contemplativa. Es importante tener en cuenta que durante el Renacimiento no se concretó ningún pensamiento abstracto, y que “la mente renacentista únicamente habló en voz alta de elevados sentidos nobles… sin conflicto con el cristianismo” (Valverde, 77). Para estos tres grandes poetas “la Antigüedad clásica, latina y griega, era una especie de paradigma y de punto de referencia, en cuanto a lo que concierne a las actividades espirituales y la cultura en general” (Reale y Antiseri, 27).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Veamos pues cuál fue la obra de estos grandes artistas de las letras latinas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dante_Alighieri"><strong>Dante Alighieri</strong> </a>(Florencia, 1265 – Rávena, 1321), el famoso poeta italiano que vivió a caballo entre los siglos XIII y XIV, escribió <strong><em>La Divina Comedia</em></strong>, obra considerada como el puente entre el pensamiento medieval y el renacentista. El doctor en Literatura, Charles Van Doren, escribe sobre <em>La Divina Comedia </em>“Su deseo (Dante) de que aceptemos la armonía y la paz del Cielo es tan profundo y ferviente que lo hacemos… mientras le estamos leyendo” (Charles Van Doren <em>Breve historia del saber</em>, 199). Esta comedia, considerada como una obra de arte, está dividida en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Dante realiza un paseo por estos lugares de la mano del poeta Virgilio y Beatriz, una mujer de la cual estaba enamorado platónicamente y que murió joven. Beatriz es quien le acompaña hasta dios. En el Paraíso, el alma del poeta se reúne con Tomás <a href="http://www.sarasuati.com/el-siglo-xiii-fray-tomas-de-aquino-2%c2%aa-parte/">de Aquino</a>, Alberto Magno, Boecio y otros pensadores y teólogos que se le presentan en forma de luces parlantes. “Dante fue la culminación de todo lo que mil años de obsesión por Dios habían producido… su visión de un mundo estructurado por la razón y unificado por la fe encajaba y funcionaba” (Van Doren, 199). Desde entonces, Dante ha sido una inspiración para muchos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francesco_Petrarca"><strong>Francesco Petracco</strong> </a>(1304-1374), más conocido por su nombre latín, <strong>Petrarca</strong>, nació en Arezzo, una localidad vecina a Florencia, debido a que su padre había sido desterrado de Florencia a causa de su amistad con Dante. A partir de los ocho años vivió en Aviñón, ciudad de la Provenza francesa y sede de la curia papal entre 1326 y 1353. Durante su juventud marchó a Montpellier y a Bolonia para estudiar Derecho. Cuentan que su padre, a quien desagrada la pasión de su hijo por Cicerón y los otros clásicos, “arrojó esos libros al fuego” (Wikipedia, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francesco_Petrarca">Petrarca</a>). Volvió a Aviñón, y empezó sus estudios eclesiásticos menores. Fue en 1327 cuando conoció a su amor platónico, <strong>Laura</strong>, personaje femenino que fue su fuente de inspiración como lo había sido Beatriz para Dante. Fue entonces cuando el obispo, Giacomo Colonna, antiguo compañero de estudios, le consiguió la protección de su poderosa familia y le ayudó a entrar al servicio de su hermano, el cardenal Giovanni Colonna. A los 35 años su fama fue reconocida por el Senado de Roma, ciudad donde fue coronado con una corona de laurel que luego “colocó sobre la tumba de San Pedro” (Van Doren). En 1353, Petrarca abandonó la Provenza definitivamente para ir a vivir en Italia. En Milán trabajó como Secretario bajo la protección del arzobispo de Milán G. Visconti. Sus últimos días los pasó en Arquà, cercana a Padua. El catedrático Van Doren dice de él que fue un autodidacta a quien encontraron muerto “con la cabeza caída sobre una edición de Virgilio, sobre la que estaba escribiendo un comentario”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Fue su <strong>pasión por los libros</strong> la que le empujó a viajar por Europa en busca de los códices de los autores clásicos. Cuando en Florencia conoció al escritor <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Boccaccio"><strong>Giovanni Boccaccio</strong> </a>(1313- 1375), nació entre ellos una gran amistad y su vocación humanista. Juntos llegaron a la conclusión de la necesidad de encontrar aquellos textos de los clásicos guardados en los antiguos monasterios. A ambos les unía la misma pasión y el mismo objetivo, “armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo”. De sus viajes como bibliófilo rescató los libros de <span style="text-decoration: underline;">Cicerón</span> <em>Pro Archia poeta y Ad Atticum, Ad Quintum y Ad Brutum</em> y algunas de sus cartas a su amigo Ático en Verona. También encontró las elegías de <span style="text-decoration: underline;">Propercio</span> y algunas de las obras de <span style="text-decoration: underline;">Quintiliano</span>. En París, fra Dionigi da Borgo le regaló las <em>Confesiones</em> de <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.sarasuati.com/medievo-agustin-de-hipona/">San Agustín</a></span>. Leonzio Pilato, profesor de griego en la Universidad de Florencia, y profesor y amigo de Boccacio, tradujo la <em>Iliada</em> y la <em>Odisea</em> de <span style="text-decoration: underline;">Homero</span> al latín (“la primera traducción latina”, escribe el filósofo Paul Oskar Kristeller (1905-1999)). La traducción le fue entregada a Petrarca, quien le quedó eternamente agradecido pues él no tenía tanta facilidad con la lengua griega como la tenía su amigo Boccaccio. Ambos hicieron campaña de sus ideas sobre el renacimiento de los clásicos y sin lugar a dudas su labor triunfó entre los florentinos y luego entre todos los humanistas. Fue a partir de 1361, cuando en Florencia los humanistas empezaron a estudiar la lengua y la civilización griega.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Petrarca escribía en latín pero también en italiano vulgar (el dialecto toscano) y de esta forma le fue más fácil “llegar a un público más amplio” (Van Doren). Su intención era otorgar a la lengua cotidiana “un nivel de excelencia comparable al alcanzado por el latín en su época dorada” (Van Doren). Boccaccio hizo lo mismo con su obra <em>Decamerón</em>. Ambos, de clara tradición aristotélica, creían que la poesía era vehículo de la verdad y fuente de conocimiento, sólo que la verdad quedaba en la poesía ligeramente escondida bajo un cierto velo que se iba descubriendo “sólo a medias y poco a poco”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Entre sus escritos en latín destacan poemas, discursos e invectivas, algunas obras históricas y un gran conjunto de cartas, escribe Oskar Kristeller. Obras algunas dedicadas a la filosofía moral donde expone sus opiniones filosóficas: <em>De los remedios de la buena y mala Fortuna, De la ignorancia suya, propia y de muchos</em>, etc. Y entre sus poemas destaca el <em>Canzoniere</em> (<em>Cancionero</em>), cuyo nombre original era <em>Rime in vita e Rime in morte de Madonna Laura</em>. El <em>Cancionero</em> es una serie de poemas (sonetos y odas) cuyo hilo conductor es su amor no correspondido por Laura. El autor expuso en verso su historia amorosa, amor siempre espiritual, en donde alaba la belleza de la mujer amada y la preciosidad de la naturaleza que la rodea. Escribió de Laura:</p>
<p style="text-align: center;">“No era su leve andar humana cosa,<br />
sino de forma angélica y volante;<br />
no mortal parecía, sino diosa:</p>
<p style="text-align: center;">y al mirarla así sola semejante<br />
por lo bella, modesta y pudorosa,<br />
yo ser juraba su inmortal amante.”</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En sus poemas de amor, Petrarca representó “las virtudes cristianas y la belleza de la antigüedad”. Amor y platonismo se fundieron entre los dedos de Petrarca. Fue tal su influencia que se llamó <strong>Cancionero petrarquista</strong> a todos aquellos poemas amorosos que siguieron la estructura y la temática de su fundador. El petrarquismo se expandió por toda Europa, en España son varios los poetas que utilizaron la forma del cancionero petrarquista entre ellos Garcilaso de la Vega, Lope de Vega y Francisco de Quevedo. En Inglaterra, con algunas modificaciones, William Shakespeare.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Entre sus obras históricas <em>África</em>, su poema épico que imitó a Virgilio y que trata sobre las conquistas de Escipión el Africano (235 a.C-183 a.C.). En <em>Hombres ilustres</em> una serie de biografías de personajes ilustres. En su obra <em>Secretum</em>, Petrarca escribió en prosa y verso textos alusivos a la unión del mundo cristiano. Nuestro autor sentía nostalgia “de la grandeza política de la República y el Imperio romano” (Kisteller, 19) y este ideal lo expuso ante políticos y prelados. Entre sus escritores latinos favoritos estaban Cicerón y <a href="http://www.sarasuati.com/lucio-anneo-seneca/">Séneca</a>, y de ellos copió su estilo literario y adaptó su pensamiento estoico. Gracias a Cicerón conoció la filosofía griega y “adoptó la forma de sus diálogos” (Kisteller, 20).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Platón</strong> y los neoplatónicos de Alejandría le sedujeron y quiso, como aquellos, liberar su alma de toda pasión. Para Petrarca, el filósofo ateniense fue “el más grande de todos los filósofos” y le llamó “el príncipe de la filosofía”. Aquel platonismo petrarquista “supuso para los humanistas del Renacimiento el camino a seguir” (Kristeller, 23).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En cuanto al <strong>cristianismo</strong>, la fe estuvo siempre en “el centro de su pensamiento”. Escribió: “Soy un cristiano, no un ciceroniano o un platonista”. San Agustín fue su escritor favorito entre los Padres de la Iglesia. En su obra <em>Secreto</em>, Petrarca entabla un diálogo entre él y el teólogo a quien presentaba como “su guía espiritual”. En la carta (Petrarca, <em>Epistolae Rerum Familiarum</em> Libro IV, nº1), en donde describe su subida al monte Ventoso de 1.909 metros, Petrarca describe que sacó “de su bolsillo” las <em>Confesiones</em> de San Agustín y “al azar dio con el siguiente pasaje: “Los hombres van a admirar las alturas de las montañas, los grandes flujos del mar, las playas del océano y las órbitas de las estrellas, pero no cuidan de sí mismos” (San Agustín, <em>Confesiones</em>, Libro X, cap.8). A raíz de esta escalada, algunos han considerado a Petrarca como el padre del alpinismo o “el precursor del turismo moderno”, en el caso de Kristeller, porque subió al monte “sólo por el deseo de ver la altura inusitada del lugar” (Petrarca).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">El &#8220;primer gran humanista&#8221; contribuyó definitivamente a la instauración del italiano vernáculo como lengua literaria. Fue un autor medieval y moderno, un escritor que plasmó su opinión personal, que hablaba de sí mismo, de lo que había leído y de lo que había sentido. Petrarca consideró a la carta como un género literario “que le permitió tratar las cosas en primera persona” (Kristeller, 27). Él creía que “el hombre y sus problemas deberían ser el principal objeto e interés del pensamiento y de la filosofía”, dando al alma humana la mayor importancia. Para Kristeller, Petrarca fue “una persona ambigua y de transición cuando se le juzga en su papel en la historia del pensamiento filosófico” (pág. 33) y fue además, “uno de aquellos que previeron el futuro porque ayudaron a hacerlo” (pág. 34).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Durante el Renacimiento, el <strong>humanista</strong> fue el maestro de las humanidades, es decir, de la gramática, de la retórica, la poesía, la historia y la filosofía moral. El hombre renacentista a partir del modelo que representó Petrarca, debía ser “una persona con muchos logros y talentos”, poseedor de una “educación universal” que le permitiese ser crítico “en todas las áreas del conocimiento” (según la descripción de Aristóteles). Así pues, el humanista que tomó conciencia de todos sus potenciales, buscó los modelos en el pasado. La Antigüedad estaba compuesta por múltiples autores, entre ellos: Cicerón, Séneca (ver Biografías), Virgilio, Horacio, Tácito, Tito Livio, entre los latinos, y Sócrates y su discípulo Platón, Plotino, Diógenes, Arquímedes, entre los griegos. Ambrosio de Milán, San Agustín y Gregorio Magno entre los Padres de la Iglesia, ellos son los representantes del cristianismo primitivo. En conclusión, el humanista centró su estudio en el hombre “como protagonista de todo” y buscó, gracias al estudio de las humanidades, desarrollar todas las facultades humanas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Humanismo</strong> significa esta tendencia general que a partir de <strong>Francesco Petrarca </strong>se presenta de una manera radicalmente nueva, &#8220;hasta el punto de señalar el comienzo de un nuevo período en la historia de la cultura y el pensamiento” (Reale y Antiseri, 27). Fue un movimiento cultural que defendió “una nueva concepción del mundo” recuperando “lo mejor de la herencia humana clásica para incorporarlo y enriquecer la Cristiandad occidental” (B. Bartolomé, 18). Aquellos humanistas del Renacimiento tuvieron una gran importancia en la historia de la filosofía, no tanto por sus aportaciones filosóficas sino por el “enriquecimiento de su biblioteca filosófica” (P.O. Kristeller, 16).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;">Petrarca afirmó que “el humanismo supone un programa de lucha por el retorno de la Antigüedad que entraña una rebelión cultural y una esperanza, más que un resultado”.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">BIBLIOGRAFÍA</span></strong></p>
<p>1) Benassar, Bartolomé (1988) La Europa del Renacimiento. Biblioteca Básica de la Historia. Serie: Historia. Grupo Anaya, S.A., Madrid, 2004.</p>
<p>2) Oscar Kristeller, Paul (1964) Ocho filósofos del Renacimiento italiano. Breviarios. Editorial Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1996.</p>
<p>3) Reale, Giovanni; Antisei, Dario (1983) Historia del pensamiento filosófico y científico Tomo II, Del Humanismo a Kant. Traducción, Juan Andrés Iglesias. Herder Editorial, S.L., 4ª edición, 2004.</p>
<p>4) Santidrián, Pedro Rodríguez (1986) Humanismo y Renacimiento, Área de conocimiento: Humanidades. Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2007</p>
<p>5) Valverde, José Mª (1980) Vida y muerte de las ideas. Pequeña historia del pensamiento occidental. Editorial Planeta, S.A., Barcelona, 3ª edición, 1982.</p>
<p>6) Van Doren, Charles (1991) Breve historia del saber, la cultura al alcance de todos, Editorial Planeta, S.A., Barcelona, 4ª edición, 2006.</p>
<p>7) Wikipedia on-line Petrarca y otros.</p>
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		<title>El siglo XIII, Fray Tomás de Aquino (2ª parte)</title>
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		<pubDate>Wed, 19 May 2010 14:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofia]]></category>
		<category><![CDATA[Franciscanos]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[Tomás de Aquino]]></category>

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		<description><![CDATA[Tomás de Aquino nació en el castillo de Roccasseca, en el antiguo condado de Aquino, el año 1225. Era el pequeño de nueve hermanos criados “en un ambiente de gran nobleza, de armas, de cultivo de letras, de relaciones sociales y de profunda piedad religiosa” ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Giovan-Francesco-Gessi-la-Tentación-de-STA-s.XVII_.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-thumbnail wp-image-3398 aligncenter" style="margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Giovan-Francesco-Gessi-la-Tentación-de-STA-s.XVII_.jpg" alt="" width="545" height="380" /></a></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em>Para la biografía de este fraile dominico me he basado en el libro biográfico Santo Tomás de Aquino {el oficio de sabio} (2007), del catedrático en metafísica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, Eudaldo Forment (1946-). [1] Y en el libro del filósofo alemán Josef Pieper (1904-1997) Introducción a Tomás de Aquino (1986). [2] Los datos recogidos por E. Forment están basados, sobre todo, en el mejor biógrafo de Tomás de Aquino, <strong>Guillermo de Tocco</strong> (ca.1250-ca.1323), contemporáneo y artífice de la canonización de fray Tomás.</em></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Tomás de Aquino</strong> nació en el castillo de Roccasseca, en el antiguo condado de Aquino, el año 1225. Era el pequeño de nueve hermanos criados “en un ambiente de gran nobleza, de armas, de cultivo de letras, de relaciones sociales y de profunda piedad religiosa” (E. Forment, 18). Con 5 años, Tomás ingresó en el monasterio de Montecassino “como <span style="text-decoration: underline;">oblato</span>” (“niño ofrecido por sus padres a Dios y confiado a un monasterio para que se eduque culta y piadosamente”, DRAE). Como pago, su padre “donó treinta libras de oro y un molino al monasterio”. Permaneció entre los benedictinos durante 9 años y allí aprendió a la perfección el lema de la <em>Regla</em> de San Benito: <em>Ora et labora.</em> Cuando en 1239, las tropas del emperador <strong>Federico II</strong> (1218-1250) ocuparon el monasterio, el abad tuvo que cerrar el convento. El emperador había fundado en Nápoles una Universidad laica, el <em>Studium</em> (1224), donde enviaron a Tomás con el ánimo de formarle como burócrata imperial. [3] </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p><strong>NOVICIO DOMINICO</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En Nápoles, el joven Tomás se relacionó con los frailes dominicos pertenecientes a la Orden de los predicadores (ver artículo anterior), y con 19 años pidió ser admitido en su convento dominico. Entre las leyes de la Orden destaca la que hace referencia a su finalidad: “la salvación de las almas” gracias a la predicación. El estudio se convirtió en pieza clave para la “preparación para la predicación (…) era una obligación”, escribe Forment. Porque con el estudio se conseguía la verdad. <em>Veritas</em> es el “lema y divisa de la Orden” (Forment, 37).</p>
<p style="text-align: justify;"> Parece ser que lo hizo sin decir nada a su familia puesto que seguramente no habría comprendido el deseo de vivir en “la pobreza de la Orden dominicana”. Explica Tocco que cuando Tomás viajaba hacia Bolonia sus hermanos le secuestraron y le tentaron a fin de que dejase la Orden. Le encerraron en una habitación junto a “una mujer de mala reputación”, escribe Forment. El fraile la expulsó de la habitación y se prometió castidad hasta el final de sus días  (ver imagen). Entonces le llevaron junto a su madre en el castillo de Roccasecca. Allí estuvo encerrado cerca de un año y medio. Todo fue inútil, en vez de convencerle para dejar la Orden el encierro le vino como anillo al dedo y se dedicó al estudio de “la Biblia y el libro de <em>Sentencias</em> de <strong>Pedro Lombardo</strong> (1100-1160)”, obra que servía como “texto teológico en las Universidades medievales” (Wikipedia, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Lombardo">Pedro Lombardo</a>), también estudió a fondo las patrísticas (doctrina, obra y vida de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Santos_Padres">Santos Padres</a>). Cuenta Forment que el fracaso de los planes maternos fue completo ya que su hermano mayor acabó en la Orden benedictina. Las cosas se dispusieron de tal manera que Tomás pudo escapar saltando por la ventana (1245).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Fue en Nápoles donde Tomás inició su relación con las Órdenes mendicantes y <strong>Aristóteles </strong>(s. IV a.C.), las dos fuerzas que determinaron “su propio tiempo y el futuro de todo Occidente”, afirma J. Pieper. De la Orden dominicana le atrajo su radicalidad, “la perfección evangélica” que se traducía en la imitación de Cristo. De Aristóteles su explicación “puramente natural de la realidad” (J. Pieper).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p><strong>PARÍS-COLONIA-PARÍS</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En 1248, fray Tomás fue enviado a París. Allí acabó sus estudios de las Artes en la Universidad parisina y empezó los de Teología en el convento de Saint Jacques. En esta época, el papa Gregorio IX encargó a la Orden predicante la gestión de la Inquisición para dar caza al hereje. Los futuros inquisidores serían pues dominicos. En su obra <em>Suma Teológica</em>, fray Tomás se muestra a favor del castigo del hereje y escribió: “si al falsificador (de moneda) se le mata… también debe matarse a quien hace algo mucho peor como es falsear la fe”. Como bien apunta Pieper, no debemos juzgar la opinión del que es santo como cruel y debemos considerar el momento en el que dijo esas palabras. Hoy en día, juzgamos como bárbara aquella forma de impartir justicia.</p>
<p style="text-align: justify;">A petición de su maestro <strong>Alberto Magno</strong>, Tomás le acompañó a Colonia. Fue su ayudante y también le ayudó en sus clases. [4] Tomás asistía a las clases impartidas por el maestro Alberto Magno sobre Aristóteles y sobre el ateniense convertido al cristianismo, <strong>Dionisio Areopagita</strong> (siglo VI). Alberto Magno se maravillaba ante el trabajo de su discípulo que con sólo 25 años ya era <strong><span style="text-decoration: underline;">sacerdote</span></strong>. Su fama le precedía y el papa Inocencio IV le ofreció la abadía de Montecasino, fray Tomás se negó. En la Universidad de París necesitaban un bachiller para la cátedra de Teología para extranjeros. Alberto Magno recomendó al maestro de la Orden a Tomás de Aquino, tenía entonces 27 años.</p>
