Etnografía sonora. Reflexiones prácticas. (y II)

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Entrando en el campo: fases y técnicas

  

     A continuación detallaremos las fases del acercamiento a nuestra unidad de análisis. Perfilando el ejemplo que antes dibujábamos, nos decantaremos por describir la vida sonora de un barrio históricamente residencia de una gran ciudad. Dividiremos el acercamiento etnográfico en tres fases, que coincidirán con las tres primeras personas con las que se conjugan los verbos: primera, segunda y tercera. En la primera fase nos centraremos en el “yo,” es decir, en nuestra experiencia sensible de los espacios que nos interesan, como usuario de a pié del espacio público urbano. Esta fase está relacionada con la subjetividad y la sensibilidad del etnógrafo. En la segunda fase nos centraremos en el “tú,” es decir, en las opiniones y categorías de aquellos que practican, habitual o puntualmente, los espacios que nos interesan. Esta fase está relacionada con la intersubjetividad de las poblaciones que practican el espacio que nos interesa. Por último, en la tercera fase, nos distanciaremos de las dos primeras personas centrándonos en el “ellos” o “ellas,” es decir, haremos una comparativa entre “lo que hemos visto” y “lo que nos han contado” para, con toda la información previa, observar “lo que ocurre.” De esta manera generaremos una suerte de distancia entre los dos primeros niveles de observación [13].

 

     Para llevar a cabo el primer nivel de observación habremos de tener claro a qué debemos prestar atención. Si estuviésemos haciendo un estudio sobre las prácticas de compra y venta de alimentos, evidentemente nos dirigiríamos a supermercados, carnicerías y locales comerciales similares y habríamos de observar atentamente estos fenómenos de compra y venta. Si nos interesasen las prácticas agrícolas urbanas, deberíamos centrar nuestra atención en pequeños huertos y terrazas de la ciudad. Si lo que nos interesan son los sonidos, necesariamente habremos de identificar en qué nos debemos fijar. Porque, como hemos dicho antes, un sonido no es sólo un sonido en sentido de un objeto, sino un proceso que tiene que ver con las fuentes que lo originan, el medio por el que se mueve y las características psicosociales del que lo recibe, decodifica e interpreta. Hasta el momento no existe ningún concepto que reúna todos los matices que hemos descrito y que refieren a lo sonoro. Por ello hemos creado el concepto sociofonía o fenómeno sociofónico (de socio- en referencia a lo social, y fonos- en referencia a la producción sonora). A partir de una reflexión social de lo que en Bioacústica denominan biofonía, hemos definido sociofonía como “el espectro sonoro de la interacción social” y los fenómenos sociofónicos como aquellos que hacen referencia a lo sonoro desde un punto de vista social (Alonso, 2005). Esta perspectiva debería ayudarnos a centrar la atención en aquello que escuchamos y asociamos a un proceso social.

 

     Pongámoslo en práctica mediante un sencillo ejercicio. Tomemos conciencia del espacio en el que en este momento nos hallamos. Cerremos los ojos y escuchemos durante unos 5 minutos. Anotemos posteriormente de dónde proceden (las fuentes sonoras) todos los sonidos que escuchamos (sin discriminar los de base social o no). A continuación repitamos el ejercicio anotando al mismo tiempo que escuchamos. Por último, y retomando el argumento tecnológico que antes mencionábamos, consigamos una grabadora de audio [14]. Repitamos el ejercicio esta vez colocándonos los auriculares y grabando. Anotemos nuestra observación y, a continuación, escuchemos el archivo resultante, procediendo a anotar nuevas impresiones. A medida que avanzamos en el ejercicio notaremos como la lista va aumentando al mismo tiempo que nuestra percepción se vuelve más precisa. Lo que hemos hecho es ir poco a poco centrando cada vez más nuestra atención sobre los fenómenos sonoros de nuestro entorno. Ahora salgamos a la calle y repitámoslo. De esta manera conseguiremos afinar nuestra atención auditiva. El cerebro siempre está trabajando. De alguna manera su funcionamiento es muy similar al de una mesa de mezclas de audio o a una serie de presas en ríos que conducen a un mar. El caudal de los ríos son los estímulos que llegan al cerebro (el mar) a través de los sentidos. Incluso cuando dormimos, el cerebro sigue estando activo y ocupado en que los estímulos externos no perturben la actividad (sueño) que estamos desarrollando. Es por esto que es importante ejercitar esta suerte de filtros para poder activarlos o desactivarlos a voluntad.

