La filosofía política durante el Renacimiento

Ensayo a través de la obra de Nicolás Maquiavelo y Tomas Moro

      Con la llegada del Humanismo, los valores de la Antigüedad grecorromana se incorporaron rápidamente a la cultura renacentista, sobre todo gracias al descubrimiento de la imprenta a mediados del siglo XV [1]. Entre aquellas primeras publicaciones, se editó en 1513 la obra de Maquiavelo, El Príncipe. El historiador Bartolomé Benassar la define como un “tratado cínico de filosofía política que otorgaba al príncipe los derechos, incluidos el crimen, la traición y el perjurio, con la única justificación de la razón del Estado”. Tres años después, Erasmo de Rotterdam (1466-1536) publicó Educación del Príncipe cristiano, obra que marcó la diferencia de ideales políticos entre los humanistas. Chocaron el ideal político del Humanismo cristiano propuesto por Erasmo y la fría razón de Estado de Maquiavelo. En 1516, el inglés Tomás Moro escribió Utopía. Este era el nombre de la isla que el gran navegante Hitlodeo describió a Moro, y lugar en donde se daba, utópicamente, el mejor gobierno. Estas tres obras están consideradas como el despertar de la política moderna. El sistema político se analizaba desde otra perspectiva, más humana.

      Durante el Renacimiento se empezó a quebrar la unidad Europea, y se dio inicio a la época de los absolutismos y de los nacionalismos. En Italia, los gobiernos de las repúblicas estaban en decadencia. Para evitarla, los pensadores italianos se comprometieron a favor de ciertas virtudes sociales que tenían que ver con asuntos morales y políticos. Los gobiernos, por su parte, favorecieron los valores nacionales para conseguir más apoyos. La religión también se adhirió al sentimiento nacionalista por intereses políticos, y se identificó con la nación: anglicanismo inglés, luteranismo alemán, catolicismo español y francés, etc. Aquel incipiente nacionalismo también se nutría de otros factores, como fue el lingüístico y el económico. Aparecieron las primeras gramáticas y muchas lenguas nacionales substituyeron al latín. Además, con los descubrimientos se estaban abriendo nuevos mercados y también nuevos conflictos internacionales.

      La aparición y desarrollo de la filosofía política estuvo estrechamente relacionada con la crisis del pensamiento religioso, la burguesía enriquecida y el pensamiento renacentista. La iglesia estaba perdiendo el poder político que detentaba en Europa desde que Carlomagno fue coronado Emperador del Sacro Imperio por el papa (800). Pero en el siglo XIV, los pensadores escolásticos, Siger de Brabante y Boecio de Dacia, consideraron que se tenía que separar la filosofía de la teología, debían ser doctrinas independientes ya que trataban de diferentes asuntos. Dante Alighieri (1265-1321), también opinó al respecto y propuso la teoría de la doble verdad: el papa era el guía espiritual indiscutible, pero el emperador debía cuidar de la humanidad. El filósofo italiano, Marsilio de Padua, fue más lejos y opinó que “debía fundamentarse el poder terrenal sobre el Derecho Natural, es decir, independientemente de la creencia en dios”. El inglés Guillermo de Ockham, rizó el rizo, al afirmar que los dos poderes habían de coexistir, pero que el emperador podía elegir y sustituir al papa. La separación fue definitiva cuando el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos IV (1316-1378) promulgó la Bula de Oro (1356), en la cual se presentaba el nuevo sistema de elección y coronación del emperador, y en donde no se nombraba al papa.

      Cuando se rompió definitivamente con el agustinismo político se dio origen a la filosofía política moderna que se agrupó según el pensamiento realista y el idealista. Al realismo político, cuya propuesta se basaba en la lógica de las exigencias del orden, y la descripción de cómo funcionan las cosas para intentar intervenir con eficacia, lo representó el italiano Nicolás Maquiavelo (1469-1527). Al idealismo político, lo representó el inglés Tomas Moro (1478-1535). Los idealistas consideraban que se podía, y debía, reproducir fielmente un Estado ideal, asesorado por un buen filósofo. Las obras de ambos fueron fruto de las críticas hacia la corrupción de su tiempo, y también su propuesta para la regeneración social. Pero, a pesar de sus muchos puntos de vista en común, sus proposiciones eran totalmente opuestas.

      Veamos primeramente cuál fue la propuesta maquiavélica para una política eficiente.

