Relación entre el desastre colonial español y las huellas del exilio de la guerra civil
Se hace evidente que la guerra civil española (1936-39) supone uno de los puntos de inflexión más profundos en la historia reciente de España. No obstante, permanece algo más difuso, el fracaso rotundo del llamado regeneracionismo.[1] El hecho de que todos los problemas estructurales y sociales desencadenantes del conflicto, son las consecuencias directas de un fracaso en la reformulación de la nación tras la herencia que se lastraba de un convulso siglo XIX. En otras palabras, derivado del fracaso de asimilación de la “pérdida” absoluta de colonias latinoamericanas tras la catástrofe del 98.[2] En un cambio traumático, España pasa de ser un imperio con profundas señas de identidad, a agrietarse de tal forma que ahonda su división interna en dos bandos. Desde las primeras independencias americanistas, España dará tumbos ideológicos a la izquierda y a la derecha, alternando de régimen en varias ocasiones y debatiéndose entre un modelo continuista y otro rupturista.[3]
La literatura de posguerra civil española hunde sus raíces de lleno en una tragedia humana, que despliega multitud de enfoques posibles. En ella, se dan una angustia existencial, y una necesidad de responder a las atrocidades acometidas. Varias son las generaciones que afrontan esta cruda realidad desde la literatura: La Generación del 27, la Generación del 36, y la Generación de medio siglo, transitando en este espacio temporal de una literatura existencialista angustiada y tremendista de Dámaso Alonso, a otra literatura envuelta en el ámbito de la fe de Blas de Otero, y a las materialista atea de Gabriel Celaya o testimonial de José Hierro, transformada poco a poco en poesía social en búsqueda de una poesía cívica como venía reclamando la revista Espadaña. Una poesía entendida como acto de conocimiento por los poetas de la época: Ángel González, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Goytisolo, Caballero Bonald y Fernando Quiñones entre otros.
Tras tres años de barbarie, los escritores republicanos que no han muerto, casos de Lorca y Antonio Machado, o han sido encarcelados, caso de Miguel Hernández, o encuentran el exilio como solución para sobrevivir “con dignidad.” Caso de Rafael Alberti, quien transitó su exilio en tres etapas: Francia, Argentina e Italia. Un exilio itinerante debido a los conflictos bélicos como la Segunda Guerra Mundial (1939-45) que forzó su salida de Francia. Nostalgia y añoranza barnizan la obra poética de Alberti. Estos elementos típicos que, sin embargo, no suponen un nexo extrapolable a todos los poetas exiliados.
Otros se dan a lo que se ha venido a conocer como exilio interior, casos de Dámaso Alonso, Jorge Guillén y José Hierro, quienes quedan en España. El resto de la poesía española, a esos niveles en el género de poesía, se produce desde el exilio. Para asociar estas figuras literarias, sus sensaciones y pensamientos dentro de su marco ideológico socio-cultural, debemos considerar que muchos de los exiliados, pensaban que la situación sería transitoria, y que regresarían tras un breve periodo de tiempo. No obstante, con la marcha de los años, la esperanza de volver a suelo patrio comenzaba a sonar utópica. El régimen franquista se extiende en el tiempo durante casi cuatro décadas. Toda una generación quedó impedida. Unos, como Cernuda, perecieron lejos de su patria, y otros, como Alberti, regresaron de pelo cano tras toda una vida exiliado. Con la vuelta de la democracia se retoma el interés por los autores que eran censurados por la represión dictatorial de la España franquista del Nacional Catolicismo. Para recuperar esa memoria histórica, la lectura nos sirve de apoyo y hace justicia poética. Esa fue la otra amnistía, la de la recuperación de los textos republicanos. Una desmemoria de estos autores podría habernos llevado a recaer en errores pasados, junto a la pérdida y el sesgo de perspectiva histórica.
Cernuda, al cotrario que Alberti, no se siente “transterrado” sino simplemente “desterrado.” Es decir, Cernuda no siente la pérdida de su patria porque alega que el haber nacido en España fue fruto de la casualidad. Su poesía también se diferencia de la tendencia tradicional de exilio. No solo escribe del y desde exilio, por ejemplo el poema 1936 donde rememora la guerra civil española aunque sea con distanciamiento, sino que también escribe en el exilio. Su poesía no se encarga únicamente de politizar la temática del exilio, sino que se vuelca en aspectos de mucha variedad, donde hablar de España se transforma en la excusa perfecta: observaciones sobre el carácter de los españoles, o consideraciones sobre filosofía, religión, poder, e historia, entre otros muchos aspectos. En este caso, lejos de su exilio político, podríamos hablar de un exilio moral y literario. Exilios que configurarán una poesía intimista y serena, y a la vez tremendamente universal.
