El siglo XIII, Fray Tomás de Aquino (2ª parte)

 

Para la biografía de este fraile dominico me he basado en el libro biográfico Santo Tomás de Aquino {el oficio de sabio} (2007), del catedrático en metafísica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, Eudaldo Forment (1946-). [1] Y en el libro del filósofo alemán Josef Pieper (1904-1997) Introducción a Tomás de Aquino (1986). [2] Los datos recogidos por E. Forment están basados, sobre todo, en el mejor biógrafo de Tomás de Aquino, Guillermo de Tocco (ca.1250-ca.1323), contemporáneo y artífice de la canonización de fray Tomás.

 

 

Tomás de Aquino nació en el castillo de Roccasseca, en el antiguo condado de Aquino, el año 1225. Era el pequeño de nueve hermanos criados “en un ambiente de gran nobleza, de armas, de cultivo de letras, de relaciones sociales y de profunda piedad religiosa” (E. Forment, 18). Con 5 años, Tomás ingresó en el monasterio de Montecassino “como oblato” (“niño ofrecido por sus padres a Dios y confiado a un monasterio para que se eduque culta y piadosamente”, DRAE). Como pago, su padre “donó treinta libras de oro y un molino al monasterio”. Permaneció entre los benedictinos durante 9 años y allí aprendió a la perfección el lema de la Regla de San Benito: Ora et labora. Cuando en 1239, las tropas del emperador Federico II (1218-1250) ocuparon el monasterio, el abad tuvo que cerrar el convento. El emperador había fundado en Nápoles una Universidad laica, el Studium (1224), donde enviaron a Tomás con el ánimo de formarle como burócrata imperial. [3] 

 

NOVICIO DOMINICO

En Nápoles, el joven Tomás se relacionó con los frailes dominicos pertenecientes a la Orden de los predicadores (ver artículo anterior), y con 19 años pidió ser admitido en su convento dominico. Entre las leyes de la Orden destaca la que hace referencia a su finalidad: “la salvación de las almas” gracias a la predicación. El estudio se convirtió en pieza clave para la “preparación para la predicación (…) era una obligación”, escribe Forment. Porque con el estudio se conseguía la verdad. Veritas es el “lema y divisa de la Orden” (Forment, 37).

 Parece ser que lo hizo sin decir nada a su familia puesto que seguramente no habría comprendido el deseo de vivir en “la pobreza de la Orden dominicana”. Explica Tocco que cuando Tomás viajaba hacia Bolonia sus hermanos le secuestraron y le tentaron a fin de que dejase la Orden. Le encerraron en una habitación junto a “una mujer de mala reputación”, escribe Forment. El fraile la expulsó de la habitación y se prometió castidad hasta el final de sus días  (ver imagen). Entonces le llevaron junto a su madre en el castillo de Roccasecca. Allí estuvo encerrado cerca de un año y medio. Todo fue inútil, en vez de convencerle para dejar la Orden el encierro le vino como anillo al dedo y se dedicó al estudio de “la Biblia y el libro de Sentencias de Pedro Lombardo (1100-1160)”, obra que servía como “texto teológico en las Universidades medievales” (Wikipedia, Pedro Lombardo), también estudió a fondo las patrísticas (doctrina, obra y vida de los Santos Padres). Cuenta Forment que el fracaso de los planes maternos fue completo ya que su hermano mayor acabó en la Orden benedictina. Las cosas se dispusieron de tal manera que Tomás pudo escapar saltando por la ventana (1245).

 

Fue en Nápoles donde Tomás inició su relación con las Órdenes mendicantes y Aristóteles (s. IV a.C.), las dos fuerzas que determinaron “su propio tiempo y el futuro de todo Occidente”, afirma J. Pieper. De la Orden dominicana le atrajo su radicalidad, “la perfección evangélica” que se traducía en la imitación de Cristo. De Aristóteles su explicación “puramente natural de la realidad” (J. Pieper).