 

     Una vez que hemos hecho este ejercicio de forma que podemos ser capaces de percibir la gran mayoría de lo que entra por nuestros oídos, saldremos al campo. Allí tendremos oportunidad de enfrentarnos a una miríada de sociofonías. Es posible que nos veamos desbordados ante la cantidad de información a describir. Aquí es donde entra nuestro interés, nuestro objeto de estudio, así como las herramientas que la etnografía propone. Si lo que deseamos es describir la “vida sonora” de un espacio, lo que realmente nos interesa es describir su funcionamiento. Dicho de otro modo, nos interesan las lógicas que rigen los espacios y las dinámicas de su comportamiento. Imaginemos que trabajamos en la Dirección General de Tráfico y que nuestro trabajo consiste en prever el volumen de tráfico en una determinada vía. Si colocamos un micrófono en un lugar estratégico y grabamos un tiempo determinado (un día, una semana, un mes, un año, etc.) tendremos una información que nos indicará lo que queremos saber. Si observamos la representación gráfica de esa grabación, dependiendo del tiempo que haya durado, el gráfico nos indicará los momentos de máxima actividad, pudiendo de este modo prever futuras actividades. Esto son las dinámicas de un espacio, su funcionamiento, el tráfico que puede absorber y la rapidez con la que ocurre. Del mismo modo que en el ejemplo anterior podemos colocar un micrófono en puntos estratégicos de nuestra unidad de análisis a fin de tener información cuantitativa de los movimientos que ocurren en dicho espacio [15]. En cuanto a las herramientas que la metodología etnográfica propone, la que hasta el momento se ha demostrado más útil en el primer nivel de observación es la observación flotante [16], con su variante sonora, la escucha flotante. Este tipo de observación es una adaptación de la clásica observación participante [17] a la realidad urbana. Teóricamente se trata de una forma de observar la ciudad que es compatible con el “movimiento incesante, la circulación incontrolable y el anonimato característicos de las ciudades” (Neve, 2006). Si la observación participante consiste en convertirse en un sujeto más del espacio social a describir [18], la observación flotante propone un “dejarse llevar” por las situaciones muy similar a lo que el Movimiento Situacionista proponía en sus derivas urbanas. Básicamente consiste en un fundirse con el espacio para describir las dinámicas que lo inundan. Un ejercicio interesante de observación o escucha flotante puede hacerse de forma muy sencilla, por ejemplo, tomando asiento en la terraza de una plaza y describiendo lo que se cruza por nuestros oídos [19].

 

     Cuando hablamos de las lógicas de un espacio, centrándonos en los fenómenos sonoros, lo estamos haciendo de las formas de dar significado que coexisten en el espacio que nos interesa. Su observación no es tan sencilla como pudiera parecer la propia de las dinámicas. Para ello tendremos que pasar al segundo nivel de observación. En la segunda fase nuestra atención recae sobre los discursos y narratividades de los practicantes de los espacios. Por tanto, la técnica más recomendable es la entrevista en profundidad y semidirigida, ya sea a nivel individual (recomendable al inicio, cuando todavía estamos conociendo estos discursos y narratividades) o colectiva (más efectiva para contrastar la amplitud y el calado de los mismos). En la tercera fase habremos de usar ineludiblemente la técnica clásica de la etnografía que antes mencionábamos: la observación participante. Nótese que no aludimos a una variante sonora de la misma, ya que nuestro interés recaerá en una perspectiva global de las interacciones sociales, de la cual extraeremos la información relativa a los fenómenos sociofónicos. Tradicionalmente esto implica granjearse la simpatía de uno o varios miembros de la población que estamos estudiando a fin de conseguir una suerte de guía o, como se suele denominar en la disciplina, un informante clave. En ocasiones es difícil establecer este tipo de relaciones [20], siempre en función del tiempo del que dispongamos o de si se trata de una investigación exploratoria o más en profundidad. En cualquier caso, una táctica que suele funcionar es acompañar a algún sujeto que haya sido entrevistado en cualquier momento de su vida cotidiana. Cualquier excusa es buena: salir a dar un paseo por el barrio, tomar un café, quedar para charlar sobre algún tema, organizar actividades de diversos tipos, etc. Lo que siempre se ha de tener en mente es que tanto las personas a las que se entrevisten como cualquier otro individuo o colectivo con el que entremos en contacto y juzguemos útil para los propósitos de la investigación, no tienen los mismos intereses que el investigador. Por tanto, se ha de intentar en lo posible cuidar la relación que se establece con ellos de la misma forma que regamos las plantas de un jardín.

