Los monstruos clásicos de “Furia de titanes”

 

En un artículo publicado en esta revista el pasado mes de abril[1] se comentaban algunos aspectos generales de la versión del mito de Perseo que se daba en la película Furia de titanes. Hay, no obstante, algunos temas en los que se puede profundizar y entre ellos tal vez el más interesante sea el de los monstruos. Los monstruos clásicos que aparecen en Furia de titanes son Pegaso, las Grayas, Medusa y las Gorgonas, y una criatura del mar que en la película llaman Kraken, nombre que, como ya dije en su día, pertenece a la mitología nórdica, aunque el monstruo aparece en las aventuras de Perseo.

     Introduciré brevemente el tema consagrando unas palabras a su ascendencia; resulta que, de acuerdo con los versos 270-336 de la Teogonía de Hesíodo, Forcis y Ceto, que descienden de Gea y de Ponto y que son hermanos de Nereo, Taumante y Euribia, tuvieron una prole monstruosa, siendo hermanas las Grayas o Fórcides (dos, siempre según Hesíodo, llamadas Penfredo y Enio) y las Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa), además de muchos otros seres como el dragón de las Hespérides, el león de Nemea, Equidna, Cerbero, etc. Autores posteriores añadieron parientes a esta estirpe, pero no es éste el lugar para ocuparnos del tema. A su vez, Pegaso nació de Medusa, pero veremos los detalles más adelante. Finalmente, de la progenie del monstruo que había de atacar a Andrómeda no sabemos nada.

Las Grayas

La descripción que hace Hesíodo de las Grayas como viejas de cabello blanco es completada por fuentes posteriores, que añaden que entre las dos o las tres usaban un solo ojo y un único diente, razón por la cual da la impresión de que eran antropomorfas, aunque las fuentes no confirman ni desmienten este extremo.[2] Se oponen, en cierto modo, a otros seres monstruosos caracterizados por el exceso en partes de su cuerpo, como Gerión con su triple cuerpo o Cerbero con sus cabezas múltiples. El tragediógrafo Esquilo las califica de kyknómorfoi (κυκνόμορφοι), “de forma de cisne”, epíteto que los escoliastas tratan de explicar por su color blanco, por el tamaño de su cuello o porque realmente tenían aspecto de cisne.[3] También se destaca en ellas su naturaleza longeva o inmortal como justificación de su nombre.[4]

     Se hizo residir a las Grayas en el extremo occidente, a donde no llega nunca la luz del sol, o al pie del Atlas, no lejos de las Gorgonas en ambos casos.[5] Y también se las hizo conocedoras del camino que lleva hasta esas parientes suyas[6] o hasta ciertas ninfas, que proporcionaron a Perseo diversos objetos con que pudo llevar a término su misión.[7]

     También se puede obtener alguna información acerca de ellas estudiando sus nombres. Hesíodo dice que se llamaban Enio y Penfredo. El nombre de Enio evoca a una divinidad homónima, vinculada con la guerra, seguidora y familiar de Ares, y a Enialio, un sobrenombre de Ares, acaso una divinidad prehelénica.[8] A su vez, Penfredo se emplea como denominación de un insecto, una especie de avispa probablemente, pero resulta imposible encontrar ningún vínculo entre ambos seres ni en las descripciones antiguas del insecto ni en la etimología del sustantivo ni en la caracterización del personaje de la mitología.[9] Después de Hesíodo se concreta que les Grayas son tres y se añade el nombre de la tercera: Perso, Persis o Dino,[10] relacionados los dos primeros con una naturaleza destructora y el tercero con el miedo. Hay también un cangrejo marino que se llama graîa como las Grayas; es posible que estos crustáceos recibieran el nombre por su longevidad.[11] A través de los nombres, Enio, Perso o Persis y Dino, podemos imaginar un ámbito de guerra, destrucción y temor, pero de las Grayas no se sabe más.[12]

 

Medusa y las Gorgonas

Más arriba ya me he ocupado del linaje de las Gorgonas; no obstante, conocemos otras versiones como la que refiere un personaje de Eurípides, Creúsa, según la cual la Gorgona, Medusa por antonomasia, nació de Gea en ocasión de la guerra de los Olímpicos contra los Gigantes; en cambio, en Higino se puede leer que Medusa nació de Gorgona.[13]

     Anteriormente también se ha aludido al nacimiento de Pegaso; resulta que Medusa había tenido relaciones con Posidón y, cuando Perseo le cortó el cuello, salieron de él Pegaso y Crisaor, quien más adelante habría de engendrar en Calírroe, hija de Océano, a Gerión.[14] Aún cabe añadir que otras fuentes antiguas narran que Pegaso no salió directamente del cuello de Medusa, sino que nació de la sangre derramada por Medusa.[15] En relación con este poder generador de la sangre de Medusa, encontramos algunos relatos muy chocantes: las innumerables serpientes de Libia surgieron de la sangre derramada de la cabeza de Medusa, cuando Perseo sobrevoló aquel territorio después de cumplir su misión; o todos los animales de este tipo, serpientes, víboras, arañas, nacieron de las salpicaduras de la sangre de Medusa o, según otros, de la sangre de Tifón.[16]

     En cuanto al físico, las Gorgonas son retratadas con la cabeza rodeada de serpientes, colmillos de jabalí, manos de bronce, alas y mirada penetrante; se cuenta que el cabello de Medusa, que había provocado la cólera de Atenea, por haberse jactado de él, se transformó en serpientes. Sin embargo, determinadas representaciones arcaicas de Medusa le confieren cuerpo de caballo y busto humano, por decirlo de alguna manera; recordaremos la representación de un pithos beocio de relieve, datado hacia el 670, en que Perseo está a punto de cortarle la cabeza.[17]

     Según el pasaje de Hesíodo (The. 274-275), las Gorgonas viven hacia occidente, donde se hallan las Hespérides; pero también en este aspecto el poeta beocio es objeto de rectificaciones: las Gorgonas fueron ubicadas en el país de los hiperbóreos, en la isla de Sarpedón, en la isla Górgades, en Libia o en África.[18]

     Ahora quisiera dedicar unas líneas a sus voces. A propósito de las Gorgonas se relata que el llanto de las dos hermanas que sobrevivieron cuando Perseo mató a Medusa, inspiró a la diosa Atenea la composición de un nomos, llamado “policéfalo”, para flauta. Aunque no sabemos más de las lamentaciones de las Gorgonas, otro relato nos permite hacernos cargo de la bestialidad de sus voces: cuando las Gorgonas perseguían a Perseo para tomar venganza por la muerte de Medusa, desistieron al darse cuenta de que no conseguirían alcanzarlo y lanzaron un mugido desde una colina que desde entonces recibió el nombre de Micenas. Además Euríale, al matar Perseo a su hermana, muge, característica que parece exclusivamente suya, mientras que Esteno silba.[19] En conjunto, si añadimos el sonido de escudo que acompaña a las Gorgonas, se observa que estos personajes se rodean de unos sonidos inquietantes, perturbadores, espantosos, no tanto por lo que son o representan por separado, sino por el conjunto y la confrontación entre ellos.[20]

     Medusa posee todavía alguna facultad muy especial, además de petrificar con la mirada: su sangre tenía unas propiedades curiosísimas y era usada para envenenar o curar, mientras que un rizo suyo sirvió a Estérope para poner en fuga a los atacantes de Tegea.[21] Medusa era la única mortal de las tres Gorgonas, tanto es así que su espíritu se encontraba en el Hades y fue atacada por Hércules, que, en cumplimiento de las órdenes de Euristeo, había bajado a buscar a Cerbero.[22]

 

Pegaso

Ya hemos hablado del nacimiento de Pegaso, pero a continuación nos interesaremos por su aspecto: es un caballo, como anotan numerosas fuentes, y además dotado de alas.[23] Asimismo conviene subrayar su carácter único, frente a la manada de caballos blancos alados que vemos en Furia de titanes. No obstante, Plinio escribe que una especie de caballo con alas que se cría en Etiopía, recibe el nombre de pegasus.[24]

     Lo que queda por añadir sobre Pegaso no tiene que ver con Perseo, puesto que, a lomos de este corcel, Belerofonte luchó contra la Quimera, otro monstruo emparentado con los anteriores, y además venció a las amazonas; también cabalgando a Pegaso, Belerofonte quiso asaltar el Olimpo.[25] Y finalmente, Pegaso, ya desde el relato de Hesíodo, vive con los dioses olímpicos.[26]

     El nombre del caballo alado es puesto en relación ya desde Hesíodo con las fuentes, pēgaí en griego (πηγαί), pues su nacimiento tuvo lugar junto a las fuentes de Océano; pero también tuvo que ver con otras fuentes, pues hizo brotar la fuente Hipocrene en el monte Helicón y otra fuente en Trecén.[27]

 

El monstruo del mar

La naturaleza del monstruo encargado de acabar con los días de Andrómeda resulta más difícil de precisar. Fue enviado por Poseidón a petición de las Nereidas o de Hera, ofendidas por la declaración de Casiopea en el sentido de que su hija Andrómeda las superaba en belleza. Tenemos que los autores antiguos están bastante de acuerdo en el género de bestia que es: un kêtos o cetus, es decir un monstruo marino gigantesco y peligrosísimo. Ovidio da algunos detalles más: es una fiera monstruosa (belua), su tamaño es ingente, un enorme fragor le acompaña al surcar el mar, su lomo está cubierto de abultados caparazones (cavis… conchis), su cuerpo acaba en una cola de pez… y Perseo lo mata hiriéndolo repetidamente con su espada.[28]

     Podemos completar nuestras impresiones sobre los monstruos que surgen del mar dedicando unas líneas a otros seres que aparecieron en contextos semejantes. Después de la construcción de las murallas de Troya por parte de Apolo y Posidón, ambos dioses reclamaron su recompensa, pero el rey Laomedonte se la negó. Los dioses se vengaron enviando Apolo una peste y Posidón un monstruo marino. De este ser no se han conservado descripciones, pero sí un detalle que resalta su tamaño ingente: Héracles se introdujo en sus fauces y permaneció en su interior tres días hiriéndolo, hasta que salió con la única pérdida del pelo de la cabeza.[29]

     Otros seres monstruos relacionados con el ciclo troyano son las dos serpientes que fueron enviadas para castigar a Laocoonte: Petronio subraya el aspecto espantoso y el talante feroz de las dos serpientes salidas del mar, mientras que Quinto de Esmirna, que las considera descendientes de Tifón, las sitúa en una cueva inaccesible a los mortales, donde son despertadas por Atenea; en su avance provocan un maremoto y causan el espanto de los monstruos del mar y de todo espectador; devorados los hijos de Laocoonte, se internan en las profundidades terrestres.[30]

     Otro monstruo que sale del mar como instrumento de venganza es el toro enviado por Posidón contra el carro de Hipólito. Su retrato más completo se encuentra en la tragedia Fedra de Séneca:[31] anunciado por estruendosos mugidos, surge del mar un monstruo con forma de toro enorme, cuyos ojos vomitan llamas; su cuerpo acaba en una gigantesca cola de pez; provoca el terror en todos los que lo contemplan, salvo en Hipólito.

     Entre los autores de obras sobre los animales y su captura, algunos[32] proporcionan datos que nos pueden ayudar a completar este panorama sobre los monstruos. Opiano de Anazarbo describe en su poema sobre la pesca estos monstruos y su captura; aparte de numerosos, los califica de gigantescos, fortísimos, espantosos, agresivos, superiores a las fieras terrestres, famélicos. En la larga lista que da se encuentran seres reales (los atunes y diversas especies de tiburones, por ejemplo) y otros imaginarios o no identificables (la hiena marina, el leopardo de mar, etc.). Claudio Eliano abunda en lo anteriormente dicho y añade algunos seres monstruosos que se encuentran en los mares de la lejana isla de Trapobana.[33]

     Por último, quisiera destacar la relación etimológica del nombre griego del monstruo, kêtos (κῆτος), con Ceto, que, como decíamos al principio de este artículo, fue la madre de las Grayas, las Gorgonas y otros muchos monstruos; es decir que, en cierto sentido, estos seres están vinculados con la familia de los monstruos.[34]

 

Nota final

Lugares remotos, monstruos descomunales, aventuras inimaginables, propiedades prodigiosas, héroes intachables,… tantos y tantos elementos que han encendido la imaginación durante tantas generaciones encuentran un pálido reflejo en Furia de titanes.

     En efecto, en la película se omiten muchos aspectos, pero además en otros hay gran confusión: las Grayas no son brujas, Medusa no tiene un cuerpo en forma de gran serpiente tubular, los monstruos marinos no están a disposición de Hades, Pegaso es único y no es la cabalgadura de Perseo, sino de Belerofonte.

 

 

 

Notas
[1] Véase http://www.sarasuati.com/el-mito-de-perseo-y-furia-de-titanes-clash-of-the-titans-2010/ .
[2] Cf. Apolodoro II 4, 2; Esquilo, Pr. 794-796; Ferécides, fr. 11 Jacoby (apud sch. A. R. IV 1515); Nonno, D. XXV 35-36; Ovidio, Met. IV 775-777 (no habla del diente, sino sólo del ojo; cf. Paléfato 31). Según ciertas fuentes tardías (Servio, Aen. VI 289), también las Gorgonas tenían un solo ojo.
[3] Pr. 795; cf. sch. vet. A. Pr. 793a Herington; sch. rec. A. Pr. 793 Smyth; sch. rec. A. Pr. 793A Dindorf. También se podría vincular el epíteto al aspecto envejecido que se les atribuye; para la identificación de los cisnes con la vejez, cf. S. Martínez, “El poeta i les aus”, Anuari de filologia de la Universitat de Barcelona. Studia Graeca et Latina, 21, 9, 1998-1999, p. 116-117.
[4] Cf. sch. rec. A. Pr. 794 Smyth; sch. rec. A. Pr. 794 Dindorf.
[5] Para las Grayas en el extremo occidente, cf. Esquilo, Pr. 793-798. Para las Grayas al pie del Atlas, cf. Ovidio, Met. IV 772.
[6] Cf. Paléfato 31.
[7] Sobre estas desconocidas ninfas, cf. Apolodoro, II 4, 2; Ferécides, fr. 11 Jacoby (apud sch. A. R.  IV 1515).
[8] Sobre el nombre, cf. P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1, París, 1968, p. 352, s. v. Ἐνυάλιος.
[9] G. Herzog-Hauser (“Die Graien”, WS 51, 1933, p. 67) se percata de la coincidencia del nombre de una Graya y del insecto. El insecto πεμφρηδών no es mencionado por muchos autores antiguos, cf. Epifanio, Haer. II 93.12; Nicandro, Al. 183, Th. 812. Los escolios de los dos pasajes de Nicandro citados son la fuente principal. Para E. Schwyzer, que es seguido por L. Gil (Nombres de insectos en griego antiguo, Madrid, 1959, p. 129; además, véase M. Davies – J. Kathirithamby, Greek Insects, Londres, 1986, p. 81), el nombre viene de la raíz indoeuropea *bh(e)re-, “zumbar”, de donde provienen algunas denominaciones de insectos en otras lenguas indoeuropeas.
[10] Son tres, cf. Esquilo, Pr. 795, fr. 459 Mette. Para el nombre de la tercera, cf. Apolodoro II 4, 2 (Dino); Heráclito, Incred. 13 (Perso); Higino, Fab. pr. 9 (Persis o Dino); sch. A. R. IV 1515a (Dino). Pero siguen siendo dos para Ovidio (Met. IV 774); véase G. Herzog-Hauser, “Die Graien”, WS 51, 1933, p. 71-72.
[11] Sobre el cangrejo γραῖα, véase D’A. W. Thompson, A Glossary of Greek Fishes, Londres, 1947, p. 50-51.
[12] Un escolio (sch. Hes. Th. 273 di Gregorio) pretende vincular las Grayas con la navegación por sus ascendientes marinos, interpretando los epítetos que les atribuye Hesíodo.
[13] Para Medusa, surgida de Gea, cf. Eurípides, Ion 989. Sobre Medusa como hija de Gorgona, cf. Higino, Fab. 151.
[14] Para el nacimiento de Pegaso y Crisaor, cf. Apolodoro II 3, 2 y II 4, 2; Juvenal III 118; Ovidio, Met. IV 785-786. Sobre Gerión, cf. Apolodoro II 4, 2 y 5.10; Higino, Astr. II 18, 1; Fab. 151; sch. Pl. Ti. 24e.
[15] Para la sangre de Medusa, cf. Ovidio, Met. IV 785-786 (Pegason et fratres escribe el poeta, mas no sabemos quién o quiénes son esos otros hermanos); sch. D. P. 870.
[16] Para las serpientes libias nacidas de la sangre de Medusa, cf. Apolonio de Rodas IV 1513-1517; Lucano IX 700 ss.; Ovidio, Met. IV 617-620; sch. A. R. IV 1515. Todos los reptiles y similares surgidos de Medusa, cf. Apolonio de Rodas, fr. 4 Powell (apud sch. Nic. Th. 11). De la sangre de Tifón, cf. Acusilao, fr. 14 (apud sch. Nic. Th. 11).
[17] Para el retrato de las Gorgonas, cf. Apolodoro II 4, 2; Esquilo, Pr. 798-799 (van vestidas de serpientes y son aladas); Hesíodo, Sc. 233-236 (llevan dos serpientes en la cintura); Nonno, D. XL 231; Píndaro, P. X 46 y XII 9; sch. vet. A. Pr. 793 ; sch. Pi. P. XII 15b. Sobre la metamorfosis de Medusa, cf. Diodoro de Sicilia III 54-55; Plinio, HN VI 35; Servio, Aen. VI 289; sch. A. R. IV 1515. Según Ovidio (Met. IV 793-803), el castigo provendría del hecho de que fue violada por Posidón en un templo de la diosa. También se dice que Posidón habría adoptado forma de pájaro, cf. Ovidio, Met. IV 119-120; Lactancio Plácido, Fab. VI 1. Sobre las serpientes de Medusa, cf. Nonno, D. XXV 38, XXV 44, XXX 265-267; Píndaro, O. XIII 63. Para las representaciones de Medusa como caballo, véase I. Kranskopf – S.-Ch. Dahlinger, “Gorgo, Gorgones”, LIMC 4.1, 1988, p. 312 (las ilustraciones correspondientes se encuentran en el LIMC 4.2, p. 182, numeradas 290 -cf. n. 284-).
[18] Para la residencia de las Gorgonas en las Hespérides, cf. Eurípides, HF 394-395; sch. E. Hipp. 742. Para las Gorgonas en el país de los Hiperbóreos, cf. Píndaro, P. X 50 (sch. Pi. P. X 72b lo pone en duda). Para las Gorgonas en la isla de Sarpedón, cf. Cypr. fr. 32 Bernabé; Suda, σ.145 (s. v. Σαρπηδονία ἀκτή; lugar hacia Océano). Para las Gorgonas en la isla Górgades del Atlántico, cf. Plinio, HN VI 200. Para las Gorgonas en Libia: Nonno, D. XXV 51, XXX 264, XL 228; Suda, γ. 391 (s. v. Γοργόνες τιθράσιαι), τ.479 (s. v. Τίθρασος); sch. vet. Ar. Ra. 477. Para las Gorgonas en África, cf. Servio, Aen. VI 289 (cerca del Atlas).
[19] Para la invención del nómos, cf. Nonno, D. XL 227-233; Píndaro, P. XII 14 y 39; sch. Pi. P. XII 12ab, 15ab, 35ab, 39a. Para las Gorgonas y Micenas, cf. Ps.-Plutarco, Fluu. 18.6. También su mugido explica el nombre de Mícale y Micaleso, cf. Suda, μ.1490 (s. v. Μυκάλη, Μυκαλησός); sch. Il. II 498b. Para las voces de las Gorgonas al morir Medusa, cf. Nonno, D. XXV 53 y 58 (véase además XXX 266).
[20] Cf. J.-P. Vernant, La muerte en los ojos. Figuras del Otro en la antigua Grecia, Barcelona, 1996 (trad. de La mort dans les yeux, París, 1985), p. 69-71 (y por cierto que la idea de prestar atención a las voces de las Gorgonas ha sido inspirada por estas páginas de Vernant). Para el sonido de escudos, cf. Hesíodo, Sc. 232-233. Por otra parte, Vernant (op. cit., p. 71) observa que la voz del caballo forma parte de la composición de los monstruos y quiere poner en relación el caballo con los sonidos de las Gorgonas, pero en este caso parece que el argumento es débil, ya que nunca se dice que las Gorgonas emitan sonidos de caballo, ni que estos equinos relinchen con voz de Gorgona; en todo caso, cuando para caballos se usa gorgós (γοργός), palabra con la que está etimológicamente relacionada Gorgona (cf. A. Carnoy, Dictionnaire étymologique de la mythologie, París, 1965, p. 62; P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1, París, 1968, p. 233, s. v. γοργός), las connotaciones son visuales; y lo mismo vale probablemente para el hápax γοργοῦμαι (Jenofonte, Eq. 10.4).
[21] Para la petrificación, cf.: Apolodoro II 4, 3; Ovidio, Met. IV 779-781; Píndaro P. X 48; sch. A. R. IV 1515; sch. Pi. P. X 72a. También se reconoce esta facultad a Esteno (Nonno, D. XXX 265) y a las tres Gorgonas (Apolodoro II 4, 2; sch. vet. A. Pr. 793). Para la sangre de Medusa, cf. Apolodoro III 10, 3 (usada por Asclepio); Eurípides, Ion 1003-1015 (dos gotas en poder de Erictonio). Para el rizo de Medusa, cf. Apolodoro II 7, 3; Suda, π.1786 (s. v. πλόκιον Γοργάδος); Pausanias VIII 47, 5 (versión con otros protagonistas).
[22] Para Medusa en el Hades, cf. Apolodoro II 5, 12.
[23] Para Pegaso como caballo alado, cf. Apolodoro II 3, 2; Estrabón VIII 6, 21; Eurípides, Ion 202; Juvenal III 118; Ovidio, Met. IV 785; Píndaro, O. XIII 86, I. VII 44; sch. Il. I 255-268.
[24] Para el caballo pegasus, cf. Plinio, HN VIII 72, X 136 (aquí los sitúa en Escitia, aunque la redacción es dudosa; además los considera fabulosos).
[25] Para Belerofonte y Pegaso, cf. Píndaro, O. XIII 84-87, I. VII 44-47; Apolodoro II 3, 2; Higino, Astr. II 18; Pausanias II 4, 1-3; Estrabón VIII 6, 21; Paléfato 28; Horacio, C. IV 11, 26-28.
[26] Pegaso fue a parar al Olimpo, cf. Píndaro, O. XIII 92.
[27] Para Pegaso y las fuentes de Océano, cf. Hesíodo, Th. 282 s. Para la fuente Hipocrene, cf. Estrabón VIII 6, 21; Higino, Astr. II 18; Libanio, Or. XI 97; Hesiquio, s. v. Ἱππουκρήνης (ι 858). Para la fuente de Trecén, cf. Pausanias II 31, 9.
[28] Cf. Apolodoro II 4, 3; Pausanias IV 35, 9; Higino, Fab. 64; Astr. II 11; Ovidio, Met. IV 688-734.
[29] Lo cuentan el erudito bizantino Tzetzes (ad Lyc. 34) y un escolio a la Ilíada (AB XX 146, el relato parece proceder del historiador Helánico, cf. fr. 4 F 26 Jacoby).
[30] Los textos citados pertenecen a Petronio (89) y Quinto de Esmirna (XII 449-480).
[31] Cf. 1025-1056. Por su parte, determinadas fuentes (Servio, Aen. VII 761) atribuyen la muerte de Hipólito no al toro, sino a unas focas.
[32] Para Aristóteles, en cambio, κῆτος constituye una categoría zoológica formada por animales marinos vivíparos que no tienen branquias (como el delfín, la ballena o la marsopa) y los que tienen las branquias al descubierto (selacios), cf. HA 489b2, 505b30, 556b3; etc. Véase también D’A. W. Thompson, A Glossary of Greek Fishes, Londres, 1947, p. 114.
[33] Los pasajes referidos prodecen de Opiano (H. I 360-382 y V 21-357) y  Eliano (NA IX 49 y XVI 18).
[34] Para el nombre Ceto, véase G. Herzog-Hauser, “Die Graien”, WS 51, 1933, p. 66; A. Lesky, Thalatta. Der Weg der Griechen zum Meer, Viena, 1947, p. 109 y 141.
 
Bibliografia
  • A. Carnoy, Dictionnaire étymologique de la mythologie, París, 1965.
  • P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque 1, París, 1968.
  • M. Davies – J. Kathirithamby, Greek Insects, Londres, 1986.
  • C. Falcón Martínez, E. Fernández-Galiano y R. López Melero, Diccionario de la mitología clásica, 1-2, Madrid, 1980.
  • C. García Gual, Introducción a la mitología griega, Madrid, 1992.
  • L. Gil, Nombres de insectos en griego antiguo, Madrid, 1959.
  • R. Graves, Los mitos griegos, 1-2, Madrid, 1985.
  • P. Grimal, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, 1984.
  • —–, La mitología griega, Barcelona, 1989.
  • G. Herzog-Hauser, “Die Graien”, WS 51, 1933, 66-72.
  • I. Kranskopf – S.-Ch. Dahlinger, “Gorgo, Gorgones”, LIMC 4.1, 1988, 285-330.
  • A. Lesky, Thalatta. Der Weg der Griechen zum Meer, Viena, 1947.
  • LIMC = Lexicon iconographicum mythologiae classicae, Zurich-München 1981 s.
  • S. Martínez, “El poeta i les aus”, Anuari de filologia de la Universitat de Barcelona. Studia Graeca et Latina, 21, 9, 1998-1999, 107-122.
  • A. Ruiz de Elvira, Mitología clásica, Madrid, 1982 (2ª ed.).
  • D’A. W. Thompson, A Glossary of Greek Fishes, Londres, 1947.
  • J.-P. Vernant, La muerte en los ojos. Figuras del Otro en la antigua Grecia, Barcelona, 1996 (trad. de La mort dans les yeux, París, 1985).
  • M. L. West, Hesiod. Theogony, Oxford, 1966 (reimpr. 1997).
 
Ilustraciones
1. Perseo degüella a Medusa (cerámica del VII a. C., Museo del Louvre, CA 795).
2. A lomos de Pegaso, Belerofonte da muerte a la Quimera (cerámica ática del V a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas, nº 2179).
3. Andrómeda de Gustave Doré (1869; colección privada).
4. Hércules y el monstruo del mar, hidria del s. VI a. C. (colección Niarchos, Atenas).
5. Laocoonte y sus hijos, período helenístico (Museo Pio-Clementino, Ciudad del Vaticano).

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About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

One Comment

  • 27 agosto 2013 | Permalink |

    nada no tiene de masiada informacion

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