Espártaco en los autores antiguos (I)

 

  

Thracian_Tomb_of_Kazanlak   El reciente estreno de la serie televisiva Spartacus: blood and sand daría pie y justificación sobrada, si es que fuera necesaria una justificación, a un artículo sobre Espártaco[1] en las fuentes antiguas. Espártaco, aquel gladiador que encabezó una sublevación de esclavos en el siglo I antes de Cristo, ha protagonizado varias novelas, como las escritas por Arthur Koestler[2] y por Howard Fast,[3] y varias películas (dirigidas por Giovanni Enrico Vidali en 1913, por Riccardo Freda en 1953, por Stanley Kubrick en 1960 y por Robert Dornhelm en 2004). Por ello, y dado que además se han publicado diversos estudios sobre él, se puede afirmar que no es una figura histórica desconocida, aunque ha sido desvirtuada, tanto que, a mi entender, el propio Espártaco no se reconocería en la imagen que se tiene de él.[4]

 

     Así pues, este primer artículo de las Schedae pretende retratar a Espártaco con la máxima fidelidad, de acuerdo con lo que dijeron los escritores antiguos. Los textos conservados sobre él no son numerosos ni extensos, aunque sí valiosos y enriquecedores. Pero antes de entrar en materia, dedicaremos unas líneas al contexto histórico del siglo I a. C. y a los autores que informaron sobre Espártaco.

 

1. El contexto histórico

DSC04506_Istanbul_-_Museo_archeol__-_Prigionieri,_sec__II-III_dC_-_da_Mileto_-_Foto_G__Dall'Orto_28-5-2006     En pocas palabras se puede resumir el siglo I a. C.,[5] la época de Espártaco, como el período en que Roma deviene un imperio, abandonando la estructura política republicana y consiguiendo la hegemonía sobre los territorios costeros del Mediterráneo. Tal proceso, como es natural, provocó varias crisis a diferentes niveles, siendo las más visibles las guerras serviles y las guerras civiles. Estas últimas fueron cuatro. Entre los años 88 y 82 lucharon los partidos de los optimates y los populares encabezados respectivamente por Sila y Mario; una secuela de esta guerra civil, las guerras sertorianas, tuvo por escenario nuestra península entre los años 83-72, cuando Roma intentó someter a su poder a Sertorio, partidario de Mario.

 

     Desde el año 48 al 45 se prolongó la guerra que entablaron los partidarios de Julio César contra los de Pompeyo y del senado. Durante la tercera guerra civil (43-42 a. C.) el segundo triunvirato llevó a cabo la persecución de Casio y Bruto, quienes habían asesinado a Julio César en el año 44. La última guerra civil (32-30 a. C.) enfrentó a Octavio y Marco Antonio. Esas crisis llegaron a su final en el año 27, en que Octavio se convirtió en Augusto por decisión del senado. En cambio, las tres guerras serviles acabaron con el aplastamiento de los esclavos sublevados; las dos primeras se desarrollaron en la isla de Sicilia (135-132 y 104-100 a. C.), mientras que la tercera fue la de Espártaco, cuyos detalles se estudiarán seguidamente.

 

2. Las fuentes

Los autores antiguos[6] cuyos textos hemos seguido son los siguientes:

  • El historiador Cayo Salustio Crispo (86-34 a. C.), autor de las conocidas monografías Sobre la conjuración de Catilina y La guerra de Yugurta, fue probablemente el escritor más antiguo que se ocupó de la figura de Espártaco. Lo hizo en las Historiae,[7] cuyo relato, conservado fragmentariamente, arranca en la muerte de Sila (78 a. C.) y se interrumpe en el año 67. Del pasaje sobre Espártaco, que se encontraba en el libro III, se han conservado unos fragmentos, que apenas ocupan una página.

