Gilgamesh, aquel que vio lo Profundo.

jballestero@uoc.edu

 

 

1. CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO

1.1. Mesopotamia: la Tierra entre Dos Ríos

             En la zona del Próximo Oriente, se extiende una región que fue bautizada por los griegos como Mesopotamia o “País entre ríos”, que incluiría las tierras bañadas por los cauces de los ríos Éufrates y Tígris. Esta zona, actualmente, se corresponde con Irak y las zonas limítrofes del este de Siria y del suroeste de Irán. Mesopotamia tiene una gran importancia histórica ya que fue aquí donde tenemos documentado que surgió por primera vez la escritura y donde se sucedieron desde finales del IV milenio a. C. una serie de civilizaciones históricas que hunden sus raíces muy atrás en el tiempo.

             Súmer es el nombre de la región sur de la llanura mesopotámica, en las cercanías del Golfo Pérsico (ver figura 1). Aunque en la actualidad es una zona en gran parte salinizada, en el pasado no fue así. Y de igual forma que en el antiguo Egipto el Nilo actuó como eje vertebrador de la civilización egipcia, aquí en Mesopotamia los ríos Tigris y Éufrates permitieron a pequeñas comunidades agrícolas y ramaderas prosperar y crear sociedades complejas y jerarquizadas.

 

Figura 1: Ubicación de Súmer y alguna de sus ciudades más importantes

 

1.2. ¿Quiénes eran los sumerios?

             La civilización sumeria es la primera que se desarrolla en el sur de Mesopotamia a finales del IV milenio y principios del III milenio a. C. A diferencia de Egipto, donde se observa una gran uniformidad cultural, en Mesopotamia convergieron, debido a su propia geografía (espacios abiertos sin grandes barreras naturales), diversos pueblos, etnias, lenguas y escrituras. Los sumerios fueron un pueblo de lengua aglutinante, a diferencia de los acadios, o de los futuros asirios, que eran de lengua semita. Existe una gran controversia sobre el origen de los sumerios. Hay investigadores que defienden un origen autóctono, es decir, creen que la civilización sumeria floreció a partir de un grupo humano ya asentado en la zona desde el Neolítico. En cambio, hay investigadores que piensan que los sumerios vinieron de fuera de Súmer (se baraja la posibilidad de la cuenca del Indo) en algún momento del IV milenio, ya sea como colonizadores pacíficos o como violentos invasores.

 

1.3. Gilgamesh dentro de la Lista Real Sumeria. Sumerios y Acadios

             La Lista Real Sumeria es una recopilación ordenada y cronológica de reinados de monarcas sumerios, grabados en una serie de tablillas de arcilla, descubiertas en la ciudad de Nippur (ver Figura 1). Según nos relatan estas tablillas, la realeza descendió del cielo en la ciudad de Eridú y continuó, con un largo número de reyes y dinastías, en las diferentes ciudades. Los primeros reinados son claramente de índole mítica por la duración desorbitada de los mismos (30.000 e incluso 40.000 años). Conforme vamos avanzando en el tiempo, la duración de los reinados descienden, pero siguen en valores todavía míticos durante la supremacía de la ciudad sumeria de Kish, y su primera dinastía.

            El primer rey sumerio conocido históricamente es Mebaragesi de Kish, que se piensa reinó hacia el 2700 a. C. Gilgamesh, el protagonista de nuestra epopeya, es una de estas grandes figuras legendarias que pueblan la Lista Real. No obstante, es posible que, del mismo modo que quizás existió en algún tiempo un auténtico rey Arturo, también existiera un soberano llamado Gilgamesh. Dentro de la Lista Real, Gilgamesh aparece como el quinto rey de la I Dinastía de Uruk, lo que implicaría que debería ser aproximadamente contemporáneo del rey Mebaragesi, aunque algunos autores lo situarían un siglo antes. El lector debe comprender la enorme dificultad que supone ubicar cronológicamente los diferentes acontecimientos en un período tan lejano, salplicado de mitos y con sistemas de cómputo del tiempo totalmente diferentes a los actuales. En cualquier caso, la tradición le otorga un reinado imposible de 126 años, y aún hoy seguimos sin tener evidencias históricas de su existencia.

