“Hispania”: la verdad sobre Viriato (y ii)

 

La guerra contra Viriato

La narración de los hechos más completa (de hecho, la única) se halla en el libro que dedica Apiano a las guerras en Iberia (60-75), un pasaje que puede servir como base de nuestro relato. La narración podría empezar así: en el año 150 a. C. Viriato consiguió escapar con unos cuantos lusitanos, todos desarmados, de una matanza a manos de las tropas de Servio Galba.[1] En el año 147 esa partida se unió a otros grupos hasta formar un contingente de diez mil hombres que invadió Turdetania.[2] Allí se encontraron con las tropas romanas encabezadas por Vetilio[3] y en ese apuro eligieron jefe a Viriato.[4] Éste logró huir de Vetilio con una estratagema que veremos más adelante.[5] Después, en los alrededores de Tríbola,[6] Viriato venció a Vetilio, que perdió la vida a manos de un lusitano, que lo había capturado y no se percató de su identidad. Murieron cuatro mil romanos de diez mil.[7]

     Continuaron los éxitos de Viriato; en el año 146 Viriato devastó Carpetania;[8] usando la táctica de la falsa huida, aniquiló a una tropa de 4.000 hombres enviados tras él por C. Plautio.[9] Viriato, acampado en el monte de Afrodita,[10] venció a C. Plautio, que en pleno verano se retiró a los cuarteles de invierno.[11] Al año siguiente fue enviado Fabio Máximo Emiliano, que, con un contingente de quince mil infantes sin entrenar y dos mil jinetes, evitó el combate hasta tener a sus hombres preparados. Viriato venció a algunos leñadores.[12] Ese mismo año Lelio derrotó a Viriato, según dice Cicerón:

Pues nadie puede alcanzar al Africano en gloria militar, la misma en la que, según sabemos, Lelio fue notable por la guerra contra Viriato.[13]

     Ya se ha dicho que en el año 144 tuvieron lugar las bodas de Viriato; además Viriato, vencido por Fabio Emiliano, se refugió en Bécor e invernó en Córdoba; Fabio Emiliano fue sucedido por Quinto Pompeyo Aulo.[14]

     Durante los dos años siguientes Viriato pareció recuperarse, pues en el 143 hizo sublevarse a varios pueblos nativos (arevacos, titos y belos) incitando a Numancia a la insurrección y, tras una primera derrota, venció a Claudio Unimano, que estuvo a punto de perder la vida.[15] En el año 142 Fabio Máximo Serviliano sucedió a Quintio, trayendo consigo dos nuevas legiones, y con la contribución de los aliados y los númidas del norte de África llegó a reunir un ejército de unos 18.000 infantes, casi 2.000 jinetes y diez elefantes; camino de Ituca, consiguió repeler un ataque de Viriato.[16] Después Viriato venció a Serviliano obligando a sus tropas a encerrarse en su campamento donde los estuvo hostigando.[17]

     En el año 141 Serviliano tomó diversas poblaciones enemigas y se deshizo de bastantes salteadores;[18] hizo además cortar las manos a un buen número de desertores.[19] Ese año se produjo también una victoria de Serviliano,[20] tal vez cuando liberó la población de Buccia.[21] Al año siguiente Viriato consiguió una victoria cerca de Erisane, donde rodeó a las tropas de Serviliano, quien se vio obligado a aceptar la paz.[22] Pero esta paz duró poco, pues ante la insistencia de Cepión, el sucesor de Serviliano, el Senado permitió reiniciar la guerra contra Viriato.[23] Sabemos, no obstante, que se desarrollaron unas negociaciones entre Viriato y Popilio, en que éste presentó su oferta de manera muy prudente:

El cónsul Popilio, al pedirle Viriato una entrevista, decidió presentarle por partes los acuerdos, no fuera que rechazase sus propuestas en conjunto y se enfureciese librando una guerra sin cuartel.[24]

     Dión Casio refiere el contexto de estas negociaciones de paz:

Que Popilio aterrorizó a Viriato hasta tal punto que inmediatamente le envió una delegación para establecer unos acuerdos incluso antes de probar suerte en combate; reclamó a los jefes de los sublevados contra los romanos y mató a unos, entre los cuales fue ejecutado su cuñado, aunque poseía su propio contingente, y entregó a los otros, cuyas manos hizo cortar el cónsul. Y hubieran acabado por completo las hostilidades, si no les hubiesen sido reclamadas también las armas; porque ni él ni el resto del pueblo pudieron acatar este mandato.[25]

     Con todo, debieron de seguir las hostilidades, pues Viriato, hallándose en Carpetania, fue obligado a huir por Serviliano, que se hacía impopular entre sus tropas por su severidad.[26]

 

 

La astucia de Viriato

 Frontino, entre los variados ejemplos de ardides militares que recopila en los Strategemata, relata varias astucias de Viriato. Encontramos un par que usó contra los romanos. La primera astucia, un paradigma de insidia, consiste en llevar a los enemigos a un paraje desconocido y lleno de dificultades:

Viriato, que pasó de ladrón a jefe de los celtíberos, fingiendo retirarse ante los jinetes romanos, los llevó hasta un lugar lleno de socavones y elevado, y, habiendo escapado a través de pasos seguros y conocidos sólo por él, hizo perecer a los romanos desprevenidos y hundidos en el barro.[27]