 

PARÍS-COLONIA-PARÍS

En 1248, fray Tomás fue enviado a París. Allí acabó sus estudios de las Artes en la Universidad parisina y empezó los de Teología en el convento de Saint Jacques. En esta época, el papa Gregorio IX encargó a la Orden predicante la gestión de la Inquisición para dar caza al hereje. Los futuros inquisidores serían pues dominicos. En su obra Suma Teológica, fray Tomás se muestra a favor del castigo del hereje y escribió: “si al falsificador (de moneda) se le mata… también debe matarse a quien hace algo mucho peor como es falsear la fe”. Como bien apunta Pieper, no debemos juzgar la opinión del que es santo como cruel y debemos considerar el momento en el que dijo esas palabras. Hoy en día, juzgamos como bárbara aquella forma de impartir justicia.

A petición de su maestro Alberto Magno, Tomás le acompañó a Colonia. Fue su ayudante y también le ayudó en sus clases. [4] Tomás asistía a las clases impartidas por el maestro Alberto Magno sobre Aristóteles y sobre el ateniense convertido al cristianismo, Dionisio Areopagita (siglo VI). Alberto Magno se maravillaba ante el trabajo de su discípulo que con sólo 25 años ya era sacerdote. Su fama le precedía y el papa Inocencio IV le ofreció la abadía de Montecasino, fray Tomás se negó. En la Universidad de París necesitaban un bachiller para la cátedra de Teología para extranjeros. Alberto Magno recomendó al maestro de la Orden a Tomás de Aquino, tenía entonces 27 años.

En la Universidad parisina se vivía un ambiente muy tenso y enrarecido, los profesores seculares se enfrentaban a los maestros regulares representados por los mendicantes. El motivo fue que la Orden obtuvo las dos cátedras de Teología y esto no gustó a los seculares quienes arremetieron contra los religiosos dominicos y franciscanos. El cabecilla era el canónigo Guillermo de Saint-Amour que quería que los mendicantes volviesen a sus conventos y viviesen como monjes. Consiguió que los tres catedráticos mendicantes de la Universitas fueran expulsados de la comunidad. Sólo tras la intercesión del papa Inocencio IV se aceptó su labor en una sola cátedra. Luego, Saint-Amour hizo llegar al papa un documento donde enumeraba las “herejías practicadas por las Órdenes mendicantes”. El objetivo era revocar sus privilegios y dejarlos “sujetos a las jurisdicciones diocesanas” (“distrito o territorio en que tiene y ejerce jurisdicción espiritual un superior eclesiástico”, DRAE). Su objetivo se vio cumplido pero el nuevo papa Alejandro IV abolió la bula anterior y restituyó todos los antiguos privilegios. Los profesores mendicantes fueron readmitidos en la Universidad.

E. Forment considera que las rencillas aparecieron a raíz de comprobar cómo los profesores mendicantes atraían a un mayor número de alumnos, seguramente por estar mucho mejor preparados. Otro motivo era la simpatía que estas Órdenes despertaban en el rey de Francia, Luís IX  (1214-1270), la antítesis del emperador Federico II. La política del monarca francés apoyó siempre al papado y se basó en el ideal cristiano. En el Concilio Ecuménico de 1245, convocado por el papa Inocencio IV, el monarca francés estuvo a favor de la deposición y excomunión del emperador Federico y fue designado como líder de la 7ª cruzada (1248-1254). Fue un desastre y pronto fueron derrotados, el propio rey Luís IX fue hecho prisionero, tuvieron que pagar para su liberación “un millón de onzas de oro”. Luís IX fue canonizado en 1297 (San Luís).

