Cicerón, el primer humanista
La selección de nuestro primer humanista, Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), responde a que su prolífica obra fue una de las más estudiadas por los humanistas italianos del Renacimiento, a demás, Cicerón fue el primero en definir el término humanitas (humanismo). Los humanistas eran, según Cicerón, aquellos hombres que se interesaban por la cultura, que mostraban curiosidad y un espíritu abierto hacia otras ideas y otros pueblos. Este romano, nacido en Arpino, fue jurista y luego político, filósofo, escritor y también un gran orador romano. Según el elocuente Cicerón, el buen orador debía tener conocimientos en Historia, Filosofía, Literatura y también Leyes, es decir, ser un verdadero humanista (escribió De oratore que versa sobre la formación del orador).
Cedant arma togae
“Que se rindan las armas a la toga” (Cicerón [1])
Durante el siglo I a.C., la República romana se vio perjudicada por grandes convulsiones sociales y políticas, César y Pompeyo se enfrentaron por el dominio del mundo romano. En aquella época turbulenta, los debates públicos eran numerosos y en sus discursos políticos los ciudadanos romanos argumentaban y defendían sus opiniones. Fue así como Cicerón triunfó en Roma. Gracias a su elocuencia utilizada tanto para sus discursos judiciales -como defensor o acusador-, como para los políticos -ante el Senado, asambleas, o en el Foro-, Cicerón alcanzó fama y éxito social.
Cicerón empezó su carrera profesional ejerciendo como abogado. En el año 70 a.C., fue escogido por los sicilianos para que ejerciese de fiscal contra el gobernador Verres acusado de corrupción. En sus discursos Acciones contra Verres el abogado romano consiguió demostrar su culpabilidad y Verres se exilió antes de ser condenado. Pero conocemos mejor al Cicerón político. Comenzó su carrera política con su ataque a los excesos de la dictadura de Lucio Cornelio Sila (138-78 aC.) y fue elegido cónsul en el año 63 a. C. Su primer discurso en el Senado, las Catilinarias, lo dirigió contra Lucio Sergio Catilina candidato a cónsul. Cicerón hizo públicas sus intenciones conspiratorias y al día siguiente lo hizo ante el pueblo: En verdad, hemos vencido, sin combate, al único capitoste de esta guerra doméstica (Las Catilinarias).
El nuevo cónsul, por un año, basó su ideal político en la obra del ateniense Platón y del estagirita Aristóteles. Cicerón escribió sus dos obras políticas, De Re Publica y De Legibus, basándose en las dos obras homónimas de Platón. Su objetivo era el de proporcionar a su querida Roma el mejor modelo de organización política y éste era el de la República. Cicerón proponía una constitución mixta donde se equilibraran las fuerzas de los poderes públicos. Según su propuesta: el pueblo es la fuente legítima del poder; la ley es la norma orgánica que surge de la comunidad, canon y guía de la justicia; la ley debe estar conectada con la moralidad; y debía existir una conexión entre el ejercicio y la responsabilidad del poder. El ciudadano quedaba así adherido al Estado, era responsable de éste y también su fiel servidor. Como se puede inferir, el ideal político de Cicerón fundamentó las constituciones políticas occidentales.
Cuando César se hace con el poder absoluto (48 a.C.), Cicerón escribió los Discursos cesarianos con el fin de obtener la clemencia de César quien quería desembarazarse de los senadores que le eran hostiles, entre ellos el propio Cicerón. César se mostró magnánimo, pero Cicerón consideró más conveniente retirarse de la actividad política. Volvió tras el asesinato de Julio César (44 a.C.) y se enfrentó al nuevo hombre fuerte de Roma, Marco Antonio (83-30 a.C.). Contra él van dirigidas sus últimas obras oratorias, las Filípicas. Esta serie de discursos políticos se caracterizaron sobre todo por su saña contra el triunvirato de Marco Antonio, Octavio y Lépido, e inscribieron a Cicerón en la lista de los proscritos. Cicerón murió asesinado por orden de Marco Antonio (43 a.C.).
Pero volvamos a su obra, esta vez la filosófica. Cicerón es considerado hoy como un filósofo escéptico y ecléctico, pero también hay quienes afirman que no era tal, sino tan sólo un hombre muy culto. En todo caso, el pensamiento de Cicerón se adhería a la teoría que le parecía la más probable, es decir, la que le aportase más pruebas para concluir que aquella propuesta era la más aceptable. Su posición filosófica se debatió siempre entre todas las doctrinas porque aceptaba la duda. Este era el motivo por el cual Cicerón se mostró siempre muy crítico con las doctrinas filosóficas del momento, la filosofía epicúrea y la estoica, si bien se decantaba hacia la última tampoco podía aceptarla puesto que sus seguidores se autoproclamaban poseedores de la verdad y su dogmatismo, según Cicerón, restringía su libertad. Sin embargo, como ellos, el polifacético Cicerón seguía a la naturaleza que era según él y los estoicos la guía mejor, y la obedezco como a un dios. La crítica radical a la filosofía epicúrea radicaba en que ésta basaba su conocimiento en una doctrina sensista (a través de los sentidos) y que sólo se preocupaba por su felicidad individual y los placeres. Bajo el influjo de la Nueva Academia –los filósofos que siguieron en la Academia platónica–, Cicerón huía de los dogmatismos absolutistas, aceptaba el debate y emitía análisis razonados.
El ideal ciceroniano, humanitas, consistía en la certeza de que las actividades espirituales, desarrolladas libre y harmónicamente, dominaban las tendencias inferiores y ponían orden y medida incluso en el comportamiento. Su obra filosófica quiso también ser una guía práctica para la conducta privada y pública. Estos postulados, entre otros, aparecen en sus numerosos tratados. Citaré Sobre la vejez, un breve tratado donde Cicerón refuta los inconvenientes de la vejez y propone un modelo de conducta para jóvenes y ancianos. Su exposición teórica utiliza la forma del diálogo para facilitar la exposición de sus ideas y hacer la lectura filosófica más amena. Tras su desaparición, y a pesar de los siglos transcurridos, se ha valorado siempre muy positivamente su obra filosófica, pero si por algo se le consideró un modelo a seguir entre los posteriores humanistas fue por la latinización de la filosofía helena. Gracias a su obra llegaron muchas traducciones de los filósofos griegos a manos renacentistas. Era su obsesión, en el buen sentido de la palabra, el comprender el pensamiento heleno y aplicarlo a la cultura latina, según él, profundamente vacía. Cicerón propagó en Europa el pensamiento filosófico griego y latino, lo transmitió al mundo occidental.
Toda la elocuencia del sabio neo-académico, Cicerón, estaba destinada a convencer, instruir y complacer a un público determinado, sus discursos siempre tuvieron una intencionalidad política o judicial. Cicerón era muy rico, cuenta el historiador Indro Montanelli (Historia de Roma, 2007) era propietario de numerosas villas, incluso un palacio de tres millones y medio en el Palatino. Todo era comprado con préstamos de los clientes, pues la Ley prohibía a los abogados presentar minutas… Pero Cicerón imaginó, además, otro medio para enriquecerse: los testamentos, en los que se hacía nombrar heredero. En treinta años heredó de sus clientes veinte millones de sestercios… (p. 221). Así pues, Cicerón no sólo dedicaba su sabiduría y arte de la dicción a menesteres altruistas, sus biografías parecen coincidir en que era un hombre muy ambicioso. Sin embargo, a pesar de toda su maña y elocuencia no pudo salvar su vida ni tampoco a la República romana.
Notas:
[1] “Ciceron” deriva de cicer (garbanzo) dado que su familia (los Tulia de Arpino) se dedicaba al cultivo del garbanzo.
Bibliografía
Espluga i Corbalán, Xavier; Miró i Vinaixa, Mònica (2002). Material UOC: Llengua i cultura llatines. Gèneres i tòpics de la literatura llatina. Barcelona: UOC. Eurecamedia, S.L.
Del Pozo Álvarez, Joan Manuel (1997). Material UOC: Història del pensament filosòfic i científic. Crisi Grega, transició romana, inici medieval. Barcelona: RBA Realizaciones Editoriales, S.L.
Cicerón, Marco Tulio, Acerca de la vejez. Introducción y traducción: Luís González Platón. Madrid: Ediciones Sequitur, 2008.
Lane Fox, Robin (2007), El mundo Cásico, la epopeya de Grecia y Roma. Barcelona: Crítica, S.L.
Montanelli, Indro (1994), Historia de Roma. Barcelona: Novoprint, S.A. De Bolsillo.
Cultura Clásica .com >Secciones > Literatura romana > Filosofía > La Filosofía en Roma > 2.3.2. Marco Tulio Cicerón. (106-43 a.C.)
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