Perseverancia ante la adquisición de un segundo dialecto por colombianos en Sevilla.

 

 

 

1. Introducción

España ha pasado de ser un país de emigrantes a convertirse en un lugar de acogida para muchos que intentan buscar un mejor nivel de vida. Así ha sido el caso de la gran mayoría de la inmigración en este país: razón principal del incremento de la población en la última década. Además de adaptarse a las regulaciones del país receptor, emigrar también supone aprender sus normas lingüísticas. Cuando el inmigrante se enfrenta al aprendizaje de una lengua extranjera (L2) su proceso de adaptación se convierte en un reto. Diferente es cuando el inmigrante comparte la lengua con la comunidad de acogida, ya que el proceso de asimilación tiende a ser más tenue por la falta de necesidad a enfrentarse a nuevas barreras, como es el caso de las lingüísticas.

Existe una prolífera línea de investigación en estudios de adquisición tanto de una lengua materna (L1) y como de una L2, así como trabajos sobre lenguas en contacto y bilingüismo. No obstante, en lo que concierne a la lingüística hispánica, han quedado al margen los trabajos que expliquen los fenómenos lingüísticos entre hablantes de la misma lengua en contextos de inmigración permanente: área caracterizada por la falta de estudios sobre la adquisición de un segundo dialecto (ASD) (Escure, 1997; Valdés, 1997). Recientemente se ha iniciado una nueva línea sobre la adquisición lingüística (Regan et. al, 2009, entre otros) en contextos de inmersión en el extranjero, pero aún es escasa la investigación que indaga en el aprendizaje de un segundo dialecto o variedad lingüística en comunidades de inmigrantes. Por lo tanto, esta investigación se centra en examinar el comportamiento lingüístico de un grupo de hablantes procedentes de Colombia y residentes en Sevilla (España) durante 10 meses. La variación lingüística objeto de estudio es la alternancia de las formas verbales –ra y –se en el español entre hablantes de este país de Hispanoamérica y la capital andaluza.

En lo que al contenido que sigue se refiere, en primer lugar se presentan los principales objetivos del II Plan Integral para la Inmigración en Andalucía 2006-2009 junto con datos reales de la realidad de inmigración en Andalucía del 2005 al 2008; a continuación, se presenta un repaso bibliográfico de los trabajos que han tratado la variación lingüística objeto de este estudio (formas verbales –ra y –se); después se exponen el propósito y la motivación de esta investigación; el siguiente punto es la explicación de la metodología utilizada y el análisis de los datos obtenidos; y, por último, se termina ofreciendo unas conclusiones y sugerencias para otros posibles estudios.

 

2. Educación e Inmigración: Realidad en Andalucía

La Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía se propone con el II Plan Integral para la Inmigración en Andalucía 2006-2009[i] los siguientes objetivos:

  • Facilitar la escolarización, en cualquier época del año, de todas las niñas y niños pertenecientes a familias inmigrantes, en las mismas condiciones que el alumnado andaluz.
  • Favorecer la adaptación de la atención educativa a las características y necesidades de este alumnado.
  • Favorecer que los Centros Educativos elaboren proyectos de centro, que contemplen la perspectiva intercultural, que faciliten y promuevan procesos de intercambio, interacción y cooperación entre las culturas.
  • Potenciar programas de apoyo al aprendizaje de la lengua española para el alumnado inmigrante.
  • Mantener y valorar la cultura de origen del alumnado inmigrante.
  • Favorecer un clima social de convivencia y respeto, fomentando que los centros educativos sean un núcleo de encuentro y difusión de los valores democráticos, no sólo de la comunidad educativa sino del propio entorno donde se desarrolle la actividad.
  • Aportar al alumnado inmigrante de lengua no española una enseñanza que facilite su integración y que prevea el estudio de la lengua española y la promoción de la enseñanza de la lengua materna.
  • Promover el acceso y la continuidad de la población adulta inmigrante en los diversos niveles de la educación permanente.
  • Establecer estrategias de intervención para la incorporación de nuevas líneas de trabajo en la educación permanente relacionada con la población inmigrante.

De estas metas, se desprende la preocupación ante la integración del inmigrante en la comunidad meta y se enfatizan los componentes de educación y cultura, así como el tratamiento lingüístico por parte del personal docente, independientemente de la L1 que la comunidad inmigrante tenga. No obstante, para la lingüística gana importancia observar los fenómenos relacionados con el contacto dialectal y diferentes hechos sociales –campo que se he enriquecido con los trabajos de Trudgill (1984, 1986, 1998, entre otros) al considerar que la inmigración nacional y trasnacional de carácter permanente repercuten en las estructuras lingüísticas.

En la última década España ha experimentado un notable incremento de inmigración de diversa procedencia. En lo que concerniente a la situación en Sevilla (foco de interés en este trabajo), las estadísticas de variaciones residenciales desde 2005 hasta 2008 ofrecidas por Junta de Andalucía muestran que las inmigraciones desde el extranjero según el país de procedencia han resultado de la siguiente manera, según la Tabla 1:

Tabla 1: Estadística de Variaciones Residenciales. Andalucía (Fuente: INE)
Tabla 1: Estadística de Variaciones Residenciales. Andalucía (Fuente: INE)

 

3. El caso de –ra y –se en la lengua española

Toda lengua está sujeta a cambios con el paso del tiempo: cambios que han estado en el punto de mira de los gramáticos de fines del siglo XVIII y, después, con las teorías neogramáticas durante el siglo XIX. No es, sin embargo, hasta el siglo XX cuando, gracias al trabajo de Labov (1963), se contribuye a un mayor entendimiento del fenómeno de cambio en términos de factores extralingüísticos (sexo, edad, clase social, etc.). Estos cambios lingüísticos aparecen en la gramática española, por ejemplo, el caso de las dos formas verbales para formar el pretérito imperfecto de subjuntivo (cantara vs. cantase) y el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera cantado vs. hubiese cantado): alternancia que no ha pasado desapercibida por los lingüistas. Motivado por el uso de estas formas verbales, lo que sigue presenta y explica la visión prescriptiva[ii] y su desarrollo histórico dentro de la lengua, así como los hallazgos explorados en el uso de esta variación morfosintáctica.

