“Iacta alea est” y otras frases de César

Dedicado al alumnado de bachillerato que cursa las asignaturas de Latín y Griego en el IES Can Vilumara

Muchas frases pronunciadas por personajes de la Antigüedad clásica han alcanzado celebridad y la han conservado a través de los siglos; entre ellas hay unas pocas atribuidas a Julio César. Aquí nos ocuparemos de algunas, con la intención de aclarar su sentido y su literalidad, concretamente de “La suerte está echada”, “Sólo César manda en César”, “La mujer de César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo” y “Llegué, vi, vencí”. Dejaremos para mejor ocasión la no menos famosa “Tú también, Bruto, hijo mío”.

Iacta alea est

Una madrugada del invierno de 50-49 a. C., Julio César atravesó con sus tropas el río Rubicón,(1) un hecho que constituyó una declaración de guerra contra Pompeyo, el comienzo de la segunda guerra civil.(2) En ese trance pronunció unas palabras que, andando el tiempo, se convirtieron en un lugar común: “La suerte está echada”, como solemos decir, cuando nos vemos obligados a actuar de una forma determinada o a sufrir las consecuencias de actos ajenos, sin tener alternativas.

En primer lugar, es menester recordar las palabras literales de César.(3) Tenemos varios testimonios del cruce de Rubicón conservados en sendos pasajes de Suetonio y Apiano, y en tres de Plutarco.(4) Leamos primero el texto de Suetonio:

Mientras dudaba, tuvo lugar el siguiente prodigio: de repente un individuo de una altura y belleza extraordinarias se apareció en la cercanía tocando la flauta; y como, para oír a éste, se aproximaran, además de numerosos pastores, también soldados desde sus puestos, y entre ellos también trompetas, el hombre saltó al río empuñando la trompeta que había arrebatado a uno y, tocando con enorme energía el instrumento, se fue hacia la otra orilla. Entonces César dijo: “Vayamos a donde nos llaman los prodigios de los dioses y la iniquidad de los enemigos. Lanzado ha sido el dado”. Así dijo.(5)

He traducido Iacta alea est de la forma más literal que he sido capaz, porque, de momento, nos interesan las palabras exactas de César. Iacta est es la tercera persona del singular pasiva del pretérito perfecto de indicativo del verbo iacio, “lanzar”, tiempo verbal que se suele traducir por pretérito perfecto simple o compuesto; mientras que el sustantivo alea significa “dado”, “juego de dados” o “azar”.

Por su parte, Apiano omite el prodigio y dibuja a Julio César sumido en sus pensamientos, mas por poco tiempo:

Y saliendo de su ensimismamiento, dijo a los presentes: “El retraso en atravesar este río, amigos, dará principio a mis males, pero el atravesarlo a los de todos los hombres”. Y tras decir esto como alguien inspirado por la divinidad, cruzó con decisión, pronunciando esta conocida frase: “El dado sea lanzado”.(6)

Así pues, lo que dijo César, según Apiano, difiere de la versión de Suetonio por el uso de una forma verbal diferente, un imperativo de perfecto (ἀνερρίφθω), pero más adelante volveremos sobre este detalle. El sustantivo κύβος, por su parte, significa “dado”, “as” (del dado), y en general designa objetos con forma cúbica.

A su vez, Plutarco recuerda este hecho histórico en tres ocasiones, de las cuales dedicaremos una atención especial a la versión que da en la biografía de Pompeyo:

Luego, como quienes se arrojan a un abismo insondable desde un despeñadero, cerró los ojos del pensamiento, corrió un velo ante el peligro y, después de exclamar ante los presentes tan sólo estas palabras en griego “Sea lanzado el dado”, hizo cruzar el ejército.(7)

Esta primera versión de Plutarco aporta dos elementos relevantes: su coincidencia en la forma verbal con Apiano y el testimonio de que Julio César se expresó en griego.

En la biografía de César, Plutarco repite también las dos palabras de la frase,(8) aunque omite decir en qué lengua; en cambio, en una recopilación de dichos de reyes y generales, Plutarco, sin anotar la lengua en que habló el general, dice algo ligeramente diferente, pues añade una palabra πᾶς, “todo”, de cuyo uso nos ocuparemos en seguida:

Y atravesó el río Rubicón de la prefectura gala contra Pompeyo diciendo: “Todo dado sea lanzado”.(9)

Por tanto, sólo uno de los cinco testimonios conservados dice expresamente que César habló en griego; sin embargo, podemos estar razonablemente seguros de ello, por lo que veremos a continuación.

