“Hispania”: la verdad sobre Viriato (i)

A Claudia Pozo,
καί ποτε φήσεις | εὖ συμβουλεύειν τοῖσι φίλοισιν ἐμέ. (Teognis)

 

El éxito que ha cosechado la serie televisiva Hispania nos lleva a preguntarnos qué se sabe en realidad de Viriato, no tanto para valorar el contenido y el trabajo de los guionistas, sino sobre todo para hacernos cargo de la trascendencia de este personaje histórico. Las obras de los historiadores de la Antigüedad nos informan de bastantes hechos relacionados con él y además valoran (y muy positivamente, por cierto) su figura. Empecemos dedicando unas breves palabras a la situación en el siglo II a. C.

 

Hispania en el siglo II a. C.

A consecuencia de la derrota de Cartago en la segunda guerra púnica (218-210 a. C.), Hispania quedó a merced de Roma. El territorio sometido fue organizado en dos provincias: Hispania Citerior (las tierras más cercanas a las costas al norte del Ebro) e Hispania Ulterior (grosso modo, la actual Andalucía y las costas levantinas), provincias que, casi desde el momento de su creación, fueron escenario de revueltas contra Roma. A lo largo del siglo II a. C.[1] se desarrolló la expansión romana por la mayor parte de la península. Después de la pacificación de los celtíberos (179 a. C.), se extendió un período de calma, durante el cual Roma fundó nuevas ciudades, muchos montañeses bajaron a las llanuras, llegaron numerosos colonos de la península itálica y se pusieron en funcionamiento explotaciones mineras.

     Entre los años 154 y 133 siguió, no obstante, un período de duras guerras contra los lusitanos,[2] encabezados por Viriato, y contra los celtíberos, período bélico que, por la incapacidad de los mandos romanos, se alargó más de lo que cabía esperar. En el año 134 el Senado nombró cónsul a Escipión Emiliano y la guerra acabó con la caída de Numancia. Por esas fechas los romanos llevaron a cabo una expedición en el noroeste y durante la década siguiente colonizaron las islas Baleares. En el siglo I (29–19 a. C.) fueron sometidos astures y cántabros.

 

 

Las fuentes

Como hemos dicho ya, las fuentes que informan acerca de Viriato son únicamente las obras de algunos autores antiguos, principalmente historiadores. De varios ya nos hemos ocupado en el artículo sobre Espártaco que publicó esta misma revista:[3]

  • La parte de la obra de Tito Livio en que se hablaba de Viriato no se ha conservado y sólo conocemos unos detalles escasos, aunque valiosos, a través de las Periochae y de los Periocharum fragmenta Oxyrhynchi reperta, unos resúmenes muy simplificados.
  • En su epítome de la obra de Tito Livio Floro consagra poco más de media docena de líneas al lusitano.
  • Veleyo Patérculo en las Historiae romanae menciona brevísimamente la guerra contra Viriato.
  • En los Strategemata Sexto Julio Frontino explica de manera concisa varias astucias a las que recurrió Viriato.
  • El texto que conservamos de Apiano, el más completo sobre las campañas de Viriato, no supera las diez páginas.
  • El Breviarium de Eutropio dedica al lusitano media docena de líneas.
  • Las Historiae aduersus paganos de Orosio recuerdan brevemente a Viriato.

 

Hay otros autores antiguos que también se ocupan de Viriato:

  • Los testimonios más antiguos de todos los conservados sobre el lusitano pertenecen a Cicerón (I a. C.), quien lo menciona escuetamente en dos ocasiones con relación a un hecho no mencionado por ninguna otra fuente.
  • La perdida obra historiográfica en latín de Pompeyo Trogo (autor que quizá vivió en torno al nacimiento de Cristo) fue objeto, probablemente en el siglo III, de un extracto, al parecer bastante fiel, de un tal Justino. Este resumen dedica menos de diez líneas al hispano.[4]
  • En la primera mitad del siglo I d. C., Valerio Máximo reúne los Facta et dicta memorabilia, obra en que consagra un par de líneas a la traición que sufrió Viriato.[5]
  • También vivió en el siglo I el historiador Diodoro de Sicilia, que, en su obra llamada Biblioteca, compuesta en griego, escribió acerca de Viriato en el libro XXXIII, conservado fragmentariamente.[6]
  • Un tal Lucio Ampelio dedicó a Viriato una breve mención en el Liber Memorialis,[7] escrito probablemente en el siglo III d. C.
  • El historiador griego del siglo III d. C. Dión Casio escribió en su Historia romana acerca de Viriato unos pasajes conservados fragmentariamente.[8]
  • A la obra de Aurelio Víctor, autor del IV d. C. se adjuntó un tratado De viris illustribus urbis Romae de autor desconocido, que recuerda a Viriato en cinco líneas.[9]
  • Al siglo V pertenece Juan de Antioquía, autor de diversas obras, en uno de cuyos fragmentos se encuentran unas líneas sobre Viriato.[10]

Existen asimismo otras alusiones menores,[11] pero la información más interesante procede de los autores que acabamos de mencionar.

 

La personalidad de Viriato

Buena parte de los autores antiguos que mencionan a Viriato[12] esquematizan su curso vital casi con las mismas palabras que las contenidas en un resumen de Tito Livio:

En Hispania, Viriato, que antes había pasado de pastor a cazador y de cazador a salteador, y pronto también se convirtió en jefe de un verdadero ejército, se adueñó de Lusitania entera, capturó al pretor M. Vetilio, dispersado su ejército; después de éste, el pretor C. Plautio se encargó del asunto con no mejor suerte; y este enemigo provocó tal estado de terror que fue necesario llamar contra él a un cónsul con su ejército.[13]

Mucho más dice Floro en su epítome de Tito Livio:

Por lo demás, Viriato levantó a los lusitanos; era un hombre de una agudeza extrema, que se convirtió de cazador en salteador, de salteador pasó en seguida a jefe y a general y, si la fortuna lo hubiese consentido, habría sido el Rómulo de Hispania; no se contentó con defender la libertad de los suyos, arrasó todo territorio a ambas orillas del Ebro y del Tajo con fuego y hierro durante catorce años, atacó también campamentos de pretores y acuartelamientos, casi dio muerte a Claudio Unimano en la matanza de sus tropas, y con las trábeas y los fasces que había cogido a los nuestros, levantó notables trofeos en sus montañas. No obstante, el cónsul Fabio Máximo lo atacó; pero la victoria fue mancillada por su sucesor Popilio: éste, que se encontraba sin duda ansioso de poner término al asunto y que atacó a un jefe vencido, que consideraba los términos de la rendición, valiéndose de engaño, insidias y agresores entre sus allegados, le dio esta gloria a su enemigo, supuesto que no podía derrotarlo de otro modo.[14]

La carrera de Viriato (pastor – cazador – salteador – jefe – general) recuerda en cierta manera la vida de Espártaco: estipendiario, soldado, desertor, ladrón, gladiador, jefe. Pero tengamos en cuenta que, mientras el curso vital de Espártaco es descendente, Viriato asciende en la escala de la valoración de un romano. ¿La diferencia? Radica en el hecho de que Espártaco es un esclavo que lucha contra sus dueños en tierra de Roma; Viriato es, en cambio, un hombre libre que combate en su propia tierra a los invasores y muere a causa de una traición. Y a decir de Floro, hubiera llegado a ser el Rómulo de Hispania, es decir el fundador de una entidad política que con el tiempo hubiera podido llegar a ser un imperio.

     Se pueden albergar ciertas dudas acerca de las implicaciones de su primera ocupación como pastor, pues, si bien, por una parte, puede servir para atribuir imaginar a Viriato un origen humilde, por otra parte es posible recordar a ciertos personajes de la mitología, como Paris, hijo del rey de Troya, que en sus inicios fue pastor o que, como Rómulo y Remo, vivieron rústicamente. Por otro lado, con el apelativo latro parece que debemos considerarlo un bandido integrante de una partida que realizaba razias, práctica bastante extendida en la región, dada su pobreza.[15]