Como expresa la RAE (1973), el proceso evolutivo ha permitido que ambas convivan en el paradigma verbal, es decir, mientras que “[l]a primera procede del pluscuamperfecto de indicativo latino (amaveram); la segunda [procede] del pluscuamperfecto de subjuntivo (amavissem). Una y otra absorbieron además significados propios de otros tiempos del indicativo o del subjuntivo respectivamente. La identificación de significados entre amara y amase es el resultado de un largo proceso histórico que los ha ido aproximando progresivamente, sin que haya llegado a ser tan completa que permita permutarlos entre sí en todos los casos” (479-780).

A pesar de esta alternancia, a lo largo de la historia se ha aceptado la equiparación funcional y significativa entre ambas formas. Tanto las gramáticas prescriptivas como las descriptivas han apoyado esta realidad. Por una parte, la RAE afirma que “la identificación entre –ra y –se es hoy completa, es decir: ambas pueden sustituirse entre sí siempre que sean subjuntivas. El predominio de una u otra depende de estilos o preferencias individuales o colectivas. En el habla corriente predomina generalmente –se; pero –ra tiene mucho uso en la lengua culta y literaria” (481); por otra parte, Alarcos (1994) expone que “para el subjuntivo pretérito hoy no existe más que una unidad verbal que adopta indiferentemente los significantes cantaras y cantases. Los casos de no identificación son equivalentes a otras formas verbales”. Aunque las gramáticas han apoyado la equivalencia funcional y semántica entre ambas formas, la dialectología y sociolingüística hispánicas se han interesado por investigar si esta realidad se corresponde con la manera en que es prescrita o descrita por los gramáticos o si, por el contrario, existe alguna diferencia de uso entre estas variantes.

De los primeros estudios se desprende la siguiente conclusión: hay un momento en la historia de la lengua hasta el que una forma posee mayor prominencia que la otra, observado en la elevada frecuencia de uso. En estudios de la alternancia de –ra vs. –se en el español de Uruguay, por un lado, Bertolotti (2000) observa que en la lengua escrita del siglo XVIII las formas en –se (67%) doblan en número de ocurrencia a las formas en –ra (33%), al igual que, por otro lado, a mitad del siglo XIX Ramírez Luengo (2001) confirma esta diferencia a favor de –se (77% vs. 22.3%).

La hipótesis de que la forma –se tiene mayor ocurrencia que la forma –ra deja de tener validez hasta que estudios de numerosos autores revelan lo opuesto y, por consiguiente, no comparten la postura original. En un principio, hay un estudio sobre el español de América que considera el desplazamiento de la forma en –se como un reflejo de la independencia lingüística anticipando a la independencia política. Es el caso de la investigación sobre la oposición de –ra y –se en Tejas durante el siglo XIX (Martínez, 2001). De éste se desprende que la forma –se convivió con –ra en Tejas mientras la primera estaba en etapa de desaparición en México. Dos son las razones que el autor expone ante este desequilibrio: (1) los residentes de esa zona [Tejas] mantuvieron lealtad a la corona muchos años después de la independencia mexicana de 1821 y (2) las distinciones socio-raciales se habían transformado haciendo que la lengua tuviera un papel más acentuado en la identificación de clase o casta (114). Por consiguiente, se deduce que la lengua de los tejanos fue moldeada a partir de las identidades y alteridades nacidas de la encrucijada entre la política lingüística y el contacto social.

En el siglo XX y principios del siglo XXI hay estudios que, con resultados diferentes a los de Bertolotti (2000) y Ramírez Luengo (2001), apoyan la baja frecuencia de la forma –se frente a la ocurrencia de la forma –ra. En este caso, demuestran este fenómeno con datos lingüísticos reales[iii] y existen dos principales tipos de trabajos clasificados según sus objetivos y metodologías: dialectales (Lamíquiz y Carbonero, 1987; DeMello, 1993; Gordón y Ruhstaller, 1994) y sociolingüísticos (Carbonero, 1990; Navarro, 1990; Carbonero et al., 1992; Serrano, 1993-1994, 1996; Blas Arroyo y Porcar, 1994; Chumaceiro, 1995; Fernández Ulloa y Portillo Mayorga, 2000; Santana, 2003). En lo que sigue se hace un detallado repaso de estos estudios.

Lamíquiz y Carbonero (1987) examinan el uso del sistema verbal de los tiempos verbales en el habla urbana culta de Sevilla. De un corpus analizado de 12 horas de grabación se obtiene un muestreo discursivo de 50.000 palabras. Entre las diferentes formas verbales, observan la alternancia de las variantes –ra y –se. En líneas generales, los autores observan que este empleo tiende a ser de libre preferencia del hablante e incluso dentro del mismo participante ambas formas suelen emplearse. Los ejemplos (1) y (2) proceden de un hablante de la tercera generación:

(1) “Muchas cofradías me buscaron para que fuese su director espiritual”

(2) “(…) ir frecuentemente sin necesidad de pedir permiso como hubiera sido preciso si hubiera vivido en el seminario”

De manera global, se contabilizó un total de 92 ocurrencias de alternancia libre, de las que 81 casos correspondía a –ra frente a sólo 11 de –se. De este cómputo se demuestra el predominio del raísta. Igualmente, se observa el alto empleo de –ra por las mujeres (92%) y por hombres (81%) frente a la baja frecuencia de –se con 19% de los hombres y 8% de la mujeres.

De aquí se desprende que el uso raísta está in crescendo mientras que el seísta está en fase de desuso. En términos de generaciones, el resultado se considera “simbólicamente sintomático” (79) por la razón de que los hombres de la tercera generación tiende a ser más seísta que las otras dos generaciones, considerándose, por lo tanto, los más conservadores con el uso de esa variante. En contraste, las mujeres de la primera generación son las más raístas y, por consiguiente, las más progresistas hacia el cambio.

