Persecuciones cristianas a los paganos

 

 

En 311 el emperador romano Galerio Maximiano, enfermo de muerte debido a un cáncer avanzado, firmaba en Nicomedia un edicto en el que tildaba a los cristianos de estúpidos, caprichosos y locos. Sin embargo, en el mismo edicto convertía al cristianismo en religio licita terminando con la sangrienta persecución que había iniciado su antecesor Diocleciano [1]. El cristianismo dejaba atrás una época de persecuciones y se le permitía salir a la luz. Apenas 80 años después, el emperador Teodosio ordenaba que se apagase el fuego a Vesta y que las vestales abandonaran el templo, acabando así con un símbolo que había acompañado a Roma desde el principio de su historia. En ese mismo año los ritos paganos tanto públicos como privados quedaron abolidos y los templos abandonados al prohibirse a los fieles que los frecuentaran [2]. Era la señal de que el paganismo había perdido definitivamente la batalla frente al cristianismo. A partir de entonces, el cristianismo no dejó de expandirse hasta ser la única religión permitida en el declinante Imperio Romano.

 

Paganos sí, pero no incultos.

El término paganismo definido como no-cristiano simplifica enormemente todo el universo de creencias que había en el Imperio en el siglo IV, y por otra parte contiene cierta carga peyorativa que me gustaría matizar. Pagano proviene de pagus o aldea. Los primeros cristianos llamaban así a los seguidores de la religión tradicional, por la sencilla razón de que fue en el medio rural donde estas religiones sobrevivieron más tiempo y con mayor fuerza. Con este apelativo se pretendía hacer notar la falta de cultura y la zafiedad de los creyentes en una religión errónea. Nada más lejos de la realidad. De hecho, el conocimiento clásico, y muy especialmente la filosofía, eran campos casi exclusivamente paganos mientras que los cristianos, aunque gobernados por personajes con una considerable cultura, hicieron de la ignorancia una virtud. El mismo Pablo nos advierte en sus epístolas contra el saber de los filósofos y la locura de los sabios, afirmando que el único conocimiento válido era el que acercaba a Dios [3].

Por otra parte, la definición simple de pagano como “no cristiano” engloba una enorme diversidad de religiones y creencias que en realidad eran la suma de todas las de los pueblos bajo dominio romano. En principio, toda religión era permitida siempre y cuando no entraran en conflicto con la divinidad del emperador. No en vano fue éste el principal problema para la aceptación de cultos monoteístas como el judío o el cristiano, y la razón de las primeras persecuciones. Dicho todo esto, a pesar de todo seguiré utilizando el término pagano por comodidad y por no encontrar otro mejor, siempre que el lector tenga en cuenta estas dos puntualizaciones.

 

Religio illicita.

Los primeros siglos de vida no fueron fáciles para los cristianos, debido principalmente a tres razones. En primer lugar, el franco antisemitismo de los romanos, ya que en un principio los cristianos eran indistinguibles de éstos entre otras cosas porque provenían de unas raices judías. En segundo, porque el secreto con el que llevaban sus ritos propició todo tipo de murmuraciones tales como las acusaciones de infanticidio o de canibalismo ritual. En tercero, la negativa de los cristianos a aceptar otro dios que no fuera el suyo, y más concretamente al divinizado Emperador. A pesar de estos problemas, tampoco hay que creer los manuales cristianos que cuentan hasta diez persecuciones sangrientas y decenas de miles de mártires que se ven obligados a esconderse y a practicar sus ritos en las catacumbas. Los registros indican que los cristianos no hacían grandes esfuerzos por ocultarse, y los historiadores actuales tienden a rebajar considerablemente el número de mártires y a dudar mucho de las Actas de los Mártires [4].

