El siglo XIII, el “siglo occidental”, el “nuevo Aristóteles” y Fray Tomás de Aquino (1ª parte)

 

LA ORDEN DOMINICANA (o DE LOS PREDICADORES) 

     Durante todo el siglo XIII se construyeron o se acabaron catedrales, se fundaron nuevas Universidades y se constituyeron las nuevas Órdenes mendicantes, unas nuevas comunidades estrechamente vinculadas a la Universidad que hicieron el voto de pobreza y se mantuvieron gracias a las limosnas. Algunos de aquellos frailes mendicantes, como veremos más adelante, fueron reconocidos como los mejores maestros del siglo. Las primeras Órdenes, la dominicana (1216) y la franciscana (1223), fueron creadas respectivamente por el español Domingo de Guzmán (1170-1221) y el italiano Francisco de Asís (1181-1226). Estuvieron apoyadas por el papa Honorio III y nacieron con el compromiso de luchar contra las herejías con la predicación. Con este fin, el papa también organizó una Cruzada contra los cátaros del sur de Francia (1209-1244), de la cual fue testigo Domingo, catedrático de Teología y sacerdote. En su camino hacia Roma, Domingo se detuvo en el Languedoc y se convirtió en predicador entre los herejes cátaros convencido de que podía convertirles al catolicismo. Testigo de la dureza de la Cruzada, lapidación de los herejes, crucifixión y hogueras, en 1216, Domingo fundó la orden dominicana, también llamada de los Predicadores. Quiso vivir como la Iglesia primitiva lo hizo, según la pobreza evangélica, y a pesar de estar prohibida la mendicación esta fue la única forma de mantenerse que tuvieron sus frailes. Por supuesto, para poder pedir limosna los conventos tuvieron que instalarse en las ciudades. Convencido de la importancia del estudio para evitar la ignorancia que conoció entre los herejes, decidió que el estudio “de la Biblia y la ciencia” fuesen un requisito de la orden. A la nueva orden “acuden en masa profesores y estudiantes” ya que se permitía abandonar la oración por el estudio. Como misionarios del cristianismo, los dominicos se desplegaron por la Europa cristiana. Cuando murió su fundador “la orden ya se había establecido en España, Francia, Italia, Alemania, Hungría, Inglaterra, Suecia y Dinamarca, un total de 30 conventos” [1] . 

 

LAS UNIVERSIDADES 

     En las Universitas que por aquel entonces funcionaban como cualquier otro gremio, maestros y alumnos reunidos en el claustro reglamentaban sus estudios y disponían sus derechos y obligaciones. La Universidad de París (1150), cercana a la Catedral de Notre Dame, se amplió con la facultad de Artes, Derecho, Medicina y Teología, y se convirtió en “la más importante de la cristiandad”, afirma el catedrático en Metafísica, Edualdo Forment [2]. La facultad de las Artes era la más numerosa puesto que además era la preparatoria para el ingreso en las otras. La Iglesia y la monarquía hicieron construir residencias y colegios para los estudiantes que cada día eran más numerosos. Entre estos centros los más conocidos fueron la residencia de Saint Jacques, de los dominicos; y Les Cordeliers, de los franciscanos. La Universidad estaba controlada por el poder eclesiástico y el papa estaba representado a través de su canciller. En Italia, la Universidad napolitana (1224) era una excepción, era laica y estatal. Fue fundada por el emperador Federico II, quien hizo lo imposible por vencer al poder papal. 

  

     En las Universidades europeas se estudiaba a los clásicos griegos gracias a sus traducciones al latín. Aquellas obras habían pasado de Atenas a Bagdad y de Bagdad a Córdoba, en donde se tradujeron los filósofos griegos al árabe. Luego pasaron a Toledo y a Palermo, donde se tradujeron del árabe al latín y por fin pudieron leerse en París, en Bolonia (1088) y en Oxford (1096). Fue así cómo a la Europa occidental llegaron las obras desconocidas de Aristóteles (s. IV a.C.) y que se englobaron en la logica nova. Las obras aristotélicas que componían la logica vetus (vieja) y que habían sido traducidas por Boecio, formaban parte de las siete artes liberales y constituían por aquel entonces el sistema educativo. Tres trivium eran las artes del discurso: gramática, retórica y dialéctica; y cuatro quadrivium eran las artes matemáticas: aritmética, geometría, astronomía y música. Las autoridades de la dialéctica eran junto a Aristóteles, Porfirio (s. III) y Boecio (s. V) y los clásicos latinos, Cicerón, Virgilio, Horacio y Ovidio. El sistema cristiano medieval, como había recomendado Agustín de Hipona, fomentaba el estudio de aquellos paganos porque era básico para poder comprender las Sagradas Escrituras, gracias a la dialéctica se podían investigar profunda y racionalmente, escribió. 