  • La célebre Ab urbe condita de Tito Livio, historiador algo más joven y bastante más longevo que Salustio, trataba de los acontecimientos ocurridos desde la fundación de la ciudad de Roma hasta el año 9 a. C. De este vasto conjunto de ciento cuarenta y dos libros sólo han llegado hasta nosotros treinta y cinco, siendo el resto mínimamente conocido a través de alguna cita literal y de las Periochae,[8] extractos y resúmenes de los libros XLVI a CXLII salvo el CXXXVI y el CXXXVII. En estas Periochae el relato de la sublevación de Espártaco se encuentra en los libros XCV-XCVII y en total no supera la docena de líneas. También conocemos más detalles sobre las historias Ab urbe condita a través de Julio Obsecuente, autor –probablemente en el siglo IV– de un Liber prodigiorum, recopilación de sucesos prodigiosos contados por Tito Livio, aunque este Liber prodigiorum ignora a Espártaco.

  • Asimismo nos resulta útil para conocer el relato de Tito Livio el texto[9] del epitomator Floro, cuyo pasaje sobre Espártaco (II 8.8) ocupa una página escasa. A este autor, cuya identidad no parece segura, se le sitúa ya en el siglo II.

  • Retrocederemos en el tiempo para referirnos a Veleyo Patérculo, autor de la época del emperador Tiberio, que da una brevísima y poco sustanciosa noticia[10] de cinco líneas sobre Espártaco (II 31.5), en sus Historiae romanae, cuyos dos libros, conservado incompleto el primero, abarcan desde 168 a. C. hasta el año 30 d. C.

  • A la segunda mitad del siglo I d. C. pertenece Sexto Julio Frontino, que fue, además de un notable prosista, cónsul tres veces. Escribió diversos tratados entre los que se cuenta los Strategemata,[11] que trata de situaciones bélicas resueltas mediante la astucia; en el primer libro relata brevemente tres ardides usados por Espártaco para escapar de sus enemigos.

  • Estauta_Plutarcu_en_DelfuEl polígrafo griego Plutarco de Queronea (ca. 45-ca. 120), además de redactar monografías sobre muy diversos temas (literatura, moral, pedagogía, naturaleza, etc.), conjunto conocido como Moralia, compuso las Vidas paralelas, una serie de biografías de intención antes moralizante que biográfica. De ellas se han conservado cincuenta, entre las que se cuenta la Vida de Craso,[12] que aporta el testimonio más extenso acerca de Espártaco, unas tres o cuatro páginas.

  • Aproximadamente entre los años 95 y 165 vivió el historiador Apiano de Alejandría, quien desarrolló una destacada carrera política. Su obra, la Historia romana, que se ha conservado sólo parcialmente, fue extensa; una parte de ésta, editada como Bellum Civile,[13] dedica un pasaje de menos de tres páginas a Espártaco (I 14.116-120).

  • Algo más reciente que Apiano debió de ser Ateneo de Náucratis, que probablemente redactó su Banquete de los sabios o Deipnosophistai[14] en las postrimerías del siglo II. En un pasaje muy breve, que no llega ni a media página, menciona a Espártaco (VI 104).

  • Eutropio, autor del siglo IV, contó la historia de Roma desde la fundación hasta la época del emperador Valente en el Breviarium ab urbe condita,[15] obra en la que dedicó poco más de media docena de líneas (VI 7) a Espártaco.

  • A caballo entre los siglos IV y V vivió el sacerdote e historiador hispanorromano Orosio, autor entre otras obras de las Historiae aduersus paganos,[16] en la que dedicó a Espártaco algo más de media página (V 24).

 

     Hasta aquí llega el elenco de autores antiguos que informan sobre Espártaco,[17] cuyos textos suman unas pocas páginas.

 

3. La personalidad de Espártaco

Los datos que sobre la personalidad de Espártaco se pueden obtener del estudio de las fuentes no son muy abundantes, pero pueden servir para formarnos una idea de su vida. Nuestro análisis se fundará en dos frases, muy ilustrativas de la intención de sus autores.