<p style="text-align: justify;">En la Universidad parisina se vivía un ambiente muy tenso y enrarecido, los profesores seculares se enfrentaban a los maestros regulares representados por los mendicantes. El motivo fue que la Orden obtuvo las dos cátedras de Teología y esto no gustó a los seculares quienes arremetieron contra los religiosos dominicos y franciscanos. El cabecilla era el canónigo <strong>Guillermo de Saint-Amour</strong> que quería que los mendicantes volviesen a sus conventos y viviesen como monjes. Consiguió que los tres catedráticos mendicantes de la <em>Universitas</em> fueran expulsados de la comunidad. Sólo tras la intercesión del papa Inocencio IV se aceptó su labor en una sola cátedra. Luego, Saint-Amour hizo llegar al papa un documento donde enumeraba las “herejías practicadas por las Órdenes mendicantes”. El objetivo era revocar sus privilegios y dejarlos “sujetos a las <span style="text-decoration: underline;">jurisdicciones diocesanas</span>” (“distrito o territorio en que tiene y ejerce jurisdicción espiritual un superior eclesiástico”, DRAE). Su objetivo se vio cumplido pero el nuevo papa Alejandro IV abolió la bula anterior y restituyó todos los antiguos privilegios. Los profesores mendicantes fueron readmitidos en la Universidad.</p>
<p style="text-align: justify;">E. Forment considera que las rencillas aparecieron a raíz de comprobar cómo los profesores mendicantes atraían a un mayor número de alumnos, seguramente por estar mucho mejor preparados. Otro motivo era la simpatía que estas Órdenes despertaban en el rey de Francia, <strong>Luís IX</strong>  (1214-1270), la antítesis del emperador Federico II. La política del monarca francés apoyó siempre al papado y se basó en el ideal cristiano. En el Concilio Ecuménico de 1245, convocado por el papa Inocencio IV, el monarca francés estuvo a favor de la deposición y excomunión del emperador Federico y fue designado como líder de la 7ª cruzada (1248-1254). Fue un desastre y pronto fueron derrotados, el propio rey Luís IX fue hecho prisionero, tuvieron que pagar para su liberación “un millón de onzas de oro”. Luís IX fue canonizado en 1297 (San Luís).</p>
<p style="text-align: justify;">En 1256, Tomás fue nombrado <strong><span style="text-decoration: underline;">maestro de Teología</span></strong>, pero a pesar de obtener el grado de maestro, el gremio no le aceptó. Escribió entonces su defensa en <em>Contra los que impugnan el culto divino y la religión</em> y demostró “la falsedad de todas las acusaciones” así como el derecho que tenían a enseñar. Finalmente, el papa Alejandro IV mandó quemar el segundo libro de Saint-Amour, y le acusó de escribir “cosas perversas y reprobables”, el rey francés le desterró de París. El Aquinate y el franciscano Buenaventura fueron readmitidos en la Universidad y se incorporaron al claustro. Fray Tomás leía y comentaba la Biblia, presentaba tesis para ser debatidas y predicaba sobre un tema, esa era su labor. Tres años más tarde, el dominico catalán <strong>Raimundo de Peñafort</strong> (1185-1285) encargó a fray Tomás un manual para los frailes “que se dedicaban en España a la conversión de musulmanes y judíos” (Forment, 87). Tomás empezó así la redacción de la <em>Suma contra los gentiles</em> (1259-1264).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p><strong>DE NUEVO EN ITALIA</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Reenviado a Nápoles en 1259, Tomás de Aquino nombró a fray Reginaldo de Piperno su secretario. El Aquinate era <strong><span style="text-decoration: underline;">predicador general</span></strong> en el convento de Santo Domingo y pasó la mayor parte de su tiempo dedicado a su obra la <em>Suma contra los gentiles</em>. También organizaba los estudios y fundaba nuevos “centros de instrucción para los misioneros dominicos en España”. Desplazado a Orvieto como <strong><span style="text-decoration: underline;">lector del convento</span></strong> conoció al papa francés Urbano IV quien cautivado por la erudición del fraile italiano le encargó tres importantísimos trabajos. El primero fue la transcripción de los comentarios hechos por los padres de la Iglesia (en griego y latín) de los cuatro evangelios, <em>Glosa continua sobre los cuatro evangelios</em>. El segundo, el estudio de los “textos griegos de distintos padres de la Iglesia de Oriente”, <em>Sobre la fe en la Santísima Trinidad</em>, y cuyo objetivo era recuperar la concordia de las dos iglesias cristianas. Estas estaban separadas desde el siglo IX, cuando el patriarca de Constantinopla, <strong>Focio</strong>, acusó a la Iglesia Occidental de alteración del credo y de menospreciar el patriarcado bizantino. Cuando se confirmó la unión en el Concilio de Lyon (1274), el papa Urbano y Tomás ya habían muerto. Por último, el tercer encargo tuvo que ver con la liturgia del <em>Corpus Christi</em> (eucaristía o comunión). Para el oficio del <em>Corpus</em>, el Aquinate preparó cinco himnos eucarísticos que “han permanecido en la liturgia de la Iglesia hasta nuestros días” (Forment).</p>
<p style="text-align: justify;">En 1265, el papa Clemente IV “le designa como arzobispo de Nápoles. Tomás no aceptó este honor” (Forment, 298). Viajó a Roma con el encargo de “abrir un estudio provincial”, es decir un lugar donde formar a los jóvenes dominicos de la provincia y fue nombrado “<strong><span style="text-decoration: underline;">maestro regente en Teología</span></strong>”. Empezó aquí su obra inacabada <em>Suma teológica</em> en donde dice: “… nos proponemos en esta obra exponer las verdades de la religión cristiana en forma apta para la enseñanza de los principiantes”. A partir de 1266, Aquino se dedicó al comentario de las obras de Aristóteles. También escribió <em>Sobre el gobierno de los príncipes</em> (1267), una pequeña obra donde exponía su “concepción cristiana de la política”. Tres eran las tesis que Tomás de Aquino desarrolló: la primera decía que la actividad política pertenecía “al campo de la razón natural humana”. La segunda, que ninguna autoridad puede ejercer el poder absoluto y tercero, que la religión y la política deben ser cuestiones independientes. Escribió Tomás: “… en lo que concierne al bien político, es mejor obedecer al poder secular antes que al espiritual, tal y como se dice en Mateo, 22, 21: “Dad al César lo que es del César”. Eran estas unas tesis que sin duda pesaron mucho en el futuro del pensamiento político.</p>
<p style="text-align: justify;">Se reanudaron las disputas entre seculares y mendicantes en la Universidad de París y volvieron a enviar a Tomás para que se pusiese al frente de nuevo de la <strong><span style="text-decoration: underline;">cátedra de extranjeros</span></strong> (1268). A modo de curiosidad, explica Forment que su viaje lo hizo a pie junto a otros dominicos y que “se ha calculado que durante toda su vida recorrió a pie, en sus traslados, no menos de 15.000 km”. Otras biografías describen el viaje en barco. Por su parte, Pieper también afirma que sus desplazamientos los realizó a pie como prueba de su ideal de pobreza. Por no tener, escribió Pieper, no tenía ni papel “escribía sobre pedazos y trozos diversos”. De vuelta en París, Fray Tomás escribió en defensa de las Órdenes mendicantes <em>La perfección de la vida espiritual</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p><strong>UN PAR DE MILAGROS</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Dejó París, al ser reclamado como <strong><span style="text-decoration: underline;">maestro regente de Teología</span></strong> en la Universidad de Nápoles y viajó con su secretario, fray Reginaldo y el dominico Tolomeo de Lucca (quienes serán testigos de su canonización y biógrafos del maestro). Cuentan sus biógrafos que en el camino hacia Nápoles, Reginaldo cayó gravemente enfermo de paludismo. Tomás le tocó con la reliquia de Santa Inés que siempre llevaba colgada al cuello y Reginaldo sanó inmediatamente. ¡Milagro!</p>
<p style="text-align: justify;">En la mañana del día 6 de diciembre de 1273 estaba celebrando misa cuando algo extraño le sucedió. Desde entonces no volvió a escribir ni tampoco a dictarle nada a fray Reginaldo quien no podía comprender cuál era el motivo de su postura. Fray Tomás le contestó: “Reginaldo, no puedo, porque todo lo que he escrito me parece paja… respecto de lo que he visto y me ha sido revelado”. Desveló a Reginaldo que había tenido revelaciones y que le quedaba poco tiempo de vida. Tal vez, supone Forment, “había llegado a la sabiduría mística”. Los estudiosos del dominico opinan que tal vez fue una “razón biológica”, es decir que fue la consecuencia de un derrame cerebral o bien de “un agotamiento tremendo que habría provocado una perturbación mental”. [5] Fuese como fuese, el Aquinate quedó todavía más ausente y silencioso que antes.</p>
<p style="text-align: justify;">Invitado por el papa Gregorio, fray Tomás se dirigió hacia Lyon para asistir al Concilio de 1274. Cuando llegaron a la abadía cisterciense de Fossanova, Tomás se encontraba “débil y enfermo”, explica Tocco en su biografía. Un día quiso comer arenques, “imposibles de encontrar durante aquella época”, apunta Forment, pero aun así Reginaldo salió de compras. Un pescador llevaba sardinas y Reginaldo le compró una cesta, al abrirla en su interior encontró arenques. ¡Milagro!</p>
<p style="text-align: justify;">Murió poco después, en la abadía de Fossanova, el día 7 de marzo de 1274. Su cuerpo fue enterrado y desenterrado en varias ocasiones (5 veces según Forment), para evitar que lo reclamasen y para extraer de su cuerpo algunas reliquias. Tanto se ha escrito de los traslados del cuerpo incorrupto del santo que no sabremos nunca con exactitud qué fue del cuerpo del santo, ni tampoco dónde está. Se ha escrito mucho acerca de las causas de la muerte del Aquinate. Historiadores y pensadores del siglo XX apuntan a que la causa fue un golpe que se dio en la cabeza al chocar con un árbol de camino a Lyon y que le dejó aturdido momentáneamente. También se ha sugerido que tal vez fuese envenenado por Orden de Carlos I de Anjou, el hermano de Luís IX de Francia, ya que se sospecha que iba a informar de “sus muchos hechos reprochables” (E. Forment, 289).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p><strong>SU CANONIZACIÓN</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El proceso de canonización empezó en 1319 y acabó en 1323. El papa nombraba a un canonista, o “abogado del diablo”, que tenía que cuestionar la canonización. Aquél era de la opinión “que había pocos milagros” realizados en vida, sólo “tres” fueron admitidos, nos explica Forment. Sin embargo, a pesar de los pocos milagros Tomás fue canonizado, pesó mucho el hecho de la anterior canonización de San Agustín a quien santificaron sin haber realizado ni uno sólo.</p>
<p> </p>
<p><strong>EN CONCLUSIÓN</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/SANTO.TOmas_.Aquino.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-medium wp-image-3850" style="margin: 10px;" title="SANTO.TOmas.Aquino" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/05/SANTO.TOmas_.Aquino-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Tocco describió a Tomás alto y “grande de cuerpo… rubio como el trigo… Tenía una gran cabeza… El cabello era un poco escaso”. Sus biógrafos coinciden en describirle como “un hombre leal, humilde y sencillo que amaba la paz y estaba entregado a la contemplación” (J. Pieper). Además, destacan su pasión por la enseñanza puesto que, según él, en la enseñanza se une la vida contemplativa y la vida activa.</p>
<p style="text-align: justify;">Muerto Tomás de Aquino, muchos fueron los que presentaron oposición a sus planteamientos, incluso por parte de algunos dominicos, pero tras su canonización ya nadie más puso en duda los planteamientos tomistas. Por aquellas fechas el tomismo ya no sólo lo contemplaban los dominicos, sino también la Orden agustina y la carmelita.</p>
<p style="text-align: justify;">Setecientos años después de su muerte, Tomás de Aquino sigue siendo considerado como “el fundador del aristotelismo cristiano de la Edad Media”. [6] Sin duda alguna, Fray Tomás no debía intuir la importancia de su trabajo ni de su pensamiento. No era consciente de que estaba liderando, entre los cristianos occidentales, una revolución del pensamiento que abriría las puertas al próximo Renacimiento y se las cerraría al oscurantismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Forment acaba su biografía con una frase de Abelardo Lobato (1997): “Tomás de Aquino es un maestro de humanidad y de la Humanidad, el gran defensor de la inteligencia humana como único camino para la conquista de la verdad”. [7]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p>Quiero añadir otras dos conocidas frases que dijo fray Tomás porque llamaron mi atención y no quiero que pasen por alto:</p>
<p style="text-align: center;">&lt;&lt;El padre debe ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es tan sólo el principio pasivo&gt;&gt;.</p>
<p style="text-align: center;">&lt;&lt;Como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso&gt;&gt;. </p>
<p style="text-align: justify;">Como nos recomienda Pieper, no debemos juzgar al hombre por las cosas que dice, más cuando son propias de su tiempo, pero desde luego hemos de agradecer que estas sentencias ya no formen parte de nuestra herencia cultural.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3399"></span></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Notas</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[1] Eudaldo Forment, Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[2] Josef Pieper, Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[3] El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II Hohenstaufen  fue coronado por el papa Honorio III a cambio de la promesa de su participación en la 5ª cruzada, el emperador no cumplió con su palabra y fue excomulgado. El emperador alemán se enfrentó en varias ocasiones al papado, incluso invadiendo en varias ocasiones sus territorios, por esta razón fue apodado el “Anticristo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[4] La ciudad de Colonia fue creada por el emperador Claudio en el año 50, era un centro importante del cristianismo medieval. Destacaba por su Universidad y por su catedral que guardaba celosamente las reliquias de los Reyes Magos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[5] Biografía de J.A. Weisheipl, Friar Thomas d’Aquino: his life, Thought, and Works.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[6] Hans Meyes, Thomas von Aquin, 1938.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[7] Abelardo Lobato, Santo Tomás de Aquino. &lt;&lt;Maestro del humanismo cristiano&gt;&gt; para el tercer milenio. Col. Celebraciones Vivas de los &lt;&lt;Santos y Santas Dominicos&gt;&gt;, Burgos, 1997.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5><span style="text-decoration: underline;">Bibliografía</span></h5>
<ul>
<li>
<h5>Pieper, Josef (1986) Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005.</h5>
</li>
<li>
<h5>Forment, Eudaldo Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007.</h5>
</li>
<li>
<h5>Ruíz, Josep M., Historia del pensamiento I, Módulo IV, La filosofía en el Occidente latino medieval (800-1277) UOC.</h5>
</li>
<li>
<h5>Y artículos de Wikipedia.</h5>
</li>
</ul>
]]></content:encoded>
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		<title>El siglo XIII, el &#8220;siglo occidental&#8221;, el &#8220;nuevo Aristóteles&#8221; y Fray Tomás de Aquino (1ª parte)</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Apr 2010 14:17:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Botticelli-Santo-Tomas1.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignnone size-large wp-image-3631" title="Botticelli-Santo-Tomas" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/04/Botticelli-Santo-Tomas1-702x1024.jpg" alt="" width="379" height="553" /></a></p>
<p> </p>
<div style="text-align: justify;"><strong>LA ORDEN DOMINICANA (o DE LOS PREDICADORES) </strong></div>
<p style="text-align: justify;">     Durante todo el siglo XIII se construyeron o se acabaron catedrales, se fundaron nuevas Universidades y se constituyeron las nuevas Órdenes mendicantes, unas nuevas comunidades estrechamente vinculadas a la Universidad que hicieron el voto de pobreza y se mantuvieron gracias a las limosnas. Algunos de aquellos frailes mendicantes, como veremos más adelante, fueron reconocidos como los mejores maestros del siglo. Las primeras Órdenes, la dominicana (1216) y la franciscana (1223), fueron creadas respectivamente por el español <strong>Domingo de Guzmán</strong> (1170-1221) y el italiano <strong>Francisco de Asís</strong> (1181-1226). Estuvieron apoyadas por el papa Honorio III y nacieron con el compromiso de luchar contra las herejías con la predicación. Con este fin, el papa también organizó una Cruzada contra los cátaros del sur de Francia (1209-1244), de la cual fue testigo Domingo, catedrático de Teología y sacerdote. En su camino hacia Roma, Domingo se detuvo en el Languedoc y se convirtió en predicador entre los herejes cátaros convencido de que podía convertirles al catolicismo. Testigo de la dureza de la Cruzada, lapidación de los herejes, crucifixión y hogueras, en 1216, Domingo fundó la orden dominicana, también llamada <em>de los Predicadores</em>. Quiso vivir como la Iglesia primitiva lo hizo, según la pobreza evangélica, y a pesar de estar prohibida la mendicación esta fue la única forma de mantenerse que tuvieron sus frailes. Por supuesto, para poder pedir limosna los conventos tuvieron que instalarse en las ciudades. Convencido de la importancia del estudio para evitar la ignorancia que conoció entre los herejes, decidió que el estudio “de la Biblia y la ciencia” fuesen un requisito de la orden. A la nueva orden “acuden en masa profesores y estudiantes” ya que se permitía abandonar la oración por el estudio. Como misionarios del cristianismo, los dominicos se desplegaron por la Europa cristiana. Cuando murió su fundador “la orden ya se había establecido en España, Francia, Italia, Alemania, Hungría, Inglaterra, Suecia y Dinamarca, un total de 30 conventos” [1] . </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>LAS UNIVERSIDADES</strong> </p>
<p style="text-align: justify;">     En las <em>Universitas</em> que por aquel entonces funcionaban como cualquier otro gremio, maestros y alumnos reunidos en el claustro reglamentaban sus estudios y disponían sus derechos y obligaciones. La Universidad de París (1150), cercana a la Catedral de Notre Dame, se amplió con la facultad de Artes, Derecho, Medicina y Teología, y se convirtió en “la más importante de la cristiandad”, afirma el catedrático en Metafísica, Edualdo Forment [2]. La facultad de las Artes era la más numerosa puesto que además era la preparatoria para el ingreso en las otras. La Iglesia y la monarquía hicieron construir residencias y colegios para los estudiantes que cada día eran más numerosos. Entre estos centros los más conocidos fueron la residencia de Saint Jacques, de los dominicos; y Les Cordeliers, de los franciscanos. La Universidad estaba controlada por el poder eclesiástico y el papa estaba representado a través de su canciller. En Italia, la Universidad napolitana (1224) era una excepción, era laica y estatal. Fue fundada por el emperador Federico II, quien hizo lo imposible por vencer al poder papal. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     En las Universidades europeas se estudiaba a los clásicos griegos gracias a sus traducciones al latín. Aquellas obras habían pasado de Atenas a Bagdad y de Bagdad a Córdoba, en donde se tradujeron los filósofos griegos al árabe. Luego pasaron a Toledo y a Palermo, donde se tradujeron del árabe al latín y por fin pudieron leerse en París, en Bolonia (1088) y en Oxford (1096). Fue así cómo a la Europa occidental llegaron las obras desconocidas de Aristóteles (s. IV a.C.) y que se englobaron en la <em>logica nova</em>. Las obras aristotélicas que componían la <em>logica vetus (vieja) </em>y que habían sido traducidas por Boecio, formaban parte de las siete artes liberales y constituían por aquel entonces el sistema educativo. Tres <em>trivium</em> eran las artes del discurso: gramática, retórica y dialéctica; y cuatro <em>quadrivium</em> eran las artes matemáticas: aritmética, geometría, astronomía y música. Las autoridades de la dialéctica eran junto a Aristóteles, Porfirio (s. III) y Boecio (s. V) y los clásicos latinos, Cicerón, Virgilio, Horacio y Ovidio. El sistema cristiano medieval, como había recomendado Agustín de Hipona, fomentaba el estudio de aquellos paganos porque era básico para poder comprender las Sagradas Escrituras, gracias a la dialéctica se podían investigar profunda y racionalmente, escribió. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     Sin embargo, el estudio de la dialéctica suponía para algunos un grave peligro para la sociedad cristiana europea y “llegó una reacción contraria a ella”, escribe el doctor en filosofía Josep M. Ruíz [3]. Entre los reaccionarios se encontraba el cardenal italiano, Pedro Damián (1007-1072), quien consideró que “la filosofía ha de ser la criada de la teología”. Y el monje francés, Bernardo de Claraval (1090-1153), que exigió que todo el conocimiento pagano se subordinase a la teología. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>EL NUEVO ARISTÓTELES</strong> </p>