Nótese que en el texto anterior se llama a Viriato jefe de los celtíberos. En otra ocasión, según cuenta Frontino, la estratagema se basa en dispersar las tropas para escapar:

Viriato, jefe de los lusitanos, logró escapar de nuestras tropas y de la dificultad de aquellos lugares de la misma forma que Sertorio: dispersó el ejército, luego lo reunió.[28]

     Apiano[29] da muchos más detalles, pues, mientras el grueso de las tropas se dispersaba para reunirse en Tríbola, Viriato a la cabeza de un grupo de jinetes provocó durante un día entero la persecución de los hombres de Vetilio. Fue una de sus primeras acciones militares, pues ha sido datada en el 147 a. C., y con ella se ganó fama y aliados entre los lusitanos.

     Frontino también recuerda dos estratagemas empleadas por Viriato contra los segobrigenses.[30] Una de ellas se encuentra entre los ardides que sirven para hacer salir de su ciudad a los asediados:

Viriato, dispuestas tropas en emboscada, envió a unos pocos hombres a que alejasen los rebaños de los segobrigenses: como aquellos acudieron a toda prisa a recuperar su ganado y persiguieron a los ladrones que fingían la fuga, fueron conducidos a la trampa y asesinados.[31]

De acuerdo con Frontino, Viriato consigue hacer salir a los sitiados con un falso robo. Pero los males de los segobrigenses no acaban aquí, pues vuelven a ser víctimas de la astucia del lusitano:

Viriato, habiendo llevado a cabo su marcha en tres días, tras recorrer el mismo camino en un solo día, aplastó a los segobrigenses, que se creían seguros y estaban ocupados en un sacrificio.[32]

Esta estratagema se basa en un falso abandono, dado que se parece, hasta cierto punto, al que sirvió para tomar la mítica Troya. Finalmente, traemos aquí un pasaje de Frontino, que no refiere una estratagema, sino que ilustra la fidelidad de los segovianos[33] a su alianza con Roma:

Los segovianos, aunque Viriato les restituía a sus hijos y mujeres, prefirieron presenciar el sacrificio de sus seres queridos antes que abandonar a los romanos.[34]

 

 

La muerte de Viriato

 Acabaremos este artículo dedicando unas palabras al asesinato de Viriato. Los hechos son bastante conocidos y no existe sombra de misterio sobre las circunstancias principales, aunque sí sobre algunos mínimos detalles. Las Periochae de Tito Livio nos proporcionan el esquema y sirven además para datar su muerte en el año 139 a. C.:

Viriato fue asesinado por obra de unos traidores por instigación de Servilio Cepión; muy llorado por su ejército y sepultado noblemente, fue un gran hombre y un gran jefe y durante los catorce años en que combatió a los romanos fue a menudo superior.[35]

Mediante la lectura del epítome de Oxirrinco podemos añadir algún dato más:

Audax, Minuro y Ditalcón, corrompidos por Cepión, degollaron a Viriato.[36]

Tenemos, pues, los nombres de los asesinos, el móvil, el instigador y el modus operandi. Y en el resumen del año siguiente sabemos algo más del destino de los autores:

Durante el consulado de P. Escipión y D. Junio, los asesinos de Viriato fueron expulsados de la ciudad y la recompensa les fue negada.[37]

Floro, cuyo texto hemos traducido anteriormente, no añade gran cosa ni tampoco Veleyo Patérculo:

Después siguió la triste y vergonzosa guerra en Hispania contra Viriato, jefe de salteadores: fue llevada a cabo con variadas alternativas, aunque a menudo la suerte fue adversa a los romanos. Pero muerto Viriato más por el engaño que por la valentía de Servilio Cepión, estalló con mayor gravedad aún la guerra de Numancia.[38]

     A su vez, el testimonio de Valerio Máximo no aporta sino un análisis moral de los hechos, distinguiendo en ellos dos manifestaciones de perfidia:

También la muerte de Viriato recibió una doble acusación de perfidia: contra sus amigos, porque fue asesinado por sus manos; contra el cónsul Q. Servilio Cepión, dado que, al prometerles impunidad, fue él el autor del crimen y no mereció la victoria, sino que la compró.[39]

     Diodoro de Sicilia, aunque discrepa en la identidad de uno de los autores (Nicoronte en lugar de Minuro) y altera los nombres de los otros dos (Audas y Ditalces en vez de Audax y Ditalcón), aporta una información muy importante acerca de su prodedencia (la población de Orsón)[40] y de la existencia de vínculos de amistad entre ellos. Refiere asimismo otras circunstancias de interés como el hecho de que actuaron al amparo de la noche y que el escenario del crimen fue la tienda de Viriato:

Audas, Ditalces y Nicorontes de la ciudad de Orsón, allegados y amigos entre ellos, se percataron de que la supremacía de Viriato se agotaba por obra de los romanos y temieron por sus vidas, de modo que decidieron ofrecer a los romanos algún favor, que les procurase la seguridad… En efecto, cuando observaron que Viriato deseaba poner fin a la guerra, se ofrecieron para persuadir a Cepión de negociar sobre la paz, si Viriato los dejaba ir como embajadores para el cese de hostilidades. Como el dinasta consintió de buen grado, ellos se presentaron en breve plazo ante Cepión y, en el momento en que se ofrecieron a matar alevosamente a Viriato, lo persuadieron fácilmente de que les diera la impunidad. Pues bien, después de haber dado y recibido toda clase de garantías sobre el asunto, regresaron con rapidez al campamento; y como dijeron que habían persuadido a los romanos sobre la paz, consiguieron que Viriato albergase buenas esperanzas, esforzándose en alejar todo lo posible su pensamiento del verdadero motivo. Y como Viriato confió en ellos por su amistad, se introdujeron sin ser vistos en su tienda durante la noche y con sus espadas ocasionaron a Viriato las heridas oportunas; después saltaron fuera del campamento, siguieron una senda de la montaña y buscaron la salvación junto a Cepión.[41]

     Diodoro analiza el comportamiento de los asesinos y le atribuye un móvil psicológico: actuaron así por temor por sus propias vidas y ese temor les llevó también a insistir ante Cepión en su propia seguridad.

     Por su parte, Apiano prefiere usar los nombres de los asesinos tal y como los cita Tito Livio. En su versión Apiano insiste en que los asesinos fueron corrompidos por Cepión, es decir que su intención inicial no era asesinar a Viriato, sino negociar la paz por orden de Viriato:

Viriato envió, para lograr un acercamiento, ante Cepión a sus más leales amigos, Audax, Ditalcón y Minuro, quienes, corrompidos por Cepión con grandes presentes y muchos ofrecimientos, le prometieron matar a Viriato. Y lo mataron así: Viriato era de poco dormir por preocupaciones y esfuerzos, y las más de las veces descansaba armado, a fin de estar preparado al momento para cualquier eventualidad, si lo despertaban. Por ello, estaba permitido a sus amigos visitarlo de noche. Aprovechándose de esa costumbre también en aquella ocasión, los hombres de Audax, que estaban de guardia, se introdujeron en la tienda de Viriato, que se acababa de dormir, con la excusa de una urgencia, y estando armado, lo hirieron en el cuello. Pues no había otra alternativa. Como nadie se diese cuenta por la precisión de la herida, huyeron junto a Cepión y reclamaron sus recompensas. Éste, en primera instancia, les concedió conservar libremente los bienes que ya poseían, pero los remitió a Roma para tratar de sus peticiones. Por su parte, los sirvientes de Viriato y el resto del ejército, cuando se hubo hecho de día, creyeron que descansaba y se maravillaban de un hecho tan insólito, hasta que algunos se percataron de que yacía muerto con las armas puestas. Y al instante se extendieron por todo el campamento el lamento y el sufrimiento, ya que se dolían por él, temían por sus vidas y pensaban en qué peligros se encontraban y de qué general se veían privados. Y por encima de todo, el hecho de no haber encontrado a los autores, les apesadumbraba.[42]

     Apiano, que da el detalle de que Viriato dormía armado (hecho muy acorde con su actitud vigilante e insomne, que hemos visto en el texto de Diodoro y otro del mismo autor, que veremos más adelante), retoma la mención del hecho de que los criminales, ya sin los regalos que les había dado Cepión, fueron enviados a Roma, como hemos visto en el Epítome de Oxirrinco (LV).

     Por tanto, en Tito Livio y Apiano se encontraba ya in nuce la famosa frase “Roma no paga a traidores”. En el Breviario de Eutropio se desarrolla un poco más el concepto:

Por aquel tiempo, Metelo llevó a cabo en Celtiberia notables hazañas entre los hispanos. Sucedió a éste Q. Pompeyo. Y no mucho después también fue enviado Quinto Cepión a esta misma guerra, que llevaba a cabo un tal Viriato en Lusitania contra los romanos. Por temor a éstos, Viriato fue asesinado por los suyos, habiendo agitado a las Hispanias contra los romanos durante catorce años. Fue primero pastor, pronto cabecilla de ladrones, y por último incitó a la guerra a tantos pueblos que fue considerado libertador de Hispania contra los romanos. Y habiendo pedido sus asesinos la recompensa al cónsul Cepión, les fue respondido que a los romanos nunca les gustó que los generales fueran muertos por sus soldados.[43]

El texto explica también el asesinato como consecuencia del temor que sentían los suyos frente a los romanos. Por otra parte, Eutropio subraya el hecho de que Cepión negase a los asesinos la recompensa prometida, so pretexto de que se trataba de un acto desagradable para Roma.

     El pasaje del pseudo Aurelio Víctor traducido en la primera parte de este artículo da dos detalles que podríamos considerar aberrantes, puesto que dice que los asesinos fueron dos, cuando, por las otras fuentes, sabemos que fueron tres; y por otra parte, el pseudo Aurelio Víctor menciona que Viriato estaba inconsciente a causa del vino, hecho que parece incoherente con las descripciones que lo retratan como persona sobria y jefe responsable.

