El pensamiento teocrático de la Alta Edad Media

 

Casiodoro     Son muchos siglos, unos diez, los que engloba la Edad Media y por ello se dividió en dos partes: La Alta Edad Media que arranca con la invasión de los bárbaros y la Baja Edad Media que empieza durante el siglo XI. Como nuestra próxima biografía versará sobre Tomás de Aquino (1225-1274), dejaremos la Baja Edad Media para el próximo artículo y nos centraremos ahora en la Alta Edad Media.

 

      La historia del pensamiento, a través de estas biografías, debe también hacerse eco de la edad oscura que representa la Edad Media para el humanismo. El mismo concepto de Edad Media surgió entre los renacentistas para llamar así a aquellos tiempos que se dieron en la historia entre el mundo clásico y el Renacimiento. Para poder comprender el pensamiento de los teólogos/filósofos que veremos a continuación es pues indispensable asomarse lo más objetivamente posible al pensamiento casi exclusivamente religioso que se dio durante tantos siglos. La verdad ya no se buscaba entre los vivos si no en el cielo. La Edad Media fue para muchos una época de oscurantismo, para otros un tiempo de transición y para algunos un periodo de grandes cambios culturales y tecnológicos. Los románticos del siglo XIX interpretaron ese periodo como un momento histórico cargado de santos y héroes en donde triunfaba el amor cortés y la caballerosidad, la fidelidad y la lealtad. [1]

 

El poder espiritual

     Como bien recordaréis en los tiempos de nuestros dos últimos pensadores, Agustín de Hipona e Hipatia, el Imperio romano agonizaba (siglo v) atacado como estaba en todos sus frentes por los pueblos germánicos (suevos, burgundios, sajones, vándalos, ostrogodos y visigodos). Pero esos bárbaros, término que utilizaban los romanos para denominar a aquellos extranjeros, no fueron los únicos causantes de su decadencia, también influyó la crisis social y económica que atenazaba al Imperio. El Imperio romano dividido en dos desde el año 395 con la muerte del emperador Teodosio, también influyó en la desaparición de Roma como centro del mundo. En el año 476, cuando fue depuesto por los germanos el último emperador romano, Rómulo Augusto, se dio fin al Imperio romano de Occidente. Depuesto el último emperador todo el Imperio se convirtió “en un mosaico de nuevas entidades políticas, los denominados reinos germánicos”.[2] Constantinopla, que pudo evitar la invasión se constituyó como continuadora del Imperio romano. En el siglo VI, el emperador de oriente, Justiniano I (483-565), atacó a los germanos “para reconstruir el antiguo Imperio” (Recuperatio Imperii).

 

     Cayó el poder político pero continúo el sistema económico de finales del Imperio romano que fomentaba la explotación de los campos en detrimento de las ciudades. Los germanos se adaptaron a la estructura social romana y mantuvieron la lengua latina. En cuanto a la religión predominante por aquella época, la cristiana, no fue rechazada ni mucho menos, al contrario, muchos germanos se convirtieron al cristianismo y otros al arrianismo. Entre ellos el rey franco Clodoveo y el monarca visigodo Recaredo que abjuró del arrianismo. De esta forma, poco a poco el poder temporal se acercaba a “la autoridad sacerdotal”. “El pontífice Gelasio I elaboró, a fines del siglo V, la denominada teoría de las dos espadas. Afirmaba que existían los poderes, uno temporal y otro espiritual, y que el primero debía someterse al segundo. A principios del siglo VII, la Iglesia, a través de algunos de sus más cultos representantes ya planteaban la supeditación del poder temporal al espiritual. El obispo sevillano San Isidoro escribió: Las potestades del siglo están sujetas a la disciplina de la religión y, aunque están puestas en la cima del reino, están ligadas por el vínculo de la fe; de modo que han de predicar la fe de Cristo en su leyes y conservar con buenas costumbres la predicación de la fe.

 

     Durante la época de los reinos germánicos la Iglesia aseguró su poder gracias al papado y los prelados de Roma, así como a los monjes y a la expansión del monacato. Cuando desapareció el último emperador romano de occidente, ante el vacío de poder “los pontífices aparecían como la principal autoridad civil de Roma”, y “la Iglesia quedó como depositaria tanto de la lengua latina como, en general, de la cultura clásica”, escribe Julio Valdeón. Además, los papas de Roma siguieron considerándose como la sede principal de la Iglesia frente a los otros rivales de la Cristiandad (Antioquía, Alejandría, Jerusalén y sobre todo Constantinopla). Uno de los papas que fortaleció significativamente el poder pontificio fue Gregorio el Grande (540-604), papa desde el año 590.

 

     Tomando como modelo el ascetismo oriental, muchos practicaron el aislamiento del mundo y se dedicaron a la práctica del ascetismo religioso, eran los eremitas o anacoretas. En Italia, el romano Benito de Nursia (480-543) formalizó el monacato. San Benito creó en el año 529 la orden Benedictina, la vida de sus monjes se repartía “entre la oración, la lectura, el trabajo manual y el reposo” (Julio Valdeón, La Alta Edad Media). Los monasterios benedictinos se expandieron por toda Europa y su labor se centró en la organización, clasificación y copia de los materiales clásicos, “a ellos les debemos prácticamente casi todos los textos que han sobrevivido”. Ese mismo año, el emperador Justiniano promulgó un decreto ordenando el cierre de la Academia platónica en Atenas. Fue “el fin de la educación superior griega en occidente”.[3] “Elementos diversos del pasado clásico se mantuvieron. Entre ellos cabe destacar el cuadro fundamental de las disciplinas sobre las que se organizaba la enseñanza: las siete artes liberales“.[4]

 

     No sólo los monjes benedictinos difundieron el monacato, sino que también lo hicieron los reyes, los aristócratas y los obispos creando abadías, afirma el historiador belga, especialista en la Edad Media, Henri Pirenne (1862-1935) en su obra Mahoma y Carlomagno.[5]  Los monasterios fueron durante toda la Edad Media los únicos centros del saber. Allí se conservaban los escasos códices de la época y se copiaban los textos de los pensadores antiguos. Surgió así “una nueva cultura protagonizada por los eclesiásticos y orientada hacia fines cristianos”.[6] La mayor parte de la población era iletrada y aquellos monjes eran los únicos que seguían teniendo acceso a la escritura. Durante los siglo VI y VII, muchos entraron en la Iglesia para “hacer carrera o guarecerse contra los temporales… pero también están los que entran en ella por convicción, empujados por la fe”, escribe H. Pirenne.

 

     Pirenne opinaba que con las invasiones germánicas no había cambiado nada, y dejaron que la lengua latina continuase siendo el único medio de expresión. Se seguía por aquel entonces utilizando la lengua latina, lengua que poco a poco se fue adulterando para dar paso a las lenguas romances. Esta actitud de asimilación “fue la misma en lo intelectual que en lo político o en lo económico”.[7] La gran diferencia de la sociedad del siglo V en adelante es que ya no hay un único Estado sino que una pluralidad de estados. Sólo “la Iglesia representa por excelencia la continuidad del romanismo” y “su influencia es inmensa”, apunta el historiador H. Pirrene.

 

     Occidente se “bizantinizaba” mientras que en la península arábiga Mahoma daba “a su pueblo una religión”. Nadie sospechaba de aquellas tribus poco civilizadas dos años después de la muerte del profeta (632) cruzarían las fronteras. Heraclio (575-641), el emperador bizantino desde el año 610, no pudo evitar que “el ejército bizantino, superior en número, fuese derrotado por los árabes en la batalla de Yarmuk (636). “La conquista árabe que se desencadena a la vez sobre Europa y Asia carecía de precedentes”.[8] En su avance, el derecho romano es sustituido por el Corán y el griego y al latín por el árabe. En opinión de H. Pirenne, en el transcurso de un siglo (del 650 al 750), “se pierde la tradición antigua”.