En 1256, Tomás fue nombrado maestro de Teología, pero a pesar de obtener el grado de maestro, el gremio no le aceptó. Escribió entonces su defensa en Contra los que impugnan el culto divino y la religión y demostró “la falsedad de todas las acusaciones” así como el derecho que tenían a enseñar. Finalmente, el papa Alejandro IV mandó quemar el segundo libro de Saint-Amour, y le acusó de escribir “cosas perversas y reprobables”, el rey francés le desterró de París. El Aquinate y el franciscano Buenaventura fueron readmitidos en la Universidad y se incorporaron al claustro. Fray Tomás leía y comentaba la Biblia, presentaba tesis para ser debatidas y predicaba sobre un tema, esa era su labor. Tres años más tarde, el dominico catalán Raimundo de Peñafort (1185-1285) encargó a fray Tomás un manual para los frailes “que se dedicaban en España a la conversión de musulmanes y judíos” (Forment, 87). Tomás empezó así la redacción de la Suma contra los gentiles (1259-1264).

 

DE NUEVO EN ITALIA

Reenviado a Nápoles en 1259, Tomás de Aquino nombró a fray Reginaldo de Piperno su secretario. El Aquinate era predicador general en el convento de Santo Domingo y pasó la mayor parte de su tiempo dedicado a su obra la Suma contra los gentiles. También organizaba los estudios y fundaba nuevos “centros de instrucción para los misioneros dominicos en España”. Desplazado a Orvieto como lector del convento conoció al papa francés Urbano IV quien cautivado por la erudición del fraile italiano le encargó tres importantísimos trabajos. El primero fue la transcripción de los comentarios hechos por los padres de la Iglesia (en griego y latín) de los cuatro evangelios, Glosa continua sobre los cuatro evangelios. El segundo, el estudio de los “textos griegos de distintos padres de la Iglesia de Oriente”, Sobre la fe en la Santísima Trinidad, y cuyo objetivo era recuperar la concordia de las dos iglesias cristianas. Estas estaban separadas desde el siglo IX, cuando el patriarca de Constantinopla, Focio, acusó a la Iglesia Occidental de alteración del credo y de menospreciar el patriarcado bizantino. Cuando se confirmó la unión en el Concilio de Lyon (1274), el papa Urbano y Tomás ya habían muerto. Por último, el tercer encargo tuvo que ver con la liturgia del Corpus Christi (eucaristía o comunión). Para el oficio del Corpus, el Aquinate preparó cinco himnos eucarísticos que “han permanecido en la liturgia de la Iglesia hasta nuestros días” (Forment).

En 1265, el papa Clemente IV “le designa como arzobispo de Nápoles. Tomás no aceptó este honor” (Forment, 298). Viajó a Roma con el encargo de “abrir un estudio provincial”, es decir un lugar donde formar a los jóvenes dominicos de la provincia y fue nombrado “maestro regente en Teología”. Empezó aquí su obra inacabada Suma teológica en donde dice: “… nos proponemos en esta obra exponer las verdades de la religión cristiana en forma apta para la enseñanza de los principiantes”. A partir de 1266, Aquino se dedicó al comentario de las obras de Aristóteles. También escribió Sobre el gobierno de los príncipes (1267), una pequeña obra donde exponía su “concepción cristiana de la política”. Tres eran las tesis que Tomás de Aquino desarrolló: la primera decía que la actividad política pertenecía “al campo de la razón natural humana”. La segunda, que ninguna autoridad puede ejercer el poder absoluto y tercero, que la religión y la política deben ser cuestiones independientes. Escribió Tomás: “… en lo que concierne al bien político, es mejor obedecer al poder secular antes que al espiritual, tal y como se dice en Mateo, 22, 21: “Dad al César lo que es del César”. Eran estas unas tesis que sin duda pesaron mucho en el futuro del pensamiento político.