             Sea como fuere, parece ser que durante gran parte del III milenio convivieron diversas ciudades-estado en Súmer, independientes, pero con ciudades que destacaban sobre las demás en épocas concretas (lo que se suele denominar supremacías). Así ocurrió con Kish primero, y luego con Uruk, Ur y Lagash. A su vez, todas estas ciudades giraban en torno a un centro religioso, la ciudad de Nippur, sede del principal santuario del dios Enlil. Una cosa similar a lo que ocurre con la ciudad de Roma y los creyentes católicos, para hacernos una idea.

            Hay que tener en cuenta que en Mesopotamia, a lo largo de los siglos, se fueron asentando diversos pueblos. Muchas veces las diferencias culturales eran imperceptibles, por lo que la posición geográfica predominante o la lengua se erigen como algunos de los pocos criterios con los que contamos para diferenciar a los pueblos. Así, frente a un dominio político inicial de la región meridional (o sea, de Súmer), a mediados del III milenio ya se puede hablar de un predominio del elemento semita, que coexistía con el elemento sumerio, especialmente en la región del norte de Mesopotamia. Estamos hablando de los acadios, que se llaman así por la importancia de su capital, Akad, fundada por el rey Sargón I.

  

 

Figura 2: Busto de un gobernante acadio, probablemente Sargón I.

 

            Con el tiempo, los acadios se impondrán sobre los sumerios, y si bien se puede hablar de una simbiosis cultural sumerio-acadia, lo cierto es que el sumerio acabará desapareciendo como lengua casi a principios de nuestra era, relegada desde hacía tiempo al mundo litúrgico y relgioso. Para comprender este proceso histórico quizás sirva al lector pensar en Roma y en Grecia. Frente a un primer dominio cultural griego, los romanos acabaron conquistando Grecia y absorviendo la cultura helena, creándose una simbiosis cultural greco-romana. El latín se impuso como idioma administrativo y de uso común en el Imperio, si bien el griego no perdió nunca su estatus cultural. Eso sí, a diferencia del sumerio, el griego pervivió en el tiempo y fue restaurado como idioma administrativo con el Imperio Bizantino.

 

1.4. Algunos conceptos básicos de la socidad y religión sumerias

            Los sumerios poseían una cultura fundamentalmente urbana, y sus ciudades se caracterizaban por la presencia de un Templo y un Palacio, en torno a los cuales se articulaban. Las ciudades por supuesto eran pequeñas para los estándares actuales, llenas de callejuelas estrechas y laberínticas. Sirva como ejemplo la ciudad de Uruk, la ciudad de Gilgamesh, que en su máximo apogeo debió tener unos 5 kilómetros cuadrados de extensión rodeaba de una muralla (la ciudad con mayor extensión de su época).

            En el Palacio vivía el Ensí, a veces denominado Lugal, que era el jefe de la ciudad. En el Templo, en cambio, habitaba el En, el rey-sacerdote, y su mujer que recibía el título de Nin.  La relación entre el Palacio y el Templo debió ser complicada, ya no solo por la bicefalia que suponen estos dos poderes, sino por el hecho de que la riqueza de los Templos podía suponer una amenaza al poder real. De hecho, los grandes templos eran también centros de actividad económica, y poseían extensas parceles de tierra arrendadas a colonos. También se piensa que poseían grandes manadas de ganado, e incluso se dedicaban a la manufactura, al comercio y a la formación de escribas. Una  parte importante y muy visible de los templos sumerios lo constituían los Ziggurats, torres escalonadas de varios pisos, lugares de culto, tal vez observatorios astronómicos, y el modelo de construcción que inspiró la famosa Torre de Babel.

 

Figura 3: Reconstrucción del Ziggurat de Ur (Irak)

 

            Una sociedad compleja y urbana como la sumeria requería de un cierto aparato administrativo. El material empleado en Mesopotamia para escribir, y también para construir, fue el barro. Las tablillas de arcilla de los escribas solían ser de pequeño tamaño, de pocos centímetros de ancho y largo (típicamente 3 x 5 o 4 x 5). Sobre estas tablillas se grababan los diferentes caracteres en escritura cuneiforme, representación escrita de la lengua sumeria, de tipo aglutinante. Este tipo de escritura se grababa a base de pequeñas cuñas o incisiones que se realizaban por impresión sobre la arcilla aún blanda de una caña en forma triangular en su punta. Y desde luego se han revelado como un sistema de almacenaje muy eficaz, ya que nos han llegado restos de estas tablillas de hace 5000 años.