     Finalmente, Orosio hace alusión al asesinato, subrayando sobre todo que la indignidad de los asesinos no los hacía merecedores de premio alguno:

Viriato, sin embargo, habiendo derrotado durante catorce años a los jefes y al ejército romanos, fue asesinado por los engaños de los suyos, actuando de forma justificada los romanos respecto a él sólo en un aspecto: en que consideraron a sus asesinos indignos de recompensa.[44]

     Así pues, parece que la célebre frase “Roma no paga a traidores” es la quintaesencia de las palabras de Apiano, Eutropio y Orosio. Otro autor tardío, Juan de Antioquía resume así la biografía de Viriato:

En Iberia Viriato era un hombre de linaje oscuro y de un género de vida frugal, nada más que un pastor al principio. Éste posteriormente encabezó una tropa de bandidos; finalmente, alcanzó tan gran poder y convenció a tantos pueblos de aliarse a su empresa, que fue considerado digno de combatir a los romanos y capaz de devolver a los iberos a su antigua constitución patria. En efecto, en primer lugar, fue enviado como general a esta guerra Quinto Cecilio Metelo, quien había combatido, de una manera insuperable y digna del poder de Roma, contra la sublevación de los celtíberos. Pero, como la guerra se alargaba contra las previsiones, a su vez acudió por mar Quinto Pompeyo, junto con el cual fue enviado a la misma guerra Quinto Cepión. Los bárbaros, sobre todo por temor a éstos, asesinaron a Viriato, que había luchado durante catorce años contra los romanos. De este modo, contaban que iban a ganarse al jefe del ejército romano que mostraría benevolencia y respeto para con ellos. Ciertamente, entre los asesinos de Viriato unos se presentaron y reclamaban obtener del cónsul una recompensa por lo que habían hecho con aquel hombre. A éstos les responde Cepión que no era en absoluto legítimo para los romanos aprobar las conspiraciones llevadas a cabo contra los generales por sus subordinados.[45]

     Anotemos, para acabar este apartado, que Táutamo o Tántalo, el sucesor de Viriato, fue vencido por Cepión en el año 138 a. C. y se rindió a los romanos en unas condiciones no especialmente desventajosas, pues les fueron concedidas tierras a él y a sus hombres.[46]

 

Conclusión: la virtud de Viriato

 Hemos visto que los autores antiguos[47] se expresan de manera muy favorable sobre Viriato. Un aspecto en que coinciden muchos es su comportamiento equitativo a la hora de distribuir los bienes conseguidos, como podemos leer en este pasaje de Diodoro de Sicilia:

Viriato, jefe de salteadores lusitano, era justo en el reparto de los botines, puesto que honraba con premios selectos a los valerosos conforme a sus méritos y además francamente no se apropiaba de ningún bien común. Por ello, ocurría que los lusitanos se exponían a los peligros con la mayor entrega, honrándolo como a su benefactor y salvador común.[48]

     El hecho de que Diodoro atribuya a Viriato los títulos de benefactor (εὐεργέτης) y salvador (σωτῆρ) eleva al lusitano a la altura de dioses y personajes mitológicos e históricos, dado que en la Antigüedad fueron ostentados por divinidades, héroes de la mitología y monarcas.[49] Así, Atenas concedió el título de “benefactor” a Alejandro I de Macedonia durante las Guerras Médicas y también fue el título que ostentó el rey Ptolomeo III de Egipto o una denominación del dios Dioniso. “Salvadores” fueron también algunos dioses (Zeus, Apolo, Asclepio, las divinidades en general, etc.) y el primer Ptolomeo, entre otros miembros de las dinastías helenísticas, por ejemplo. Diodoro trata de reflejar de este modo que los lusitanos consideraban a Viriato como a un ser excepcional cercano a los dioses y héroes del pasado.

     La actitud de Viriato en el reparto del botín, junto con su menosprecio de las riquezas, debió de resultar chocante, desde el punto de vista de los historiadores, en comparación con la actuación de los mandos romanos, que aprovecharon los cargos para enriquecerse, como hicieron Galba, Craso o Julio César, por nombrar sólo a algunos. Pero volvamos a Diodoro:

Honraron el cuerpo de Viriato con una tumba singular y grandiosa, y celebraron junto a la tumba un combate de doscientas parejas de gladiadores, rindiendo tributo a su reconocida hombría. En efecto, según reconocían todos, era el más luchador en los peligros, el más hábil general en disponer lo conveniente y he aquí lo principal: durante todo el tiempo de su mando, fue querido por los soldados como ningún otro. Y es que en los repartos del botín no se adjudicaba nada más que la parte que correspondía a los soldados corrientes, y con lo recibido honraba a los dignos de agradecimiento y sostenía a los soldados sin recursos. Era sobrio, insomne, capaz de sobreponerse a cualquier esfuerzo o peligro, y estaba por encima de cualquier apetito. Y las pruebas de su virtud son evidentes: aun estando once años al mando de los lusitanos, sus fuerzas permanecieron no sólo leales, sino casi invencibles. Después de su muerte se deshizo la unión de los lusitanos, privada de su mando.[50]

     Naturalmente la tumba de Viriato no ha sido encontrada, aunque cabe preguntarse si realmente fue un monumento funerario de tanta categoría como le atribuye Diodoro, teniendo en cuenta la situación bélica y el declive de los lusitanos. No resulta fácil determinar si los juegos de gladiadores celebrados en esa ocasión responden al auténtico ritual funerario de los lusitanos o al modo romano de ver el mundo.[51] De todos modos, también Apiano hace referencia a ellos entre otras ceremonias fúnebres:

Después de vestir a Viriato con sus mejores galas, quemaron su cadáver en una pira altísima y degollaron abundantes víctimas en su honor; con sus armas infantes y jinetes en formación corrían en círculo alrededor de la pira, prorrumpían en alabanzas a la manera de los bárbaros y se quedaron allí hasta apagarse el fuego; acabado el funeral, realizaron una competición de gladiadores junto a la tumba.[52]

     Por otra parte, a juicio de Cicerón, el éxito que alcanzaron mediante la aplicación de la justicia distributiva salteadores como Bardulis o Viriato explica el papel que desempeña el Derecho en el Estado:

Es más, se dice que incluso entre los ladrones hay leyes a las que obedecen y que observan. Así pues, a causa de su reparto equitativo de los botines el bandido ilirio Bardulis, del cual se trata en la obra de Teopompo, tuvo gran poder y mucho mayor lo tuvo el lusitano Viriato; ante él también cedieron incluso nuestro ejército y nuestros generales. A éste C. Lelio, aquél que era llamado el sabio, ejerciendo el cargo de pretor, derrotó, aplastó y redujo su fiereza, de manera que dejó una guerra fácil a sus sucesores. Por tanto, teniendo en cuenta que el poder de la justicia es tan grande que incluso fortalece y acrecienta la influencia de los salteadores ¿qué poder creemos que tendrá entre leyes y tribunales en un Estado constituido?[53]

     “Rómulo de Hispania”, “dinasta”, “benefactor”, “salvador”, “libertador de Hispania”… Uno no puede dejar de preguntarse qué hubiera sido de Hispania si Viriato no hubiese sido asesinado. Pero, teniendo en cuenta sus negociaciones con Popilio o el miedo que demostraron sus asesinos, da la impresión de que no estaban muy lejos la derrota o la rendición. Tal vez Viriato, de haber seguido con vida, hubiera defraudado muchas expectativas. Tal vez la apreciación de los autores que escribieron sobre él fuera bien distinta. Quienes son amados por los dioses mueren jóvenes… y tal vez por ello los aman también los humanos.

 