 

     No está de más añadir que en todo momento de la investigación habremos de acompañar las labores propias del trabajo de campo con una investigación bibliográfica lo más exhaustiva posible y en relación tanto a nuestro objeto de estudio como a nuestra unidad de análisis. Si, recuperando el ejemplo de párrafos anteriores, nos interesan estudiar los fenómenos sociofónicos calificados como “ruidosos” en una zona determinada, necesariamente habremos de estar al tanto de varias temáticas. En primer lugar habremos de prestar atención a toda la literatura que podamos encontrar que haga referencia al objeto de estudio que nos interesa. En segundo lugar, habremos de hacer lo propio con las obras que hable sobre nuestra unidad de análisis, sea desde perspectivas históricas, sociales o literarias, intentando en todo momento hacerse una idea que recoja visiones locales y globales sobre la misma. En tercer lugar hemos de interesarnos por las noticias en los diarios locales, nacionales e internacionales que hagan referencia a esta tipología de conflicto.

 

     Por último, aunque no por ello menos importante, es imprescindible consultar y analizar al detalle la literatura jurídica, las normativas y ordenanzas municipales así como las autonómicas, las nacionales y las supranacionales. Del mismo modo que hemos diversificado nuestra atención centrándonos, por este orden, en el discurso propio, en el discurso ajeno y por último en el contraste entre discurso e interacción social, nuestro trabajo no está todavía completo si no consultamos la normativa jurídica. Toda sociedad, en el sentido más amplio del término, posee una serie de normas. En las fases que hasta ahora hemos descrito hemos intentado recoger lo que podríamos denominar la norma práctica. Sin embargo, en la norma jurídica encontraremos no sólo los principios por los que teóricamente habrían de regirse los espacios y las personas, sino también, y quizá en mayor medida, los deseos de cómo deberían funcionar los mismos. Una lectura de estas normativas y su análisis comparativo puede arrojar mucha luz sobre lo que ocurre en nuestra unidad de análisis, sobe los comportamientos deseados e indeseados. Desde el momento en que el Derecho tiene como objetivo principal mediar en los posibles conflictos sociales, para ello proporciona unas pautas o criterios formales que regulan los comportamientos entre los ciudadanos particulares y la autoridad. Al hilo de este argumento, las definiciones sobre las que se construyen las normativas deberían ser consensuadas, al contrario que el caso que nos ocupa. El problema de fondo es, en nuestra opinión, que la base sobre la que se sustenta la legislación sobre “ruido” parte de una noción parcial, no únicamente porque sea subjetiva (que lo es) si no porque sólo atiende a aspectos técnicos y desatiende los aspectos sociales y culturales. Retomando el primer ejemplo que proponíamos cabría preguntarse en qué medida podemos afirmar que el sonido de los niños saliendo del colegio es “ruido.” O ¿qué relación tiene esta consideración de sonido molesto con la actividad que estamos desempeñando en el momento de percibirlo? ¿Diríamos de la misma forma que se trata de un “ruido” si en lugar de estar sumergidos en la lectura estuviésemos cocinando? ¿Y si fuésemos uno de los niños que salen del colegio? ¿Sería un “ruido” o una manifestación de alegría o libertad?

