EVITA: EL PODER DISFRAZADO DE SANTIDAD Y MITO

Se filtran deslices de la memoria, verdades impuras. A lo mejor no estaba sucediendo nada de lo que parecía suceder.  A lo mejorla historia no se construía sino con sueños. Los hombres soñaban hechos, y luego la escritura inventaba el pasado. No había vida, sólo relatos. Tomás Eloy Martínez[1] Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad. Ha llegado la hora de la mujer que piensa, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país.Evita[2]
María Eva Duarte de Perón.

María Eva Duarte de Perón.

¿Ficción o realidad? ¿mito o historia? ¿Memoria colectiva o historia oficial? Cómo negar la importancia del papel femenino en la humanidad y más aun cuando se trata de la mujer que no sigue los cánones o el predeterminismo estipulado a su género e identidad de mujer.  Eva Duarte de Perón o más tarde mitificada como Evita representó y sigue representando a aquellas figuras que la historia y la memoria no pueden recluir.  Para los “civilizados” Eva Duarte de Perón fue sólo una mujer de orígenes ilegítimos, pero al mismo tiempo reconocían que ella representaba un peligro a lo establecido, cuando dejaba de ser Eva Duarte de Perón y se convertía en “Evita” la “bárbara”, “el mito”  y “la santa”.  Eva Duarte es sin duda uno de los íconos femeninos más santificados (sin ser santa) y controvertidos de la historia y memoria de la civilización contemporánea.

Por ser de índole contradictoria, en este estudio se analizó el personaje de Evita y su repercusión en la historia y memoria colectiva en dos grandes etapas: Evita durante su vida en la Argentina y durante la construcción de memorias y mitos en torno a su muerte y mitificación. Asimismo, en este estudio se investigaron temas relacionados con el mito Evita y la representación simbólica de sus restos humanos para los opuestos “civilización” y “barbarie”.  Con dicho fin, se entabló las diferencias entre biografía histórica y el mito contemporáneo valiéndose del simbolismo, la metáfora y el papel importante de la memoria individual y colectiva a través de las décadas.  Fue imprescindible analizar el papel de la memoria, la historia y cómo las mismas hacen posible que el mito Evita forme parte de la literatura como en La novela de Perón (1985) de Tomás Eloy Martínez.  En mencionada obra se puede observar de una manera constante la presencia de Evita y lo que ella y su cuerpo simbolizaron en “las memorias” (Eloy, 45) y en “las contra memorias” (Eloy, 61) para las generaciones contemporáneas y futuras.

Se debe de tener en cuenta que el análisis no hubiera sido posible sin la mención de muchos temas relacionados con el mito creado sobre Evita la mujer impetuosa, y Evita la mujer símbolo de la memoria colectiva e individual en su corpus. [3]  Se plantea el análisis psicoanalítico de la identidad de Eva Duarte de Perón y Evita, valiéndose de los conceptos del fanatismo, el poder político, la ficción y la realidad en la literatura, el símbolo de Evita para las masas y la relación antagónica entre la civilización y la barbarie.

Sin lugar a duda Eva Perón representó el punto de partida de una nueva generación que anhelaba por el cambio social, político y cultural en la sociedad argentina.  Eva Perón es aquel antagonista y anomalía social que se enfrenta al predeterminismo, negándose a aceptar lo que fue establecido por la época.  Un factor que se debe de tomar en cuenta es que Eva Perón nació bajo la sombra del patriarcado, en donde ser ilegitimo y sobre todo mujer, simbolizaban el sustento que el patriarcado necesitaba para controlar perpetuamente a las masas.  Valiéndose de lo planteado, en tanto a la legitimidad de Eva, se puede formular una posible explicación sobre su fanatismo y delirio hacia Juan Perón y posteriormente al partido peronista. “Gracias por existir” (Eloy, 297), “adonde quiera que vaya, sin vos soy incompleta” , “ soy tuya.  Vos me has hecho” (Eloy, 303) son sólo algunos de los enunciados que revelan el fanatismo de Eva hacia la doctrina peronista. De acuerdo con el analista Josef Rudin[4] en su estudio sobre el fanatismo y la repercusión psicológica en lideres políticos argumenta que “Fanaticism has its roots in the layer of the vital instincts and the feelings. Making all fanaticism as merely instinctive and instinct- determined. Therefore, it seems that a great passion is hardly thinkable without at least here and there a fanatic tendency. Such as tendency can coerse an individual into fanatic behavior if he(she) does not succeed at building passion into his (her) entire personality”. (Rudin, 31)

