EL LIBRO DE BUEN AMOR ES, EN EL FONDO, ¿UNA OBRA PESIMISTA?


El libro de Buen Amor (1330,1343) abarca los intentos de seducción por parte de un arcipreste, ficticio o no, que suelen acabar en fracaso. Sus experiencias con varias damas resultan fatídicas, discute con el amor, personificado en don amor, acusándolo de ser falso y embustero, donde se nos informa sobre los peligros del loco amor, y avisa de las ventajas del buen amor.

Es de todos conocido que El Libro de buen amor se nos presenta como una obra abierta a la interpretación libre del lector, pues cada uno de los elementos que lo componen se construye sobre una composición ambigua. “La ambigüedad de Juan Ruiz no siempre se reduce a una sencilla cuestión de punto de vista relativo (el dinero, bueno para el amor, es un mal desde la perspectiva divina; el fracaso amoroso es una desdicha para quien lo sufre, pero quizá represente su salvación eterna). Enreda varios niveles de alegoría o parodia” (Joset, 28).

Se deduce pues que los esfuerzos de dar una única explicación del Libro son estériles debido a que dejan múltiples cuestiones con más sombras que luces, basadas en construcciones de indudable ambigüedad. Arduos son los debates prolongados en el tiempo  alrededor de los aspectos claves del mismo; si es autobiográfico o fictional, el género, la intención…

En presente documento no se presentan esas herramientas en torno a los debates consagrados, sino que estos son empleados como evidencia de la temática propuesta: ¿El Libro de buen amor como obra que encierra un pesimismo oculto o, por el contrario, ese pesimismo no es más que una advertencia al lector en un afán didáctico? La respuesta es simplemente compleja y no responde a una sóla verdad. El libro es completamente adaptable, como lo llamó Menéndez Pelayo: “es una comedia humana”.

Es decir, que la defensa de un valor u otro dependerá en gran medida de los ojos que la contemplen, pues la obra también es ambivalente en este aspecto. Y gracias a esta subjetividad, la obra permanece fresca y viva a través de los tiempos, renovándose y contemplando nuevos horizontes. “Lo equívoco no es sino un aspecto del sistema de tensiones semánticas entre un sentido verdadero y una corteza significante engañadora. El lector de buen entendimiento (cristiano) escogerá el camino de la salvación, el loco tomará el del pecado” (28).

El libro es pura síntesis reflejo de muchos aspectos de su tiempo, caractrizado por situar al hombre en una constante dialéctica entre los sentimientos religioso y profano. El Libro es por tanto considerado crisol del conflicto interior del  hombre de la Edad media, la dicotomía conflictiva entre la fe (religión) y el deseo mundano (líbido) propio de la  relajación de costumbres de la época, que hacen saltar los resortes sociales mostrando rebeldía frente a los valores antiguos por medio de las pasiones mundanas. “Se manifiesta como testigo de su tiempo y la mención de los hechos, comportamientos y circunstancias que hoy nos pueden parecer sorprendentes, no son sino una denuncia pública de los mismos” (Serrano Segura, N. Pag.)

En el prólogo en prosa se asocia y se opone el buen amor (divino) y loco amor (mundano), realidad y apariencia… “Te daré entendimiento y te instruiré en este camino, por el que has de andar…por lo que yo, en mi poca sabiduría y mucha y gran ignorancia, comprendiendo cuántos bienes hace perder el loco amor del mundo al alma y al cuerpo, y los muchos males a que los inclina y conduce…” (Serrano Segura, LBA) En esta primera parte encontramos generación asociativa del loco amor con el mundo que corrompe el alma y conlleva muchas tentaciones y males. Y posteriormente se encuentra una puerta a la esperanza para aquellos que decidan seguir el buen amor: “Y así este mi libro bien puede decir a cada hombre o mujer, al cuerdo y al no cuerdo, tanto al que entienda el bien, elija la salvación y obre el bien amando a Dios…” (Serrano Segura, LBA)

Esta misma dialéctica será retomada por el petrarquismo haciendo analogía idealista durante el Renacimiento; generaciones petrarquistas que concebían la dama como un ser casi divino que refleja su perfección espiritual y virtudes (pureza, castidad y virginalidad) en la aparincia exterior. Poetas lamentativos que llevaron al extremo la concepción de amor platónico. (Diagram 1) El poeta se encuentra, al igual que el arcipreste en El Libro, entre dos estados: el divino-buen amor- idealismo y el mundano- loco amor- carpe diem.