 

 

Conclusiones

  

     En los apartados anteriores hemos explicado qué es la etnografía sonora, por qué creemos necesario un acercamiento social a los fenómenos sonoros, cómo podemos poner en práctica un proyecto relacionado con esta percepción social del sonido, qué técnicas podemos utilizar en función de cuáles sean nuestros intereses y qué materiales están a nuestro alcance para entender mejor dichos fenómenos. Pero ¿para qué sirve hacer una etnografía sonora?

 

     Al margen de usos relacionados con el aumento del conocimiento de los entresijos de las sociedades contemporáneas, al margen de estudios sonométricos cuantitativos relacionados con las políticas de lucha contra el ruido, la etnografía sonora se presenta como una herramienta muy útil a la hora de conocer las dinámicas de los espacios. Muchas son las aplicaciones que desde esta perspectiva pueden ser contempladas. Aplicaciones que pasan por saber cómo funcionan los espacios, tanto desde el punto de vista del usuario, como de aquellos que lo proyectan y lo gestionan. Aplicaciones que pueden conducir hacia una lógica en la proyección de espacios orientada hacia lo sensible. La técnica que antes citábamos del micrófono en la autopista puede revelarse como una técnica accesible para prever usos de los espacios. A través de las narratividades indígenas podemos conocer el grado de vinculación y conocimiento que los usuarios o practicantes de los espacios poseen respecto a dichos espacios. Es conveniente tener presente que existe un vínculo muy fuerte entre percepción sonora y memoria oral, de forma que cualquier fenómeno sonoro puede desatar recuerdos y sentimientos o sensaciones asociados a la historia de las personas y a los usos históricos de espacios que han cambiado su configuración. La etnografía sonora se presenta, por tanto, como una herramienta útil y relativamente sencilla para conocer las dinámicas de los espacios, posibilitando diagnósticos rápidos a la par que certeros.

 

     Hace no demasiados años el Ayuntamiento de Nueva York puso en práctica una técnica que ilustra a la perfección el papel que puede llegar a jugar la manipulación sonora de los espacios y cómo, a través de la misma, es posible controlar el tipo de público que practica dicho espacio. Una de las zonas portuarias de Nueva York destinadas al tráfico de barcos y mercancías, pero al tiempo, abierta al público, había llegado a degradarse de tal manera que únicamente estaba frecuentado por pequeños traficantes y homeless, sectores que, en opinión de los gestores, estigmatizaban la zona de forma que disuadían a otros tipos de públicos. La empresa que gestionaba este hilo musical, que hasta el momento emitía una selección estándar de música popular contemporánea, cambió el mismo por otra selección de música clásica. Este cambio sutil bastó para que el público marginal desapareciese y la zona se viese reconvertida a espacio de ocio urbano. Situaciones similares, que en cierto modo manipulan la emocionalidad de los espacios, las podemos encontrar día a día en supermercados (que cambian el estilo de programación musical para favorecer el consumo), en tiendas de ropa o restaurantes de comida rápida, en los que se hace uso de lo sonoro simbólico (lo musical) para manipular el uso de sus espacios. El uso de dispositivos portátiles de reproducción sonora (walkman, iPod, etc.) también nos puede dar ideas sobre lo agresivo o reiterativo que puede resultar un espacio. El volumen de las sirenas de ambulancias, coches de policía o de bomberos, la distribución del sonido del tráfico vehicular o el aislamiento de viviendas y locales de ocio nocturno también puede darnos una idea de la relación que la población o las instituciones gestoras tiene con el espacio que practica, así como su grado de vinculación con el medio-ambiente en un sentido ecológico amplio.