Otro estudio que se centra en el habla de Sevilla corresponde al llevado a cabo por Gordón y Ruhstaller (1994). Con similares hallazgos que Lamíquiz y Carbonero (1987), existe una clara tendencia hacia el uso casi exclusivo de la forma –ra (68%), además de que la forma –se aparece en los hombres de la tercera generación con mayor pronunciación. Los ejemplos (3) – (5) expresan la oscilación del uso raísta vs. seísta:

(3) “Si no se le hubiese quitado, pues se le varía”

(4) “(…) meter más cantidad que no se rozase, y si se rozaba, pues eran besos, y que queda feo”

(5) “Aunque lo hicieran todas, siempre había una que destacaba, y que corregía los defectos si los hubiere”

Por otra parte, en el estudio de DeMello (1993) se examina la frecuencia de uso entre –ra y –se en el habla culta de hablantes de 10 ciudades[iv] de diferentes países de habla española. En general se observa que las formas raístas suelen predominar tanto en España como en Hispanoamérica, es decir, se cuenta con un 85% y 94% respectivamente, frente, de igual modo, al empleo del 15% y 6% con la forma –se. En sus propias palabras, “whether or not the –se form will finally be supplanted entirely by the –ra form remain to be seen, but, consideration of the process through which an almost exclusive use in earlier centuries of the –se subjunctive form has led to the present-day nearly absolute predominant of the –ra form, indicates strongly that the final outcome of this process might well be eliminated of the –se form” (240-241).

 Carbonero (1990) realiza una investigación, este caso, en el habla popular de Sevilla. De 24 entrevistas obtiene 251 usos correspondientes a las formas –ra y –se. De similar tendencia a los anteriores, consigue un total de 217 formas raístas frente a 34 formas seístas.

Tras el análisis sociolingüístico las únicas novedades que se infieren son, por una parte, un mayor uso pronunciado de –se entre los hablantes más jóvenes. Del resto, en la mayoría se obtienen cifras similares. Por otra parte, como hallazgo interesante, cabe resaltar que a pesar de que –ra aparece con mayor porcentaje tanto en la forma del pretérito imperfecto (cantara) de subjuntivo y el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera cantado), en el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo la forma –se (hubiese cantado) se triplica si se compara con la forma simple.

Navarro (1990), por su parte, se propone un doble objetivo, es decir, saber con exactitud el estado de las formas –ra y –se en los mismos contextos sintácticos, así como de las formas –ra y –ría en la apódosis (u oración principal) de las oraciones subordinadas adverbiales condicionales en el habla de Valencia (Venezuela). Para ello, el corpus procede de entrevistas abiertas a 484 participantes clasificados por edad, sexo, nivel de escolaridad y nivel socioeconómico. Como resultado principal se observa la alta preferencia por la variante –ra (90.7%) frente a la baja ocurrencia de –se (9.2%).

Igualmente, como dato interesante cabe apuntar que la expresión de una u otra variante se produce en gran medida dependiendo del tiempo verbal en que aparecen las formas alternantes. Compruébese la Tabla 2:

Tabla 2: Imperfecto vs. Pluscuamperfecto en el habla de Valencia en Venezuela (Navarro, 1990)

A partir de estos datos se ahonda para averiguar si el contexto sintáctico (prótasis o apódosis) favorece, representándose en la Tabla 3:

Tabla 3: Prótasis y apódosis en el habla de Valencia en Venezuela (Navarro, 1990)

De aquí se desprende que el imperfecto es el tiempo que favorece la aparición de la variante –se en la prótasis (u oración subordinada de las proposiciones adverbiales condicionales). En el pluscuamperfecto, por otro lado, la prótasis parece frenar la ocurrencia de –se si se compara con la apódosis. En cuanto al factor social, el sexo es el único que se muestra indiferente a la variación, pues la edad, el nivel de escolaridad y el nivel socioeconómico tienen cierta influencia en la distribución de ambas variantes.

Primero, los jóvenes tienden a utilizar –ra frente a los ancianos que hacen mayor uso de –se; segundo, los participantes con ingresos inferiores son propensos al uso de –ra frente a los de mayores ingresos que tienden a emplear –se con más frecuencia; tercero, el nivel de escolaridad marca una diferencia pronunciada, ya que –se alcanza a 22% entre los participantes del nivel cultural alto, desciende a 13% en el medio y se reduce a sólo un 3% en el bajo.

 Carbonero et al. (1992) realiza un estudio sociolingüístico del habla de Jerez, ciudad de la provincia de Cádiz. Consigue un grupo de distribución homogénea por sexo, nivel de escolaridad, y edad basado en una encuesta a 54 participantes. La metodología se compone de tres partes: una grabación que dura 20 minutos aproximadamente y trata temas abiertos; una encuesta en la que se evalúan e indagan aspectos de particular interés en la variedad lingüística andaluza; y la tercera parte recoge 60 entradas léxicas de especial relevancia dentro del andaluz.

En cuanto al uso de las variantes –ra y –se, éstas se estudian en tres tipos de oraciones: deseo, hipótesis y condicionales. A pesar del predominio de la forma –ra, cabe señalar que de los hallazgos aquí encontrados resulta interesante el novedoso uso de la forma –se entre la población culta. Dicho con otras palabras, se puede decir que los hablantes jerezanos prefieren la forma –ra del pretérito imperfecto de subjuntivo en desventaja de la forma –se que ha primado en el nivel culto. Este uso resulta opuesto al que la norma prescriptiva de la RAE (1973) apuntaba “-ra tiene mucho uso en la lengua culta y literaria” (481).