  

     Sin embargo, el estudio de la dialéctica suponía para algunos un grave peligro para la sociedad cristiana europea y “llegó una reacción contraria a ella”, escribe el doctor en filosofía Josep M. Ruíz [3]. Entre los reaccionarios se encontraba el cardenal italiano, Pedro Damián (1007-1072), quien consideró que “la filosofía ha de ser la criada de la teología”. Y el monje francés, Bernardo de Claraval (1090-1153), que exigió que todo el conocimiento pagano se subordinase a la teología. 

  

EL NUEVO ARISTÓTELES 

     El siglo XIII trajo consigo importantes cambios culturales y sociales, gracias al estudio de los textos de la <<Logica Nova>> de Aristóteles. Su repercusión fue decisiva en el pensamiento cristiano occidental. Estas obras eran: Tópicos, las Refutaciones de los sofistas, los Primeros Analíticos y los Segundos Analíticos. Estas dos últimas obras están dedicadas, la primera al silogismo, y la segunda a “la demostración, así como de la definición y el conocimiento científico” (Wikipedia, Segundos Analíticos). El silogismo “es una forma de razonamiento deductivo que consta de dos proposiciones como premisas y otra como conclusión, siendo la última una inferencia necesariamente deductiva de las otras dos” (Wikipedia, Silogismo). Veamos un par de ejemplos de silogismo: ningún alumno es profesor; algunos estudiosos son alumnos, por lo tanto, algunos estudiosos no son profesores. Otro: todo hombre es mortal; todo científico es hombre, por lo tanto: todo científico es mortal. Aristóteles fue el primero en formular este método cognoscitivo y sus obras cambiaron la “forma de entender la lógica y también la práctica de la filosofía en general” ya que “los Analíticos Segundos transformaron las teorías de la argumentación”, escribe Josep M. Ruíz. Según Aristóteles, con la demostración científica, la argumentación dialéctica resultaba ser totalmente insuficiente. 

  

     Nuevas obras traducidas al latín forman parte del conocido como <<Nuevo Aristóteles>>: Física, Sobre el alma, Sobre la generación y la corrupción, Sobre el cielo y el mundo, la Metafísica y la Ética a Nicómaco. Aristóteles pasa a ser considerado desde ese momento “como una de las autoridades de la lógica… y de la filosofía en general, particularmente de la natural”, (J. M. Ruíz). Estas obras aristotélicas incluían los comentarios, también traducidos, que habían hecho los árabes Avicena (s. XI) (Wikipedia, Avicena) y Averroes (s. XII) (Wikipedia, Averroes <<el comentador>>), así como del judío Maimónides (s. XII) (Wikipedia, Moshé ben Maimón, Maimonides). Pero el <<Nuevo Aristóteles>> suponía ideas extrañas, nuevas, peligrosas y paganas. 

  

PROHIBICIÓN ECLESIÁSTICA 

     En general, se consideró que la filosofía aristotélica no congeniaba con los dogmas de la religión cristiana, sobre todo la parte de la física y la metafísica. En varias ocasiones, durante el siglo XIII, se prohibió la lectura de la filosofía natural de Aristóteles, y también sus comentarios. En el año 1215, el papa Gregorio IX escribió a los teólogos de la Universidad de París para recordarles que <<la filosofía debía ser la sierva de la teología>>. Aquellos pensadores cristianos “no podían aceptar la primacía de la sabiduría sobre la fe”. La Iglesia advertía, limitaba y prohibía. En 1245 quedo prohibido el estudio del filósofo Estagirita (Aristóteles había nacido en Estagira, Macedonia). En 1277, Etienne Tempier, el obispo de París, prohibió 219 de las tesis presentadas por Aquino por no ser heterodoxas (disconformes con el dogma de una religión), porque ejercían <<efectos perversos>>. A pesar de todo, el <<Nuevo Aristóteles>> acabó aceptándose. En 1325, las condenas de Tempier fueron abolidas. A mediados del siglo XIV, en la universidad parisina para conseguir “el grado académico de licenciado en Filosofía tenía que conocer todos los libros de Aristóteles” (J. Pieper Introducción a Tomás de Aquino). 

