Etnografía sonora. Reflexiones prácticas (I)

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     Cuando uno tiene una profesión o una dedicación poco común, es común que bien lo confundan, bien lo tomen por cualquier otra cosa que se le parezca fonéticamente. Esto ocurre constantemente con la disciplina que ocupa la mayor parte de mis horas: la antropología. Las reacciones van desde el “¡Qué bonito!” hasta el “¡Como Indiana Jones!” o el “¡Ah! ¿Eres policía?”. La cosa se complica cuando uno desea alejarse de tópicos. Entonces es cuando dejo caer lo de la etnografía sonora y las expresiones se transforman. Me piden aquí que intente explicar breve y sintéticamente a qué me refiero con etnografía sonora. No es tarea fácil, aunque su complejidad tampoco es excesiva, si bien, dado el interés que encuentro en el tema intentaré en lo posible ni extenderme mucho ni presentar un acercamiento académico en exceso.

 

     Vayamos por partes. Tradicionalmente se establece una diferencia clara en el seno de la disciplina antropológica que distingue entre tres subdisciplinas. A saber: Antropología, Etnología y Etnografía. De este modo, y empezando por el final, la Etnografía (del griego clásico etnos “pueblo” y grapho “escritura”) es, a grandes rasgos, aquella disciplina que se dedica a la descripción detallada y sistemática de las comunidades humanas. La Etnología (de etnos y logos, “conocimiento”) es la disciplina que, a partir de los estudios etnográficos, se dedica a establecer comparativas entre las diferentes culturas históricas y/o contemporáneas. Por último, la Antropología (de anthropos, “hombre” [1]) es la ciencia social que estudia a los seres humanos desde una perspectiva global. Dependiendo del país que visitemos y de su sistema universitario, estas diferencias cambiarán. De este modo nos encontramos con un amplio abanico de posibilidades que van desde Francia, en donde existen puestos asociados a cada una de las tres disciplinas, hasta España que lo funde todo en un solo itinerario.

 

     Teniendo claro a lo que nos referimos cuando hablamos de etnografía, vayamos a por el segundo término del encabezamiento: el sonido ¿Qué es el sonido? Quizá suene a obviedad hacernos esta pregunta, pero, como veremos a continuación no lo es en absoluto. La Acústica [2] centra su atención en los procesos físico de los fenómenos sonoros. Es decir, analiza el sonido en términos cuantitativos para describir su volumen, su intensidad, su amplitud y toda una serie de valores matemáticos a fin de entender y manejar experimentalmente este tipo de fenómenos. Desde esta disciplina se entiende que un sonido son una serie de ondas elásticas originadas a partir de la vibración de una fuente sonora; que se extiende a través de un medio, que puede ser tanto un medio físico (el aire o el agua) como un medio arquitectónico; y que es percibido por el sistema auditivo de un receptor u oyente. Sin embargo, únicamente una de las ramas de la Acústica se preocupa por lo que ocurre con las ondas sonoras una vez dejan el medio físico y se adentran en las profundidades del cuerpo humano ¿Qué ocurre entonces? Dejando al margen las cuestiones relativas a la fisiología mediante las cuales la energía acústica se transforma en impulsos eléctricos que el cerebro es capaz de interpretar ¿qué hay del medio social? Es decir, en qué medida la cultura y las estructuras sociales afectan a nuestra percepción del sonido? ¿No debería haber otra ramificación de la acústica que se ocupase de esto? ¿No debería existir una Socioacústica o una Acústica cultural?