 

 

Figura 4: Tablilla escrita en cuneiforme

            Respecto a la religión, los sumerios eran politeistas y disponían de divinidades concebidas antropológicamente. Los dioses más destacados se reparten en diferentes ámbitos. Por un lado el ámbito espacial, con el dios An (dios del cielo), el dios Enlil (el dios del aire) y el dios Enki (el dios de la tierra/agua) como la Tríada de dioses más importante. Una segunda Tríada de dioses destacados los encontramos en el ámbito de los astros, el dios luna (Nanna), el dios sol (Utu) y la diosa Venus (Inanna). Esta última diosa es conocida en acadio como Ishtar, la misma diosa a la que se dedicó la magnífica Puerta de Ishtar que daba acceso a la ciudad de Babilonia. Una caracteristica común a muchos los dioses es su condición de protectores o patrones de las diferentes ciudades. Así, Enlil es el patrón de Nippur, Enki lo es de la ciudad de Eridú o Inanna lo es de Uruk.

 

2. LA EPOPEYA 

2.1. Las diferentes versiones. El poema a lo largo de la historia.

             El poema de Gilgamesh no nos ha llegado íntegramente hasta nuestros días. Existen multitud de versiones fragmentadas, con variaciones en el orden de los episodios, de los versos, del lenguaje, incluso de los nombres de los protagonistas. Por ejemplo, en las versiones más antiguas Gilgamesh aparece como Bilgames. Así las cosas, parece que el mito quedó fijado alrededor del 2300 a. C en un texto escrito en acadio que hoy en día es considerado el auténtico poema canónico. Sin embargo, este poema no nos es conocido directamente sino a través de copias posteriores, ya que la epopeya parece que gozó de gran difusión. Así pues, podemos visualizar el poema como un verdadero puzzle que los historiadores y los arquélogos han ido ensamblando a lo largo de los años a partir de las diferentes tablillas que se han ido encontrando. Aún así, hoy en día existen lagunas en el poema que ninguna de las versiones de las que disponemos está en disposición de rellenar.

             Existe un primer grupo de tablillas de origen babilónico de principios del segundo milenio a C, es decir, más de mil años después del presunto reinado de Gilgamesh, y varios siglos después de la consolidación del mito. La tablilla de Pensilvania, por ejemplo, data del siglo XVIII a. C y fue comprada en 1914 por el Museo Universitario de Filadelfia. Su texto es paralelo a las Tablillas I y II. En algunos casos, las tablillas que conservamos forman parte de ejercicios escolares escritos por un aprendiz de escriba como parte de su instrucción, como la tablilla de ejercicios de Nippur, de finales del segundo milenio a. C, y que ahora forma parte de las colecciones del Oriental Institute de la Universidad de Chicago.

 

Figura 5: Tablilla encontrada en Nínive, y que relata el episodio del Diluvio

 dentro de la epopeya de Gilgamesh (Museo Británico)

 

            Incluso existen copias que proceden de fuera de Mesopotamia. Es el caso de los fragmentos procedentes de Hattusa, en el centro de Anatolia (Turquía), capital del antiguo imperio hitita. Pero una gran fuernte de información la encontramos en las doce tablillas asirias de la biblioteca de la antigua ciudad de Nínive. Nínive, la gran capital del imperio neoasirio, espléndida pero de efímera historia, disponía de una importante biblioteca recopilada por el gran rey Assurbanipal (669-627 a.C). La ciudad, olvidada durante siglos después de su destrucción a finales del siglo VII a.C por una coalición de fuerzas babilónicas y medas, fue redescubierta en el siglo XIX. En uno de los montículos que formaban sus ruinas, se hallaron los restos del palacio real, y un importante fondo de tablillas en cuneiforme, actualmente depositadas en el Museo Británico (ver Figura 5)

 

2.2. Analizando la epopeya

2.2.1    Tablillas I y II: La llegada y doma de Enkidu.

 

“Que convoquen [a Aruru], la grande,

      [a ella que los creó,] a los humanos tan numerosos:

      [que cree al igual de Gilgamesh,], a alguien de poderosa fuerza,

      [y que] compita [con él,] para que llegue la paz a Uruk.”

 

            Gilgamesh es el rey de la ciudad de Uruk, alto, magnífico y terrible, un verdadero semidiós (un tercio humano y el resto deidad). Este soberano mandó construir la muralla que rodeaba la ciudad (Uruk “La Cercada”), pero se comporta como un tirano, “hostigando a los jóvenes sin justificación”, e incluso, como se afirma en la segunda tablilla:

“Yacerá con la futura esposa,

            él antes que nadie, el novio después”

 

             En definitiva, Gilgamesh era un gobernante cruel que sometía a sus súbditos y ejercía lo que en la Edad Media era conocido como el derecho de pernada (Ius primae noctis), y que permitía al señor feudal tener relaciones sexuales con la doncella del siervo en su noche de bodas. Esta visión de un hombre de carácter fuerte y despótico es quizás el vestigio de la memoria de un gobernante que ejerció un poder visible y muy centralizado en su persona. Tal vez este soberano lideró la construcción de una gran muralla digna de admiración, pero para ello tuvo que someter a la población, lo que pudo interpretarse como un acto de crueldad.

            Ante esta situación, y ante los ruegos de los hombres, los dioses crean a Enkidu. Para ello la diosa Aruru se lavó las manos, cogió un fragmento de arcilla y la arrojó a la estepa. El hecho de crear a un hombre a partir del barro nos lleva inmediatamente a pensar en el relato bíblico de la creación de Adán. Este mitema, es decir, este fragmento de mito, esta unidad narrativa básica, parece tener pues un origen antiguo y parece haber pasado de civilización a civilización hasta recalar en el Génesis. Como veremos más adelante, otras historias y leyendas de Súmer también sirvieron de inspiración para otros fragmentos de la Biblia, lo que vendría a confirmar la enorme influencia que ha tenido el sustrato sumerio y en general mesopotámico en la civilización judeo-cristiana.

            Pero Enkidu es creado como un salvaje, carente de humanidad, lleno de pelo como los animales, y como los animales vive y se alimenta. ¿Cómo se vuelve Enkidu una persona “civilizada”? La respuesta quizás sorprenda a más de uno, pero el hecho es que lo consigue yaciendo con una prostituta. Es pues a través del sexo que Enkidu deja atrás su pasado de salvaje y se convierte en humano, adquiriendo razón y amplios conocimientos. Enkidu prueba el pan (“esencial para la vida”) y bebe cerveza y es la propia Shamhat, la prostituta, la que impulsa a Enkidu a dejar el campo e ir a Uruk, el mundo urbano.

 

“La ramera abrió su boca,

      Diciendo a Enkidu:

      Cuando te miro, Enkidu, eres como un dios,

      ¿por qué con las bestias andas errante por la estepa?”

 

            En un principio Enkidu se erige como el rival de Gilgamesh, alguien a quien hay que combatir. Enkidu irrumpe en Uruk y desafía a Gilgamesh. Ambos se enzarzan en un combate, pero al final Enkidu renoce la supremacía del rey de Uruk y entre ambos se establece una profunda amistad. Sobre la naturaleza exacta de esta amistad hay opiniones para todo. No hay nada explícito en las tablillas que nos apunte a un contenido erótico, pero sí que es cierto que la intensidad y la exclusividad de la amistad que se establece entre Gilgamesh y Enkidu, y el énfasis que se pone en la belleza de sus cuerpos, puede sugerir, al menos a un lector moderno, una relación homosexual. En cualquier caso, la lección principal que parece transmitir el poema es que la amistad hmaniza el poder del héroe, pero al mismo lo tiempo lo hace vulnerable.

 

2.2.2. Tablillas III-VI: Las aventuras de Gilgamesh y Enkidu

 

“Amigo mío, Humbaba el que custodia el Bosque de [los Cedros:]

[acaba con él], dale muerte, [por fin a su poder.]”

 

Las Tablillas III y IV nos relatan el viaje que emprenden Gilgamesh y su amigo Enkidu al bosque de los Cedros para enfrentarse a Humbaba, una especie de ogro o ser monstruoso. La mención de un Bosque de Cedros ha llevado a deducir que que los héroes debieron viajar a Líbano. De hecho, en la Antigüedad inmensos bosques de cedros (ver Figura 6) cubrían las laderas de los montes del Líbano, y su madera era muy apreciada para la construcción naval. Su explotación masiva por varias civilizaciones, como la asiria, la babilónica, la egipcia o la fenicia ha provocado su drástica reducción, y ahora los cedros se concentan solo en las áreas más montañosas. Pero antes eran abundantes, y quizás esta expedición de Gilgamesh pueda ser una plasmación en forma de mito de una expedición militar o comercial de Uruk, o de un cierto control o dominio de la zona.

 

Figura 6: Cedro típico de Líbano

 

             Cada tres días en el curso del viaje, Gilgamesh y Enkidu montan un campamento y realizan un ritual para provocar un sueño. Este sueño forma parte de un ritual adivinatorio, algo que no debe sorprendernos en el contexto de la civilización sumeria. De hecho, la cultura mesopotámica en general era profundamente animista. El mal no es algo abstracto, sino algo palpable y muy concreto que reside en los objectos más livianos. Cuando se anunciaba un presagio, significaba que el mal ya había sido lanzado y que estaba buscando a su víctima, a la que acabará por encontrar, a menos que fuera desviado por la acción de un conjurador o “exorcista” (asipu). Por ello Gilgamesh, y en general cualquier sumerio, daba tanta importancia a los presagios, y se preocupaban seriamente si no eran propicios.

             Finalmente los héroes llegan al Bosque, frente a lo que las tablillas denominan “la Montaña de los Cedros, morada de los dioses y trono de las diosas” (una clara referencia a los montes del Líbano). Los héroes desenvainan sus armas y se enfrentan a Humbaba.. Gilgamesh y Humbaba luchan, y en medio del fragor de la batalla Shamash (en sumerio, Utu, el dios del sol) envía los trece vientos para cegar al ogro, permitiendo a nuestro héroa alcanzar la victoria. Aunque Humbaba ruega por su vida, Gilgamesh acaba matándolo antes de que los dioses se enteren de su afrenta. Muerto el ogro (ver Figura 7), los héroes comienzan a talar los cedros y Enkidu jura construir con su madera una puerta para adornar el templo del dios Enlil en la ciudad sagrada de Nippur.

  

Figura 7: Máscara de arcilla del demonio Humbaba (1800-1600 a.C). Museo Británico

  

            La tablilla VI narra otro episodio que acontece de regreso a la ciudad de Uruk. La belleza de Gilgamesh provoca el deseo de la diosa Ishtar (en sumerio Inanna). El rechazo del soberano de Uruk provocará la ira de la diosa, que, despechada, rogará al dios An, dios de los cielos, que le dé el Toro Celeste (= constelación de Tauro) para castigar al humano por su insolencia. Ante el embiste de la bestia, y las dificultades iniciales, Gilgamesh encuentra su punto débil “entre la unión de los cuernos” y hunde su cuchillo, dándole muerte.

             Gilgamesh y su amigo Enkidu, pues, deben enfrentarse a Humbaba y el Toro Celeste, seres monstruosos. Estas luchas recuerdan poderosamente a posteriores mitos griegos, por ejemplo a Ulises y su lucha con los Cíclopes, o a Jason y los Argonautas. Incluso la literatura medieval utilizará los seres monstruosos como prueba de fuego necesaria que deberán pasar sus héroes legendarios. Nuevamente, parece que la Epopeya de Gilgamesh es pionera en este tipo de relatos.

 

2.2.3. Tablillas VII y VIII: La muerte de Enkidu

 

“Me [ató] los brazos como las alas de un pájaro,

      me llevó cautivo a la casa de la oscuridad, la morada de Irkalla:

      a la casa de la que cuando se entra no se sale, por el camino sin retorno,

      a la casa cuyos moradores están privados de luz,

      donde la tierra es su sustento y la arcilla su alimento,

      donde están vestidos como pájaros con trajes de plumas,

      y no ven la luz, sino que moran en la oscuridad”

 

            La epopeya a partir de la Tablilla VII da un giro inesperado. Frente al tono épico de las luchas contra Humbaba y el Toro Celeste, la muerte de Enkidu nos proporcionará momentos más dramáticos y líricos. Nuevamente mediante un sueño se revela un presagio, en este caso funesto. Enkidu sueña con los dioses reunidos en una asamblea decretando su muerte. El amigo de Gilgamesh maldice su suerte, se lamenta de no haber conseguido el favor de los dioses, e incluso culpa de su situación a la prostituta que le abrió la puerta al mundo civilizado.

            En un segundo sueño Enkidu tiene una visión del inframundo. A diferencia de los egipcios, que planificaban con todo lujo de detalles la vida de ultratumba y tuvieron una visión positiva de ella, la cultura sumeria se distinguió en todo momento por una valoración muy negativa del Mas Allá. Un mundo, como transmite claramente la Epopeya de Gilgamesh en el visión de Enkidu, sumido en la oscuridad y donde sus habitantes se alimentan de arcilla (se le denomina “Casa del Polvo”). Ciertamente un destino nada alentador.

            Enkidu enferma, y después de varios día en el que la enfermedad agrava su estado de salud, muere, lamentando no poderlo hacer en el fragor de una batalla, lo que se presupone es un agravio. Gilgamesh ofrece un gran lamento por Enkidu. Algunos versos, de gran belleza y dramatismo, nos hacen comprender y compartir el inmenso dolor y la pena que afligen a Gilgamesh.

“Oh amigo mío, onagro vagabundo, asno

de las tierras altas, pantera de la estepa.

Uniendo nuestras fuerzas subimos a las [montañas,]

capturamos y dimos muerte al Toro Celeste,

destruimos a Humbaba, que [moraba en el] Bosque [de los Cedros.]

Ahora, ¿qué sueño se ha apoderado [de ti]?

Has perdido el conocimiento, no [me oyes.]”

Pero él no levantó [la cabeza]

Palpó su corazón, pero ya no latía.

Como a una novia, cubrió el rostro de su amigo,

como un águila dio vueltas a su alrededor.

Como una leona privada de sus cachorros,

caminaba de un lado a otro, de acá para allá.

 

            Para que los dioses del Inframundo acojan favorablemente a Enkidu, Gilgamesh ofrece una serie de ofrendas, un puñal de doble filo con empuñadura de lapislázuli, una copa y una espada de alabastro.

 

2.2.4. Tablillas IX y X: El viaje al Fin del Mundo

           

“No [seré] como él, y yaceré también,

      Para nunca más levantarme, durante toda [la eternidad?]”

 

            Ante la muerte de su amigo Enkidu, Gilgamesh se enfrenta a su propia mortalidad. De repente, el héroe orgulloso y seguro de sí mismo se desmorona como un castillo de naipes. El temor por la muerte le atenaza y por ello decide embarcarse en un viaje imposible hasta los confines del Mundo en busca del inmortal Uta-napishti, quien según la tradición contaba con el secreto de la inmortalidad. La soledad del héroe en este fragmento final del relato parece necesaria. El recorrido en pos de la verdad es una empresa que debe realizarse en solitario, como si se tratara de un acto iniciático, casi como una peregrinación.

 

            El viaje lleva a Gilgamesh hasta las montañas gemelas de Mashu, “que guardan cada día al [sol] naciente y cuyas cumbres [soportan] el tejido del cielo”. Custodiadas por hombres-escorpión, nuestro héroe consigue pasar más allá a pesar de las advertencias de los guardianes. Deben completar el camino antes de que el sol le alcance.(12 horas).

  

Figura 8: Dragón que decorabala sala del trono de Nabuconodosor en Babilonia (Pergamon Museum, Berlín)

 

            Tras cruzar el Camino a tiempo, llega a un jardín fabuloso, lleno de joyas. Más allá del jardín, consigue encontrar a Ur-shanabi, el barquero de Uta-napishti. Y como si fuera el barquero Caronte de camino al Hades, Ur-shanabi lleva hasta Gilgamesh hasta la presencia de Uta-napishti (“El Lejano”) a través de las Aguas de la Muerte.