     Por su parte, en el Epítome que redactó Justino a partir de la obra de Pompeyo Trogo se hace hincapié en la moralidad del personaje, en su grandeza, su valentía, su moderación y su desinterés por los bienes materiales, aspectos en los que aún profundizarán más otros autores, en particular, Diodoro de Sicilia. He aquí el texto de Justino:

En el lapso de tantos siglos no tuvieron ningún gran jefe salvo Viriato, quien agotó a los romanos durante diez años con diversas victorias. Los habitantes de Hispania llevan a cabo hazañas desmesuradas más propias de fieras que de hombres incluso. A éste mismo lo siguieron no porque lo hubieran elegido de acuerdo con el criterio del pueblo, sino como sabio para protegerlos y experto en evitar los peligros. Fueron propias de él valentía y continencia, de tal manera que, aunque a menudo venció a los ejércitos consulares, a pesar de tantas hazañas, no alteró la condición de sus armas ni de sus ropas, ni en definitiva su manera de vivir, sino que había de conservar aquella vestimenta con la que había empezado a combatir al principio, de tal manera que cualquier soldado parecía más rico que el propio general.[16]

A su vez, Diodoro de Sicilia dedica bastante espacio a anécdotas acerca de Viriato y aporta más datos interesantes, puesto que, además de informar sobre sus cualidades físicas y morales, da algún indicio más sobre su procedencia:

Los lusitanos, dice, que al principio no tenían un jefe adecuado, eran fácilmente capturados cuando luchaban con los romanos, pero después, cuando tuvieron a Viriato, infligieron graves perjuicios a los romanos. Pertenecía éste, en efecto, a los lusitanos que viven junto al océano; pastor desde niño, estaba acostumbrado a la vida en la montaña, pues incluso lo respaldaba la naturaleza de su físico; también superaba de largo a los iberos en fuerza, en velocidad y en la agilidad del resto del cuerpo. Solía, por otra parte, tomar poco alimento, practicar mucho ejercicio y dormir lo estrictamente necesario; en general, como llevaba continuamente armas de hierro y entraba en lucha contra fieras y ladrones, llegó a ser conocido entre la masa, fue elegido jefe y pronto reunió una banda de salteadores a su alrededor.[17]

Según Diodoro, Viriato procedía de algún lugar montañoso en la proximidad del océano Atlántico, de manera que podríamos pensar que pertenecía concretamente al pueblo de los túrdulos opidanos, afines a los lusitanos, aunque sea difícil decir hasta qué punto.[18] Y por su modo de vida había desarrollado unas cualidades físicas excepcionales (robustez, velocidad, resistencia, etc.), que se añadían a un físico ya de por sí fuera de serie, detalles en los que coincidirá con Diodoro Dión Casio, como veremos enseguida.

     El mismo Diodoro añade algunos detalles más, pues hace referencia a otras facultades y cualidades del lusitano (capacidad estratégica, justicia en el reparto del botín, etc.) y menciona el hecho de que Viriato se proclamó dinasta,[19] con lo que probablemente quería decir jefe de la oligarquía de aquella tierra:

Además, como adelantaba tanto en los combates, no sólo fue admirado por su fuerza, sino que se ganó fama, ante todo, por su habilidad estratégica. Era, por demás, justo en el reparto del botín y, según sus méritos, halagó con regalos a los valerosos. Por su ascenso se proclamó ya no salteador, sino dinasta y combatió a los romanos y los venció en muchas batallas, de manera que incluso derrotó en combate al general romano Vitelio con su ejército, lo tomó prisionero y lo mató con su espada; y consiguió muchos otros éxitos en la guerra, hasta que el general Fabio fue elegido para llevar la guerra contra él. Y desde ese momento empezó su decadencia y no en escasa medida. Luego, habiéndose recuperado y ganado reputación sobre Fabio, lo obligó a llegar a unos tratados indignos de los romanos. Sin embargo, Cepión, a su vez, habiendo sido escogido para luchar contra Viriato, anuló los tratados y habiendo vencido a Viriato varias veces y luego habiéndolo reducido a un declive tan extremo que incluso buscaba la paz, lo hizo asesinar dolosamente por unos domésticos. Y habiendo atemorizado a Táutamo, el sucesor de Viriato en el mando, y a sus gentes, y habiéndoles impuesto las condiciones de paz que quiso, les dio tierra y una ciudad donde habitar.[20]