 

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

      La nueva creencia humanista ya no consideraba a dios como la única influencia en el hacer humano. El mundo, era bajo la perspectiva humanista, “un objeto del trabajo humano” y no “un acto de la creación divina”, escribe el sociólogo Alfred Von Martin. [2] Eran factores racionales los que controlaban la Fortuna. Así pues, todo podía hacerse si se disponía de una buen técnica. Eso significaba que “el conocimiento debía ser útil, práctico y provechoso”, afirma V. Martin. Así pensaba el funcionario florentino Nicolás Maquiavelo, que quiso aplicar la técnica a la política, para fundamentarla sobre “el virtuosismo y la racionalización del pensamiento”. La política se podría “dominar” si se disponía de “inteligencia calculadora y talento técnico”.

     Nicolás Maquiavelo se formó intelectualmente junto a su padre, un doctor en leyes de quien Maquiavelo aprendió las artes de la retórica, el placer de la lectura y también del estudio. Este joven intelectual fue testigo directo del gran desarrollo de su ciudad, Florencia, pero también de su decadencia. Maquiavelo comenzó trabajando como funcionario de la república florentina. Con 29 años, ya era secretario de la segunda cancillería de Asuntos Exteriores y de la Guerra de la República. Pero destacó en la política sobre todo por su carrera diplomática. En numerosas ocasiones estuvo reunido con los grandes europeos: el rey de Francia, la Santa Sede y el Emperador Carlos de Austria (1500-1558), entre otros. Así como en otras importantísimas misiones en Italia. Todas estas relaciones se vieron plasmadas más tarde en sus libros, y sin duda formaron su pensamiento político. Maquiavelo gustaba de analizar el presente, tras la observación directa lo contraponía con antiguas experiencias pertenecientes al pasado grecorromano, o a los sucesos políticos de las ciudades-estado italianas. De esta forma, Maquiavelo extraía sus conclusiones para una mejor teoría política.

     Cuando Lorenzo de Médici (1449-1492) inició su gobierno en Florencia, nació Maquiavelo. La gobernó durante 23 años y su labor como hombre de Estado le valió el apodo del “Magnífico”. Florencia se había convertido en la capital del arte y la cultura occidental, pero también se había convertido en un lugar codiciado por las poderosas familias florentinas, ansiosas de poder. Cuando contaba con 20 años, el joven Nicolás, debió escuchar las inflamas del fraile dominico Savonarola (1452-1498), que predicaba sobre el Apocalipsis. Los Médici, acorralados por las tropas francesas que marchaban hacia Nápoles, se vieron obligados a abandonar la ciudad. Iban encabezados por Pedro, el hijo de Lorenzo. La anarquía reinó en la capital toscana y esta situación favoreció la ascensión política de Savonarola. Éste formó un Consejo Mayor y se puso al mando de la República. La ciudad vivió oprimida por la obsesión del dominico por combatir el pecado. En 1496, en una hoguera emplazada en la Plaza de la Signoria se quemaban libros y obras de arte, junto a las joyas de los florentinos. Los arrabbiati (los enfadados) luchan por liberar a la ciudad del monje. Maquiavelo tenía 27 años, cuando “por encargo”, escribió una carta al embajador de Florencia en Roma, informando de “los sermones pronunciados por Savonarola”. El papa Alejandro VI cansado de las duras críticas de Savonarola hacia el papado decidió poner fin a su vida. En 1498, el fraile fue detenido y cuando llegaron los emisarios papales se puso fin a su vida. Murió colgado y quemado frente al Palazzo Vecchio, allí donde había ardido “la hoguera de las vanidades”.

      Florencia vivió de nuevo las luchas entre familias para hacerse con el poder. En 1502, para poner fin a esta lucha se nombró al prior de la ciudad, Pier Soderini (1450-1522), gonfalonero de por vida. A Maquiavelo le nombraron secretario de la Segunda Cancillería florentina, cargo que mantuvo durante 15 años. Entre 1503 y 1506 Maquiavelo reorganizó las defensas militares de la república de Florencia y aconsejó a Soderini el reclutamiento de tropas entre los hombres de la ciudad para asegurar a Florencia una defensa permanente y patriótica. En 1507, Maquiavelo fue nombrado Canciller. En 1512, murió la república florentina junto con todas sus instituciones populares. Cuando los partidarios de los Médici ocuparon el Palazzo della Signoria, Maquiavelo aconsejó a los Médici “moderación y clemencia”. Esto le costó su cargo y su destierro de Florencia, acusado de participar “en la conjura republicana de Capponi y Boscoli”. Le arrestaron pero no encontraron pruebas. Finalmente, el canciller fue desterrado.