  

     En la Universidad, el trívium y el quadrivium perdieron su valor y se estudiaba la lógica y la filosofía natural de Aristóteles. La gramática dejó de estudiar a los autores clásicos para estudiar, gracias a la lógica, “las causas de los hechos gramaticales”, escribe J.M. Ruíz. La influencia aristotélica también influyó en la ética y ésta pasó a ser el modelo a seguir. La verdad es que la filosofía de Aristóteles interpretaba la realidad de una forma totalmente distinta a como lo llevaba haciendo el pensamiento cristiano medieval, y los filósofos y los teólogos que se sentían atraídos o creían en las tesis aristotélicas, seguramente por miedo a las represalias, no cuestionaron la verdad de los tradicionales dogmas cristianos. 

  

LA FILOSOFÍA, DISCIPLINA SEPARADA DE LA TEOLOGÍA 

     Algunos filósofos quisieron delimitar sus estudios y dejar el análisis de milagros y otras cuestiones sobrenaturales a los teólogos, ahora lo que de verdad importaba era el estudio de los principios de la naturaleza. Sin duda el <<Nuevo Aristóteles>> y la <<Logica Nova>> causaron furor durante la mayor parte del siglo XIII. El franciscano Roger Bacon (1214-1294) opinó que si se respetaba el contenido de Aristóteles su filosofía era conciliable con el cristianismo y apoyó “la importancia de la experimentación en la ciencia” (J. M. Ruíz). 

  

     Pero el gran introductor del pensamiento aristotélico fue sin duda el dominico alemán Alberto Magno (1200-1280) que presentó el sistema aristotélico en formato enciclopédico. Además, Alberto Magno se atrevió a reinterpretar la relación entre filosofía y teología, y propuso que se separasen ambas disciplinas. Se debían “llevar a cabo sus investigaciones independientemente, sin interferir la una sobre la otra”. Suponía pues la autonomía de la filosofía con respecto a la religión y también “un blindaje de la teología con relación a los posibles cuestionamientos de sus principios por parte de la filosofía”, concluye J.M. Ruíz. Sus propuestas desembocaron en la conversión de la Facultad de Artes en París en la de Filosofía. Considera E. Forment, como lo hacen también otros pensadores, que Alberto Magno “trazó el camino de integración de toda la ciencia en el pensamiento cristiano” (E. Forment, Santo Tomás de Aquino, 57). 

  

     Además, Alberto Magno diferenció el conocimiento natural (razón y filosofía) del sobrenatural (fe y teología) ya que los misterios revelados no podían ser razonablemente demostrados. La razón no podía demostrar aquello que se “fundamenta en la fe”. Por ejemplo, “la cuestión de la Trinidad ya no la consideró una cuestión filosófica, sino teológica” (E. Forment, 61). El maestro alemán se sintió atraído por las ciencias de la naturaleza y escribió tratados sobre minerales, flora y fauna alemana, así como astronomía. 

  

     En sus respectivas Órdenes mendicantes, el franciscano Buenaventura (1229-1274) y el dominico Tomás De Aquino (1224-1274) se dedicaron al estudio de “grandes síntesis teológicas a partir del impulso científico propiciado por el aristotelismo universitario” (J.M. Ruíz). Buenaventura alertaba “en contra de los errores que se estaban divulgando”, sobre todo porque “sin la luz” que proporciona la fe “no se puede conseguir la verdad ya que está condenada al error” (J.M. Ruíz). Los historiadores del pensamiento han llamado a esta corriente <<neoagustinismo>> porque englobaba a los teólogos inspirados en Agustín de Hipona y representaban a las ideas conservadoras. En oposición a las tesis neoagustinas y a los partidarios del pensamiento representado por Averroes, quien creía en la autosuficiencia de la filosofía, se posicionó nuestro futuro protagonista, fray Tomás De Aquino, el discípulo predilecto de Alberto Magno. 