 

Biografías

     La religión cristiana de Agustín de Hipona (354-430) condujo el pensamiento de los teólogos y pensadores de los siglos posteriores. Los temas que principalmente tratan son los binomios sobre la unidad razón-fe, la verdad-dios, la eternidad-tiempo, etc. Estas ideas que toman su referencia de la doctrina eclesial se llamará escolástica. Este nuevo pensamiento sitúa a la filosofía como criada de la teología ya que los escolásticos quisieron conciliar la religión con las ideas filosóficas clásicas. Entre ellos destacó Boecio, Casiodoro, Gregorio e Isidoro, todos ellos religiosos salvo Boecio, el último pensador laico.

  

BOECIO, Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio (480-525)

      El filósofo romano Boecio fue cónsul y canciller con Teodorico el Grande (454-526). El ostrogodo Teodorico, criado en Bizancio, llegó a Italia con la orden de vencer a Odoacro, el germano que había depuesto al último emperador romano de occidente, Rómulo Augústulo. Boecio llegó a reunir tanto poder que sus opositores le denunciaron como conspirador del imperio bizantino y por orden del rey italiano “fue encarcelado, torturado y decapitado” (Wikipedia).

 

     Boecio tradujo y comentó a Aristóteles y sus comentarios tuvieron mucha influencia durante toda la Edad Media. Su obra más famosa es Consolatio philosophiae es un diálogo entre Boecio y Filosofía, “personaje alegórico femenino” donde trata sobre el destino, la providencia y la felicidad, entre otros asuntos. Loa al ser supremo siempre desde una óptica filosófica, no desde la fe cristiana. Su pensamiento es una mezcla entre el cristianismo y la moral estoico-romana. El filósofo quiso transmitir en sus obras la cultura grecorromana y “armonizar las líneas fundamentales de la sociedad romana con los valores de los nuevos pueblos”, explica el papa Benedicto XVI (ver la web ZENIT “El mundo visto desde Roma”, artículo “El perfil de los escritores Boecio y Casiodoro” (12-03-2008)). También escribió De arithmetica, De música y sobre teología Opuscula theologiae. Hoy se le considera hoy como “el último representante de la cultura romana antigua y el primero de los intelectuales medievales” (Wikipedia).

 

CASIODORO, Magnus Aurelius Cassiodorus Senator (ha.485- ha. 580)

      El otro canciller de Teodorico, Casiodoro, se retiró del mundo terrenal y fundó en sus tierras el monasterio de Vivarium (540). Allí escribió sus principales obras literarias: Instituciones, Exposition epistulae ad Romanos, Liber memorialis, Complexiones apostolorum y De orthographia”. Instituciones es su obra más famosa y está dirigida a los monjes de Vivarium.

 

     Dice Benedicto XVI de él: “procedente también de un elevado nivel social, se dedicó a la vida política y al compromiso cultural como pocos otros en el Occidente romano de su tiempo. Quizá los únicos que se le podían igualar en este doble interés fueron el ya recordado Boecio, y el futuro Papa de Roma, Gregorio Magno (590-604)”. Como Benito de Nursia, Casiodoro encomendó a los monjes de Vivarium que recuperasen y conservasen “el inmenso patrimonio cultural de los antiguos para que no se perdiera”. Vivarium fue “un cenobio” dedicado a la transcripción de los manuscritos para su posterior transmisión, afirma Benedicto XVI. En opinión de Casiodoro, con la ayuda de la gracia divina, se podía disfrutar mejor de “las conquistas científicas y culturales «profanas» que poseían los griegos y los romanos”. Creía que el saber pagano no debía abandonarse.

  

GREGORIO MAGNO (ha. 540-604)

     El patricio romano “vendió sus bienes y con sus ganancias fundó siete conventos” (H. Pirenne). En su residencia familiar instauró un monasterio “bajo la advocación de san Andrés” (hoy la iglesia de San Gregorio Magno). El papa Pelagio II le envió como nuncio a Constantinopla (580), diez años más tarde fue nombrado papa. En su faceta literaria quiso romper con la tradición de “la retórica antigua”. Gregorio Magno buscaba la “sencillez” para llegar al pueblo y apoyó que la iglesia se sirviese “de un latín sin retórica” (H. Pirenne). Escribió: La pintura puede ser para los iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer (Cita de Gregorio Magno).