Diagrama 1

Idealismo- Mundo Ideal {···}  Buen amor –Dios ············}  Salvación

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Poetas petrarquistas        {···}  Arcipreste ······················}  Hombre

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Mundo real-Carpe Diem  {···} Loco amor – mundano·····}  Pecado

Juan Ruíz se las ingenió para complementar un proceso de escritura en el que la construcción de las apariencias llega a ocultar el verdadero pensamiento, y nos invita a descubrir más allá del verbo y su apariencia.

A imagen y semejanza del diagrama anterior, Juan Ruiz establece la misma polaridad a la hora de establecer la temática a tratar en este ensayo. La muerte es un tabú social, en este caso minada por la moral católica; Juan Ruiz disfraza su gran obsesión bajo el humor, la ironía y la sátira, reflejándola al mismo tiempo, por lo que el libro se convierte, desde mi punto de vista, en una obra atormentada disfrazada y engalanada tras un traje poético.

Como prueba de ello Juan Ruiz establece un paralelismo entre la estructura de su obra y las estapas del hombre. Su estructura es decadente y simboliza las dos etapas marcadas del mismo: su juventud, dónde, desde su inconsciencia, nada tiene verdadera importancia (loco amor); y la madurez, cuando somos conscientes de la muerte (Buen amor, amor divino, salvación). Por ello la primera parte de la obra es afirmación de que el amor es inseparable de la vida y de que nace como consecuencia  de nuestra existencia. Sin embargo, siguiendo el paralelismo metafórico, la segunda parte nos muestra que el amor conduce inexorablemente a la muerte y que no hay esperanza de amor duradero en la tierra, salvo el amor a Dios. De hecho, dos de las catorce aventuras de loco amor acaban topandose con la muerte de la pretendida: “La quinta dama” (copla 910 y sigs.) “la jovencilla delicada que murió en pocos días y la decimotercera” (1332 y sigs.) “dama la monja doña Garoza”. Gracias a esta cohesión interna del libro que subyace en la narrativa se va avanzando en transición desde una despreocupación placentera en la primera parte del libro hasta una actitud de meditación y reflexión a cerca de la relatividad de los placeres mundanos y de la vida, “amenazada” por la muerte (como podemos leer al final del episodio de las serranas).

En consecuencia el mensaje final es negativo, pesimista, a pesar de tratar de ocultarlo tras una mascara de humorismo propio de quien tiene miedo o no acaba de aceptar algo, una forma de evasión o escapismo. Humor empleado como elemento innovador para anestesiar el dolor; así, por tanto, el humor del arcipreste oculta una realidad dolorosa y advierte al mismo tiempo de los peligros del loco amor (amor mundano, pecadores), acercandonos a las ventajas del buen amor (amor de Dios, virtuosos). “El Arcipreste cree que se consigue más haciendo reír que haciendo llorar, por eso escribe su libro en tono divertido; sabe que para hacerse entender de la gente hay que hablar su idioma, y así emplea ejemplos y razonamientos al alcance y gusto del pueblo a quien se dirige y con quien se encuentra cómodo formado parte de él” (Brey Mariño, 15).

Como digo, la muerte es uno de los tabúes de siempre en la sociedad, es escondida y relegada a la oscuridad del trastero moral, en lugar de aceptarla como parte de la vida y de nuestra naturaleza. Juan Ruiz señala y refleja los variados enfoques medievales sobre la muerte al tiempo que trata su gran obsesión, préstese especial atención al último verso de la siguiente copla, 1520.

¡Ay muerte! ¡Muerta seas, bien muerta y malandante!

¡Mataste a la mi vieja! ¡Matases a mí antes!

¡Enemiga del mundo, no tienes semejante!

De tu amarga memoria no hay quien no se espante (255).

La copla 1521 represnta una muerte igualadora e inexorable a todo hombre, casi desde un sentimiento de admiración al encontrar en ella justicia divina, devolviendo a la naturaleza su poder sacro.

Muerte, a aquel que tú hieres arrástralo, cruel,

al bueno como al malo, al noble y al infiel,

a todos los igualas por el mismo nivel;

para ti, reyes, papas, valen un cascabel (255).

Otro concepto de muerte encontramos en la copla 1534 donde la muerte es caracterizada como destructora de próceres y señoríos.

Muchos piensan ganar cuando dice:!A todo!

pero luego, un azar cambia el dado a su modo;

busca el hombre tesoros por tener acomodo,

viene la muerte entonces y lo deja en el lodo (257).

Como se demuestra, la muerte es concebida de forma obsesiva por nuestro autor, y marca la línea entre el buen y el loco amor en base a creencias. “No puede pedirse prueba más contundente de que en el Buen amor el vital horror a la Muerte predomina con mucho sobre la conciencia de pecado” (Lida y Rosa, 230). Además del pesimismo expresado por la muerte, siempre que no se atienda a los presupuestos de la fe, la obra también presenta un balance negativo en cuanto al resultado de las intenciones del arcipreste. Realmente es un pecador, asumiendo que el hombre es pecador por naturaleza y que él no es excepción, cediendo a las debilidades y tentaciones de la carne. “El uso de pecador casi como sinónimo de hombre y la concepción de pecar como actividad inherente a la condición humana. Antevliene el pecar de la flaqueza de la naturaleza humana que es el hombre, que no se puede escapar del pecado” (231-32).

El arcipreste presenta un balance pésimo en el loco amor:

De las 14 aventuras del Buen amor cinco fracasan por negativa de la amada (77 y sigs, 176 y sigs, 1317 y sigs, 1321 y sigs, 1508 y sigs) y dos por su muerte (918 y sigs, 1332 y sigs ) dos por necedad del mesajero (112 y sigs, 1622 y sigs) mientras en las otras dos cánticas análogas, el poeta, como queda dicho, se pinta a merced de las temibles serranas: 971 oue de fazer quanto quiso; 984 resςele e fuy couarde. De suerte que la consumación del amor lo deja en postura más ridícula que nunca. La única excepción es la aventura de don Melón – lógicamente, ya que a diferencia del resto, en ella el poeta no inventa sino traduce, y ya que el triunfante enamorado no es el Arcipreste sino don Melón, que acaba casándose con su bella (249).

A qué se debe que Juan Ruiz se ensañe con el arcipreste negándole un amor terrenal, sin concesiones, castigado por el hombre y por el destino. Que motivo o que mensaje se esconde en todo ello. “Para Kellermann el fracaso de los amoríos no emana de la intención didáctica sino del supuesto tema central del Libro, que es el pecado y, en particular, la tendencia al pecado más bien que el pecado en acto” (249). Sea como fuere, el pecado copa gran presencia en el texto y se convierte en sinónimo de loco amor, un amor terrenal al que no se puede escapar por la debilidad humana, pero contra el que hay que oponer resistencia desde el amor a Dios, el buen amor que te guiará hacia una salvación del alma.

Al asociar loco amor y pecado Juan Ruiz desnaturaliza el concepto actual de amor, concebido como algo positivo. Así pues, este es también una herramienta que trabaja en pro del pesimismo de la obra, transmitido a través de un valor positivo, como se presupone el amor, pues, ahora, amor equivale a loco amor y este a pecado. Todo esto es posible debido a una concepción del mundo como algo transitorio y fugaz, donde el cuerpo es cárcel del espíritu , unos grilletes que no la dejan libre hasta que llegua de la mano de Dios con su salvación [1].

Precisamente una faceta del carácter del Arcipreste de Hita que aparece a través de su Libro de una manera destacada, sin que haya que acudir a sutilezas para percibirla, es su profunda y arraigada fe; entre las picardías y burlas, filosofías, lamentaciones y peroratas, está la armazón solidísima de la creencia religiosa que no culmina, a mi entender, en las composiciones devotas, sino en momentos dispersos en el Libro de Buen Amor, como la confianza en Dios tantas veces manifestada (Brey, 13).

El pecado es articulado conectándolo al sentido de vicio, como expresión del loco amor, sirvan de ejemplo las próximas citas que recorren todo el texto:

Yo no perderé a Dios ni al bello paraíso

por pecado fugaz como sombre de aliso;

que no soy tan sin seso para tal compromiso,

quien toma ha de dar algo, díselo el sabio aviso (69).

[…]

De todos los pecados es raíz la codicia

es tu hija mayor; mayordoma es la ambicia

y tu alférez también, la que tu casa oficia;

ella destruye al mundo, soborna a la justicia (75).

[…]

Nunca estás inactivo: a quien una vez atas

haces pensar engaños y muchas malbaratas;

deléitase en pecados, el seso y le arrebatas;

con tus malos oficios almas y cuerpos matas (89).