     Durante su destierro, su tiempo de ocio lo dedicó a escribir las obras más importantes de su vida: El Príncipe (1513), La Mandrágora (1518) y El Arte de la Guerra (1519-1520) donde plasmó su línea de pensamiento militar. Para ganarse el favor de los Medici, Maquiavelo escribió El Príncipe, pero nunca volvió a ocupar un cargo destacado en el gobierno. Maquiavelo describía el método para que un príncipe (gobernante) pudiese adquirir y mantener su poder político, su influencia y su prestigio. Desde el punto de vista de Maquiavelo, el gobernante debería preocuparse solamente del poder, y sólo debería rodearse de aquellos que le garantizasen el éxito de sus actuaciones políticas.

     Por fin, en 1520, Maquiavelo volvió a recibir un encargo público. El cardenal Giulio de Médicile le encargó que elaborase un ensayo “de carácter historicista”, con los anales y las crónicas florentinas. Esta obra la conocemos como Historia de Florencia (1520-1525). Como buen humanista, Maquiavelo era un hombre multifacético que destacó sobre todo por su gran talento diplomático. Maquiavelo viajó varias veces a Francia para defender los intereses florentinos. Allí tuvo la oportunidad de estudiar las instituciones francesas y de observar al pueblo francés, sorprendiéndole su unión ante un solo monarca y su ejército propio. Tras sus viajes a Francia, Maquiavelo escribió tres libros dedicados a las costumbres y la política francesa. Entre sus reuniones, destacaron las mantenidas con César Borgia (1475-1507), el hijo del papa Alejandro VI. Maquiavelo, que “quedó gratamente impresionado”, le describió como “un hombre formidable”, afirma H. Puigdoménech. [3]

     El joven Borgia había renunciado a su cargo cardenalicio, y aceptado el nuevo ducado Valentino ofrecido por el rey francés Luís XII. A partir del año 1500, César comenzó su conquista por el territorio italiano: Imola, Forlí, Cesana, Pesaro, Faenza y Piombino. En las reuniones mantenidas con Maquiavelo, el joven Borgia “pedía ayuda y dinero a Florencia”, y alardeaba del apoyo francés. Maquiavelo, totalmente seducido por el duque, “lo estudiaba” y “lo comparaba con otros grandes hombres de la antigüedad”. [4] Habló sobre él “como ejemplo de acción política coherente y eficaz”, admirando también su comportamiento amoral ante sus enemigos. Estos contactos con el joven Borgia resultaron decisivos para la futura reflexión del secretario florentino que plasmó luego en El Príncipe. “César Borgia era considerado cruel, pese a lo cual fue su crueldad la que impuso el orden en la Romaña, la que logró su unión y la que la volvió a la paz y a la fe” (Maquiavelo, El Príncipe, Cap. XVII).

El ideario político de Maquiavelo.

Para Maquiavelo la política era la explicación de los hechos humanos, y un análisis exhaustivo de ellos le permitía mostrar la realidad tal como era. Escribió en Discursos: “yo he expresado todo cuanto sé y todo cuanto he aprendido por una larga práctica y continua lección de las cosas del mundo”. Maquiavelo era también un pedagogo, escribió: “Siendo mi intención escribir algo útil para quién lo lea, me ha parecido más conveniente buscar la verdadera realidad de las cosas que la simple imaginación de las mismas” (El Principe, XV). La historia es quién nos muestra el camino a seguir, creía el humanista.

      Maquiavelo siempre se mostró muy crítico con aquellos que no eran capaces de tomar decisiones. Escribió en El Príncipe: “no se debe nunca permitir un desorden esperando evitar una guerra, porque no se evita, sino que se aplaza en tu perjuicio”. Maquiavelo también se lamentaba de la ineficacia de los príncipes y de la corrupción de la Iglesia. Criticaba a los idealistas porque, según él, se debía “buscar la verdad efectiva” y no imaginar, e idealizar la política, ya que así no se podía alcanzar una política eficaz.

      El objetivo de Maquiavelo era recuperar la grandeza de la república romana y liberar a Italia de la dominación extranjera (franceses y españoles, principalmente). Para el florentino, el modelo a copiar era Suiza, porque aquel era “un pueblo en armas. Una auténtica democracia”. [5] Y también la antigua Roma, pero adaptada a la nueva sociedad renacentista. Cuando quería copiar una acción política, Maquiavelo la analizaba profundamente, observaba sus efectos y juzgaba su eficacia. La vida política debía estar fomentada en la cooperación entre las instituciones y la comunidad, opinaba.