En estudios más específicos dentro de un contexto oracional, Serrano (1993-1994, 1996) analiza las variantes -ra y -se del imperfecto de subjuntivo sólo en oraciones condicionales potenciales en la comunidad canaria (La Laguna, Tenerife). Como hallazgo interesante, cabe mencionar, por una parte, que en Serrano (1993-1994) se obtiene 60% de casos raístas y 30% de casos seístas. Mientras que el uso de –ra se da cuando la hipótesis es más probable (6), la forma –se, por el contrario, se usa en contextos menos probables (7), por ejemplo:

(6) “Si me olvidara del libro, no lo podría recuperar” (contexto probable)

(7) “Si tuviésemos más tiempo libre, nos dedicaríamos a estudiar algo” (contexto menos probable).

Por otra parte, desde un punto de vista pragmático, la autora (Serrano 1993-1994, 1996) introduce la hipótesis de que –ra resulta más desiderativo en (8) y –se más hipotético en (9), por ejemplo:

(8) “Si la carta llegara mañana, todavía estaríamos a tiempo” (contexto desiderativo)

(9) “Si no estuviese lloviendo ahora, podríamos salir al cine” (contexto hipotético).

La metodología de este estudio considera el contexto oracional como factor que motiva la ocurrencia de la variación raísta o seísta.

 En la comunidad de habla castellonense Blas Arroyo y Porcar (1994) señalan que la alternancia de las formas –ra y –se no es totalmente intercambiable y es la razón por la que ambas conviven en la lengua. Estos autores comparten la teoría de que existen matices significativos que determinan al hablante elegir entre una u otra forma y están interesados en averiguar la preferencia de uso entre ambas variantes, además de establecer, si fuera posible, las diferencias de empleo según el contorno sintáctico en el que aparecen o la intencionalidad comunicativa de la oración.

El trabajo empírico parte de los datos lingüísticos obtenidos de un “test de complementación”, que consiste en “una secuencia de frases en la que las respuestas de los hablantes a los espacios vacíos intercalados en diferentes contornos sintácticos nos informan de su elección por cada una de las variantes libres del imperfecto de subjuntivo”. Se cuenta con 147 participantes de la comunidad de habla castellonense y se consideran 5 variables: sexo, edad, nivel sociocultural, lengua empleada activamente y lengua habitual.

Los resultados globales apuntan por la preferencia de la variante –ra por todos los grupos sociales a la hora de expresar la variable sociolingüística del imperfecto de subjuntivo. Sorprendentemente, dentro de la baja frecuencia de –se cabe señalar que el factor edad marca una diferencia novedosa. Con otras palabras, los más jóvenes tienden a tener un porcentaje más alto de la variante –se, mientras que los adultos y los ancianos emplean –se con menor concurrencia. Igualmente, los autores reconocen dos puntos importantes por los que el uso de –ra podría haber aumentado: por una parte, el “test de complementación” tiene sus limitaciones ya que puede no representar el habla vernácula y, por otra parte, dada la existencia en valenciano de una sola variante –ra como expresión de la variable imperfecto de subjuntivo, puede ser influencia cuando la utilicen en castellano.

Del habla caraqueña Chumaceiro (1995) ha ofrecido hallazgos diferentes, ya que los hablantes emplean frecuentemente la variante –se hasta un 28% y, de manera indistinta, –se ocurre con –ra un 16%. Según las conclusiones de la autora, la forma –se ha incrementado su prestigio social en los últimos años a causa del pronunciado empleo en los medios de comunicación del país.

Por otra parte, en el uso del pretérito imperfecto (cantara vs. cantase) y pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera cantado vs. hubiese cantado) entre hablantes universitarios de Bilbao (País Vasco) y de Santander (Cantabria), Fernández Ulloa y Portillo Mayorga (2000) se centran en una muestra de 103 estudiantes universitarios de primer curso de carrera de letras. El corpus que se utiliza para este estudio se compone de 38 frases, de las que 23 son de imperfecto de subjuntivo, 2 de pluscuamperfecto de subjuntivo y 13 para despistar.

De los resultados se obtiene que la variante –ra primó el 55.3% y la variante –se ocurrió el 34.3% (el resto de los casos correspondían a una mezcla entre –ra vs. –se, –ría, y otros). En cualquier caso, llegan a dos conclusiones: por un lado, –ra está recuperando la prominencia de uso que tuvo a principios de la historia tanto en funcionalidad como en significado; por otra lado, observan que el ser o no bilingüe no altera significativamente en el uso de estas variantes.

Finalmente, en relación al habla de Sevilla, Santana (2003) cuenta con un corpus obtenido de 72 entrevistas dirigidas, de una duración aproximada de media hora. Los temas de conversación suelen ser cotidianos y de interés para el hablante sevillano, tales como: la vida laboral, festividades sevillanas como la feria y la Semana Santa, la organización de un día de su vida diaria, etc. Los participantes son clasificados atendiendo a las variables sociales de nivel sociocultural, edad y sexo. Los resultados de las encuentras muestran que tanto para la expresión de posibilidad como de imposibilidad la variante más empleada sigue siendo –ra. Obsérvense las siguientes Tablas 4 y 5:

Tabla 4. Formas –ra/-se con valor de posibilidad (Fernández Ulloa y Portillo Mayorga, 2000)
Tabla 4. Formas –ra/-se con valor de posibilidad (Fernández Ulloa y Portillo Mayorga, 2000)
Tabla 5. Formas -ra/-se con valor de imposibilidad (Fernández Ulloa y Portillo Mayorga, 2000)

Sin embargo, se observa un aumento significativo de los porcentajes de –se empleado en secuencias de valor de imposibilidad. Dado este hallazgo, la autora considera tres factores extralingüísticos: nivel socioeconómico, generación y sexo. De aquí el único dato llamativo que se desprende es el hecho de que los hablantes más jóvenes emplean –se más que –ra, resultado similar con el que Carbonero (1990) se encuentra.