  

     Como su maestro, fray Tomás fue partidario de la separación entre la filosofía (basada en la razón y que tiene como objeto la naturaleza) y la teología (que parte de la autoridad y tiene como objeto a Dios). Para el fraile dominico, la filosofía era una disciplina muy valiosa ya que era la mejor forma de expresar la verdad, alcanzando ésta gracias a la razón sin necesidad de revelación divina. Apostó por su autonomía pero consideró que los conocimientos que aportaba la filosofía eran insuficientes pues no puede dar con “la verdadera finalidad de la vida humana”, conocer a Dios. No se oponen ambas disciplinas, argumentaba el Aquinate (de la ciudad de Aquino), sólo que “los dogmas de fe son verdaderos y las conclusiones filosóficas no pueden contradecirlos (J.M. Ruíz). Tomás de Aquino tomó <<una decisión filosófica pura>> siguió a Aristóteles pero no a sus comentadores. Le atrajo la visión realista de Aristóteles porque él también creía en aquello que está ante sus ojos, porque el conocimiento natural llega a través de los sentidos, escribió fray Tomás. 

  

     Tomás de Aquino definió “un doble orden de verdades”: aquellas naturales adquiridas gracias a la razón humana, y las sobrenaturales recibidas por “la revelación de la fe”. Así pues, afirmaba que existían dos formas diferentes para llegar a conocer dos cosas diferentes: la filosófica y la teológica. Si bien la fe “trasciende a la inteligencia natural”, creía el Aquinate que esta superioridad “no implicaba un conflicto entre ambas”, y señaló su coincidencia en su origen, Dios (E. Forment, 139). 

  

     Por el momento, dejamos aquí este artículo para dedicarnos en el próximo más detenidamente al pensamiento y vida de Tomás de Aquino que dijo: 

Teme al hombre de un solo libro

 

 

 

Notas
[1] Josef Pieper, Introducción a Tomás de Aquino (1986). Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005. 
[2] Eudaldo Forment, Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007. 
[3] Profesor de Historia del Pensamiento en la Universidad on-line catalana (Universitat Oberta Catalana). Historia del pensamiento I, Módulo IV, La filosofía en el Occidente latino medieval (800-1277) UOC. 
 
Bibliografía 
  • Pieper, Josef (1986) Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005. 
  • Forment, Eudaldo Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007. 
  • Ruíz, Josep M., Historia del pensamiento I, Módulo IV, La filosofía en el Occidente latino medieval (800-1277) UOC.

 

 

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El siglo XIII, el “siglo occidental”, el “nuevo Aristóteles” y Fray Tomás de Aquino (1ª parte) por Pilar Mur López, a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Pilar Mur López

Nacida en Barcelona (1961). Diplomada en Magisterio y Licenciada en Humanidades por la UOC en febrero 2011. Experiencia laboral: administración, profesora de ofimática y contable. Idiomas: castellano (lengua materna), francés (Liceo Francés de Barcelona), catalán (nivel C) e inglés (First Certificate). Actualmente soy secretaria de la Associació de Diabètics de Catalunya delegació Barcelona.

One Comment

  • 12 diciembre 2011 | Permalink |

    JAQUE MATE A LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA. La importancia de la crítica a la doctrina judaizante de la Iglesia, radica en que nos aporta los elementos de juicio necesarios para visualizar nítidamente __la omisión capital que cometió Pablo en sus epístolas al mutilar al cristianismo de la doctrina más importante para la humanidad. Desechando la prueba viviente de la trascendencia humana patente en Cristo, que se alcanza practicando las virtudes opuestas a nuestros defectos hasta adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos). Disciplina que nos da acceso a los contenidos, enseñanzas y potencialidades del espíritu__ Y la urgente necesidad de formular un cristianismo laico enmarcado en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana (sustentada por filósofos y místicos, y ratificada por la trascendencia humana de Cristo); a fin de afrontar con éxito: “el ateismo, el islamismo, el judaísmo, el nihilismo, la nueva Era y la modernidad”, que amenazan con sofocar al cristianismo .http://es.scribd.com/doc/73946749/Jaque-Mate-a-La-Doctrina-Judaizante-de-La-Iglesia

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