     La primera frase de la que debemos hablar pertenece a Floro:

 

     “No los rechazó [sc. las insignias y los fasces] él, que de estipendiario tracio se había convertido en soldado, de soldado en desertor, luego en ladrón, después en atención a sus fuerzas en gladiador”.[18]

 

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     Realmente no es fácil decir con tan pocas palabras tanto sobre el recorrido vital de una persona: fue tracio de nación,[19] primero stipendiarius, esto es habitante de un oppidum stipendiarium, una población[20] tributaria de Roma (o bien por una cantidad fija, stipendium certum, o bien por un diezmo de la cosecha, decumae; tales poblaciones carecían de administración autónoma, dado que estaban sometidas a la ley de Roma). Después, siguiendo el relato de Floro, se convirtió en miles,[21] “soldado”: podemos dar por seguro de que, si esto es así, sirvió en las tropas auxiliares, auxilia,[22] formadas por extranjeros. Al desertar,[23] se convirtió (no lo dice Floro, probablemente porque lo da por sabido) en un delincuente, tal vez en reo de muerte. Después se dedicó al robo y finalmente, después de ser capturado y vendido (tampoco dice esto Floro,[24] pero es también un paso obvio), pasó a ser gladiador[25] en atención (in honorem, que dice Floro) a sus fuerzas.[26]

 

     Por su parte, Plutarco de Queronea, también en una frase afortunada, se centra en la faceta moral del personaje:

 

      “Eligieron jefes a tres, de los cuales el primero era Espártaco, un varón tracio de linaje médico, dotado no sólo de sentimientos elevados y fuerza, sino también mejor que su propia fortuna por su inteligencia y amabilidad, y más heleno que su origen”. [27]

 

     Al hablar de la frase de Floro, ya se ha comentado parte del contenido de ésta (su nacionalidad tracia y su fuerza), pero Plutarco saca a colación otros aspectos. En primer lugar, debemos señalar que “de linaje médico” (τοῦ Μαιδικοῦ γένους) es una corrección postulada por K. Ziegler[28] y seguida por editores posteriores, y no la lectura aportada por los manuscritos, νομαδικοῦ, “nómada”. Teniendo en cuenta que Floro atestigua el hecho de que Espártaco era un stipendiarius, parece extraño que fuera nómada; en cambio, si nos fijamos en el hecho de que el propio Plutarco lo considera un individuo helenizado, podremos considerar aceptable que perteneciera a la tribu de los medos, pueblo tracio[29] asentado cerca del Quersoneso. Sea como quiera, para Plutarco lo relevante es que Espártaco es un hombre civilizado, “más heleno que su origen” y esta concepción encaja bien con el hecho de que habitase un oppidum stipendiarium, no siendo nómada, en una zona vecina a los griegos.

     El resultado de esta influencia helénica se manifiesta en unos sentimientos elevados (φρόνημα μέγα), característica que Plutarco también atribuye a algunos protagonistas de sus biografías.[30] Plutarco hace además hincapié en la inteligencia y amabilidad de Espártaco.[31]

     Naturalmente, ambos retratos se oponen: Floro caracteriza a Espártaco con los rasgos de un delincuente, un individuo hundido en la degradación, como se deduce claramente del concepto que tiene de los gladiadores:

 

     “¿Cómo? Cuando los esclavos desempeñaron el papel de soldados, los gladiadores estuvieron al mando: aquéllos, hombres de ínfima condición, y éstos, de la peor, acrecentaron con sus ultrajes la desgracia de Roma”. [32]

 

     La degradación, el descenso en la escala de la vida y la deshumanización de Espártaco, son puestos de manifiesto en el comportamiento inicial de los rebeldes, según relata el mismo Floro, cuando señala que se refugiaron en el Vesubio como animales rabiosos (uelut rabidis beluis). En cambio, Plutarco lo presenta como a un noble, un hombre merecedor de una suerte mejor y de un contexto más favorable.

     Por otra parte, ha llegado hasta nosotros una anécdota de la vida de Espártaco que habría de marcar su futuro. Resulta que, también según Plutarco:

 

     “Dicen que anteriormente, cuando [sc. Espártaco] fue llevado a Roma y puesto a la venta, apareció una serpiente enroscada en su cara, mientras dormía. Su mujer, que pertenecía a la misma tribu y que era adivina y partícipe de las celebraciones orgiásticas de Dioniso, interpretó que se trataba de un anuncio de un poder grande y terrible en torno a él, que le iba a conducir a un final desgraciado. Ella también se hallaba entonces con él y se unió a la fuga”.[33]

 

     A la vista de los acontecimientos posteriores, no cabe duda de que la mujer de Espártaco[34] no se equivocó en su interpretación: el poder que iba a envolver a su marido era el de Roma, grande y terrible, e iba a arrastrarlo a la aniquilación. No será menester dedicar ni una sola línea al simbolismo de la serpiente:[35] en este caso es innecesario identificar el reptil con ningún poder o fuerza maligna, puesto que, para causar daño, le basta estrangular.

