El calendario romano

 

 

 

Los diferentes calendarios.

La historia de Roma abarca más de mil años desde su mítica fundación en 753 a.C.[1] hasta su desintegración en 476, un periodo lo bastante largo como para que se crearan varios sistemas de medición del tiempo y para hacer muchas reformas y ajustes. La política expansionista llevó a Roma a asimilar multitud de influencias de todo tipo que enriquecieron y transformaron la percepción que tenían del paso del tiempo, y que les permitieron entrar en contacto con herramientas mejores que tarde o temprano terminaron integrando. Todos esos cambios se fueron haciendo de modo muy paulatino. No hay que olvidar que se trataba de una sociedad enormemente conservadora, con una visión idealizada de su pasado glorioso y muy reacia a introducir cambios. Por eso, Roma no tuvo sólo un calendario sino tres, dos de ellos lunares y uno solar, de ahí la complejidad de hablar del calendario romano. En su lugar, y para que sea más claro, se hablará del calendario de Rómulo, del calendario de Numa Pompilio y del calendario juliano, del que somos herederos casi directos.

La mentalidad romana no estuvo nunca demasiado preocupada por una medición exacta del tiempo, lo que explica que conservaran durante tanto tiempo un calendario tan complejo e inexacto como el de Numa y se desviaran tan a menudo del ciclo anual. Cuando en 263 a.C. llegó a Roma el primer reloj de sol proveniente de Sicilia, éste marcaba incorrectamente las horas porque se había diseñado para otro lugar, lo que tardó 99 años en solucionarse. Hay también muchas referencias[2] de autores de la época que se lamentan de la inexactitud de los relojes. Tanto la hora como el propio calendario estaban sujetos a error y a la arbitrariedad de las autoridades. Por ejemplo, cuando por influencia griega se introdujo la clepsidra para medir el tiempo en los juicios, muchos jueces las trucaban para favorecer a alguna de las partes. Los meses intercalares, de duración variable, se utilizaban como herramienta política por los pontífices, siempre cercanos a las esferas del poder. En suma, la exactitud no era algo demasiado importante para los romanos.

Como sucede en muchos otros casos, el calendario tenía tres finalidades: una agrícola, una religiosa y otra civil. Hay que añadir la componente económica, que tuvo una considerable importancia. El propio nombre de Kalendarium se refiere al libro de cuentas donde se apuntaban las deudas y se usaba para calcular los intereses. El mes intercalar se conocía como mercedonius, que derivaba de la palabra “interés” (merces), que se pagaban entonces. En el ámbito religioso, el calendario estaba plagado de tabúes y restricciones supersticiosas que impedían llevar a cabo determinadas actividades. Esto hizo que la gestión del mismo fuera prerrogativa del Pontifex Maximus, un monopolio que se rodeó de un halo de misterio y secreto hasta bien entrada la República.

El calendario de Rómulo.

El primer calendario romano conocido se atribuye al propio Rómulo, el primer rey legendario de Roma que según la tradición habría gobernado entre 752 y 717 a.C. Se trataba de un arcaico calendario lunar diseñado con una clara orientación agrícola. El año comenzaba en marzo, que además era el inicio de la temporada de campañas militares, y tenía una duración de 304 días distribuidos en diez meses, siendo el último diciembre. No se consideró necesario contar el tiempo improductivo en el que el campo no se trabajaba, con lo cual esos 60 días adicionales no existían a efectos del calendario. Como se verá, los nombres de los meses se conservaron en las siguientes reformas salvo en el caso de Julio y Agosto. Los meses eran Martius, Aprilis, Maius y Iunius, tras lo cual los siguientes se denominaban por su ordinal en latín: Quintilis, Sextilis, September, October, November, December. La duración de los meses era de 31 días en el caso de Martius, Maius, Quintilis y October, y de 30 días el resto. De este calendario sobrevivieron algunas fórmulas legales, como el pago de determinados productos[3]. El mes se dividió en kalendas, nonas e idus, marcando respectivamente la luna nueva, la media luna y la luna llena. En sus inicios, el principio del mes estaba marcado por la luna nueva cuando se observaba el inicio del creciente, momento en el que el pontífice anunciaba el calendario del mes entrante e indicaba el número de días que quedaban para las nonas.