Este concepto del fanatismo puede ser aplicado a Eva Perón y a la cadena de acontecimientos que dan nacimiento al mito Evita.  En primer lugar, se debe mencionar que este fanatismo nace en Eva desde su primer encuentro con Perón, el cual despierta el ímpetu por la búsqueda de su propia existencia reflejada en el patriarca.  Eloy Martínez narra que “Eva ya estaba enamorada cuando lo oyó decir: son los pobres quienes más sufren y se sacrifican en este país…” (328).  Desde este primer instante se establece un vínculo perpetuo entre el ciudadano ilegitimo de segunda clase y el fanatismo hacia la imagen del hombre patriarca, y cuya simbolización resulta en la transformación cultural que Eva emprende al ascender a la política social de la época.  Igualmente, el primer fanatismo perpetrado por Eva hacia el peronismo da lugar a un fanatismo mucho más tenaz que el primero. Se habla del fanatismo reciproco entre Eva y las masas argentinas o la llamada barbarie.  Es así que el producto de este fanatismo da lugar al nacimiento de Evita, la mujer quien simbolizó el inicio del mito Evita y el correspondiente fanatismo de las masas.  Eloy Martínez rescata la imagen de una mujer llevada por el fanatismo y cómo ella es vista por los que la rodean. De acuerdo con lo narrado en la novela, Eloy Martínez le da voz al personaje de Perón para que en sus palabras establezca que “Eva era un fanática”.  Lo cual establece el origen del fanatismo que el pueblo sintió por Evita. Basado en el concepto formulado por Rudin se puede establecer una paralela entre el fanatismo sentido por el pueblo hacia Eva y la ficción-realidad escrita por Eloy Martínez en La novela de Perón, en donde se puede observar claramente como ese pueblo mitifica a Eva y la vuelve Evita.  En una de las citas Eloy Martínez narra que, “después de su discurso un huracán de aplausos se desmando en la plaza.  Los hombres se arrodillaron. Los niños de los asilos agitaron banderitas…Eva saludó a la multitud con una reverencia, la cabeza inclinada.  Se oyeron vítores histéricos[5]. Unas campesinas de negro rompieron a llorar.‘¡Gracias, mi pueblo!’, gritó [Eva]. (Eloy, 301)

Con la menciona cita, se presume que Eloy Martínez quiere establecer una paralela entre lo real y la ficción en el fanatismo existente entre Evita y la multitud.  Se plantea que la relación fanática entre los mencionados constituye la conexión entre el fanatismo y la mitificación de la santidad en Evita.  Se asume que Evita se convirtió en una obsesión para las masas dando origen a una de las primeras mujeres latinoamericanas quien gozaba—de cierta manera—en la participación política.  Esa pasión identificada con el fanatismo por su pueblo, la hizo partícipe de la transformación política y consecuentemente cultural de la Argentina.