 

Notas                                                                                                        

1     En detrimento de la pronunciación más corriente se prefiere aquí la acentuación esdrújula, acorde con la prosodia latina, Spartăcus (también respetada en griego Σπάρτακος).

2     Espartaco, la rebelión de los gladiadores fue el título que se dio a la novela en 1992, cuando fue publicada por Edhasa. Apareció originalmente en húngaro (1939) con el título A gladiátorok, “Los gladiadores”.

3     Spartacus, publicada en 1951 por Blue Heron Press de Nueva York.

4     He aquí el avance que da la cadena Starz de la serie Spartacus: blood and sand: “Betrayed by the Romans. Forced into slavery. Reborn as a Gladiator. The classic tale of the Republic’s most infamous rebel comes alive in the graphic and visceral new series, Spartacus: Blood and Sand. Torn from his homeland and the woman he loves, Spartacus is condemned to the brutal world of the arena where blood and death are primetime entertainment. But not all battles are fought upon the sands. Treachery, corruption, and the allure of sensual pleasures will constantly test Spartacus. To survive, he must become more than a man. More than a gladiator. He must become a legend”. Huelgan comentarios.

5     Sobre la época en general, cf. M. H. CRAWFORD, La República romana, Madrid, 1982; M. GRIFFIN, “Cicerón y Roma”, en Historia Oxford del mundo clásico 2. Roma, J. Boardman, J. Griffin y O. Murray (eds.), Madrid, 1988, 543-569; P. GRIMAL, El mundo mediterráneo en la edad antigua III. La formación del Imperio Romano, Madrid, 1990; S. I. KOVALIOV, Historia de Roma, Madrid, 1979 (3ª edición, revisada y ampliada por D. Plácido), 435-534; M. LE GLAY, Grandeza y decadencia de la República Romana, Madrid, 2001; A. H. MCDONALD, Republican Rome, Londres, 1966; A. PIGANIOL, Historia de Roma, Buenos Aires, 1981 (5ª edición), 156-242; F. PINA POLO, La Crisis de la República (133-44 a.C.), Madrid, 1999; J. M. ROLDÁN HERVÁS, Historia de Roma I: la República Romana, Madrid, 1987; H. H. SCULLARD, From the Gracchi to Nero: a history of Rome from 133 B.C. to A.D. 68, Londres, 1970.

6     Sobre los autores griegos se recomienda la consulta de los siguientes trabajos, A. LESKY, Historia de la literatura griega, Madrid, 1976 (traducción de la segunda edición alemana de 1963); J.A. LÓPEZ FÉREZ (ed.), Historia de la literatura griega, Madrid, 1992 (2ª edición); S. SAÏD, M. TRÉDÉ y A. LE BOULLUEC, Histoire de la littérature grecque, París, 1997; P. E. EASTERLING y B. M. W. KNOX (eds.), Historia de la literatura clásica (Cambridge University). Literatura griega, Madrid, 1996. Para los autores romanos, vid. J. BAYET, Literatura latina, Barcelona, 1985 (2ª edición); E. BICKEL, Historia de la literatura romana, Madrid, 1982; L. BIELER, Historia de la literatura romana, Madrid, 1972; C. CODOÑER (ed.), Historia de la literatura latina, Madrid, 1997; M. FUHRMANN (ed.), Literatura universal, 3, Literatura romana, Madrid, 1985; E. J. KENNEY y W. V. CLAUSEN (eds.), Historia de la literatura clásica (Cambridge University). Literatura latina, Madrid, 1996. Puede resultar útil la consulta del Breve diccionario de autores griegos y latinos (Madrid, 1989) de Bernhard Kytzler, además del Diccionario de la literatura clásica (Madrid, 1991) de M. C. Howatson. Asimismo se pueden consultar las introducciones de la Biblioteca Clásica Gredos: APIANO, Historia Romana I, Madrid, 1995, introducción de A. Sancho Royo; ATENEO, Banquete de los eruditos, Libros I-II, 1998, introducción de L. Rodríguez-Noriega Guillén; EUTROPIO, Breviario – AURELIO VÍCTOR, Libro de los Césares, 1999, introducción de Emma Falque; FLORO, Epítome de la Historia de Tito Livio, 2000, introducción de G. Hinojo Andrés e I. Moreno Ferrero; P. OROSIO, Historias. Libros I-IV, 1982, introducción de E. Sánchez Salor; PLUTARCO, Vidas paralelas I, 1985, introducción de A. Pérez Jiménez; SALUSTIO, Conjuración de Catilina; Guerra de Jugurta; Fragmentos de las “Historias” – PSEUDO SALUSTIO, Cartas a César; Invectiva contra Cicerón – PSEUDO CICERÓN, Invectiva contra Salustio, 1997, introducción de Bartolomé Segura Ramos; TITO LIVIO, Historia de Roma desde su fundación I, 1990, introducción general de Ángel Sierra; VELEYO PATÉRCULO, Historia romana, 2001, introducción de Mª. A. Sánchez Manzano.