     Del asesinato de Viriato y su sucesión nos ocuparemos en el último apartado de este artículo. Sigamos ahora con Diodoro de Sicilia, a través del cual nos enteramos de que Viriato se casó y, aunque no sabemos gran cosa del acontecimiento, encontramos más detalles que caracterizan a nuestro protagonista:

Viriato, hallándose expuestas con ocasión de su boda muchas copas de plata y de oro, así como telas bordadas y variadas, se levantó apoyándose en su lanza y contemplaba tal abundancia, sin admirarse ni sorprenderse, sino más bien manifestando una actitud de menosprecio. Y aunque pronunció acertadamente muchas palabras, con una sola respuesta dio a entender que muchos pretextos para el desagradecimiento hacia los benefactores y para la insensatez… por enorgullecerse sobre los inciertos regalos de la fortuna, y en suma, que la conocida riqueza de su suegro era esclava de quien poseía una lanza, y además de esto, que éste le debía agradecimiento a él, y que no le daba nada propio, porque él ya era dueño de todo.[21]

Este desinterés por las posesiones materiales y el escaso valor que les concedía en comparación con el poder que otorgan las armas están acordes con el desapego hacia los bienes que, como hemos visto ya, le atribuía Justino. Pero Diodoro todavía habla de las bodas de Viriato, interpretando las prisas que demostró por retirarse llevándose a la novia:

En efecto, Viriato ni se dejó lavar ni se recostó para comer, aunque insistieron, sino que, estando la mesa llena de toda suerte de comida, cogió panes y carnes, y se los dio a los venidos con él y, habiéndose llevado un bocado de comida a la boca, mandó llamar a la novia. Pero después de sacrificar a los dioses y hacer lo acostumbrado entre los iberos, subió a la doncella a lomos de un caballo e inmediatamente partió camino de sus posiciones en las montañas. Pues era de la opinión de que la autosuficiencia es la mayor riqueza, de que la libertad es la patria y el bien más seguro es la superioridad nacida de la valentía. Este hombre era atinado en sus expresiones, supuesto que sus palabras irreprochables brotaban de una naturaleza autodidacta y recta.[22]

     Conocemos, también a través de Diodoro, otra anécdota de las bodas de Viriato, en que pregunta las razones que tuvo para emparentar con él a un tal Astolpas, el que probablemente sería su suegro, un hombre rico y respetado por los romanos:

Viriato, estando expuestos con ocasión de sus bodas muchos objetos lujosos, cuando tuvo bastante de su contemplación, preguntó a Astolpas. “Entonces, viendo esto los romanos después de los banquetes en tu casa, ¿cómo se abstuvieron de tales riquezas, aunque podían apoderarse de ellas gracias a su superioridad?”. Respondió Astolpas que, aunque muchos las habían visto, ninguno intentó cogerlas ni reclamarlas. “¿Así pues, dijo Viriato, amigo, si los poderosos te daban la confianza y el disfrute seguro de estos bienes, los has abandonado y has querido ser pariente de mi rusticidad y vileza?”.[23]

     De este modo, da la impresión de que en algún momento, el personaje de Viriato debió de convertirse en protagonista de ciertas anécdotas que le retrataban como alguien recto y desinteresado, si bien con una cierta sorna, como vemos en en otro pasaje de Diodoro, que pone en sus labios una fábula bastante conocida entre griegos y romanos:[24]

Éste era atinado en sus expresiones, como si sus palabras nacieran de una naturaleza autodidacta y recta. En efecto, los habitantes de Tica nunca mantenían sus decisiones, sino que se inclinaban a veces por los romanos y a veces por los partidarios de Viriato, y como actuaban así a menudo, se burló de ellos de una manera no carente de sabiduría y reprendió la inconstancia de su juicio, relatándoles una fábula. Resulta que les contó que un hombre de mediana edad estaba casado con dos mujeres; la más joven, que se afanaba por que su marido se pareciera a ella, le arrancaba de la cabeza las canas y la vieja los cabellos negros; y el resultado fue que, arrancándole las dos el pelo, pronto se quedó calvo. Algo semejante iba a pasarles a los habitantes de Tica, pues, si los romanos mataban a los que les eran hostiles y los lusitanos aniquilaban a sus propios enemigos, pronto iba a quedar desierta la ciudad. Dicen además que expresó muchas otras opiniones con pocas palabras, siendo carente de instrucción y formado por su inteligencia práctica.[25]