[..]

Aunque sea pecado contra nuestro señor

diríjase a una monja en galanteador,

¡Ay Dios!, ¡Ojalá fuera yo mismo el pecador!

¡Ya haría penitencia, consumado el error!  (252).

[…]

Todos los demás pecados, mortales y veniales,

De estos tres nacen, cual ríos de las fuentes perenales;

en los tres está el comienzo y suma de todos los males.

Dios nos proteja de padre, de hijos y nietos tales (267).

El peso de esta temática es tal que el libro se cierra con un ruego de perdón a los pecados. Muestra evidente del conflicto interior que nos toca transitar en este muno como valle de lágrimas.

A vos de buen galardón,

De los pecados, perdón,

y que el ángel bien atienda

en sus manos esta ofrenda,

¡Señor, estos pecadores

ruegan por sus bienhechores!

Recibe Tú esta canción,

escucha nuestra oración

en que los pobres rogamos

por quien nos dio que comamos

y por el que darlo quiso.

Dios, que padeció sumiso

Os dé el Santo Paraíso (290).

La desnaturalalización del amor plasmada por Juan Ruiz a lo largo y ancho del Libro, asociada al pecado como hemos visto, llega a su punto álgido en el momento que lo personifica en don Amor. Al personificarlo, Juan Ruiz le transfiere las cualidades propias del hombre y como consecuencia directa también el pecado del que forma parte de forma innata; por lo que Juan Ruiz conecta el amor a lo terrenal, alejándolo del espíritu, implicando con ello que el amor es pecado, vicio y lujuria.

Como reflejo del conflicto anterior, Juan Ruiz lo hace explícito en la disputa del Arcipreste con don amor, acusándolo de falso, mentiroso y embaucador en De cómo el amor visitó al arcipreste y de la disputa que ambos sostuvieron:

Con enojo muy grande le empecé a denostar;

Le dije: -Si amor eres, no puedes aquí estar,

eres falso, embustero y ducho en engañar;

salvar no puedes uno, puedes cien mil matar (70).

Le acusa de matar a las personas en grandes cantidades más que salvarlas. Sirviéndose de engaños y separando a hombres y mujeres por medio de iras y enfados, que no tiene regla fija por lo que es confuso, y cuando se consuma una frustración de un enamorado, don amor no le allivia con nada, sino que por el contrario, lo humilla y hace que se sienta asustado.

Con engaños, linojas y sutiles mentiras

emponzoñas las lenguas, envenenas tus viras,

hiere a quien más te sirve tu flecha cuando tiras;

separas de las damas a los hombre, por iras.

Enloqucidos trae a muchos tu saber;

los estorbas el sueño, el comer y el beber,

haces a muchos hombres a tanto se atrever

por ti, que cuerpo y alma llegarán a perder.

No tienes regla fija ni te portas con tiento:

a veces arrebatas con ímpetu violento,

a veces, poco a poco, con maestrías ciento;

en cuanto yo te digo tú sabes que no miento.

Cuando a uno aprisionas, no le alivias con nada,

hoy y mañana humillas su vida acongojada;

el que te cree, preso gemirá en tu mesnada

y por placer poquillo andará gran jornada (70-71).

No obstante, nuestro arcipreste abre una vía a la esperanza de la salvación a través del buen amor. Dios nos dio una segunda oportunidad tras el pecado original para volver al paraíso junto a él por medio de la fe: “el horror vivísimo a la muerte y, lógicamente, el júbilo por la victoria de Jesús sobre ella…” (Lida y Rosa, 229).

Con ello, Juan Ruiz predica desde su prólogo en prosa el comienzo del camino a seguir si se quiere vencer a la muerte, como hizo cristo con la resurrección. “…escogiendo y queriendo con buena voluntad la salvación y gloria del Paraíso para mi alma, hice este pequeño escrito en muestra de bien, y compuse este nuevo libro en el que hay escritas algunas mañas, maestrías y sutilezas engañosas del loco amor del mundo, del que se sirven algunas personas para pecar. Y al leerlas y oírlas el hombre o la mujer de buen entendimiento, que se quiera salvar, elegirá y hará el bien…” (Serrano Segura, LBA) Por si esto no evidenciara el mensaje, nuestro escritor reincide posteriormente en términos semejantes apelando al buen entendimiento de los que lean su obra ofreciendoles entendimiento, es decir, el conocimietno hacia la salvación del espíritu. “Y así este mi libro bien puede decir a cada hombre o mujer, al cuerdo y al no cuerdo, tanto al que entienda el bien, elija la salvación y obre el bien amando a Dios, como al que prefiera el loco amor en el camino que recorra: te daré entendimiento” (Serrano Segura, LBA).