7     Se puede consultar el texto clásico teubneriano editado por B. Maurenbrecher en Historiarum Reliquae, Leipzig, 1891-3. Hay una traducción inglesa de P. McGushin (Histories, Oxford, 1992-1994), cuyo volumen II es el que nos interesa, pues contiene los libros III-V, y además la versión de B. Segura Ramos citada en la nota anterior.

8     Las Periochae han sido editadas por P. Jal en la colección Budé (Abrégés des livres de l’Histoire romaine de TiteLive, Tome 34 [1-2]2, París, 1984).

9     Para este autor hemos seguido el texto de J. Icart en la colección Bernat Metge (Gestes dels romans, llibre II, Barcelona, 1981), que hemos cotejado con el editado por P. Jal en la colección Budé (Oeuvres II, París, 1967).

10    Hemos consultado los textos de W. S. Watt (Vellei Patercvli historiarvm ad M. Vinicivm consvlem. Libri dvo, Leipzig, 1988) y de J. Hellegouarc’h (Histoire romaine, París, 1982).

11     Hemos seguido el texto publicado en la colección Teubner (Iuli Frontini Strategemata, Leipzig, 1990) por Robert I. Ireland.

12    Hemos utilizado el texto de R. Flacelière y E. Chambry (Vies. Tome VII: Cimon-Lucullus. Nicias-Crassus, París, 1969).

13     Aquí hemos recurrido al texto editado y comentado por E. Gabba (Bellorum civilium. Liber primus, Florencia, 1967 [2ª edición]).

14     El texto seguido es el de B. Gulick en la Loeb Classical Library (The Deipnosophists III, Londres, 1961).

15     Usamos el texto de J. Hellegouarc’h (Abrégé d’histoire romaine, París, 1999).

16     Se ha recurrido al texto de C. Zangemeister (Historiarum aduersos Paganos libri VII, Viena, 1882).

17     Además se encuentran alusiones en autores como Horacio (C. III 14.19), Lucano (II 554) o Cicerón (Ath. VI 2.8; Phil. 3.21, 4.15, 13.22).

18     II 8, 8: Nec abnuit ille de stipendiario Thrace miles, de milite desertor, inde latro, deinde in honorem uirium gladiator.

19     Además de Floro, lo dicen expresamente Apiano, Plutarco, Ateneo y Orosio. Los demás autores no aluden a su patria. Sobre Tracia y los tracios en general, cf. R. F., HODDINOTT, Les Thraces, París, 1990; G. NEUMANN, “Thrake”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 5, 777-783; AA.VV. Los Tracios: tesoros enigmáticos de Bulgaria, Barcelona, 2005.

20     En general sobre los oppida stipendiaria, cf. V. CHAPOT, “Provincia”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 4-1, 716-731 (sobre Tracia, vid. p. 726); G. LONG, “Provincia”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 964-970; H. VOLKMANN, “Oppidum”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 4, 316-317. También resultan ilustrativos sobre los oppida de este tipo en Hispania los siguientes artículos: A. M. CANTO, “Oppida stipendiaria: Los municipios flavios en la descripción de Hispania de Plinio”, Cuadernos de prehistoria y arqueología 23, 1996, 212-243; E. GARCÍA FERNÁNDEZ, “Plinio y los oppida stipendiaria. A propósito de un artículo de Alicia M.ª Canto”, Gerión 18, 2000, 571-591.

