Moon: Redescubriendo el futuro (II)
Que los Desiertos Florezcan
Durante gran parte del 2009 el nombre de Duncan Jones ha resonado entre los más variados círculos críticos debido al éxito cosechado en el festival internacional de Sitges con una película de ciencia ficción que distaba notablemente de los cánones establecidos hasta la fecha. Ese mismo año, el desconocido Neill Blomkamp también hizo su particular debut con su película District 9, producida por Peter Jackson, una mezcla entre Alien Nation (Rockne S. O’Bannon, 1988) y Tranformers (Michal Bay, 2007) en la que unos seres extraterrestres quedaban varados en la cuidad de Johannesburgo. Una cinta sin demasiadas complicaciones narrativas pero con un asombroso diseño artístico que le valió cuatro nominaciones a los Oscars de 2009.
Sin embargo, el filme que nos ocupa, Moon (2009), se ha convertido por motu propio en una de las producciones de las cuales más se ha hablado durante todo este año, no por haber sido uno de los pelotazos más sonados del Festival de Sitges, sino por su descarado homenaje a la ciencia ficción más clásica, con innumerables similitudes con 2001: A Space Odyssey (Kubrick, 1968) o Silent Running (Trumbull, 1971) entre otras muchas. En realidad, más que una película, Moon es el producto resultante de una compleja estructura argumental y una primorosa construcción visual, aliñada con abundantes referencias y homenajes constantes a varios de los grandes filmes de los años sesenta y setenta, a toda aquella imaginería que definió la CF contemporánea y es ahora parte de nuestra cultura popular.
Duncan Jones (a.k.a. Zowie Bowie), hijo del famoso David Bowie quien también tuvo un leve contacto con la CF tras protagonizar The Man Who Fell to Earth (Nicolas Roeg, 1976), opta por una lenguaje visual característico, sobrecargado y ciertamente aséptico, donde las tribulaciones existenciales de Sam Bell (interpretado por el actor Sam Rockwell) toman forma de manera progresiva. Con un presupuesto de unos cinco millones de dólares, Moon ha sabido rescatar del olvido una manera de hacer y de entender la CF que muchos considerábamos muerta y definitivamente enterrada desde que, a finales de los años setenta, la quietud y la tranquilidad de aquel inmenso espacio imaginado por Arthur C. Clarke en muchas de sus novelas se convirtiese en una pista de carreras para cruceros espaciales de cartón piedra y destructores imperiales a escala.
Moon es una interesante maraña de realidades mentirosas, mentiras verdaderas y apariencias engañosas. Mucho se ha dicho sobre los diferentes tropos que usa la película para articularse como historia de CF y es cierto que, si bien hace uso muchos tópicos del género, los presenta de forma bastante coherente y atractiva. La quietud del espacio, la soledad, la identidad y el sentido propio de la existencia humana se articulan de manera excepcional dando como fruto una historia que oculta más de lo que muestra, dando por hecho que nosotros tomaremos el relevo de Sam Bell y seremos capaces de desentrañar los misterios que oculta la corporación Lunar Industries Ltd. y su base lunar Sarang (que, curiosamente, significa amor en coreano). Todo esto es sólo el armazón del filme ya que ni ese guion tan elaborado y pulido, ni esa dirección y montaje tan estilizados se sostendrían por sí mismos de no ser por el impresionante Sam Rockwell, quien cruza el atlántico para enfrentarse al mayor desafío de su carrera, un riesgo deseado y temido a la vez por todos los actores con cierto renombre, el hecho enfrentarse en completa soledad a una película extrañamente compleja y dramática de ciencia ficción.
Y esa soledad la podemos casi tocar a lo largo de la historia de Moon, una historia ciertamente atípica, bastante alejada de lo que la industria de Hollywood nos tiene acostumbrados. La acción transcurre dentro de unos veinticinco años y nos presenta un futuro en el cual la Tierra ha sufrido una crisis energética a escala global y ha decidido optar por el Helio-3 como fuente de energía, un isótopo liviano no radioactivo del Helio que contiene un solo neutrón en lugar de dos. La empresa multinacional Lunar Industries Ltd. se encarga de la explotación del Helio-3 en la cara oculta de la luna, por lo cual ha instalado una base a pequeña escala llamada Sarang para la recolección y gestión del material, y es aquí donde conocemos a Sam Bell, un operario que ha firmado un contrato de tres años con la empresa Lunar Industries Ltd. para trabajar en la base y gestionar las cosechadoras – gigantescos recolectores de roca lunar llamados como los cuatro evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan – junto con el robot auxiliar Gerty para el posterior envío del material a la Tierra usando un pequeño transbordador.
Un argumento escueto, pero altamente significativo. La Lunar Industries Ltd. es una corporación asiática que posee un evidente monopolio energético debido a que, como es de suponer, controla la fusión fría necesaria para transformar el Helio-3 en energía limpia y segura. Según diversas estimaciones, sólo unas veinte toneladas del mismo pueden, si se domina la tecnología de la fusión fría, sostener las demandas de energía de la Unión Europea al completo durante un año. Es más, el inicio de la película es una verdadera declaración de intenciones, La Lunar Industries Ltd. es una multinacional con una elevada conciencia ecológica – a diferencia de otros gigantes de hoy día como Exxon o Shell – que produce energía totalmente limpia, y de ahí su ironía. El spot publicitario del comienzo de la cinta pone en contexto al espectador con un documento aparentemente no ficticio, sacado de algún un canal de televisión por cable, como ya hiciera el genial John Brunner en la novela Stand On Zanzíbar (1968) al introducir diversos elementos periodísticos y publicitarios para ambientar sus historias. La compañía Lunar Industries Ltd. es una megacorporación que posee un mercado a escala global por lo que no escatimará en medios para conseguir mantener su monopolio y maximizar sus beneficios, a pesar de que esto signifique pasar por encima de Sam Bell, un simple conserje espacial que se encarga de mantener la base lunar en orden, recordando aquellas imparables corporaciones asiáticas que habitaban el universo de Neuromancer (Gibson, 1984) capaces de controlar las esferas más altas del gobierno dentro de un sistema de feroz capitalismo y globalización política basado en el flujo libre de información dentro de la Red.
Decía el padre de la novela norteamericana, Mark Twain que “lo peor de las soledades consiste en no sentirse cómodo consigo mismo” pero este problema se magnifica exponencialmente cuando hay varios “uno mismo” con los que sentirse incómodo. Y es peor cuando uno está solo con ellos y una máquina, llega al colmo cuando todos se encuentran en el lado oscuro de la luna, y raya la locura cuando uno descubre que todo aquello en lo que creía es una completa farsa. Sin duda alguna, el atractivo de Moon reside en su peculiar forma de abordar la identidad y la soledad de nuestro protagonista, quien a lo largo de las últimas dos semanas de contrato laboral, comienza a sufrir incómodas jaquecas y a experimentar alucinaciones sin razón aparente. Sam Bell combate la monotonía y el aislamiento repasando sus memorias, construyendo una enorme maqueta de su ciudad natal, manteniéndose en forma en la cinta para correr, y atendiendo su extensa colección de plantas de interior. Las comunicaciones en tiempo real se encuentran suspendidas debido a una falla en el satélite de comunicaciones, lo que provoca un retardo considerable en el envío y recepción de señal. Sam Bell echa de menos a su esposa y a su hija Eva de quienes recibe videos diariamente mediante un satélite secundario, situado a varios millones de kilómetros. Su única compañía es Gerty, el robot auxiliar que controla los sistemas electrónicos de la base y que muestra su apoyo psicológico a nuestro protagonista, le corta el pelo, le prepara la comida y es incapaz aparentemente de mentirle. Pero algo parece andar mal en la base minera Sarang. Los videos presentan frecuentes cortes y vacíos, como si hubiesen sido editados a propósito. Sam sufre continuas jaquecas, se siente paranoico y ha comenzado a tener alucinaciones con una joven desconocida de cabello negro que se pasea por la estación espacial. En una salida de rutina para reparar una de las cosechadoras averiadas, Sam Bell tiene otra visión de la joven, este vez sobre la superficie lunar y sin protección alguna, algo totalmente imposible. La impresión le hace perder el control de su todoterreno lunar y choca aparatosamente contra la parte trasera de la enorme cosechadora. Sam queda inconsciente y atrapado en el vehículo.
Entonces se da el giro en la trama, cuando Sam es rescatado por el propio Sam. El hombre se enfrenta cara a cara consigo mismo, un Sam idéntico, tres años más joven, y notablemente diferente.
El conflicto central de la historia radica en como Sam Bell entiende y asimila que es un clon. Esto se pone en relieve muy pronto en el film ya que los dos personajes comparten gran parte del metraje, de ahí la necesidad de trabajar juntos para lograr escapar de la base minera. Pero ¿Cómo sería encontrarse con uno mismo? ¿Sentirías afecto de forma inmediata o verías tus propios defectos magnificados? Todas estas preguntas quedan en el aire ya que juntos deben desentrañar el misterio de su propia existencia humana y descubrir lo que la compañía tiene planeado para ellos y también para los demás Sam Bell que permanecen en éxtasis criogénico en los sótanos de la base lunar.
Es muy interesante la premisa planteada por Duncan Jones acerca de la identidad de cada uno de los clones. Aunque su ADN es el mismo y ambos poseen las mismas memorias implantadas sobre su vida antes de su viaje a la Luna – es maravilloso el paralelismo existente con los replicantes de Blade Runner ya que Sam Bell posee innumerables fotografías de su estancia en la Tierra que rompe tras averiguar su verdadera naturaleza artificial - son dos personalidades completamente distintas. Uno de ellos, ha pasado tres años en soledad trabajando para la Lunar Industries Ltd. intentando remediar sus errores de pareja, pero ansía volver con su familia. El otro Sam Bell está recién llegado de la tierra, lleno de energía y es bastante más agresivo. De hecho intenta asesinar a su propio clon usando un escalpelo, que maneja con bastante soltura y posteriormente guarda en uno de los bolsillos de su mono de trabajo como medida de seguridad. Obviamente, este Sam Bell necesitaba escapar de su anterior vida en la tierra, probablemente debido a problemas familiares, por lo que se encuentra notablemente activo. Es lógico pensar que distintos eventos – traumáticos en este caso - pueden tener un impacto brutal en nuestra manera futura de entender el mundo, la realidad y a nosotros mismos. Así es como podemos observar personalidades marcadamente diferentes en gemelos idénticos, aunque lleven la misma carga cromosomática. Cada Sam Bell es un ser humano, único e irrepetible aunque con solo tres años de vida y, por lo tanto, extremadamente valioso. Por el contrario, para Lunar Industries Ltd. los clones no son humanos y, por extensión, pueden ser desechados tras un período de servicio. No existe carga moral en ello porque todos ellos han sido creados para tal efecto aunque, como es evidente a lo largo de la cinta, son capaces de sentir como cualquier ser humano.
Incluso la idea de los emoticonos de la pantalla de Gerty tiene cierta relación con la tremenda estrechez de miras de la compañía y, además, su escaso conocimiento sobre la verdadera naturaleza de lo que ocurre en la base lunar Sarang. La compañía tiene en mente un Sam Bell que no es humano, por lo que reducen su interacción con el entorno a simples actividades físicas y también reducen la posibilidad de diálogo o interacción con el propio Gerty tratándolo con paternal condescendencia, usando diferentes iconos para mostrar el tono con el cual Gerty habla o muestra información. En este sentido, Gerty no es ninguna ayuda, pero tampoco es una amenaza como el HAL9000 de la obra de Kubrick, ya que su objetivo es preservar la vida de Sam Bell dentro de la base cueste lo que cueste. Aunque si es capaz de evadir ciertas respuestas, no negar lo evidente, como la existencia de cientos de clones más, pero sí desviar los diálogos hacia su terreno.
Es muy significativo como Gerty, ante las diversas preguntas de Sam Bell sobre si él mismo es un clon, su respuesta siempre es amable aunque evasiva: ¿Tienes hambre, Sam? Aun con todo, es capaz de facilitar la información de todos los clones desechados hasta la fecha (tras insertar un código de seguridad que sólo el robot conoce), de hacer posible la huida de uno de los clones de la base, ofrecerse para borrar de su memoria caché todos los registros de vídeo preservando así el secreto de lo sucedido en la base lunar, y despedir cordialmente a Sam Bell con una verdadera frase de amigo “espero que la vida en la tierra sea como la recuerdas”. No obstante, no es oro todo lo que reluce ya que Gerty posee una opinión bastante diferente que la de Sam Bell sobre el concepto de humanidad.
Justo antes de partir, Gerty informa de que, tras borrar su memoria caché (y con ello toda evidencia de la existencia de los clones) continuará junto con un nuevo clon según lo programado. Sam Bell le reprocha argumentando que los clones no están programados y que son humanos, actuando de manera independiente. La respuesta de Gerty es un rotundo silencio, dejando claro que para el robot, no hay diferencia alguna entre un clon y una simple máquina.
Dejando a un lado los detalles argumentales, la imaginería visual de Duncan Jones es increíblemente realista. Hay que tener en cuenta como, debido al presupuesto de la película, existen muy pocos efectos generados por ordenador, lo que confiere a la cinta esa estética tan atractivamente añeja y apartada de muchas de las superproducciones del momento. A semejanza de otros autores claves dentro del cine de CF como Kubrick o Scott, la puesta en escena cobra vida y se precipita sobre los personajes en una vorágine asfixiante, claustrofóbica y tremendamente feroz. La deuda principal de Moon recae en la obra magistral de Stanley Kubrick “2001: A Space Odyssey”, aunque casi todas las películas del género posteriores rinden tributo estético y temático a ésta obra, como ya lo hizo Silent Running en 1971, dirigida por Douglas Trumbull.
Las estancias de la base lunar Sarang poseen un diseño muy similar al interior de la nave Discovery que imaginasen Kubrick y el escritor Arthur C. Clarke, con espacios minimalistas modulares funcionales propios de la CF de los años setenta donde el espacio habitable se reduce a varios pasillos auxiliares, bahías de carga y amplias secciones principales en un blanco pulcro similar al de un quirófano. El diseño escogido para la información que aparece en los paneles informáticos es heredera directa del layout escogido para 2001, con colores suaves o simple blanco y negro, como podemos observar en las comunicaciones por satélite que se realizan en la base. Toda esta imaginería ha calado profundamente en la cultura popular, haciendo que el concepto de espacio, vehículo espacial o estación espacial se asocie inevitablemente con algún momento de 2001. Lo más interesante es que fue creado de la nada – a diferencia de, por ejemplo, el concepto estético e ideológico del Cyberpunk presente en Blade Runner, el cual llevaba cierto tiempo pululando por algunas revistas como Wired, o los comics de Metal Hurlant durante los años setenta – usando la propia genialidad de Kubrick y el extenso bagaje científico y literario de Sir Arthur C. Clarke, autor del relato que dio origen al filme llamado The Sentinel (1948) y que, posteriormente fue novelizado con un rotundo éxito.
Recordemos como este tipo de decorado permaneció en vigor hasta finales de los años setenta cuando el director Ridley Scott dotó al interior de la nave Nostromo de un diseño mucho más asfixiante, arruinado y claustrofóbico, el ambiente prefecto para el desarrollo del xenomorfo que intentaba acabar con la teniente Ellen Ripley, revolucionando de nuevo la estética de la CF tres años después gracias al diseñador Syd Mead y su particular visión del futuro en Blade Runner.
Gerty controla todo lo relacionado con el interior de la base Sarang pero, a diferencia del ordenador HAL, Gerty es más tosco, posee partes móviles y un pequeño display con el que logra comunicar sus diferentes estados de ánimo mediante emoticones pero, al fin y al cabo, las analogías con 2001 son bastante obvias. No sólo Gerty se parece a HAL 9000 – es HAL 9000 pero sin la neurosis que hace que el computador asesine a casi todos los astronautas de la Discovery durante su largo viaje a Júpiter- y también a Madre, la computadora central de la nave Nostromo de Alien (1979) – esta vez, sin considerar prescindible a la tripulación como ocurría en la cinta de Scott – sino que, además, la pequeña planta que el propio Sam Bell cuida con tanto esmero se llama Doug, y precisamente Doug se llamaban dos de los magos que hicieron posible 2001: Douglas Rain, la fatídica voz de HAL y Douglas Trumbull, jefe de efectos especiales y director de la extraordinaria Silent Running (1971).
Las tomas del vehículo lunar de la superficie (una excelente maqueta sobre arena para gatos) son un claro homenaje a los paseos elevados de Kubrik en dirección al cráter Tycho, donde se encontraba enterrado el monolito lunar al tiempo que la conjunción de inicial de la Tierra y la Luna son similares, todo ello bajo el sepulcral silencio característico del espacio imaginado por Kubrick. Como colofón, tenemos una de las últimas escenas del filme, cuando Sam Bell escapa finalmente de la base lunar Sarang y su pequeño transbordador de carga entra en órbita terrestre, un auténtico homenaje al viaje interior – casi los siete minutos de desparrame psicodélico – de David Bowman tras entrar en contacto con el monolito situado en la órbita de Júpiter.
El señor Duncan Jones ha sabido lidiar con una pesada carga de manera formidable, sabiendo recoger el testigo que dejó la olvidada ciencia ficción de los años setenta, añadiendo su toque personal y creando una historia con voz propia. Las semejanzas con la obra de Kubrick son evidentes y no acaban con el paralelismo entre Gerty y HAL 900, con sus temperamentos distintivos e irracionales. También encontramos una precisión científica envidiable y bastante rigurosa que retoma la idea de la Luna como elemento de extrema importancia para la supervivencia de toda una forma de vida. La arquitectura asfixiante de la base lunar Sarang y su contraste con la inmensidad del terreno lunar ponen en relieve la soledad del ser humano y la pesada carga de su identidad, así como la fragilidad de una raza que parece no estar diseñada para la vida en el espacio. A pesar de los evidentes homenajes a toda una generación de escritores y visionarios de la CF, Duncan Jones y su ópera prima Moon nos animan soñar, a seguir redescubriendo el futuro.
Bibliografia
-
Aldiss, Brian. “Thrillion Years Spree: The History of Science FIction”, London Press, ©1984
-
Booker, M. Keith. “Alternate Americas: Science Fiction and American Culture”, Praeger, ©2006.
-
Bould, Mark and Roberts, Adam. “The Routledge Companion to Science FIction”, Routledge, ©2009.
-
Broderick, Damien. “Reading by Starlight: Postmodern Science Fiction”, Routledge, ©1995.
-
Brooks, Landon. “Science Fiction After 1900: From the Steam Man to the Stars”, Routledge, ©1995.
-
Disch, Thomas M. “On Science FIction”, University of Michigan Press, ©2005.
-
Kerslake, Patricia. “Science Fiction and Empire”, Liverpool University Press, ©2007.
Articulos similares:
- Moon: Redescubriendo el futuro [I] escrito el 18 julio 2010 por Fernando Rafael Criado Antonio
- FRANKENSTEIN EDUCADOR escrito el 20 febrero 2011 por Mayte Duarte
- El mito de Perseo y “Furia de Titanes” escrito el 12 abril 2010 por Sebastián Martínez
- Lecturas clásicas para el verano escrito el 27 mayo 2010 por Sebastián Martínez

The Moon: Redescubriendo el futuro (II) by Fernando Rafael Criado Antonio, unless otherwise expressly stated, is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain License.