El poder ejercido por Eva Perón sobre las masas fue y continuó siendo, por muchos años después de su muerte, omnipotente sobre la multitud.  En una mayor escala, se plantea que Evita simboliza aquel fenómeno que inicia el desplazamiento del poder de Perón.  Eloy Martínez, por medio de la memoria de Perón, plantea que Evita se convierte en la obsesión de Juan Perón y aquella sombra lo sigue hasta el día de su muerte.  En la trama se encuentra una de las citas que demuestra aquel poder perdido que Perón quiere inútilmente mantener sobre Evita, pero que innegablemente (incluso para él) se perdió o quizás nunca existió. “La mandé aquí (España) como mi mensajera, hace veinticinco años.  Los madrileños todavía no han podido olvidarla…  Eva los enamoró. Pero yo pienso: ¿no me corresponde a mí esa gloria? Cuando vine a buscarla, desterrado, los españoles no quisieron dármela.” (291)

Eloy Martínez rescata el poder y repercusión del papel de Evita en la memoria de Perón para mantenerla presente en la memoria colectiva.  Por ejemplo, Perón dice, “Yo ya lo predije en mis Memorias:  que los argentinos debíamos apagar las luces de Madrid y no volver. Pero volví. Hasta Eva, me ha seguido los pasos” (291). Teniendo en cuenta que Eva estaba muerta por un cuarto de década, aún se puede reconocer que ella representa aquel poder sobre el patriarcado, pero ese poder se extiende a la mitificación y perpetración de Eva o su “santa” identidad de Evita.

¿Qué es el mito en la literatura? De acuerdo con la critica literaria Jenny Asse Chayo argumenta que “Los mitos tienen un modelo universal, a pesar de que varíen mucho en detalle. La literatura muestra este mismo fenómeno.  Aunque la obra de cada uno de los escritores varíe en detalles, aunque cada una de las historias relatadas en los cuentos estén inmersas en circunstancias, tiempos y espacios distintos; más aún, estos contenidos universales son, lo que constituye lo ‘literario’, como un gran puente que atravesara la literatura de todos los tiempos. (58)[6]

Los temas del fanatismo y la mitificación de Evita “la santa”  y el “mito” tienen sus primeros orígenes en datos biográficos de su vida.  Eloy Martínez transmite la visión de la multitud hacia Evita cuando Perón rescata una de sus memorias y expone cómo las masas captan y veneran a la imagen de Eva.  Se puede decir que Eva deseaba ser ejemplificada, lo cual puede ser observado en una cita “Quiero demostrar que una mujer de pueblo tiene también derecho a vestirse con lujo” (Eloy, 298). Tomando en cuenta el poder que Evita tiene sobre las masas se puede establecer una relación entre el desarrollo de su imagen como santa y el símbolo de su vestimenta.  Se plantea que la ropa fastuosa de Eva tiene una relación directa con la santidad y la mitificación que la multitud le consagra a lo largo de su vida y muerte.  La ropa elegante, pomposa y suntuosa representa la canonización de Evita después de la muerte y el culto a “Santa Evita”.  El mito y la santificación de Eva Perón sobrepasan las cualidades religiosas y se le otorga incluso cualidades sobrenaturales cuando el pueblo expresa que “Santa Evita” tiene poderes milagrosos.  Asimismo se debe mencionar cómo la multitud paulatinamente santifica a la imagen de Eva por medio de la santidad de su vestimenta. También se debe de tomar en cuenta que después de muerta, los sindicatos, escuelas y mucha de las identidades públicas imprimían imágenes de Eva que cada vez más se parecían a la virgen María.

El mito y la santificación de Evita continúan después de su muerte, y aun mas el fanatismo sentido por ella persiste de manera ineludible.  Eloy Martínez hace  uso de la santificación para exponer la limitada franja entre lo real y la ficción del icono de Evita, y lo hace por medio de las memorias de Perón- el patriarca- y la multitud que mitificó a Eva Duarte de Perón en “Evita: el mito y la santa”.  Evita fue venerada como a una santa irrumpiendo los limites de la ficción para así convertirse en una realidad para las masas, que vieron en Evita una posible realidad simbólica del cambio.