Se reanudaron las disputas entre seculares y mendicantes en la Universidad de París y volvieron a enviar a Tomás para que se pusiese al frente de nuevo de la cátedra de extranjeros (1268). A modo de curiosidad, explica Forment que su viaje lo hizo a pie junto a otros dominicos y que “se ha calculado que durante toda su vida recorrió a pie, en sus traslados, no menos de 15.000 km”. Otras biografías describen el viaje en barco. Por su parte, Pieper también afirma que sus desplazamientos los realizó a pie como prueba de su ideal de pobreza. Por no tener, escribió Pieper, no tenía ni papel “escribía sobre pedazos y trozos diversos”. De vuelta en París, Fray Tomás escribió en defensa de las Órdenes mendicantes La perfección de la vida espiritual.

 

UN PAR DE MILAGROS

Dejó París, al ser reclamado como maestro regente de Teología en la Universidad de Nápoles y viajó con su secretario, fray Reginaldo y el dominico Tolomeo de Lucca (quienes serán testigos de su canonización y biógrafos del maestro). Cuentan sus biógrafos que en el camino hacia Nápoles, Reginaldo cayó gravemente enfermo de paludismo. Tomás le tocó con la reliquia de Santa Inés que siempre llevaba colgada al cuello y Reginaldo sanó inmediatamente. ¡Milagro!

En la mañana del día 6 de diciembre de 1273 estaba celebrando misa cuando algo extraño le sucedió. Desde entonces no volvió a escribir ni tampoco a dictarle nada a fray Reginaldo quien no podía comprender cuál era el motivo de su postura. Fray Tomás le contestó: “Reginaldo, no puedo, porque todo lo que he escrito me parece paja… respecto de lo que he visto y me ha sido revelado”. Desveló a Reginaldo que había tenido revelaciones y que le quedaba poco tiempo de vida. Tal vez, supone Forment, “había llegado a la sabiduría mística”. Los estudiosos del dominico opinan que tal vez fue una “razón biológica”, es decir que fue la consecuencia de un derrame cerebral o bien de “un agotamiento tremendo que habría provocado una perturbación mental”. [5] Fuese como fuese, el Aquinate quedó todavía más ausente y silencioso que antes.

Invitado por el papa Gregorio, fray Tomás se dirigió hacia Lyon para asistir al Concilio de 1274. Cuando llegaron a la abadía cisterciense de Fossanova, Tomás se encontraba “débil y enfermo”, explica Tocco en su biografía. Un día quiso comer arenques, “imposibles de encontrar durante aquella época”, apunta Forment, pero aun así Reginaldo salió de compras. Un pescador llevaba sardinas y Reginaldo le compró una cesta, al abrirla en su interior encontró arenques. ¡Milagro!

Murió poco después, en la abadía de Fossanova, el día 7 de marzo de 1274. Su cuerpo fue enterrado y desenterrado en varias ocasiones (5 veces según Forment), para evitar que lo reclamasen y para extraer de su cuerpo algunas reliquias. Tanto se ha escrito de los traslados del cuerpo incorrupto del santo que no sabremos nunca con exactitud qué fue del cuerpo del santo, ni tampoco dónde está. Se ha escrito mucho acerca de las causas de la muerte del Aquinate. Historiadores y pensadores del siglo XX apuntan a que la causa fue un golpe que se dio en la cabeza al chocar con un árbol de camino a Lyon y que le dejó aturdido momentáneamente. También se ha sugerido que tal vez fuese envenenado por Orden de Carlos I de Anjou, el hermano de Luís IX de Francia, ya que se sospecha que iba a informar de “sus muchos hechos reprochables” (E. Forment, 289).

 

SU CANONIZACIÓN

El proceso de canonización empezó en 1319 y acabó en 1323. El papa nombraba a un canonista, o “abogado del diablo”, que tenía que cuestionar la canonización. Aquél era de la opinión “que había pocos milagros” realizados en vida, sólo “tres” fueron admitidos, nos explica Forment. Sin embargo, a pesar de los pocos milagros Tomás fue canonizado, pesó mucho el hecho de la anterior canonización de San Agustín a quien santificaron sin haber realizado ni uno sólo.

