Lucio Anneo Séneca.

“Si la sabiduría se me otorgase bajo esta condición, de mantenerla oculta y no divulgarla, la rechazaría: sin compañía no es grata la posesión de bien alguno”

 

 

seneca

     Lucio Anneo Séneca nació en Corduba (Córdoba romana) en el año 4 a.C. y murió en Roma donde pasó la mayor parte de su vida (murió 65 d.C.). Era un hombre muy rico ya que provenía de una familia que pertenecía a la clase social de los equites (orden ecuestre), y también muy culto gracias a su padre, Séneca el Retórico, que trasladó a toda su familia a Roma para dar a sus tres hijos una mejor educación. Poco sabemos de su vida, no dejó nada escrito sobre sus propias experiencias. Sin embargo, conocemos los reproches que algunos pensadores le hicieron. Fue acusado de ser cómplice de los asesinatos cometidos durante el mandato de Claudio y de Nerón, entre ellos los de Mesalina, el propio Claudio, Agripina y Británico. También se le reprochó su riqueza y su opulenta vida pública, contradictoria con la filosofía estoica que él defendía. A esta acusación, Séneca hábilmente se defendió contestando que no debía buscarse la riqueza pero tampoco rechazarse. El historiador Dión Casio (155-229) le reprochó su silencio ante los crímenes de Nerón así como su codicia y usura. San Agustín (354-430), denunció la contradicción que hubo entre su doctrina y su vida y escribió: “Éste, al que la filosofía hizo libre (…) practicaba lo que reprendía, hacía lo que criticaba y adoraba cuanto censuraba” (La ciudad de Dios, VI, 10).


     A pesar de las críticas personales, en su tiempo, Séneca destacó pronto por su oratoria y fue un famoso cuestor (magistrado), filósofo, escritor y político durante la vida de tres emperadores romanos, Calígula, Claudio y Nerón. En tiempos de Calígula (emperador del año 37 a 41), parece ser que Séneca estuvo a punto de perder la vida. Cuentan que el emperador, envidioso de su oratoria, o bien por su impertinencia, quiso acabar con él, pero la suerte estaba de su lado y alguien le convenció para que no lo hiciese puesto que su enfermedad, la tisis, pronto acabaría con él. En tiempos de Calígula, según el biógrafo Suetonio (70-140), Séneca era “el escritor en boga entonces”. Pero su suerte le abandonó cuando Claudio (emperador de 41 a 54), ya en el poder e instigado por su mujer Mesalina, decidió expatriarle acusándole de adulterio con Julia Livilla, una de las hermanas de Calígula. Séneca fue desterrado a Córcega donde vivió durante ocho años hasta que Agripina, la madre de Nerón, sobrina y quinta esposa de Claudio, le hizo llamar para convertirle en preceptor de su hijo, quien tenía entonces once años. Explica Suetonio, que tampoco muestra mucho aprecio por el filósofo, que Séneca le obligó a no leer a los “autores antiguos con objeto de que su discípulo fijara sólo en él su admiración” (Suetonio, Nerón, LII). También se dice que Agripina ayudó a Séneca para que accediese a la política, enseguida fue nombrado pretor (magistrado por debajo del Cónsul) y entró en el Senado, con una sola intención, ganar para su hijo el prestigio que el culto preceptor podía darle.

 

     Educador y hombre de confianza de Nerón (emperador del 54 a 68), Séneca dirigió la política estatal en compañía de Burro, nombrado por Agripina prefecto del Pretorio. Séneca fue nombrado Cónsul Sufecto dos años más tarde. Con el paso del tiempo los poderosos y hábiles consejeros, Burro y Séneca vieron cómo Agripina poco a poco se hacía con el poder, queriendo incluso retirar a su hijo de la candidatura a emperador en favor del hijo de Claudio, Británico. Avisado Nerón, mandó envenenar a su adversario. Finalmente, también ordenó matar a su madre para frenar sus numerosas intrigas palaciegas. A raíz de los desmanes del emperador, Séneca dejó su cargo como consejero. Durante tres años, Séneca, se dedicó exclusivamente a la literatura y a la filosofía, entonces recibió de Nerón la orden de suicidarse. De nuevo los datos que tenemos sobre el motivo de su condena no son claros. Unos dicen que participó en el complot de Calpurnio Pisón para derrocar a Nerón. Otros historiadores opinan que no intervino pero que fue inculpado tras la tortura de alguno de los participantes. El resultado, fuese cual fuese la realidad, fue el siguiente: todos fueron ajusticiados y Séneca fue condenado a quitarse la vida por orden del emperador. Los historiadores coinciden en la forma de su muerte, Séneca se dio muerte con una estoica firmeza. Antes de quitarse la vida, escribió una carta de adiós, bebió cicuta y se cortó las venas mientras se bañaba en agua caliente. Cuentan que su mujer Paulina también quiso seguirle, pero los soldados evitaron que se desangrase.

 

     Pero antes de que esto ocurriese, Séneca había dejado escritas varias obras literarias, tragedias, sátiras, epístolas y diálogos, pero ha destacado sobre todo por su producción filosófica en la que exponía los preceptos de la filosofía estoica. Esta doctrina filosófica, nació en Atenas cuando Zenón de Citio (333-264 a.C.) fundó su escuela bajo un pórtico pintado (en griego Stóa poililé, de la palabra Stoa derivó estoicismo). La principal escuela filosófica en Roma desde el siglo II a.C., durante la época de la Roma Imperial se interesó principalmente por la ética. El estoicismo consideraba que la finalidad de la vida era obtener la felicidad gracias a la Virtud y esta se conseguía viviendo en conformidad con las leyes de la naturaleza. La premisa era adaptarse a las circunstancias de la vida y esto implicaba verse interesado por los problemas prácticos del día a día. Al mismo tiempo, aquellos hombres estoicos se alejaron de los problemas lógicos y físicos, y consecuentemente aumentó su interés por el espiritualismo que se concretó en un fuerte sentimiento religioso. En sus tratados el filósofo promulgaba el autoconocimiento y la liberación de pasiones y temores para no verse afectado por las desgracias. Séneca amenizaba la lectura de su obra combinando sus propuestas con ejemplos concretos, históricos o de su experiencia personal. Su éxito ha radicado en que las normas expuestas son válidas para todos, son universales e intemporales.

 

     Entre su numerosa producción literaria destacó su tratado Sobre la brevedad de la vida. Aquí Séneca quiso explicar porqué se mostró contradictorio con su forma de vivir, ya que a pesar de defender el retraimiento del filósofo él no lo practicó hasta dejar la política. También destaca su explicación a cerca del tiempo vital, para unos tan corto y sin embargo para él tan largo. La vida, decía Séneca, se alarga cuando la filosofía ocupa la existencia humana, es sólo corta para quien no hace un uso correcto de ella: “el sabio escapa, sólo él, a las leyes del género humano y domina, como un dios, todos los períodos de la historia que están incluidos en su interior”. En Sobre la constancia del sabio Séneca demostraba que el sabio, firme y sereno frente a la adversidad, era inmune a las desgracias. Escribió también Sobre la tranquilidad del espíritu, Sobre el ocio, y dos obras de poca extensión que también tuvieron mucho eco entre los posteriores pensadores, Sobre los beneficios y Sobre la clemencia, dedicado al joven emperador Nerón cuando cumplió los dieciocho años, era el principio de su mandato conocido como una época de moderación. El filósofo le exhortaba y elogiaba para que tratara de evitar la tiranía, argumentándole los beneficios de la ausencia de crueldad. Debía ante todo ganarse al pueblo romano gracias a la clemencia y a la benevolencia. Nerón ya se había desprendido de Británico y Séneca temía que se repitiesen los tiempos de Calígula y Claudio, y así ocurrió cuando unos años más tarde, Nerón olvidó los dictados morales de su preceptor. En su tratado Sobre la providencia, Séneca propone que la existencia del mal fortalece al hombre sabio y esto es así porque Dios quiere que éstos sean ejemplo para las demás personas. Es Séneca el primer estoico que se preocupa más profundamente por la idea de Dios y dice que el hombre, en contra de los preceptos estoicos que suponían que los sabios eran perfectos, es estructuralmente pecador porque si no pecase “no sería hombre”.

 

     El humanismo de Séneca es indudable, a demás de toda su preocupación intelectual y su papel en la política, el filósofo de Corduba se opuso a la esclavitud y a las diferencias sociales, para él “todos los hombres eran completamente iguales”. El estoicismo de Séneca hablaba de la hermandad entre los hombres y de la necesidad de encaminar la moral humana para hacer el bien. Cuando Nerón culpó a los cristianos del incendio de Roma, el sacrificio de éstos lanzó a la fama al cristianismo. Todo parece apuntar a que muchos de sus textos fueron utilizados más tarde por la moral cristiana. Séneca debe su fama al cristianismo antiguo que incluso dijo que el filósofo se había convertido al cristianismo. No existe prueba alguna sobre esta proposición. Fue a partir del emperador Marco Aurelio (121-180), cuando el estoicismo comenzó su ocaso y a finales del siglo III dejó de ser una corriente filosófica independiente. Séneca se convirtió en un referente para muchos pensadores y sobre todo para los Humanistas que le admiraron, no sólo por su estilo literario, sino ante todo por sus ideas. Erasmo de Rotterdam, por ejemplo, fue el primero en preparar una edición crítica de sus obras (1515). El humanista holandés aconsejaba leer “principalmente a Platón y a Séneca”.

 

     Como hemos visto en estas dos primeras biografías, Cicerón y Séneca fueron un modelo a seguir para los literatos, filósofos y políticos obstinados en la conquista de la libertad y la dignidad humana. Ambos dedicaron su vida al estudio de los antiguos y sus obras han sido referentes para muchos pensadores. Pero, mientras que Cicerón propuso cómo mejorar la sociedad, Séneca se preocupó de mejorar la moral del ser humano. Ambos murieron condenados por quienes ostentaban entonces el poder y cuando ya habían abandonado la política. Ambos hicieron lo que proponían los socráticos, estar al lado del que gobierna para iluminarles en sus decisiones y obrar bien, es verdad que no lo consiguieron pero no dejaron de intentarlo. Sus palabras resurgieron con fuerza durante el Renacimiento y se concretaron sus ideales durante la época moderna.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Cultura Clásica.com > Literatura latina > Filosofía: La filosofía en Roma http://www.culturaclasica.com/literatura/la_filosofia_en_roma.htm
Suetonio, Los doce césares. Cayo Calígula y Nerón Claudio. Biblioteca de la Historia. Traducción: Jaime Arnal. Editorial Iberia, SARPE, Madrid, 1985.
Reale, Giovanni; Antiseri, Dario (1983) Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo I: Antigüedad y Edad Media. Traducción: Juan Andrés Iglesias, Herder Editorial, S.L. (1988), 3ª edición, 1ª impresión 2004.
Historia, National Geographic, núm. 25. Séneca, bajo la sombra de Nerón. RBA Revistas, S.A., Barcelona, 03/2006.
Espluga, Xavier; Miró, Mònica (febrer 2002). Llengua i Cultura llatines, Mòdul 2, Gèneres i tòpics de la literatura llatina. Fundació per la Universitat Oberta de Catalunya, Barcelona. Material realitzat per Eurecamedia, S.L.
Montanelli, Indro (1994) Historia de Roma. Barcelona: Novoprint, S.A. De Bolsillo.
Sénèque, De la Clémence Traduit par Franck Lemonde. Rivages poche / Petite Bibliothèque. Éditions Payot & Rivages, Paris, 2005.

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About Pilar Mur López

Nacida en Barcelona (1961). Diplomada en Magisterio y Licenciada en Humanidades por la UOC en febrero 2011. Experiencia laboral: administración, profesora de ofimática y contable. Idiomas: castellano (lengua materna), francés (Liceo Francés de Barcelona), catalán (nivel C) e inglés (First Certificate). Actualmente soy secretaria de la Associació de Diabètics de Catalunya delegació Barcelona.

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