Inicios de la Soberania Popular en las colonias Norteamericanas.

 

     El siglo XVII tuvo una gran repercusión en el papel de la soberanía popular en el mundo anglosajón. Nos encontramos en la época en la que el Absolutismo, identificado en su más claro exponente en la Francia de Luis XIV, es la tendencia en Europa que acabará siendo la norma entre las distintas coronas del viejo continente. En Inglaterra, en cambio, vemos como existe un cierto desencanto con esta tendencia, sobre todo por las implicaciones religiosas que ella implica. Estos cambios en la madre patria serán magnificados en sus colonias de Norteamérica. Las nuevas tendencias políticas, junto a las duras implicaciones religiosas y la semi-independencia gubernamental que disfrutan en las colonias acabaran creando un movimiento de Soberanía Popular que finalizará, casi sin querer, en una declaración de Independencia que no será simplemente un cisma irreconciliable, sino que un grito hacia las libertades individuales y hacia la libertad del pueblo.

 

Soberania Popular     Para que una minoría (sea parlamentaria o monárquica) pueda gobernar a una mayoría, tienen que existir una serie de ficciones políticas y culturales que sean tomadas como reales dentro de la mentalidad de una sociedad. El cambio del Derecho divino de los Reyes hacia una Soberanía Popular implica la suplantación en los modelos mentales de una sociedad de una ficción por otra. En la Inglaterra de principios del siglo XVII, con Jacobo I a la cabeza, la ficción del derecho divino de los reyes llegó a su punto más alto. El profundo sentimiento anti-papista era una marca de identidad de la sociedad inglesa, que venia corroborada con la hostilidad de Jacobo I hacia Roma. En esa época, el Rey era el lugarteniente de Dios, por lo tanto no podía equivocarse, y si lo hacía era por culpa de los malos consejos de sus súbditos; todos los demás mortales eran simplemente súbditos de su Majestad. Esta tendencia fue la norma en todo momento, hasta cuando estalló la Guerra Civil entre el Rey y el Parlamento. Incluso en esos momentos de franca tensión, voces en el Parlamento afirmaban que el cuerpo real y legal del Rey estaba con ellos en Westminster, mientras que su equivocada persona dirigía su ejercito contra el del Parlamento [1]. Aun así, estaba claro que una nueva ficción era necesaria para justificar un gobierno que asumiese el poder por encima del Rey. Así pues, se argumentó que, siendo Dios la fuente de toda autoridad, Éste se le daba al Parlamento al ser el verdadero representante del Pueblo. Este cambio ideológico no es tan abrupto como puede parecer a primera vista, pues en sí no niega las viejas ideas, sino que las reinterpreta dándole un nuevo uso. El pueblo era el que, en la antigüedad, había elegido al soberano como su gobernante. La ceremonia de coronación podría considerarse, vagamente, como un consentimiento popular. Así pues, la autoridad depositada en el pueblo a través de la benevolencia de Dios pasará de la Monarquía al Parlamento, pues este último es el representante del pueblo (los miembros del Parlamento eran elegidos localmente en los diferentes condados). Esta nueva ideología fue defendida fundamentalmente por Henry Parker, cuyos escritos influenciarán posteriormente a pensadores como John Locke o James Harrington. Obviamente, esta nueva ficción venia acompañada de una serie de inconvenientes que sus propios defensores veían con cierta cautela. Si la soberanía recaía sobre el pueblo, o sus representantes, ¿Quienes tenían derecho a votar? Un Parlamento no podía ser una suma de gentes sin preparación, pues dicho gobierno sería un camino hacia la anarquía. Así pues, desde el Parlamento y el nuevo establishment se consiguió solucionar el problema dando voto solo a una minoría adinerada de la población, asegurándose así el control de este nuevo estamento gubernamental por parte de las clases más altas de la sociedad. El conocido como Parlamento Largo fue poco a poco alejándose del pueblo, tanto por su larga duración (y, por lo tanto, sin elecciones) como por su debilidad ante el ejercito (el cual controlaba a los miembros del Parlamento y echaba a aquellos contrarios a la postura de su general: Oliver Cromwell).

 

     Tras la muerte del Lord Protector y la restauración de la Monarquía, una nueva era comenzaba. Aunque parezca paradójico, los miembros del Parlamento aun sentían la necesidad de tener una figura superior, por eso le ofrecieron el trono al hijo del Rey Decapitado, Carlos II. El nuevo Rey intentó estar a la altura de las nuevas circunstancias de la época. Aun así, el Parlamento, cuando se le llamaba, no era totalmente sumiso a las peticiones del Rey. Las causa de la desconfianza por parte de los comunes eran varias. Primero, las mentiras compulsivas del Rey, sobre todo a la hora de justificar sus gastos, hizo que el Parlamento desconfiara de su persona. Segundo, aunque nunca demostró abiertamente su catolicismo romano, el simple echo de no combatirlo abierta y contundentemente era muy mal visto por todas las clases sociales de la época. Tercero, Carlos II fue restaurado por el Parlamento, con lo que parecía que el Parlamento era el único estatuto que podía mantenerlo. Si le unimos que Carlos II no tenia descendencia y que, a su muerte, su sucesor iba a ser su hermano Jacobo II, un católico con pocas, por no decir ninguna, miras políticas. A través de influencias y compra de escaños, Carlos II, antes de su muerte, consiguió imponer un Parlamento con una aplastante mayoría Tory (La facción política más monárquica). Aún así, su hermano no tardó ni tres años en perder esa ventaja y tener que irse corriendo por la puerta de atrás para evitar un enfrentamiento con el nuevo Rey invitado por el parlamento: Guillermo de Orange. SeRetrato de Guillermo de Orange (William III)a como sea, vemos como el fanatismo religioso (y sobretodo el miedo a la introducción del Catolicismo en Inglaterra) fue el desencadenante de que el propio Parlamento hiciese abdicar al Rey a favor de otro más a su gusto: El marido protestante de María Estuardo. Así pues, aunque durante estos 20 años se podría ver una vuelta hacia atrás, hacia el camino del absolutismo, yo creo que este periodo sirvió para que, en época de paz, los miembros del Parlamento afirmasen esta nueva ficción en la cual son ellos los que deciden no solamente cuánto dinero hay que dar, sino que también a quién hay que dárselo. La coronación de Guillermo de Orange fue debidamente acompañada con la lectura de la conocida Bill of Rights que, entre otras premisas, prohibía al Rey tanto la creación de leyes o impuestos como la manutención de un ejercito en tiempos de paz sin la debida aprobación del Parlamento. A través de esta ley, el Parlamento aprovó la Triennal Act, por la que el Parlamento tiene que ser re-elegido cada 3 años (evitando así Parlamento muy largos). Por lo tanto, la Declaración de Derechos de 1689 fue el primer paso en firme hacia no solamente una soberanía popular, sino que también hacia una nueva manera de ver el mundo que muchos pensadores de la época transmitirían al resto del planeta.

 

 

     Las Colonias norteamericanas, por su propia idiosincrasia, tendieron rápidamente hacia las asambleas representativas  populares. Al principio, estas asambleas no se constituían a partir de la ficción de la soberanía popular, sino que más bien por razones prácticas, pues los miembros de las mismas podían dar respuestas mucho más rápidas y útiles que aquellas que podrían haber dado desde Londres. Muchas habían sido las teorías sobre las funciones y los límites del gobierno, sobre todo desde los pulpitos puritanos de Nueva Inglaterra. Por ejemplo, John Winthrop, famoso gobernador de  Massachusetts, sostenía que el origen de cualquier cuerpo político estaba en el consentimiento de un cierto grupo de gente que vivía junta, bajo un gobierno para su mutua seguridad y bienestar [2]. Sin embargo, no fue solo en la moderna Nueva Inglaterra donde estas nuevas tendencias aparecieron, sino que también en Las Carolinas, a través del secretario del propietario A. A. Cooper, se redactaron un conjunto de constituciones fundamentales basadas en el modelo de Oceana de Harrington. Aunque nunca fue ratificada ni puesta en vigor, en ella el autor, John Locke, mezclaba ideas liberales con feudales. El gobierno de las Carolinas tenía que ser representativo, con derecho a voto a todos aquellos hombres con más de 50 acres (0,2 Km.)  en propiedad y cuyos representantes tenían que poseer un mínimo de 500 acres de tierras propias (2 Km.). Si le unimos el voto secreto, tenemos una base mucho más democrática de lo que los lectores del siglo XXI pueden llegar a imaginarse. Sin embargo, también se creaba una Cámara Alta, de terratenientes adinerados, con control sobre el poder legislativo. Donde sí que tuvo éxito la legislatura harringtoniana fue en Pensilvania, gracias a su propietario William Penn. En este caso, la Cámara Alta tenía la facultad de iniciar la legislación, y la cámara más grande de representantes tenia la opción de aceptarla o rechazarla. El papel asignado a la cámara de representantes no estaba contenta con las restricciones que tenia, y finalmente consiguió que se redactara una nueva constitución en la que eliminaba la Cámara Alta y absorbía todo el poder legislativo, siempre sujeto al veto presidencial (es decir, de la familia Penn). Inglaterra dejaba bastante libertad a las colonias, pues sus relaciones siempre fueron comercialmente provechosas para ambos lados del océano. El Parlamento ingles se conformaba con elegir al gobernador de la colonia, el cual tenía que lidiar con la cámara de representantes. Esta figura del gobernador acabó siendo muy antipática, pues esta posición estaba muy politizada, con lo que cada cambio en la mayoría del Parlamento ingles (de whigs a Tories o viceversa) implicaba un nuevo cambio en la figura del gobernador hacia una persona más cercana a las doctrinas del partido o con más amistes en el grupo correcto. Así pues, la figura del gobernador fue deteriorándose, con el consecuente aumento en la popularidad de la cámara de representantes. Poco a poco, y casi sin darse cuenta, la soberanía popular fue una realidad en muchas de las colonias Norteamericanas, las cuales no solamente siguieron las tendencias de la madre patria, sino que fueron mucho más allá. Mientras que en Inglaterra no se había creado ni eliminado ningún escaño desde 1675 y las elecciones eran cada 7 años, la mayoría de las asambleas coloniales realizaban elecciones anualmente. Mientras que el censo de población con derecho a voto era muy restrictivo en Inglaterra, la gran mayoría de los varones en todas las colonias tenían derecho a voto.

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Notas:

[1] Rushworth, Historical Collections, IV, p. 679, 691-703; V, 47, 140, 340, 383.

[2] Heimert A. , Delbanco A. (1985), The Puritans in America: A Narrative Anthology. Harvard University Press. Pag. 165. Version pública en google.books.

 

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Morgan, E. S (2006), La invención del pueblo. El saurgimiento de la soberania popular en Inglaterra y los Estados Unidos. Siglo veintiuno editores: Argentina.

http://www.british-civil-wars.co.uk/glossary/long-parliament.htm

http://en.wikipedia.org/wiki/Fundamental_Constitutions_of_Carolina

 

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About Iván Matellanes

Administrador, editor y creador de la e-Revista de Humanidades Sárasuatī, soy Licenciado en Filología Inglesa (UAB) y estudiante de último año de Humanidades (UOC). Además, tengo un Máster en "Teaching English as a foreign language" (UPF) y actualmente estoy cursando otro Máster oficial en "Estudios Norteamericanos" (UAH). Soy profesor de Inglés de ESO en la provincia de Castellón. Me gusta mucho la historia Americana y el pensamiento político estadounidense, ámbitos en los que me estoy especializando y alrededor de los cuales me gustaría disertar en un futuro.

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