Aquí concluye el repaso bibliográfico tocante a las dos formas verbales para formar el pretérito imperfecto de subjuntivo (cantara vs. cantase) y el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera cantado vs. hubiese cantado). Esta alternancia ha sido presentada desde una visión prescriptiva, así como se han recogido los hallazgos explorados desde una perspectiva sociolingüística dentro las variedades de la lengua española.

 

4. Propósito de estudio

Dadas la controversia y la inestabilidad ante el uso de las variantes verbales –ra y –se, este trabajo parte con el objetivo de averiguar los efectos lingüísticos de la inmigración en una comunidad inmigrante procedente de Colombia residente en Sevilla, Andalucía. Se propone comprobar cuál es la situación de ambas variedades lingüísticas (colombiano y sevillano) y examinar hasta qué punto la inmersión en el país receptor se refleja en la lengua de la comunidad inmigrante a lo largo de 10 meses.

 

5. Metodología

 

La sección de metodología abarca las preguntas de investigación que motivaron y llevaron a este estudio, la clasificación de los participantes y la herramienta empleada en la recogida de datos orales.

 

 

5.1 Preguntas de investigación

Dada la intención de estudio, el presente trabajo se plantea responder las siguientes preguntas de investigación:

  1. ¿Cuál es la producción de las formas –ra y –se por los participantes?
  2. ¿Qué factores lingüísticos correlacionan entre los participantes?
  3. ¿Qué papel desempeñan la socialización y la integración cultural en estas formas verbales?

 

5.2 Participantes

Este estudio consta de 20 participantes[v] divididos en dos grupos: un grupo experimental y un grupo comparativo. El grupo experimental se compone de 10 adolescentes de edades comprendidas entre 15 y 17 años, estudiantes de educación secundaria matriculados en dos centros de enseñanza secundaria en Sevilla, procedentes de Colombia y con un estancia en España inferior a 3 meses. Por otra parte, el grupo comparativo se forma de 10 participantes, naturales de Sevilla, estudiantes de educación secundaria de edades similares al grupo experimental y matriculados en los mismos centros de enseñanza secundaria.

 

5.3 Recogida de datos

El método principal aquí utilizado para la recogida de datos orales es la entrevista sociolingüística, que, definida por Labov (1984), se entiende como “a well-developed strategy that is defined by a number of goals. The most important of these is to record one to two hours of speech and a full range of demographic data for each speaker within one’s sample design” (33-4). Dada la naturaleza de su organización, este tipo de entrevistas suele ser menos rígida que las entrevistas totalmente estructuradas. Aquí el investigador suele llevar una entrevista formada de unos temas previamente apuntados, siguiendo la red de módulos conversacionales del modelo laboviano. Para este estudio se considera vital el empleo de entrevistas sociolingüísticas, ya que tiene como objetivo captar el habla vernácula, es decir, la manera en la que la gente interacciona verbalmente cuando no está prestando atención a su habla y, así, menos afectada por la naturaleza del entorno de la entrevista (Labov, 1972). La recogida de datos se llevó a cabo a lo largo de un académico (2008-2009).

 

5.4 Análisis de los datos

El investigador realizó dos entrevistas al grupo experimental (al principio y al final del curso académico) y una al grupo comparativo y las transcribió. Luego otro hablante nativo revisó minuciosamente cada transcripción. El material se codificó en diferentes factores y se cuantificó por medio de porcentajes. Por la falta de equiparación en sexo y notables diferencias de edad, nivel de escolaridad y nivel socioeconómico se descartó considerar los factores extralingüísticos. De esta manera, en la codificación de los datos orales se tuvieron en cuenta cuatro factores lingüísticos: (1) el tipo de oración subordinada en la que aparece la forma –ra/–se (sustantiva, adjetiva, adverbial), (2) el tipo de polaridad en el que se da la forma –ra/–se (afirmativa vs. negativa), (3) el tipo de oración (aseverativa, interrogativa, exclamativa), y (4) el número en el que se conjuga la foma –ra/–se (singular vs. plural). A continuación se presentan, se analizan y se interpretan los datos recogidos.

 

6. Resultados y análisis

En esta sección se analizan e interpretan cuantitativa y cualitativamente los resultados obtenidos de las grabaciones orales de ambos grupos (grupo experimental: hablantes procedentes de Colombia; grupo comparativo: hablantes naturales de Sevilla).

Empezando por el corpus de los hablantes naturales de Sevilla, la Tabla 6 representa las ocurrencias y los porcentajes del uso de las formas verbales –ra/–se extraídas de las entrevistas orales. Un total de 110 casos son clasificados según cinco factores lingüísticos.

Tabla 6. Ocurrencias (frecuencia absoluta) y porcentajes (frecuencia relativa) de uso de las formas verbales –ra/–se (grupo comparativo)

En primer lugar, estos datos muestran que la forma –ra (87,27%) tiene una notable prominencia frente al uso de la forma –se (12,73%) entre los hablantes sevillanos. Esta diferencia de frecuencia es compartida por Carbonero (1990) cuando del habla popular de Sevilla obtiene un total de 217 (86,45%) formas raístas frente a 34 (13,54%) formas seístas.

En lo que a la forma raísta se refiere, de los cinco factores analizados, por prominencia destacan en el siguiente orden: el tipo de oración (80,20%), el tipo de polaridad (76,04%), la forma verbal (70,83%), el número del verbo (57,29%) y, por último, sin mayor predominio, el tipo de oración subordinada (43,75%). Mientras el número del verbo y el tipo de oración subordinada no sobresalen en mayor medida entre la frecuencia de los subfactores, la forma verbal, el tipo de oración y el tipo de polaridad, por su parte, muestran una mayor significancia entre sus componentes. La forma –se, por su parte, comparte grosso modo la alta frecuencia el número del verbo, el tipo de oración, el tipo de polaridad y el tipo de oración subordinada, pero en la forma verbal, por ejemplo, los formas de –ra y –se difieren ligeramente. Este último aspecto será comentado más adelante.

Dentro del tipo de oración, la aseverativa (80,20%) es la que muestra una mayor frecuencia. Parte de la razón puede deberse a la falta de formas interrogativas (12,50%) y exclamativas (7,30%) necesarias en las entrevistas, además de la dificultad para elicitarlas por una menor frecuencia en el discurso. Obsérvense los siguientes ejemplos:

(10) (…) me decían que me diera prisa para coger el autobús, pero no pude llegar a tiempo (…) (AJL)

(11) (…) antes de que viniera el conserje, le dije a la maestra que no había sido mi culpa (…) (MMH)

(12) (…) si me lo explicaran de otra manera… pero no hay posibilidad (…) (JAM)

Del mismo modo, la forma seísta utiliza la aseverativa (50,00%) en mayor medida si se compara con la exclamativa (35,71%) o la interrogativa (14,29%). Sirvan los siguientes casos de ejemplos:

(13) (…) que me fuese de la clase porque estaba molestando al resto (…) (PPL)

(14) (…) como si no me gustase a mí sacar buenas notas (…) (AJL)

(15) (…) que me preocupase no era importante para él (…) (PSR)

En segundo lugar, dentro del tipo de polaridad la forma afirmativa (76,04%) favorece la forma raísta si se compara con la negativa (23,96%). Obsérvense los siguientes ejemplos:

(16) (…) me decían que me diera prisa para coger el autobús, pero no pude llegar a tiempo (…) (AJL)

(17) (…) le dijo que no me dejara ir, pero insistí (…) (MMH)

Respecto a la forma –se, se observa un equilibrio con la forma –ra, ya que las respectivas formas afirmativas tienden a ocurrir con mayor prominencia. En cuanto a las formas negativas, por el contrario y en similitud con las formas –ra, tienen una menor frecuencia de uso.

En cuanto a la forma simple y compuesta, la forma –ra es más proclive que aparezca en simple (70,83%) que en compuesta (29,17%). Los ejemplos siguientes representan esta distinción:

(18) (…) le dijo que no me dejara ir, pero insistí (…) (MMH)

(19) (…) que no hubiera salido tan tarde… porque ella sabía la hora que era, ¿no? (…) (JAM)

La forma seísta, por su parte, se da con mayor frecuencia en la forma compuesta (64,28%), lo que difiere de la forma raísta, ya que ésta tiene mayor uso en la forma simple (70,83%). Obsérvense los siguientes ejemplos:

(20) (…) si no hubiese llegado a tiempo, seguro que me suspende (…) (PSR)

(21) (…) con tal de que hubiese escrito algo, era suficiente (…) (PAS)

Este hallazgo también sobresale en Carbonero (1990), ya que en su corpus la forma –se se triplica si se compara con la forma simple.

Según el número del verbo, aunque no muestra notables diferencias, la forma singular (57,29%) suele aparecer con mayor frecuencia que la forma plural (42,71%), por ejemplo:

(22) (…) le dijo que no me dejara ir, pero insistí (…) (MMH)

(23) (…) si me lo explicaran de otra manera… pero no hay posibilidad (…) (JAM)

Este aspecto de prominencia en la forma singular es compartido con las formas –se, ya que éstas cuenta con 10 ocurrencias de un total de 14.

En lo que al último factor se refiere, el tipo de oración subordinada se divide en tres subfactores: sustantiva (37,50%), relativa (18,75%) y adverbial (43,5%). En líneas generales las formas –ra no muestran considerables diferencias a nivel grupal, con la excepción de que las oraciones relativas son las que aparecen con menor frecuencia si se comparan con las sustantivas. Obsérvense los siguientes ejemplos:

(24) (…) le dijo que no me dejara ir, pero insistí (…) (MMH)

(25) (…) todo surgió de esa manera, lo que terminara por preocupar al resto de los invitados (…) (PSR)

(26) (…) si me lo explicaran de otra manera… pero no hay posibilidad (…) (JAM)

Las formas seístas comparten con las raístas el uso más pronunciado en las cláusulas adverbiales (57,14%), mientras que las sustantivas y relativas tienen el mismo número de ocurrencia (21,43%), lo que difiere de las formas raístas.

En resumen, los resultados de este corpus (110 ocurrencias) indican que existe una tendencia a formas verbales –ra (96 ocurrencias) frente al uso de –se (14 ocurrencias) en el español hablado en Sevilla (Andalucía) e, igualmente, muestran que hay ciertos factores que propician su uso en la lengua oral.

Por otra parte, en lo que al grupo experimental se refiere, la Tabla 7 representa las ocurrencias y porcentajes del uso de las formas verbales –ra/–se obtenidas de las entrevistas a los hablantes procedentes de Colombia. Con el fin de contrastar el uso de ambas formas verbales, aquí se compara la frecuencia absoluta (y frecuencia relativa) de uso entre las formas verbales aquí analizadas. Mientras que la primera ronda corresponde a la recogida de datos al inicio del curso académico (septiembre), la segunda ronda se refiere a los datos obtenidos a finales del curso (junio).

Tabla 7. Ocurrencias (Porcentajes) de –ra /–se (grupo experimental) en la primera y segunda rondas

De estos datos se desprende un total de 120 ocurrencias en la primera entrevista y 167 casos en la segunda, clasificados según la variable verbal (–ra/–se) y cinco factores lingüísticos. De manera general, estos resultados muestran que la forma raísta prevalece en ambas entrevista. Mientras que en la primera ronda –ra supone el 71,70% (vs 28,30 de la forma –se), el 74,25% se da en la segunda recogida de datos (vs 25,75% de la forma –se). De igual modo, en cuanto a la forma seísta, pese a su baja frecuencia en comparación con la forma raísta, se observa un aumento de uso al comparar la primera (34 casos) y segunda (43 casos) entrevistas, con un pronunciado uso en las formas compuestas (por ejemplo, hubiese cantado). Este hallazgo es comparable al que se da en el trabajo de Carbonero (1990), en el que, a pesar de que –ra aparece con mayor porcentaje tanto en la forma del pretérito imperfecto (cantara) de subjuntivo y el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera cantado), en el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo la forma –se (hubiese cantado) se triplica si se compara con la forma simple.

Además de esta diferencia clave, de los factores lingüísticos sobresalen por orden de frecuencia relativa la forma verbal, el número del verbo, el tipo de polaridad, el tipo de oración subordinada y, por último, el tipo de oración. A continuación se comentan estos factores y dan ejemplos que ilustren su uso.

En cuanto a la forma verbal, como se adelantó previamente, la forma –ra es más proclive a que aparezca en forma simple si se compara con la forma –se. No obstante, de la forma seísta se puede comentar que tiende a darse en la forma plural (1ª ronda: 91,2%; 2ª ronda: 88,38%) mientras que en la forma simple (1ª ronda: 8,8%; 2ª ronda: 11,62%) disminuye su uso. Obsérvense los siguientes ejemplos:

(27) (…) que me lo dejara saber me alegró porque yo siempre pienso en ella y parece que ella siente lo mismo por mí (…) (EZL)

(28) (…) como si no hubiesen estado antes por esos lugares (…) (MML)

El segundo factor con mayor prevalencia corresponde al número en el que el verbo ha sido conjugado (singular o plural). Los resultados muestran una semejanza de frecuencia entre la forma raísta y seísta a favor de la forma singular. Dentro de la forma seísta, la forma singular tiene mayor relevancia (1ª ronda: 61,76%; 2ª ronda: 76,74%), incluso de manera ascendente. Sirvan las frases (29) y (30) de ejemplos para ilustrar este caso:

(29) (…) que me lo dejara saber me alegró porque yo siempre pienso en ella y parece que ella siente lo mismo por mí (…) (EZL)

(30) (…) si no hubiese dicho la verdad… no me gustaría saber qué habría ocurrido porque mi madre se pone muy brava en estas situaciones (…) (MJG)

En lo referente al factor de tipo de polaridad, tanto en la forma –ra como en la forma –se se observa una mayor frecuencia en oraciones afirmativas. Considérense los siguientes ejemplos:

(31) (…) que me lo dejara saber me alegró porque yo siempre pienso en ella y parece que ella siente lo mismo por mí (…) (EZL)

(32) (…) si me lo hubiesen dicho antes… pero no fue así y al final llegué tarde por culpa de ellos (…) (FCA)

En cuarto lugar, sobresale en menor medida el factor del tipo de oración subordinada que, aunque ilustra un uso ascendente de ambas formas (raísta y seísta), presenta una mayor frecuencia absoluta de la forma –ra. Del mismo modo, las oraciones subordinadas adverbiales sobresalen si las comparamos con las sustantivas o relativas. Los ejemplos (33) y (34) ilustran este factor:

(33) (…) me lo recalcó para que me diera cuenta que tenía razón (…) (FCA)

(34) (…) como si no lo supiera yo, pero ella cree que soy boba (…) (UMV)

Por último, el tipo de polaridad es el factor que representa una menor relevancia, cobrando una mayor frecuencia la forma afirmativa. Obsérvense los siguientes ejemplos:

(35) (…) que me lo dejara saber me alegró porque yo siempre pienso en ella y parece que ella siente lo mismo por mí (…) (EZL)

(36) (…) si me lo hubiesen dicho antes… pero no fue así y al final llegué tarde por culpa de ellos (…) (FCA)

En resumen, los resultados de este corpus (120 ocurrencias en la primera entrevista vs 167 ocurrencias en la segunda entrevista) muestran que los hablantes bilingües no solo hacen un mayor uso de la forma raísta (210 casos en total) frente a la forma seísta (77 casos), sino que la segunda forma ha aparecido de forma ascendente si se compara el número de ocurrencias de la primera entrevista (34) con la segunda entrevista (43). Estos resultados corroboran el uso de ambas formas entre los hablantes procedentes de Colombia, además de que muestran una persistencia de uso seísta frente al uso más extendido en la comunidad receptora, en la que la forma raísta cobra mayor relevancia.

 

7. Discusión y conclusiones

Los datos aquí analizados ofrecen respuestas a las preguntas de investigación planteadas al principio de este estudio. Las dos primeras preguntas cuestionaban si existía algún paralelismo entre el desarrollo lingüístico del hablante con variedad colombiana y la producción lingüística del hablante con variedad andaluza y, de ser así, averiguar los factores lingüísticos que correlacionaban entre los participantes. La Tabla 8 refleja los resultados de las entrevistas del grupo experimental[vi] (procedente de Colombia) y el grupo comparativo (procedente de Sevilla).

Tabla 8. Comparación de frecuencia relativa las formas –ra /–se entre el grupo experimental y el grupo comparativo

A primera vista, esta tabla comparativa muestra un mayor uso de la forma raísta que la seísta en ambos grupos de participantes. De igual modo, en lo que a la segunda forma respecta, existe una notable diferencia entre ambos grupos, ya que la frecuencia de uso en el grupo experimental (25,75%) sobrepasa (incluso duplica) los resultados del grupo comparativo (12,73%).

Los factores que difieren en mayor medida son la forma verbal, el tipo de polaridad y el tipo de oración. De la forma verbal, se observa que el grupo experimental tiende a la forma compuesta seísta (88,38%) si se compara con el grupo comparativo (64,28%), lo que deja constancia de su preferencia y frecuencia de uso. El segundo factor que difiere notablemente es el tipo de polaridad de la forma raísta, en la que la forma negativa tiende a prevalecer en el grupo experimental (41,94%) al contrastarlo con el grupo comparativo (23,96%). Del tipo de oración, los resultados muestran una tendencia a la forma aseverativa con preferencia a –ra en el grupo comparativo (80,20%) mientras en el grupo experimental se alcanza a un 46,78%. No obstante, el grupo experimental tiende a una alta frecuencia de uso en la forma exclamativa raísta (32,26%) mientras que el grupo comparativo sólo llega al 7,30%.