     Por su parte, Dión Casio da por hecho que pertenecía a una familia modesta (recuérdese lo que se comentaba anteriormente acerca del posible simbolismo de su actividad como pastor); además lo caracteriza con un físico envidiable, aunque no tanto como su temperamento, detalles en que coincide con Diodoro:

Viriato era un lusitano de linaje oscurísimo de acuerdo con algunas opiniones, pero alcanzó la mayor fama por sus hazañas, pues de pastor llegó a ser bandido y después incluso general. Resulta que por naturaleza y por entrenamiento era el más rápido en la persecución y en la huida, y fortísimo en la lucha a pie firme. Y consumía con el mayor agrado el alimento que hallaba en cada ocasión y la bebida que encontraba, pasaba la mayor parte de su vida al aire libre y le bastaba el lecho que le ofrecía la naturaleza. Por este motivo resistía todo el calor y todo el frío y jamás sufrió por hambre ni padeció por otra incomodidad cualquiera, puesto que conseguía lo más imprescindible en cada una de las situaciones de necesidad que constantemente se presentaban, como si fuera la mejor solución. Pero aun siendo así su cuerpo por su propia naturaleza y por el ejercicio, lo superaba de largo en las virtudes del alma. En efecto, era rápido en pensar y realizar todo lo necesario y, a la vez, sabía qué debía hacer y reconocía la ocasión para ello; y era hábil para fingir que ignoraba lo más evidente y para saber lo más oculto. Además como en toda ocasión actuó igualmente como general y como subordinado de sí mismo, no pareció ni modesto ni cargante; al contrario, con esa actitud había mezclado la debilidad de su familia y la consideración de su fuerza, hasta el punto de que no parecía ni peor que nadie ni mejor. Dicho en pocas palabras, se entregaba a la guerra no por ambición ni por poder o por ira, sino por las propias hazañas, y por esto fue considerado amante de la guerra y buen soldado.[26]

     Podemos desconfiar, por tanto, de algunas afirmaciones que se leen en el Pseudo Aurelio Víctor, en el sentido que Viriato fue primero mercenario[27] y cazador, como tampoco parece muy creíble la afirmación de que lo asesinaron cuando se encontraba postrado bajo los efectos de la bebida:

Viriato, lusitano de origen, se hizo primero mercenario por pobreza, luego cazador por entusiasmo, por audacia salteador, finalmente jefe; emprendió la guerra contra los romanos y venció al general Claudio Unimano y luego a C. Nigidio. Prefirió pedir la paz a Popilio con el ejército indemne mejor que derrotado y, habiéndose escapado por otro lugar y habiéndose detenido las armas, reinició la guerra. Como Cepión no pudiera vencerlo de otra manera, corrompió con dinero a dos guardias suyos, que asesinaron a Viriato vencido por el vino. Esta victoria, como había sido comprada, no recibió la aprobación del senado.[28]

Ya trataremos de las circunstancias de la muerte de Viriato en otro apartado de este artículo, pero conviene subrayar que el autor de este último texto añade nuevos matices, al especificar las causas que producen los cambios vitales de Viriato.

