Lecturas clásicas para el verano

Una divertidísima adaptación de Plauto, un estudio sobre los oráculos griegos, unas conferencias sobre Ulises y Perseo, un trabajo sobre los gestos, la narración de un día en la Roma imperial y una reflexión sobre los griegos y la violencia, serán los libros que comente en este artículo. Al final se encontrará una lista no exhaustiva de otros aparecidos últimamente (para más información se incluyen enlaces a las páginas de las editoriales).

 

1. J. de Romilly, La Grecia antigua contra la violencia, Madrid, 2010, 153 páginas (traducción de La Grèce antique contre la violence, París, 2000).

Con un retraso de diez años se publica en nuestro país la traducción (obra de J. Terré, no siempre demasiado entonado, por cierto) de un libro esencial, puesto que su importancia trasciende los estudios helénicos y toca el tema candente, la llaga abierta de nuestro tiempo: la violencia. De Romilly se pregunta qué puede aportar la Grecia antigua contra ella, para aborrecerla y para desechar su uso, y qué consejos podemos obtener de sus autores para paliar sus consecuencias. Jacqueline de Romilly es sobradamente conocida, pues ha publicado numerosos trabajos sobre la Grecia clásica (Tucídides, la tragedia, el pensamiento y los conflictos de la época, etc.), habiendo recibido las más altas distinciones.
     En los textos clásicos quedan reflejados abundantes actos de violencia; no obstante, según de Romilly, estos actos violentos protagonizan los escritos en tanto que los autores los denuncian y condenan. Y precisamente estas denuncias constituyen un legado valioso –acaso el más valioso, hoy en día– de los autores antiguos. “La cultura griega –dice la autora (p. 16)– se define como una búsqueda apasionada de todo lo que pueda poner fin a esta violencia considerada brutal e indigna del ser humano.” Ello se produjo en dos etapas: primero, en el descubrimiento de la justicia y, en segundo lugar, en el descubrimiento de la benignidad.
     El primero de los tres capítulos del libro está dedicado al estudio de la violencia en la tragedia; en efecto, la tragedia griega gira en torno de la violencia; podríamos decir que es su tema, si bien la condena de manera clara e inequívoca: contra el crimen familiar y su venganza en la Orestíada, contra la dictadura en Las suplicantes de Eurípides, contra la guerra en Las troyanas o Los siete contra Tebas… (quizá no en Los persas, a pesar de la opinión de J. de Romilly –p. 50-51– , tragedia que, a mi modesto entender, hace una apología de la guerra defensiva ateniense contra el invasor persa). Hay dos tragedias que parecen una excepción en esta condena (Medea y Las Bacantes), pero sobre ambas volverá más adelante de Romilly.
     En la segunda parte del libro la autora pasa a ocuparse de la violencia divina en oposición a la benignidad humana. En este aspecto, J. de Romilly subraya que, en contraste con los humanos, los dioses actúan brutal y arbitrariamente. Esta actuación divina tiene, no obstante, unos límites y unas causas. En todo caso, fueron precisamente los dioses quienes infundieron la benignidad en los hombres, y a la esfera humana están limitados sentimientos como el perdón y la reconciliación. Y justamente la indefensión ante lo divino hace nacer el sentimiento de solidaridad entre los hombres. Con todo, el pensamiento griego (o al menos así se aprecia en autores tan relevantes como Píndaro, Eurípides o Platón) manifiesta también una tendencia a atribuir a los dioses bondad y benignidad.
     El último capítulo trata de los recursos que se pueden oponer a las violencias cotidianas; es decir qué remedios puede ofrecernos la Grecia clásica contra la violencia: el ideal de la concordia (homonoia), “el apego vívido a las leyes de la ciudad, un cierto sentido de la solidaridad humana y, más profundamente todavía, un amor constante por la vida y sus bellezas” (p. 101).
     J. de Romilly centra sus conclusiones en aclarar el hecho de que en numerosos casos los autores griegos hicieron un bello retrato de los actos violentos; y su explicación concluye que los autores no dejaron de comentar el contenido y las consecuencias de los actos violentos, de analizarlos y de advertir claramente contra ellos. Los griegos hicieron frente a la violencia con palabras –esto es, con conceptos–, “pero las palabras pueden ser más bellas que las armas y su acción ser más duradera” (p. 129). Enlace

 

2. D. Hernández de la Fuente, Oráculos griegos, Madrid, 2008, 272 páginas.  

“El oráculo (…) es la respuesta más o menos misteriosa de un ser sobrenatural (…) a una pregunta acerca del porvenir, que se ofrece a través de un intermediario humano en un lugar determinado y siguiendo un ritual preciso”; la definición procede del propio Hernández de la Fuente (p. 23), pero, como muy bien dice poco después, en nuestra lengua esta palabra también se aplica al propio lugar y al intermediario. Los oráculos constituyeron un elemento clave, básico, en el mundo griego antiguo, tanto en la realidad cotidiana como en el imaginario mitológico y literario; en ellos, en la lengua, en las Olimpíadas, en la poesía de Homero, en los mitos, radica la identidad griega. De ahí el interés de este libro que, de un modo divulgativo, pero al mismo tiempo profundo y completo, toca numerosos aspectos relativos a los oráculos.
     El autor, además de novelista y ensayista, ha trabajado en la traducción de Nono de Panópolis y de Plutarco, publicando estudios sobre el panopolitano y sobre temas mitológicos. Por eso, no nos sorprende la agradable redacción del libro ni, como obra de un profesor, su claridad pedagógica.
     La primera parte del libro está dedicada a introducirnos en el origen de la adivinación y en los sus dos grandes géneros. Indaga en los primeros tiempos de los oráculos sobre todo a través del análisis de algunos mitos. En cuanto a los dos tipos de adivinación, el autor los relaciona con dos personajes de la mitología: la adivinación a través del trance, la visión, el sueño, el entusiasmo o posesión divina, encarnada en la figura de Casandra; el otro tipo se basa en la interpretación de señales como el vuelo de las aves, las entrañas de los animales sacrificados, los fenómenos meteorológicos, etc. y tiene un eximio representante en la figura de Héleno, hermano gemelo de aquélla.
     La segunda parte, la más extensa del volumen, aproximadamente cien densas páginas, profundiza sobre las funciones de la adivinación en el mundo griego. Estudia los vínculos de los oráculos con los mitos y la literatura, su relación con los filósofos, con otros actos religiosos (plegarias o fiestas, por ejemplo), su papel en la identidad de lo helénico, sus vínculos con la política, etc.
     La tercera y última parte trata de las sedes más importantes de los oráculos; describe de una manera tan exacta como hoy en día resulta posible los santuarios de Apolo en Delfos y Delos, además de otros menores como Dídima y Claros, situados en Asia Menor; también informa acerca de los oráculos de Zeus en Dodona y Siwa; y finalmente nos introduce en santuarios como Epidauro donde se practicaba la curación de enfermos y donde las prácticas oraculares, bajo la advocación de Asclepio, el dios de la medicina, desempeñaban un papel principal. De todos estos santuarios se describen, a grandes rasgos, el recinto (incluyendo algunos planos), las excavaciones y lo que se sabe del ritual.
     El último apartado (“El crepúsculo de los oráculos”) está consagrado a explicar cómo se produjo la decadencia de los oráculos y la huella que dejaron en la posteridad.
     El libro, cuya lectura resulta en sí misma placentera, es altamente recomendable, por la abundante y clara información que aporta, así como por el rigor filológico en los textos antiguos que aduce y la rica bibliografía con que está documentado. Enlace

 

3. M. A. Fornés Pallicer – M. Puig Rodríguez-Escalona, El porqué de nuestros gestos. La Roma de ayer en la gestualidad de hoy, Barcelona – Palma, 2008, 92 páginas. 

Lo bueno, si breve… Este librito, pese a su brevedad, resulta atractivo y se gana el interés, no menos que la simpatía, del lector desde los primeros párrafos. Está dedicado a la gestualidad en el mundo romano.
     Se estudian diez gestos antiguos (las orejas de burro, levantar el dedo corazón, los cuernos, chascar con los dedos, etc.) a partir de testimonios antiguos, escritos y/o icónicos, para establecer la forma en que se hacían y el significado o los significados que tenían. De este análisis se deduce que muchos de nuestros gestos conservan sin cambios los que usaban los antiguos romanos, es decir que no sólo hemos heredado la lengua, sino también el acompañamiento gestual. Es bien cierto también que, como pasó con las palabras, algunos gestos han cambiado ligera o profundamente en su forma o en su significado, y que otros han desaparecido.
     El trabajo se abre con una introducción donde se explican los objetivos del libro y se dan unas breves nociones teóricas sobre la gestualidad. Diremos que en los actos comunicativos se distingue una triple estructura: lo que se dice (el lenguaje), la forma de decirlo (paralenguaje) y los movimientos corporales (o cinésica). Entre estos últimos se encuentran los gestos, y entre ellos los emblemas, que son aquellos gestos convencionales, que tienen, en definición de las autoras, “un equivalente verbal sin ninguna ambigüedad –aunque pueden ser polisémicos, añadiremos nosotros– en el ámbito de una cultura determinada” (p. 14).
     El volumen se completa con una bibliografía muy correcta y acertada, además de un breve diccionario acerca de los autores antiguos citados, que puede resultar de utilidad a los neófitos. Enlace

 

4. A. Angela, Un día en la Antigua Roma. Vida cotidiana, secretos y curiosidades, Madrid, 2009, 380 páginas (traducción de Una giornata nell’antica Roma. Vida quotidiana, segreti e curiosità, Roma, 2007).

700.000 italianos no pueden equivocarse: discúlpeme el lector esta broma, nacida de la frase de la portada del libro, donde se informa de que se ha superado esa cantidad de ejemplares vendidos en Italia; es decir que, hasta cierto punto, nos hallamos ahora en la categoría de los best-sellers, apartado divulgativo y/o ensayístico. Por otra parte, el hecho de que el volumen haya sido galardonado con el premio Cimitile de ensayo también parece un aval. Ahora bien, conviene advertir de que el autor, Alberto Angela, carece de formación especializada en la Antigüedad clásica, puesto que se especializó en paleontología y paleoantropología. Así que, por decirlo de algún modo, toca de oído, aunque lo hace bien, puesto que, si bien a veces deja algún tema un tanto en el aire y pasa de puntillas por otros, el libro está bien documentado y construido. Volviendo al autor, es bien conocido por sus obras destinadas al gran público (sobre los tiburones, el cosmos, la historia del planeta, etc.) y por sus programas de televisión.
     Es la novela, bien escrita, aunque en ciertos pasajes algo morosa, de un día en la vida de Roma imperial desde el amanecer hasta el anochecer, recorriendo todos los lugares comunes y algunos menos comunes. De todos modos, da la impresión de que este libro ya lo hemos leído antes, y así es, puesto que hay algunos trabajos que ya se han ocupado de relatar la historia de la vida diaria. En el ámbito que nos ocupa destaca el libro de J. Carcopino La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio, que, a pesar de haber sido publicado por primera vez en 1939, ha conservado en buena medida su interés y su valor, que deben atribuirse a la abundante documentación usada y que da la impresión de haber inspirado más de una vez a Angela. Por eso quiero insistir que el valor del libro de Angela radica sobre todo en su excelente narración y amena redacción. Además el volumen incluye algunas ilustraciones dentro y fuera de texto (éstas creadas infográficamente), que debemos alabar, lamentando al mismo tiempo que no haya más.
     El libro abarca, como ya he dicho, la mayor parte de las actividades que llevaba a cabo un habitante de la ciudad, desde que despertaba hasta que se iba a dormir. Es cierto que las distintas clases sociales tenían una agenda bien diferente, a veces opuesta, a veces complementaria, y esta cuestión queda bien reflejada en el libro; el relato de la actividad de un patricio se complementa con los actos de sus esclavos o con los de los siervos ajenos que nos vamos encontrando en nuestro recorrido (y digo nuestro, porque el autor consigue hasta cierto punto que nos identifiquemos con su paseo de cámara, casi siempre oculta, algo en verdad televisivo) por las calles de la Ciudad Eterna.
     Empezamos con el amanecer en una domus y la actividad que allí se desarrolla en torno al señor y a la señora de la casa, su manera de vestirse y de acicalarse. Saltamos a las primeras tareas que se emprenden en la ciudad, el trabajo de los barberos, visitamos las insulae. Recorremos tiendas, talleres y calles, observamos los juegos, asistimos a una clase de primaria, etc. Hay, desde luego, algunos datos de los que no se suelen explicar en las clases, como la equivalencia aproximada entre un sestercio y un euro, el precio de un esclavo, la Forma Urbis, entre otros. No faltan alusiones o descripciones un tanto morbosas de reos entregados a las fieras del anfiteatro, de la higiene en las letrinas, de las señoras en las termas o de la actividad sexual de los antiguos romanos. ¡Es la televisión, señores! ¡Pasen y vean!  Enlace

 

5. J. A. Martínez, Totus Plautus (o casi), Alcira, 2010, 114 páginas.

El nombre de la colección en que se publica este título, Joven teatro de papel, ya aclara bastante la intención con que ha sido creado; como refiere José Antonio Martínez, la razón para publicar este Totus Plautus es que “no son fáciles de encontrar (…) adaptaciones de sus obras orientadas a los escolares, siendo, como es, sin embargo, el padre de la comedia y, por lógica, uno de los dramaturgos que más fácilmente puede llegar a nuestros alumnos. Por otra parte (…) pocos de sus textos al completo son adecuados a sus mentalidades, al aparecer situaciones y personajes pensados para un público adulto” (p. 9-10). Se trata, en efecto, de una adaptación orientada a los estudiantes, pero que también puede resultar de interés para el lector general o para el aficionado al teatro en particular. El librito cuenta asimismo con una introducción suficiente sobre Plauto y las características de sus comedias (los personajes, el lenguaje, la comicidad, etc.).
     El objetivo que se propone el adaptador se consigue –y a fe que se consigue– dando “cuenta de los momentos más significativos de sus obras, estructurados en un nuevo texto cuya trama central se encuentra también en ellas mismas” (p. 10-11). El armazón de la nueva obra se apoya en las comedias Anfitrión y Aulularia, a la que se añaden elementos del Miles gloriosus, Pseudolus y algunas más. El truco está en hacer vecinos de la misma calle a Anfitrión, el marido burlado por Júpiter, y al viejo avaro Euclión. Probablemente esto disgustará a los puristas, puesto que mezcla varias comedias. Pero, aparte de recordar que lo mismo hacía Plauto, hay que admitir que el resultado está muy logrado, pues Totus Plautus se sigue con la sonrisa en los labios y a veces con una sonora carcajada. También podrá resultar desagradable a algún lector alguna escena añadida por el adaptador, que, a pesar de no encontrarse en el texto plautino, responde al espíritu del de Sársina.
     Hay, de todos modos, algún detalle que parece innecesario y difícilmente justificable, como el hecho de que transforme a los esclavos en criados, puesto que los jóvenes son capaces de entender el concepto de esclavitud. Con todo, una fuerte y merecida ovación para J. A. Martínez. Enlace

 

 

6. J.-P. Vernant, Ulises/Perseo. Breve conferencia sobre los héroes de la Antigüedad, Barcelona, 2010, 127 páginas (traducción de Ulysse suivi de Persée. Petite conférence sur la Grèce, París, 2004).

Después de haber publicado numerosos trabajos eruditos y penetrantes acerca de la Grecia antigua (Los orígenes del pensamiento griego, Mito y pensamiento en la antigua Grecia, Mito y sociedad en la antigua Grecia, y muchos más en solitario o en colaboración con M. Detienne y P. Vidal-Naquet, entre otros), J.-P. Vernant (1914-2007) muestra en este volumen una admirable faceta desconocida hasta ahora, al menos para nosotros, la de conferenciante para jóvenes. El libro reproduce el texto de dos conferencias que pronunció en la primera mitad de la pasada década y las preguntas –ignoro si todas– que le dirigió su joven auditorio.
     La primera de las dos charlas trata de las peripecias de Ulises, desde que salió de Ítaca para ir a la guerra de Troya hasta su regreso veinte años después a su isla patria y su reconocimiento por parte de los suyos. Vernant se extiende especialmente en algunos episodios como la estancia de Ulises en la isla de los Cíclopes y, en cambio, apenas alude a otros como la matanza de los pretendientes; por esa razón su joven auditorio le tiene que preguntar por las Sirenas. La segunda conferencia relata el mito de Perseo; empieza informándonos de la ascendencia familiar del héroe y acaba con su muerte y catasterización.
     J.-P. Vernant sigue en sus charlas los argumentos de Homero y Hesíodo respectivamente y como dice al principio de la segunda, “estas historias, no las altero ni las invento, sino que las cuenta un antiguo poeta griego, Hesíodo, en el siglo VII antes de Cristo, poco más o menos tal como os las cuento yo, o más bien yo las cuento más o menos como lo hace él” (p. 80). Pero no todo es narración, sino que en algún momento Vernant deja en suspenso su relato y expone alguna reflexión: sobre el mundo al que viaja Ulises (p. 22-24), sobre lo efímero y lo inmortal (p. 57-58) o sobre qué representa la Gorgona (p. 90-92 y 110-111).
     Se trata, pues, de una lectura amena y grata, recomendable para los jóvenes y para los no tan jóvenes que quieran tener un primer contacto con la mitología griega. La traducción es muy correcta y sólo he detectado un descuido (en la p. 81 se escribe “Tirinte”, a la francesa, en lugar de Tirinto). Enlace

 

 

Algunos títulos más (sin ánimo de ser exhaustivo)

 

En la categoría de traducción:

  • Esquilo, Tragedias IV. Coéforos. Euménides, ed. F. Rodríguez Adrados y E. Calderón Dorda, Madrid, 2010. Enlace
  • Eurípides, Fenicias. Suplicantes. Heraclidas, trad. de A. Pérez Jiménez, Madrid, 2009. Enlace
  • Filóstrato Aristéneto, Cartas de amor – Aristéneto, Cartas, Madrid, 2010. Enlace
  • Hefestión, Métrica griega, Madrid, 2010. Enlace
  • Higino, Fábulas mitológicas, Madrid, 2009. Enlace. Otra traducción reciente es obra de F. M. del Rincón Sánchez. Enlace 
  • Homero, Ilíada, trad. de Ó. Martínez García, Madrid, 2010. Enlace
  • Homero, Ilíada, III, ed. L. M. Macía Aparicio, Madrid, 2009. Enlace
  • Jenofonte, Constitución de Esparta; Constitución de Atenas, a cargo de P. Varona, Madrid, 2009. Enlace
  • Luciano de Samosata, Pleito entre consonantes; Pseudosofista, a cargo de M.ª T. Amado Rodríguez, Madrid, 2009. Enlace
  • Luciano, El bibliómano ignorante, trad. de Helena González e introducción de Iván de los Ríos, Madrid, 2009. Enlace
  • Macrobio, Saturnales, Madrid, 2010. Enlace
  • Virgilio, Eneida, I, ed. A. Ramírez de Verger Jaén, L. Rivero García, J. A. Estévez Sola y M. Librán Moreno, Madrid, 2009. Enlace
  • Líricos griegos. Elegíacos y yambógrafos arcaicos, ed. F. Rodríguez Adrados, Madrid, 2010. Enlace 

 

Entre los estudios y ensayos:

  • A. Bernabé y F. Casadesús (eds.), Orfeo y la tradición órfica: un reencuentro, Madrid, 2009. Enlace
  • A. Birley, Marco Aurelio, Madrid, 2009. Enlace
  • G. Bravo, Teodosio, Madrid, 2010. Enlace
  • E. Cantarella, El dios del amor, Barcelona, 2009. Enlace 
  • F. Castelló, Hablar como los dioses, Madrid, 2010. Enlace
  • O. Dickinson, El Egeo: de la Edad de bronce a la Edad de hierro, Madrid, 2010. Enlace
  • M. Fernández Algaba, Vivir en Emérita Augusta, Madrid, 2009. Enlace
  • N. Fields, Termópilas: la resistencia de los 300, Barcelona, 2009. Enlace
  • C. García Gual, Encuentros heroicos. Seis escenas griegas, Madrid. 2009. Enlace
  • C. García Gual y otros, Cinco miradas sobre la novela histórica, Madrid, 2010. Enlace 
  • P. González Serrano, Mitología e iconografía en la pintura del Museo del Prado, Madrid, 2009. Enlace
  • S. Gouguenheim, Aristóteles y el islam. Las raíces griegas de la Europa cristiana, Madrid, 2009. Enlace
  • W. Hecker, Las conquistas de Alejandro Magno, Madrid, 2010. Enlace
  • K. Kerényi, Hermes, el conductor de almas, Madrid, 2010. Enlace
  • K. Kerényi, El médico divino, Madrid, 2009. Enlace
  • C. Martínez de la Torre, Mitología clásica e iconografía cristiana, Madrid, 2010. Enlace
  • F. Martínez Marzoa, La cosa y el relato: a propósito de Tucídides, Madrid, 2009. Enlace 
  • J. Negrete, La gran aventura de los griegos, Madrid, 2009. Enlace
  • C. F. Quesada Sanz, Armas de Grecia y Roma, Madrid. 2008. Enlace
  • L. Sancho Rocher, ¿Una democracia “perfecta”?: consenso, justicia y demokratía en el discurso político de Atenas (411-322 a.C.), Zaragoza, 2009. Enlace
  • G. Schwab, Las más bellas leyendas de la Antigüedad, Madrid, 2009. Enlace

 

Ilustraciones:

1. Fragmento papiráceo del siglo III a. C., que contiene un poema de Safo (Altes Museum, Berlin).

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About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

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