Descritas las principales diferencias, los factores que correlacionan entre ambos grupos son principalmente el tipo de oración subordinada, el tipo de polaridad y el número en el que se conjuga el verbo. Es la oración sustantiva en forma seísta que muestra una similitud entre ambos grupos: 20,94% en el grupo experimental y 21,43% en el grupo comparativo. De forma parecida ocurre con el tipo de polaridad tanto en afirmativa como en negativa: 62,79% en el grupo experimental y 64,28% en el grupo comparativo en la forma afirmativa; 37,20% en el grupo experimental y 35,71% en el grupo comparativo en la forma negativa. En cuanto al número del verbo, los resultados muestran una paralela frecuencia de uso y correlación entre ambos grupos tanto en la forma raísta como en la forma seísta.

Según la frecuencia de uso de ambos grupos, se observa que los datos extraídos de las dos entrevistas del grupo experimental han mostrado una leve tendencia a la asimilación a la variación del grupo comparativo. Por ejemplo, en el grupo experimental la forma raísta no muestra mayor ascenso o descenso en ambas entrevistas, sino que se mantiene de manera equilibrada, por lo que no se nota alguna asimilación a la forma lingüística empleada en la comunidad receptora. Una leve diferencia se observa en el tipo de oración, ya que los resultados muestran una tendencia a la forma aseverativa entre la primera (55,88%) y segunda (60,46%) entrevistas. Desde luego, no esto no corresponde con la teoría de la acomodación desarrollada por los psicólogos sociales, con el fin de intentar explicar el hecho probado de que los hablantes modifican sus pautas de comportamiento lingüístico de acuerdo con la identidad de los individuos que tienen delante.

 

8. Conclusiones, limitaciones y futuras líneas

 

Los resultados de esta investigación muestran que existe una cierta tendencia a mantener el uso de la morfología verbal en ciertos contextos por parte de los hablantes en situación de inmigración. El hecho de que compartan la lengua de la comunidad receptora no implica que se dé acomodación, sino que, en cambio, por lo general los participantes de esta investigación muestran cierta perseverancia ante la adquisición de rasgos del dialecto en el que están inmiscuidos. Salvo un ligero acercamiento a la norma de la comunidad sevillana, los hablante colombianos incluso aumentan el uso, por ejemplo, de la forma seísta en formas compuestas. De la misma manera, estos resultados ayudan a considerar que la alternancia entre –ra/–se no es totalmente intercambiable (Blas Arroyo y Porcar, 1994), sino que se encuentra una ligera motivación de uso y no es de libre preferencia del hablante, como sugieren varios autores Lamíquiz y Carbonero (1987).

A pesar de estos hallazgos, también existe una serie de limitaciones que no pueden pasar desapercibidas. Por un lado, la falta de estudios empíricos y recientes que investiguen la alternancia de –ra/–se en el español de Colombia (e Hispanoamérica en general). La mayoría de la bibliografía procede de estudios del español europeo mientras que del español americano poco se sabe. Por otro lado, el número limitado de ocurrencias ha imposibilitado emplear otras herramientas en la medida de los datos. Igualmente, se ha restringido por el bajo número de participantes.

Como sugerencias para futuras investigaciones, sería interesante utilizar otros grupos experimentales (tanto por origen, como sería el caso de otras variedades del español americano, como por factores extralingüísticos, como podrían ser el sexo, la edad, el nivel socioeconómico o la formación académica), con el fin de comparar y comprobar las posibles diferencias entre estudios con diferentes grupos, ya que existe estudios que muestran que el factor edad es crucial en la producción de cada una de estas formas (Blas Arroyo y Porcar, 1994; Carbonero, 1990). Igualmente, además de estudiar otros rasgos dentro del plano morfosintáctico, se motiva la investigación de futuros trabajos centrados en la adquisición del léxico, de variantes fonético-fonológicas, entre otros (Chambers, 1992; Martín Butragueño, 1995, 2000, entre otros).

 

 

 

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Notas
[i] Ya se cuenta con el borrador del III Plan Integral para la Inmigración en Andalucía 2009-2013.
[ii] Se tomarán como referencia las dos gramáticas de la lengua española que gozan de mayor carácter prescriptivo (normativo): el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (1973) por la Real Academia Española (RAE) y el Nuevo manual de español correcto (2003) por Leonardo Gómez Torrego.
[iii] Entendiendo como “reales” aquellos datos obtenidos de la lengua vernácula a través de entrevistas y no a los extraídos de textos literarios como se había practicado con anterioridad.
[iv] Estas incluyen: Bogotá, Buenos Aires, Caracas, Habana, Lima, Madrid, Ciudad de México, San Juan, Santiago y Sevilla.
[v] Los participantes son reclutados en gran parte gracia a la colaboración de los jefes de estudio de los centros educativos, quienes animaron a sus estudiantes para que participaran de forma voluntaria en este estudio.
[vi] Para el grupo experimental se ha preferido tomar los resultados de la segunda entrevista, ya que se supone que es el habla del inmigrante que representa su variedad lingüística en un punto determinado, esto es, después de un periodo de inmersión –variedad que idealmente mantendrá.

 

 

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Perseverancia ante la adquisición de un segundo dialecto por colombianos en Sevilla. por Francisco Salgado Robles (Doctor en Lingüística Hispánica), a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Francisco Salgado Robles

Francisco es doctor en Lingüística Hispánica por University of Florida (Estados Unidos). Tiene un máster en Estudios Hispánicos por University of Missouri-Kansas City (Estados Unidos), un segundo máster en Enseñanza de Lenguas Extranjeras por la Universidad de Extremadura (España) y un tercer máster en Educación Bilingüe por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla, España). Es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Sevilla (España). Su investigación se centra principalmente en la adquisición de segundas lenguas, sociolingüística y metodología de la enseñanza de lenguas extranjeras con especial interés en el uso de las nuevas tecnologías en diferentes entornos de aprendizaje.

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