 

     Quizá mediante un ejemplo quede más claro. Imaginemos que vivimos en una zona residencial de una ciudad grande de Europa del Sur. Son alrededor de las 18h de la tarde de un viernes de junio y nos hallamos cómodamente aposentados en el salón de nuestra morada. Sumergidos en la lectura de una novela, pasamos página tras página paladeando frases, párrafos, narraciones y situaciones. Hace calor, por lo que, puesto que no tenemos aire acondicionado, las ventanas están abiertas de par en par. De repente suena una sirena y un gran grupo de niños y adolescentes salen por la puerta del colegio de enfrente. Gritan. Festejan su libertad y el fin de semana que tiene por delante. Analicemos este ejemplo con un poco más de detalle. La Acústica nos podría explicar de qué forma se origina el sonido, cómo se mueve a través del medio aéreo, cómo llega a nuestros oídos y hasta los procesos vinculados a esta transformación energética de la que antes hablábamos. Sin embargo, poca o escasa información nos dará sobre las razones que motivan dicho fenómeno. Tampoco nos dirá mucho sobre la forma en que percibimos ese sonido, y menos aun sobre si la forma de escuchar el sonido que nos ocupa es propia de nosotros o es compartida por todo el vecindario.

 

     En este punto es donde entra el análisis etnológico. Lo propio sería disponer de una situación similar en otro ambiente social y proceder a comparar las respuestas. El proceso de acercamiento a estas situaciones habría que efectuarlo mediante una etnografía sonora, es decir, a través de un estudio en el que se reflejasen las formas de percibir y, en general, construir los fenómenos sonoros atendiendo a lo psico-social, lo social y lo cultural ¿En qué medida variaría el fenómeno en función de que se diese en otros entornos sociales o culturales? Si, por ejemplo, en lugar de encontrarnos en Europa del Sur, nos encontrásemos en Europa del Norte ¿los niños gritarían de la misma forma? ¿Los colegios estarían ubicados en zonas residenciales? ¿las viviendas estarían insonorizadas igualmente? Estas y otras cuestiones estarían en el ámbito de esta Socioacústica a la que antes nos referíamos. La Socioacústica no existe todavía. Basta echar un vistazo a las asociaciones científicas destinadas al estudio de la Acústica para comprobar el escaso terreno que las Ciencias Naturales ceden al ámbito de lo social [3]. A pesar de ello, cada día son más los acercamientos a los fenómenos sonoros desde perspectivas sociales. Pero dejemos ya este alegato en pro de la acústica social y entremos en materia.

 

  

Estudios sociales y culturales sobre sonido

 

     En el apartado anterior hemos ilustrado los diferentes acercamientos teóricos al sonido que propone el método científico. Veamos ahora qué se ha hecho desde la práctica. Actualmente, amén de importantes aportaciones individuales [4], existen al menos dos centros universitarios y una organización para-universitaria que se dedican a explotar esta veta. Se trata de, por orden alfabético: el Banco de Imágenes y Efectos Visuales en la Universidade Federal de Rio Grande do Sul (BIEV, UFRGS, Porto Alegre, Brasil); el Centro de Investigación del Espacio Sonoro y el Entorno Urbano (CRESSON, Escuela Nacional Superior de Arquitectura de Grenoble, Francia) y el Foro Mundial para la Acústica Ecológica (WFAE). Se trata de tres enfoques diferentes aunque no excluyentes, que parten de tres bases bien distintas. El BIEV de Brasil parte de la combinación de la noción de imagen sonora de Saussure [5] y los estudios sobre la etnografía de la duración de Bachelard y Durand [6]. El CRESSON es un departamento dentro de la Escuela Nacional Superior de Arquitectura de Grenoble que lleva investigando cuestiones relacionadas con el sonido, la acústica y la arquitectura desde finales de los años 70. Su punto de partida es la fusión entre fenomenología y etnomusicología que propone la obra del técnico y teórico francés Pierre Schaeffer. De la noción de objeto musical surgida de su obra se ha derivado en la de efecto sonoro, que hace referencia a la triple vertiente de los fenómenos sonoros que antes describíamos (lo espacial-arquitectónico, lo fisiológico y lo psico-social). Por último tenemos al WFAE, que parte de una perspectiva que mezcla la composición musical, los estudios en comunicación y la acústica más humanística bajo lo que se ha dado en llamar Ecología Acústica [7]. El WFAE no es estrictamente un centro de enseñanza y/o investigación, sino más bien, un foro de debate, un centro sobre el que orbitan una serie de profesionales de diversas disciplinas y que comparten un punto de vista similar sobre la importancia de los fenómenos sonoros y la repercusión que la especie humana tiene sobre lo que denominan la biofonía o producción sonora de los seres vivos a escala planetaria.