 

     Hasta el momento la etnografía sonora se encuentra en un período de desarrollo y experimentación que, en nuestra opinión, va parejo a la sensibilidad de poblaciones e instituciones a la cuestión sonora. La gestión de los fenómenos sonoros dice mucho de la forma que las diferentes culturas humanas tienen de gestionar su presencia e incidencia medioambiental y, por tanto, lo vinculados que nos sentimos con el entorno. Bajo esta perspectiva los fenómenos sonoros se nos presentan como un vínculo fenomenológico que crea comunidades. No hace demasiado tiempo, el territorio político adscrito a una comunidad llegaba hasta donde se podían escuchar las campanadas del campanario más cercano. Otra cuestión al margen de la escucha es si todos los que perciben esas campanadas saben interpretar su significado. Porque, si una luz nos ciega siempre podemos cerrar los ojos o apartarnos; si un olor nos molesta siempre podemos taparnos la nariz, pero ¿cuánto hay que correr para dejar de oír un sonido?

 

 

Notas:
[13] Se trata de una metodología propia adaptada de la propuesta por el CRESSON.
[14] Para las grabaciones de campo es recomendable que la calidad de grabación sea buena y que el equipo sea manejable y resistente. Si puede ser un equipo compacto que integre micrófono y registro digital, la tarea de grabación será menos engorrosa que si nos hacemos con un equipo integrado por piezas separadas.
[15] Una técnica que todavía no está muy explotada más allá del control y la previsión del tráfico vehicular en grandes vías de acceso.
[16] Propuesta por Colette Pétonnet en su artículo “L’Observation flotante: L’example d’un cimentère parisien” de 1982.
[17] Creado y puesto en práctica por Bronislaw Malinowski en su trabajo de campo en las Islas Trobriand.
[18] Interactuando con todo el mundo, un poco jugando un rol de recién llegado que no se entera de nada y que necesita que se lo expliquen todo.
[19] Las narraciones de George Perec o de la misma Colette Péttonet pueden ilustrar este modus operandi.
[20] Y más teniendo en cuenta la precariedad con que muchos investigadores desarrollan su labor o la velocidad a la que se mueven y gestionan las personas y las relaciones en los ámbitos urbanos.
 
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About Miguel Alonso Cambron

Máster en Antropología Urbana por la Universida Rovira i Virgili de Tarragona (URV). Licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha cursado estudios de doctorado en Antropología Social en la Universitat de Barcelona (UB) y de Tendencias Sociales y Procesos de Integración en la Universidade da Coruña (UDC). Completa sus estudios de con una estancia en la Vrije Universiteit de Bruselas (VUB). Miembro del Grupo de investigación Antropología Sonora del Institut Catalá d’Antropología (ICA), ha participado y participa en numerosos proyectos de carácter científico, documental o artístico llevando a cabo labores de docencia, traducción, composición e interpretación gráfica y sonora, preproducción y postproducción audiovisual, crítica musical, elaboración y corrección de textos, y producción de eventos culturales. Miembro fundador del colectivo Ciduad Sonora, actualmente trabaja como investigador asociado al Departamento de antropología, filosofía y trabajo social de la Universitat Rovira i Virgili (DAFITS-URV) de Tarragona a la par que realiza su tesis doctoral sobre la relación entre producción y percepción sonora, procesos identitarios y conflictividad en el casco antiguo de Tarragona bajo el título “Sociofonía, identidad y conflicto. La vida sonora de la Part Alta de Tarragona.”

2 Comments

  • chiu
    5 enero 2010 | Permalink |

    Estupendos artículos sobre ese término que ya es tan tuyo: “las sociofonías”.

    Enhorabuena sincera y el deseo también de que la ciencia adquiera sensibilidad sobre los sonidos que nos rodean y su importancia capital a la hora de describir un lugar o contexto concreto.

    Creo que ha llegado el tiempo en el que “abrir los oídos” puede aportar valiosos datos sobre las sociedades contemporáneas.

    Un saludo sonoro Miguel

    Chiu

  • 6 enero 2010 | Permalink |

    Gracias Chiu,
    ojalá te oigan las instancias académicas y podamos escuchar aquello que decían en el 1, 2, 3 “escuchemos la voz de los super-tacañones”
    :D

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