 

Notas

[1] Para el siglo II a. C. en general se puede consultar la bibliografía incluida en la nota 5 de nuestro artículo sobre Espártaco (ENLACE).
[2] El territorio que ocuparon los lusitanos corresponde aproximadamente a la parte de Portugal al sur del río Duero, y a las zonas más cercanas de las comunidades autónomas vecinas; parece que anteriormente habían habitado el territorio interior comprendido entre los ríos Duero y Tajo.
[3] Para bibliografía complementaria sobre estos autores y las ediciones usadas de los mismos, cf. la nota 6 y siguientes de nuestro artículo sobre Espártaco (ENLACE).
[4] Hemos consultado el texto de la edición teubneriana de O. Seel (M. Iuniani Iustini Epitoma Historiarum Philippicarum Pompei Trogi accedunt prologi in Pompeium Trogum, Stuttgart, 1972). Resulta interesante la consulta de la introducción y traducción de J. Castro Sánchez (JUSTINO. Epítome de las “Historias filípicas” de Pompeyo Trogo. Prólogos. POMPEYO TROGO. Fragmentos, Madrid, 1995).
[5] Hemos seguido el texto publicado por R. Combès en Les Belles Lettres (Faits et dits mémorables, I-II, París, 1995). También resultan útiles la introducción y traducción de S. López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo y J. Villalba Álvarez (Hechos y dichos memorables, I-II, Madrid, 2003).
[6] Hemos tenido en cuenta el texto de F. R. Walton en la Loeb Classical Library (Library of History, Volume XII, Fragments of Books 33-40, Cambridge [Mass.] – Londres, 1967). Se recomienda la consulta de la introducción de F. Parreu Alasà en la Biblioteca Clásica Gredos (Biblioteca histórica, I, Madrid, 2001).
[7] Hemos manejado el texto publicado por Marie-Pierre Arnaud-Lindet (Aide-mémoire. Liber memorialis, París, 1993), cuya introducción también es recomendable.
[8] Se ha seguido el texto de U. Ph. Boissevain (Historiarum romanarum quae supersunt Cassii Dionis Cocceiani, Berlín, 1895, I, p. 321 ss.). Para este autor se puede leer la introducción de D. Plácido Suárez en la Biblioteca Clásica Gredos (Historia romana, Madrid, 2004).
[9] Hemos recurrido al texto de P. Dufraigne en Les Belles Lettres (Livre des Césars, París, 1975). Para más información, véase la introducción de Emma Falque en EUTROPIO, Breviario – AURELIO VÍCTOR, Libro de los Césares, Madrid, 1999.
[10] Se ha seguido el texto de los Fragmenta Historicorum Graecorum de C. Müller.
[11] Entre ellas las de Silio Itálico o Cárax de Pérgamo, de las que también trataremos.
[12] Y por cierto que Viriato no es un nombre excepcional, sino que consta que hubo otros hombres llamados así, de acuerdo con lo que se lee en diversas inscripciones (puede verse el texto y las referencias a las mismas en A. COELHO F. SILVA, “O nome de Viriato”, Portugalia n. s. 24, 2003, p. 48-49). Por su parte, Silio Itálico (III 354-356) habla de un Viriato que, en tiempos de las guerras púnicas, se une a las tropas de Aníbal: “Guía Viriato a éstos y al lusitano sacado de sus remotas madrigueras, Viriato en su primera edad, nombre pronto noble por sus derrotas a los romanos” (hos Viriathus agit Lusitanumque remotis | extractum lustris, primo Viriathus in aeuo, | nomen Romanis factum mox nobile damnis); este Viriato, siempre según Silio Itálico (X 219-233), mata en la batalla de Cannas a un tal Servilio, antes de morir él mismo bajo los golpes de Paulo.
[13] Per. LII (véase el texto latino en este ENLACE). Más adelante, en el apartado dedicado a la guerra contra los lusitanos, haremos referencia a estos personajes históricos.
[14] I 33 (para el texto latino, cf. el ENLACE). Nótese el error cronológico de Floro, puesto que Viriato estuvo a la cabeza de los lusitanos sólo entre 148 y 139 (Apiano -Hisp. 75- dice ocho años, mientras que Justino le atribuye diez años de actividad en el texto que traducimos a continuación). Sobre las trábeas, cf. F. COURBY, “Trabea”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 5, p. 382; W. H. GROSS, “Trabea 1”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 5, c. 904; PH. SMITH, “Toga”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 1137. Para los fasces, véase CH. LÉCRIVAIN, “Lictor”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 3-2, p. 1239-1242; G. SCHROT, “Lictor”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER(eds.), 3, c. 645-646; W. SMITH, “Fasces”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 520-521.
[15] Para esta ocupación de los lusitanos y de los iberos en general, cf. Diodoro de Sicilia V 34, 6-7; Estrabón III 4, 5 (véase el texto en este ENLACE). Sobre los latrones en general, cf. G. HUMBERT [CH. LÉCRIVAIN], “Latrocinium”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 3-2, p. 991-992; D. MEDICUS, “Latrocinium”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 3, c. 516; W. SMITH, “Latrocinium, Latrones”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 670. Para estas prácticas en Hispania, cf. A. GARCÍA Y BELLIDO, “Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, Hispania 21, 1945, p. 547-548.
[16] XLIV 2, 7-8 (el original latino se puede encontrar en este ENLACE).
[17] XXXIII 1, 1-4 (puede verse el texto en este ENLACE).
[18] Sobre los túrdulos, cf. L. A. GARCÍA MORENO, “Turdetanos, turdulos y tartessios. Una hipótesis”, Gerion, Estudios sobre la Antigüedad en homenaje al profesor Santiago Montero Díaz, nº extr. 2, 1989, p. 289-294.
[19] Dynasteia es una forma de oligarquía familiar y hereditaria de la Grecia antigua, cf. E. CAILLEMER, “Dynasteia”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 2-1, p. 442-443. Sobre este aspecto, cf. R. LÓPEZ MELERO, “Viriatus Hispaniae Romulus”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, H. Antigua, t. I, 1988, p. 247-262.
[20] Para el texto griego, cf. este ENLACE.
[21] XXXIII 7, 1-3 (el texto original, que presenta una laguna, se puede leer en este ENLACE). Naturalmente, los regalos expuestos constituían la dote (o parte de ella) recibida de su suegro Astolpas (por lo que deducimos de lo que cuenta Diodoro un poco más adelante). Sobre la dote entre griegos y romanos, cf. G. LONG, “Dos”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 436-438; F. RABER, “Dos”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 2, c. 150-151.
[22] Se puede leer el texto griego en este ENLACE. Los lusitanos, tal vez sólo los romanizados como el rico Astolpas, habrían adoptado la costumbre romana de comer recostados.
[23] XXXIII 7, 4 (para el texto griego, véase el ENLACE). Sobre Astolpas no se sabe nada más; no obstante, en un pasaje de Dión Casio (XXII 75), del que nos ocuparemos en la segunda parte de este artículo, se alude a la ejecución de un pariente, entre otras personas, anticipándose a la petición de los romanos.
[24] Esta fábula se encuentra entre las de Esopo (Hsr. 31, Ch. 52), aunque no se trata de esposas, sino de dos prostitutas, y entre las de Babrio (fab. 22). Sobre esta fábula en Diodoro, cf. G.-J. VAN DIJK, Ainoi, logoi, mythoi: fables in archaic, classical and Hellenistic Greek literature, Leiden-Nueva York-Colonia, 1997, p. 283-284. Sobre la caracterización de Viriato, cf. J. LENS TUERO, “Viriato, héroe y rey cínico”, EFG 2, 1968, p. 253-272.
[25] XXXIII 7, 5-8, 1 (el texto original se puede leer en este ENLACE). Para esta población, que podría ser Martos (Jaén), cf. W. HAZLITT, “Tucci. II”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 385; J. M. SERRANO DELGADO, “Colonia Augusta Gemella Tucci”, Habis 12, 1981, p. 203-222.
[26] XXII, fr. 73 (se encontrará el texto en este ENLACE).
[27] Para los mercen(n)arii, cf. A. MARTIN, “Mercenarii”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 4-2, p. 1784-1802.
[28] Vir. Ill. 71, 1 (el texto latino se puede leer en este ENLACE).

 

Índice de ilustraciones

1. La muerte de Viriato de José de Madrazo (comienzos del XIX).

2. Inscripción lusitana. Estela de Brozas (Cáceres) con el texto VIRIATIS LOVESI F. (AE 1971, 413).

3. Lúnula de Chao de Lamas (II a. C.).

4. Estatua de Viriato en Viseu (Portugal).

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About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

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