 

     En otro orden de las cosas, cada día que pasa proliferan los proyectos artísticos o documentales sobre los fenómenos sonoros. En este apartado cabe incluir tanto las manifestaciones del Arte sonoro como muchos proyectos de Cartografía sonora. El Arte sonoro difiere de las artes musicales en tanto en cuanto experimenta con los sonidos como unidades semánticas diferentes. Nace de la mano de los movimientos Futurista y Dadá, a principios del siglo XX, a partir de la experimentación plástica con sonidos mediambientales. Su desarrollo como disciplina artística debe mucho a personalidades infatigables como Luigi Russolo, John Cage o Juan Hidalgo, y colectivos como Fluxus o Zaj. Por otro lado nos encontramos con los proyectos de Cartografía sonora que surgen de una comprensión del sonido como parte del patrimonio inmaterial. Proyectos como Soundmap en el Reino Unido, NYSoundmap en los Estados Unidos o, ya en nuestro país, Escoitar en Galicia o Sons de Barcelona y Ciudad Sonora [8] en Cataluña, se presentan como proyectos colaborativos en los cuales son los propios usuarios y nos los creadores, los que seleccionan, registran y disponen los sonidos en las páginas de los proyectos a fin de crear instantáneas sonoras de lugares y gentes.

 

 

Previos metodológicos

 

     Llegado este punto deberíamos tener una idea general de qué es la etnografía sonora, de dónde surge y qué se ha hecho hasta el momento en esta materia. Antes de describir la utilidad de este tipo de estudios, haremos una breve descripción de la forma en que podemos ponerlos en práctica. A lo primero que debemos prestar atención es a dónde queremos llegar, es decir, cuál es el objeto de la investigación que vamos a emprender. Este objeto necesariamente tendrá relación con el sonido desde un punto de vista social o cultural. El paso siguiente será identificar una unidad de análisis, que no siempre habrá de coincidir con el objeto de nuestro estudio. Las temáticas son prácticamente infinitas, a voluntad de los intereses del investigador. Podemos centrar nuestra atención en las prácticas de construcción social de un sonido en concreto (alarmas y sirenas, el mar o el tren, etc.) o de una zona determinada de un asentamiento humano (un barrio, una calle, una ciudad, un asentamiento rural, etc.). Podemos estar interesados en las formas de escuchar de un determinado grupo social (los ciegos, los inmigrantes, los vecinos de un barrio, etc.) y así hasta que la imaginación nos diga basta [9]. En resumen, podemos centrarnos en la descripción de espacios o en la descripción de fenómenos sociales en su sentido más amplio. En ambos casos la metodología difiere, si bien siempre habremos de acotar la amplitud espacial de nuestros intereses. Por ejemplo, si deseamos estudiar la construcción social del sonido entre los ciegos, habremos de circunscribir nuestro interés a una zona determinada, por ejemplo, los ciegos en el espacio público de la ciudad tal. En caso de que nuestra intención sea abarcar un objeto de estudio mayor, tendremos que contemplar la posibilidad de diversificar el trabajo de campo. La práctica etnográfica siempre se hace en un espacio y en un tiempo determinados, por lo que es necesario aparcar las ansias de generalización. La etnografía siempre nos remite al espacio y al tiempo en los que hemos hecho la observación.