Es difícil saber el número de cristianos que había en los siglos II y III, pero existe la seguridad de que se trató de una religión de éxito desde el primer momento, extendiéndose con facilidad primero en las clases más bajas urbanas. El cristianismo resultaba especialmente atractivo al ser una religión universalista y liberadora, en la que no había distinción de clase y ofrecer la salvación por igual. Aunque hubo muchas excepciones, el medio rural y la aristocracia es donde tuvo menor penetración. En el ejército, aunque hubo cristianos, la religión más extendida era el mitraísmo, muy parecida en muchos aspectos al cristianismo pero con la ventaja de que permitía compatibilizarla con supersticiones muy arraigadas entre los legionarios. Las principales religiones competidoras del cristianismo eran en realidad muy similares. Sin ser formalmente religiones, el neoplatonismo o los pitagóricos incorporaron sin pudor creencias irracionales tales como la astrología, la magia o la hechicería, en un corpus de creencias que conferían características divinas a Pitágoras o a otros hombres destacados de la doctrina. De hecho, el neoplatonismo, la más extendida y directa competidora del cristianismo, más que una escuela filosófica era un conjunto de creencias que eran perfectamente asimilables a una religión monoteísta, con una idea de la divinidad creadora, omnipotente y omnímoda que es la creadora del alma, y un alma que se salva en virtud de sus buenas obras.

 

Religio licita.

Cuando Lactancio redactó su obra “De las muertes de los perseguidores”, no escatimó apelativos en su retrato del emperador Galerio [5]. Una obra con tal título hace sospechar de la ecuanimidad de su autor, pero si hemos de creerle, Galerio era un ser corrupto y bestial, cuya madre de origen bárbaro le habría enseñado ritos infames a dioses crueles. Según el mismo autor, al final de su vida Galerio es castigado por el dios cristiano, haciendo que fuera devorado desde el interior por gusanos y haciéndole sufrir los más terribles dolores, en lo que probablemente era algún tipo de cáncer. El apologeta afirmaba que Galerio finalmente se rindió al dios cristiano y firmó el edicto de Tolerancia de Nicomedia, para luego morir en pocos días.

Este relato de Lactancio abunda en la tradición milagrera y en el afán de revancha divina tan propia de los primeros siglos del cristianismo, aunque tiene pocos visos de ser real considerando el texto del edicto. Si Lactancio tiene poca simpatía por Galerio, a éste tampoco le gustaban demasiado los cristianos. En el breve texto del edicto, se dice de los cristianos que están “presos de tamaña estupidez”, que “por su propio capricho” siguieron leyes propias, renunciando a “la razón y el buen sentido”. Termina diciendo que a pesar de ello su tolerancia debe extenderse “también a este caso”. El edicto por tanto rezuma resignación ante lo que se considera cerrazón, locura y estupidez de los cristianos, pero desde luego no es obra de alguien que les estimara en absoluto ni les considerara vencedores, sino todo lo contrario.

La tradición y algunas novelas pseudohistóricas han hecho de Constantino el gran defensor e incluso el creador del cristianismo. Aunque estas novelas abundan en tópicos muy dudosos, lo cierto es que con Constantino comienza la época dorada para los cristianos, solo interrumpida por el breve paréntesis de Juliano. Aún se discute si Constantino llegó en algún momento a ser cristiano, pero lo que es seguro es que nunca dejó de ser pagano. Su principal biógrafo, Eusebio de Cesarea, cuenta como la iniciación del emperador en la nueva fe se produjo en víspera de su batalla contra Magencio, cuando tuvo una visión con un crismón que le decía “con este signo vencerás”. Constantino manda poner este símbolo en todos los escudos y vence. Hay que dudar y mucho de la veracidad de este episodio y sobre todo de que significara algo más que el uso de un amuleto. Lo que no puede negarse es que a partir de esa victoria aparece como consejero el obispo Osio y que se dictan una serie de normas que pretenden poner al cristianismo en igualdad de condiciones. A partir de 324 se produce un giro en favor de los cristianos: por una parte, se niega a participar en una ofrenda a Jupiter Capitolino, y por otra abandona el título de inuictus que le asocia a la simbología solar. A partir de ese momento, la legislación beneficia a los cristianos tanto como perjudica a los paganos. Constantino, muy probablemente por cálculo político más que por convinción religiosa, había decidido ya hacer del cristianismo la religión del estado, y viceversa. Pero insisto, a pesar de ello, nunca abandonó el paganismo.

A pesar de la clara preferencia que Constantino manifestó al final de su vida, la legislación y las actuaciones imperiales iban dirigidas a instaurar una tolerancia generalizada y la paz entre las diferentes religiones. Es cierto que Constantino no tuvo reparos en saquear algunos templos, pero por otra parte en la fundación de Constantinopla fundó tanto templos paganos como cristianos, adornándo ambos con el producto de las expropiaciones. Constantino sólo actuó puntualmente contra aquellos ritos que los cristianos consideraron más ofensivos, como el templo a Afrodita en Afaca y otros relacionados con la prostitución sagrada. También actuó contra los templos construídos en los Santos Lugares, pero esto se justifica por la necesidad de construir una iglesia en el mismo lugar a instancias de su devota madre Elena. Constantino no tomó por tanto ninguna medida referente al cierre ni a la demolición de templos paganos de modo generalizado. Cierto que hubo algunas destrucciones aisladas, pero se debieron a la iniciativa de gobernadores y curiales cristianos.

El inicio de la persecución.

Muerto Constantino en 337, el paganismo pierde paulatinamente la protección imperial. Las voces, antes más tímidas, que pedían más rigor contra los equivocados cultos se hacen más audibles, y los emperadores que siguieron las escucharon. Constancio II es quien comienza a tomar medidas más extremas. En 341 promulga una ley prohibiendo los sacrificios [6], ley que con toda seguridad no se cumplió habida cuenta que Teodosio tuvo que volver a prohibirlos más adelante. En 346 prohibe el acceso a los templos, y se decreta su demolición en caso de que usen para la celebración de sacrificios [7]. Constancio II aún tomó varias medidas contra el paganismo, pero la que tuvo más repercusión fue la de retirar el Altar de la Victoria de Roma, todo un símbolo para el Senado y de la mos maiorum, de las costumbres de los ancestros.

Por entonces la actitud de los cristianos había cambiado mucho y en lugar de impartir clemencia clamaban venganza. Fírmico Materno animaba a Constancio II a destruir los templos paganos, fundir las estatuas y asesinar a los sacerdotes [8]. Los obispos, recordando a los fieles las persecuciones que habían sufrido en el pasado, los animaban a luchar activamente contra el paganismo en la convicción de que destruir sus lugares de culto significaba más conversiones, lo que no estaba equivocado del todo. El edicto de Constancio II de 346 servía de pretexto a los instigadores de las destrucciones de templos para afirmar que se estaban llevando a cabo sacrificios, y el saqueo de los templos daba a estas acciones un aliciente añadido, unas acciones en las que a menudo se producían mártires paganos. Los cristianos reconvirtieron varios templos paganos mediante el sistema de enterrar en ellos a algún cristiano de renombre, lo que por una parte fomentaba la devoción de los fieles y por otra hacía que el suelo pasara a estar corrupto para los ritos paganos. A pesar de todo esto, el paganismo seguía sin estar perseguido, y la destrucción de templos aún estaba prohibida al menos sobre el papel.

Un breve paréntesis.

En 361, Juliano sube al trono. Juliano se había rebelado proclamándose emperador en circunstancias algo confusas, pero afortunadamente Constancio II muere antes de que se produzca una confrontación armada. Juliano había recibido una educación cristiana por orden del emperador, sin embargo no ocultaba que tras su educación había abrazado creencias paganas basadas en cultos mistéricos neoplatónicos. Con su llegada al poder, Juliano pretende restituir al paganismo el lugar que según él le corresponde. En 362 dicta un decreto en que pretende devolver lo robado a los templos, y en el mismo año dicta otro polémico decreto que prohibe a los cristianos la enseñanza de retórica y de gramática. El Altar de la Victoria es repuesto en la curia romana, los templos se reabren y se vuelve a financiar a los sacerdotes.

La visión que tenía Juliano de si mismo como restaurador no sólo estaba mal vista por los cristianos. Varios autores paganos como Amiano o Libanio lo tildaron tras su muerte de ingenuo y de tener un excesivo ardor en revivir cultos abandonados por la población, su acusada credulidad y su afición por los sacrificios de animales, olvidando en ocasiones las necesidades más básicas de la población. Esta ingenuidad y falta de cálculo político le llevaron a episodios como el de la retirada de los huesos de San Babilas de un antiguo templo a Apolo en Dafne. Tras el incendio del templo, Juliano monta en cólera y ordena el cierre de la iglesia de Antioquía, poniéndose a toda la población de la ciudad en contra.

Sea como fuere, este paréntesis apenas duró dos años hasta que Juliano muere en la campaña persa. La muerte de Juliano se produjo en extrañas circunstancias que dieron pie a pensar en una conjura cristiana, aunque por otra parte autores paganos como Amiano tienen sus dudas al respecto y señalan la confusión del combate y el desánimo de Juliano por haber visto presagios nefastos. No sería tan extraña una conjura, si tenemos en cuenta que los autores que siguieron aceptaron sin problemas esta posibilidad, y que la iconografía cristiana se congratuló en representar la muerte de Juliano como un acto de justicia divina [9]. El caso es que le sucedió un oficial cristiano llamado Joviano, se derogaron todas las disposiciones de Juliano y los ataques a los templos paganos se recrudecieron. Tras un breve periodo de confusión, Valentiniano se proclama coemperador junto con su hermano Valente, ambos abiertamente cristianos.

Fervor destructor.

Tras el breve intermedio de Juliano, el cristianismo parece de pronto tener prisa por vengar antiguas ofensas y barrer cuando antes todas las creencias paganas. Si antes se tenía cierta mesura y prudencia ante la ley, la actitud de Joviano, Valente y Valentiniano no dejan lugar a dudas. La legislación de estos dos últimos estrecha el cerco a los paganos, aunque la repetición insistente de ciertas prohibiciones (como las haruspicina) parece indicar que tuvieron un efecto limitado. Al margen de los emperadores, el fervor destructor viene instigado por los obispos. San Martin de Tours, uno de los principales santos de la cristiandad, lleva a cabo en su episcopado (370-397) verdaderas campañas de destrucción contra los templos y lugares sagrados paganos. En estas campañas, grupos de monjes y de cristianos fervientes partían acompañados de legionarios para limpiar amplias zonas de templos paganos, saqueándolos y en muchos casos asesinando a los sacerdotes o a los fieles que se resisitían. En la misma época, Juan Crisóstomo añade en sus sermones a sus ataques contra los paganos las primeras muestras de antisemitismo.

Esta combatividad cristiana que ahora nos resulta tan extraña no se limitaba a la lucha contra los paganos. El mismo fervor se usaba contra los numerosos casos de herejía (el arrianismo era la más extendida), contra los filósofos (en su mayor parte neoplatónicos), y en suma contra todo oponente. De creer a Amiano, en la elección del papa Dámaso en 366 se produjeron más de 100 muertos en la basílica de Sicinino por las luchas entre obispos rivales [10].

Pero fueron los paganos en particular y el conocimiento en general los que lo sufrieron más intensamente. Los sucesivos edictos imperiales iban reduciendo las prácticas religiosas paganas al ámbito de lo privado, el refugio del medio rural y la aristocracia romana. Se organizaron las primeras quemas de libros por parte de Valente, incluso en el ejército se toman disposiciones para favorecer a los cristianos prohibiendo que fueran gobernados por un pagano.

Ecclesia triunfans.

En 378 se produce el desastre romano en Adrianópolis, donde muere Valente y el ejército romano es aniquilado. Un año después le sucede Teodosio, llamado a convertirse en el primer emperador católico. Su coemperador Graciano había sido el primero en renunciar al título de pontifex maximus, terminando así con el último vínculo entre el emperador y la religión tradicional romana. Es el mismo Graciano quien en 382 manda retirar definitivamente el Altar de la Victoria. Se trata de un duro golpe a la aristocracia romana, en claro conflicto con Graciano desde el Senado.

Pero es Teodosio el que da forma, justifica y promueve la ortodoxia. En 380 dicta el Edicto de Tesalónica [11], que aunque está destinado a desterrar la herejía del arrianismo, en la práctica se convierte en la declaración de la oficialidad de la religión cristiana en su variante nicena. Al año siguiente, Teodosio convoca el concilio ecuménico de Constantinopla para conseguir el aval de los obispos a su edicto de 380 y para sentar la doctrina de la trinidad. El catolicismo sale triunfante de este concilio y pasa a ser el dominante en occidente.

Mientras, la destrucción del legado pagano sigue su curso de modo muy activo. El gobernador Materno Cinegio lleva a cabo una serie de campañas de erradicación del paganismo en Egipto por orden del emperador. El obispo Marcelo destruye con la ayuda de soldados la el templo de Zeus en Apamea. Con el mismo ritmo o incluso en los mismos edificios, se construyen iglesias y monasterios por todo el Imperio. Libanio escribió unos años más tarde una petición a Teodosio que describía esta situación y que pedía que la administración protegiera los templos como generadores de cultura y aglutinadores de la comunidad, lo cual demuestra que en su mayor parte se trataba de iniciativas particulares.

Pero el gran cambio se produjo en 391. Un año antes, Teodosio había provocado una masacre en Tesalónica, asesinando a una multitud de entre 3 y 5 mil civiles y niños que se habían rebelado en favor de un líder local. El obispo de Milán, Ambrosio, le exigió al emperador público arrepentimiento (paenitentia publica) por esta masacre, so pena de excomunión. Se trató del primer caso en que un cargo religioso se permitía dar órdenes nada menos que a un emperador. Y éste no sólo le obedeció, sino que con toda probabilidad de este arrepentimiento salieron una serie de agresivas disposiciones en 391 [12], siendo las más relevantes la prohibición de los sacrificios tanto públicos como privados, la visita a los templos paganos, y la orden de cierre del templo a Vesta.

Ensañamiento.

Hay que imaginar la escena. El fuego sagrado, custodiado por las seis vestales, había estado encendido ininterrumpidamente desde tiempos de Numa Pompilio en el siglo VII a.C. Vesta era la protectora del hogar, diosa de la fidelidad y un símbolo de la continuidad de las tradiciones. Más de mil años después, en 394 este fuego se apaga y las seis vestales se ven forzadas a abandonar el templo. Cuesta imaginar la conmoción que esto debió suponer para los romanos tradicionales, los aristócratas educados en el respeto por la mos maiorum. Sin el fuego a Vesta, sin el Altar a la Victoria, Roma había dejado de ser romana.

En 391, aún bajo la influencia del obispo Ambrosio, Teodosio ordena expresamente la destrucción de los templos en Egipto. La orden la cumple el propio obispo de Alejandría, que lanza a fieles y soldados contra el Serapeion, el templo a Serapis. El templo es destruído, y con él la biblioteca. Muchos de los sacerdotes mueren en el asalto, los bienes del templo son saqueados, las estatuas rotas y los pergaminos quemados. No se trataba de algo nuevo, de hecho se venían destruyendo templos desde Constantino. La destrucción del Serapeion, y de su biblioteca, sin ser nueva tiene el valor de un símbolo para el paganismo.