Por tanto, a pesar de encontrar un pesimismo contundente a los largo de los aspectos desarrollados con antrioridad, se atisba un rayo de esperanza a través de la fe. Se articula la salvación por medio de la religión y de dios, representados por el buen amor. “La valoración, por ello, un vitalismo se desarrolla en forma de humorismo, y también en forma de seria didáctica porque al fin y al cabo, Dios sigue pareciendo lo único seguro” (27).

El arcipreste en base a esa firme convicción en la fe de un Dios compasivo y a su gracia con el poder de redempción nos confiere un deseo de ser salvados por él, incluso si somos pecadores puesto que un arrepemtimiento sincero guía de nuevo reconduciéndonos hacia el sendero de Dios. Pues nuestro Dios entiende de las tentaciones con que el hombre es embaucado por el espejismo del loco amor, consumado en la tierra como fruto de la debilidad que nos cararcteriza. Sin entrar en contradicción por ello entre ambos aspectos. “No hay contradicción, ni inconsistencia que la que hoy en la vida de cualquier hombre. Pues el ciclo de la vida, el amor y la muerte, el del pecado, el arrepentimiento y la absolución” (28) De hecho el mismo arcipreste incurre en el pecado terrenal y al mismo tiempo, por ejemplo, reprocha a don amor. Y, si se considera autobiográfico, también ofreciendo buen entendimiento y siendo pecador. “Y este mismo Arcipreste, que se hace protagonista de las aventuras amorosas de su obra, acude luego en devota peregrinación al monasterio de Santa María del Vado para purificarse de sus culpas…” (29).

A pesar de la crisis de valores religiosos encontrados en la época, un número bastante amplio de textos bíblicos señalan, hasta con virulencia, que la salvación de la culpa del pecado y de sus consecuencias es obra de Dios. El arcipreste hace hincapié en el mismo aspecto prolongando una y otra vez la agonía del sufrimiento y su conflicto hasta el final del Libro. Un conflicto ineludible en la tierra por su debilidad, pero al tiempo inmerso en la fe de que su amor en Dios y su sincero arrepentimiento harán mella en Dios para alcanzar su salvación y el amor eterno del padre misericordia.

Hay en nosotros una creencia innata, desarrollada por la religión y sus influjos, a la autojustificación que, conscientemente o no, señala a nuestra natura cuando incurrimos en faltas. Así lo hace Juan Ruiz, interponiendo entre él y nosotros la creación de un arcipreste, quizás un alter ego que oculta sus faltas. Y como le va sucediendo este arcipreste, su fe se ve en conflicto con otros valores. Pero, aún pecando, su fe en Dios como amor puro se mantiene inquebrantable. Una fe que por lo general se resquebraja cuando descubrimos la fuerza de nuestras tendencias pecaminosas, fruto de nuestra inestabilidad espiritual, que es justamente lo que trata de reforzarnos Juan Ruiz por medio del Libro de buen amor, un amor firme e incondicional que se verá recompensado con el amor eterno del padre de los hombres.

El Libro de buen amor es reflejo de las respuestas a todos estos interrogantes. Respuestas que vienen determinadas y marcadas por una doble realidad: por un lado, el arcipreste delega en Dios, quien obra en nosotros con el poder de su gracia. Y, por otro, Juan Ruiz nos comunica que debemos esforzarnos en no caer en la tentación. En conclusión,  El Libro de buen amor, se nos presenta como un texto abierto a la interpretación del lector, pues ha sido demostrado que los componentes del mismo reflejan valores ambiguos. A lo largo de este proyecto he postulado ideas a favor y en contra del supuesto carácter persimista de la obra para porbar su ambivalencia. Y es por ello que el dar una única explicación, afirmando o negando el valor del libro como  pesimista en el fondo, sería, desde mi punto de vista, concurrir en un error, debido a que la estructura semántica del mensaje es dual, permitiendo la defensa de ambos valores. En definitiva, la defensa de un valor u otro dependerá en gran medida de los ojos que la contemplen, pues la obra demuestra su ambivalencia también en este aspecto, descansando todo el peso de la interprestación sobre las creencias personales del lector en base a su fe y su subjetividad religiosa.