Uno de sus poemas, de evidente reflejo de sentimiento de exilio, fue el poema de Luis Cernuda titulado Peregrino, perteneciente a su último libro de poesía Desolación de la quimera, aparecido en 1962, donde plantea el dilema que vive un peregrino entre el regreso y la errancia, entre la continuidad y la claudicación de su errante voluntad. Cernuda escribe este poema en la etapa final de su vida, una vida que ha sido errante, al pasar de de España a Gran Bretaña, después a Estados Unidos y, finalmente, a México. No le es desconocida la condición del peregrino que nunca regresa al sitio original. Comienza su peregrinar en la época de la Guerra Civil, y no lo detiene hasta llegar a México a la casa de Manuel Altolaguirre. Su tono de exilio es claro. Peregrino, podría denominarlo como un poetizar tanto de la libertad como de la aceptación del destino. La libertad primera sería aquella genérica y elemental que proporciona la ausencia de toda clase de arraigos. La libertad que proporciona sentido a la inclinación hacia la errancia en el poema. La segunda, la aceptación y, quizás, resignación sobre el tiempo, hombres y circunstancias que le tocan vivir a cada quien. Si bien el sino de Cernuda se acerca más a la segunda posibilidad, deseo ensayar sobre ambas posibilidades:
a) En la primera posibilidad, asumo que los personajes del poema están en un momento de reflexión sobre la conveniencia y necesidad de continuar con su peregrinaje. A diferencia de otros poemas y de otros autores, el Peregrino no regresa ni a la casa, ni a la infancia. Nunca conocemos elementos de la infancia o adolescencia de los personajes del poema. No vemos a la madre-hogar-infancia, como en el poema LXV de Trilce de Vallejo, o las características de la casa-infancia del poema La Quinta de Eliseo Diego. En el poema de Cernuda nunca percibimos el pasado concreto, dando a entender que no existe para el peregrino. Las referencias al pasado que se abandonó son vagas y desdibujadas: tierra, casa, amigos y amor fiel. Aunque cierto es que las referencias al futuro también lo son: fin del camino, tierra no hollada, lo antes nunca visto. De ahí que , causado por esta imprecisión, y esta vaguedad, se afinca la condición elemental de la libertad que canta el poema. Una libertad ideal, ausente de compromisos y, por ello, absoluta para decidir sobre el siguiente paso. Con todo ello, Cernuda consigue transmitirnos la sensación de libertad absoluta mediante el contrapunto de los verbos que denotan el regreso: “volver,” “regresar,” “aguardar;” y el verbo que sintetiza la errancia: “seguir.” Más aún, el poema obliga al lector a situarse entre las interrogaciones con que se abre el poema: “¿Volver? ¿A qué? ¿Por qué? ¿Por quién?” El poema no desahoga la interrogación, es decir, no obliga al lector a continuar o regresar, sino tan sólo lo incita, con vehemencia, a que continúe, pero en ninguna forma lo obliga. La decisión final, de continuar o regresar, queda en manos del lector.
b) La segunda posibilidad es acerca del destino y su aceptación. No tenemos claro si el poema acepta un sino, o se enorgullece y elige una libertad bajo la forma de la errancia. Lo cual nos lleva a uno de los dilemas humanos más delicados en toda la poesía de Cernuda: ¿elección o condena? ¿Una biografía y obra marcada por el franquismo o un “demonismo” que se alimentó del exilio político (y del “exilio sexual”)? ¿Puede alguien saberlo? No es circunstancial que el libro que compila toda su poesía se equilibre entre la realidad y el deseo; Cernuda: ¿realidad o deseo?; es decir, Luis Cernuda, poesía, poema, vida: ¿regreso o errancia?
Pedro Garfias nació en España y murió exiliado en México. Lleno de desasosiego con memorias de la lucha republicana, su poesía dicha de memoria en las noches de la taberna: El ala del sur, Poesías de la guerra española, Héroes del sur, Primavera en Eaton Hastings y Río de aguas amargas son algunos de sus libros principales. Escribió además reflexiones sobre la poesía y, junto con Gerardo Diego, los textos fundamentales del movimiento ultraísta.
Su vida nómada, la sensación de desarraigo, el menosprecio de algunos líderes de opinión del exilio, y la nostalgia fueron la materia de su trabajo poético, enriquecido por un personalísimo humor negro, un profundo autosarcasmo y una idea absolutamente original del ritmo y de los significados polivalentes de la palabra. En definitiva, su poesía fue poesía urgente y desasosegada, encarnando los valores de la supervivencia.
Su poema Primavera en Eaton Hastings refleja voces y ecos de exilio, en un modelo de la poesía de posguerra en forma bucólica, y señala el ámbito disperso del destierro. En el caso de Primavera en Eaton Hastings de Pedro Grafías, se apunta a su producción en tierra extranjera, como toda composición fúnebre en los espacios móviles de la memoria. De la misma forma, Sombra del paraíso aspira a inalcanzables entornos míticos. En el caso de la narrativa del exilio, estamos ante una narrativa que se preocupa por recuperar el pasado inmediato de donde se viene, muestra de una ansidad traumática evidente por el devenir de los acontecimientos vivenciados.
En otro sentido, centrandonos en la obra de Arturo Barea, La forja de un rebelde es una trilogía compuesta por La forja, La ruta y La llama, en las que se narran respectivamente la infancia y primera juventud del autor en el Madrid de principios de siglo, sus primeras producciones literarias, y sus experiencias en la guerra de Marruecos. Por último, en su conjunto, un retrato poético de la Guerra Civil española. Esta trilogía es sin duda una de las principales obras literarias y documentales escritas en español durante el siglo XX. La literatura de Barea roza lo sublime, y ha sido inspiración (por desgracia no reconocida) de autores posteriores.
Otro autor, cuyo caso es bien distinto, es Ayala, exiliado a Argentina, impulsa una gran labor cultural fundando revistas, editando y escribiendo artículos. Al principio, no participó de la literatura comprometida de urgencias de los años treinta, sino que lo hizo dentro de una literatura narrativa de vanguardia. No obstante, una vez en exilio se suma a producir una literatura de urgencia comprometida con las circunstancias, partiendo desde la reescritura del pasado histórico. Hacia 1949 aparece Los usurpadores, donde poder y violencia están íntima y recíprocamente relacionados, como residentes inherentes en la condición humana.
En teatro nos topamos con un caso bastante singular en Alejandro Casona, un dramaturgo que combinaba en sus obras juegos entre la realidad y los sueños de base poética. Un teatro de poesía y evasión. Alejandro Casona es, por así decirlo, “el poeta del teatro.” Tiene la capacidad de recubrir de belleza el sentimiento más ruin, el personaje más tenebroso y la acción más deleznable. Y refleja cómo, aunque las necesidades del ser humano cambian, nuestros intereses inmediatos siguen buscando sus respuestas. El ser humano continúa sintiendo igual, y al fondo de todo nos mueven la ambición y la inconformidad: nos paraliza la envidia, seguimos discriminando al diferente, seguimos alejándonos del que mira la vida desde una perspectiva distinta… por esta razón, el teatro de Alejandro Casona sale indemne frente a la erosión del tiempo. La belleza intemporal de su obra La casa de los siete balcones se alza sobre el emotivo personaje de Genoveva, y su eterna juventud de la inocencia, gira en torono a un argumento temático sencillo: la ambición y la envidia ante la inocencia y la generosidad, el mundo material y áspero, frente a los mundos etéreos y sensitivos de Genoveva y Uriel.
Max aub, dramaturgo y narrador español, nació en París en 1903, hijo de padre alemán y madre francesa, quienes se instalaron en Valencia en 1914. Dirigió entre 1935 y 1936 el teatro universitario “El búho” perfilándose como uno de los escritores jóvenes más influido por la Revista de Occidente y José Ortega y Gasset. Durante la guerra civil colaboró con André Malraux en la filmación de L’Espoir (1937). Republicano, cruzó la frontera en 1939 y fue internado en un campo francés. Deportado a Argelia, consiguió escapar en 1942 y se trasladó a México, donde publica la parte más significativa de su obra literaria. A pesar de sus comienzos esteticistas y de vanguardia, resulta ser un escritor de carácter realista y de fuerte contenido socio-político. Antes de la guerra civil había publicado Los poemas cotidianos (1930), Teatro incompleto (1930), Espejo de avaricia (1935) y Yo vivo (1936). A finales de la década de 1960 se atrevió a regresar a España, para comprobar el desconocimiento absoluto de su persona y de su obra entre los españoles, y poco después escribió La gallina ciega (1971) en la que recogió sus amargas impresiones. Publicó revistas muy personales: Sala de Espera (1960). Su obra narrativa comprende las novelas del ciclo El laberinto mágico (Campo cerrado, 1943; Campo de sangre, 1945; Campo abierto, 1951; Campo del moro, 1963; Campo francés, 1965; y Campo de los almendros, 1968); varios volúmenes de cuentos y, entre otras novelas, Juego de cartas (1964), compuesta de 108 naipes en cuyo reverso van escritas misivas que trazan el retrato del protagonista, Máximo Ballesteros. Esta obra abierta anticipa el procedimiento de Ítalo Calvino en El castillo de los destinos cruzados (1973). Como queda patente, su obra teatral es extensa. Pero además, escribió poesía. Un estudio sobre la novela española contemporánea, y un manual de historia de la literatura española.
Para finalizar este primer acercamiento a autores del exilio español provocado por la desastrosa guerra civil, se hace obligatorio mencionar a Pedro Salinas, quien escribió dos obras Judith y el tirano y El director y doce en un acto, agrupadas en dos bloques: a) Piezas rosas (La bella durmiente, La Isla del tesoro…) b) Piezas satíricas (Ella y sus fuentes). La crítica destaca la originalidad de estas obras, en especial de Los santos, ambientada en el conflicto civil: En el sótano de la Colegiata del pueblo de Vivanca, Castilla la Nueva, en donde están amontonados varios objetos de culto, entre ellos cinco santos de talla, están escondidos un teniente, un sargento y milicianos de la República, que consiguieron huir justo antes de la entrada de las tropas falangistas, quedando solo, oculto entre los santos, el maestro de escuela. El sótano es utilizado por los falangistas para encerrar a unos prisioneros, que han condenado a muerte. Los prisioneros son una madre cuya culpa consiste en haber insultado a quienes le han matado al hijo, una prostituta, un mozo, un artesano, acusado de deserción por haberse negado a construir el catafalco para una horca y una joven, la Pelona, antigua monja. Nadie es culpable, pero todos están condenados a muerte y van a morir. Esta apasionada y apasionante investigación proceso y juicio de la trágica entraña de la guerra civil española termina con una sorprendente invención teatral, plenísima de significación y preñada de emoción dramática: cuando los cinco prisioneros son llamados por sus nombres desde la puerta del sótano son los cinco santos los que, animándose y revistiendo las figuras de los condenados, toman su lugar y su muerte.
Por medio de acercamiento, se hace evidente que la guerra civil española supone uno de los puntos de inflexión más profundos en la historia reciente de España, y su literatura. Escritores marcados por para siempre en su producción y sus vidas. Y, en mi opinión, como mutación traumática nacional causada por la decadencia colonial, una proyección de pérdida que desencadena el devenir luctuoso de un fracaso nacional en su intento por rearticular su identidad. Hecho que, aún hoy día, encuentra reminiscencias en los procesos históricos identitarios y territoriales internos, de cuyo germen, nace la España autonómica de hoy, curiosamente, cuarenta años después del levantamiento y del fin de la guerra, un eufemismo para evitar una realidad desintegradora como nación española en otra de “las Españas.” Y, por todo lo anterior, desde este plano diacrónico, entiendo que España aún siga anclada en una búsqueda de identidad nacional , una reconstrucción que de respuesta al desastre colonial, por citar tan solo algunos ejemplos que ilustran esta visión de la historia, en la actualidad: España cuenta con un himno nacional sin letra, no hay apego a la bandera, y se evidencia una sociedad polarizada entre banderas preconstitucionales franquistas y republicanas, cuenta cuatro lenguas co-oficiales, y se compone de diecisite gobiernos autonómicos. Problemas estructurales y sociales desencadenantes del conflicto, y consecuencias directas o indirectas de un fracaso en la reformulación histórica de la nación tras la herencia del siglo XIX.
[1] Tras la pérdida de las colonias, en España se producen movimientos que tratan de superar una crisis que es también de identidad. Surge lo que se ha denominado regeneracionismo, esto es, un proceso a través del cual poder superar los modos y políticas imperiales del pasado para encontrar un camino nuevo en todos los órdenes.
[2] Año de independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, últimas colonias españolas, que pone definitivamente punto y final a la hegemonía del Imperio español en el mundo.
[3] Ver cronología de España en http://www.culturageneral.net/historiaespana/index.htm o en
http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Cronolog%C3%ADa_de_Espa%C3%B1a
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The Relación entre el desastre colonial español y las huellas del exilio de la guerra civil by José María Pérez Sánchez (Licenciado en Filologías Inglesa e Hispánica), unless otherwise expressly stated, is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain License.





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