 

EN CONCLUSIÓN

Tocco describió a Tomás alto y “grande de cuerpo… rubio como el trigo… Tenía una gran cabeza… El cabello era un poco escaso”. Sus biógrafos coinciden en describirle como “un hombre leal, humilde y sencillo que amaba la paz y estaba entregado a la contemplación” (J. Pieper). Además, destacan su pasión por la enseñanza puesto que, según él, en la enseñanza se une la vida contemplativa y la vida activa.

Muerto Tomás de Aquino, muchos fueron los que presentaron oposición a sus planteamientos, incluso por parte de algunos dominicos, pero tras su canonización ya nadie más puso en duda los planteamientos tomistas. Por aquellas fechas el tomismo ya no sólo lo contemplaban los dominicos, sino también la Orden agustina y la carmelita.

Setecientos años después de su muerte, Tomás de Aquino sigue siendo considerado como “el fundador del aristotelismo cristiano de la Edad Media”. [6] Sin duda alguna, Fray Tomás no debía intuir la importancia de su trabajo ni de su pensamiento. No era consciente de que estaba liderando, entre los cristianos occidentales, una revolución del pensamiento que abriría las puertas al próximo Renacimiento y se las cerraría al oscurantismo.

Forment acaba su biografía con una frase de Abelardo Lobato (1997): “Tomás de Aquino es un maestro de humanidad y de la Humanidad, el gran defensor de la inteligencia humana como único camino para la conquista de la verdad”. [7]

 

Quiero añadir otras dos conocidas frases que dijo fray Tomás porque llamaron mi atención y no quiero que pasen por alto:

<<El padre debe ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es tan sólo el principio pasivo>>.

<<Como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso>>. 

Como nos recomienda Pieper, no debemos juzgar al hombre por las cosas que dice, más cuando son propias de su tiempo, pero desde luego hemos de agradecer que estas sentencias ya no formen parte de nuestra herencia cultural.

 

 

Notas
[1] Eudaldo Forment, Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007.
[2] Josef Pieper, Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005.
[3] El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II Hohenstaufen  fue coronado por el papa Honorio III a cambio de la promesa de su participación en la 5ª cruzada, el emperador no cumplió con su palabra y fue excomulgado. El emperador alemán se enfrentó en varias ocasiones al papado, incluso invadiendo en varias ocasiones sus territorios, por esta razón fue apodado el “Anticristo”.
[4] La ciudad de Colonia fue creada por el emperador Claudio en el año 50, era un centro importante del cristianismo medieval. Destacaba por su Universidad y por su catedral que guardaba celosamente las reliquias de los Reyes Magos.
[5] Biografía de J.A. Weisheipl, Friar Thomas d’Aquino: his life, Thought, and Works.
[6] Hans Meyes, Thomas von Aquin, 1938.
[7] Abelardo Lobato, Santo Tomás de Aquino. <<Maestro del humanismo cristiano>> para el tercer milenio. Col. Celebraciones Vivas de los <<Santos y Santas Dominicos>>, Burgos, 1997.
 
Bibliografía
  • Pieper, Josef (1986) Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones, Biblioteca del Cincuentenario, Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2005.
  • Forment, Eudaldo Santo Tomás de Aquino {El oficio del sabio}, Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 2007.
  • Ruíz, Josep M., Historia del pensamiento I, Módulo IV, La filosofía en el Occidente latino medieval (800-1277) UOC.
  • Y artículos de Wikipedia.

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About Pilar Mur López

Nacida en Barcelona (1961). Diplomada en Magisterio y Licenciada en Humanidades por la UOC en febrero 2011. Experiencia laboral: administración, profesora de ofimática y contable. Idiomas: castellano (lengua materna), francés (Liceo Francés de Barcelona), catalán (nivel C) e inglés (First Certificate). Actualmente soy secretaria de la Associació de Diabètics de Catalunya delegació Barcelona.

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