El epílogo de esta lucha lo protagonizaron un cristiano y un pagano que lucharon de la mano. En 392, el cristiano Eugenio se rebela contra la destrucción de todo el legado clásico, atrayendo a muchos paganos a sus filas, entre ellos al aristócrata Flaviano. Dos años después, Eugenio es derrotado en el río Wippach y Flaviano se suicida. La causa del paganismo queda desacreditada y ya nunca se recuperará.

Final y principio.

El paganismo no murió con Teodosio. La práctica de muchos cultos paganos sobrevivió varios siglos en las zonas rurales de manera bastante abierta. Algunos de ellos terminaron incorporándose a las prácticas cristianas, otros desaparecieron y algunos sobrevivieron a pesar de la ubicuidad del cristianismo. Pero el cristianismo ya había ganado la batalla, lo que se demostró poco más tarde con la desintegración del imperio romano. Fue una victoria fulminante, en sólo 80 años pasaron de ser perseguidos a perseguidores; pasaron de ser una religión prohibida a ser la única permitida. Aunque no es mi intención el entrar en los motivos de este éxito, parece claro que el apoyo imperial, la simbiosis del poder divino y poder material, y la incorporación de la organización romana tuvieron mucho que ver. Gradualmente, a medida que la administración romana se desintegraba, la iglesia iba ocupando su lugar como la institución medieval por antonomasia. Seguramente, de no ser por ella el caos que siguió a la desintegración del imperio habría sido mucho más dramático. Pero esto tuvo un coste muy alto para Occidente. Tuvo que renunciar a todo el legado clásico, a todo el conocimiento acumulado, supeditando lo terrenal a lo espiritual tanto en lo público como en lo privado y quedando durante siglos en una oscuridad aletargada. Desde luego, no fue la iglesia la causante de la desintegración del mundo clásico, pero no puede negarse que tuvo un papel muy importante en la oscuridad que le siguió.

Fuentes.

Además de las obras ya mencionadas en las notas al pié, se han consultado:

  • G. Fernández. Destrucciones de templos en la Antigüedad Tardía, AEArq 54 (1981), 155.
  • Averil Cameron. El Bajo Imperio Romano (284-430 d. de C.). Encuentro Ediciones, Madrid, 2001.
  • Gonzalo Bravo. Teodosio, último emperador romano, primer emperador católico. Ed. La esfera de los libros, Madrid, 2001.

 

 

[2] Codex Theodosianus XVI.10.10 y XVI.7.4-5.

[3] 1 Corintios I:18-20.

[4] Ver mi artículo de 2007 sobre este tema. Puede encontrarse en http://msici.blogspot.com/2007/12/persecuciones-romanas-contra-los.html

[5] Puede verse un fragmento de su obra “De las muertes de los perseguidores” en http://www.intratext.com/IXT/ENG0296/__PV.HTM y siguientes (inglés).

[6] Codex Theodosianus, XVI.10.2

[7] Codex Theodosianus, XVI.10.4

[8] Joseph Lortz. Historia de la Iglesia. Ediciones Cristiandad, Madrid, 1982. Pag. 131.

[9] Según una leyenda, San Basilio invocó a San Mercurio, quien  bajó del cielo con una lanza para matar a Juliano.

[10] J. M. Blázquez. Cristianismo primitivo y religiones mistéricas. Ed. Cátedra, Madrid, 1995. Pág. 282

[12] Codex Theodosianus XVI.10.10 y XVI.7.4-5


Notas

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About Soliman El-Azir

Soy un simple ingeniero al que le interesa casi cualquier cosa que tenga que ver con historia, con ciencia, con la concepción del tiempo en general, con los calendarios en particular, con el origen de las religiones, con la iconografía de las serpientes y en suma con cualquier cosa que sea difícil de sacar en una conversación normal.

4 Comments

  • Leontolstoy
    28 agosto 2011 | Permalink |

    Aunque en este articulo,reflejas tibiamente tu opinion..pues no atacas deliberadamente al Cristianismo…tampoco lo ensalzas.pero si l opones en duda…yo difiero mucho de tus datos..pues una buena informacion se basa no en u nlink leido por i nternet…se basa en MULTIPLES FUENTES….me gustaria me las proporcionaras.y no por duda, al contrario..tengo muchsa fuentes donde abundan los datos de lo que fue realmente la persecucion Cristiana…

    Lo pones como que no fue la gran cosa….y que los “Paganos” eran seres tambien con sus dosis de Fe,amor,devocion,intentas igualar la Fe cristiana con el paganismo…lo cual me paerce aberrante…pues la Fe Cristiana es la unica..que ha defendido a capa y espada SU FE Y VERDAD..le pese a qiuen le pese.y le duela a qiuen le duela..tu hablas d eu ntiempo especifico..pero yo te puedo mencionar …DOS MIL ANHOS..DE SER PERSEGUIDOS…actualmente…en Espana por poner un ejemplo..ha ymuchos ciruclos de gente atea,clerofoba,no conversa,tibia,etc..etc…donde una cosa es no estar de acuerdo y otra cosa es deslegitimizar sus derechos a la libre religion…a traves de la violencia fisica y verbal…PROBADO ESTA QUE EN TODOS LOS SIGLOS..LOS FANATICOS Y PERSEGUIDORES ..han sido los que no creen en el Cristianismo…y las pruebas te las puedo dar con la historia en la mano….

    No hay que ser como los hermanos separados..que leen solo u nversiculo de la Biblia..un trozo de dos frases..para probar algo..pero no leen la frase completa…. ves?

    Un abrazo fraternal…. y Dios te muestre su misericordia y teconceda la paz..Amen!

  • Leontolstoy
    28 agosto 2011 | Permalink |

    Disculpa..en parte he leido tus links..de abajo..lsa fuentes de consulta… y visto desde una perspectiva historica..n ose puede dar un comentario total..RECORDEMOS QUE LA RELIGION Y FE….abarcan mucho mas que simples da tos y numeros frios..abarcan el modo de influenciar a su entorno…su vida…sus tradicones y costumbres…y lo que aportan a su medio…d emanera sociopolitica..y psicologica y espiritual a su entorno…verlo desde una perspectiva “como una roca,una construccion…” es dejar d elado el sentido humano y profundamente motivacional que tiene el hombre..la humanidad…en sus pugnas y luchas por crecer enmedio de una sociedad represiva……Hay que ver todos los lados del hexagono…no sol odos caras…yo he visto las que me dices…y tiene un fondo de verdad…. pero no restes el derecho ajeno a coexistir ni de crecer….con estos comentarios tuyos..un abrazo fraternal amigo…

  • Soliman El-Azir
    2 septiembre 2011 | Permalink |

    Hola, Leontolstoy.

    Como comprobarás si lo vuelves a mirar, las fuentes utilizadas para el artículo han sido muchas, en absoluto “un link leído en internet”. Si dudas de ellas o quieres rebatirlas, estaré encantado que lo hagas pero con argumentos y no simplemente porque no te agrada lo que digan.

    Por otra parte, como comprobarás no hablo de las persecuciones a los cristianos más que de modo tangencial. Eso es porque el artículo no trata de eso, sino de las persecuciones que los cristianos hicieron a los paganos. Como verás si lo repasas, no entro en absoluto en cuestiones de fe, entre otras cosas porque se trata de un artículo histórico, no teológico. Si quieres discutirlo estaré encantado, pero te ruego que lo hagas en términos históricos y no de fe.

    Un saludo.

  • Soliman El-Azir
    28 septiembre 2013 | Permalink |

    Para un desarrollo más extenso y detallado del tema, recomiendo el libro “La persecución a los paganos” en el que he colaborado:

    http://www.amazon.es/dp/B00FGLF0OO

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