En un fragmento de Menandro, autor griego del IV a. C., unos pocos versos procedentes de una comedia llamada ᾿Αρρηφορος ἢ αὐλητρίς, La arréforo(10) o la flautista, se leen exactamente las mismas palabras que las pronunciadas por Julio César. En el texto, conservado fragmentariamente, un personaje aconseja a otro que no se case:

Personaje 1º: No te cases, si tienes entendimiento, abandonando esta manera de vivir; es que yo también he estado casado: por eso te aconsejo que no lo hagas.
Personaje 2º: Decidida está la cosa: ¡sea lanzado el dado!
Personaje 1º: Hazlo, aunque ojalá te salves; que ahora te meterás en un verdadero mar de problemas, no el mar libio ni el Egeo donde de treinta barcos no se hunden tres, mientras que de los casados ni siquiera se ha salvado uno solo.(11)

Pero el personaje 2º está decidido a casarse y se ve capaz de hacer frente a lo que la suerte le depare.

Es posible que la expresión fuera ya corriente o tuviera un antecedente en un fragmento de Aristófanes, el célebre comediógrafo ateniense. A pesar de la falta de contexto, puesto que se ha conservado un único verso, es posible dar una traducción:

Entérate, por tanto, de que yo por ti tengo lanzado todo dado.(12)

En este caso, parece que un personaje ha hecho todo lo que estaba en su mano por otro y espera las consecuencias, como si los dados estuvieran aún en el aire o cubiertos por el cubilete. Llama, por otra parte, poderosamente la atención el uso de πᾶς, “todo”, en lo que coincide con las palabras atribuidas a Julio César en el último texto de Plutarco que hemos visto más arriba.

Acabaremos este breve recorrido por la historia de la expresión(13) con otro pasaje del propio Plutarco que presenta una situación en verdad interesante: se trata del encuentro entre Marco Junio Bruto y Mesala la víspera de la primera batalla de Filipos:

Y acabada la cena, cogiendo su mano de repente dijo en griego, como solía hacer cuando se mostraba amistoso, lo siguiente: “Te pongo por testigo, Mesala, de que estoy pasando por lo mismo que Pompeyo Magno, obligado como estoy a lanzar en una sola batalla el dado del destino de la patria. Tengamos, por tanto, buen ánimo, poniendo nuestros ojos en la suerte, de la que, aunque decidamos erróneamente, no sería justo desconfiar”. (14)

Este pasaje presenta numerosos puntos de contacto con el paso del Rubicón; Bruto se pone en manos de la suerte en un momento especialmente emotivo y decisivo para la historia de Roma y para la biografía de los protagonistas. Asimismo, Bruto emplea una expresión muy parecida a las palabras usadas por César y también lo hace hablando en griego.

Así pues, da la impresión de que entre los romanos la frase era bastante conocida bien por sus orígenes helénicos o bien por su uso por Julio César.(15) No hay duda de que César la pronunció en griego(16) y en un contexto particularmente emotivo, en lo que de una u otra manera inciden Suetonio, Plutarco y Lucano.(17) Sus palabras fueron literalmente ἀνερρίφθω κύβος o tal vez πᾶς ἀνερρίφθω κύβος. Como ya se ha dicho más arriba, la expresión está compuesta por el sustantivo κύβος, que significa “dado” y la forma verbal ἀνερρίφθω. Esta última es una tercera persona del singular del imperativo de perfecto(18) medio-pasivo de ἀναρρίπτω. Por tanto, la mejor traducción parece “Sea lanzado el dado”, del mismo modo que sería preferible corregir la versión latina de Suetonio que dábamos al comienzo de estas páginas en Iacta alea sit o Iacta alea esto, como ya adelantó Erasmo de Rotterdam.(19)

Por otra parte, resulta muy difícil decidir si en la expresión original de Julio César aparecía πᾶς (“todo”), pero no parece imposible, puesto que se conocen diversos juegos de azar, con dados o con tabas, con o sin cubilete, en los cuales se usaban varias piezas, sumando los puntos o valorando las combinaciones de las caras(20)

Aquella madrugada invernal la suerte no estaba echada para Julio César, ni los dados habían sido lanzados, ni el destino estaba decidido, sino que todo estaba en el aire y empezaba la partida entre él y Pompeyo: todo dado debía ser lanzado.

Interludio político-conyugal

Julio César tomó esposa cuatro veces; en relación con dos de ellas se vio envuelto en ciertas circunstancias en que pronunció frases que acabaron siendo célebres. Cuando aún no había alcanzado la edad adulta, su padre lo hizo casarse con Cosutia,(21) que pertenecía a una adinerada familia ecuestre. Pero al año siguiente de morir su progenitor, Julio César, que a la sazón era un jovencísimo paterfamilias, repudió a Cosutia y desposó a Cornelia,(22) de la que nació Julia. Cornelia era hija de Cinna; éste, que había sido partidario de Mario, había sido asesinado en Brindisi, cuando estaba en campaña contra Sila, quien se hizo con el poder en Roma. El caso es que Sila quiso obligar a César a repudiarla. Así lo cuenta Suetonio en el comienzo de su biografía de Julio César:

Durante el decimosexto año de su vida perdió a su padre; y durante el siguiente consulado, fue nombrado sacerdote de Júpiter; habiendo repudiado a Cosutia, una joven de familia ecuestre, pero muy rica, a la que había desposado adolescente, tomó por esposa a Cornelia, hija de Cinna, el que había sido cuatro veces cónsul, y de ella pronto nació Julia; y de ningún modo pudo ser obligado por el dictador Sila a repudiarla. Por ello, privado del sacerdocio, de la dote de su esposa y de la herencia familiar, era víctima de tantas acusaciones, que se veía forzado a desaparecer de la vida pública, a cambiar casi cada noche de escondite aun enfermo de unas graves fiebres cuartanas y a rescatarse de sus perseguidores con dinero, hasta que alcanzó el perdón por intercesión de las vírgenes Vestales, de Mamerco Emilio y de Aurelio Cota, parientes y aliados suyos.(23)

Así pues, César escapó como pudo de las asechanzas de los partidarios de Sila, como también relatan con mayor o menor detalle, además de Suetonio, Plutarco(24) y Veleyo Patérculo.(25) Ahora bien, no he sido capaz de atestiguar en ningún autor antiguo la frase “En César sólo manda César”, que, según se dice, pronunció Julio César, cuando el mensajero de Sila le dijo que se divorciase de Cornelia. Parece, por tanto, una falsificación.

Mucho tiempo después, en el año 62 Publio Clodio Pulcro(26) se introdujo en casa de Julio César durante los preparativos para las celebraciones de la Bona Dea; iba disfrazado de mujer, ya que a los hombres les estaba vedado el acceso. Fue descubierto y procesado. El desarrollo de los acontecimientos fue complicado, pues implicaba a importantes políticos romanos, partidarios y detractores de Clodio. En resumidas cuentas, fue absuelto, al parecer gracias a los sobornos. Por su parte, Julio César, aun negándose a testimoniar en el proceso, para lo que alegó desconocimiento de los hechos, repudió a su esposa Pompeya.
La frase que se suele atribuir a Julio César como justificación de sus actos, “La mujer de César no sólo debe ser honrada, sino también parecerlo”, debe de ser una vulgarización de unas palabras suyas recogidas por Plutarco en su biografía de Cicerón:

Ciertamente César, que había sido llamado como testigo, no declaró contra Clodio, y sostuvo que no conocía ningún acto adúltero de su mujer, aunque la había repudiado, porque era preciso que el matrimonio de César no sólo estuviera limpio de actos deshonrosos, sino también de mala fama.(27)

En su biografía de César, Plutarco relata los acontecimientos con más detalle, aunque la versión de lo que dijo Julio César queda más desfigurada:

César repudió a Pompeya inmediatamente y, siendo llamado al juicio como testigo, afirmó no conocer ninguno de los actos de que se acusaba a Clodio. Y pareciendo tan extraña su afirmación, cuando el acusador le preguntó “Entonces ¿cómo has repudiado a tu mujer?”, contestó “porque consideré que mi mujer ni siquiera puede ser objeto de sospechas”. Unos afirman que César respondió esto, porque así pensaba, pero otros que por agradar al pueblo, deseoso de salvar a Clodio.(28)

En suma, la frase que se le atribuye (“La mujer de César etc.”) se corresponde bastante bien con las circunstancias y con el sentido de sus palabras, según las recogen los historiadores antiguos.

Veni uidi uici

En el año 47 a. C., acabada la guerra civil, que había empezado con el paso del Rubicón, Julio César regresó a Roma por tierra desde Egipto a través de Asia Menor, donde derrotó a Farnaces II, rey del Ponto,(29) obteniendo una gran victoria en la batalla de Zela.(30) La campaña contra Farnaces duró en total cinco días, de manera que Julio César bien pudo escribir:(31)

Veni uidi uici.

Es decir, “He llegado, he visto, he vencido” o bien “Llegué, vi, vencí”, según se entienda que la frase nació poco después de la victoria o que transcurrió algún tiempo más; en seguida nos ocuparemos de este asunto.

Cada una de estas tres formas verbales es naturalmente una primera persona del singular activo del pretérito perfecto de indicativo de los verbos venio, video y vinco, respectivamente.

Estilísticamente se trata de una frase trimembre o trícolon, en asíndeton (no hay conjunciones) y se puede reconocer una hendiatris (un concepto -“victoria fulminante”- expresado a través de tres nociones coordinadas o, como aquí, yuxtapuestas). En el plano sonoro se combina un tautograma (un modo de aliteración en que todas las palabras comienzan por la misma letra) con un homeoteleuton (coincidencia en los finales de palabra), siendo también notable el que sólo se usen seis sonidos distintos (u e i n d c). La expresión es extremadamente lacónica y adopta forma de gradación o clímax, ya que reserva para el final el hecho esencial. El biógrafo Plutarco se percata de algunos de estos detalles:

Por cierto, en latín estas palabras, que acaban en la misma terminación verbal, hacen gala de una concisión no inexpresiva.(32)

Ya he aludido más arriba al contexto histórico, pero ahora quisiera dedicar unas líneas al uso que, de acuerdo con los historiadores antiguos dio Julio César a la frase. Una de las versiones antiguas pertenece a Plutarco, quien señala que con estas tres palabras César comunicó la victoria por carta a un amigo:

Y cuando anunció a Roma la celeridad y la rapidez de esta victoria, escribió a Macio, uno de sus amigos, tres palabras “He llegado, he visto, he vencido”.(33)

A su vez, el historiador Suetonio lo cuenta así:

Para el triunfo en el Ponto entre los “fercula” del cortejo destacó un lema de tres palabras “Llegué, vi, vencí”, que aludía, no como los otros, a los hechos de la guerra, sino como recuerdo a su pronto fin.(34)

A diferencia de Plutarco, Suetonio informa de que la frase fue usada como lema acompañando el desfile. No obstante, tal vez no sea muy desatinado pensar que sucedieron ambas cosas; a Julio César se le ocurrió la frase, cuando escribía a su amigo, y, encontrándola afortunada, la usó entre los lemas de su cortejo triunfal.

A modo de conclusión

En este artículo hemos podido ver la variada suerte de cuatro frases atribuidas a Julio César; cada una de ellas, que tuvo su origen en circunstancias muy diversas, posee cierta notoriedad. Hemos visto que dos de ellas, ἀνερρίφθω κύβος (“Sea lanzado el dado”) y Veni vidi vici, acuñadas en momentos muy concretos de su vida política y militar, fueron conservadas en su literalidad, aunque la primera sufrió las consecuencias de una interpretación errónea bien a causa de una traducción desacertada al latín o bien a causa de una transmisión textual defectuosa.

En cambio, “Sólo César manda en César” parece una falsificación, puesto que no ha sido posible atestiguarla en los textos antiguos, a pesar de que las circunstancias históricas con que se ha relacionado la frase son ciertas. Finalmente, “La mujer de César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo” no se corresponde con las palabras exactas que han conservado los historiadores antiguos, aunque sí con su sentido.

NOTAS

1     Para el Rubicón, véase W. HAZLIT, “Rubico”, Classical Gazetter, 1851, p. 296-297; G. RADKE, “Rubico, Rubicon”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 4, 1462.
2     Sobre la segunda guerra civil, cf. el apartado 1. El contexto histórico de nuestro artículo “Espártaco en los autores antiguos (I)”, Sarasuati, 6-II-2010 (http://www.sarasuati.com/espartaco-en-los-autores-antiguos-i/), y la bibliografía que allí se cita en la nota 5.
3     Ha habido quienes, como W. Drumman – P. Groebe y H. Peters, han puesto en duda la autenticidad de la frase, pero sus argumentos no son sólidos, véase M. MARKOVIC, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, Z. Ant., 2, 1952, p. 63.
4     Son, por otra parte, espléndidos los versos de la Farsalia (I 183 ss.), que empiezan Iam gelidas Caesar cursu superaverat Alpes, pero en ellos Lucano no alude a esta frase.
5     Iul. 32: Cunctanti ostentum tale factum est. quidam eximia magnitudine et forma in proximo sedens repente apparuit harundine canens; ad quem audiendum cum praeter pastores plurimi etiam ex stationibus milites concurrissent interque eos et aeneatores, rapta ab uno tuba prosiliuit ad flumen et ingenti spiritu classicum exorsus pertendit ad alteram ripam. tunc Caesar: “eatur,” inquit, “quo deorum ostenta et inimicorum iniquitas uocat. Iacta alea est,” inquit.
6     BC II 5.35: καὶ πρὸς τοὺς παρόντας εἶπεν ἀνενεγκών· “ἡ μὲν ἐπίσχεσις, ὦ φίλοι, τῆσδε τῆς διαβάσεως ἐμοὶ κακῶν ἄρξει, ἡ δὲ διάβασις πᾶσιν ἀνθρώποις.” καὶ εἰπὼν οἷά τις ἔνθους ἐπέρα σὺν ὁρμῇ, τὸ κοινὸν τόδε ἐπειπών· “ὁ κύβος ἀνερρίφθω.”
7     Pomp. 60.2: εἶτα, ὥσπερ οἱ πρὸς βάθος ἀφιέντες ἀχανὲς ἀπὸ κρημνοῦ τινος ἑαυτούς, μύσας τῷ λογισμῷ καὶ παρακαλυψάμενος πρὸς τὸ δεινόν, καὶ τοσοῦτον μόνον ᾿Ελληνιστὶ πρὸς τοὺς παρόντας ἐκβοήσας, “᾿Ανερρίφθω κύβος,” διεβίβαζε τὸν στρατόν.
8     Caes. 32.8: “Mas al final, como lanzándose con valentía, contra todo cálculo, hacia el futuro, una vez hubo pronunciado ese preludio ya célebre para quienes se meten en aventuras arriesgadas y acciones temerarias «Sea lanzado el dado», se dio prisa en cruzar el río y, avanzando ya desde entonces a la carrera, cayó sobre Arimino antes del día y se apoderó de ella”. (τέλος δὲ μετὰ θυμοῦ τινος ὥσπερ ἀφεὶς ἑαυτὸν ἐκ τοῦ λογισμοῦ πρὸς τὸ μέλλον, καὶ τοῦτο δὴ τὸ κοινὸν τοῖς εἰς τύχας ἐμβαίνουσιν ἀπόρους καὶ τόλμας προοίμιον ὑπειπὼν “ἀνερρίφθω κύβος,” ὥρμησε πρὸς τὴν διάβασιν, καὶ δρόμῳ τὸ λοιπὸν ἤδη χρώμενος, εἰσέπεσε πρὸ ἡμέρας εἰς τὸ ᾿Αρίμινον, καὶ κατέσχε.).
9     Mor. 206b: Καὶ διέβη τὸν Ῥουβίκωνα ποταμὸν ἐκ τῆς Γαλατικῆς ἐπαρχίας ἐπὶ Πομπήιον εἰπών “πᾶς ἀνερρίφθω κύβος.”
10     Las arréforos eran cuatro niñas atenienses de familia noble escogidas por el arconte basileo para llevar en la procesión los objetos sagrados de Atenea Polia; sobre esta celebración, véase HUNZIKER, “Arrhephoria”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 1-1, p. 440-441. L. SCHMITZ, “Arrhephoria”, en W. SMITH ET AL. (eds.), 1, p. 193-194.
11     Fr. 59 Koerte (conservado en el XIII 559e de los Deipnosophistai de Ateneo de Náucratis): οὐ γαμεῖς, ἂν νοῦν ἔχῃς, | τοῦτον καταλείπων τὸν βίον. γεγάμηκα γὰρ | καὐτός· διὰ τοῦτό σοι παραινῶ μὴ γαμεῖν. | Β. δεδογμένον τὸ πρᾶγμ’· ἀνερρίφθω κύβος. | Α. πέραινε, σωθείης δέ· νῦν ἀληθινὸν | εἰς πέλαγος αὑτὸν ἐμβαλεῖς γὰρ πραγμάτων, |οὐ Λιβυκὸν οὐδ’ Αἰγαῖον , | οὗ τῶν τριάκοντ’ οὐκ ἀπόλλυται τρία | πλοιάρια· γήμας δ’ οὐδὲ εἶς σέσωσθ’ ὅλως.
12     Fr. 929 PCG: φράζε τοίνυν, ὡς ἐγώ σοι πᾶς ἀνέρριμμαι κύβος.
13     Y parece que siguió en boga durante bastante tiempo, pues encontramos versiones de la frase, por ejemplo, en Luciano, Pr.Im. 16, Harm. 3.
14     Brut. 40.3: παυσαμένου δὲ τοῦ δείπνου, λαβόμενον τῆς χειρὸς αὐτοῦ σφόδρα τοσοῦτον εἰπεῖν, ὥσπερ εἰώθει φιλοφρονούμενος, ῾Ελληνικῇ φωνῇ· “μαρτύρομαί σε Μεσσάλα ταὐτὰ Πομπηίῳ Μάγνῳ πάσχων, ἀναγκαζόμενος διὰ μιᾶς μάχης ἀναρρῖψαι τὸν περὶ τῆς πατρίδος κύβον. ἀγαθὴν μέντοι ψυχὴν ἔχωμεν, εἰς τὴν Τύχην ἀφορῶντες, ᾗ, κἂν βουλευσώμεθα κακῶς, ἀπιστεῖν οὐ δίκαιον.”
15     Plutarco hace hincapié en la fama de la frase en el texto de Caes. 32.8, que hemos reproducido y traducido en la nota 8.
16     Para Julio César y su uso de esta lengua, cf. M. DUBUISSON, “Toi aussi, mon fils!”, Latomus, 39, 1980, p. 886-887; H. GLAESENER, “Un mot historique de César”, AC, 22, 1953, p. 104, nota 1; M. MARKOVIC, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, Z. Ant., 2, 1952, p. 63. En general, sobre la educación en Roma y la lengua griega, su influencia sobre el latín y el uso de la lengua helénica entre los romanos, por ejemplo cf. H.-I. MARROU, Historia de la educación en la antigüedad, Madrid, 1985, p. 314-343; F. RODRÍGUEZ ADRADOS, Historia de la lengua griega, Madrid, 1999, p. 173 ss.
17     El poeta de la Farsalia con el diálogo entre César y Roma (I 190-203).
18     Para el uso del imperativo de perfecto, cf. M. BASILE, Sintassi storica del greco antico, Bari, 2001, p. 469-470; G. L. COOPER, Attic Greek Prose Syntax, vol. 1, Michigan, 2001 (4ª ed.), p. 630-631.
19    Sobre correcciones propuestas al texto de Suetonio y traducciones erróneas, cf. M. MARKOVIC, “Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”, Z. Ant., 2, 1952, p. 63-64.
20     Sobre los juegos de dados, cf. G. HUMBERT, “Alea”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 1-1, p. 179-180; G. LAFAYE, “Tessera”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 5, p. 125-136; O. W. REINMUTH, “Alea 2”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 1, 239; W. SMITH, “Alea”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 74-75; J. YATES, “Tessera”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 1112-1113. Sobre las tabas, cf. G. LAFAYE, “Talus”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 5, p. 28-31; J. YATES, “Talus”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p.1095-1096. Y para el cubilete, cf. W. H. GROß, “Fritillus”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 2, 615; E. SAGLIO, “Fritillus”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 2-2, p. 1341-1342; J. YATES, “Fritillus”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 548.
21     Acerca de Cosutia (de la cual de hecho no se sabe más que lo que cuenta Suetonio en el texto que citamos), cf. L. ULRICHS, “Cossutia”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 886.
22     Sobre Cornelia, cf. H. G. GUNDEL, “Cornelius 94. Cornelia”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (EDS.), 1, 1314; L. SCHMITZ, “Cornelia 2”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 854.
23     Iul. 1.1-2: Annum agens sextum decimum patrem amisit; sequentibusque consulibus flamen Dialis destinatus dimissa Cossutia, quae familia equestri sed admodum dives praetextato desponsata fuerat, Corneliam Cinnae quater consulis filiam duxit uxorem, ex qua illi mox Iulia nata est; neque ut repudiaret compelli a dictatore Sulla ullo modo potuit. Quare et sacerdotio et uxoris dote et gentilicis hereditatibus multatus diversarum partium habebatur, ut etiam discedere e medio et quamquam morbo quartanae adgravante prope per singulas noctes commutare latebras cogeretur seque ab inquisitoribus pecunia redimeret, donec per virgines Vestales perque Mamercum Aemilium et Aurelium Cottam propinquos et adfines suos veniam impetravit.
24     Caes. 1.1: “Cuando Sila se alzó con el poder, como no fue capaz ni con promesas ni con amenazas de conseguir que César repudiase a Cornelia, la hija del dictador Cinna, confiscó la dote”. (Τὴν Κίννα τοῦ μοναρχήσαντος θυγατέρα Κορνηλίαν ὡς ἐπεκράτησε Σύλλας οὔτ’ ἐλπίσιν οὔτε φόβῳ δυνηθεὶς ἀποσπάσαι Καίσαρος, ἐδήμευσε τὴν φερνὴν αὐτῆς.)
25     II 41.2: “Como César fuese pariente de sangre muy cercano de C. Mario y yerno de Cinna, a cuya hija no había podido obligar a repudiar bajo ninguna amenaza, mientras que M. Pisón, que había sido cónsul, había repudiado a Annia, que había sido esposa de Cinna, por complacer a Sila, y como tuviese casi dieciocho años en aquel tiempo en que Sila se hizo con el poder, buscándolo para darle muerte los subordinados y ayudantes de Sila más que el propio Sila, se cambió de ropa y escapó de la ciudad durante la noche llevando una vestimenta inadecuada para su fortuna”. (Cum fuisset C. Mario sanguine coniunctissimus atque idem Cinnae gener, cuius filiam ut repudiaret nullo metu compelli potuit, cum M. Piso consularis Anniam, quae Cinnae uxor fuerat, in Sullae dimisisset gratiam, habuissetque fere duodeviginti annos eo tempore, quo Sulla rerum potitus est, magis ministris Sullae adiutoribusque partium quam ipso conquirentibus eum ad necem mutata veste dissimilemque fortunae suae indutus habitum nocte urbe elapsus est).
26     Sobre Publio Clodio Pulcro, cf. H. G. GUNDEL, “Clodius 8”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 1, 1227-1228; C. P. MASON, “Claudius 40. P. Clodius Pulcher”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 771-774.
27     Cic. 29.9: ὁ μέντοι Καῖσαρ οὐ κατεμαρτύτησε κληθεὶς ἐπὶ τὸν Κλώδιον, οὐδ’ ἔφη μοιχείαν κατεγνωκέναι τῆς γυναικός, ἀφεικέναι δ’ αὐτὴν ὅτι τὸν Καίσαρος ἔδει γάμον οὐ πράξεως αἰσχρᾶς μόνον, ἀλλὰ καὶ φήμης καθαρὸν εἶναι. También lo recoge entre los Dichos de reyes y generales Plutarco (Mor. 206a): “Al preguntarle el acusador «¿Por qué entonces la has repudiado?», «Porque la mujer de Cesar -dijo- debía estar limpia incluso de calumnias»”. (ἐρομένου δὲ τοῦ κατηγόρου “διὰ τί τοίνυν ἐξέβαλες αὐτήν”, “ὅτι τὴν Καίσαρος” ἔφη “γυναῖκα καὶ διαβολῆς ἔδει καθαρὰν εἶναι.”).
28     Caes. 10.8-10: ὁ δὲ Καῖσαρ ἀπεπέμψατο μὲν εὐθὺς τὴν Πομπηΐαν, μάρτυς δὲ πρὸς τὴν δίκην κληθείς, οὐδὲν ἔφη τῶν λεγομένων κατὰ τοῦ Κλωδίου γιγνώσκειν. ὡς δὲ τοῦ λόγου παραδόξου φανέντος ὁ κατήγορος ἠρώτησε “πῶς οὖν ἀπεπέμψω τὴν γυναῖκα;” “ὅτι” ἔφη “τὴν ἐμὴν ἠξίουν μηδ’ ὑπονοηθῆναι.” ταῦθ’ οἱ μὲν οὕτω φρονοῦντα τὸν Καίσαρα λέγουσιν εἰπεῖν, οἱ δὲ τῷ δήμῳ χαριζόμενον, ὡρμημένῳ σῴζειν τὸν Κλώδιον.
29     Sobre Farnaces, cf. E. H. BUNBURY, “Pharnaces II”, en W. SMITH (ed.), 3, p. 241-242; H. VOLKMANN, “Pharnakes 2”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 4, 716.
30     Sobre el lugar, véase W. Hazlit, “Zela”, Classical Gazetter, 1851, p. 367; E. OLDSHAUSEN, “Zela”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 5, 1489.
31     Así lo glosa Floro (II 13): “El rey Farnaces, por confianza en nuestra desunión más que en su propia valentía, se precipitaba con un ejército dispuesto contra Capadocia. Pero César lo atacó y en un solo combate y, por así decir, no completo, lo aplastó a la manera de un rayo, puesto que, en un solo y único movimiento, llegó, golpeó y se marchó. Y no fue en vano la jactancia de César, cuando dijo que el enemigo fue vencido antes de ser visto”. (Rex Pharnaces magis discordiae nostrae fiducia quam suae virtutis infesto in Cappadociam agmine ruebat. Sed hunc Caesar adgressus uno et, ut sic dixerim, non toto proelio obtrivit, more fulminis, quod uno eodemque momento venit, percussit, abscessit. Nec vana de se praedicato est Caesaris, ante hostem victum esse quam visum).
32     Caes. 50.4: ῾Ρωμαϊστὶ δ᾿ αἱ λέξεις, εἰς ὅμοιον ἀπολήγουσαι σχῆμα ῥήματος, οὐκ ἀπίθανον τὴν βραχυλογίαν ἔχουσιν.
33     Caes. 50.3: καὶ τῆς μάχης ταύτης τὴν ὀξύτητα καὶ τὸ τάχος ἀναγγέλλων εἰς ῾Ρώμην πρός τινα τῶν φίλων Μάτιον ἔγραψε τρεῖς λέξεις· ἦλθον, εἶδον, ἐνίκησα. El tal Macio es probablemente C. Macio Calvena, un amigo íntimo de César, cf. H. G. GUNDEL, “Matius 1”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 3, 1080; L. Schmitz, “Calvena, C. Matius”, en W. SMITH (ed.), 1, p. 583-584. Más resumidamente recoge Plutarco esta expresión en otro lado (Mor. 206e): “Y después de haber vencido a Farnaces el rey del Ponto, escribió al punto a sus amigos «He llegado, he visto, he vencido»”. (Φαρνάκην δὲ νικήσας τὸν Ποντικὸν ἐξ ἐφόδου πρὸς τοὺς φίλους ἔγραψεν “ἦλθον εἶδον ἐνίκησα.”)
34     Iul. 37: Pontico triumpho inter pompae fercula trium uerborum praetulit titulum “veni, vidi, vici non acta belli significantem sicut ceteris, sed celeriter confecti notam. Para el uso de los fercula, cf. W. H. GROß, “Ferculum”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 2, 535; P. PARIS, “Ferculum I”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 2-2, p. 1040-1041. W. SMITH, “Ferculum”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 528. Sobre los triumphi y los titula, cf. R. CAGNAT, “Triumphus”, en CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), 5, p. 488-491; W. RAMSAY, “Triumphus”, en W. SMITH ET AL. (eds.), p. 1163-1167; H. VRETSKA, “Triumphus”, en K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), 5, 973-974.

Índice de ilustraciones

1. C. Julio César, busto del I d. C (Altes Museum de Berlín).
2. Pompeyo, estatua romana restaurada (Villa Arconati en Castellazzo di Bollate).
3. Plutarco (grabado de la traducción de las Vidas paralelas de Amyot, 1565).

Bibliografía

  • E. BICKEL, “Iacta alea est”, Paideia, 7, 1952, p. 269-273.
  • L. CANFORA, Julio César, un dictador democrático, Barcelona, 2000.
  • J. CARCOPINO, Julio César, Madrid, 2004.
  • CH. DAREMBERG – E. SAGLIO (eds.), Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines, París, 1877-1919 (reimpr. Graz, 1969).
  • H. GLAESENER, “Un mot historique de César”, AC, 22, 1953, p. 103-105.
  • A. GOLDSWORTHY, César, Madrid, 2007.
  • J. HENDERSON, Fighting for Rome: Poets and Caesars, History, and Civil War, Cambridge, 1998.
  • V.-J. HERRERO LLORENTE, Diccionario de expresiones y frases latinas, Madrid, 1985 (2ª edición).
  • T. HOLLAND, Rubicón. Auge y caída de la República romana, Barcelona, 2005.
  • M. MARKOVIC, “Шта је Цезар заправо рекао прелазеђи Рубикон?”, Z.Ant., 2, 1952, p. 53-64 (artículo en serbio con un resumen en alemán -“Was hat Caesar bei Rubico eigentlich gesagt?”- en las dos últimas páginas).
  • W. SMITH (ed.), Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology, Boston, 1867.
  • W. SMITH ET AL. (eds.), A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, Londres, 1890 (3ª edición).
  • K. ZIEGLER – W. SONTHEIMER (eds.), Der kleine Pauly, Munich, 1964-1975 (reimpr. 1979).

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“Iacta alea est” y otras frases de César por Sebastián Martínez García (Dr. en filología clásica), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

6 Comments

  • 1 enero 2011 | Permalink |

    muy buena descripcion de estas famosa frases ,leonardo
    desde argentina,buenos aires

  • 3 enero 2011 | Permalink |

    Muchas gracias por sus palabras, Leonardo. En esta sección tratamos de acercar a los lectores el mundo clásico de una manera profunda y reflexiva, y pretendemos publicar trabajos documentados y serios. Espero que también lea mi artículo sobre la famosa frase “Tú también, Bruto, hijo mío” atribuida a Julio César.Le deseo un próspero año 2011.

  • DAVE LEON
    6 diciembre 2012 | Permalink |

    Genial. Me ha encantado tu lectura, no tengo mucho tiempo libre y me gusta, cuando dedico un tiempo a la lectura, sentir que mi tiempo no ha sido desperdiciado.
    Muchas Gracias.
    Un saludo desde España David López Pérez
    Maestro de Primaria, De Educación Física, Inglés, y futuro Ingeniero en Informática.

  • 9 diciembre 2012 | Permalink |

    Muchas gracias por tu comentario, David López. Espero que también te hayan gustado mi artículo sobre otra frase famosa de Julio César (http://www.sarasuati.com/%ce%ba%ce%b1%e1%bd%b6-%cf%83%e1%bd%ba-%cf%84%e1%bd%b3%ce%ba%ce%bd%ce%bf%ce%bd%cd%be-%c2%bftu-tambien-hijo/) y mi trabajo sobre frases procedentes de Juvenal (http://www.sarasuati.com/%e2%80%9cpanem-et-circenses%e2%80%9d-y-otras-frases-celebres-de-juvenal/).
    Un saludo, también desde España,
    Sebastián Martínez

  • 27 diciembre 2013 | Permalink |

    Este sitio web es realmente un paseo a través de toda la información que deseaba sobre este este tema tan interesante y no sabía a quién preguntar .

  • Sebastián Martínez
    15 enero 2014 | Permalink |

    Muchas gracias por el comentario a “salones eventos asturias”; espero que mis otros artículos sobre frases de César y Juvenal hayan sido también de su agrado.

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