Durante su vida corpórea, Eva Perón representó el comienzo de una lucha interminable entre la barbarie y la civilización.  El fanatismo reciproco existente entre las masas y su creada Santa Evita representan el apogeo de la barbarie en contra de las aclamadas ideologías “civilizadas”.  Póstuma su muerte,  aquel poder que Evita tenía es prolongado y resucitado en las memorias y también en la historia. Aquella historia referente a Evita anhela descifrar su identidad y persona, dando lugar a una posible historia oficial, pero ¿Qué es historia sin el conjunto de memorias que cada individuo ya sea civilizado o bárbaro agrega para dar fruto a un mito?  Sin lugar a duda, Eva Perón, a pesar de su muerte, sigue ejerciendo su poder por medio de Evita y crea en las masas esa necesidad de luchar en contra de la llamada “civilización”.  El mismo mito representa el surgimiento del mito histórico y el mito contemporáneo[7] y la disuasión por mantener en vigencia la historia oficial para definir la vida y muerte de Eva Perón.  Eloy Martínez cuestiona la credibilidad de la historia oficial y plantea la estrecha relación entre la ficción y la realidad por medio del conjunto de memorias que unilateralmente se oponen a lo estipulado por la historia didáctica hecha oficial.  Que mejor manera de expresar la incertidumbre que el escritor crea en el libro, que por medio de frases que niegan una absoluta verdad de la realidad. En este punto de la historia los datos se desconciertan. “¿Evita tenía quince años y se marchó de Junín con el cantante de tangos Agustín Magaldi? No parece verosímil.[8] No ha de ser cierto”. (327)

Aquella memoria colectiva se interpone a una suscitada historia oficial impresa en un texto.  Eloy Martínez aborda el tema de la memoria y la historia para establecer que la una no puede ser establecida sin la otra, sin embargo, con la mencionada cita se plantea que el escritor anhela establecer que la memoria es el producto de una construcción personal e inclusive social, y que en algunas circunstancias – como la expuesta – la historia oficial y esa memoria personal pueden representar una historia independiente o un simple reflejo de aquella historia oficial.  De acuerdo con Pierre Vidal-Naquet, hay una historia que en alguna forma se opone a la memoria personal por la sencilla razón que toda memoria es selectiva y elige lo importante o irrelevante para crear su propia historia. [9]  Desde este análisis teórico, se puede plantear que existe una negociación entre la historia oficial y la memoria existente en cada individuo.  El producto de aquella negociación constante y perpetua da nacimiento al mito Evita y a la imagen de santa y demonio, pero al mismo tiempo icono símbolo del cambio, de los milagros y mártir argentina.

Aquella civilización no puede controlar el mito Evita y contiende una batalla sin tregua ante el fanatismo sentido por la multitud por preservar viva la imagen de su santa y mártir.  Eloy Martínez rescata la memoria colectiva y hace de la literatura el desafiante de la historia oficial, sumergiendo “la realidad” en los juegos de la ficción.  Se debe de tomar en cuenta que en La novela de Perón,  Eva está siempre presente pero no como personaje “material”, mas como la representación etérea de los ideales peronistas y como el motor de la barbarie. “La literatura y la historia van de la mano” se plantea en la filmación La historia oficial (1985)[10] el cual reafirma la actitud de Eloy Martínez, cuando hace de la literatura una historia propia de las memorias colectivas representadas en los personajes de La novela de Perón.  Del mismo modo, en la novela Santa Evita (1995), por el mismo autor mencionado, se observa una constante lucha entre Evita: el mito, y la cúpula militar por mantener el poder en manos de los civilizados.  Aunque Eva esté muerta, su cuerpo y la mitificación de su imagen son suficientes instrumentos bárbaros, para que la mujer mítica se oponga a los ideales de los gobernantes por mantener la historia oficial y aplacar cualquier sublevación proveniente de la memoria colectiva.  Eloy Martínez crea en Evita aquella interacción entre historia oficial y mito, dando lugar a la unificación de la realidad y ficción por medio del mito continuo de Evita.  En Santa Evita, Eloy Martínez escribe, “Así voy avanzando, día tras día, por el frágil filo entre lo mítico y lo verdadero…Me pierdo en eso pliegues, y ella siempre me encuentra. Ella no cesa de existir, de existirme: hace de su existencia una exageración”[11]  Desde un punto de vista simbólico, se puede concluir que “ella”, del mismo modo de encarnar al mito Evita, también es una metáfora para simbolizar a aquella realidad viva en las memorias, que hace la existencia de los individuos posible.  Eloy Martínez, asimismo expresa que aquella memoria, por más oculta que se encuentre, nunca deja de existir y da lugar a la realidad argentina y a la constante búsqueda de la realidad dentro de la ficción.

Eva Duarte de Perón y la mitificación de su imagen en la divinidad llamada Evita, forman parte de la evolución cultural vivida durante su existencia.  Este existencialismo mítico da lugar a la transformación cultural experimentada en la nación argentina y periódicamente al eje ideológico de las masas.  Aquellos ideales peronistas se convierten así en el aliciente para que Eva sintiese aquel fanatismo hacia el patriarca Perón y posteriormente al partido peronista.  El fanatismo crea así a la nueva mujer de las masas, bautizada como Evita y Santa de la barbarie.  Se planteó en primera plana, que existió una relación fanática entre Evita y las masas, el cual mantuvo y mantiene vivo el mito.  Este fanatismo reciproco da nacimiento a la perpetuación eterna y viviente del mito Evita.  Es así que Evita coexiste en las memorias individuales y colectivas de la humanidad.  El mito Evita es el resultado de la compilación de factores como el fanatismo, el poder sobre las masas, el juego entre la realidad y la ficción, la literatura que hace historia y la memoria que se opone a aquella historia oficial.  Sobre todo Evita es la lucha constante entre los antagónicos barbarie y civilización.  Tomás Eloy Martínez en La novela de Perón hace de Eva la ejemplificación del fanatismo social, representado en el mito Evita, y como el mismo despliega repercusiones transcendentales en la historia y memoria de una entera nación.  Sin lugar a duda, Eva Perón y el mito Evita forman el comienzo y la continuación de la historia de una “santa”, sin ser santa, quien por medio de  la literatura hace de la historia oficial una ficción más en las memorias de los aún fieles de la mártir, madre y santa.

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OBRAS CITADAS

Bourne, Richard. Political Leaders of Latin America.  New York: Alfred A. Knopf, 1970.

Chayo, Jenny. El mito, el rito y la literatura. México: Cariátide, 1997.

Eloy Martínez, Tomás. La Novela de Perón.  New York: Vintage Books, 1997.

Fuentes, Carlos. Santa Evita. Argentina: Literatura Argentina, 1-6.

La historia oficial. Dir. Luis Puenzo. Perf. Norma Aleandro, Héctor Alterio and Chunchuna Villafañe. Historias Cinematograficas Cinemania, 1985. Film.

Rudin, Josef. Fanaticism. London: University of Notro Dame Press, 1965.

Taylor, J.M. Evita. Argentina: Editorial de Belgrano, 2009.

Vidal-Naquet, Pierre. Memoria e historia. Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales, 1-7.

NOTAS


[1] Obtenido en la publicación por Carlos Fuentes en Santa Evita.

[2] Discurso promulgado el 12 de marzo de 1947 en La Plaza Dos de Mayo.

[3] Por definicion el corpus es conjunto de datos, textos u otros materiales sobre determinada materia que pueden servir de base.  En este caso se plantea que el corpus representa a la memoria colectiva.

[4] Estudio hecho en la publicacion Fanaticism: A Psychological Analysis sobre el fanatismo en lideres politicos y el control sobre las masas.

[5] Enfasis dada por mí.

[6] Publicado en El mito, el rito y la literatura

[7] El mito historico es aquel mito que trata de definir a “Evita” dentro de la historia official.  Sin embargo, el mito contemporanero es aquel mito el cual se complementa con el mito historico para dar nacimiento al mito conservado en la memoria colectiva.

[8] Enfasis dado por mí

[9]  En la publicación Memoria e historia

[10] Película argentina dirigida por el cineasta Luis Puenzo

[11] Cita obtenida del articulo Santa Evita acerca de la novela Santa Evita

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