 

     Gregorio es autor de una Regula pastoralis (Regla pastoral) un “manual de moral y de predicación destinado a los obispos” (Wikipedia). Según Benedicto XVI, “en ella Gregorio se propone trazar la figura del obispo ideal, maestro y guía de su rebaño”. En el año 600 ordenó que se recopilaran los escritos de los cánticos o himnos cristianos primitivos (conocidos también como Antífonas o Cantos Gregorionos, Salmos o Himnos). Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 20 se septiembre de 1295 por Bonifacio VIII. Gregorio Magno creó la literatura de la Iglesia e Isidoro de Sevilla “hace el inventario de la civilización gracias al cual la Edad Media conocerá la Antigüedad” (H. Pirenne).

 

SAN ISIDORO (ha. 560-636)

     El erudito obispo de Sevilla en la España visigoda dominó el griego y el hebreo, “marcó la unificación litúrgica de la España visigoda e impulsó la formación cultural del clero” Para muchos autores fue uno de los primeros pensadores en formular la teoría del origen divino del poder regio: Dios concedió la preeminencia a los príncipes para el gobierno de los pueblos (Wikipedia).

 

     Escribió tratados filosóficos, lingüísticos e históricos. De entre sus numerosas obras destacan: De natura rerum (Sobre la naturaleza de las cosas), De ordine creaturarum, Regula monachorum, De differentiis verborum y su obra magna Originum sive etymologiarum libri viginti (Etymologiae o Etimologías). Los veinte libros y 448 capítulos de Etimologías son considerados por muchos como uno de los pilares de la actividad cultural. En esta obra enciclopédica, Isidoro recogió todo el saber de los clásicos, sobre teología, historia, literatura, arte, etc. Esta recopilación fue apreciada hasta el Renacimiento y sirvió de base para la enseñanza. Para Pirenne, la compilación de Isidoro prueba su interés en “poner la ciencia antigua al alcance de sus contemporáneos… fue la enciclopedia de la Edad Media” comenta H. Pirenne. Fue canonizado en 1598 y en 1722 el papa Inocencio XIII lo declaró doctor de la Iglesia. En el año 2001 fue declarado patrón de Internet” (Wikipedia).

  

La época carolingia

     Para el historiador Henri Pirenne “la unidad mediterránea” no tocó a su fin hasta mediados del siglo VII, cuando tuvo lugar la expansión islámica. Entonces se “desplazó hacia el norte el eje de la vida histórica y creó las condiciones para la separación entre el Oriente bizantino y Occidente”. Según Pirenne, la Edad Media empieza a partir del año 634 y no antes.

 

     A partir del siglo VIII, la cristiandad europea convivía con Bizancio y el Islam, y en comparación con éstos, “la Europa cristiana parecía establecida en la precariedad permanente y en la penuria cultural y artística”.[9] Las cosas parece que empezaron a ir mejor con el nombramiento de Carlomagno como Emperador del Sacro Imperio romano germánico. Se formó así la primera unión europea.

  

CARLOMAGNO (742-814)

     Carlomagno, rey de los francos, fue nombrado en Roma emperador de la cristiandad occidental europea en el año 800. El papa León III le coronó restableciendo así el desaparecido Imperio de occidente. En Bizancio, una mujer gobernaba el Imperio y “los papas consideraron que el título imperial se encontraba vacante”.[10] Pero lo que sin duda pesó en la decisión papal fue “su valía como combatiente”. En los Anales del monasterio de Lorsch consta el siguiente texto: Habiendo consentido Dios todopoderoso colocar todos estos países bajo su autoridad sería justo… que llevara el título de emperador. El rey Carlos no pudo rechazar esta petición y, sometiéndose humildemente a Dios, el día de Navidad recibió este título y la consagración del papa León. Carlomagno dividió el Imperio en condados y organizó las marcas o líneas fronterizas para defender el territorio de bretones, ávaros y musulmanes. “Una de estas marcas era la denominada marca Hispánica situada en el noreste de la península Ibérica.