      Maquiavelo también criticó en su obra a la sociedad burguesa, que dormitaba acomodada tras su enorme riqueza, totalmente inactiva. Se debía luchar y defender Florencia de la dominación extranjera. Era necesaria la presencia de un Príncipe, un hombre dispuesto a defender la ciudad. Un líder virtuoso, moderno, secularizado y cuyo único objetivo fuese alcanzar el éxito. Un buen caudillo, educado en el humanismo y apto para mandar. Entre sus cualidades debería destacar el dominio de sí mismo, el conocimiento de las leyes naturales y la elocuencia. El príncipe virtuoso buscaría constantemente el equilibrio entre los intereses comunes de sus ciudadanos. El Príncipe debía intentar satisfacer los intereses de sus súbditos. Incluso podía fingir si así se afianzaba en el poder. Cuanto más se sentían satisfechos, más largo sería su gobierno.

      Pero si algo ha sido objeto de furibundas críticas en la obra de Maquiavelo, ha sido el hecho de introducir en su obra el concepto del mal como una posibilidad permanente. Es más, juzgaba a todos los hombres malvados: “Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro” (El Príncipe, Cap. XVII). Maquiavelo murió en 1527, alejado de la política. Su cuerpo está enterrado en la Iglesia de Santa Croce en Florencia.

      Maquiavelo quiso establecer “las reglas que regulasen la vida política”, y que sus leyes marcasen los preceptos de la política, debían ser válidas para todos los gobernantes de este mundo, de ahí el interés universal que despertó la obra de Maquiavelo. Francis Bacon escribió sobre Maquiavelo: “Mucho debemos a Maquiavelo y a otros como él, que escribieron sobre lo que hacen los hombres y no sobre lo que deberían hacer”. En contraposición, Jean Bodin tildó de no piadoso e injusto a Maquiavelo, debido a que rechazaba la religión como contraria al Estado.

      El maquiavelismo, como término político, ha sido utilizado para describir aquellos principios políticos que están de acuerdo con la máxima de: “el fin justifica los medios”. De ahí que su obra, El Príncipe, haya sido muchas veces considerada como una defensa al despotismo y a la tiranía. “El fin justifica los medios” es la frase que siempre se le adjudica a Maquiavelo pero que, al parecer, nunca dijo. En oposición a las propuestas realistas de Nicolás Maquiavelo, se situó el idealista Tomas Moro (1478-1535), que consideraba que se debía investigar sobre las características de la sociedad ideal para poder plasmarlas en un nuevo ideal político. En la próxima biografía repasaremos la vida y la obra de Tomás Moro, un filósofo de la política, idealista y católico, que educó y asesoró al rey inglés Enrique VIII.

 

 

NOTAS:

[1] “El primer libro impreso se publicó en 1470 en Venecia (…). En 1500, 236 ciudades de Europa ya tenían una o varias imprentas”, escribe el historiador Bartolomé Bennassar en su obra La Europa del Renacimiento, pág. 36-37.

[2] Alfred Von Martin (1932), Sociología del Renacimiento, pág. 51.

[3] Helena Puigdoménech, (1939- ), titular de Literatura italiana a la Universidad de Barcelona. Texto extraído de su Estudio Preliminar, pág. XXI, del libro de Maquiavelo La Mándragora.

[4] Helena Puigdoménech, Estudio Preliminar, p.XXIII.

[5] Sociología del Renacimiento Von Martin, pág. 111.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Alfred Von Martin (1932), Sociología del Renacimiento, Fondo de Cultura Económica, 70 años. Méjico, 2005.
  • Bartolomé Bennassar (1988), La Europa del Renacimiento, Historia. Biblioteca Básica. Editorial Grupo Anaya, S.A., 7ª ed., Madrid, 2004.
  • Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, E.D.A.F., Imprenta Fareso, Madrid, 1964.
  • Nicolás Maquiavelo, La Mandrágora¸ Helena Puigdoménech, Estudio Preliminar traducción y notas. Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S.A.), Madrid, 2008.

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La filosofía política durante el Renacimiento por Pilar Mur López, a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Pilar Mur López

Nacida en Barcelona (1961). Diplomada en Magisterio y Licenciada en Humanidades por la UOC en febrero 2011. Experiencia laboral: administración, profesora de ofimática y contable. Idiomas: castellano (lengua materna), francés (Liceo Francés de Barcelona), catalán (nivel C) e inglés (First Certificate). Actualmente soy secretaria de la Associació de Diabètics de Catalunya delegació Barcelona.

