Concepciones del tiempo, del pasado y del poder en el Antiguo Egipto. (2ª parte)

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MAAT El concepto del tiempo y del pasado en una sociedad como la del antiguo Egipto, dónde todo gira alrededor de mitos y arquetipos, es cíclico, nunca lineal. Los egipcios no concebían una sucesión cronológica de los hechos singulares del pasado, sino que creían en una sucesión de actualizaciones de arquetipos primordiales. Para las sociedades de DL, hay un tiempo lineal y un avance, pero para la sociedad del Antiguo Egipto hay un constante retorno al Sep Tepy, porque es éste el que dota de significado a los hechos y a la vida. Por lo tanto, el hombre del antiguo Egipto no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que él hace ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestas inauguradas por otros.Es por eso que los antiguos egipcios no pueden concebir un registro de los hechos del pasado en un sentido histórico, puesto que todos los hechos factuales que no tengan relación con lo sagrado (repetición de un arquetipo …) carecen de importancia, y por lo tanto se olvidan o incluso se prohíben. Hay que dejar bien claro que el tiempo lineal, profano, también existe en las sociedades de DM, lo que pasa es que es irrelevante. Los egipcios eran conscientes de la existencia del tiempo profano, pero no le daban importancia porque el operativo era el tiempo sagrado de los mitos y arquetipos.

El concepto del poder del faraón está relacionado con todas las características antes mencionadas, pues este es la figura más importante y de referencia dentro de la estructura de esta sociedad de DM. El papel del faraón se afirma en la época de Nemes. Se afirma porque éste es considerado el unificador de los pueblos del Alto y bajo Egipto, uniendo dos pueblos que tenían ya una cultura espiritual común muy arraigada [vi]. Por lo tanto, Nemes fue el fundador de una monarquía unida. La realeza, en cuanto a concepto determinante mantenido como fuerza viva en toda la historia del país, no existió antes de Nemes.

En este punto puede surgir una duda: ¿Porqué la conquista de Nemes perduró por tantos siglos? Hay una doble base para contestar a esta duda. En primer lugar, la unificación de Egipto se vio no como un resultado efímero de ambiciones conflictivas, sino como la revelación de un orden predestinado, siendo así como se seguirá considerando a lo largo de la historia del Antiguo Egipto. La función primordial del faraón egipcio era la de mantener el Maat [vii]. Siendo el faraón el intermediario entre los Dioses y los hombres, éste estaba al servicio de la comunidad, garantizando su bienestar y su desarrollo. El faraón, especialmente durante las épocas de poder centlizado [viii], tenían a la vez un poder cósmico y político. Él era quien mantenía la armonía cósmica a través de los grandes rituales religiosos, pero era también quien gobernaba y controlaba la administración y el ejército. La figura del faraón se encajó perfectamente con las creencias del alto y bajo Egipto, creando una figura sólida que sobreviviría durante muchos siglos. En segundo lugar, la monarquía dual, al proclamarse Nemes El señor de las dos tierras [ix], armonizaba perfectamente con la mentalidad egipcia, dándole ese sentido final de eternidad. Ver el mundo como un conjunto de dualidades contrapuestas en un equilibrio inalterable [x] era un pensamiento profundamente arraigado en la mentalidad del Egipto predinástico. Por ejemplo, el universo en su conjunto recibía la denominación de cielo y tierra. A la vez, la idea de tierra se concebía también dualmente, como norte y sur, como las porciones de Horus y Set. Esta dualidad de la monarquía siguió hasta el último faraón, apareciendo éste unas veces como el Rey del alto Egipto y otras como el del Bajo Egipto; Había incluso santuarios duales. La incorporación de los Dioses Horus y Set, antagonistas per se [xi], es otro ejemplo de este dualismo para el cual el todo es el equilibrio de dos contrarios: Esta fórmula expresa que el faraón ha aplastado la oposición y ha reconciliado a las fuerzas en conflicto, que representa un orden inmutable. En resumen, el mito (o principios esenciales de una sociedad de DM [xii]) no surge de los hechos, sino que pertenece a una dimensión transcendente, siéndoles previo y cuya función es dar un contexto ideológico: El poder del faraón y sus raíces no es un invento de Nemes, sino que éste las conduce hacia el mito.

El faraón era concebido como un Dios encarnado, cuya función principal era la de mantener la Maat. Para mantener esta estabilidad, el faraón disponía de un poder absoluto en los ámbitos político (administrativo y ejecutivo), legislativo y militar. Este poder absoluto no era mal visto por los egipcios, que incluso en momentos de crisis [xiii] nunca dudaron de la veracidad del poder del faraón y de que éste volvería a poner orden en el cosmos. Este absolutismo era aceptado de muy buen grado por los habitantes del antiguo Egipto, lo que explica que nunca hubiese revuelta popular alguna. Este ser todopoderoso es capaz incluso de dominar y promover los procesos naturales, especialmente la inundación del Nilo. El poder del faraón no se limitaba sólo a este mundo, sino que también podía suscribirse al más allá. El faraón muerto conserva su poder en este mundo y también en la otra vida, donde ayudará y protegerá a sus súbditos de igual manera que lo hizo en vida. Para poder cumplir con éxito sus diversas funciones, el faraón se tiene que mantener puro e impoluto. Por eso, el rey egipcio estaba sometido a diversas limitaciones, prohibiciones y regulaciones dentro de su vida personal y pública. Sin embargo, ésta rigidez y control era ritual, no política. Existe un ámbito para los ritos y la dimensión cósmica del poder, muy regulada, y otro ámbito del poder político, legislativo y militar.

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[vii] El orden cósmico

[viii] Reino antiguo, medio, nuevo y la época Saita.

[ix] Monarca único del Alto y Bajo Egipto

[x] La característica idea egipcia de que un todo se compone de dos partes contrarias.

[xi] Horus y Set eran los símbolos mitológicos de todo conflicto. La lucha es un elemento del universo que no puede ser ignorado; Set se ve siempre avasallado por Horus, pero nunca llega a ser destruido. Tanto Horus como Set se hieren en la lucha, pero al final hay una reconciliación: Horus establece el equilibrio estático del cosmos. La reconciliación, un orden inmutable en que las fuerzas conflictivas juegan la parte que les corresponde: he aquí el criterio egipcio acerca del mundo y también su concepto del estado.

[xii] En el caso del Antiguo Egipto, tanto la unificación vista como una revelación de un orden predestinado y la dualidad de esta sociedad.

[xiii] Nunca se pensó, en estos periodos de crisis (Épocas intermedias) en una vuelta a las condiciones predinásticas, sino más bien en una caída en desgracia.

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Bibliografía

- Cervelló, J. (1996), Egipto y África. Origen de la civilización y la monarquía faraónicas en su contexto africano. Ed. Ausa: Sabadell. Capítulo I, párrafos 6, 15-18.

- Cervelló, J. (1996), Arquetipo y clasicismo en la historia del antiguo Egipto. Una refelxión. En Studia Africana 7, pág. 43-57.

- Eliade, M. (2006), El mito del eterno retorno. Alianza editorial / emecé: Madríd. Capítulos I y IV.

- Frankfort, H. (1981), Reyes y Dioses. Alianza: Madrid. Capítulos 1 y 4.

- Padró, J. (2006), Historia del Egipto faraónico. Alianza Editorial: Madrid.

 

 


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About Iván Matellanes

Administrador, editor y creador de la e-Revista de Humanidades Sárasuatī, soy Licenciado en Filología Inglesa (UAB) y estudiante de último año de Humanidades (UOC). Además, tengo un Máster en "Teaching English as a foreign language" (UPF) y actualmente estoy cursando otro Máster oficial en "Estudios Norteamericanos" (UAH). Soy profesor de Inglés de ESO en la provincia de Castellón. Me gusta mucho la historia Americana y el pensamiento político estadounidense, ámbitos en los que me estoy especializando y alrededor de los cuales me gustaría disertar en un futuro.

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