 

     Durante su reinado hubo un despegue económico importante y se mejoraron aspectos legales y culturales. Eginardo, autor de una biografía de Carlomagno La vita Karoli, escribió: Cultivó con extraordinario celo las artes liberales y veneraba a los que las enseñaban… Practicó escrupulosamente y con la mayor devoción la religión cristiana…. Se habla de renovación de la vida intelectual de Renacimiento Carolingio. Las bibliotecas de la segunda mitad del siglo IX y X se llenaron de obras de autores clásicos (Tácito, César, Tito Livio, Cicerón, Virgilio, Terencio, Suetonio, Ovidio, Séneca…). Entre los intelectuales destacó Alcuino de York encargado de la revisión de los textos religiosos y escritor “de manuales sobre la gramática latina novelas de las glorias literarias de la Antigüedad Clásica”.[11]

 

     El Imperio Carolingio fue “el primer gran ensayo de organización de la cristiandad occidental”.[12] [En su nueva capital, Aquisgrán, se levantaron el palacio y la catedral de estilo Románico Carolingio, una mezcla de arquitectura romana con influencias bizantinas y orientales. Sin embargo, el reluciente Imperio se desintegró en cuanto murió su fundador. En el año 843, los tres nietos de Carlos el Grande se repartieron el Imperio en el Tratado de Verdún. A finales del siglo X, el imperio había desaparecido. Sin embargo, no desapareció la idea de Imperio “entendido como supremo poder temporal y ordenador de la cristiandad”[13] y la dignidad imperial se restableció con los reyes alemanes, pertenecientes a la dinastía sajona, los Otones. El monarca de Germania, Otón I el Grande (912-973) ayudó al papa Juan XII frente a sus enemigos y fue coronado en Roma por el pontífice (962). Fue el primer emperador del Sacro Imperio Germánico.

 

 

Notas:
[1] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
[2] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
[3] Charles Van Doren, Breve historia del saber.
[4] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
[5] Henri Pirenne, Mahoma y Carlomagno.
[6] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
[7] Henri Pirenne, Mahoma y Carlomagno.
[8] Henri Pirenne, Mahoma y Carlomagno.
[9] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
[10] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
[11] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
12] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
[13] Julio Valdeón, La Alta Edad Media.
 
Biografía y Webgrafía
Pirenne, Henri (1970) MAHOMA Y CARLOMAGNO, versión española de Esther Benítez, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2005.
Valdeón, Julio (1988) La Alta Edad Media Colección Biblioteca Básica, Serie Historia, Grupo Anaya, S.A. ,7ª edición, 2005.
Van Doren, Charles (1991) Breve historia del saber, traducción Claudia Casanova. Editorial Planeta, S.A., 4ª edición, 2006.
 
Boecio http://es.wikipedia.org/wiki/Boecio
Casiodoro http://es.wikipedia.org/wiki/Casiodoro
Gregorio Magno http://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno
San Isidoro http://es.wikipedia.org/wiki/San_Isidoro
 
Zenit, el mundo visto desde Roma, Papa Benedicto XVI: 
Boecio y Casiodoro: http://www.zenit.org/article-26647?l=spanish (12-03-2008).
Gregorio Magno: http://www.zenit.org/article-27508?l=spanish (04-06-2008).
San Isidoro de Sevilla: http://www.zenit.org/article-27663?l=spanish (18-06-2008)

 

 

 

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About Pilar Mur López

Nacida en Barcelona (1961). Diplomada en Magisterio y Licenciada en Humanidades por la UOC en febrero 2011. Experiencia laboral: administración, profesora de ofimática y contable. Idiomas: castellano (lengua materna), francés (Liceo Francés de Barcelona), catalán (nivel C) e inglés (First Certificate). Actualmente soy secretaria de la Associació de Diabètics de Catalunya delegació Barcelona.

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