21     Apiano (BC I 116): ἐστρατευμένος ποτὲ ῾Ρωμαίοις (“sirviendo en su día como soldado a los romanos”).

22     Cf. G. L. CHEESMAN, The Auxilia of the Roman Imperial Army, Chicago, 1975; P. HOLDER, Studies in the Auxilia of the Roman Army from Augustus to Trajan, Oxford, 1980; E. MASQUELEZ, “Auxilia”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 1-1, 586-589; A. NEUMANN, “Auxilia”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 1, 783-784. Y probablemente participó en las guerras entre Roma y Macedonia, cf. CHR. DANOFF, “Maidoi”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 3, 896-897.

23     Sobre los desertores, cf. C. JULLIAN, “Desertor”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 2-1, 110-111; A. NEUMANN, “Desertor”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 1, 1496. W. SMITH -W. WAYTE, “Desertor”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, 618.

24     No lo dice Floro, pero sí Apiano (BC I 116): ἐκ δὲ αἰχμαλωσίας καὶ πράσεως (“por su detención y venta”).

25    Gladiator o μονόμαχος, dicen todos los autores. Al final de su texto Floro lo llama myrmillo, un tipo de gladiador. Sobre los gladiadores, cf. R. AUGET, Crueldad y civilización. Los juegos romanos, Barcelona, 1985; A. FUTRELL, Blood in the Arena: The Spectacle of Roman Power, Austin, 1997; G. LAFAYE, “Gladiator”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 2-2, 1563-1599; A. NEUMANN, “Gladiatores”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 2, 803-804; W. SMITH – A. S. WILKINS, “Gladiatores”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, 916-919.

26     Sus imponentes cualidades físicas son subrayadas por Salustio (fr. 91 M.): Ingens ipse virium atque animi (“Imponente de fuerzas y de ánimo”); también Plutarco alude a ellas, cf. infra.

27     Crass. 8.3: ἡγεμόνας εἵλοντο τρεῖς, ὧν πρῶτος ἦν Σπάρτακος, ἀνὴρ Θρᾷξ τοῦ Μαιδικοῦ γένους, οὐ μόνον φρόνημα μέγα καὶ ῥώμην ἔχων, ἀλλὰ καὶ συνέσει καὶ πρᾳότητι τῆς τύχης ἀμείνων καὶ τοῦ γένους ἑλληνικώτερος.

28     Cf. “Die Herkunft des Spartacus”, Hermes 83, 1955, 248 ss.

29     Por otra parte, se le ha buscado parentesco con la antigua familia de los Esportacos, algunos de cuyos miembros reinaron sobre los tracios entre los siglos V y II a. C. cf. H. VOLKMANN, “Spartakus”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 5, 297-298.

30     Por ejemplo, a Pericles, cf. Per. 17 y 36.

31     Para Plutarco otros personajes que presentan esta inteligencia (σύνεσις) son Rómulo, Temístocles o Alcibíades (Rom. 6.3; Them. 6.2; Alc. 14.10). También caracteriza Plutarco a Licurgo, Numa o Pericles (Lyc. 28.6; Num. 20.3; Per. 2.5) con una amabilidad semejante a la de Espártaco. Más adelante, cuando se plantea atacar a Roma, Plutarco (Crass. 9.7) le atribuye un análisis racional de la situación: ἐφρόνει δὲ τὰ εἰκότα, καὶ μὴ προσδοκῶν ὑπερβαλέσθαι τὴν ῾Ρωμαίων δύναμιν (“Consideraba lo verosímil, creyendo que no superaría el poder de los romanos”). También Apiano (BC I 117) alude a este cambio de parecer.

32     II 8.2: Quippe cum serui militauerint, gladiatores imperauerint, illi infimae sortis homines, hi pessumae auxere ludibriis calamitatem Romanam.