 

     Pongamos por caso que estamos interesados en una zona particular del tejido urbano de una ciudad en concreto. Lo que nos interesa es, por ejemplo, hacer una Cartografía sonora de esta zona, es decir, recoger los sonidos más característicos de la zona en cuestión. Pero ¿como identificar y seleccionar estos sonidos? En todo momento hemos de ser conscientes de que lo que vamos a hacer es describir, no aportar nada propio más allá de la puesta en práctica de un método cualitativo. El antropólogo norteamericano Marvin Harris [10] recogió dos términos que pueden ayudar a comprender esta diferencia. Hablamos de dos aspectos que hacen referencia al punto de vista reflejado en los estudios etnográficos. Se trata de la oposición entre los estudios de tipo etic y los de tipo emic. Los primeros son los que describen un fenómeno social en función de las categorías del que describe, es decir, del etnógrafo. Los segundos son los que recogen las categorías propias del lugar donde se da el fenómeno estudiado. La diferencia es sutil pero clave para conducir cualquier clase de investigación que tenga que ver con fenómenos sociales. Una etnografía sonora sólo se puede enfocar desde una perspectiva emic, ya que lo contrario no sería hacer etnografía sino manipular una fenomenología particular para demostrar teorías y taxonomías propias (contrastadas o no) [11]. Se haría necesario, por tanto y en el ejemplo que estamos proponiendo, identificar los sonidos emblemáticos del espacio a través de las formas de escuchar de aquellos que practican dicho espacio.

 

     Si, como acabamos de afirmar, lo que nos interesa es una perspectiva emic, necesariamente habremos de centrar nuestros esfuerzos en describir tanto a) los fenómenos que nos interesan como b) las circunstancias en que se dan y c) las categorías mediante las cuales los describen y califican las personas asociadas a dichas circunstancias. Se trata de tres dimensiones que requieren tres acercamientos específicos. La mejor forma que tenemos de describir los fenómenos que nos interesan per se es a través de nuestra propia forma de percibir. Entramos, por tanto, en el terreno pantanoso que opone nuestra propia subjetividad a la necesaria objetividad asociada al método científico [12]. Sin embargo, la tecnología contemporánea nos permite dar un paso más allá en este debate.

 

 

Notas
[1] A pesar de las recientes críticas feministas, históricamente se ha usado el masculino como genérico de la especie humana. Se argumenta que ya es demasiado tarde para cambiar un término internacionalmente aceptado y que teóricamente hace referencia no sólo a los hombres sino a toda la especie. Sin embargo resulta paradójico y evidencia un claro sesgo ideológico el hecho de que el homólogo etimológico de la disciplina antropológica sea la Ginecología (de ginecos, mujer), rama de la medicina biológica que se ocupa de las enfermedades de las mujeres.
[2] La Acústica es la rama de la Física que se ocupa de estudiar los fenómenos sonoros desde la perspectiva de las Ciencia Naturales. Posee muchas ramificaciones interdisciplinarias, tales como la Acústica arquitectónica, la Acústica subacuática, la Electroacústica o la Psicoacústica.
[3] De hecho, lo que más se acerca a un análisis social son la Psicoacústica o la Bioacústica. La primera es la correlación fisiológica de parámetros acústicos, es decir, el estudio de la percepción subjetiva de las características físicas del sonido que combina la Psicología clínica con la Acústica. La segunda es lo más cercano a lo que proponemos en este ensayo, ya que, a pesar de combinar parámetros procedentes de la Biología y de la Acústica se acerca a la percepción y producción de sonidos en las especies animales (incluida la especie humana) en base a bases anatómicas y neurofisiológicas. De nuevo se desplaza la importancia del conocimiento social y su transmisión.
[4] Como, por ejemplo, las de Veit Erlman (University of Texas), Jonathan Sterne (McGill University, Montreal) o Michael Bull (University of Sussex).
[5] Cuya primera referencia la encontramos en su obra “Memoria sobre el sistema primitivo de las vocales indoeuropeas” que data de 1878.
[6] Siendo ambos franceses y este último profesor emérito de la Universidad de Grenoble, podría considerarse a esta como una variación de la siguiente. Sin embargo, las líneas de trabajo son bien diferentes, ya que el centro brasileño da más peso a la labor de documentación y archivística que el francés.
[7] Que se acerca bastante, sino supera en amplitud de su objeto de estudio, a la acústica social que antes proponíamos.
[8] Con las que humildemente y en la medida de lo posible colabora el autor de este texto.
[9] Todo fenómeno tiene su manifestación sonora y siempre que haya oídos humanos cerca se podrá proponer y efectuar un estudio similar al que estamos en vías de describir.
[10] Ambos términos fueron acuñados por el lingüista Kenneth Lee Pike en 1967, en su obra Language in relation to a unified theory of structure of human behavior, y posteriormente recogidos por Harris en su obra El desarrollo de la teoría antropológica: una historia de las teorías de la cultura.
[11] Paradójicamente, esto es lo que hace la Acústica física. Posee una serie de taxonomías y tipologías, histórica y culturalmente determinadas, compartidas y corroboradas por la comunidad científica. Encontramos en este punto, una razón etnometodológica referida a la construcción del conocimiento que refuerza la necesidad de este tipo de estudios de base social y cultural que proponemos.
[12] Debate en el que no entraremos a profundizar. Nos quedaremos con los argumentos que apuntan a la existencia de una intersubjetividad en el sentido de acuerdo entre subjetividades. Sin embargo, resulta imposible negar la presencia de la subjetividad del investigador. Como veremos más adelante, en ningún momento trataremos de negarla o desconfiar de ella, sino, más bien, utilizarla como herramienta para acercarnos a los fenómenos que nos interesan. No hay que olvidar que el etnógrafo posee una experiencia previa que lo convierte en una fina herramienta descriptiva.