<p style="text-align: justify;">     El siglo XIII trajo consigo importantes cambios culturales y sociales, gracias al estudio de los textos de la &lt;&lt;<em>Logica Nova&gt;&gt;</em> de Aristóteles. Su repercusión fue decisiva en el pensamiento cristiano occidental. Estas obras eran: <em>Tópicos</em>, las <em>Refutaciones de los sofistas</em>, los <em>Primeros Analíticos </em>y los <em>Segundos Analíticos</em>. Estas dos últimas obras están dedicadas, la primera al silogismo, y la segunda a “la demostración, así como de la definición y el conocimiento científico” (Wikipedia, <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Segundos_anal%C3%ADticos">Segundos Analíticos</a></em>). El <span style="text-decoration: underline;">silogismo</span> “es una forma de razonamiento deductivo que consta de dos proposiciones como premisas y otra como conclusión, siendo la última una inferencia necesariamente deductiva de las otras dos” (Wikipedia, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Silogismo">Silogismo</a>). Veamos un par de ejemplos de silogismo: ningún alumno es profesor; algunos estudiosos son alumnos, por lo tanto, algunos estudiosos no son profesores. Otro: todo hombre es mortal; todo científico es hombre, por lo tanto: todo científico es mortal. Aristóteles fue el primero en formular este método cognoscitivo y sus obras cambiaron la “forma de entender la lógica y también la práctica de la filosofía en general” ya que “los <em>Analíticos Segundos</em> transformaron las teorías de la argumentación”, escribe Josep M. Ruíz. Según Aristóteles, con la demostración científica, la argumentación dialéctica resultaba ser totalmente insuficiente. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     Nuevas obras traducidas al latín forman parte del conocido como &lt;&lt;Nuevo Aristóteles&gt;&gt;: <em>Física, Sobre el alma, Sobre la generación y la corrupción, Sobre el cielo y el mundo, </em>la<em> Metafísica </em>y la<em> Ética a Nicómaco</em>. Aristóteles pasa a ser considerado desde ese momento “como una de las autoridades de la lógica… y de la filosofía en general, particularmente de la natural”, (J. M. Ruíz). Estas obras aristotélicas incluían los comentarios, también traducidos, que habían hecho los árabes Avicena (s. XI) (Wikipedia, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Avicena">Avicena</a>) y Averroes (s. XII) (Wikipedia, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Averroes">Averroes &lt;&lt;el comentador&gt;&gt;)</a>, así como del judío Maimónides (s. XII) (Wikipedia, <a href="http://www.sarasuati.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/Moshé%20ben%20Maimón">Moshé ben Maimón</a>, Maimonides). Pero el &lt;&lt;Nuevo Aristóteles&gt;&gt; suponía ideas extrañas, nuevas, peligrosas y paganas. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>PROHIBICIÓN ECLESIÁSTICA</strong> </p>
<p style="text-align: justify;">     En general, se consideró que la filosofía aristotélica no congeniaba con los dogmas de la religión cristiana, sobre todo la parte de la física y la metafísica. En varias ocasiones, durante el siglo XIII, se prohibió la lectura de la filosofía natural de Aristóteles, y también sus comentarios. En el año 1215, el papa Gregorio IX escribió a los teólogos de la Universidad de París para recordarles que &lt;&lt;la filosofía debía ser la sierva de la teología&gt;&gt;. Aquellos pensadores cristianos “no podían aceptar la primacía de la sabiduría sobre la fe”. La Iglesia advertía, limitaba y prohibía. En 1245 quedo prohibido el estudio del filósofo Estagirita (Aristóteles había nacido en Estagira, Macedonia). En 1277, Etienne Tempier, el obispo de París, prohibió 219 de las tesis presentadas por Aquino por no ser heterodoxas (disconformes con el dogma de una religión), porque ejercían &lt;&lt;efectos perversos&gt;&gt;. A pesar de todo, el &lt;&lt;Nuevo Aristóteles&gt;&gt; acabó aceptándose. En 1325, las condenas de Tempier fueron abolidas. A mediados del siglo XIV, en la universidad parisina para conseguir “el grado académico de licenciado en Filosofía tenía que conocer todos los libros de Aristóteles” (J. Pieper <em>Introducción a Tomás de Aquino</em>). </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     En la Universidad, el <em>trívium</em> y el <em>quadrivium</em> perdieron su valor y se estudiaba la lógica y la filosofía natural de Aristóteles. La gramática dejó de estudiar a los autores clásicos para estudiar, gracias a la lógica, “las causas de los hechos gramaticales”, escribe J.M. Ruíz. La influencia aristotélica también influyó en la ética y ésta pasó a ser el modelo a seguir. La verdad es que la filosofía de Aristóteles interpretaba la realidad de una forma totalmente distinta a como lo llevaba haciendo el pensamiento cristiano medieval, y los filósofos y los teólogos que se sentían atraídos o creían en las tesis aristotélicas, seguramente por miedo a las represalias, no cuestionaron la verdad de los tradicionales dogmas cristianos. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>LA FILOSOFÍA, DISCIPLINA SEPARADA DE LA TEOLOGÍA</strong> </p>
<p style="text-align: justify;">     Algunos filósofos quisieron delimitar sus estudios y dejar el análisis de milagros y otras cuestiones sobrenaturales a los teólogos, ahora lo que de verdad importaba era el estudio de los principios de la naturaleza. Sin duda el &lt;&lt;Nuevo Aristóteles&gt;&gt; y la &lt;&lt;<em>Logica Nova</em>&gt;&gt;<em> </em>causaron furor durante la mayor parte del siglo XIII. El franciscano <strong>Roger Bacon</strong> (1214-1294) opinó que si se respetaba el contenido de Aristóteles su filosofía era conciliable con el cristianismo y apoyó “la importancia de la experimentación en la ciencia” (J. M. Ruíz). </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     Pero el gran introductor del pensamiento aristotélico fue sin duda el dominico alemán <strong>Alberto Magno</strong> (1200-1280) que presentó el sistema aristotélico en formato enciclopédico. Además, Alberto Magno se atrevió a reinterpretar la relación entre filosofía y teología, y propuso que se separasen ambas disciplinas. Se debían “llevar a cabo sus investigaciones independientemente, sin interferir la una sobre la otra”. Suponía pues la autonomía de la filosofía con respecto a la religión y también “un blindaje de la teología con relación a los posibles cuestionamientos de sus principios por parte de la filosofía”, concluye J.M. Ruíz. Sus propuestas desembocaron en la conversión de la Facultad de Artes en París en la de Filosofía. Considera E. Forment, como lo hacen también otros pensadores, que Alberto Magno “trazó el camino de integración de toda la ciencia en el pensamiento cristiano” (E. Forment, <em>Santo Tomás de Aquino, </em>57). </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     Además, Alberto Magno diferenció el conocimiento natural (razón y filosofía) del sobrenatural (fe y teología) ya que los misterios revelados no podían ser razonablemente demostrados. La razón no podía demostrar aquello que se “fundamenta en la fe”. Por ejemplo, “la cuestión de la Trinidad ya no la consideró una cuestión filosófica, sino teológica” (E. Forment, 61). El maestro alemán se sintió atraído por las ciencias de la naturaleza y escribió tratados sobre minerales, flora y fauna alemana, así como astronomía. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     En sus respectivas Órdenes mendicantes, el franciscano <strong>Buenaventura</strong> (1229-1274) y el dominico <strong>Tomás De Aquino</strong> (1224-1274) se dedicaron al estudio de “grandes síntesis teológicas a partir del impulso científico propiciado por el aristotelismo universitario” (J.M. Ruíz). Buenaventura alertaba “en contra de los errores que se estaban divulgando”, sobre todo porque “sin la luz” que proporciona la fe “no se puede conseguir la verdad ya que está condenada al error” (J.M. Ruíz). Los historiadores del pensamiento han llamado a esta corriente &lt;&lt;neoagustinismo&gt;&gt; porque englobaba a los teólogos inspirados en Agustín de Hipona y representaban a las ideas conservadoras. En oposición a las tesis neoagustinas y a los partidarios del pensamiento representado por Averroes, quien creía en la autosuficiencia de la filosofía, se posicionó nuestro futuro protagonista, fray Tomás De Aquino, el discípulo predilecto de Alberto Magno. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     Como su maestro, fray Tomás fue partidario de la separación entre la filosofía (basada en la razón y que tiene como objeto la naturaleza) y la teología (que parte de la autoridad y tiene como objeto a Dios). Para el fraile dominico, la filosofía era una disciplina muy valiosa ya que era la mejor forma de expresar la verdad, alcanzando ésta gracias a la razón sin necesidad de revelación divina. Apostó por su autonomía pero consideró que los conocimientos que aportaba la filosofía eran insuficientes pues no puede dar con “la verdadera finalidad de la vida humana”, conocer a Dios. No se oponen ambas disciplinas, argumentaba el Aquinate (de la ciudad de Aquino), sólo que “los dogmas de fe son verdaderos y las conclusiones filosóficas no pueden contradecirlos (J.M. Ruíz). Tomás de Aquino tomó &lt;&lt;una decisión filosófica pura&gt;&gt; siguió a Aristóteles pero no a sus comentadores. Le atrajo la visión realista de Aristóteles porque él también creía en aquello que está ante sus ojos, porque el conocimiento natural llega a través de los sentidos, escribió fray Tomás. </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     Tomás de Aquino definió “un doble orden de verdades”: aquellas <span style="text-decoration: underline;">naturales</span> adquiridas gracias a la razón humana, y las <span style="text-decoration: underline;">sobrenaturales</span> recibidas por “la revelación de la fe”. Así pues, afirmaba que existían dos formas diferentes para llegar a conocer dos cosas diferentes: la filosófica y la teológica. Si bien la fe “trasciende a la inteligencia natural”, creía el Aquinate que esta superioridad “no implicaba un conflicto entre ambas”, y señaló su coincidencia en su origen, Dios (E. Forment, 139). </p>
<p style="text-align: justify;">  </p>
<p style="text-align: justify;">     Por el momento, dejamos aquí este artículo para dedicarnos en el próximo más detenidamente al pensamiento y vida de Tomás de Aquino que dijo: </p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Teme al hombre de un solo libro</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3243"></span><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Notas</span>: </h5>
<h5 style="text-align: justify;">[1] Josef Pieper, Introducción a Tomás de Aquino (1986). Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005. </h5>
<h5 style="text-align: justify;">[2] Eudaldo Forment, Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007. </h5>
<h5 style="text-align: justify;">[3] Profesor de Historia del Pensamiento en la Universidad on-line catalana (Universitat Oberta Catalana). Historia del pensamiento I, Módulo IV, La filosofía en el Occidente latino medieval (800-1277) UOC. </h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Bibliografía </span></h5>
<ul>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">Pieper, Josef (1986) Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005. </h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">Forment, Eudaldo Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007. </h5>
</li>
<li>
<h5 style="text-align: justify;">Ruíz, Josep M., Historia del pensamiento I, Módulo IV, La filosofía en el Occidente latino medieval (800-1277) UOC.</h5>
</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
]]></content:encoded>
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		<title>El pensamiento teocrático de la Alta Edad Media</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 22:58:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[Boecio]]></category>
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		<category><![CDATA[Edad Media]]></category>
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		<description><![CDATA[La historia del pensamiento, a través de estas biografías, debe también hacerse eco de la edad oscura que representa la Edad Media para el humanismo. (...)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/02/Casiodoro1.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-full wp-image-2631" style="margin: 10px;" title="Casiodoro" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2010/02/Casiodoro1.jpg" alt="Casiodoro" width="180" height="289" /></a>     Son muchos siglos, unos diez, los que engloba la Edad Media y por ello se dividió en dos partes: La Alta Edad Media que arranca con la invasión de los bárbaros y la Baja Edad Media que empieza durante el siglo XI. Como nuestra próxima biografía versará sobre Tomás de Aquino (1225-1274), dejaremos la Baja Edad Media para el próximo artículo y nos centraremos ahora en la Alta Edad Media.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">      La historia del pensamiento, a través de estas biografías, debe también hacerse eco de la edad oscura que representa la Edad Media para el humanismo. El mismo concepto de Edad Media surgió entre los renacentistas para llamar así a aquellos tiempos que se dieron en la historia entre el mundo clásico y el Renacimiento. Para poder comprender el pensamiento de los teólogos/filósofos que veremos a continuación es pues indispensable asomarse lo más objetivamente posible al pensamiento casi exclusivamente religioso que se dio durante tantos siglos. La verdad ya no se buscaba entre los vivos si no en el cielo. La Edad Media fue para muchos una época de oscurantismo, para otros un tiempo de transición y para algunos un periodo de grandes cambios culturales y tecnológicos. Los románticos del siglo XIX interpretaron ese periodo como un momento histórico cargado de santos y héroes en donde triunfaba el amor cortés y la caballerosidad, la fidelidad y la lealtad. [1]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">El poder espiritual</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">     Como bien recordaréis en los tiempos de nuestros dos últimos pensadores, Agustín de Hipona e Hipatia, el Imperio romano agonizaba (siglo v) atacado como estaba en todos sus frentes por los pueblos germánicos (suevos, burgundios, sajones, vándalos, ostrogodos y visigodos). Pero esos bárbaros, término que utilizaban los romanos para denominar a aquellos extranjeros, no fueron los únicos causantes de su decadencia, también influyó la crisis social y económica que atenazaba al Imperio. El Imperio romano dividido en dos desde el año 395 con la muerte del emperador Teodosio, también influyó en la desaparición de Roma como centro del mundo. En el año 476, cuando fue depuesto por los germanos el último emperador romano, Rómulo Augusto, se dio fin al Imperio romano de Occidente. Depuesto el último emperador todo el Imperio se convirtió &#8220;en un mosaico de nuevas entidades políticas, los denominados reinos germánicos&#8221;.[2] Constantinopla, que pudo evitar la invasión se constituyó como continuadora del Imperio romano. En el siglo VI, el emperador de oriente, Justiniano I (483-565), atacó a los germanos &#8220;para reconstruir el antiguo Imperio&#8221; (<em>Recuperatio Imperii</em>).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Cayó el poder político pero continúo el sistema económico de finales del Imperio romano que fomentaba la explotación de los campos en detrimento de las ciudades. Los germanos se adaptaron a la estructura social romana y mantuvieron la lengua latina. En cuanto a la religión predominante por aquella época, la cristiana, no fue rechazada ni mucho menos, al contrario, muchos germanos se convirtieron al cristianismo y otros al arrianismo. Entre ellos el rey franco Clodoveo y el monarca visigodo Recaredo que abjuró del arrianismo. De esta forma, poco a poco el poder temporal se acercaba a &#8220;la autoridad sacerdotal&#8221;. &#8220;El pontífice Gelasio I elaboró, a fines del siglo V, la denominada <em>teoría de las dos espadas</em>. Afirmaba que existían los poderes, uno temporal y otro espiritual, y que el primero debía someterse al segundo. A principios del siglo VII, la Iglesia, a través de algunos de sus más cultos representantes ya planteaban la supeditación del poder temporal al espiritual. El obispo sevillano San Isidoro escribió: <em>Las potestades del siglo están sujetas a la disciplina de la religión y, aunque están puestas en la cima del reino, están ligadas por el vínculo de la fe; de modo que han de predicar la fe de Cristo en su leyes y conservar con buenas costumbres la predicación de la fe</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Durante la época de los reinos germánicos la Iglesia aseguró su poder gracias al papado y los prelados de Roma, así como a los monjes y a la expansión del monacato. Cuando desapareció el último emperador romano de occidente, ante el vacío de poder &#8220;los pontífices aparecían como la principal autoridad civil de Roma&#8221;, y &#8220;la Iglesia quedó como depositaria tanto de la lengua latina como, en general, de la cultura clásica&#8221;, escribe Julio Valdeón. Además, los papas de Roma siguieron considerándose como la sede principal de la Iglesia frente a los otros rivales de la Cristiandad (Antioquía, Alejandría, Jerusalén y sobre todo Constantinopla). Uno de los papas que fortaleció significativamente el poder pontificio fue Gregorio el Grande (540-604), papa desde el año 590.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Tomando como modelo el ascetismo oriental, muchos practicaron el aislamiento del mundo y se dedicaron a la práctica del ascetismo religioso, eran los eremitas o anacoretas. En Italia, el romano <strong>Benito de Nursia</strong> (480-543) formalizó el monacato. San Benito creó en el año 529 la orden Benedictina, la vida de sus monjes se repartía &#8220;entre la oración, la lectura, el trabajo manual y el reposo&#8221; (Julio Valdeón, <em>La Alta Edad Media</em>). Los monasterios benedictinos se expandieron por toda Europa y su labor se centró en la organización, clasificación y copia de los materiales clásicos, &#8220;a ellos les debemos prácticamente casi todos los textos que han sobrevivido&#8221;. Ese mismo año, el emperador Justiniano promulgó un decreto ordenando el cierre de la Academia platónica en Atenas. Fue &#8220;el fin de la educación superior griega en occidente&#8221;.[3] &#8220;Elementos diversos del pasado clásico se mantuvieron. Entre ellos cabe destacar el cuadro fundamental de las disciplinas sobre las que se organizaba la enseñanza: <em>las siete artes liberales</em>&#8220;.[4]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     No sólo los monjes benedictinos difundieron el monacato, sino que también lo hicieron los reyes, los aristócratas y los obispos creando abadías, afirma el historiador belga, especialista en la Edad Media, Henri Pirenne (1862-1935) en su obra <em>Mahoma y Carlomagno</em>.[5]  Los monasterios fueron durante toda la Edad Media los únicos centros del saber. Allí se conservaban los escasos códices de la época y se copiaban los textos de los pensadores antiguos. Surgió así &#8220;una nueva cultura protagonizada por los eclesiásticos y orientada hacia fines cristianos&#8221;.[6] La mayor parte de la población era iletrada y aquellos monjes eran los únicos que seguían teniendo acceso a la escritura. Durante los siglo VI y VII, muchos entraron en la Iglesia para &#8220;hacer carrera o guarecerse contra los temporales… pero también están los que entran en ella por convicción, empujados por la fe&#8221;, escribe H. Pirenne.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Pirenne opinaba que con las invasiones germánicas no había cambiado nada, y dejaron que la lengua latina continuase siendo el único medio de expresión. Se seguía por aquel entonces utilizando la lengua latina, lengua que poco a poco se fue adulterando para dar paso a las lenguas romances. Esta actitud de asimilación &#8220;fue la misma en lo intelectual que en lo político o en lo económico&#8221;.[7] La gran diferencia de la sociedad del siglo V en adelante es que ya no hay un único Estado sino que una pluralidad de estados. Sólo &#8220;la Iglesia representa por excelencia la continuidad del romanismo&#8221; y &#8220;su influencia es inmensa&#8221;, apunta el historiador H. Pirrene.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Occidente se &#8220;bizantinizaba&#8221; mientras que en la península arábiga Mahoma daba &#8220;a su pueblo una religión&#8221;. Nadie sospechaba de aquellas tribus poco civilizadas dos años después de la muerte del profeta (632) cruzarían las fronteras. Heraclio (575-641), el emperador bizantino desde el año 610, no pudo evitar que &#8220;el ejército bizantino, superior en número, fuese derrotado por los árabes en la batalla de Yarmuk (636). &#8220;La conquista árabe que se desencadena a la vez sobre Europa y Asia carecía de precedentes&#8221;.[8] En su avance, el derecho romano es sustituido por el Corán y el griego y al latín por el árabe. En opinión de H. Pirenne, en el transcurso de un siglo (del 650 al 750), &#8220;se pierde la tradición antigua&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">Biografías</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">     La religión cristiana de Agustín de Hipona (354-430) condujo el pensamiento de los teólogos y pensadores de los siglos posteriores. Los temas que principalmente tratan son los binomios sobre la unidad razón-fe, la verdad-dios, la eternidad-tiempo, etc. Estas ideas que toman su referencia de la doctrina eclesial se llamará <em>escolástica</em>. Este nuevo pensamiento sitúa a la filosofía como criada de la teología ya que los escolásticos quisieron conciliar la religión con las ideas filosóficas clásicas. Entre ellos destacó Boecio, Casiodoro, Gregorio e Isidoro, todos ellos religiosos salvo Boecio, el último pensador laico.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>BOECIO, Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio</strong> <strong>(480-525)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">      El filósofo romano Boecio fue cónsul y canciller con Teodorico el Grande (454-526). El ostrogodo Teodorico, criado en Bizancio, llegó a Italia con la orden de vencer a Odoacro<span style="text-decoration: underline;">,</span> el germano que había depuesto al último emperador romano de occidente, Rómulo Augústulo. Boecio llegó a reunir tanto poder que sus opositores le denunciaron como conspirador del imperio bizantino y por orden del rey italiano &#8220;fue encarcelado, torturado y decapitado&#8221; (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Boecio">Wikipedia</a>).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Boecio tradujo y comentó a Aristóteles y sus comentarios tuvieron mucha influencia durante toda la Edad Media. Su obra más famosa es <span style="color: #0000ff;"><span style="color: #0000ff;"><span lang="ES-MODERN"><span style="color: #000000;">Consolatio philosophiae</span></span></span></span><span lang="ES-MODERN"> </span>es un diálogo entre Boecio y Filosofía, &#8220;personaje alegórico femenino&#8221; donde trata sobre el destino, la providencia y la felicidad, entre otros asuntos. Loa al ser supremo siempre desde una óptica filosófica, no desde la fe cristiana. Su pensamiento es una mezcla entre el cristianismo y la moral estoico-romana. El filósofo quiso transmitir en sus obras la cultura grecorromana y &#8220;armonizar las líneas fundamentales de la sociedad romana con los valores de los nuevos pueblos&#8221;, explica el papa Benedicto XVI (ver la web <a href="http://www.zenit.org/article-26647?l=spanish"><span style="color: #0000ff;"><span style="color: #0000ff;"><span lang="ES-MODERN">ZENIT</span></span></span></a> <span lang="ES-MODERN">&#8220;El mundo visto desde Roma&#8221;, artículo &#8220;El perfil de los escritores Boecio y Casiodoro&#8221; (12-03-2008)). También escribió De arithmetica, De música y sobre teología Opuscula theologiae.</span><span lang="ES-MODERN"> </span>Hoy se le considera hoy como &#8220;el último representante de la cultura romana antigua y el primero de los intelectuales medievales&#8221; (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Boecio">Wikipedia</a>).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>CASIODORO</strong>, <strong>Magnus Aurelius Cassiodorus Senator</strong> (<strong>ha.485- ha. 580)</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong>     El otro canciller de Teodorico, Casiodoro, se retiró del mundo terrenal y fundó en sus tierras el monasterio de Vivarium (540). Allí escribió sus principales obras literarias: <em>Instituciones</em>, <em>Exposition epistulae ad Romanos</em>, <em>Liber memorialis</em>, <em>Complexiones apostolorum </em>y <em>De orthographia&#8221;</em>. <em>Instituciones</em> es su obra más famosa y está dirigida a los monjes de Vivarium.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Dice Benedicto XVI de él: &#8220;procedente también de un elevado nivel social, se dedicó a la vida política y al compromiso cultural como pocos otros en el Occidente romano de su tiempo. Quizá los únicos que se le podían igualar en este doble interés fueron el ya recordado Boecio, y el futuro Papa de Roma, Gregorio Magno (590-604)&#8221;. Como Benito de Nursia, Casiodoro encomendó a los monjes de Vivarium que recuperasen y conservasen &#8220;el inmenso patrimonio cultural de los antiguos para que no se perdiera&#8221;. Vivarium fue &#8220;un cenobio&#8221; dedicado a la transcripción de los manuscritos para su posterior transmisión, afirma Benedicto XVI. En opinión de Casiodoro, con la ayuda de la gracia divina, se podía disfrutar mejor de &#8220;las conquistas científicas y culturales «profanas» que poseían los griegos y los romanos&#8221;. Creía que el saber pagano no debía abandonarse.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>GREGORIO MAGNO</strong> <strong>(ha. 540-604)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">     El patricio romano &#8220;vendió sus bienes y con sus ganancias fundó siete conventos&#8221; (H. Pirenne). En su residencia familiar instauró un monasterio &#8220;bajo la advocación de san Andrés&#8221; (hoy la iglesia de San Gregorio Magno). El papa Pelagio II le envió como nuncio a Constantinopla (580), diez años más tarde fue nombrado papa. En su faceta literaria quiso romper con la tradición de &#8220;la retórica antigua&#8221;. Gregorio Magno buscaba la &#8220;sencillez&#8221; para llegar al pueblo y apoyó que la iglesia se sirviese &#8220;de un latín sin retórica&#8221; (H. Pirenne). Escribió: <em>La pintura puede ser para los iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer</em> (Cita de <a href="http://es.wikiquote.org/wiki/Gregorio_I_Magno">Gregorio Magno</a>).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Gregorio es autor de una <em>Regula pastoralis</em> (<em>Regla pastoral) </em>un “manual de moral y de predicación destinado a los obispos” (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno">Wikipedia</a>). Según Benedicto XVI, “en ella Gregorio se propone trazar la figura del obispo ideal, maestro y guía de su rebaño”. En el año 600 ordenó que se recopilaran los escritos de los cánticos o himnos cristianos primitivos (conocidos también como <em>Antífonas o Cantos Gregorionos</em>, Salmos o Himnos). Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 20 se septiembre de 1295 por Bonifacio VIII. Gregorio Magno creó la literatura de la Iglesia e Isidoro de Sevilla “hace el inventario de la civilización gracias al cual la Edad Media conocerá la Antigüedad” (H. Pirenne).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>SAN ISIDORO (ha. 560-636)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">     El erudito obispo de Sevilla en la España visigoda dominó el griego y el hebreo, “marcó la unificación litúrgica de la España visigoda e impulsó la formación cultural del clero” Para muchos autores fue uno de los primeros pensadores en formular la teoría del origen divino del poder regio: <em>Dios concedió la preeminencia a los príncipes para el gobierno de los pueblos</em> (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/San_Isidoro">Wikipedia</a>)<em>.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">     Escribió tratados filosóficos, lingüísticos e históricos. De entre sus numerosas obras destacan: <em>De natura rerum</em> (<em>Sobre la naturaleza de las cosas)</em>, <em>De ordine creaturarum</em>, <em>Regula monachorum</em>, <em>De differentiis verborum</em> y su obra magna <em>Originum sive etymologiarum libri viginti</em> (<em>Etymologiae</em> o <em>Etimologías</em>). Los veinte libros y 448 capítulos de <em>Etimologías </em>son considerados por muchos como uno de los pilares de la actividad cultural. En esta obra enciclopédica, Isidoro recogió todo el saber de los clásicos, sobre teología, historia, literatura, arte, etc. Esta recopilación fue apreciada hasta el Renacimiento y sirvió de base para la enseñanza. Para Pirenne, la compilación de Isidoro prueba su interés en “poner la ciencia antigua al alcance de sus contemporáneos… fue la enciclopedia de la Edad Media” comenta H. Pirenne. Fue canonizado en 1598 y en 1722 el papa Inocencio XIII lo declaró doctor de la Iglesia. En el año 2001 fue declarado patrón de Internet” (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/San_Isidoro">Wikipedia</a>).</p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-MODERN"><strong> </strong></span> </p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;"><strong>La época carolingia</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">     Para el historiador Henri Pirenne &#8220;la unidad mediterránea&#8221; no tocó a su fin hasta mediados del siglo VII, cuando tuvo lugar la expansión islámica. Entonces se &#8220;desplazó hacia el norte el eje de la vida histórica y creó las condiciones para la separación entre el Oriente bizantino y Occidente&#8221;. Según Pirenne, la Edad Media empieza a partir del año 634 y no antes.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     A partir del siglo VIII, la cristiandad europea convivía con Bizancio y el Islam, y en comparación con éstos, &#8220;la Europa cristiana parecía establecida en la precariedad permanente y en la penuria cultural y artística&#8221;.[9] Las cosas parece que empezaron a ir mejor con el nombramiento de Carlomagno como Emperador del Sacro Imperio romano germánico. Se formó así la primera unión europea.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>CARLOMAGNO (742-814)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">     Carlomagno, rey de los francos, fue nombrado en Roma emperador de la cristiandad occidental europea en el año 800. El papa León III le coronó restableciendo así el desaparecido Imperio de occidente. En Bizancio, una mujer gobernaba el Imperio y &#8220;los papas consideraron que el título imperial se encontraba vacante&#8221;.[10] Pero lo que sin duda pesó en la decisión papal fue &#8220;su valía como combatiente&#8221;. En los <em>Anales</em> del monasterio de Lorsch consta el siguiente texto: <em>Habiendo consentido Dios todopoderoso colocar todos estos países bajo su autoridad sería justo… que llevara el título de emperador. El rey Carlos no pudo rechazar esta petición y, sometiéndose humildemente a Dios, el día de Navidad recibió este título y la consagración del papa León</em>. Carlomagno dividió el Imperio en condados y organizó las <em>marcas</em> o líneas fronterizas para defender el territorio de bretones, ávaros y musulmanes. &#8220;Una de estas marcas era la denominada <em>marca Hispánica</em> situada en el noreste de la península Ibérica.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Durante su reinado hubo un despegue económico importante y se mejoraron aspectos legales y culturales. Eginardo, autor de una biografía de Carlomagno <em>La vita Karoli</em>, escribió: <em>Cultivó con extraordinario celo las artes liberales y veneraba a los que las enseñaban… Practicó escrupulosamente y con la mayor devoción la religión cristiana…</em>. Se habla de renovación de la vida intelectual de <em>Renacimiento Carolingio</em>. Las bibliotecas de la segunda mitad del siglo IX y X se llenaron de obras de autores clásicos (Tácito, César, Tito Livio, Cicerón, Virgilio, Terencio, Suetonio, Ovidio, Séneca…). Entre los intelectuales destacó Alcuino de York encargado de la revisión de los textos religiosos y escritor &#8220;de manuales sobre la gramática latina novelas de las glorias literarias de la Antigüedad Clásica&#8221;.[11]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     El Imperio Carolingio fue &#8220;el primer gran ensayo de organización de la cristiandad occidental&#8221;.[12] [En su nueva capital, Aquisgrán, se levantaron el palacio y la catedral de estilo Románico Carolingio, una mezcla de arquitectura romana con influencias bizantinas y orientales. Sin embargo, el reluciente Imperio se desintegró en cuanto murió su fundador. En el año 843, los tres nietos de Carlos el Grande se repartieron el Imperio en el Tratado de Verdún. A finales del siglo X, el imperio había desaparecido. Sin embargo, no desapareció la idea de Imperio "entendido como supremo poder temporal y ordenador de la cristiandad"[13] y la dignidad imperial se restableció con los reyes alemanes, pertenecientes a la dinastía sajona, los Otones. El monarca de Germania, Otón I el Grande (912-973) ayudó al papa Juan XII frente a sus enemigos y fue coronado en Roma por el pontífice (962). Fue el primer emperador del Sacro Imperio Germánico.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-2618"></span></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Notas</span>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[1] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[2] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[3] Charles Van Doren, Breve historia del saber.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[4] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[5] Henri Pirenne, Mahoma y Carlomagno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[6] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[7] Henri Pirenne, Mahoma y Carlomagno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[8] Henri Pirenne, Mahoma y Carlomagno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[9] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[10] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[11] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">12] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[13] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">Biografía y Webgrafía</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pirenne, Henri (1970) MAHOMA Y CARLOMAGNO, versión española de Esther Benítez, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Valdeón, Julio (1988) La Alta Edad Media Colección Biblioteca Básica, Serie Historia, Grupo Anaya, S.A. ,7ª edición, 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Van Doren, Charles (1991) Breve historia del saber, traducción Claudia Casanova. Editorial Planeta, S.A., 4ª edición, 2006.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;">Boecio <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Boecio">http://es.wikipedia.org/wiki/Boecio</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Casiodoro <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Casiodoro">http://es.wikipedia.org/wiki/Casiodoro</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gregorio Magno <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno">http://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Isidoro <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/San_Isidoro">http://es.wikipedia.org/wiki/San_Isidoro</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;">Zenit, el mundo visto desde Roma, Papa Benedicto XVI: </h5>
<h5 style="text-align: justify;">Boecio y Casiodoro: <a href="http://www.zenit.org/article-26647?l=spanish">http://www.zenit.org/article-26647?l=spanish </a>(12-03-2008).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gregorio Magno: <a href="http://www.zenit.org/article-27508?l=spanish">http://www.zenit.org/article-27508?l=spanish </a>(04-06-2008).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Isidoro de Sevilla: <a href="http://www.zenit.org/article-27663?l=spanish">http://www.zenit.org/article-27663?l=spanish</a> (18-06-2008)</h5>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
]]></content:encoded>
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		<title>HIPATIA, entre la realidad y la ficción.</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Dec 2009 11:52:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Filósofa, matemática, astrónoma y maestra en Alejandría durante la última década del siglo IV hasta principios del siglo V. Una época a caballo entre la vieja tradición pagana y el nuevo orden cristiano.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/12/hipatia.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/12/hipatia21.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="size-full wp-image-2732  aligncenter" title="Hipatia" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/12/hipatia21.jpg" alt="" width="346" height="506" /></a> </strong></em></p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Filósofa, matemática, astrónoma y maestra en Alejandría durante la última década del siglo IV hasta principios del siglo V. Una época a caballo entre la vieja tradición pagana y el nuevo orden cristiano. La literatura europea ha creado a la mujer más atractiva de la historia, inteligente y hermosa de la cultura Mediterránea. La ha convertido en heroína y mártir, y en el símbolo del final de la época clásica y de la cultura pagana. Cabe preguntarse si su descripción es fiel a la realidad, o bien si han creado un mito.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Es esta la biografía de un personaje difícil de recomponer ya que no son muchas las fuentes fiables sobre Hipatia, a demás los pocos datos históricos rara vez coinciden. Incluso existen divergencias sobre la fecha de nacimiento de nuestro personaje. Si bien la mayoría de los documentos coinciden en que nació en el año 370, algunos historiadores lo retrasan hasta el año 355. Así opina la catedrática en historia romana antigua, Maria Dzielska, cuya investigación ha plasmado en su tratado sobre <em>Hipatia de Alejandría</em> (1995). [1] Según sus estudios la filósofa y matemática alejandrina cuando murió ya tenía los sesenta años. Por lo menos, no parece haber dudas en la fecha de su muerte, durante la cuaresma de marzo del año 415.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     La catedrática de la universidad Jagelónica de Cracovia, Maria  Dzielska, ha realizado un exhaustivo trabajo “detectivesco” para desmitificar el personaje histórico de Hipatia cuya biografía se resume en la <em>Conclusión</em> del libro (pág. 113 a 118, sólo tres páginas). La labor de investigación llevada a cabo por M. Dzielska se basa principalmente en la lectura de algunos libros y cartas que por contemporaneidad son para ella los más valiosos. El primero es el historiador contemporáneo de Hipatia,<strong> </strong>Sócrates de Constantinopla también llamado Escolástico (ca. 379-450) y que informa acerca de la vida de Hipatia en uno de sus capítulos de su obra <em>Historia eclesiástica (</em>ca.440), en donde relata lo sucedido en la Iglesia durante el siglo IV y principios del V. La catedrática polaca Dzielska afirma que en este “relato breve” las “fechas son históricamente fiables”. De una breve biografía de <strong>Hesequio de Mileto</strong> (siglo VI) que habla de la boda de Hipatia con el filósofo alejandrino Isidoro y que la catedrática califica de “sorprendente habladuría”. Y también, del libro de <strong>Juan de Nikiu</strong> (siglo VII), <em>Crónica</em>, en donde relata la historia del mundo desde Adán. Dzielska se interesó por este autor ya que como obispo del Bajo Egipto tuvo “acceso a la documentación de la Iglesia alejandrina”, asegura. Este historiador es el único que escribió desfavorablemente acerca de la filósofa, acusándola de realizar prácticas “ocultistas, brujería y adivinación”, escribe Dzielska quien califica esta fuente como de “las más coherentes”. Para acabar con el filósofo <strong>Damascio</strong> (ca. 458-538), cuya obra sobre la <em>Vida de Isidoro</em>, su maestro, aparece en la enciclopedia bizantina del siglo X, <em>Suda</em>. Texto incoherente, según la catedrática, pero valioso “por tratarse del de mayor extensión sobre Hipatia”. (Dzielska, <em>Fuentes</em>, 122 a 126). También se sirve de un cronista de Antioquía llamado <strong>Juan Malas</strong> (491-578) quien proporciona sobre todo datos sobre el padre de Hipatia, Teón. A modo de curiosidad, citar que el número de notas de este tratado sobre Hipatia y su época asciende a 316. Pero de entre todas estas fuentes, la más utilizada para su ensayo y la que directamente habla de Hipatia son las <em>Epístolas </em>que el filósofo <strong>Sinesio de Cirene</strong> escribe a su maetra y a sus compañeros de estudios, y que son para la historiadora “de un valor incuestionable”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>     Hipatia</strong> nació en Alejandría en la segunda mitad del siglo IV d.C. No sabemos nada de su madre. Por aquel entonces, su padre, el matemático y erudito Teón trabajaba en el Museo de Alejandría. Su padre enseñó a Hipatia filosofía, matemáticas y astronomía, y la educó como un a hombre libre, es decir alejada de las tradicionales labores femeninas. El famoso Museo donde trabajaban Teón y otros eruditos, había sido levantado bajo las órdenes de Ptolomeo I Sóter (rey desde 305 a. C. &#8211; 285 a. C.), el fundador de la dinastía Ptolemaica (o Lágida). Bajo su reinado Alejandría se convirtió en “uno de los mayores núcleos científicos y culturales del Mundo Antiguo”. [2]  Para la conservación de la cultura griega y helena Ptolomeo mandó construir el famoso &#8220;<em>Museo</em>&#8221; (palabra griega que significa &#8220;lugar donde habitan las musas&#8221;) y que inicialmente cumplió con las funciones de escuela. [3] El edificio albergaba la famosa Biblioteca de Alejandría, obra que terminó su hijo Ptolomeo II Filadelfo. Allí se reunieron los mejores filósofos, médicos, astrónomos, poetas, geógrafos y matemáticos de la época. El número de obras escritas fue aumentando y se hizo necesaria la construcción de un nuevo edificio. Con ese fin se utilizó el viejo templo dedicado al dios Serapis. La Biblioteca principal desapareció seguramente a manos de los romanos durante el siglo III y la biblioteca del Serapeo fue expoliada en el año 391 a raíz de la revuelta promovida por el obispo de Alejandría, Teófilo, desde el año 385 hasta 412. El emperador permitió la expoliación y la destrucción de otros templos paganos cuya consecuencia fue una terrible matanza liderada por los cristianos. El cristianismo, como vimos en la biografía anterior dedicada a Agustín de Hipona estaba empezando a expandirse y a tomar fuerza por todo el Imperio romano, hacia el occidente y hacia el oriente.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Como sucede con Hipatia, la falta de testimonios que rodea a la destrucción de la Biblioteca de Alejandría y el hecho de que todavía hoy no se ha encontrado las ruinas del fastuoso Museo, permite que la especulación genere todo tipo de historias y cuentos. Según las fuentes, nuestra protagonista participó en la llamada Escuela de Alejandría, sita en el Museo, y que estuvo vigente desde el siglo III hasta el VII. Esta escuela, que  sólo cesó su actividad con <em>la conquista musulmana de Egipto en el año 640</em>, [4] se caracterizaba por el sincretismo de sus ideas filosóficas y el neoplatonismo, un sistema filosófico que se desarrolló en Alejandría y que recogía la filosofía griega de Pitágoras, Platón y Aristóteles entre otros. Su iniciador, Ammonio Saccas, fue maestro del egipcio Plotino (205-270) el verdadero responsable de su difusión. Cuando la escuela neoplatónica fue liderada por Hipatia varios fueron sus discípulos, entre ellos el libio Sinesio de Cirene (c.370-413/4). Gracias a su obra y a sus <em>Epístolas</em> nos es hoy posible reconstruir parte de la labor educativa y filosófica de la alejandrina Hipatia. Fue su discípulo a finales del siglo IV hasta que tuvo que dejar Alejandría para ir a Constantinopla como embajador. De vuelta en la capital egipcia (402), vivió con su familia en Cirene, donde fue nombrado obispo de Ptolemaida en agradecimiento a sus labores defensivas de la ciudad (409/10). Tenía mujer y tres hijos y parece ser que se vio obligado a renunciar a ellos para acceder el cargo.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     De las 156 <em>Epístolas</em> de Sinesio que se han conservado, unas cuantas están dirigidas a Hipatia y otras a sus <em>compañeros de estudio durante el tiempo de aprendizaje</em> (Dzielska, <em>Hipatia y su círculo</em>, 42). Para la catedrática esta es la mejor fuente ya que <em>Sinesio está siempre en contacto con Hipatia y le envía sus obras</em> (Ídem, 43) para que las corrija y comente. A través de estas cartas también conocemos los otros discípulos de la escuela alejandrina. A Herculiano, Sinesio le escribe sobre <em>la extraordinaria impresión que causan en ambos sus primeras reuniones con Hipatia</em> (<em>Epístola, 137</em>). En las cartas que se escriben con Olimpio nombran a otros compañeros: Isión, Siro y Pedro. A Hesequio (<em>Epistola 93</em>), en donde le habla de la clase que imparte Hipatia de <em>geometría divina</em>. A Euotopio (<em>Epistola 5),</em> a quien le pide que envíe sus saludos a <em>la más santa y reverenciada de los filósofos</em>. Y otros, como Teotecno, Atanasio, Teodosio y Gayo. Sinesio escribe desde Constantinopla cuánto echa de menos <em>el contacto intelectual con ella</em> (Dzielska, <em>Hipatia y su círculo</em>, p.59). En su <em>Epístola 10,</em> Sinesio se lamenta de<em> </em>que Hipatia no respondiese a sus últimas cartas, la historiadora de Cracovia considera que tal vez se debió a los problemas que la filósofa ya estaba teniendo, y a su decisión de no implicar al ya obispo en el conflicto sociopolítico que se estaba viviendo en Alejandría.