Obras Citadas

  • Brey Mariño, María. Arcipreste de Hita Libro de Buen amor, Editorial Castalia, 1995. Imprenta.
  • Dámaso Alonso  La Cárcel del Arcipreste Cuadernos Hispanoamericanos. 86, Feb. (1957): 165-77. Imprenta.
  • Joset, Jaques. Juan Ruiz, Arcipreste de Hita Libro de Buen Amor, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A, 1990. Imprenta.
  • Lida de Malkiel, María Rosa. Juan Ruiz, Selección del Libro de Buen Amor y Estudios Críticos, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1973. Imprenta.
  • María Rosa Linda,  Nuevas Notas sobre el Libro de Buen Amor XIII, 1-2 p. 17-82 Imprenta.
  • Serrano Segura, José Antonio, http://jaserrano.com/LBA/ apartado octavo: La intención (sexto párrafo)
  • —.  Juan Ruiz Arcipreste de Hita: Libro de buen amor, prólogo en prosa, version modernizada del prólogo tomado de jaserrano.com/LBA. Web.

Notas

  1. Esta concepción del cuerpo como cárcel o prisión proviene de una larga tradición discursiva, más concretamente de una dualidad que surge del desconocimiento real de un hecho histórico: fue material la prisión del arcipreste o tan solo metafórica: Dámaso Alonso se inclina con bastante decisión hacia la idea de ver el encarcelamiento del Arcipreste como suceso real (<<tres poetas en desamparo>>, artículo recogido en el volumen De los siglos oscuros al oro, Madrid, 1958).También manifiesta el mismo criterio en <<La cárcel del Arcipreste>> (cuadernos hispanoamericanos, num. 86, febrero 1957, p.165-177). Pero al término de sus razonamientos, advierte, cauteloso, que por sostener tal tesis <<no pondría la mano en el fuego>>. María Rosa Lida prefiere considerar como espiritual la prisión discutida, pero concluye: <<ni he excluido, ni excluyo la posibilidad de que el poeta haya expresado una situación concreta en estilo devoto convencional>>. (Nuevas notas sobre el Libro de Buen Amor>> XIII, 1-2 p. 17-82

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About JM.Persánch

ESPAÑOL -------------- Licenciado en filologías inglesa e hispánica por la Universidad de Cádiz; fue estudiante internacional en the University of Birmingham (Reino Unido), TA y estudiante internacional simultáneamente en Amherst College (EEUU, MA.); Doctor en Estudios Hispánicos porla Universidad de Cádiz. Mi área de investigación es interdisciplinar. Tengo interés en estudios culturales, estudios fílmicos, sociología e identidades comparadas, lengua y literatura, lingüística y el andaluz, entre otros temas. Actualmente soy instructor de español en la University of Kentucky (EEUU, KY), director fundador y coordinador del grupo literario palabras indiscretas , cónsul de la provincia de Cádiz (España) de poetas del mundo, editor de la revista literaria palabras indiscretas (RLPI) y colaborador permanente de la sección de estudios hispánicos y co-editor en la revista digital de humanidades Sarasuati. Hago de revisor en revistas académicas como Nomenclatura, LL Journal y UDP. * * * * * ENGLISH --------------- I graduated in both English and Hispanic Philology at Universidad de Cádiz, Spain, previously an International Student at the University of Birmingham (England, U.K) in 2005-06, and in 2006-07 simultaneously TA and International Student at Amherst College (MA, U.S.A.). PhD in Hispanic Studies from the Universidad de Cádiz, Spain. My research field is interdisciplinary, the objects of which are the Latino and White identities in Films. I am interested in Cultural Studies, Film Studies, Sociology and Comparative Identities, Language and Literature, and Andaluz among other subjects. Currently, I am Instructor of Spanish at the University of Kentucky (KY, U.S.A.), Founding Director and project co-ordinator of the Literary Group Palabras Indiscretas (GLPI), Consul of the Province of Cadiz for Poetas del Mundo, Editor of the Literary Journal Palabras Indiscretas (RLPI), and permanent contributor to Hispanic Studies and Co-editor for the e-Journal of Humanities Sarasuati. And Revisor Peers Review in academic journals such as Nomenclatura, LL Journal and UDP. * * * * *

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