 

 

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Etnografía sonora. Reflexiones prácticas (I) por Miguel Alonso Cambron (Master en Antropologia Urbana), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Miguel Alonso Cambron

Máster en Antropología Urbana por la Universida Rovira i Virgili de Tarragona (URV). Licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha cursado estudios de doctorado en Antropología Social en la Universitat de Barcelona (UB) y de Tendencias Sociales y Procesos de Integración en la Universidade da Coruña (UDC). Completa sus estudios de con una estancia en la Vrije Universiteit de Bruselas (VUB). Miembro del Grupo de investigación Antropología Sonora del Institut Catalá d’Antropología (ICA), ha participado y participa en numerosos proyectos de carácter científico, documental o artístico llevando a cabo labores de docencia, traducción, composición e interpretación gráfica y sonora, preproducción y postproducción audiovisual, crítica musical, elaboración y corrección de textos, y producción de eventos culturales. Miembro fundador del colectivo Ciduad Sonora, actualmente trabaja como investigador asociado al Departamento de antropología, filosofía y trabajo social de la Universitat Rovira i Virgili (DAFITS-URV) de Tarragona a la par que realiza su tesis doctoral sobre la relación entre producción y percepción sonora, procesos identitarios y conflictividad en el casco antiguo de Tarragona bajo el título “Sociofonía, identidad y conflicto. La vida sonora de la Part Alta de Tarragona.”

4 Comments

  • 15 diciembre 2009 | Permalink |

    Miguel:

    Llegué a tu artículo por recomendación de Gabriela Berti. Buena recomendación: lo dicho acá es de real interés. Un campo casi virgen, inexplorado y que puede llegar a develar muchísimo acerca de nosotros los seres humanos. Recuerdo un develador texto: Ruidos de Jacques Attali, que en 1977 vaticinaba una era en la que, habiendo superado “sacrificar”, “hacer creer”, “representar”, “repetir”, se llegaba a “componer”. Un etnógrafo sonoro, a pesar de situarse en una posición emic, ¿no termina acaso componiendo, desde esa inevitable subjetividad a la que haces referencia, al modo que expresa Attali? ¿Componer no nos puede remitir a los modos de organización de la materia sonora de la música aplicados a la etnografía sonora? A fin de cuentas son muchos siglos relacionando lo sonoro primordialmente a la música, aunque últimamente hayamos hecho de ella un objeto más de un más amplio mundo sonoro. En definitiva, ¿cuánto influye en el quehacer del etnógrafo sonoro el modus operandi de un compositor?

    Saludos desde Salta, Argentina.