Notas

[1] Cf. Apiano, Hisp. 60 (el texto se puede leer en este enlace); Valerio Máximo VIII 1, 2 (para el texto, cf. el enlace) y IX 6, 2 (se puede encontrar el texto en este enlace); Cicerón, Brut. 89 (el texto se encuentra en el enlace); [Tito Livio] Per. IL (el texto latino se hallará en este enlace); Suetonio, Gal. 3, 2 (el texto se puede leer en el enlace); Orosio IV 21, 10 (para el texto véase el enlace). Sobre el entonces pretor Servio Sulpicio Galba, cf. L. Schmitz, “Galba 6. Ser. F. Sulpicius, Ser. Galba”, en W. Smith (ed.), II, Boston, 1867, p. 205.
[2] Para Turdetania, cf. K. Abel, “Turdetani”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 5, c. 1005; D. Ruíz Mata, “Turdetanos: origen, territorio y delimitación del tiempo histórico”, REIb 3, 1998, p. 153-221.
[3] Sobre el pretor M. o C. Vetilio, cf. W. Smith, “Vetilius”, en W. Smith (ed.), III, p. 1249.
[4] Cf. Apiano, Hisp. 61 (el texto se puede leer en este enlace); Diodoro de Sicilia XXXIII 1, 1-3 y 21, 1 (para el texto, cf. el enlace); [Tito Livio] Per. LII (se puede consultar el texto latino en el enlace); Floro I 33, 15 (el texto se puede ver en este enlace); Dión Casio XXII 73 (para el texto, cf. el enlace); Justino XLIV 2, 7 (el original se puede encontrar en este enlace).
[5] En el apartado sobre las astucias de Viriato se encontrarán los detalles.
[6] La ubicación de Tríbola en el valle del Guadiaro o en la zona de Beturia no está muy clara, cf. L. A. García Moreno, De Gerión a César: estudios históricos y filológicos de la España indígena y romano-republicana, Alcalá de Henares, 2001, p. 145-146.
[7] Cf. Apiano, Hisp. 63 (el texto se encontrará en este enlace); Diodoro de Sicilia XXXIII 1, 3 (el texto original se puede leer en este enlace); [Tito Livio] Per. LII (se puede ver el texto latino en este enlace); [Tito Livio] Ep. Ox. LII (para el texto, cf. este enlace); Orosio V 4, 2 (para el texto, cf. el enlace).
[8] Sobre Carpetania, cf. R. Grosse, “Carpetani”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 1, c. 1060; W. Hazlitt, “Carpetani”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 94; D. Urbina Martínez, “La Carpetania romana y los carpetanos indígenas: Tribu, etnia, nación o el país de los escarpes”, Gerión 16, 1998, p. 183-208.
[9] Cf. Apiano, Hisp. 64 (el texto griego se puede leer en este enlace). Para el pretor C. Plautio, cf. M. Dreißmann-Merten, “Plautius. 4”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 4, c. 908.
[10] El monte de Afrodita podría ser la sierra de San Vicente, cerca de Talavera, según A. Sancho Royo en su traducción (Apiano, Historia romana, 1, Madrid, 1995).
[11] Cf. Apiano, Hisp. 64 (el texto griego se puede leer en este enlace). Esta victoria también es mencionada en las Periochae de Tito Livio (LII; hemos dado la traducción anteriormente; el texto latino se puede leer en este enlace) y en Orosio (V 4, 3, véase el texto en el enlace).
[12] Cf. Apiano, Hisp. 65 (véase el texto en este enlace); Veleyo Patérculo II 3, 5 (el texto puede encontrarse en el enlace). Para el cónsul Quinto Fabio Máximo Emiliano, véase cf. W. Bodham Donne, “Maximus Fabius. 8. Q. Fabius Q. F. Q. N. Maximus Aemilianus”, en W. Smith (ed.), II, p. 994; H. G. Gundel, “Fabius. I. 33. Q. F. Maximus Aemilianus”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 2, c. 492-493.
[13] Brut. 84 (nam ut ex bellica laude aspirare ad Africanum nemo potest, in qua ipsa egregium Viriathi bello reperimus fuisse Laelium). Cf. Cicerón, Off. II 40 (texto sobre el que volveremos más adelante). Acerca de C. Lelio el Sabio, cf. W. Bodham Donne, “Laelius. 2. C. Laelius Sapiens”, en W. Smith (ed.), II, p. 706-707; H. G. Gundel, “Laelius I. 2”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 3, c. 445-446.
[14] Cf. Apiano, Hisp. 65 (para el texto, cf. el enlace). Bécor pudiera guardar alguna relación con Baecula (actual Bailén), cf. W. Hazlitt, “Baecor” y “Baecula”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 66. Para Quinto Pompeyo Aulo, cf. W. Smith, “Pompeius. 3. Q. Pompeius, A. F.”, en W. Smith (ed.), III, p. 474.
[15] Cf. Apiano, Hisp. 66 (el texto se hallará en este enlace). Por su parte, Floro (I 33, 16; para el texto véase el enlace) y el Pseudo Aurelio Victor (Vir. Ill. 71, 1; para el texto latino, cf. el enlace) también mencionan la derrota, mientras que Orosio (V 4, 3-6; véase el texto en este enlace) subraya la magnitud de la misma. Para arevacos, belos y titos, cf. R. Grosse, “Arevaci”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 1, c. 532; R. Grosse, “Belli”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 1, c. 858; W. Hazlitt, “Arevacae”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 47; W. Hazlitt, “Belli”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 71.
[16] Cf. Apiano, Hisp. 67 (el texto griego se hallará en el enlace). Sobre Quinto Fabio Máximo Serviliano, cf. W. Bodham Donne, “Maximus Fabius. 11. Q. Fabius Q. F. Q. N. Maximus”, en W. Smith (ed.), II, p. 995; H. G. Gundel, “Fabius. I. 39. Q. F. Maximus Servilianus”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 2, c. 493. De Ituca, Tucci o Tica en otros autores, ya hemos hablado anteriormente.
[17] Cf. Apiano, Hisp. 67 (para el texto cf. este enlace).
[18] Cf. Apiano, Hisp. 68 (se puede leer el texto en este enlace).
[19] Cf. Valerio Máximo II 7, 11 (el texto se encuentra en este enlace); Frontino, Strat. IV 1, 42 (el texto se hallará en el enlace).
[20] Ep. Ox. 53 (el texto se puede encontrar en este enlace). Quizá se refiera a esta victoria Ampelio (Liber memorialis 47, 3; el texto en latín se puede leer en el enlace): “Hasta el emperador Trajano quiénes fueron vencidos y por qué generales: El pueblo romano venció a los macedonios por obra del cónsul Flaminino; […] a los celtíberos y a Numancia por obra de Escipión Emiliano; a Lusitania y a su jefe Viriato por obra del mismo Escipión”.