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Pero en sus epístolas, no hay nada escrito sobre la vida de la filósofa. Hay un halo de misterio entre los discípulos de Hipatia. El círculo filosófico mantiene en secreto los dogmas recibidos en la escuela neoplatónica. Escribe Sinesio, <em>Por mi parte soy, y te aconsejo (a Herculiano) que lo seas tú también, un celosísimo guardián de los misterios de la familia</em> (<em>Epístola 143</em>). Porque en opinión de aquellos pensadores <em>la verdad divina debe permanecer escondida, pues la gente vulgar necesita un sistema diferente</em> (<em>Epístola 105</em>). Sabemos por sus cartas que aquellas clases trataban <em>sobre temas éticos y religiosos</em> (Dzielska, <em>Hipatia y su círculo</em>, 77). Esta era una comunidad hermética que transmitió poco o nada de sus creencias e ideas, y que fiel a su ideal platónico, consideraba el “culto a la aristocracia”, el Estado ideal de Platón. Aquellos discípulos formaban parte de la alta sociedad alejandrina, eran hijos de poderosas familias y después de formarse junto a Hipatia, algunos de ellos alcanzaron altos puestos entre la Iglesia y el poder civil. Según Damascio, Hipatia no era popular entre el pueblo bajo, <em>ella y sus alumnos viven apartados de la &#8220;demos&#8221;</em> (Dzielska, <em>Las circunstancias de su muerte</em>, 103).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Todas las fuentes concuerdan en definir a Hipatia como víctima del “fanatismo de las masas cristianas” y afirman que con su muerte decayó la filosofía y también la cultura mediterránea en general. <em>El ataque a Hipatia marca el fin de la Antigüedad</em> (Arnulf Zitelmann, <em>Hipatia</em>, Epílogo, 1989). El nuevo patriarca de Egipto y sucesor de Teófilo, el alejandrino Cirilo (c. 370/444), [5] <em>aumentó la presión contra paganos, herejes y judíos en Alejandría</em>. [6] El poder eclesiástico quería imponerse al civil representado por Orestes, el prefecto de Alejandría. El prefecto se oponía a sus métodos expeditivos (vandalismo y crímenes contra los judíos), y a su fanatismo (eliminación de los emblemas paganos). Orestes sufrió un atentado que todavía enemistó aun más a ambos poderes. Finalmente el emperador Teodosio II tomó parte y condenó a los monjes de Nitria. Hipatia y Orestes lucharon políticamente juntos contra el dominio del patriarca Cirilo. Damascio expone que Cirilo preparó una “propaganda negativa” hacia Hipatia que consistió en presentarla como una bruja de magia negra. Cuentan las fuentes que en el año 415, Hipatia fue hecha prisionera por una banda de cristianos fanáticos. Existen varias versiones que describen el asesinato de la filósofa, no voy a dar detalles sobre ellos, son muy desagradables. Sólo el poder del cine de Amenábar pudo evitar a Hipatia un horrible final. Como apuntan muchos, aquel fue un crimen político. El obispo Cirilo ha sido considerado por muchos como causante directo, o indirecto, de la muerte de la filósofa neoplatónica. Damascio se lamentó de que Cirilo y sus secuaces quedaran impunes. El asesinato político dio por finalizado el conflicto de intereses entre el poder eclesiástico y el civil representado por Orestes que abandonó en seguida la ciudad. La causa del crimen parece que fue la envidia, opinó Sócrates, otros dicen que la ignorancia.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>La literatura:</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     La literatura ha sido la responsable de la leyenda que rodea a Hipatia. Su primera aparición fue en el siglo XVIII, durante la Ilustración. Voltaire y, más tarde, el historiador inglés Edward Gibbon (1898) culpan al patriarca Cirilo de todos los males y del peor crimen en la Alejandría de principios del siglo V. Casi todas las obras hablan de la belleza de Hipatia combinada con su sabiduría. Durante el siglo XIX, Hipatia continúa siendo la representante de “los pensadores anticatólicos” (Dzielska, <em>La leyenda literaria de Hipatia</em>, 19). El clérigo inglés Charles Kinsley (1853) la convirtió y bautizó. En la obra dramática de Leconte de Lisle, <em>Hipatia y Cirilo</em> (1857), el poeta francés dijo de ella: <em>es el espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita</em>.  Todos coinciden en afirmar que con su muerte desaparecieron los valores griegos. El siglo XX siguió mostrándonos a Hipatia como una gran filósofa clásica que dejó huérfana de grandes pensadoras a Europa hasta la llegada de Mme. Curie. Las literatas feministas también supieron aprovechar el tirón de la leyenda de la sabia alejandrina. Entre estas escritoras destaca la obra de Ursula Molinaro, <em>A Christian Martyr in reverse. </em>Hipatia, a pesar de estar casada con Isidoro, tiene muchos amantes, uno de ellos es Orestes  (la mayoría de las fuentes afirman que era virgen por voluntad propia). En la obra de Molinaro, Hipatia es acusada de adúltera por Cirilo quien decide su muerte.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Sin duda alguna Hipatia era una mujer excepcional, todas las fuentes coinciden. Sócrates Escolástico la elogia por sus virtudes, su erudición y su popularidad y escribe que Hipatia trata <em>cuestiones municipales y políticas</em> porque la admiraban <em>por su prudencia y admiración</em>. Damascio dice de ella que <em>cuenta con la estima de los principales políticos de Alejandría debido a sus elevados principios</em> (Dzielska, <em>Hipatía y su círculo</em>, 51). De hecho, simpatizó con el cristianismo y protegió a sus alumnos cristianos. No se conoce su participación en ningún evento religioso, pagano o no. Es más, la escuela alejandrina continuó funcionando con Cirilo. ¿Por qué la condenaron entonces?</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Conocí a Hipatia a raíz de la lectura de un libro de bolsillo que me cautivó y cuya lectura aconsejo: <em>El incendio de Alejandría</em>, de Jean Pierre Luminet (2002), Ediciones B, S.A., Barcelona, 2004. En el apartado de Personajes principales se dice de Hipatia (hacia 370.415), <em>Matemática, astrónoma y filósofa de la escuela platónica, nacida y muerta en Alejandría. Primera mártir de la intolerancia religiosa contra la ciencia. Sus obras (perdidas todas ellas) incluían un &#8220;Canon astronómico&#8221;, un comentario a la &#8220;Aritmética de Diofante&#8221;, un comentario al &#8220;Tratado de los cónicos&#8221; de Apolonio de Pérgamo, y editó el tercer libro de los &#8220;Comentarios sobre el Almagesto de Tolomeo&#8221; de su padre Teón. Sólo subsisten algunas cartas que Sinesio dirigió a Hipatia, pidiéndole consejo para la construcción de un astrolabio y un hidroscopio</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-2004"></span></p>
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<p style="text-align: justify;"> </p>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">NOTAS</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[1] Maria Dzielska (1995), Hipatia de Alejandría, traducción de José Luís López Muñoz, Biblioteca de Ensayo, 29 (Serie Mayor). Ediciones Siruela, 2ª edición, diciembre 2006.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[2] Alejandría, El Museo,  <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alejandr%C3%ADa">http://es.wikipedia.org/wiki/Alejandr%C3%ADa#El_Museo</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[3] El Museo de Alejandría, <a href="http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/mate/nombres/mate1h.htm">http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/mate/nombres/mate1h.htm</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[4] Escuela neoplatónica de Alejandría.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[5] Cirilo fue proclamado doctor de la Iglesia por el Papa León XIII (1882).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[6] Cirilo de Alejandría, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cirilo_de_Alejandr%C3%ADa">http://es.wikipedia.org/wiki/Cirilo_de_Alejandr%C3%ADa</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">BIBLIOGRAFÍA</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Maria Dzielska (1995), Hipatia de Alejandría, traducción de José Luís López Muñoz, Biblioteca de Ensayo, 29 (Serie Mayor), Ediciones Siruela, 2ª edición, dic. 2006.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jean Pierre Luminet (2002), El incendio de Alejandría, de , Ediciones B, S.A., Barcelona, 2004.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;"><span style="text-decoration: underline;">WEBGRAFÍA</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Wikipedia, enciclopedia libre: Cirilo de Alejandría, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cirilo_de_Alejandr%C3%ADa">http://es.wikipedia.org/wiki/Cirilo_de_Alejandr%C3%ADa</a> y El Museo de Alejandría, <a href="http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/mate/nombres/mate1h.htm">http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/mate/nombres/mate1h.htm</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Red Escolar (México), El Museo de Alejandría, <a href="http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/mate/nombres/mate1h.htm">http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/mate/nombres/mate1h.htm</a></h5>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/10/logoPDF.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img title="logoPDF" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/10/logoPDF.jpg" alt="logoPDF" width="177" height="39" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Versión en PDF en el siguiente link</strong>: <strong><a class="downloadlink" href="http://www.sarasuati.com/wp-content/plugins/download-monitor/download.php?id=15" title="Versión0.9 descargado 718 veces" >Sarasuati 2010.04 (PDF) (718)</a></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
]]></content:encoded>
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		<title>Medievo: Agustín de Hipona</title>
		<link>http://www.sarasuati.com/medievo-agustin-de-hipona/</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Sep 2009 13:12:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Medieval]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín de Hipona]]></category>

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		<description><![CDATA[Biografía de un ciudadano del Imperio romano que llegó a ser canonizado y nombrado Doctor de la Iglesia en el siglo XIII (...)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="TEXT-ALIGN: center"> </p>
<p style="TEXT-ALIGN: center">&#8220;<strong><em>Si fallor, sum</em></strong>&#8220;</p>
<p style="TEXT-ALIGN: center"><em>Si me equivoco, existo</em> de <strong>Agustín de Hipona</strong></p>
<p align="justify">　<a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/08/Fresco-de-Letrán-Agustín-de-Hipona1.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-full wp-image-1520" style="margin-right: 10px;" title="Fresco de Letrán - Agustín de Hipona" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/08/Fresco-de-Letrán-Agustín-de-Hipona1.jpg" alt="Fresco de Letrán - Agustín de Hipona" width="158" height="240" /></a></p>
<p align="justify">     No es esta una hagiografía, es decir la biografía de un santo. Aunque sí que es la biografía de un ciudadano del Imperio romano que llegó a ser canonizado y nombrado Doctor de la Iglesia en el siglo XIII por el papa Bonifacio VIII. Con este nombramiento se le reconoció su trabajo como forjador de la doctrina cristiana y como &#8220;maestro de la fe&#8221;. La patrística fue la labor que ejercieron aquellos que fueron llamados los <strong>Padres de la Iglesia</strong> y que consistió en la elaboración de una doctrina razonada desde la fe. Si bien, este personaje mitad filósofo, mitad teólogo, no es un puro humanista, bien merece un capítulo entre estas biografías dedicadas a los ilustrados europeos, ya que fue un referente para el pensamiento durante toda la Edad Media, el Renacimiento y gran parte de la Edad Moderna. El cristianismo que estructuró y expuso Agustín durante el Bajo Imperio Romano, y su lucha dogmática en contra de la herejía, sentaron la base del pensamiento cristiano europeo y principalmente el de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.</p>
<p align="justify"><strong> </strong> </p>
<p align="justify"><strong><span style="text-decoration: underline;">Decadencia del Imperio Romano</span></strong>:</p>
<p align="justify">      Más conocido como <strong>Agustín de Hipona (354-430)</strong>, Aurelius Augustinus nació en Tagaste (hoy Souk Ahras, Argelia) en el seno de una familia humilde, de padre pagano y de madre católica (más tarde fue Santa Mónica en agradecimiento por haber logrado la conversión de su hijo). Este bereber nacido en la costa norte africana, en una ciudad de Numidia, provincia entonces del Imperio Romano, escribió sobre cuestiones filosóficas, psicológicas y principalmente teológicas durante una época en la que el Imperio se dividía y se aferraba a sus fronteras cada vez más débiles ante los ataques e incursiones bárbaras. Un año después de su nacimiento, francos, alamanes y sajones invadieron la Galia. Durante el siglo IV, estalló la guerra contra los Godos y los Hunos cruzaron el Volga para llegar al río Elba en el 399. El rey de los visigodos, <span style="text-decoration: underline;">Alarico I</span> (395-410), llevó a cabo el tercer y último asedio a la ciudad de Roma rendida el 24 de agosto de 410. El prestigio romano quedó por los suelos.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     En la costa de Numidia, a principios siglo V, el general romano Bonifacio destinado en Cartago llamó a los vándalos del Sur de España para que le ayudaran en su rebelión contra los romanos que habían conspirado contra él y le habían enviado a África. El arriano <span style="text-decoration: underline;">Genserico</span> (389-477) acudió en el año 428. Los herejes y las tribus nativas aprobaron su llegada que pronosticaba la expulsión de cristianos y romanos. Bonifacio se equivocó, Genserico ocupó África del Norte, sólo Cartago, Hipona y Cirta quedaban bajo Imperio Romano, pero pronto se interesó por las principales ciudades del Norte. Hipona resistió casi dos años gracias a la ayuda del Imperio pero fue tomada en el 431, Agustín ya había muerto el 28 de agosto de 430. En 439, el ejército vándalo marchó hacia Cartago convirtiéndola en su capital.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify"><span style="text-decoration: underline;"><strong>El cristianismo en el Bajo Imperio</strong></span>:</p>
<p align="justify">      La Iglesia cristiana, sin embargo, se fortalecía mientras que el Imperio decaía. Veamos brevemente cómo se organizó para poder comprender el pensamiento y la obra de Agustín de Hipona, testigo de la decadencia del Imperio Romano y también de la conversión del Imperio al cristianismo. Cuando el emperador <span style="text-decoration: underline;">Constantino I (</span>272-337), promulgó el <em>edicto de Milán</em> (313) se puso fin a las persecuciones de los cristianos y se proclamó la libertad religiosa. Entonces se empezaron a organizar las comunidades cristianas alrededor de un obispo que tenía el poder para decidir cuáles iban a ser las normas de su iglesia. Se realizaron los primeros &lt;&lt;sínodos&gt;&gt; para conciliar a los diferentes obispos y aquellos acuerdos sentaron cátedra entre la cristiandad. A principios del siglo IV, el emperador convocó un concilio de obispos para abordar el arrianismo que en Alejandría causaba el enfrentamiento entre arrianos[1] y atanasianos[2] y que ponía en peligro la unión de la Iglesia y por ende del Imperio. Se celebró en Nicea (325), la entonces capital del Imperio. A pesar de la victoria de Atanasio, el arrianismo seguía ganando adeptos e incluso el emperador se acercó a la doctrina arriana. Como resultado, el Imperio se dividió más profundamente. En el Oeste se hablaba latín y se afianzaba el catolicismo (la ortodoxia), en el Este se hablaba griego y se seguía al arrianismo (la herejía). Constantino decidió trasladar por motivos de seguridad la capital a Bizancio, la nueva Constantinopla quedó inaugurada en el año 330. Los obispos orientales ganaron en prestigio y la nueva capital iba desbancando paulatinamente a Roma. Antes de morir, el emperador Constantino se hizo bautizar (337). Su sucesor <span style="text-decoration: underline;">Teodosio</span> (347-395), emperador desde 379 de todo el Imperio Romano, tras el Edicto de Tesalónica (380) convirtió el cristianismo en la religión oficial del Imperio[3]. Con la cristianización, Iglesia y Estado compartían poderes.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Mientras que el Imperio se desmoronaba, la literatura latina cristiana florecía. En el año 382 bajo el auspicio de <span style="text-decoration: underline;">Jerónimo de Estridón</span> comenzó la traducción al latín de la Biblia que se llamó la Vulgata, Biblia que todavía en la actualidad es de uso común para la Iglesia católica. La África romana (costa norteafricana al Oeste de Egipto), cuya metrópoli era Cartago, se convirtió en un centro neurálgico para la historia de la cristiandad, principalmente gracias a la obra del retórico y teólogo Aurelius Augustinus.</p>
<p align="justify"><span style="text-decoration: underline;"><strong> </strong></span> </p>
<p align="justify"><span style="text-decoration: underline;"><strong>La obra agustina</strong></span>:</p>
<p align="justify">     De cultura latina, Agustín recibió una buena educación para asegurar su futuro, &#8220;Los estudios calificados de nobles… tenían como meta la carrera forense, los tribunales y los pleitos. (…) Yo era el número uno&#8221;, (<em>Confesiones</em>, Libro III, 3 (6)). Estudió a los clásicos latinos y se especializó en Retórica. Contaba con dieciocho años cuando se enamoró de una concubina con la que tuvo un hijo que llamaron Adeodato. Cuando tuvo que leer <em>Hortensius</em>, el libro de <span style="text-decoration: underline;">Cicerón,</span> Agustín quedó seducido y escribió: &#8220;Este libro contiene una exhortación suya a la filosofía (…) Su lectura realizó un cambió en mi mundo afectivo. Sus palabras eran un revulsivo para que amara, buscara, alcanzara, conservara y abrazara no esta o aquella secta o escuela, sino la sabiduría sin aditivos, por sí misma y en sí misma&#8221; (<em>Confesiones</em>, Libro III, 4 (7/8)).</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Durante su juventud, Agustín se adhirió al <strong>maniqueísmo</strong> doctrina propuesta por el profeta iraní <span style="text-decoration: underline;">Mani</span> (216-277) y cuyos discípulos la presentaban como una forma superior al cristianismo. Desligada de la Iglesia, esta escuela dualista, basada en el Bien y el Mal, proponía que todo lo que existe en el Cosmos resultaba de una mezcla de elementos buenos y malos y consideraba que sólo a través de un ascetismo muy riguroso se podía alcanzar la felicidad. La naturaleza del mal atormentaba al retórico Agustín. Según el maniqueísmo se &#8220;atribuía la comisión de un delito a un principio ajeno&#8221;[4], no había pues responsabilidad moral. Sin embargo, el de Tagaste no acababa de ver clara esta propuesta, según él defensor del libre albedrío, el acto realmente libre del hombre le hacía responsable para bien o para mal, porque un acto libre es en sí mismo una causa y no un efecto. Durante diez años Agustín perteneció a esta secta de la cual finalmente fue poco a poco decepcionándose. Tras una reunión con Fausto, cabeza de los maniqueos, el retórico norteafricano se convenció de la falsedad de sus propuestas y abandonó la secta &#8221; (&#8230;) hombres de orgullo delirante, carnales y charlatanes a más no poder (…) sus palabras eran pura falsedad&#8221;, (<em>Confesiones</em>, Libro III, 6 (10)).</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Como maestro de Retórica, Agustín viajó a Cartago (375) y luego a Roma y Milán (383/4). En Milán, por aquel entonces capital del Imperio Romano de Occidente, el maestro obtiene una cátedra municipal de réthor (tratadista de retórica). Allí conoció al obispo <span style="text-decoration: underline;">Ambrosio</span> (340-397) y al grupo de intelectuales católicos que le rodeaban. Mientras leía a los <strong>neoplatónicos</strong> traducidos al latín (ya que él no se había interesado nunca por aprender griego), a <span style="text-decoration: underline;">Euclides</span> y a <strong>San Pablo</strong>, el escepticismo de su querido maestro Cicerón se desvanecía y creyó en la posibilidad de acceder a la verdad desde la ascesis y el estudio bíblico. Finalmente, Agustín se convirtió al cristianismo en Milán (386), influenciado por su madre y el obispo Ambrosio que le había ayudado a interpretar el Antiguo Testamento. A partir de este momento empieza su estudio minucioso de las <strong>Sagradas Escrituras</strong>. La lectura de los neoplatónicos le permitió elaborar una teología cristiana basada en la verdad racional, una teoría del conocimiento que eliminaba el escepticismo que tanto había dominado a los antiguos filósofos. &#8220;¡Oh grandes varones de la Academia!; ¿es cierto que no podemos comprender ninguna cosa con certeza para la dirección le la vida?&#8221;. (<em>Confesiones</em>, Libro VI, 11 (18)). Agustín escribió <em>Contra académicos</em> (386), sobre la posibilidad de conocer la verdad y en contra del escepticismo de la Nueva Academia. El maestro renunció a su cátedra y se retiró para meditar y dedicarse a la búsqueda de Dios. Mientras, la lectura de san Pablo le ayudó a resolver la cuestión de la &#8220;gracia&#8221; [5].</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Estando retirado con su madre y amigos en una casa a las afueras de Milán, en el huerto de la villa Agustín oyó una voz de un niño o una niña que decía: &#8220;¡Toma y lee!&#8221; (<em>Confesiones</em>, Libro VIII, 12 (29)). Abrió la Biblia y leyó a San Pablo: &#8220;Revestíos, más bien, del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para sus concupiscencias&#8221;[6]. El de Tagaste lo interpretó como una señal, &#8220;su conversión no era debida a méritos personales, sino que era la respuesta a una llamada divina, a la gracia divina&#8221;, escribe Claude Lepelly, el profesor emérito de Historia Antigua de la Universidad de París X-Nanterre (<em>Historia del cristianismo</em>, 112). A los 33 años, Agustín fue bautizado en Milán por Ambrosio. Su conversión le condujo hacia una vida de perfección, hacia un ideal monástico de ascetismo y castidad.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Decidió volver a África para fundar una comunidad cristiana (388) que funcionó durante tres años según las normas que él mismo impuso (la Regla), y que fue inspiración de las posteriores comunidades monásticas. Agustín viajó a Hipona (391) para abrir allí otra comunidad, cuando entró en la iglesia, la comunidad y el obispo Valerio, le rogaron que se quedara como sacerdote. El asceta aceptó, a la muerte de Valerio, Agustín se convirtió en el obispo de Hipona (395), la segunda ciudad en importancia en el norte de África. En varias ocasiones el nuevo obispo de Hipona viajó a Cartago requerido por el obispo Aurelio, cabeza de la Iglesia en la región, poco a poco, ambos fueron estructurando las bases de la política eclesiástica africana. Agustín también mantuvo numerosas relaciones epistolares con otros prelados del Imperio y, sin dejar de atender a las necesidades de su iglesia, organizó a su lado un monasterio donde vivía en comunidad con sus sacerdotes. Ascetismo, castidad y pobreza, este era el ideal de su vida apostólica. Además, Agustín ejercía como juez y como administrador del patrimonio de la Iglesia, explica el especialista en la historia del cristianismo antiguo, Henri-Irénée Marrou (<em>Saint Augustin et l’augustinisme</em>, 39). Así pues, el teólogo cristiano se separó de la filosofía griega preocupada por el cosmos y se interesó por el hombre, transformando la teoría de las ideas platónicas de los antiguos académicos en pensamientos de Dios.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify"> Entre su inmensa <strong>producción literaria</strong> destacan de entre sus 113 libros, <em>Confesiones</em> y <em>La ciudad de Dios</em>, 218 cartas y 500 sermones. <strong><em>Confesiones</em></strong> (397-400) es una obra autobiográfica en donde relató sus vivencias como pecador y expresa su profunda gratitud hacia Dios, auténtico artífice de su conversión. Considerada como <strong>la primera autobiografía de la literatura occidental</strong>, Agustín se enfrenta a sí mismo y se descubre como persona. A través de su introspección (labor psicoanalítica) analiza su vida y explica los fundamentos de su fe. Agustín escribió: &#8220;No vayas mirando fuera de ti, entra en ti mismo, porque la verdad habita en el interior del hombre &#8220;.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     La caída de Roma inspiró su obra <strong><em>La ciudad de Dios</em></strong> (413-426) dividida en dos partes. En la primera, el autor combate el paganismo y replica a aquellos historiadores paganos que responsabilizaban a los cristianos de la decadencia de Roma. En la segunda, Agustín defiende la doctrina cristiana y argumenta el fracaso de la civilización pagana. En realidad, &#8220;el cristianismo no estaba destruyendo al Imperio Romano, sino que quería salvar lo que quedaba de él&#8221;, replicaba Agustín (Asimov, 231). La historia que aquí relata comienza con la creación y acaba con el fin del mundo. ¿Y qué otro final es el nuestro, sino el de llegar al reino que no tiene fin?&gt;&gt; (<em>Ciudad de Dios</em>). La historia, en su opinión, acabará con el día del Señor &lt;&lt;que será como el octavo día consagrado con la resurrección de Cristo y que representa el descanso eterno, no sólo de espíritu, sino también del cuerpo&gt;&gt;. Reflexiona sobre la caducidad de las civilizaciones y expone &#8220;una síntesis histórica universal desde una perspectiva cristiana&#8221;[7]. Agustín repasó la historia y señaló que los estados tenían ciclos de ascenso y caída, por eso, Roma también debía caer. Según Agustín, su caída respondía a la &#8220;grandiosa culminación del plan divino&#8221; (Isaac Asimov, <em>El Imperio Romano</em>, 230). Agustín de Hipona quiso demostrar que &lt;&lt;la humanidad está guida por Dios&gt;&gt;, para el teólogo cristiano Dios es el único creador absoluto: &#8220;El mundo (…) ha sido hecho, y hecho por un Dios inefable e invisiblemente grande, inefable e invisiblemente bello&#8221;.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     A los sesenta años, Agustín de Hipona debe enfrentarse a la crisis <strong>pelagiana</strong>. El asceta britano <span style="text-decoration: underline;">Pelagio</span> y sus discípulos &#8220;reducían el cristianismo a un moralismo riguroso y sin espiritualidad&#8221; (Lepelly, 112) y negaban el dogma del pecado original. Según esta herejía, Dios recompensaba los méritos propios de los hombres. Como los estoicos, los pelagios valoraban la virtud individual. Casi toda la obra del obispo de Hipona responde a las preocupaciones que atormentaban a la Iglesia de su tiempo y el teólogo pasó cuarenta años de su vida defendiendo a capa y espada la ortodoxia de su pensamiento cristiano contra las herejías cristianas (paganos, judíos, maniqueos, donatistas[8], pelagianos, arrianos, etc.)</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Con setenta y dos, cansado y deseoso de poner orden a toda su obra, como hizo Valerio, delega en el sacerdote Heraclio y se dedica a escribir <em>Retractaciones</em>, un catálogo razonado y crítico de sus obras anteriores, en el cual revisa y corrige algunos de sus textos y antiguas ideas. El obispo Agustín tuvo mucha repercusión en Europa, la metrópolis de Cartago comerciaba con Europa y sus obras recorrieron todo el Imperio. Su obra gustaba, como todavía lo hace ahora, no sólo por su contenido espiritual, sino también por su rico lenguaje y su dominio de la retórica.</p>
<p align="justify"><strong> </strong> </p>
<p align="justify"><strong><span style="text-decoration: underline;">Su influencia</span></strong>:</p>
<p align="justify">     Amigos y discípulos difundieron su obra y su pensamiento. Su influencia se extendió durante toda la Edad Media. El historiador H-I. Marrou escribe: &#8220;Durante la época carolingia Agustín se convierte en el inspirador que cimentará la nueva cultura cristiana. Casi todo procederá de él, de su obra. <em>La Ciudad de Dios</em> se convierte en el manual preferido para la nueva formación política y social de Europa&#8221; (<em>Saint Augustin</em>, 157). Prueba de su influencia es que monjes medievales nos han legado &#8220;más de 15.000 manuscritos que reproducen sus escritos&#8221; (Lepelly, 110).</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Los renacentistas recogieron y difundieron la obra agustiniana. El protestantismo del siglo XVI fue un &#8220;firme retorno a un agustinismo estricto&#8221; (Lepelly, 115), todo estaba predestinado. Y un siglo más tarde, en Francia, los jansenistas [9] reclamaron el retorno a la teología agustiniana radical (Lepelly, 115). El libro póstumo que escribió el obispo <span style="text-decoration: underline;">Jansen</span>, <em>Augustinus</em>, fue condenado por varios papas acusado de herético. Algunos pensadores consideran que <span style="text-decoration: underline;">Descartes</span> (siglo XVII) se sirvió de las ideas de Agustín para su argumentación del &#8220;cogito&#8221;, o como concluye H. Marrou, fue la filosofía del racionalista francés la que permitió comprender mucho mejor al filósofo y teólogo Agustín de Hipona que escribió: <span lang="ES-MODERN">&#8220;Si dudo, si me alucino, vivo. Si me engaño, existo. ¿Cómo engañarme al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?&#8221;. </span><span lang="ES">La Europa agustiniana pasa al olvido en el siglo XVIII con la Ilustración. A los filósofos no les gustaba la idea del teólogo latino que creía que la naturaleza humana era &#8220;corrupta e imperfecta&#8221;, <span style="text-decoration: underline;">Jean-Jacques Rousseau</span> creía todo lo contrario, el hombre es bueno por naturaleza. </span></p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Asceta, teólogo, filósofo, sacerdote, obispo, santo y doctor de la Iglesia, este hombre nacido en Numidia &#8220;dejó una huella más poderosa que nadie en la vida religiosa e intelectual del Occidente europeo&#8221; (Lepelly, 116). Creyentes o no, la verdad es que siempre se ha considerado positivamente su labor tanto espiritual como intelectual, puesto que el respeto que se tiene a su obra teológica y filosófica radica en su continua exaltación de la razón y la inteligencia, decía: &lt;&lt;hay que buscar para encontrar, y encontrar para buscar otra vez&gt;&gt;, y como escribe Lepelly este &#8220;razonamiento es válido (tanto) para la búsqueda de Dios como para cualquier avance intelectual&#8221;.</p>
<p align="justify"> </p>
<p align="justify"><span id="more-1501"></span></p>
<p align="justify"> </p>
<h5><span style="text-decoration: underline;">Notas</span>:</h5>
<h5>[1] Arrio (256-336), el diácono de Alejandría.</h5>
<h5>[2] Atanasio (296-373), obispo de Alejandría.</h5>
<h5>[3] El primer Estado que se había convertido al cristiano fue Armenia (ha. 301).</h5>
<h5>[4] Enciclopedia católica on-line, San Agustín de Hipona, <a href="http://ec.aciprensa.com/v/vidaagustin.htm">Encliclopedia Católica</a>.</h5>
<h5>[5] Gracia divina: un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo. Wikipedia: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gracia_divina">http://es.wikipedia.org/wiki/Gracia_divina</a>.</h5>
<h5>[6] Concupiscencia: en la moral católica, deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos. DRAE 22ª edición.</h5>
<h5>[7] Espluga, Xavier; Miró, Mónica. Material UOC. Llengua i Cultura Llatines. Mòdul 2: Gèneres i tòpics de la Literatura Llatina. Unitat 15, La Literatura cristinana. UOC, Barcelona, 2002.</h5>
<h5>[8] Donato, obispo de Cartago, siglo IV.</h5>
<h5>[9] Cornelio Jansen (1585-1638), obispo de Ypres.</h5>
<p> </p>
<p><!--more--></p>
<p> </p>
<p align="justify"><span style="text-decoration: underline;">BIBLIOGRAFÍA</span></p>
<h4>
<p align="justify"><span lang="ES-MODERN">Asimov, Isaac (1967) <em>El Imperio Romano</em>. Historia Universal Asimov. Sección Humanidades. El libro de Bolsillo, Alianza Editorial, Madrid (1982)</span><span lang="ES-MODERN">Corbin, Alain dirección, Lemaitre, Nicole; Thelammon, Françoise; Vincent, Cathérine. <em>Historia del cristianismo</em>. Traducción de Isabel Margelí. Claude Lepelly, San Agustín y la proyección de su pensamiento (págs. 110 a 117). Editions du Seuil, Paris, 2007. Editorial Ariel, S.A. Barcelona (2008).</span><span lang="CA"><span lang="ES">RBA Realizaciones Editoriales, S.L. </span></span><span lang="CA">(1997).</span></p>
<p><span lang="CA">Del Pozo Álvarez. Material UOC: <span style="text-decoration: underline;">Història del pensament filosòfic i científic</span>. Mòdul 3: <em>Crisi grega, transició romana, inici medieval</em>. </span></p>
<p><span lang="EN">Marrou, Henri-Irénee (1955) <em>Saint Augustin et l’augustinisme</em>. Collection &lt;&lt;Maîtres Spirituels&gt;&gt;, Edition du Seuil, Paris (2003).</span></p>
<p align="justify">Espluga, Xavier; Miró, Mònica. Material UOC: <span style="text-decoration: underline;">Llengua i Cultura llatines.</span> Mòdul 2: <em>Gèneres i tòpics de la literatura llatina</em>, unitat 15. Fundació per la Universitat Oberta de Catalunya, Barcelona, Editorial Eurecamedia, S.L. (2002).</p>
<p align="justify"><span lang="ES">Reale, Giovanni; Antiseri, Dario (1983) <em>Historia del pensamiento filosófico y científico Antigüedad y Edad Media</em>, Tomo I. Traducción: Juan Andrés Iglesias, Herder Editorial, S.L. (3ª ed., 2004.)</span></p>
<h5><span lang="ES">Consulta on-line de la </span><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Agust%C3%ADn_de_Hipona/lcite_note-0"><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span lang="ES">Enciclopedia Wikipedia &#8211; Agustín de Hipona</span></span></span></span></span></span></span></a><span style="font-size: small"><span style="font-size: small"><span lang="ES-MODERN"> y la </span></span></span><a href="http://ec.aciprensa.com/v/vidaagustin.htm"><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span style="color: #0000ff;font-size: small"><span lang="ES">Encliclopedia Católica</span></span></span></span></span></span></span></a></h5>
<p align="justify"> </p>
</h4>
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		<title>Benjamin Franklin</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2009 14:04:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Matellanes</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[.Estudios Americanos]]></category>
		<category><![CDATA[Benjamin Franklin]]></category>
		<category><![CDATA[Constitucion americana]]></category>
		<category><![CDATA[guerra independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
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		<description><![CDATA[Hablar de B. Franklin es adentrarse en uno de los periodos de la historia de EEUU mas fascinantes además de en uno de los emblemas mas característicos de esta nación (...)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="TEXT-ALIGN: right"><strong><em>Puedes ver este artículo en <a title="Benjamin Franklin (PDF)" href="http://www.sarasuati.com/wp-content/plugins/download-monitor/download.php?id=6#page=7" target="_blank">versión PDF</a>.</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Hablar de Benjamin Franklin es adentrarse en uno de los periodos de la historia de EEUU mas fascinantes. Este Leonardo del siglo XVIII acabo su larga vida como uno de los emblemas mas característicos de esta joven nación. De echo, EEUU era, mas que una nación, <strong>un sueño de pocos que gracias a gente como Benjamin Franklin se convirtió en realidad</strong>. En la época en la que vivió B. Franklin, EEUU no existían, sino que eran unas colonias que pertenecían al Imperio Británico, lo cual estaba muy presente en la mentalidad de la época. No hay que olvidarse que <strong>la mayoría de ciudadanos de las colonias americanas estaban muy orgullosos de ser ciudadanos ingleses</strong>. La razón por la que comenzaron las disputas entre las colonia y la <em>madre patria </em>fueron, de manera muy simplificada, por cuestiones <em>políticas</em> y de <em>poder</em>: La imposición de tasas por parte del Parlamento británico para financiar las guerras del Imperio, el papel del Parlamento sobre quien tenía el último derecho a legislar [1] o el papel de ciudadanos de segunda que parecía ser asignado a los colonos &#8230; Tampoco hay que olvidarse que estamos hablando de la época de la ilustración, en la que una nueva mentalidad está haciéndose paso en Europa. Paradójicamente, fueron los propios ingleses los que <em>comenzaron</em> este cambio de mentalidad [2], al situar la figura del Rey a un segundo plano, bajo el control del Parlamento (elegido <em>democráticamente</em> entre los ciudadanos ingleses) [3].</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     <a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/06/BenjaminFranklinDiscoversElectricity.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-medium wp-image-1351" style="margin-right: 15px;" title="BenjaminFranklinDiscoversElectricity" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/06/BenjaminFranklinDiscoversElectricity-221x300.jpg" alt="BenjaminFranklinDiscoversElectricity" width="221" height="300" /></a> La <strong>mente de este humanista era abierta y curiosa</strong>: tenemos ante nosotros a un científico, un escritor, un periodista, un editor, un intelectual, un lector ávido, un político y, sobretodo, a una persona que le encantaba estar rodeado de gente. Sus hallazgos científicos son aun reconocidos, pues fue la <strong>persona de su época que más sabia sobre electricidad</strong>. Enunció el <em><strong>Principio de Conservación</strong></em> de la electricidad, y tras su afirmación de que las nubes están cargadas de electricidad y los rayos son descargas eléctricas, apareció su invención más famosa: <strong>El pararrayos</strong>. No es de extrañar que una de las imágenes mas estereotipadas de su figura fuese la de un <em>joven</em> que, en un anoche de tormenta, estuviese <em>jugando </em>con su cometa. Su curiosidad sobre el mundo era tal que, ni en los múltiples viajes que hizo la dejaba descansar: estudios sobre las corrientes oceánicas, esquemas y dibujos sobre las proporciones y posibles mejoras de veleros (muy adelantados a su tiempo, como los dibujos de aeroplanos de Leonardo), etc. Su faceta de científico le gano el respeto de los grandes intelectuales ingleses de su época [4], además de tener la suerte de poderse codear con ellos en Londres y París.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Lo realmente formidable era su faceta como persona. B. Franklin podía haber sido uno de los ciudadanos más ricos de Pennsylvania. Sin embargo, cuando ya tuvo todo el dinero que necesitaba para vivir dejó el mundo de los negocios aparcado para dedicarse a su cara más pública. No solo fue uno de los primeros en potenciar la cultura a través de la creación de bibliotecas, sino que además fue el primero en crear un hospital público [5], la primera compañía de bomberos (como ente voluntario), e incluso una milicia voluntaria. Fue uno de los <strong>cabecillas en la formación del ejército del estado</strong>, sin la <strong>mas mínima ayuda por parte del gobierno</strong> (controlado por los pacifistas cuáqueros), en la defensa de un inminente ataque franco-indio. Su cara más personal también era famosa. Amigo de sus amigos, disfrutaba de la compañía de estos. Con todos aquellos que no podía verse, mantenía una férrea comunicación por carta. Gracias a la enorme cantidad de correo de su puño y letra que disponemos en la actualidad, podemos conocer al hombre joven e impetuoso que nadaba en el rio Thames, al amante maduro que exalta la belleza de su joven vecina francesa (obviamente, casada) o al comisionado reacio a seguir unas doctrinas que pensaba que eran incorrectas para los intereses de su país. Aún así, este hombre amante de la buena compañía, se dejaba conocer lo justo, sin dejar saber todo sobre él mismo. B. Franklin era una persona con mayor tendencia a escuchar que a hablar, aunque eso no implica que fuese tímido ni callado, sino más bien reacia <em>hablar demasiado</em>. Se podría decir que hablaba cuando tenía algo interesante que decir:</p>
<p style="text-align: center;"><em><strong> </strong></em> </p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>&#8220;If you would not be forgotten, as soon as you are dead and rotten, either write things worth reading, or do things worth the writing.&#8221; </strong></em></p>
<p style="text-align: center;"><strong><em> </em></strong> <em>Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em> </em></p>
<p style="text-align: right;"><em> </em>(Benjamin Franklin)</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Primero tenemos al <strong>Benjamin Franklin editor</strong>, que se escapó de los abusos de su hermano en Massachussets para comenzar una nueva vida en Philadephia (Pennsylvania) a los 17 años. Comenzando de la nada, uso sus conocimientos sobre imprenta que ya tenía para hacerse camino en el mundo periodístico. Tras varios años en Londres, donde perfeccionó su técnica, volvió a Philadelphia y, con apenas 24 años, ya regentó su primer periódico: <em><strong>The Pennsylvania Gazett</strong></em>. El papel de Benjamin Franklin en su periódico no era únicamente el de editor, sino que también era columnista. Su primera gran obra fue el famoso <em>Almanaque del pobre Richard</em> (<em><strong>Poor Richard&#8217;s Almanack</strong></em>) que se publicó anualmente desde 1732 hasta 1758 bajo el seudónimo de <em>Pobre Richard </em>(Richard Saunders). Este <em>Best-seller </em>fue muy popular en la época pre-revolucionaria, pues los colonos lo usaban para prepararse según las predicciones del tiempo, leer consejos sobre el cuidado del hogar, hacer rompecabezas, y otros tipos de diversiones. Sin embargo, lo que realmente destaca de esta publicación son sus numerosos juegos de palabras, con profundos tintes éticos que defendían una serie de virtudes universales (13), desde un punto de vista muy cínico: La Templanza, el silencio, el orden, la resolución, la frugalidad, el trabajo, la sinceridad, la justicia, la moderación, la limpieza, la serenidad, la castidad y la humildad. Muchos de estos aforismos aún hoy están vivos en el dialecto e imaginario colectivos de los EEUU y muestran la obsesión de una época por cultivar la virtud del individuo.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>At the workingman&#8217;s house hunger looks in, but dares not enter.</strong></em></p>
<p style="text-align: center;"> <em>El hambre espía por la puerta de la casa del hombre laborioso, pero no se atreve a entrar.</em></p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: right;">(Benjamin Franklin)</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     <a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/06/BenFranklin.png" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignright size-medium wp-image-1350" style="margin-left: 15px;" title="BenFranklin" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/06/BenFranklin-238x300.png" alt="BenFranklin" width="238" height="300" /></a> El <strong>Benjamin Franklin que se fue a Londres como representante y agente del estado de Pennsylvania </strong>contra las políticas de la familia Penn era un personaje muy distinto al que pasara a la historia como firmante y hostigador de la <em>Declaración de Independencia</em>. Con casi 50 años, su nombre era uno de los más conocidos dentro de los ámbitos culturales de la época. Su acogida dentro de la sociedad londinense fue abierta y calurosa, pues era tratado como un igual. Sin embargo, tras los años que pasó en la <em>madre patria</em>, poco a poco fue dándose cuenta de que <strong>el papel de la mayoría de los colonos americanos era el de ciudadano de segunda</strong>. Desde Inglaterra, se veía a las colonias como meros centros de cultivo, cuya obligación era la de enviar grandes cantidades de materias primas (obviamente, a buen precio). Aunque, en general, Ben Franklin creo <strong>grandes amistades dentro de círculos muy poderosos</strong>, también fue muy criticado por numerosos políticos y periódicos que lo identificaba con los colonos rebeldes que no querían ayudar a pagar las deudas que ellos mismos habían creado con la guerra Franco-India. Sea como fuera, su estancia en Londres durante esta época le mostró una realidad histórica: Que Inglaterra ya se había separado de EEUU antes de que ésta proclamase su independencia el 4 de Julio de 1776. La <strong>actitud de la <em>Casa de los Comunes </em>fue la de someter completamente a una población y negarle sus derechos</strong>. Imponer el poder del Parlamento sobre las legislaturas que durante siglos habían sido las responsable de gobernar el país, dar soluciones rápidas a los problemas que surgían y mantener relaciones de igual-a-igual con el Parlamento Británico. Pocos fueron los políticos británicos que vieron cómo las políticas totalitarias e Imperialistas de los sectores tories del Parlamento acabarían con una secesión no deseada por la mayoría de los colonos ingleses, pero necesaria al ver relegado su papel a ciudadanos de segunda. De entre esos pocos políticos, estaba el conocido <strong>William Pitt </strong><em><strong>El viejo</strong> </em>(Ex-primer ministro), que hará todo lo posible (desde la <em>Casa de los Lords</em>) para suavizar las tensiones que el ejército británico estaba creando en el Boston de 1770. Su admiración por Benjamin Franklin le llevó a invitarlo a varias sesiones parlamentarias en las que <strong>introdujo varias mociones para retirar las tropas del General Gage de Boston</strong>, para así <em>suavizar animosidades </em>y prevenir una <em>sudden and fatal Catastrophe </em>[6]. Sin embargo, el control ministerial de la cámara dejó esta moción en nada. Tras varios intentos más, siempre con la ayuda de William Pitt, y sus sucesivos fracasos en la cámara, Franklin decidió volver a su tierra con las ideas mucho más claras.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Benjamin <strong>Franklin tenía 69 años cuando su barco amarró en Filadelfia el 5 de Mayo de 1775</strong>. Este político sexagenario, curtido en todo tipo de batallas políticas, aun tenía mucho que hacer dentro de la historia. En un par de años, Franklin estará liderando, junto con muchos otros, el camino hacia la independencia de las colonias en el segundo congreso continental. Aunque se unió a la mayoría de congresistas que enviaron la famosa <strong><em>Olive branch petition</em></strong> (La última petición al Rey para que aceptase sus quejas), era consciente de que <strong>dicha petición iba a ser una pérdida de tiempo</strong>. Franklin, un político demasiado astuto, dedicó el tiempo de espera a la respuesta por parte del Rey para preparar a sus colegas congresistas para lo inevitable: <strong>La Independencia</strong>. En poco más de un año, Franklin estará en el <strong>comité que redactará la famosa <em>Declaración de Independencia</em></strong>, junto con su amigo-contrincante <em>John Adams </em>y el propio redactor de este documento: El joven Virginiano <em>Thomas Jefferson</em>. En poco más de año y medio, Franklin se <strong>convirtirá en el miembro principal de un comité secreto </strong>(promovido por el 2do congreso continental) <strong>de relaciones exteriores</strong>. En poco más de dos años, <strong>Franklin será el primer embajador norteamericano en París</strong>, donde pasará una segunda (o tercera) juventud. Sea como sea, este paso hacia la independencia fue más una necesidad (visto lo visto en Inglaterra y su política) que una determinación personal. <strong>Ben Franklin no era un revolucionario</strong> como <em>John</em> y <em>Samuel Adams</em>, <em>Thomas Jefferson,</em> <em>John Hancock </em>(famoso por ser el presidente del 2do congreso continental y el político que firmó la declaración de Independencia con la firma bien grande [7] ) &#8230; , sino <strong>más bien un estadista</strong>, que tras años analizando las relaciones Anglo-Americanas se dio cuenta de que la única solución posible era la de disolver dicha relación, fuese al precio que fuese.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     <a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/03/bfranklin.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-full wp-image-402" style="margin-right: 15px;" title="Ben Franklin" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/03/bfranklin.jpg" alt="bfranklin" width="254" height="300" /></a> Mientras se libraba la guerra de Independencia en tierras Americanas, Benjamin Franklin se dedicó a lo que mejor sabia hacer: representar los intereses de un país y buscar ayuda internacional a su causa. <strong>París y Benjamin Franklin tuvieron una relación de amor que ayudó en la creación de la figura idealizada que tenemos hoy en día de él</strong>. A los 72 años, Benjamin Franklin se convirtió en la imagen pública del <em>típico norteamericano </em>en Europa y en la corte de Francia. Supo encajar <strong>perfectamente en la vida lujosa y trivial de la corte francesa</strong>. Se convirtió en el invitado de honor en numerosas fiestas, en las que aparecía vestido con ropas planas y <em>pueblerinas. </em>No solamente era uno de los invitados de honor, sino que además era uno de los instigadores de dichas fiestas, en las que los excesos (alimentarios, alcohólicos, sexuales &#8230;) era la norma. Se integró de tal manera a este nuevo estilo de vida, que desde muchos bandos fue duramente criticado (la relación de su compañero <em>John Adams </em>se deterioró a causa de esta estratégica). Sea como fuera, al convertirse en un personaje más de la corte, consiguió introducirse dentro de los pequeños círculos cercanos al Rey, lo que finalmente le ayudarán a crear el <em><strong>Tratado de París </strong></em>en 1783, con lo que aseguraba una <strong>alianza militar y económica entre Francia y EEUU</strong>. Este tratado fue, posiblemente, uno de los legados más costosos de su carrera. Nos encontramos ante un hombre de 77 años, con dolores constantes y problemas de salud muy serios, que con muy poca ayuda, ratificó el Tratado que llevaría a EEUU a ganar la guerra.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Aun así, su papel dentro de la historia no iba a acabar ahí. Un Franklin ya muy mermado por la edad será <strong>elegido como representante del estado de Pennsylvania en la <em>Convención de Filadelfia</em> para reformar de los <em>Artículos de Confederación </em></strong>(lo que con el tiempo se llamará la <em><strong>Convención Constitucional</strong></em>, pues se creará la Constitución de los EEUU). Hay que admitir que <strong>su papel en dicha convención fue muy circunstancial</strong>, pues sus intervenciones fueron escasas. Sin embargo, aunque la cantidad de intervenciones fueron pocas, la calidad fue mucha, pues Franklin solo intervenía en los momentos mas complejos. A los 81 años, fue el único <em>padre fundador</em> que firmó la Constitución, pues los demás estaban muertos o con obligaciones federales o estatales.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>     Benjamin Franklin era un pragmático</strong>. En una era de idealistas, su papel dentro de la historia americana será la de ese gran político que era <strong>capaz de convencer a sus oponentes y maniobrar en la sombra para conseguir su objetivo</strong>. Este <em>camaleón</em> político era capaz de adaptarse tanto a las clases pudientes de la <em>high society </em>londinense como a la aristocracia francesa y sus trivialidades. Los diferentes caminos hacia el objetivo es lo que convirtió a este personaje en una imagen pública y alabada alrededor del mundo, solo comparable con el primer presidente de los EEUU, <em><strong>George Washington</strong></em>. Su faceta política y científica es la que le convirtió en <strong>el Humanista más laureado de su época</strong>. Su sed de conocimiento (tenemos esbozos fascinantes de su último viaje desde Paris a EEUU, en 1785, donde vemos que sus ganas por conocer y entender la realidad aun eran inmensas) no tenía fin, e incluso el día de su muerte aun estaba pensando en escribir una serie de artículos en contra de la esclavitud. ¡Una mente incansable!</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-829"></span></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<h5 style="text-align: justify;">Notas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[1] El papel de las legislatura coloniales y el famoso slogan No taxation Without Representation, que mostraba el descontento con el nuevo papel intervencionista del Parlamento, al cual se le criticaba por imponer impuestos a subditos que no disponian de representación parlamentaria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[2] Afirmar que la Ilustración comenzó con la Guerra Civil Británica es más que osado. Sin embargo, sí que creo que muchas de los ideales de la ilustración fueron puestos en práctica, más o menos conscientemente, en el papel del Parlamento Largo Británico. La desmitificación de la figura del Rey, la importancia sobre el papel de la ciudadanía en los asuntos cotidianos (a través de sus representantes en el parlamento) fueron dos factores que, unidos con muchos otros (Declaración de Independencia de EEUU, Constitución de EEUU, Revolución Francesa &#8230;) fueron los que divulgaron los ideales ilustrados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[3] Para una explicación más detallada sobre este tema, mirar mi artículo sobre <a href="http://www.sarasuati.com/inicios-de-la-soberania-popular-en-las-colonias-norteamericanas/" target="_blank">L</a><a href="http://www.sarasuati.com/inicios-de-la-soberania-popular-en-las-colonias-norteamericanas/" target="_blank">os inicios de la soberanía popular en las colonias norteamericanas</a>, Sarasuati: vol.: 2009.01</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[4] En 1756 fue elegido miembro de la prestigiosa Royal Society, y en 1772 de la Academia de las Ciencias de París.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[5] Junto con el Dr. Thomas Bond</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[6] Morgan, E.S. (2003): pag. 215.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/06/john_hancock_signature_civics.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1366" style="margin-right: 10px;" title="john_hancock_signature_civics" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/06/john_hancock_signature_civics-150x150.jpg" alt="john_hancock_signature_civics" width="90" height="90" /></a>[7] Las razones por las que se explica porque J. Hancock firmó la Declaración de Independencia con una rúbrica tan grande (en comparación con los demás) son varias. Primero, por ser el presidente. Segundo, por ser un comerciante vanidoso que quería que se viese bien su firma en tal documento. Tercero, y posiblemente la más cercana a la realidad, por su expreso deseo de que el Rey de Inglaterra leyese su firma sin problema alguno (se dice que Jorge III tenía problemas de vista, y su relación de odio con J. Hancock le había llevado a poner precio a su cabeza).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/06/john_hancock_signature_civics.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bibliografía:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Franklin">Benjamin Franklin (biografía)</a>: Wikipedia.org.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">- Morgan, E. S. (2003), Benjamin Franklin. YaleNB: Yale University.</h5>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
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		<title>Lucio Anneo Séneca.</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jun 2009 18:16:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[Caligula]]></category>
		<category><![CDATA[Ciceron]]></category>
		<category><![CDATA[Erasmo de Rotterdam]]></category>
		<category><![CDATA[Neron]]></category>
		<category><![CDATA[Seneca]]></category>

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		<description><![CDATA[L. A. Séneca fue acusado de ser cómplice de los asesinatos cometidos durante el mandato de Claudio y de Nerón (...)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><em><strong>&#8220;Si la sabiduría se me otorgase bajo esta condición, de mantenerla oculta y no divulgarla, la rechazaría: sin compañía no es grata la posesión de bien alguno&#8221;</strong></em></p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/05/seneca-300x296.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-medium wp-image-1206" style="margin-right: 5px;" title="seneca" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/05/seneca-300x296.jpg" alt="seneca" width="300" height="296" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">     Lucio Anneo <strong>Séneca</strong> nació en <em>Corduba</em> (<a href="http://www.artencordoba.com/CORDOBA-ROMANA/Index-Cordoba-Romana.html"><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #0000ff;"><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #0000ff;"><span lang="ES">Córdoba romana</span></span></span></span></span></a><span lang="CA">) en el año 4 a.C. y murió en Roma donde pasó la mayor parte de su vida (murió 65 d.C.). Era un hombre muy rico ya que provenía de una familia que pertenecía a la clase social de los <em>equites</em> (orden ecuestre), y también muy culto gracias a su padre, Séneca el Retórico, que trasladó a toda su familia a Roma para dar a sus tres hijos una mejor educación. Poco sabemos de su vida, no dejó nada escrito sobre sus propias experiencias. Sin embargo, conocemos los reproches que algunos pensadores le hicieron. Fue acusado de ser cómplice de los asesinatos cometidos durante el mandato de <strong>Claudio</strong> y de <strong>Nerón</strong>, entre ellos los de <strong>Mesalina</strong>, el propio Claudio, <strong>Agripina</strong> y Británico. También se le reprochó su riqueza y su opulenta vida pública, contradictoria con la filosofía estoica que él defendía. A esta acusación, Séneca hábilmente se defendió contestando que no debía buscarse la riqueza pero tampoco rechazarse. El historiador <strong>Dión Casio</strong> (155-229) le reprochó su silencio ante los crímenes de Nerón así como su codicia y usura. <strong>San Agustín</strong> (354-430), denunció la contradicción que hubo entre su doctrina y su vida y escribió: “Éste, al que la filosofía hizo libre (…) practicaba lo que reprendía, hacía lo que criticaba y adoraba cuanto censuraba” (<em>La ciudad de Dios</em>, VI, 10).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="CA"><br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;">     A pesar de las críticas personales, en su tiempo, Séneca destacó pronto por su oratoria y fue un famoso cuestor (magistrado), filósofo, escritor y político durante la vida de tres emperadores romanos, Calígula, Claudio y Nerón. En tiempos de <strong>Calígula</strong> (emperador del año 37 a 41), parece ser que Séneca estuvo a punto de perder la vida. Cuentan que el emperador, envidioso de su oratoria, o bien por su impertinencia, quiso acabar con él, pero la suerte estaba de su lado y alguien le convenció para que no lo hiciese puesto que su enfermedad, la tisis, pronto acabaría con él. En tiempos de Calígula, según el biógrafo <strong>Suetonio</strong> (70-140), Séneca era “el escritor en boga entonces”. Pero su suerte le abandonó cuando Claudio (emperador de 41 a 54), ya en el poder e instigado por su mujer <strong>Mesalina</strong>, decidió expatriarle acusándole de adulterio con Julia Livilla, una de las hermanas de Calígula. Séneca fue desterrado a Córcega donde vivió durante ocho años hasta que <strong>Agripina</strong>, la madre de Nerón, sobrina y quinta esposa de <strong>Claudio</strong>, le hizo llamar para convertirle en preceptor de su hijo, quien tenía entonces once años. Explica Suetonio, que tampoco muestra mucho aprecio por el filósofo, que Séneca le obligó a no leer a los “autores antiguos con objeto de que su discípulo fijara sólo en él su admiración” (Suetonio, <em>Nerón</em>, LII). También se dice que Agripina ayudó a Séneca para que accediese a la política, enseguida fue nombrado pretor (magistrado por debajo del Cónsul) y entró en el Senado, con una sola intención, ganar para su hijo el prestigio que el culto preceptor podía darle.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">     Educador y hombre de confianza de <strong>Nerón</strong> (emperador del 54 a 68), Séneca dirigió la política estatal en compañía de Burro, nombrado por <strong>Agripina</strong> prefecto del Pretorio. Séneca fue nombrado Cónsul Sufecto dos años más tarde. Con el paso del tiempo los poderosos y hábiles consejeros, <strong>Burro y Séneca</strong> vieron cómo Agripina poco a poco se hacía con el poder, queriendo incluso retirar a su hijo de la candidatura a emperador en favor del hijo de Claudio, Británico. Avisado Nerón, mandó envenenar a su adversario. Finalmente, también ordenó matar a su madre para frenar sus numerosas intrigas palaciegas. A raíz de los desmanes del emperador, Séneca dejó su cargo como consejero. Durante tres años, Séneca, se dedicó exclusivamente a la literatura y a la filosofía, entonces recibió de Nerón la orden de suicidarse. De nuevo los datos que tenemos sobre el motivo de su condena no son claros. Unos dicen que participó en el complot de Calpurnio Pisón para derrocar a Nerón. Otros historiadores opinan que no intervino pero que fue inculpado tras la tortura de alguno de los participantes. El resultado, fuese cual fuese la realidad, fue el siguiente: todos fueron ajusticiados y Séneca fue condenado a quitarse la vida por orden del emperador. Los historiadores coinciden en la forma de su muerte, Séneca se dio muerte con una estoica firmeza. Antes de quitarse la vida, escribió una carta de adiós, bebió cicuta y se cortó las venas mientras se bañaba en agua caliente. Cuentan que su mujer Paulina también quiso seguirle, pero los soldados evitaron que se desangrase.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">     Pero antes de que esto ocurriese, Séneca había dejado escritas varias obras literarias, tragedias, sátiras, epístolas y diálogos, pero ha destacado sobre todo por su producción filosófica en la que exponía los preceptos de la <strong>filosofía estoica</strong>. Esta doctrina filosófica, nació en Atenas cuando <strong>Zenón de Citio</strong> (333-264 a.C.) fundó su escuela bajo un pórtico pintado (en griego <em>Stóa poililé</em>, de la palabra <em>Stoa</em> derivó estoicismo). La principal escuela filosófica en Roma desde el siglo II a.C., durante la época de la Roma Imperial se interesó principalmente por la ética. El estoicismo consideraba que la finalidad de la vida era obtener la felicidad gracias a la Virtud y esta se conseguía viviendo en conformidad con las leyes de la naturaleza. La premisa era adaptarse a las circunstancias de la vida y esto implicaba verse interesado por los problemas prácticos del día a día. Al mismo tiempo, aquellos hombres estoicos se alejaron de los problemas lógicos y físicos, y consecuentemente aumentó su interés por el espiritualismo que se concretó en un fuerte sentimiento religioso. En sus <strong>tratados</strong> el filósofo promulgaba el autoconocimiento y la liberación de pasiones y temores para no verse afectado por las desgracias. Séneca amenizaba la lectura de su obra combinando sus propuestas con ejemplos concretos, históricos o de su experiencia personal. Su éxito ha radicado en que las normas expuestas son válidas para todos, son universales e intemporales.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">     Entre su numerosa producción literaria destacó su tratado <strong>Sobre la brevedad de la vida</strong>. Aquí Séneca quiso explicar porqué se mostró contradictorio con su forma de vivir, ya que a pesar de defender el retraimiento del filósofo él no lo practicó hasta dejar la política. También destaca su explicación a cerca del tiempo vital, para unos tan corto y sin embargo para él tan largo. La vida, decía Séneca, se alarga cuando la filosofía ocupa la existencia humana, es sólo corta para quien no hace un uso correcto de ella: “el sabio escapa, sólo él, a las leyes del género humano y domina, como un dios, todos los períodos de la historia que están incluidos en su interior”. En <strong><em>Sobre la constancia del sabio</em></strong> Séneca demostraba que el sabio, firme y sereno frente a la adversidad, era inmune a las desgracias. Escribió también <em>Sobre la tranquilidad del espíritu</em>, <em>Sobre el ocio</em>, y dos obras de poca extensión que también tuvieron mucho eco entre los posteriores pensadores, <em>Sobre los beneficios</em> y <em>Sobre la clemencia</em>, dedicado al joven emperador Nerón cuando cumplió los dieciocho años, era el principio de su mandato conocido como una época de moderación. El filósofo le exhortaba y elogiaba para que tratara de evitar la tiranía, argumentándole los beneficios de la ausencia de crueldad. Debía ante todo ganarse al pueblo romano gracias a la clemencia y a la benevolencia. Nerón ya se había desprendido de Británico y Séneca temía que se repitiesen los tiempos de Calígula y Claudio, y así ocurrió cuando unos años más tarde, Nerón olvidó los dictados morales de su preceptor. En su tratado <em>Sobre la providencia</em>, Séneca propone que la existencia del mal fortalece al hombre sabio y esto es así porque Dios quiere que éstos sean ejemplo para las demás personas. Es Séneca el primer estoico que se preocupa más profundamente por la idea de Dios y dice que el hombre, en contra de los preceptos estoicos que suponían que los sabios eran perfectos, es estructuralmente pecador porque si no pecase “no sería hombre”.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>     El humanismo de Séneca</strong> es indudable, a demás de toda su preocupación intelectual y su papel en la política, el filósofo de <em>Corduba</em> se opuso a la esclavitud y a las diferencias sociales, para él “todos los hombres eran completamente iguales”. El estoicismo de Séneca hablaba de la hermandad entre los hombres y de la necesidad de encaminar la moral humana para hacer el bien. Cuando Nerón culpó a los cristianos del incendio de Roma, el sacrificio de éstos lanzó a la fama al cristianismo. Todo parece apuntar a que muchos de sus textos fueron utilizados más tarde por la moral cristiana. Séneca debe su fama al cristianismo antiguo que incluso dijo que el filósofo se había convertido al cristianismo. No existe prueba alguna sobre esta proposición. Fue a partir del emperador <strong>Marco Aurelio</strong> (121-180), cuando el estoicismo comenzó su ocaso y a finales del siglo III dejó de ser una corriente filosófica independiente. Séneca se convirtió en un referente para muchos pensadores y sobre todo para los Humanistas que le admiraron, no sólo por su estilo literario, sino ante todo por sus ideas. <strong>Erasmo de Rotterdam</strong>, por ejemplo, fue el primero en preparar una edición crítica de sus obras (1515). <strong>El humanista holandés aconsejaba leer “principalmente a Platón y a Séneca”.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>     </strong>Como hemos visto en estas dos primeras biografías, <strong>Cicerón y Séneca</strong> fueron un modelo a seguir para los literatos, filósofos y políticos obstinados en la conquista de la libertad y la dignidad humana. Ambos dedicaron su vida al estudio de los antiguos y sus obras han sido referentes para muchos pensadores. Pero, mientras que Cicerón propuso cómo mejorar la sociedad, Séneca se preocupó de mejorar la moral del ser humano. Ambos murieron condenados por quienes ostentaban entonces el poder y cuando ya habían abandonado la política. Ambos hicieron lo que proponían los socráticos, estar al lado del que gobierna para iluminarles en sus decisiones y obrar bien, es verdad que no lo consiguieron pero no dejaron de intentarlo. Sus palabras resurgieron con fuerza durante el Renacimiento y se concretaron sus ideales durante la época moderna.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span id="more-1010"></span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">BIBLIOGRAFÍA</span></strong></p>
<h5 style="text-align: left;">Cultura Clásica.com &gt; Literatura latina &gt; Filosofía: La filosofía en Roma <a href="http://www.culturaclasica.com/literatura/la_filosofia_en_roma.htm"><span style="color: #000000;"><span style="text-decoration: none;">http://www.culturaclasica.com/literatura/la_filosofia_en_roma.htm</span></span></a></h5>
<h5 style="text-align: left;">Suetonio, Los doce césares. Cayo Calígula y Nerón Claudio. Biblioteca de la Historia. Traducción: Jaime Arnal. Editorial Iberia, SARPE, Madrid, 1985.</h5>
<h5 style="text-align: left;">Reale, Giovanni; Antiseri, Dario (1983) Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo I: Antigüedad y Edad Media. Traducción: Juan Andrés Iglesias, Herder Editorial, S.L. (1988), 3ª edición, 1ª impresión 2004.</h5>
<h5 style="text-align: left;">Historia, National Geographic, núm. 25. Séneca, bajo la sombra de Nerón. RBA Revistas, S.A., Barcelona, 03/2006.</h5>
<h5 style="text-align: left;">Espluga, Xavier; Miró, Mònica (febrer 2002). Llengua i Cultura llatines, Mòdul 2, Gèneres i tòpics de la literatura llatina. Fundació per la Universitat Oberta de Catalunya, Barcelona. Material realitzat per Eurecamedia, S.L.</h5>
<h5 style="text-align: left;">Montanelli, Indro (1994) Historia de Roma. Barcelona: Novoprint, S.A. De Bolsillo.</h5>
<h5>Sénèque, De la Clémence Traduit par Franck Lemonde. Rivages poche / Petite Bibliothèque. Éditions Payot &amp; Rivages, Paris, 2005.</h5>
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		<title>Cicerón, el primer humanista</title>
		<link>http://www.sarasuati.com/ciceron-el-primer-humanista/</link>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 08:54:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>
		<category><![CDATA[Ciceron]]></category>
		<category><![CDATA[humanistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Los humanistas eran, según Cicerón (jurista y político, filósofo, escritor y también orador), aquellos hombres que se interesaban por la cultura, que mostraban curiosidad y un espíritu abierto hacia otras ideas y otros pueblos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span lang="ES"><br />
</span></p>
<p><a href="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/03/ciceron.jpg" class="highslide-image" onclick="return hs.expand(this);"><img class="alignleft size-full wp-image-555" style="margin-right: 5px; border: 2px solid black;" title="ciceron" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/03/ciceron.jpg" alt="ciceron" width="300" height="214" /></a></p>
<p><span lang="ES">     La selección de nuestro primer humanista, <strong>Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.)</strong>, responde a que su prolífica obra fue una de las más estudiadas por los humanistas italianos del Renacimiento, a demás, Cicerón fue el primero en definir el término <em>humanitas</em> (humanismo). Los humanistas eran, según Cicerón, aquellos hombres que se interesaban por la cultura, que mostraban curiosidad y un espíritu abierto hacia otras ideas y otros pueblos. Este romano, nacido en Arpino, fue jurista y luego político, filósofo, escritor y también un gran orador romano. Según el elocuente Cicerón, el buen orador debía tener conocimientos en Historia, Filosofía, Literatura y también Leyes, es decir, ser un verdadero humanista (escribió <em>De oratore</em> que versa sobre la formación del orador).</span></p>
<p><span lang="ES"><br />
</span></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>Cedant arma togae</strong></em></p>
<p style="text-align: center;"><em> </em>&#8220;Que se rindan las armas a la toga&#8221; (Cicerón [1])</p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="TEXT-ALIGN: center">
<p align="justify">     Durante el siglo I a.C., la República romana se vio perjudicada por grandes convulsiones sociales y políticas, César y Pompeyo se enfrentaron por el dominio del mundo romano. En aquella época turbulenta, los debates públicos eran numerosos y en sus discursos políticos los ciudadanos romanos argumentaban y defendían sus opiniones. Fue así como Cicerón triunfó en Roma. Gracias a su elocuencia utilizada tanto para sus <strong>discursos judiciales</strong> -como defensor o acusador-, como para los <strong>políticos</strong> -ante el Senado, asambleas, o en el Foro-, Cicerón alcanzó fama y éxito social.</p>
<p align="justify">
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Cicerón empezó su carrera profesional ejerciendo como <strong>abogado</strong>. En el año 70 a.C., fue escogido por los sicilianos para que ejerciese de fiscal contra el gobernador Verres acusado de corrupción. En sus discursos <em><strong>Acciones contra Verres</strong></em> el abogado romano consiguió demostrar su culpabilidad y Verres se exilió antes de ser condenado. Pero conocemos mejor al Cicerón <strong>político.</strong> Comenzó su carrera política con su ataque a los excesos de la dictadura de Lucio Cornelio Sila (138-78 aC.) y fue elegido cónsul en el año 63 a. C. Su primer discurso en el Senado, las <strong><em>Catilinarias</em></strong>, lo dirigió contra Lucio Sergio Catilina candidato a cónsul. Cicerón hizo públicas sus intenciones conspiratorias y al día siguiente lo hizo ante el pueblo: <em>En verdad, hemos vencido, sin combate, al único capitoste de esta guerra doméstica</em> (<em>Las Catilinarias</em>).</p>
<p align="justify">
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     El nuevo cónsul, por un año, basó su <strong>ideal político</strong> en la obra del ateniense Platón y del estagirita Aristóteles. Cicerón escribió sus dos obras políticas, <em>De Re Publica</em> y <em>De Legibus</em>, basándose en las dos obras homónimas de Platón. Su objetivo era el de proporcionar a su querida Roma el mejor modelo de organización política y éste era el de la República. Cicerón proponía una constitución mixta donde se equilibraran las fuerzas de los poderes públicos. Según su propuesta: el pueblo es la fuente legítima del poder; la ley es la norma orgánica que surge de la comunidad, canon y guía de la justicia; la ley debe estar conectada con la moralidad; y debía existir una conexión entre el ejercicio y la responsabilidad del poder. El ciudadano quedaba así adherido al Estado, era responsable de éste y también su fiel servidor. Como se puede inferir, el ideal político de Cicerón fundamentó las constituciones políticas occidentales.</p>
<p align="justify">
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Cuando César se hace con el poder absoluto (48 a.C.), Cicerón escribió los <strong><em>Discursos cesarianos</em></strong> con el fin de obtener la clemencia de César quien quería desembarazarse de los senadores que le eran hostiles, entre ellos el propio Cicerón. César se mostró magnánimo, pero Cicerón consideró más conveniente retirarse de la actividad política. Volvió tras el asesinato de Julio César (44 a.C.) y se enfrentó al nuevo hombre fuerte de Roma, Marco Antonio (83-30 a.C.). Contra él van dirigidas sus últimas obras oratorias, las <strong><em>Filípicas</em></strong>. Esta serie de discursos políticos se caracterizaron sobre todo por su saña contra el triunvirato de Marco Antonio, Octavio y Lépido, e inscribieron a Cicerón en la lista de los proscritos. Cicerón murió asesinado por orden de Marco Antonio (43 a.C.).</p>
<p align="justify">
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Pero volvamos a su obra, esta vez la filosófica. Cicerón es considerado hoy como un <strong>filósofo</strong> escéptico y ecléctico, pero también hay quienes afirman que no era tal, sino tan sólo un hombre muy culto. En todo caso, el pensamiento de Cicerón se adhería a la teoría que le parecía la más probable, es decir, la que le aportase más pruebas para concluir que aquella propuesta era la más aceptable. Su posición filosófica se debatió siempre entre todas las doctrinas porque aceptaba la duda. Este era el motivo por el cual Cicerón se mostró siempre muy crítico con las doctrinas filosóficas del momento, la <strong>filosofía epicúrea y la estoica</strong>, si bien se decantaba hacia la última tampoco podía aceptarla puesto que sus seguidores se autoproclamaban poseedores de la verdad y su dogmatismo, según Cicerón, restringía su libertad. Sin embargo, como ellos, el polifacético Cicerón seguía a la naturaleza que era según él y los estoicos <em>la guía mejor, y la obedezco como a un dios</em>. La crítica radical a la filosofía epicúrea radicaba en que ésta basaba su conocimiento en una doctrina sensista (a través de los sentidos) y que sólo se preocupaba por su felicidad individual y los placeres. Bajo el influjo de la Nueva Academia –los filósofos que siguieron en la Academia platónica–, Cicerón huía de los dogmatismos absolutistas, aceptaba el debate y emitía análisis razonados.</p>
<p align="justify">
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     El ideal ciceroniano, <em>humanitas</em>, consistía en la certeza de que las actividades espirituales, desarrolladas libre y harmónicamente, dominaban las tendencias inferiores y ponían orden y medida incluso en el comportamiento. Su obra filosófica quiso también ser una guía práctica para la conducta privada y pública. Estos postulados, entre otros, aparecen en sus numerosos tratados. Citaré <strong><em>Sobre la vejez</em></strong>, un breve tratado donde Cicerón refuta los inconvenientes de la vejez y propone un modelo de conducta para jóvenes y ancianos. Su exposición teórica utiliza la forma del diálogo para facilitar la exposición de sus ideas y hacer la lectura filosófica más amena. Tras su desaparición, y a pesar de los siglos transcurridos, se ha valorado siempre muy positivamente su obra filosófica, pero si por algo se le consideró un modelo a seguir entre los posteriores humanistas fue por la latinización de la filosofía helena. Gracias a su obra llegaron muchas traducciones de los filósofos griegos a manos renacentistas. Era su obsesión, en el buen sentido de la palabra, el comprender el pensamiento heleno y aplicarlo a la cultura latina, según él, profundamente vacía. Cicerón propagó en Europa el pensamiento filosófico griego y latino, lo transmitió al mundo occidental.</p>
<p align="justify">
<p align="justify"> </p>
<p align="justify">     Toda la elocuencia del sabio neo-académico, Cicerón, estaba destinada a convencer, instruir y complacer a un público determinado, sus discursos siempre tuvieron una intencionalidad política o judicial. Cicerón era muy rico, cuenta el historiador Indro Montanelli (<em>Historia de Roma</em>, 2007) era propietario de numerosas villas, incluso <em>un palacio de tres millones y medio en el Palatino. Todo era comprado con préstamos de los clientes, pues la Ley prohibía a los abogados presentar minutas… Pero Cicerón imaginó, además, otro medio para enriquecerse: los testamentos, en los que se hacía nombrar heredero. En treinta años heredó de sus clientes veinte millones de sestercios…</em> (p. 221). Así pues, Cicerón no sólo dedicaba su sabiduría y arte de la dicción a menesteres altruistas, sus biografías parecen coincidir en que era un hombre muy ambicioso. Sin embargo, a pesar de toda su maña y elocuencia no pudo salvar su vida ni tampoco a la República romana.</p>
<p align="justify">
<p align="justify"> </p>
<p align="justify"><span id="more-522"></span></p>
<p align="justify">
<h5><span style="text-decoration: underline;">Notas:</span></h5>
<h5>[1]  &#8220;Ciceron&#8221; deriva de cicer (garbanzo) dado que su familia (los Tulia de Arpino) se dedicaba al cultivo del garbanzo.</h5>
<p> </p>
<p> </p>
<h5><span style="text-decoration: underline;">Bibliografía</span></h5>
<h5>Espluga i Corbalán, Xavier; Miró i Vinaixa, Mònica (2002). <em><span style="text-decoration: underline;">Material UOC: Llengua i cultura llatines. Gèneres i tòpics de la literatura llatina</span></em>. Barcelona: UOC. Eurecamedia, S.L.</h5>
<h5>Del Pozo Álvarez, Joan Manuel (1997). <em><span style="text-decoration: underline;">Material UOC: Història del pensament filosòfic i científic. Crisi Grega, transició romana, inici medieval</span></em>. Barcelona: RBA Realizaciones Editoriales, S.L.</h5>
<h5>Cicerón, Marco Tulio, <em><span style="text-decoration: underline;">Acerca de la vejez</span></em>. Introducción y traducción: Luís González Platón. Madrid: Ediciones Sequitur, 2008.</h5>
<h5>Lane Fox, Robin (2007), <em><span style="text-decoration: underline;">El mundo Cásico, la epopeya de Grecia y Roma</span></em>. Barcelona: Crítica, S.L.</h5>
<h5>Montanelli, Indro (1994), <em><span style="text-decoration: underline;">Historia de Roma</span></em>. Barcelona: Novoprint, S.A. De Bolsillo.</h5>
<h5>Cultura Clásica .com &gt;Secciones &gt; Literatura romana &gt; Filosofía &gt; La Filosofía en Roma &gt;<span style="color: #0000ff;"> </span><a href="http://www.culturaclasica.com/literatura/la_filosofia_en_roma.htm" target="_blank"><span style="text-decoration: none;"><span style="color: #0000ff;">2.3.2. Marco Tulio Cicerón</span></span></a>. (106-43 a.C.)</h5>
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		<title>Las Humanidades y los Humanistas</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Feb 2009 22:10:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pili</dc:creator>
				<category><![CDATA[.Bio]]></category>

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		<description><![CDATA[ La mente humanista, entonces y hoy en día, sigue navegando sin quere adherirse a nadie ni a nigún pensamiento en concreto]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-medium wp-image-357" src="http://www.sarasuati.com/wp-content/uploads/2009/02/humanidadeshumanistas-300x231.jpg" alt="humanidades y humanistas" width="300" height="231" />     La revista <strong><em>Sarasuati </em><span style="font-weight: normal;">[1]</span><em> </em></strong>que empieza su singladura con este número está dedicada a las <strong><span style="text-decoration: underline;">Humanidades</span></strong>, concepto éste que engloba un gran número de temáticas que confluyen alrededor del ser humano como pensador y hacedor. Como afirmó el humanista florentino Giannozzo Manneti (1396-1459) <em><strong>agere et intelligere </strong></em>(obrar y comprender) esto es lo que nos caracteriza y nos diferencia del reino animal. Adquirir conocimientos y obtener logros de todo tipo son las metas que definen el camino del humanista. Intelectual que persigue un ideal, el de ser “capaz de juntar la vida activa y contemplativa (estudio) como expresión del hombre integral”, escribe Pedro R. Santidrián. [2]</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     A principios del Renacimiento, el <strong><span style="text-decoration: underline;">humanista </span></strong>era un pedagogo, un profesor de lenguas clásicas. Pero el vocablo amplió su significado y englobó a todos aquellos que se interesaron por la historia, la política, la literatura, la filosofía, la ética o la religión, por ejemplo. Este era el caso del historiador humanista Leonardo Bruni (1370-1444) que consideró que se “debía formar a los alumnos para una vida al servicio activo de la comunidad civil” y que abogó porque la enseñanza incluyera estudios de gramática, retórica, filosofía moral e historia. El movimiento humanista “se convirtió en un modo de pensar y de vivir en torno a una idea principal, el hombre” [3].  En esta sección presentaremos las <strong>biografías de algunos de los humanistas que han influido en la concepción actual del mundo occidental</strong> y que iremos conociendo en los sucesivos números de Sarasuati.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     Son muchas las personas que me preguntan para qué sirve esta carrera –o grado– y qué es lo que estudiamos. Difíciles preguntas –aunque no lo parezca– que requieren un alto grado de perspicacia y de síntesis para evitar que al oyente se le arqueen las cejas o resuma él mismo diciendo: &lt;&lt;¡Ah, es como un hobby! Sí pero no, acabo contestando&gt;&gt; y se hace un silencio. En algunos casos recurro a la exposición teórica de los objetivos docentes de los estudios de Humanidades, y en otros nombro su oferta profesional circunscrita a las empresas culturales: editoriales, periódicos, etc. y labores culturales dentro de instituciones públicas o privadas.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     En mi opinión es imprescindible comenzar por la explicación y comprensión que en la actualidad se tiene de esta carrera universitaria llamada hasta la fecha Humanidades y que con el nuevo Plan Bolonia pasa a llamarse Grado de Humanidades. En la actualidad la <strong><span style="text-decoration: underline;">Licenciatura de Humanidades </span></strong>tiene por objetivo el de formar y capacitar “para la intervención crítica en el entorno cultural y social”, así como para “poder responder profesionalmente a la gestión cultural”, es decir, “potenciar el mundo del saber en ámbitos académicos o sociales”. Con este fin las materias para una “formación general crítica” son aquellas que se enumeran seguidamente: historia, literatura, historia del arte, cultura clásica, filosofía, técnicas de expresión oral y escrita, política y gestión cultural. Se supone que, tras estos estudios, el licenciado dispondrá de “unos conocimientos generales, con la posibilidad de especializarse en ciertos ámbitos” [4]. </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">     El filósofo José Mª Valverde escribió sobre la mente humanista: &#8220;es sintética, acumulativa y ecléctica&#8221; [5].  Esta afirmación querdará comprobada a lo largo de este viaje a través de las mentes más preclaras de nuestra historia. La mente humanista, entonces y hoy en día, sigue navegando sin quere adherirse a nadie ni a nigún pensamiento en concreto. Como veremos en nuestro próximo artículo dedicado a Cicerón, el abogado latino se adhería a la teoría que le parecía la más probable, la más creíble. Su eclecticismo le llevó a destacar, entre las doctrinas filosóficas de los antiguos griegos y las de su época, las propuestas que le parecían las mejores y que congeniaban con su pensamiento. El ideal ciceroniano nos espera.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<h2><strong><span style="text-decoration: underline;"><span style="text-decoration: none;">Bibliografia / Notas al Pie :</span></span></strong></h2>
<h5><em><span style="font-weight: normal;">[1] Sárasuatï, nombre de la diosa hindú de la música y la sabiduría.<br />
</span></em></h5>
<h5><em><span style="font-weight: normal;">[2] Valla, Lorenzo; Ficino, Marsilio; Poliziano, Angelo; Pico della Mirandola; Pomponazzi, Pietro; Castiglione, Baldassare; Guicciardini, Francesco; Humanismo y Renacimiento, selección y traducción Pedro Rodríguez Santidrián. Introducción. Área de conocimiento: Humanidades, Alianza Editorial, Madrid (1ª edición, 2007).<br />
</span></em></h5>
<h5><em><span style="font-weight: normal;">[3] ArteHistoria, Revista Digital, El humanismo: http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/1849.htm ISSN: ARTEHISTORIA 1887-4398 (15/2/2009)<br />
</span></em></h5>
<h5><em><span style="font-weight: normal;">[4] UOC, Universitat Oberta de Catalunya: Secretaría &gt; Plan de Estudios &gt; Licenciatura de Humanidades (2º ciclo). (15 febrero 2009).<br />
</span></em></h5>
<h5><em><span style="font-weight: normal;">[5] Valverde, José Mª (1980) Vida y muerte de las ideas. Pequeña historia del pensamiento occidental. Colección Ensayo, Editorial Planeta, S.A. Barcelona, 3ª edición, 1982, pág.78.</span></em></h5>
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