2 Comments

  • 11 julio 2011 | Permalink |

    EL ORIGEN LAICO DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA. El cristianismo se inició como un movimiento laico. La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de la educación en los valores de la paideia griega (cultivo de sí). Que tenía como propósito educar a la juventud en la “virtud” (desarrollo de la espiritualidad mediante la práctica continua de ejercicios espirituales, a efecto de prevenir y curar las enfermedades del alma, y alcanzar la trascendencia humana) y la “sabiduría” (cuidado de la verdad, mediante el estudio de la filosofía, la física y la política, a efecto de alcanzar la sociedad perfecta). El educador utilizando el discurso filosófico, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo, ilustra lo que es la trascendencia humana y como alcanzarla. Y por su autentico valor propedéutico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el pensamiento de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar los fines últimos de la paideia griega siguiendo a Cristo. Meta que no se ha logrado debido a que la letrina moral del Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar retomando la paideia griega de Cristo (cristianismo laico), separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su religión basura que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD

  • 11 julio 2011 | Permalink |

    BREVE CRÍTICA AL PROFETISMO JUDÍO DEL ANTIGUO TESTAMENTO: La relación entre la fe y la razón expuesta parabolicamente por Cristo al ciego de nacimiento (Juan IX, 39), nos enseña la necesidad del raciocinio para hacer juicio justo de nuestras creencias, a fin de disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad mediante el discernimiento de los textos bíblicos. Lo cual nos exige criticar el profetismo judío o revelación para indagar la verdad que hay en los textos bíblicos. Enmarcado la crítica en el fenómeno espiritual de la trasformación humana y, las ciencias y técnicas que nos ayudan a desarrollarnos espiritualmente. Abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, conceptualizadas por los filósofos griegos y los místicos hindúes. Sabiduría védica instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las respuestas que la ciencia ha dado a los planteamientos trascendentales: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). Utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual como tabla rasa, a fin de deslindar y hacer objetivo lo “que es” o “no es” del mundo del espíritu. Método o criterio que nos ayuda a discernir objetivamente __la verdad o el error en los textos bíblicos analizando los diferentes aspectos y características que integran la triada preteológica: (la fenomenología, la explicación y la aplicación, del encuentro cercano escritos en los textos bíblicos). Vg: la conducta de los profetas mayores (Abraham y Moisés), no es la conducta de los místicos; la directriz del pensamiento de Abraham, es el deseo intenso de llegar a tener una descendencia numerosísima y llegar a ser un país rico como el de Ur, deseo intenso y obsesivo que es opuesto al despego de las cosas materiales que orienta a los místicos; es por ello, que la respuestas del dios de Abraham son alucinaciones contestatarias de los deseos del patriarca, y no tienen nada que ver con el mundo del espíritu. La directriz del pensamiento de Moisés, es la existencia de Israel entre la naciones a fin de llegar a ser la principal de todas, que es opuesta a la directriz de vida eterna o existencia después de la vida que orienta el pensamiento místico (Vg: la moradas celestiales, la salvación o perdición eterna a causa del bien o mal de nuestras obras en el juicio final de nuestra vida terrenal, abordadas por Cristo); el encuentro cercano descrito por Moisés en la zarza ardiente describe el fuego fatuo, el pie del rayo que pasa por el altar erigido por Moisés en el Monte Horeb, describe un fenómeno meteorológico, el pacto del Sinaí o mito fundacional de Israel como nación entre las naciones por voluntad divina a fin de santificar sus ancestros, su pueblo, su territorio, Jerusalén, el templo y la Torah; descripciones que no corresponden al encuentro cercano expresado por Cristo al experimentar la común unión: “El Padre y Yo, somos una misma cosa”, la cual coincide con la descrita por los místicos iluminados. Las leyes de la guerra dictadas por Moisés en el Deuteronomio causales del despojo, exterminio y sometimiento de las doce tribus cananeas, y del actual genocidio del pueblo palestino, hacen evidente la ideología racista, criminal y genocida serial que sigue el pueblo judío desde tiempos bíblicos hasta hoy en día, conducta opuesta a la doctrina de la no violencia enseñada por Cristo __ Discernimiento que nos aporta las suficientes pruebas objetivas de juicio que nos dan la certeza que el profetismo judío o revelación bíblica, es un semillero del mal OPUESTO A LAS ENSEÑANZAS DE CRISTO, ya que en lugar de sanar y prevenir las enfermedades del alma para desarrollarnos espiritualmente, enerva a sus seguidores provocándoles: alucinaciones, estulticia, delirios, histeria y paranoia; propiciando la bibliolatría, el fanatismo, la intolerancia, el puritanismo hipócrita, el sectarismo, e impidiendo su desarrollo espiritual.

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