El calendario de Numa.

El segundo calendario se atribuye al segundo rey de Roma, Numa Pompilio, que gobernó entre 715 y 673 a.C., aunque es más probable que este calendario surgiera de las reformas llevadas a cabo por los Decemuiri en 450 a.C. que dieron como resultado las 12 tablas. En este calendario, se añadieron dos meses adicionales llenando el periodo sin producción agrícola, lo que evidencia una transformación social hacia una cultura más urbana. Los dos meses adicionales fueron Ianuarius y Februarius con 28 días, tomando un día de cada uno de los que duraban 30 días. Sin embargo, debido al miedo supersticioso de los romanos hacia los números pares se decidió añadir un día a Ianuarius. El resultado fue un año de 12 meses de duración en que los meses duraban 29 o 31 días salvo el último mes del año, dedicado a los rituales de las februa o purificación. Sin que se dieran más reformas, este fue el impreciso calendario con el que los romanos se guiaron durante la República.

Dado el evidente desfase con el año trópico, que daba una diferencia de más de 10 días, se tomó la precaución de añadir un mes intercalar llamado intercalaris o mercedonius cada dos años. Este mes, de 27 días, se añadía alternativamente tras el 23 o 24 de Februarius, de lo que resultaba un año de 377 o 378 días. El motivo por el que añadían el mes intercalar en esa fecha es que el día 23 de Februarius se celebraban las fiestas de Terminalia que marcaban el fin del año, con lo que Februarius estaba en realidad dividido en dos partes[4]. Como puede verse, el resultado de esta intercalación es un ciclo de cuatro años con 1.465 días (355+377+355+378), o sea que el año duraba 366,25 días. Aunque los romanos sabían que existía un desfase de un día respecto al año trópico, nunca se preocuparon de solucionarlo.

Como guardianes del calendario, la responsabilidad de esta intercalación era de los pontífices, así como la de anunciar los festivales para los meses venideros y los días en los que estaba permitido hacer determinadas actividades. Debido a que el cargo de pontífice tenía fuertes vínculos políticos, en varias ocasiones estos ajustes necesarios se retrasaron o adelantaron para favorecer determinados intereses[5]. Otro factor que hizo del calendario algo poco exacto fue la superstición romana respecto a los días nefastos. Como los días intercalares se consideraban nefastos, en la segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) no se hizo ningún ajuste para no perjudicar la guerra contra Cartago[6]. Esta inexactitud y arbitrariedad llevó en ocasiones a enormes desfases, como por ejemplo el eclipse de 14 de marzo de 190 a.C. registrado según el calendario el 11 de julio. Tampoco en tiempos de César, que era Pontifex Maximus, se hicieron los necesarios ajustes ya que se encontraba ocupado en la Guerra de las Galias, lo que llevó a tal desfase que se celebraba el festival de la recolección mucho antes de que se hubieran recogido las cosechas.

Los meses.

El modo en que se contaban los días del mes guardaba relación con las fases lunares. El mes se dividía en tres partes: kalendas, nonas e idus. Las kalendas eran el primer día del mes, un día dedicado a Juno, en cuyo honor se hacían sacrificios al aparecer la luna creciente. Las nonas correspondían al primer cuarto de luna, que correspondía al quinto día del mes salvo los meses de 31 días, en los que se situaba en el séptimo. Finalmente, los idus, dedicados a Júpiter, correspondían con la luna llena y caían el día 13 salvo en los meses de 31 días, en los que caía el día 15. Para denotar un día, los romanos se referían siempre al siguiente hito futuro contando de modo inclusivo. Así, los días se contaban hacia atrás indicando el número de días que faltaban para las siguientes nonas, los idus o las siguientes kalendas. La única excepción era el día anterior a cada una de los hitos, en los que se indicaba con el prefijo pridie, y en ocasiones el siguiente al hito se denominaba con postridie.

Así, por ejemplo el mes de Ianuarius tenía los siguientes días:

  • Día 1: Kalendis Ianuariis.
  • Días 2 y 3: Ante Diem IV nonas Ianuarias y Ante Diem III nonas Ianuarias (el día 2 también podía llamarse Postridie Kalendas Ianuarias).
  • Día 4: Pridie nonas Ianuarias.
  • Día 5: Nonis Ianuariis.
  • Días 6 al 11: Ante Diem VIII idibus Ianuariis al Ante Diem III idibus Ianuariis (el día 6 también como Postridie nonas Ianuarias).
  • Día 12: Pridie idibus Ianuariis.
  • Día 13: Idibus Ianuariis.
  • Días 14 al 30: Ante Diem XIX kalendis Februariis al Ante Diem III kalendis Februariis (el día 14 también como Postridie Idibus Ianuariis).
  • Día 31: Pridie kalendis Februariis.

Cada uno de los días tenía era de un determinado tipo (notae dierum), que determinaba las actividades que se podían hacer en el día. Los días podían ser fasti (días fastos), nefasti (nefastos) y otros intermedios llamados endotercisi. En los primeros estaba permitidas las actividades legales, eran días afortunados en los que se creía que lo que se emprendiera saldría bien. En los nefasti, estas actividades estaban prohibidas porque se consideraba que no podían salir bien. A menudo se decretó que determinado día pasara a ser nefasto debido a alguna gran derrota o desastre que hubiera ocurrido en ese día[7]. Los días endotercisi eran de un tipo especial, puesto que se eran nefastos hasta que se hacían los ritos religiosos, tras lo cual pasaban a ser fastos. Además existían dos tipos más, los dies comitiales, en los cuales se podían reunir los comicios o asambleas populares; y los nefastus publicus, en los que se prohibía cualquier actividad pública. A esto se añadían los dies feriae, que podían ser festivales religiosos, días de crisis nacional o celebraciones de grandes victorias. En estos dies feriae se celebraban ritos religiosos y estaban prohibidas las actividades civiles incluso para los esclavos. Los ludi o juegos públicos se celebraban en esos días. Aún habían otros días parecidos a los nefastos conocidos como dies atri, en los cuales se creía que no se debían hacer viajes,  empezar nuevos proyectos o nombrar a determinadas deidades puesto que traía mala suerte.

Los meses tomaban su nombre de las diferentes divinidades o ritos. Ianuarius estaba dedicado a Jano, dios de los comienzos y de las puertas (ianua significa puerta), y comenzaba con la primera luna creciente tras el solsticio de invierno marcando el inicio del año natural. Februarius era un mes dedicado a la purificación antes del inicio del año religioso, y era cuando se celebraban los rituales de las februa. Martius estaba dedicado a Marte, el dios de la guerra. En este mes daba comienzo la temporada militar que finalizaba en October. Aprilis toma probablemente su nombre de aperire o abrir, dado que era el mes en que la naturaleza florecía y las plantas daban sus frutos. Se trataba de un mes repleto de festivales agrarios como las Cerialia, las Vinalia o las Floralia. Maius tomaba su nombre de Maia, la diosa del crecimiento y de la abundancia. Se trataba de un mes poco propicio para los matrimonios dado que estaba asociado al inframundo. En espera de la cosecha, las casas se purificaban contra los espíritus malvados en el festival de los muertos o Lemuria. Junius estaba dedicado a Juno, un mes en el que se celebraban muchos festivales religiosos y que era por ello auspicioso para el matrimonio. En este mes se celebraba uno de los festivales más importantes y antiguos, las Vestalia en honor a Vesta, cuyo templo e abría para la ocasión.

La semana.

Los romanos no tuvieron una semana propiamente dicha hasta la época del Imperio, aunque siguieron una secuencia similar dividiendo los días en ciclos de ocho días, que se marcaban en los calendarios con las letras de la A a la H. El octavo día se denominaba nundiae o día de mercado, aunque en realidad los romanos lo consideraban como el noveno día debido al modo romano de contar inclusivamente. Según Dión Casio, se seguían una serie de precauciones para evitar que el nundiae cayera en las kalendas o en las nonas debido en el primer caso a que se consideraba una señal de mal presagio, y en el segundo caso para evitar que se celebrara un día de mercado el día del cumpleaños de Servio Tulio[8].

El uso de la semana babilónica de siete días se comenzó a popularizar en la época imperial, dedicando un día a cada uno de los planetas conocidos: Saturno, el sol, la luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus (dies saturnis, solis, lunae, martis, mercuris, iovis, veneris respectivamente). No fue hasta Constantino el Grande en 321 cuando se decretó el uso de la semana que conocemos, de inspiración judía que a su vez lo era babilónica, cambiando al mismo tiempo el día de descanso judío al Dominica Dies, el día en que Cristo había resucitado según la tradición. Muy probablemente, la elección de este día de descanso no tuvo tantas raíces cristianas como podría creerse, sino que seguramente su elección se debió a que éste era el día dedicado al Sol, un dios del que Constantino era adorador.

El año consular.

Como se ha dicho, el año comenzaba en las kalendas martias, es decir el primero de marzo, aunque los cónsules tomaban su cargo en los idus de marzo, justo antes del equinoccio vernal, que era cuando comenzaba la temporada militar. Esta fecha cambió a menudo durante la República, aunque se sabe con seguridad que a partir de 222 a.C. se fijó en los idus. Sin embargo, en 154 a.C. Roma se hallaba inmersa en la difícil guerra celtíbera que se libraba en Hispania. Dada la distancia que había hasta el campo de batalla, el Senado decidió mover el inicio del año consular al 1 de enero para que Quinto Fulvio Nobilior, que había sido designado cónsul para el año siguiente, pudiera partir con tiempo suficiente con sus tropas, algo que de todos modos no sirvió de mucho puesto que sufrió una severa derrota. A partir de ese momento, y dada la situación de guerra endémica de la época tardorrepublicana, el inicio de año siguió siendo el primero de enero. Esto no quiere decir que se reformara el calendario ni que el resto de actividades se viera alterado, a todos los efectos el año seguía comenzando en marzo y los rituales de las februa se siguieron celebrando de igual modo.

Las horas.

Se sabe que los romanos adinerados tenían en sus domus clepsidras o relojes de sol para conocer la hora, incluso de esclavos que anunciaban las horas. Esta costumbre fue probablemente de influencia griega, mucho más preocupados por su medición exacta. Hasta entonces, las horas habían sido variables puesto que se dividía el día desde su comienzo al atardecer en cuarto vigilias de oscuridad mas doce diurnas de luz. Para el tiempo diurno, las horas se denominaban con el ordinal: hora prima, hora secunda y así sucesivamente. La hora sexta correspondía con el mediodía, un tiempo de descanso del que deriva nuestra palabra siesta. Este modo de dividir el día implicaba que las horas eran de duración variable, más cortas en invierno y más largas en verano. Mas tarde se  dividió la noche también en doce partes y se modificó el inicio del día a la medianoche (media nox).

Como ya se ha dicho, existieron clepsidras y relojes de sol públicos, aunque su exactitud dejaba mucho que desear. En 10 a.C., Augusto usó uno de los obeliscos que trajo de su campaña egipcia para crear el Horologium Augusti, un reloj de sol colosal que usaba el obelisco a modo de gnomon. Este reloj marcaba tanto la hora como la fecha, y estaba dispuesto de tal modo que el día del equinoccio de otoño y cumpleaños de Augusto, la sombra del gnomon apuntaba hacia el Ara Pacis, el símbolo de la determinación de Augusto por ser recordado como el que hizo posible la paz.

Las eras.

Los romanos nunca contaron los años de modo sistemático. En su lugar, los años se conocían por el nombre de los dos cónsules que detentaban el Imperium en el año, hecho que se registraba en los fasti consulares. Así, un año típico podía ser por ejemplo el año del consulado de Cayo Julio César y Marco Emilio Lépido (46 a.C.). Gracias a estos fasti consulares conservamos una lista de los cónsules que gobernaron durante la historia de Roma hasta el 537 d.C. con Justiniano I. Este modo de nombrar los años presentaba grandes problemas, puesto que servía para situar años recientes, pero exigía un enorme esfuerzo de memoria cuando había que remontarse mucho en el tiempo. Como ayuda a este sistema, a veces se usaron referencias a hechos notables del pasado para así poder situar determinado hecho. Una de estas referencias fue el primer evento histórico registrado, el saqueo de Roma por los galos de 390 a.C., y otra más aceptada fue el número de años desde la fundación de Roma. Esta última fecha había sido calculada por Varrón situándola el 21 de abril de 753 a.C. La referencia de la fundación de la ciudad (ab Urbe condita, abreviado AUC) fue una de las más utilizadas a partir del periodo tardorrepublicano. Aunque de uso más raro, también se usó el saeculum o siglo.

Nuestro concepto de siglo también fue una invención romana de probable herencia etrusca, aunque a diferencia de nosotros los romanos entendían el saeculum como el máximo tiempo de vida de una persona. Cada saeculum se celebraban unos juegos especiales llamados ludi saeculares, en los cuales se celebraba el comienzo de una nueva generación y se hacían sacrificios a las deidades del inframundo. Existía la creencia de que los dioses habían fijado de antemano el número de saecula que un pueblo podía sobrevivir. Más tarde, en tiempos de Octavio Augusto, el saeculum se fijó en 110 años. En muchas ocasiones, la celebración de esos juegos no respetó el plazo fijado sino que obedeció a razones políticas. En tiempos del Imperio, se celebraron en 17 a.C. por Augusto, y Claudio los volvió a celebrar en 47 a.C. con el pretexto de conmemorar el 800 aniversario de la fundación de Roma. Muy poco después, Domiciano los celebró en 88, ignorando los celebrados por Claudio.

Otros ritos de purificación eran las lustraciones, que se celebraban tras los lustrum cada cinco años tras el censo de la población llevado a cabo por el censor. De este rito hoy conservamos el lustro y la acción de lustrar, un rito antiguo de purificación que se aplicaba para limpiar ciudades u objetos manchados por alguna impureza. Un tipo de lustración se aplicaba a los niños a los nueve días de nacer, de un modo muy similar al bautismo cristiano.

El calendario juliano.

La siguiente reforma llegó de la mano de Cayo Julio César, dando lugar a la base del calendario que utilizamos hoy en día. Cuando César accedió a la dictadura en 46 a.C., el desfase que presentaba el calendario era dramático. Durante los años precedentes, el propio César no había hecho los ajustes necesarios dado que se encontraba en las Galias librando la guerra, y la inestabilidad política no había ayudado a corregir el problema. Como consecuencia, existía un desfase de unos tres meses respecto al ciclo solar.

César había tomado contacto con el calendario solar egipcio durante los meses en que se encontraba con Cleopatra en Alejandría. Allí habría conocido tanto el calendario egipcio como la fallida reforma de Canopus. Según Suetonio[9] y Plinio[10], César fue aconsejado por Sosígenes de Alejandría, que le habría hecho ver las ventajas de adoptar un calendario basado en el ciclo del sol. César hizo suya la reforma y se propuso no sólo corregir el desfase sino poner cierto orden y regularlo de modo que no se pudieran producir abusos en los sucesivo. Para ello, dispuso que la duración del año pasara a ser de 365 días, añadiendo dos días a September y November y Ianuarius; y un día a Aprilis, Iunius, Sextilis y December, mientras October perdía un año que se añadía a Februarius. Para corregir el desfase acumulado, el año siguiente de 45 a.C. se intercalaron 90 días, con lo que duró 455. Macrobio lo llama el ultimus annus confusionis, el último año de confusión[11].

En lugar del mes intercalar, se dispuso que se insertara un único día intercalar cada cuatro años tras las Terminalia, es decir el día siguiente al ante diem sextum Kalendas Martias, tomando el nombre de ante diem bis sextum Kalendas Martias, de donde deriva el nombre de bisiesto. El resultado de esta reforma dio lugar a un año de 365 días en los que los meses de 30 y 31 días se alternaban salvo Februrarius. Tras el asesinato de César en 44 a.C. y su apoteosis cuatro meses después, Quintilis pasó a llamarse Iulius (Julio) en su honor. La intercalación del día adicional tuvo algunos problemas en su inicio. El modo de contar romano de modo inclusivo hizo que los pontífices ajustaran erróneamente el calendario cada tres años en vez de cada cuatro, por lo que se insertaron demasiados días intercalares. Este error tuvo que ser corregido por su sucesor Octavio Augusto en 8 a.C., eliminando las intercalaciones hasta 8 d.C. El modo de contar hacia atrás también provocó problemas al modificar el número de días de los meses, ya que el número de días hasta las próximas kalendas, nonas o idus se veía modificado. Por ejemplo, el cumpleaños de Augusto era el 23 de septiembre o el a.d. VIII Kal. Oct., pero al quedar tras la reforma con 30 días pasó a ser el a.d. IX Kal. Oct. Debido a esto, el cumpleaños de Augusto se celebró ambos días.

El propio Octavio recibió en vida el honor de que se le dedicara un mes, Sextilis, que pasó a llamarse Agosto dado que en ese mes había sido elegido cónsul por primera vez, Egipto había entrado a formar parte del Imperio y la guerra civil había terminado. Pero a Octavio no le terminaba de gustar que Julio tuviera un día más que el mes dedicado a su persona, ni que su mes tuviera un número de días par. Por todo esto, decidió añadirle un día que le quitó a Februarius y cambiar el número de días de los meses hasta December para evitar que hubiera tres meses seguidos con 31 días. Esto rompió la estructura del calendario juliano, antes mucho más uniforme. Dedicar un mes a un emperador fue una práctica habitual en lo sucesivo, aunque sólo sobrevivan actualmente los dos mencionados. A Tiberio se le ofreció el mismo honor con el mes September, pero lo rechazó junto con otros honores[12]. Los emperadores Calígula, Nerón y Domiciano cambiaron el nombre a los meses, pero tales cambios no perduraron debido a la damniatio memoriae que sufrieron tras su muerte.

Duración de los meses romanos en los diferentes calendarios.

  De Rómulo De Numa De César De Augusto
Martius 31 31 31 31
Aprilis 30 29 30 30
Maius 31 31 31 31
Iunius 30 29 30 30
Quintilis (Iulius) 31 31 31 31
Sextilis (Augustus) 30 29 30 31
September 30 29 31 30
October 31 31 30 31
November 30 29 31 30
December 30 29 30 31
Ianuarius   29 31 31
Februarius   28 29 28
  304 días 355 días 365 días 365 días

Los restos.

Hasta el 304 a.C., los ciudadanos debían esperar a la proclamación de los pontífices para saber qué les deparaba el mes siguiente. Esto fue corregido por Cneo Flavio, el primer edil hijo de un liberto, que colocó en el foro el primer calendario público romano. Sin embargo, los únicos calendarios que se conservan son de épocas muy posteriores. El más antiguo y completo de todos es el Fasti Antiates Maiores, un fresco descubierto en la antigua ciudad de Antium en 1915 y que data de aproximadamente del año 60 a.C., por tanto anterior a la reforma juliana. Otros que se han conservado son de la época del Imperio, casi siempre en estado fragmentario. El más grande de todos es el Fasti Praenestrini, que medía 2 x 5 metros.

El Fasti Antiates Maiores nos muestra el modo en que se enumeraban los días del año, y las anotaciones que se hacían para conocer el tipo de día así como otros datos de interés para los romanos como los aniversarios, los fasti y los festivales religiosos. Los días aparecen marcados con su letra correspondiente siguiendo el ciclo semanal, con el día de mercado o nundiae en rojo (lo cual se heredó más tarde para denotar el Dominica Dies o domingo). Pueden verse además las marcas del tipo de día, denotados con N, F, EN y NP (es decir nefasto, fasto, endotercisi y nefastus publicus). Los dies comitiales aparecen denotados con una C, y además se encuentran anotaciones de festivales como las Cerialia (el 19 de mayo), aniversarios como el día de la fundación de Roma (Roma Condita) el 21 de mayo, o incluso efemérides de desastres como el Dies Alliensis, el día en que Roma fue vencida por los galos en Allia el 18 de julio de 390 a.C.

De la época de Augusto, se conserva también una de las fasti consulares más completas, conocidas como los Fasti Capitolini Consulares et Triumphales, que seguramente estaba colocado en el Arco de Augusto erigido para celebrar el rescate de los estandartes capturados por los partos en Carras. Se trata de la lista de cónsules desde 483 a 19 a.C., lo que da una información valiosísima para conocer la historia romana. En esta lista se pueden encontrar además de la lista de los cónsules, los nombres de los censores con el número de lustros transcurridos, se añade una referencia ab Urbe condita, de gran utilidad para situar los años de consulado, y se completa con una serie de referencias históricas tales como guerras y triunfos otorgados.

•  •  •

La gran influencia de la civilización romana y su expansión territorial ha hecho que el calendario resultante de la reforma juliana sea el que usamos aún hoy en día, si sumamos la reforma gregoriana. Se trata de un calendario que dista mucho de ser perfecto. No lo es en la forma puesto que está plagado de irregularidades tales como la duración de los meses o la inclusión del día adicional en un punto que hoy nos resulta extraño. Tampoco lo es en el fondo puesto que existe un desfase respecto al año trópico de 1 día cada 128 años. Demuestra sin embargo que a pesar del conservadurismo de los romanos, supieron integrar aquellas reformas que vieron necesarias aunque les costara siglos y cierta renuncia a su tradición.

Bibliografía.

  • Cicerón, De Agricultura,.
  • Gómez-Pantoja, Joaquín. Historia Antigua: Grecia y Roma. Ed. Ariel, Barcelona, 2003.
  • Macrobio, Saturnalia.
  • Plinio el Viejo, Lib. XVIII.
  • Séneca, La calabacificación del divino Claudio.
  • Suetonio, Vida de Doce Césares, Vida de Julio César, Vida de Tiberio.
  • Smith, William. A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, John Murray, Londres, 1875.


[1] Aunque en los fasti capitolini la fecha es el 752 a.C.

[2] Séneca, La calabacificación del divino Claudio, II, 2-3

[3] Cicerón (De Agricultura, CXLVI) menciona que el pago de las olivas se saldaba a los 10 meses en lugar de a los 12.

[4] Macrobio, Saturnalia, Libro I.13.14

[5] Por ejemplo, Bíbulo intentó en 59 a.C. impedir a César la aprobación de leyes declarando festivo el resto del año (Dión, XXXVII.6.1)

[6] La Lex Acilia, de 191 a.C. se promulgó para corregir esta situación.

[7] Por ejemplo, el 23 de agosto pasó a ser nefasto tras la derrota de Nobilior en 153 a.C.

[8] Smith, Willian. A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, John Murray, Londres, 1875. Págs. 815-816.

[9] Suetonio, In Julio Cesare, cap. XL.

[10] Plinio el Viejo, Lib. XVIII, cap. XXV.

[11] Macrobio, Saturnalia, Libro I, XIV, 1-4

[12] Suetonio, Vida de Doce Césares, Vida de Tiberio, 26

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Soy un simple ingeniero al que le interesa casi cualquier cosa que tenga que ver con historia, con ciencia, con la concepción del tiempo en general, con los calendarios en particular, con el origen de las religiones, con la iconografía de las serpientes y en suma con cualquier cosa que sea difícil de sacar en una conversación normal.

One Comment

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