  • 15 diciembre 2009 | Permalink |

    Hola Pablo,
    Ante todo gracias por tu interés y tus comentarios.
    Conozco y me encanta el libro de Attali. De hecho el mismo autor hizo una especie de actualización en el año 2000, seguro que la encuentras en la web.
    Respecto a lo que comentas, pues es uno de los grandes desafíos de las Ciencias Sociales. El producto final de una etnografía es siempre literatura en el sentido en que se utilizan las palabras y los conceptos para narrar y describir una serie de situaciones. Eso es indudable. Sin embargo, los conocimientos que se desprenden de la experiencia etnográfica hacen del propio etnógrafo un conocedor privilegiado de aquello que ocurre en su unidad de análisis, y eso le confiere (creo yo) un cierto grado de autordad sobre el tema que describe. Como si comparásemos los discursos de un músico que lleva años estudiando la obra de alguien con otro que recién la ojea. La etnografía es, también, un género literario.
    Lo musical es, bajo mi perspectiva, los sonoro llevado a una perspectiva estrictamente simbólica y, por tanto, aporta muchísima información sobre los contextos sociales en los que ha sido generado. Sin embargo, el análisis de una obra musical requiere una atención mucho más focalizada en aspectos relacionados con el propio compositor: su experiencia, su formación, su contexto psico-social, etc. Otra cosa muy distinta son las manifestaciones musicales populares, que ya se dan en contextos más amplios. De esto se ocupa la etnomusicología.
    Sobre lo que dices de si el quehacer de un etnógrafo sonoro afecta al modus operandi de un compositor, pues, desgraciadamente la etnografía sonora todavía no es una disciplina con un grado de divulgación amplio, de forma que le pueda llegar a todo el mundo. Sin embargo, existen y han existido casos en que estudios en etnomusicología y el tratamiento simbólico del sonido han afectado a las composiciones de muchos autores. Es el caso de Alan Lomax, que se recorrió medio mundo recogiendo música popular. O el de Richard Strauss, que antes de componer sus Danzas Húngaras llevó a cabo una labor de recolección de manifestaciones musicales populares y tradicionales.
    En cierto modo el etnógrafo es también compositor. Y lo es porque recoge una serie de materiales y los organiza en función de las categorías de aquellos que los producen. El centro deestudios de Porto Alegre (BIEV) que se menciona en el texto ha tratado ampliamente este tema y creo que un vistazo a su web te podría aclarar muchas de estas dudas.
    Gracias de nuevo por tus comentarios

  • 24 marzo 2011 | Permalink |

    Hola Miguel Alonso: Agradezco que compartas tus intereses, así como tus preguntas y respuestas de investigación, por esa razón, me gustaría conocer tus fuentes, pues siendo un campo poco explorado, los autores concentrados en el tema de la etnografía sonora son pocos.
    También quiero preguntarte si has escrito algún libro, artículo o ensayo en el que sigas profundizando sobre el sonido en su relación con la cultura. Y de ser así, ojalá nos digas en dónde podemos encontrar ese material.

    Gracias nuevamente. Saludos,

    Yois Paniagua

  • Miguel Alonso
    4 mayo 2011 | Permalink |

    Hola Yois.
    Gracias por tu lectura y tus comentarios, el placer es mío :D
    En la segunda parte del artículo tienes una bibliografía que seguro satisface tu curiosidad. Que yo sepa y hasta el momento son muy pocos los autores que se dedican a investigar lo que describo en el artículo, y cada uno lo hace a su manera pues no hay consenso en cuanto a métodos ni a bases teóricas. A mi, personalmente, los que más me gustan últimamente son los del BIEV de Porto-Alegre (http://www.biev.ufrgs.br/).
    Respecto a materiales propios, si algo he publicado, también aparece en la bibliografía de la segunda parte del artículo, pero son todos antiguos, anteriores a éste. Quizá te pueda resultar interesante este http://www.antropologia.cat/quaderns-e-92 , que supone un grado de profundidad mayor al publicado aquí.
    En fin, gracias de nuevo y un saludo

    Miguel

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