33     Crass. 8.4: τούτῳ δὲ λέγουσιν, ὅτε πρῶτον εἰς ῾Ρώμην ὤνιος ἤχθη, δράκοντα κοιμωμένῳ περιπεπλεγμένον φανῆναι περὶ τὸ πρόσωπον, [ἡ] γυνὴ δ᾿ ὁμόφυλος οὖσα τοῦ Σπαρτάκου, μαντικὴ δὲ καὶ κάτοχος τοῖς περὶ τὸν Διόνυσον ὀργιασμοῖς, ἔφραζε τὸ σημεῖον εἶναι μεγάλης καὶ φοβερᾶς περὶ αὐτὸν εἰς ἀτυχὲς τέλος ἐσομένης δυνάμεως· ἣ καὶ τότε συνῆν αὐτῷ καί συνέφευγε.

34     Profetismo y menadismo sirven a Plutarco para caracterizar a la mujer como un ser primitivo, en contraste con Espártaco. Y por cierto que al menos desde Heródoto (V 7 y VII 111) se identifica a un dios tracio con Dioniso; puede tratarse de Sabazio o Zalmoxis, divinidades de culto orgiástico.

35     Sobre el significado de la serpiente, cf. E. KÜSTER, Die Schlange in der griechischen Kunst und Religion, Giessen, 1913; E. MITROPOULOS, Deities and Heroes in the Form of Snakes, Atenas, 1977;  M. P. NILSSON, Geschichte der griechischen Religion, vol. 1, Munich, 1967 (3ª edición), p. 197 s.

 

 

Índice de ilustraciones                                                                                                                           

1. Una novia despide a su prometido. Tumba tracia de Kajanlank (IV a. C).

2. Relieve con prisioneros o esclavos procedente de Mileto (II – III d. C). Museo Arqueológico de Estambul.

3. Estatua de un filósofo, probablemente Plutarco (Museo Arqueológico de Delfos).

4. El mercado de esclavos, Gustave Boulanger (1824-1888).

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Espártaco en los autores antiguos (I) por Sebastián Martínez García (Dr. en filología clásica), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

11 Comments

  • 1 febrero 2010 | Permalink |

    Magnífic rapport. Val la pena fer una presentació de la problemàtica el més completa possible. Començar analitzant les fonts és un encert. Tant la figura d’Espartac com moltes altres són de màxim interès! Endavant!

  • fecundo
    4 febrero 2010 | Permalink |

    sebas!!

    im-pre-sio-nant!!

    teqeremos sebas!!

  • Montse
    18 febrero 2010 | Permalink |

    Impressiona veure fins a quin punt un enamorat del món clàssic ens pot fer gaudir amb les seves recerques, anàlisis i explicacions.

    Quin goig, Sebas

  • 21 junio 2010 | Permalink |

    Acabo de descubrir tus artículos, que son excelentes. Lo que me extraña y quiero hacerte notar es que caes en el error demasiado extendido en España de escribir nombres como Cayo y Cneo en lugar de los correctos Gayo y Gneo, respectivamente.

    Me suscribo a tu feed de autor :)

  • 23 junio 2010 | Permalink |

    Apreciado Javier,
    Te agradezco las palabras elogiosas que dedicas a mis artículos.
    Respecto a los dos nombres que mencionas opté por escoger la versión más conocida (ahorrando al lector unas explicaciones que serían molestas en un artículo que trataba sobre otro tema).
    Me explicaré ahora, de todos modos, aunque sin ánimo de entrar en polémicas:
    - Caius o Gaius: se solía escribir Gaius y se pronunciaba /gaius/, pero la ortografía antigua era CAIVS (dado que la G no existía) y por eso este praenomen se abreviaba C. En este caso, creo que se pueden aceptar las dos opciones (Cayo o Gayo), puesto que ambas están atestiguadas en inscripciones y manuscritos.
    - Cnaeus o Gnaeus (y también las formas monoptongadas Cneus y Gneus): se escribió también de ambas formas, pero la pronunciación, como atestigua Quintiliano (I 7, 28-29), era /gnaeus/ o /gneus/. Sin embargo, los romanos abreviaban este otro praenomen en CN. Por eso, creo que ambas opciones (Cneo o Gneo) son igualmente válidas, estando también ambas sobradamente atestiguadas.
    Mi opción personal es escribir Cayo y Cneo, de acuerdo con la ortografía más antigua, y pronunciar /Gayo/ y /Gneo/, de acuerdo con la pronunciación correcta. Pero no hay duda de que Gayo y Gneo son igualmente correctos.
    Por cierto, ell pasaje de Quintiliano dice así: Quid quae scribuntur aliter quam enuntiantur? Nam et “Gaius” C littera significatur, quae inversa mulierem declarat, quia tam Gaias esse vocitatas quam Gaios etiam ex nuptialibus sacris apparet: nec “Gnaeus” eam litteram in praenominis nota accipit qua sonat, et “columnam” et “consules” exempta n littera legimus, et “Subura”, cum tribus litteris notatur, C tertiam ostendit. Multa sunt generis huius, sed haec quoque vereor ne modum tam parvae quaestionis excesserint.
    Espero no haber abusado de tu paciencia. Muy agradecido por tus elogios y por tu atención.