 

2.2.5. Tablilla XI: El relato del Diluvio y la negación de la inmortalidad

 

“Durante seis días y [siete] noches,

      el viento sopló, el aguacero,

      el vendaval, el Diluvio, arrasó la tierra”

 

            Esta es quizás la tablilla más famosa de la epopeya, en tanto que recoge el relato del Diluvio, narrado por Uta-napishti a Gilgamesh. Las coincidencias con el relato del Diluvio bíblico son innegables, lo que sugiere que los redactores del Antiguo Testamento conocían esta historia sumeria que debió circular por el Próximo Oriente durante siglos y la incorporaron a sus escritos, adaptándola a su discurso. En la Biblia se justifica el Diluvio de alguna forma como un acto necesario ante la corrupción generalizada del hombre, pero Yaveh muestra compasión ante Noé.

            En el mito sumerio, en cambio, se detecta una disputa entre los dioses. El dios Enlil desea la destrucción de todos los hombres (al parecer, porque resultan muy numerosos y ruidosos) y provoca el Diluvio, y en consecuencia se mostrará irritado cuando descubra que Uta-napishti se salvó de la destrucción. Ea (Enki en sumerio), por otro lado, se muestra de alguna forma disconforme con la magnitud del castigo y se pregunta porqué no se optó por otros métodos más selectivos, aunque sean igualmente terribles (ataque de animales salvajes, hambrunas, peste). El dios Enki se revela como el salvador de la Humanidad al ser él quien, por medio de un sueño, avise a Uta-napishti para “abandonar la riqueza, desdeñar a propiedad y salvar la vida”, para “derribar su casa y construir una barca”, donde deberá llevar a bordo “semillas de todas las cosas vivas”.

  

Figura 9: Representación del Dios Enki

  

Avisado por el dios, Uta-napishti construyó la nave (el arca) y “mandó subir a todos sus familiares y amigos, a las bestias del campo, a las criaturas de la estepa y miembros de cada técnica y oficio”. También cargó a bordo todo lo que poseía, incluyendo oro y plata, lo que seguramente le habría valido una reprimenda por parte de Yaveh, pero que aquí se asume con naturalidad. Una vez lanzado el Diluvio, sorprende descubrir que, frente a la omnipotencia e infinito poder del Dios judeo-cristiano, los dioses sumerios se asustaron de las propias fuerzas que habían desatado. Su reacción de pavor ante lo que estaba sucediendo resulta muy explícita y en cierto sentido muy humana: subieron al cielo y se acurrucaron y agazaparon como niños asustados. Incluso hay arrepentimiento, como cuando se lamenta la diosa Belet-ili: “Yo fui quien las dio a luz, esas personas son mías. Y ahora, como peces, llenan el océano”.

       En la Biblia el Diluvio duró cuarenta días y cuarenta noches, pero en la epopeya de Gilgamesh duró solo seis días y siete noches. En la Bíblia (Gen 8:4) el arca de Noé vara en el monte Ararat, mientras que aquí lo hace en el monte de Nimush, supuestamente un pico de la región del kurdistán iraquí. El lector se sorprenderá al descubrir que el mito del Diluvio sumerio comparte con el relato bíblico el episodio de las aves. Dice la tablilla sumeria:

“Cuando llegó el séptimo día,

            saqué una paloma, la dejé en libertad:

            la paloma partió pero después volvió:

            no encontró un sitio donde posarse, así que regresó a mi”

Y dice la Bíblia (Gen 8:8 y 8:9):

8:8 Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra.

8:9 Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca

            Tras el Diluvio, los dioses deciden que Uta-napishti y su esposa se conviertan en inmortales y vivan alejados del resto de la Humanidad, “allá donde desembocan los ríos”. El relato de Uta-napishti es seguido por otra revelación sorprendente. Existe una planta que “parece un espino”, una planta que proporciona la Eterna Juventud, y Gilgamesh se apresta a recogerla del fondo del “Océano Inferior”. Pero esta “Planta de los Latidos”, con la que el hombre puede recuperar todo su vigor juvenil, se pierde cuando Gilgamesh se baña en un estanque.

            En este nuevo incidente vuelven a surgir los paralelismos con el discurso bíblico, puesto que la planta de la inmortalidad es robada por una serpiente (“La fragancia de la planta una serpiente olfateó, se acercó [sigilosa] y la planta se llevó”). La serpiente es la que tienta a Eva en el Paraíso y provoca la expulsión de los hombres, y en el contexto de la epopeya sumeria, es la serpiente la que, con el hurto de la Planta, niega la inmortalidad al hombre.

 

3. EPÍLOGO

             La epopeya de Gilgamesh es, además de la primera de las epopeyas jamás escrita y fuente de inspiración para futuras historias legendarias, una forma de acercarse a la cultura sumeria y mesopotámica en general. La historia de este héroe que debe enfrentarse a la muerte contiene elementos que nos resultan muy familiares. Por lo menos para el autor, es fascinante poder leer una historia que hunde sus raíces en los inicios de la historia escrita y descubrir puntos en común con historias y novelas que se publican en pleno siglo XXI.

             La epopeya finaliza con el regreso de Gilgamesh a Uruk y los últimos versos son un homenaje a la grandeza de la ciudad y de sus murallas. El héroe parece comprender que aunque la inmortalidad ha sido denegada al hombre, la puede alcanzar con sus grandiosas construcciones, que perduran durante siglos más allá de la vida de su creador. Y en cierto sentido es lo que ocurre cuando contemplamos las ruinas de antiguas civilizaciones: más allá de lo efímero de la vida humana, las antiguas construcciones (templos, pirámides, palacios) se erigen, orgullosas, desafiando el inexorable paso del tiempo.

FUENTES CONSULTADOS E ÍNDICE DE IMÁGENES

FUENTES CONSULTADAS

  • Sanmartín, J. y Serrano J.M. Historia Antigua del Próximo Oriente Ed. Akal (2008), para los aspectos históricos de la civilización sumeria.
  • He tomado como base La epopeya de Gilgamesh (versión de Andrew George, traducida por José Luis Sampedro), Ed. Ramdom House Mondadori (2004). Incluye un texto “La búsqueda de la inmortalidad” (Jordi Balló y Xavier Pérez), muchos de cuyos comentarios han sido de gran valor y se han incorporado en el texto. En el poema, aquellos fragmentos que no se conservan pero que se pueden recuperar por deducción a partir del contexto se rodean de corchetes, y así se ha respetado en las citas del poema que se han hecho en el presente artículo.

IMÁGENES

 Cabecera

http://www.louvre.fr/llv/oeuvres/detail_notice.jsp?CONTENT%3C%3Ecnt_id=10134198673225254&CURRENT_LLV_NOTICE%3C%3Ecnt_id=10134198673225254&FOLDER%3C%3Efolder_id=9852723696500800

Figura 1

http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Dinastico_arcaico.svg

Figura 2

 http://en.wikipedia.org/wiki/File:Sargon_of_Akkad.jpg

Figura 3

http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Ziggarat_of_Ur_001.jpg

Figura 4  http://www.britishmuseum.org/explore/highlights/highlight_objects/me/c/cuneiform_tablet_of_schoolwork.aspx

Figura 5

http://www.britishmuseum.org/explore/highlights/highlight_objects/me/t/the_flood_tablet.aspx

Figura 6

http://en.wikipedia.org/wiki/File:C%C3%A8dre_du_Liban_Barouk_2005.jpg

Figura 7

http://www.britishmuseum.org/explore/highlights/highlight_objects/me/c/clay_mask_of_the_demon_huwawa.aspx

Figura 8

Elaboración Propia

Figura 9

http://en.wikipedia.org/wiki/File:Copia_de_Enki.jpg

 

Articulos similares:

Licencia Creative Commons
Gilgamesh, aquel que vio lo Profundo. por Joaquin Ballestero Herguedas, a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

Leave a comment

Add your comment below, or trackback from your own site. You can also subscribe to these comments via RSS.

Your email is never shared. Required fields are marked *

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD