Odi et amo (poesía pornográfica clásica vii)

En el siglo I a. C. la poesía latina, tutelada hasta entonces por la poesía griega, alcanzó personalidad propia; entre los autores de esa época destacan Lucrecio y Catulo. El primero es autor de un extenso poema didáctico conocido como Sobre la naturaleza de las cosas (De rerum natura), donde expone, siguiendo la doctrina epicúrea, el sentido de la vida y la intrascendencia de la muerte. Por su parte, Catulo poetiza sobre el yo de manera abierta o tras la máscara de personajes de la mitología. Ese “yo”, biográfico o simplemente literario, se manifiesta de una forma vehemente, avasalladora, violenta… como en el poema (c. 85) del que procede la frase que intitula este artículo.[1]

La vida del poeta Catulo, Gaius Valerius Catullus, transcurrió entre los años 84 y 54 a. C.[2] Perteneció a una familia acaudalada y bien relacionada de la ciudad de Verona, a la gens Valeria concretamente. Con unos veinte años, Catulo se trasladó a Roma, donde se encontró con conterráneos suyos como C. Nepote, Valerio Catón, Helvio Cinna. Quizá fue atraído a esta ciudad por la personalidad de una mujer, a la que llama Lesbia en sus poemas y que ha sido identificada con Clodia, perteneciente a una de las más antiguas e importantes familias romanas, la gens Claudia, y esposa de Metelo Céler, que fue cónsul en el 60 a. C. Esta mujer, una decena de años mayor que el poeta, cautivó a Catulo y esa relación deja su impronta en muchos poemas suyos. El ardiente amor que manifiesta Catulo por Clodia contrasta con la frialdad y el distanciamiento que se observa en los poemas que el veronés dedica a un joven llamado Juvencio, fuera su relación real o ficticia.

Junto con Valerio Catón, Cornelio Nepote, Helvio Cinna, Licinio Calvo y otros, formó parte del grupo de los neotéroi, jóvenes autores enamorados de la cultura griega, en concreto de la poesía helenística, cuyas normas, géneros, formas métricas, etc. adaptan a lo romano; además cultivan un modus vivendi festivo, alegre, opuesto en gran medida a la tradicional austeridad romana. Esa vida alegre, compuesta de poesía, amor y festejos, se vio alterada por un hecho que influyó en la poesía catuliana: la muerte de su hermano mayor, ocurrida en Bitinia. Catulo abandonó Roma para acudir junto a su padre en Verona; después partió a Bitinia en el séquito del pretor G. Memmio con el propósito de honrar la tumba de su hermano, incrementar su conocimiento del mundo griego y acrecentar su patrimonio.

La obra conservada de Catulo está integrada por 116 poemas con un total de 2.284 versos; tradicionalmente se dividen en tres grandes grupos: los c. 1-60 constituyen un conjunto de poemas menores en formas métricas variadas; en cambio, los c. 61-68 son los poemas más extensos (entre 24 y 408 versos), donde predomina el metro dactílico; y los c. 69-116 son poemas menores en dísticos elegíacos. No parece que Catulo haga referencia a este conjunto, cuando en el c. 1, en que dedica a Cornelio Nepote su trabajo poético, habla de libellus y nugae, pues el diminutivo libellus no parece adecuado para un conjunto poético tan extenso y a la vez, da la impresión de que con nugae no pudo referirse a los c. 61-68. De hecho, ni siquiera existen pruebas que demuestren que el orden actual de los poemas pueda remontarse al autor, aunque es bien cierto que podemos descubrir secuencias de poemas ordenados de una manera coherente. Quizá el librito (libellus) de Catulo fuera refundido por él mismo o por otra persona, manteniendo en parte la ordenación inicial.

Antes de entrar en materia, acaso sea conveniente dar una breve pincelada sobre la poesía catuliana; en ella destaca la influencia y su conocimiento de la poesía griega, que se percibe claramente en los c. 61-68, los mitológicos poemas mayores, pero que también está presente en los otros poemas, donde entre los contenidos populares rezuman trazos cultos e influencias de la poesía griega. No obstante, la originalidad de Catulo se manifiesta en aspectos como la fuerza expresiva, el representarse como víctima del amor sometido a Lesbia o el uso de formas de la poesía popular latina.

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Es de risa

Veamos ya algunos de estos poemas de Catulo:

Te lo pido, dulce Ipsitila mía,

delicias mías, cariño mío,

invítame a venir a tu casa a mediodía.

Y si me invitas, añádase esto:

que nadie eche el cerrojo de la entrada,                                      5

ni se te antoje marcharte fuera;

quédate en casa y prepárate conmigo

a echar nueve polvos seguidos.

De verdad, si lo haces, invítame ya,

pues descanso después de comer y, satisfecho, boca arriba,   10

reviento la túnica y el manto.[3]

El poema[4] adopta, al menos al principio (v. 1-3), la apariencia de una carta, cuyo autor solicita ser invitado a la casa de una mujer; a continuación, siguen unas peticiones que faciliten el encuentro (v. 4-7) y la verdadera razón de la demanda (v. 8-11): la acuciante necesidad sexual del poeta. Las nouem continuas fututiones,[5] los “nueve polvos consecutivos”, cuantifican, por decirlo así, esa necesidad, mientras que la imagen del pene reventando las vestiduras ilustran su intensidad. A la imagen de la erección a través de los ropajes ya hemos hecho referencia en nuestro comentario de un epigrama de Marco Argentario.[6]

En el poema anterior, composición de circunstancias o mera broma, contrastan la acaramelada cortesía inicial y el indisimulado final; algo semejante puede observarse entre el principio y el acabamiento de este otro poema:

¡Vaya caso ridículo y chistoso, Catón,

digno de tus oídos y de tu risa!

Ríe, si aprecias, Catón, a Catulo:

el caso es ridículo y demasiado chistoso.

Pillé hace poco a un zagal que embestía                      5

a una chica: α ése yo – válgame Díone-

encima le caí con mi cosa tiesa cual lanza.[7]

Los cuatro primeros versos introducen de forma encomiástica la anécdota:[8] se trata de una cadena sexual, aunque involuntaria por parte de dos de los tres participantes; tal circunstancia se acerca a las descritas por Estratón de Sardes,[9] pero este autor las interpreta como algo prodigioso, mientras que Catulo las dibuja como algo risible.

La mención de Díone en el sexto verso se puede considerar una alusión in opponendo: Catulo recuerda un pasaje de la Ilíada (V 375-385), en que Afrodita, hija de Zeus y Díone, se refugia en los brazos de su madre buscando consuelo, tras ser herida, en la batalla en torno a Troya, por la lanza de Diomedes, cuando trataba de sacar de la lucha a su hijo Eneas. Catulo refuerza este contraste comparando su órgano sexual (rigida mea)[10] con una lanza (protelo): Catulo -como Diomedes- hiere al muchacho -sería Afrodita- que busca consuelo en los brazos de la muchacha -como Díone consuela a Afrodita-. Ni que decir tiene que las lanzas como metáfora del órgano sexual masculino, que cuentan con algunos antecedentes ilustres, tuvieron repercusión,[11] como más adelante veremos. En cuanto a trusantem, cabe resaltar que, aunque se trata de un hápax, corresponde a una metáfora en que “golpear” significa “tomar parte activa en el coito”.[12]

Bajos fondos

En otro poema[13] encontramos de nuevo una estructura díptica, cuya segunda parte se opone con fuerza a la primera. Esta vez se trata de la mujer amada por Catulo, Clodia, llamada Lesbia en los poemas que le dedicó. En estos versos contrasta el enamoramiento pasado de Catulo (v. 1-3) con la depravación presente de Lesbia (v. 4-5):

Celio, nuestra Lesbia, aquella Lesbia

aquella Lesbia, a la que Catulo amó,

a ella sola, más que a sí mismo y a todos los suyos,

ahora en encrucijadas y porches

despelleja a los nietos del magnánimo Remo.[14]              5

Catulo advierte a Celio (posiblemente el amante de turno de Lesbia) de las actividades a que se dedica esta mujer en los bajos fondos: glubit, en el quinto verso, verbo que hemos traducido por “despelleja”, tiene un claro sentido obsceno e implica la realización de actos carnales de cualquier tipo.[15] La prostitución callejera, como ya hemos referido anteriormente,[16] ocupaba el grado inferior de la escala de la carnalidad de pago. En otro poema Catulo retrata a una mujer muy amada por él, aunque sin mencionar su nombre, en otro lugar de muy mala reputación:

Taberna rijosa y vosotros, sus habituales,

la de la nona columna desde los hermanos del píleo,

¿creéis que sois los únicos que tenéis polla,

los únicos a los que es lícito follarse

a cualquier muchacha y tener a los demás por cornudos?        5

Como estáis sentados cien o doscientos bien apretados,

pandilla de bobos, ¿creéis que no me atreveré

a metérosla en la boca a los doscientos putos a la vez?

Y creed esto: que os voy a pintar

toda la fachada de la taberna con cipotes.                                   10

Pues aquella muchacha, que escapó de mi pecho,

amada por mí cuanto no lo será ninguna,

por la que libré grandes guerras,

se sienta aquí. De ella vosotros, hombres buenos y dichosos,

todos, estáis enamorados, y ciertamente, lo que es indigno      15

es que todos sois poco hombres y putañeros de callejón;

y más que ninguno de esos melenudos tú,

hijo de la conejera Celtiberia,

Egnacio, a quien convierten en hombre de pro su barba espesa

y la dentadura frotada con orina ibera.[17]                                 20

De la misma forma que en el poema anterior se presentaba a Lesbia dedicada a la prostitución callejera, en el poema que acabamos de traducir[18] Catulo sitúa a su amada (“amada por mí cuanto no lo será ninguna”, es también Lesbia, no lo dudemos) en una taberna donde suelen darse cita individuos poco dignos, aunque se dan aires y se hacen pasar por hombres de bien; recordemos que en muchas tabernas, además de satisfacer sus deseos de comer y de beber, los clientes podían contratar los servicios de prostitutas a un precio módico.

Pero, aunque Lesbia haya caído, según denuncia el veronés, muy bajo, hay más personajes en el lumpen, como la protagonista de este otro poema:[19]

Rufa, la de Bononia, a Rufito se la chupa;

es la esposa de Meneno, a la que a menudo en los cementerios

visteis llevándose, de una pira incluso, la cena,

mientras, cierta vez que perseguía el pan caído del fuego,

era aporreada por el incinerador semirrapado.[20]               5

La desconocida Rufa, natural de la ciudad de Bolonia, practica la felación (fellat) a Rúfulo, siendo su marido Meneno. El incinerador es un esclavo encargado de la cremación de los cadáveres, está a medio rapar, probablemente porque ha intentado huir; en cuanto al tunderetur, “era aporreada” (v. 5), no cabría descartar un sentido obsceno, como el de su compuesto pertundo del poema 32.[21]

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Gelio… a por ti voy

Acabaremos este artículo consagrado a Catulo con tres poemas de los que dedica a un tal Gelio, personaje que es objeto de las puyas del poeta en varias ocasiones;[22] quizá el poeta lo tuvo por amigo, hasta que interfirió en sus amores con Lesbia, según se podría colegir del c. 91. La traducción de la primera composición podría ser:

¿Cómo lo diré, Gelio? ¿Por qué estos rosados labiecillos

quedan más blancos que nieve invernal,

por la mañana, cuando de casa sales y cuando, en un largo

día, te despierta del dulce descanso la octava hora?

Ignoro qué será en verdad; ¿acaso es cierto ese rumor que corre?      5

¿Que te tragas la cosa tiesa y gorda de la barriga de un hombre?

Sí, es verdad: lo proclaman del pobrecillo Víctor los reventados

costados y tus labios manchados del suero ordeñado.[23]

El poema, como otros que hemos visto anteriormente, comienza de una manera muy distinta a su final, pues al principio parece que va a tocar un lugar común muy habitual, los efectos del amor (los indicia o signa amoris).[24] Mientras que en los primeros versos parece que Catulo va a extenderse sobre los amores de Gelio, en los versos finales Catulo acusa, con unas expresiones muy crudas, a Gelio de practicar la felación, acto que resulta infamante para un romano libre.[25]Este detalle se aprecia en este otro poema[26] de Catulo:

Por el culo os daré y me la mamaréis,

pasivo Aurelio y Furio maricón,

porque me habéis creído, al leer mis versitos,

como son voluptuosillos, poco púdico;

es verdad: el decoro manda que el propio poeta           5

sea casto, mas en nada lo necesitan los versitos,

que así tienen al fin sal y gusto,

si son voluptuosillos y poco púdicos,

y si pueden estimular aquello que excita

no digo a los mozos, sino a esos hombres peludos      10

que no pueden mover sus rígidas caderas.

A vosotros, como habéis leído muchos miles

de besos, ¿poco viril os he parecido?

Por el culo os daré y me la mamaréis.[27]

Volviendo al poema en que Catulo ataca a Gelio, la alusión del sexto verso al miembro viril a través de grandia… tenta (“la cosa gorda y tiesa”)[28] es clara y, en ese mismo verso, nótese también el uso de la metáfora uorare (“tragarse”), donde el acto de comer simboliza la actividad carnal. Finalmente, cabe resaltar que tenta así como emulso… sero (“el suero ordeñado”) no son usados de este modo más que en este poema.

No obstante, los ataques catulianos contra Gelio no acaban aquí:

¿Qué hace, Gelio, quien con su madre y su hermana

se excita y está desvelado con los vestidos quitados?

¿Qué hace quien no deja que su tío cumpla como marido?

¿Acaso no sabes qué gran crimen asume?

Asume, Gelio, uno tan grande que ni la remota Tetis           5

es capaz de lavar ni Océano, padre de las ninfas,

pues no hay crimen alguno en que se vaya más allá,

ni aunque baje la cabeza y se trague a sí mismo.[29]

Ahora Catulo[30] acusa a Gelio de incesto múltiple: con su madre, con su hermana y con su tía,[31] crimen abominable que no es posible purificar de ningún modo, puesto que no hay nada más infamante, ni siquiera la autofelación del último verso.

Acabaremos estas páginas sobre Catulo con otro poema sobre Gelio, en que insiste sobre su dedicación al incesto y la consiguiente delgadez del personaje; a su madre y su hermana se añaden su tío y las muchachitas que andan por su casa:[32]

Gelio está delgado; ¿cómo no? Pues con él vive su madre

tan buena y tan sana, y su hermana, tan agraciada,

y su tío tan bueno y tan lleno todo de niñas

de su familia, ¿por qué dejará él de estar demacrado?

Porque, como no toque nada él, sino aquello que no es lícito tocar,     5

bastante bien entenderás por qué está demacrado.[33]

Este último poema abunda en las acusaciones contra Gelio sobre la base de que su enfermizo aspecto físico se debe a sus excesos sexuales.[34]

Conclusión

Los poemas de Catulo recogen elementos pornográficos en diversas circunstancias y contextos: en el c. 32 el poeta introduce este elemento (una erección sobrehumana), excusándose en una petición a Ipsitilla; la refinada cortesía con que se inicia la composición contrasta con la salacidad de su final, y en ello, en esa ironía, reside su vis cómica. Los mismos factores intervienen en el c. 56, Catulo salta de un educado comienzo a un final pornográfico, aunque esta vez no tenemos una representación estática del poeta en el papel de Príapo, sino una escena cuasi teatral en que el priápico poeta lleva a cabo lo que el personaje de la mitología suele hacer.[35]

Por su parte, el primero de los poemas dedicados a Lesbia, el c. 58, se vale del mismo recurso, el contraste entre principio y fin, pero esta vez la protagonista es su amada, a la que retrata como un personaje degradado, que practica la prostitución callejera. También encontramos a Lesbia en un contexto infamante en el c. 37, donde Catulo además ataca a otros personajes, a los habituales de la taberna, en particular a Egnacio, con diversos insultos y amenazas. La Rufa del c. 59 también es representada en un contexto semejante, acusada de diversas prácticas infamantes. Los tres últimos poemas que hemos leído, c. 80, 88 y 89, recurren a diversas acusaciones (la práctica de la felación y el incesto) para atacar a Gelio.

Notas

[1] El poema dice: Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris. | Nescio, sed fieri sentio et excrucior. (“Odio y amo. Por qué lo hago, acaso preguntas. Lo ignoro, mas siento que así ocurre y me atormento”).

[2] Hay otras cronologías que sitúan su nacimiento en el año 87 u 82 a. C. y su muerte treinta años después. Para más detalles acerca de su biografía, cf., entre otras, las introducciones de los volúmenes dedicados al poeta por parte de M. Dolç (Barcelona, 1963), J. Petit (Barcelona, 19863), A. Soler Ruiz (Madrid, 1993, junto a la poesía de Tibulo), A. Pérez Vega – A. Ramírez de Verger (Huelva, 2005), J. C. Fernández Corte – J. A. González Iglesias (Madrid, 2006). Trata temas relacionados con nuestro trabajo J. M. Blázquez Martínez en el artículo “El mundo amoroso de Catulo y de la Roma de finales de la República” (Gerión vol. extra 1, 2007, 277-310).

[3] C. 32: Amabo, mea dulcis Ipsitilla, | meae deliciae, mei lepores, | iube ad te ueniam meridiatum. | et si iusseris, illud adiuuato, | ne quis liminis obseret tabellam, | neu tibi lubeat foras abire; | sed domi maneas paresque nobis | nouem continuas fututiones. | uerum, si quid ages, statim iubeto: | nam pransus iaceo et satur supinus | pertundo tunicamque palliumque.

[4] Sobre esta composición, cf. M. Ruiz Sánchez, Confectum carmine: En torno a la poesía de Catulo. II. Mito y experiencia personal, Murcia, 1996, p. 309-311; J. R. Heath, “The Supine Hero in Catullus 32”, CJ 82-1, 1986, 28-36.

[5] Para el verbo futuo y sus derivados, cf. E. Montero Cartelle, El latín erótico. Aspectos léxicos y literarios, Sevilla, 19912, p. 121-124.

[6] Cf. nuestro comentario sobre AP V 104 en el artículo “Espuela de oro y flechas de amor”, publicado en esta misma revista (ENLACE), y la nota 20 del artículo citado. Para el uso del verbo pertundo y de otros del mismo campo semántico, cf. E. Montero Cartelle, o. c., p. 155-158.

[7] C. 56: O rem ridiculam, Cato, et iocosam | dignamque auribus et tuo cachinno. | ride, quidquid amas, Cato, Catullum: | res est ridicula et nimis iocosa. | deprendi modo pupulum puellae | trusantem: | hunc ego, si placet Dionae, | protelo rigida mea cecidi.

[8] El Catón mencionado en el poema podría ser Valerio Catón, paisano de Catulo, al que hemos hecho referencia anteriormente. Sobre este poema en general, cf. A. E. Housman, “Praefanda”, Hermes 66, 1931, 402-412; V. Buchheit, “Catull an Cato von Utica (c. 56)”, Hermes 89, 1961, 345-356; W. C. Scott, “Catullus and Cato (c. 56)”, CPh 64, 1969, 24-29; R. G. Tanner, “Catullus LVI”, Hermes 100, 1972, 506-508; D. R. Shackleton Bailey, “O rem ridiculam”, CPh 71, 1976, 348; M. Ruiz Sánchez, Confectum carmine: En torno a la poesía de Catulo. III. La poesía satírica de Catulo, Murcia, 1996, p. 85-89.

[9] Cf. AP XI 225 y XII 210; véase al respecto el artículo “Estratón y los muchachos, segunda parte” publicado en esta revista (ENLACE).

[10] Sobre este tipo de expresiones, consideradas eufemísticas por algunos, véase lo que decíamos a propósito de un poema de Marco Argentario (AP V 104), cf. el artículo “Espuela de oro y flechas de amor”, publicado en esta misma revista (ENLACE), y la nota 20 del artículo citado. Para E. Montero Cartelle (o. c., p. 58) es un disfemismo. El término protelo ha sido bastante discutido, cf. la bibliografía citada en la nota 8.

[11] Cf. E. Montero Cartelle, o. c., p. 76-77.

[12] Cf. E. Montero Cartelle, o. c., p. 148-154, en particular p. 150.

[13] Sobre este poema, cf. M. Ruiz Sánchez, Confectum carmine: En torno a la poesía de Catulo. III. La poesía satírica de Catulo, Murcia, 1996, p. 183-184; D. López-Cañete Quiles, “Tres veces Lesbia (Nota a Catulo, 58)”, Habis 35, 2004, 199-205.

[14] C. 58: Caeli, Lesbia nostra, Lesbia illa, | illa Lesbia, quam Catullus unam | plus quam se atque suos amauit omnes: | nunc in quadriuiis et angiportis | glubit magnanimi Remi nepotes.

[15] Sobre el sentido de glubit, cf. B. Arkins, “Glubit in Catullus 58, 6”, LCM 4.5, 1979, 85-86; H. D. Jocelyn, “Catullus 58 and Ausonius Ep. 71”, LCM 4.5, 1979, 87-91.

[16] Cf. nuestro comentario a AP V 302 y nota 17 del artículo “Solteras y casadas” (ENLACE).

[17] C. 37: Salax taberna uosque contubernales, | a pilleatis nona fratribus pila, | solis putatis esse mentulas uobis, | solis licere quicquid est puellarum | confutuere et putare ceteros hircos? | an, continenter quod sedetis insulsi | centum an ducenti, non putatis ausurum | me una ducentos irrumare sessores? | atqui putate: namque totius uobis | frontem tabernae sopionibus scribam! | puella nam mi, quae meo sinu fugit, | amata tantum quantum amabitur nulla, | pro qua mihi sunt magna bella pugnata, | consedit istic. hanc boni beatique | omnes amatis, et quidem, quod indignum est, | omnes pusilli et semitarii moechi: | tu praeter omnes une de capillatis, | cuniculosae Celtiberiae fili, | Egnati, opaca quem bonum facit barba | et dens Hibera defricatus urina.

[18] Sobre este poema, cf. N. J. Herescu, “Autour de la salax taberna (Catull. 37)”, Hommages à J. Herrmann, Bruselas, 1960, 431-485; M. Ruiz Sánchez, Confectum carmine: En torno a la poesía de Catulo. III. La poesía satírica de Catulo, Murcia, 1996, p. 347-349. Para el uso y sentido del verbo sedere en el contexto del poema, cf. N. J. Herescu, “Sur le sens érotique de sedere”, Glotta 38, 1959, 125-134.

[19] Acerca de esta composición, cf. Ch. Nappa, “Catullus 59: Rufa among the Graves”, ClPh 94-3, 1999, 329-335.

[20] C. 59: Bononiensis Rufa Rufulum fellat | uxor Meneni, saepe quam in sepulcretis | uidistis ipso rapere de rogo cenam, | cum deuolutum ex igne prosequens panem | ab semiraso tunderetur ustore.

[21] Aunque reconozco que ese sentido no parece estar atestiguado para el verbo tundo, cabe señalar también que otros verbos de este campo semántico como bat(t)ueremolere o depsere (a los que cabe añadir el trusantem del c. 56 visto anteriormente), tienen ese valor figurado, cf. E. Montero Cartelle, o. c., p. 148-154. Sea como fuere, quedar al alcance de un esclavo (y aún más, si cabe, de ese nivel) es para los ojos de un romano el colmo de la infamia.

[22] Además de los poemas recogidos aquí, cf. los c. 74, 90 y 91. Sería L. Gelio Publícola, personaje que ocupó, entre otros cargos, el de cónsul en el año 72 a. C.

[23] C. 80: Quid dicam, Gelli, quare rosea ista labella | hiberna fiant candidiora niue, | mane domo cum exis et cum te octaua quiete | e molli longo suscitat hora die? | nescio quid certe est: an uere fama susurrat | grandia te medii tenta uorare uiri? | sic certe est: clamant Victoris rupta miselli | ilia et emulso labra notata sero.

[24] Sobre este poema, cf. L. C. Curran, “Gellius and the Lover’s Pallor: A Note on Catullus 80”, Arion 5-1, 1966, 24-27. En general, para los poemas sobre Gelio, cf. Ph. Y. Forsyth, “The Gellius Cycle of Catullus”, CJ 68-2, 1972-1973, 175-177.

[25] En otro poema, el c. 21, Catulo amenaza otra vez a Aurelio, un rival en amores, con someterlo a una felación forzada. También profiere una amenaza semejante en el c. 37.

[26] Para este poema, cf. H. D. Rankin, “Poem 16 of Catullus”, SO 51, 1976, 87-94; R. Schievenin, “Poesia e turpiloquio nel carme 16 di Catullo”, Materiali e discussioni per l’analisi dei testi classici 44, 2000, 195-209.

[27] C. 16: Pedicabo ego uos et irrumabo, | Aureli pathice et cinaede Furi, | qui me ex uersiculis meis putastis, | quod sunt molliculi, parum pudicum. | nam castum esse decet pium poetam | ipsum, uersiculos nihil necessest, | qui tunc denique habent salem ac leporem, | si sint molliculi ac parum pudici | et quod pruriat incitare possunt, | non dico pueris, sed his pilosis, | qui duros nequeunt mouere lumbos. | uos, qui milia multa basiorum | legistis, male me marem putatis? | pedicabo ego uos et irrumabo.

[28] Para este uso de tenta, comparable al de rigida del c. 56, cf. E. Montero Cartelle, o. c., p. 81-83.

[29] C. 88: Quid facit is, Gelli, qui cum matre atque sorore | prurit et abiectis peruigilat tunicis? | quid facit is, patruum qui non sinit esse maritum? | ecquid scis, quantum suscipiat sceleris? | suscipit, o Gelli, quantum non ultima Tethys | nec genitor nympharum abluit Oceanus: | nam nihil est quicquam sceleris, quo prodeat ultra, | non si demisso se ipse uoret capite.

[30] Sobre este poema, cf. S. J. Harrison, “Mythological incest: Catullus 88”, CQ 46, 1996, 581-582.

[31] De corromper a su tía también se le acusa en el c. 74.

[32] Sobre este poema, cf. S. J. Harrison, “Halls full of girls? Catullus 89.3”, CQ 51, 2001, 304-305.

[33] C. 89: Gellius est tenuis: quid ni? cui tam bona mater | tamque ualens vivat tamque uenusta soror | tamque bonus patruus tamque omnia plena puellis | cognatis, quare is desinat esse macer? | qui ut nihil attingat, nisi quod fas tangere non est, | quantumuis quare sit macer inuenies.

[34] Véase lo que decíamos en relación a la sodomía y la podagra a propósito de un epigrama de Estratón de Sardes (AP XII 243) en nuestro artículo “Estratón y los muchachos, segunda parte”, publicado en esta revista (ENLACE).

[35] A Príapo y a las composiciones poéticas en su honor dedicaremos un artículo más adelante.

Ilustraciones

1. Catulo en casa de Lesbia (1865) de L. Alma-Tadema.

2. Catulo leyendo a sus amigos (1885) de Stepan Bakalovich (1857-1936). Tretyakov Gallery, Moscú.

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About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

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