  • 8 octubre 2010 | Permalink |

    Agradezco desdes aqui a Iciar de Real Academia Historia, el darme la dirección y obra de Sebastián Martinez. Tengo una hija que debido a su dificultad, y lucha para nacer, quisimos darle un nombre de un personaje legendario y luchador. Nos acordamos de Varinia, la mujer de Espartaco, en la memorable película de Stanley K. Pero al profundizar en la certeza o no del nombre, la ayuda del profesor Sebastián Martínez, da casi por esclarecido el tema, no fue Varinia la mujer del libertador y rebelde Espartaco. Según el profesor su mujer era tracia y esclava, y Varinia era nombre romano, si hubo unos de sus principales oponentes romanos en las primeras batallas del Vesubio, Varinius del que con toda seguridad, se utilizó para darle el nombre a la desaparecida Jean Simons, de la mujer de Espartaco. Varinia. Gracias profesor. Gracias Espartaco por tu grito de LIBERTAD.

  • Laura
    29 enero 2012 | Permalink |

    Porque es tan importante la figura historica de Espartaco

  • 31 enero 2012 | Permalink |

    Espártaco encabezó, como es sabido, la tercera gran rebelión de esclavos; después, parece que las condiciones de los esclavos mejoraron en general. Los propietarios prefirieron, por otra parte, a los esclavos nacidos de los esclavos que ya tenían en su poder en lugar de comprar esclavos desconocidos y sin romanizar. En algún historiador marxista se puede leer que este descenso de mano de obra gratuita provocó a la larga la caída del Imperio Romano. Pero hay que tener en cuenta que el Imperio Romano de Occidente cayó más de quinientos años más tarde, mientras que el de Oriente aún duró mucho más.
    Por otra parte, ideólogos e historiadores marxistas coinciden en señalar la rebelión de Espártaco como un hito de la lucha de clases, un antecedente de las revoluciones proletarias. Pero las intenciones de Espártaco y demás rebeldes no están muy claras. Si sirve de algo mi opinión, no creo que pretendieran abolir la esclavitud ni siquiera mejorar las condiciones de vida de los esclavos. Me da la impresión de que, si Espártaco hubiera conseguido la libertad y se hubiera enriquecido, también hubiera tenido esclavos a su servicio.
    También se puede considerar a Espártaco desde el punto de vista de su biografía; resulta una aventura atractiva y eso lo ha hecho protagonista de relatos y películas.
    Para acabar, la importancia histórica de un personaje es muy difícil de evaluar, cuesta mucho objetivarla; importar o no importar es relativo. Y al final, nos deja en preguntas que no sabemos contestar (y que probablemente tampoco tienen mucho sentido): ¿Hubiera Espártaco tenido esclavos? ¿Hubiera cambiado la historia de Roma si Espártaco no hubiera sido tomado prisionero? ¿Nadie hubiera encabezado aquella rebelión de esclavos?

  • 31 enero 2012 | Permalink |

    Por cierto, gracias, Laura, por la pregunta.

  • Severo Iglesias
    29 marzo 2013 | Permalink |

    Sebastián Martínez:
    Honor para quien desentierra los recuerdos del dirigente de los traba jadores antiguos.

  • 18 abril 2013 | Permalink |

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