[21] Cf. Orosio V 4, 12 (el texto se hallará en el enlace). De la ciudad de Buccia no se sabe más.
[22] Cf. Apiano, Hisp. 69 (para el texto, cf. el enlace); Diodoro XXXIII 1, 4 (el original se puede leer en este enlace); [Tito Livio] Per. LIV (para el texto, cf. el enlace); [Tito Livio] Ep. Ox. LIV (para el texto, cf. este enlace). No obstante, según Pseudo Aurelio Víctor fue Popilio el que hizo esta paz (para la traducción y texto, cf. más arriba). Cárax de Pérgamo (FgrH 103 Jacoby, 26-27) recuerda este tratado de paz: “Quinto, el general romano en ambas Hispanias, vencido por Viriato, hizo la paz con él” (Κόϊντος ὁ τῶν Ῥωμαίων πολέμαρχος ἐν ἀμφοτέραις ταῖς Ἱσπανίαις, ἡσσώμενος ὑπὸ Οὐριάθου σπονδὰς πρὸς αὐτὸν ἐποιήσατο). De la población de Erisane no se sabe nada; hay quienes la identifican con Arsa, que podría ser la actual Azuaga (Badajoz), cf. W. Hazlitt, “Arsa” y “Erisane”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 51 y p. 149 respectivamente.
[23] Cf. Apiano, Hisp. 70 (el texto se puede leer en este enlace); Diodoro de Sicilia XXXIII 1, 4 (véase el texto en el enlace).
[24] Cf. Diodoro de Sicilia XXXIII 19, 1 (para el texto, véase este enlace). Véase también Dión Casio XXII 75 (el texto griego se puede leer en el enlace). Sobre este Popilio, cf. W. Ihne, “Laenas. 6. M. Popillius, M. F. P. N. Laenas”, en W. Smith (ed.), II, p. 708; H. Volkmann, “Popillius. I. 6. M. P. Laenas”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 4, c. 1053.
[25] XXII 75 (el texto griego se encontrará en este enlace). La palabra κηδεστής, que hemos traducido por “cuñado”, puede designar a cualquier pariente político cercano (suegro, yerno, segundo marido de la madre, cuñado como hermano de la propia esposa o como marido de la hermana, etc.); los dos primeros no me han parecido probables por lo que veíamos en la primera parte del artículo acerca de las bodas de Viriato en el año 144 y acerca de su suegro Astolpas.
[26] Cf. Apiano, Hisp. 70 (para el texto, cf. este enlace); Dión Casio XXII 78, 1-3 (el texto se encuentra en este enlace).
[27] Strat. II 5, 7 (para el texto latino véase el enlace).
[28] Strat. II 13, 4 (puede verse el original en este enlace). Sobre Sertorio, cf. M. Deißmann-Merten, “Sertorius”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 5, c. 138-139; G. Long, “Q. Sertorius” en W. Smith (ed.), III, p. 789-792.
[29] Hisp. 62 (el texto se encontrará en este enlace).
[30] Segóbriga fue el nombre de varias poblaciones, la más conocida en el término municipal de Saélices (Cuenca), cf. K. Abel, “Segobriga”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 5, c. 73; W. Hazlitt, “Segobriga”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 312.
[31] Strat. III 10, 6 (para el texto véase este enlace).
[32] Strat. III 11, 4 (el original latino puede hallarse en el enlace).
[33] Para Segovia en la Antigüedad, cf. K. Abel, “Segovia”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 5, c. 74.
[34] Strat. IV 5, 22 (se puede consultar en texto en latín en este enlace).
[35] Per. LIV (para el texto, cf. el enlace). Ya hemos hecho referencia a la duración del mando de Viriato en la nota 14 de la primera parte de este artículo.
[36] Ep. Ox. LIV (el texto se puede consultar en este enlace). De los asesinos de Viriato no se sabe gran cosa, como se verá en los textos recopilados en este artículo.
[37] Ep. Ox. LV (para este texto véase el enlace).
[38] II 1, 3 (el texto latino se puede leer en este enlace).
[39] IX 6, 4 (el texto latino se encontrará en el enlace).
[40] La población de Orsón es la actual Osuna (Sevilla), cf. W. Hazlitt, “Urso”, The Classical Gazetter, Londres, 1851, p. 362; E. Olshausen, “Urso”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 5, c. 1072.
[41] XXXIII 21, 1 (el texto griego se puede leer en este enlace).
[42] Hisp. 74 (para el texto, cf. el enlace).
[43] Brev. IV 16 (se puede consultar el texto en este enlace).
[44] V 4, 14 (puede leerse en latín en este enlace). Orosio (V 23, 15; véase el texto original en el enlace) vuelve a mencionar que la recompensa fue denegada a los asesinos.
[45] Fr. 60 Müller (IV, p. 559); damos aquí el texto, que no resulta fácil de encontrar: Ὅτι κατὰ τὴν Ἰβηρίαν Βορίανθος ἦν ἀνὴρ ἀφανὴς τὸ γένος, εὐτελής τε τὴν ἐπιτήδευσιν, οὐδὲν ὅτι μὴ ποιμὴν τὸ κατ’ ἀρχάς· οὗτος μετὰ ταῦτα λῃστρικοῦ τινος ἡγήσατο τάγματος· τελευταῖον τοσαύτην περιεβάλετο δύναμιν, καὶ τοσαῦτα κοινωνῆσαί οἱ τῆς ἐπιχειρήσεως ἀνέπεισε γένη, ὡς ἀξιόμαχος νομισθῆναι Ῥωμαίοις, ἱκανός τε πρὸς τὴν ἀρχαίαν καὶ πάτριον τοὺς Ἴβηρας ἐπαναγαγεῖν πολιτείαν. Πρῶτος γοῦν Κόϊντος Κεκίλιος Μέτελλος ἐπὶ τόνδε τὸν πόλεμον στρατηγὸς ἐκπέμπεται, [ὃς] ἄριστα καὶ τῆς Ῥωμαίων δυνάμεως ἀξίως τοῖς ἀποστᾶσι Κελτιβῆρων προσεπολέμησε. Μηκυνομένου δὲ παρ’ ἐλπίδα τοῦ πολέμου, Kόϊντος Πομπήϊος αὖθις στρατηγὸς ἐξέπλει, μεθ’ ὃν Κόϊντος Καιπίων ἐπὶ τὸν αὐτὸν ἐξεπέμφθη πόλεμον. Ὧν μάλιστα πάντων ἕνεκα δείσαντες οἱ βάρβαροι, κτείνουσι τὸν Βορίανθον, τέσσαρα καὶ δέκα Ῥωμαίοις ἔτη ἐναντίων πολεμήσαντα· ταύτῃ προσάγεσθαι τὸν ἡγούμενον τῆς Ῥωμαϊκῆς στρατιᾶς εἰς εὔνοιαν αὐτῶν καὶ φειδὼ λογισάμενοι. Καὶ δὴ ἀφικόμενοι τῶν αὐθεντῶν τοῦ Βοριάνθου τινὲς ἆθλα τῶν περὶ τὸν ἄνδρα πεπραγμένων ἠξίουν παρὰ τοῦ ὑπάτου κομίζεσθαι. Οἷς ὁ Καιπίων ἀποκρίνεται, μηδαμῶς εἶναι Ῥωμαίοις ἔννομον ἐπαινείσθαι τὰς κατὰ τῶν στρατηγῶν τοῖς ἀρχομένοις ἐπιχειρουμένας ἐπιβουλάς. Cf. Suda, s. v. Βοριάνθος (β 396, Adler) [el texto del léxico Suda se hallará en el enlace].
[46] Diodoro XXXIII 1, 4 (el texto puede hallarse en este enlace); Apiano, Hisp. 75 (se puede consultar el original griego en el enlace). Del sucesor de Viriato no se sabe nada más, cf. W. Smith, “Tantalus”, en W. Smith (ed.), III, p. 975.
[47] Además de los textos que traducimos en esta conclusión, véanse los pasajes, citados anteriormente, de Floro (I 33, 15), Justino (XLIV 2, 7-8) o Dión Casio (XXII 73).
[48] XXXIII 1, 5 (puede leerse en griego en este enlace).

[49] Sobre estos apelativos, cf. H. Volkmann, “Euergetes”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 2, c. 412; H. Volkmann, “Soter”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 5, c. 289.
[50] XXXIII 21 (el texto original puede verse en el enlace).

[51] Sobre el origen de los combates de gladiadores como parte del ritual funerario, cf. R. Auget, Crueldad y civilización. Los juegos romanos, Barcelona, 1985, p. 8-11; A. Futrell, Blood in the Arena: The Spectacle of Roman Power, Austin, 1997, p. 18-24; G. Lafaye, “Gladiator”, en Ch. Daremberg – E. Saglio (eds.), 2-2, p. 1563-1565; W. Smith – A. S. Wilkins, “Gladiatores”, en W. Smith et al. (eds.), 1, p. 916.
[52] Cf. Hisp. 75 (el texto se puede consultar en este enlace). Sigue una exposición de las buenas cualidades de Viriato: “Tan gran añoranza dejó Viriato, el más capaz en el mando, aunque nacido entre bárbaros, el mayor amante del peligro en cualquier circunstancia y ante cualquier enemigo, y el más equitativo en el reparto del botín. Pues se había comprometido a no tomar nunca la parte mayor, aunque siempre lo invitaban a ello. Pero lo que recibía, lo daba a los más destacados. Por eso, aunque las circunstancias eran dificílisimas y para ningún general se hubieran desarrollado cómodamente, durante los ocho años de esta guerra su ejército heterogéneo se mantuvo unido, siempre sumiso y el más dispuesto ante los peligros”.
[53] Off. II 11 (para el texto latino véase el enlace). Sobre Bardulis, cf. H. G. Gundel, “Bardylis. 1.”, en K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), 1, c. 825; E. Elder, “Bardylis or Bardyllis” en W. Smith (ed.), I, p. 463.

NOTA BENE: Todos los enlaces fueron comprobados el 9 de enero de 2011.

 

Bibliografía

  • A. Coelho F. Silva, “O nome de Viriato”, Portugalia n. s. 24, 2003, p. 45-52.
  • Ch. Daremberg – E. Saglio (eds.), Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969).
  • Th. Grünewald, Bandits in the Roman Empire: myth and reality, Londres-New York, 2004.
  • R. López Melero, “Viriatus Hispaniae Romulus”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, H. Antigua, t. I, 1988, p. 247-262.
  • J. A. Monge, “Viriato”, Historia. National Geographic 84, 2010, p. 62-73.
  • M. Pastor Muñoz, Viriato, Madrid, 2004.
  • L. Pérez Vilatela, Lusitania: historia y etnología, Madrid, 2000.
  • E. Sánchez Moreno, “Algunas notas sobre la guerra como estrategia de interacción social en la Hispania prerromana: Viriato, jefe redistributivo (I)”, Habis 32, 2001, p. 149-169.
  • ——, “Algunas notas sobre la guerra como estrategia de interacción social en la Hispania prerromana: Viriato, jefe redistributivo (II)”, Habis 33, 2002, p. 141-174.
  • W. Smith (ed.), Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology, Boston, 1867.
  • W. Smith et al. (eds.), A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, Londres, 1890 (3ª edición).
  • K. Ziegler – W. Sontheimer (eds.), Der kleine Pauly, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).

 

Ilustraciones 

  1. Falcata ibera (Museo Arqueológico Nacional), hallada en Almedinilla, Córdoba (IV-III a. C.).
  2. Numancia, vista de las excavaciones.
  3. Estatua de Viriato en Zamora.
  4. Altorrelieve que representa un acróbata (Museo Arqueológico Nacional), hallado en Osuna, Sevilla (II-I a. C).

Articulos similares:

Licencia Creative Commons
“Hispania”: la verdad sobre Viriato (y ii) por Sebastián Martínez García (Dr. en filología clásica), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

Leave a comment

Add your comment below, or trackback from your own site. You can also subscribe to these comments via RSS.

Your email is never shared. Required fields are marked *

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD