Prostitutas y heteras (poesía pornográfica clásica I)

Con el presente artículo Schedae inicia una serie de trabajos sobre poesía pornográfica griega y romana. Este primer escrito selecciona unos cuantos poemas de la Antología Palatina, en los que desempeñan un papel principal prostitutas y heteras.[1]

Ofrenda a Afrodita

La mayor parte de los poemas del libro VI de la Antología palatina tiene carácter votivo. En ellos un personaje presenta a los dioses un objeto como muestra de agradecimiento por los favores solicitados o ya recibidos. Algunos de estos epigramas deben de ser auténticos, pero da la impresión de que otros muchos son pura literatura, incluso mera parodia en ocasiones. Entre ellos queremos comentar un epigrama que algunos atribuyen a Luciano de Samósata.[2] Luciano, autor de numerosos escritos en prosa, escribió entre ellos unos Diálogos de cortesanas, un conjunto de catorce breves cuadritos en que presenta las conversaciones de dos, tres o cuatro personajes, que departen principalmente sobre las relaciones entre las heteras y sus amantes. El epigrama, de ser realmente de Luciano, pertenecería al siglo II a. C.:

Tres heteras te hacen ofrenda de estos juguetes,
Cipris dichosa, cada una por su respectiva labor;
Eufro ofrece por sus nalgas éste, Clío este otro
por la forma lícita, la tercera Atis por el cielo de su boca.
Por ellos envía a la primera los beneficios, señora, sodomitas,                            5
a la segunda los femeninos y a la tercera los demás.[3]

Como ya se ha dicho, en el libro VI de la Antología Palatina se recogen epigramas votivos, algunos auténticos, otros no. Esta vez se trata de tres prostitutas que presentan a la diosa Afrodita exvotos representativos de sus particulares habilidades eróticas (el coito anal, el vaginal y la felación).[4] El poeta pide, en su nombre, la recompensa correspondiente al respectivo exvoto. Acerca de las tres especialidades amatorias[5] veremos un poco más adelante unos epigramas de Tucidio Galo y de Nicarco.

Cuanto abarca el universo

Marco Argentario[6] vivió entre los siglos I a. C. y el I d. C.; podría ser el Argentario que se dedicó a la declamación y que encontramos citado en la obra de Séneca el Viejo. Poemas suyos fueron incluidos en la Corona de Filipo, una antología de epigramas elaborada en el I d. C. y después refundida en la Antología Palatina. En su libro V se puede leer una docena de poemas de Marco Argentario; entre ellos éste, dedicado a una prostituta llamada Menófila:

Dicen que entre las golfas otro es el mundo de Menófila,
otro, porque cata todo vicio.
Mas id, caldeos, a su vera, pues su cielo
alberga dentro el perro y los gemelos.[7]

En otros poemas de la Antología que tratan de temas cercanos, se emplea una imaginería variada para la actividad sexual: la carrera, la equitación o la marina. En éste, en cambio, tenemos un contexto astrológico, ya desde el propio nombre de la protagonista, Menófila, “la amiga de la luna”, que tiene un universo propio. Los caldeos, habitantes de las tierras al suroeste de Babilonia, o al menos ciertos sacerdotes babilonios así llamados, tenían fama de astrólogos; este universo propio acoge en su cielo constelaciones como el perro de Orión y los gemelos (la que actualmente llamamos Géminis). Pero todo tiene doble sentido, porque el cielo es el cielo del paladar, la boca de Menófila (como en VI 17, el epigrama atribuido a Luciano que traducíamos más arriba), mientras que los gemelos representan los testículos y el perro es el pene.[8]

Su especialidad no es el baile

Como Marco Argentario, Automedonte,[9] que vivió entre los siglos I a. C. y I d. C., fue incluido en la Corona de Filipo. Se conserva una docena de epigramas suyos, entre los cuales se cuenta éste:

A la bailarina de Asia, a ésa que se mueve
con gesto pícaro desde la punta de sus uñas delicadas,
celebro, no porque se apasione tanto, no porque ponga
así o asá delicadamente sus manos delicadas,
sino porque sabe bailar incluso sobre una clavija                                           5
gastada, y no evita las arrugas de la vejez.
Besa con la lengua, estimula, abraza; y si levanta sobre ti
sus piernas, sacará tu tranca del Hades.[10]

Bailarinas, flautistas y citaristas, que acompañaban a los hombres en el banquete, tenían fama de mujeres fáciles; en todo caso, el lemma[11] del epigrama no deja lugar a dudas: εἰς πόρνην ὀρχηστρίδα, “a una bailarina puta”. La bailarina asiática, cuyo arte alaban los dos primeros dísticos del epigrama, recibe alabanzas por su dominio de la danza, pero sobre todo porque emplea sus técnicas carnales incluso con los ancianos: es tan efectiva, que puede conseguir erecciones en casos desesperados (al reino de Hades descendían, como es sabido, los difuntos). La “clavija gastada” del v. 5 representa metafóricamente el miembro viril del viejo; en este contexto podemos pensar, y no sería una idea descabellada, que las “arrugas de la vejez” del verso siguiente quizá representen el pene arrugado. En cuanto a la expresión “levanta sobre ti sus piernas”, estamos también ante un doble sentido, pues puede entenderse que es aplicada al baile, pero también al acto sexual. Finalmente, el sustantivo κορύνη, que hemos traducido por “tranca”, designa habitualmente una maza como la de Hércules, pero aquí tiene otro significado, el miembro viril.[12]

Concurso de entrepiernas

A Rufino[13] se le ha situado entre finales del siglo I d. C. y el siglo IV, y es responsable de una treintena de poemas del libro V de la Antología Palatina. Escogemos una composición suya que trata de un concurso de belleza; el cuarto dístico no se ha conservado:

Entre ellas riñeron Ródope, Mélite y Rodoclea:
“De las tres, ¿cuál tiene el más poderoso muslo?”
Y juez me eligieron; como diosas, admirables,
quedaron desnudas de pie, rociadas de néctar.
Y de Ródope brillaba el centro de los muslos venerable,                                        5
cual rosas, abierto por un fuerte céfiro…
Mas el delicado centro de Rodoclea era igual que cristal,
cual en un templo una imagen recién labrada.
Pero, conociendo claramente los sufrimientos de Paris por el juicio,
juntas a las tres como inmortales en seguida coroné.[14]                                   10

Este epigrama presenta un concurso de belleza, en que tres mujeres compiten por la hermosura de sus muslos, o mejor dicho, de lo que se encuentra entre ellos, como se dice muy explícitamente en el v. 5. Se nos dan los nombres de las tres protagonistas, Ródope, Mélite (el dístico dedicado a ésta es lo que falta) y Rodoclea, el primero y el último relacionados con la palabra que en griego significa “rosa” y el segundo nombre con el sustantivo que designa la miel.[15]

El poema contiene algunos juegos de palabras más o menos maliciosos; en el v. 2 hay un juego de palabras intraducible, puesto que en lugar de escribir μηρίον, la palabra que se emplea para “muslo”, se escribe μηριόνης, justo como el nombre del héroe de la Ilíada, Meriones, y le añade un epíteto, el comparativo κρείσσονα, más adecuado para un héroe épico que para los muslos de las prostitutas.[16] También se puede considerar que hay una alusión maliciosa en el v. 4, donde se podría pensar que las mujeres han sido “rociadas de néctar”, aunque figuradamente.[17] En los dos dísticos siguientes se produce el contraste entre las vulvas de Ródope y de Rodoclea (recordemos que faltan los dedicados a Mélite): la muy honrada (probablemente por sus muchos visitantes) de la primera, rosada y abierta, contrasta con la blancura y delicadeza de la segunda, acaso virgen, si conferimos importancia a la alusión al cristal y a la parafernalia estatuaria.

Finalmente, el protagonista da por vencedoras a las tres, habida cuenta de la experiencia de Paris (su decisión acarreó la destrucción de Troya, de su familia y su propia muerte). En la última palabra del poema, συνεστεφάνουν, “juntas coroné”, tal vez debamos ver un doble sentido, pues un sustantivo relacionado con este verbo, στεφάνη, es usado en terminología médica para el esfínter anal y para la corona del glande.[18]

Rufino es además autor de otro poema sobre un concurso:

Las nalgas de tres juzgué yo mismo, pues ellas me eligieron
para mostrar el esplendor desnudo de sus cuerpos.
Y ésta, con el sello de unas sonrisas redondeadas,
florecía en sus glúteos con blanca suavidad;
de ésa, abierta de piernas, se ruborizó la nívea carne,                           5
más roja incluso que una rosa de púrpura;
mientras aquélla, serena, rompía con suave oleaje,
estremeciéndose ella sola en su delicada piel.
Si el juez de las diosas hubiera contemplado estas nalgas,
ni tan sólo mirar hubiera querido las anteriores.[19]                         10

Así pues, Rufino presenta el concurso de nalgas desnudas de tres mujeres, bajo la capa del mitológico juicio de Paris; en ese relato Paris declara a Afrodita la más bella por encima de Atenea y Hera. No en vano se cuenta que la diosa del amor se desnudó ante el joven troyano y le ofreció, si era la ganadora, una mujer como ella. Rufino, si bien ensalza las bellezas de las tres mujeres, se abstiene de escoger a una, aunque considera que el propio Paris las hubiese preferido a las diosas que juzgó.

Este juicio de culos podría haberse inspirado en un relato de época helenística sobre las Calipigias, las “Culibellas”, dos hermanas de Siracusa que discutían acerca de quién tenía las nalgas más bellas; se hicieron famosas y encontraron ricos esposos. Edificaron un templo en honor de Afrodita para agradecerle su fortuna.[20] Por su parte, el epigramatista Agatías (AP V 222) hace alusión a un concurso de belleza, mientras que Paulo el Silenciario (AP V 244) corona a la ganadora de un certamen de besos. También Alcifrón (IV 14) relata en sus cartas una competición de nalgas entre unas prostitutas llamadas Mirrina y Triálida, además de certámenes de cinturas y pechos.

Lide, especialista en cuartetos

También es de fecha insegura Tucidio Galo,[21] aunque el epigrama que se le atribuye no es corriente:

La que sirve a tres hombres en el acto, Lide, soy:
a uno más arriba del vientre, a otro en él y a otro detrás;
acojo al amante de los chicos, al mujeriego y al maltratador.
Si traes prisa, aunque vengas con dos más, no te detengas.[22]

Podríamos decir que se trata del anuncio de una prostituta -y tal vez sería posible encontrar textos parecidos en las paredes de determinados lugares antiguos o modernos-, en que la protagonista, Lide, se ofrece para hacer el amor con tres hombres a la vez, complaciendo sus diversas inclinaciones; el “maltratador” del v. 3. (φιλυβριστήν) significa literalmente “aficionado a la violencia desenfrenada”, aunque, teniendo en cuenta el v. 2, tendría que referirse al que es objeto de una felación.

Con la vieja somos cuatro

Nicarco pertenece al I d. C., según testimonio de Diogeniano que lo incluyó en su antología. Traducimos un poema que guarda cierta relación temática con el anterior:

Una vez, Hermógenes, yo y Cleobulo, conducíamos
a una Cipris común a la única Aristodice;
a mí precisamente me tocó habitar en su canosa mar.
Pues nos la repartimos: cada uno a su parte, no todo de todos,
Y Hermógenes recibió la odiosa morada anchurosa                                    5
y remota, deslizándose en un paraje ignoto,
donde las riberas de los difuntos e higueras golpeadas por el temporal
se agitan con el soplo de vientos ominosos.
Y por un Zeus ten a Cleobulo, a quien ascender al cielo,
llevando en su mano el fuego humeante, tocó.                                          10
Y la tierra quedaba como un bien común, pues en ella
echamos una estera y así nos repartimos a la vieja.[23]

El epigrama trata de la forma en que el protagonista, acompañado por dos amigos, Hermógenes y Cleobulo, se distribuyen las zonas erógenas de una vieja prostituta.[24] El autor establece un paralelismo entre los tres personajes y los dioses Zeus, Hades y Posidón, que se repartieron mediante un sorteo el mundo, después de someter a las divinidades de la generación anterior, los Titanes. Pero además, y sobre todo, Nicarco parodia un pasaje homérico en que Posidón dirige la palabra a Iris:

Pues tres somos los hermanos hijos de Crono que concibió Rea,
Zeus y yo, y el tercero Hades, que reina sobre los difuntos.
En tres partes quedó todo dividido, y cada uno consiguió un honor;
así, a mí me tocó habitar siempre en el canoso mar,
realizado el sorteo; Hades recibió el oscuro poniente
y a Zeus correspondió el ancho cielo entre el éter y las nubes;
y aún quedó como bien común la tierra y el alto Olimpo.[25]

Del mismo modo que a Posidón le correspondió el mar, al protagonista le toca el “canoso mar” de la vieja, metáfora que designa su pubis (la expresión remite al lector a la fraseología homérica, pues calca el verso 190). A Hermógenes le corresponden las nalgas, mientras que Cleobulo recibe en suerte la boca, “el cielo” en el texto;[26] en cuanto al “fuego humeante” que Hermógenes lleva en su mano, no podemos imaginar sino que se refiere a su pene.

Conclusión

Los autores reunidos en esta pequeña recopilación (Luciano de Samósata, Marco Argentario, Automedonte, Rufino, Tucidio Galo y Nicarco) vivieron a partir del siglo II a. C.; sin perder de vista el trabajo de los poetas anteriores, tratan de ir más allá, de dar otra vuelta de tuerca a un tema, de aportar nuevas imágenes o puntos de vista.

En estos pocos poemas encontramos metáforas e imágenes variadas usadas para el acto sexual o los genitales: la astrología, el clavo, la tranca, la flor… También quedan ilustradas situaciones diversas como la ofrenda, la danza, el concurso de belleza o el acto sexual, siempre en el contexto de la prostitución o de la relación con las heteras.

Otro aspecto que conviene destacar en esta poesía es el hecho de que los poetas producen variaciones sobre un mismo tema. Un buen ejemplo puede verse en el poema de Tucidio Galo sobre Lide y el de Nicarco sobre los tres amantes de la prostituta vieja: la concisión y la arrogancia de la Lide de Tucidio contrastan fuertemente con el empacho mitológico y la prolijidad del poema de Nicarco.

El mito, omnipresente en la poesía griega, aporta buenos motivos para la parodia: el juicio de Paris, el nombre de Meriones y el reparto del universo entre los dioses Olímpicos.

Notas

[1] La Antología Palatina es una voluminosa recopilación de epigramas griegos realizada en el siglo XI a partir de otros florilegios; al respecto pueden resultar de interés como fuente de información y punto de partida para otros estudios las introducciones de M. Fernández Galiano (Antología Palatina I. Epigramas helenísticos, Madrid, 1978), de G. Galán Vioque y M. A. Márquez Guerrero (Epigramas eróticos griegos. Antología Palatina [Libros V y XII], Madrid, 2001), de G. Galán Vioque (Antología Palatina II. La guirnalda de Filipo, Madrid, 2004) y de P. Waltz (Anthologie Grecque. Anthologie Palatine [Livres I-IV], París, 1960).
[2] Como presentación de la vida y obra de Luciano se puede consultar la introducción general de J. Alsina en Luciano. Obras, I, Madrid, 1981, p. 7-70. También resultan de interés general algunos artículos de Lucian of Samosata, greek writer and roman citizen, F. Mestre y P. Gómez (eds.), Barcelona, 2010. Sus epigramas fueron reunidos por M. D. MacLeod en el tomo IV de Luciani Opera, Oxford, 1987, p. 411-431.
[3] VI 17: αἱ τρισσαί τοι ταῦτα τὰ παίγνια θῆκαν ἑταῖραι, | Κύπρι μάκαιρ᾽, ἄλλης ἄλλη ἀπ᾽ ἐργασίης· | ὧν ἀπὸ μὲν πυγῆς Εὐφρὼ τάδε, ταῦτα δὲ Κλειὼ | ὡς θέμις, ἡ τριτάτη δ᾽ Ἀτθὶς ἀπ᾽ οὐρανίων. | ἀνθ᾽ ὧν τῇ μὲν πέμπε τὰ παιδικά, δεσπότι, κέρδη, | τῇ δὲ τὰ θηλείης, τῇ δὲ τὰ μηδετέρης.
[4] Dentro del contexto erótico abundan los epigramas de temática votiva, particularmente en el libro V de la Antología Palatina: así V 199, obra de Hédilo, en que se consagran a Afrodita las prendas de una hetera llamada Aglaonice; V 200, de autor desconocido, en que se dedican a Príapo las prendas de la joven Alexo; V 201, también anónimo, consagración a Afrodita de un instrumento musical; V 202, epigrama de Asclepíades de Samos o de Posidipo, en que una hetera consagra unas riendas y una fusta que le dieron la victoria en una competición erótica; V 203, composición de Asclepíades, en que una hetera consagra a Afrodita un elemento que le servía para excitar a sus compañeros durante el acto sexual. También en otros libros se refieren asuntos semejantes, por ejemplo en VI 210 (epigrama tal vez obra de Filitas, consagración de diversos objetos -uno de ellos innombrable, según dice su autor- por parte de la hetera Niciade), en IX 332 (poema de Nóside, en que se hace referencia a una estatua de Afrodita dedicada por la hetera Poliárquide) o en XIII 24 (ofrendas varias a Afrodita por parte de la hetera Simon, epigrama de Calímaco).
[5] Sobre el sentido de “cielo”, cf. AP V 105 (el epigrama de Marco Argentario que se traduce seguidamente).
[6] Sobre Marco Argentario, cf. S. G. P. Small, The epigrams of Marcus Argentarius: Introduction, revised text, commentary, tesis doctoral, Universidad de Cincinnati, 1942; G. Galán Vioque, Antología Palatina II. La guirnalda de Filipo, Madrid, 2004, p. 229-230, n. 654.
[7] V 105: ἄλλος ὁ Μηνοφίλας λέγεται παρὰ μαχλάσι κόσμος, | ἄλλος, ἐπεὶ πάσης γεύεται ἀκρασίης. | ἀλλ᾽ ἴτε Χαλδαῖοι κείνης πέλας· ἦ γὰρ ὁ ταύτης | οὐρανὸς ἐντὸς ἔχει καὶ κύνα καὶ διδύμους.
[8] La metáfora del perro se encuentra en otros lugares, cf. AP V 242 (epigrama de Eratóstenes el escolástico). Cf. J. Henderson, The Maculate Muse, Yale, 1991 (2ª edición), p. 127.
[9] Sobre Automedonte, cf. R. Höschele, “Dirty Dancing. A Note on Automedon AP 5.129”, Mnemosyne 59 (2006), 592-595; P. G. Maxwell-Stuart, “Automedon, the mordant wit”, ZAnt, 24 (1974), 73-88.
[10] V 129: τὴν ἀπὸ τῆς Ἀσίης ὀρχηστρίδα, τὴν κακοτέχνοις | σχήμασιν ἐξ ἁπαλῶν κινυμένην ὀνύχων, | αἰνέω, οὐχ ὅτι πάντα παθαίνεται, οὐδ᾽ ὅτι βάλλει | τὰς ἁπαλὰς ἁπαλῶς ὧδε καὶ ὧδε χέρας· | ἀλλ᾽ ὅτι καὶ τρίβακον περὶ πάσσαλον ὀρχήσασθαι | οἶδε, καὶ οὐ φεύγει γηραλέας ῥυτίδας. | γλωττίζει, κνίζει, περιλαμβάνει· ἢν δ᾽ ἐπιρίψῃ | τὸ σκέλος, ἐξ ᾄδου τὴν κορύνην ἀνάγει. De todos modos, la alusión a las uñas también se podría traducir por “desde su más tierna infancia”, cf. Plutarco, Mor. 3c. Véase A. Cameron, “Tener unguis”, CQ 15 (1965), 80-83.
[11] Los lemmata son unos breves títulos, que suelen informar del argumento del epigrama y que se encuentran en el propio texto o en los márgenes; son obra de distintas manos en el manuscrito principal que ha conservado la Antología Palatina, el Palatinus 23 y su segunda parte el Parisinus suppl. gr. 384.
[12] Quizá la metáfora de la clavija para el órgano sexual masculino sea corriente, cf. Aristófanes, Ec. 1020. Sobre el levantamiento de piernas, cf. Aristófanes, Pax 332 (en el baile); Ec. 265 (en el sexo). Para κορύνη en el sentido de pene, cf. Nicandro, Alex. 409. Sobre trancas y estacas, cf. Marcial VI 49; vid. et. J. Henderson, The Maculate Muse, Yale, 1991 (2ª edición), p. 119, n. 60.
[13] Sobre Rufino, cf. D. Page, The Epigrams of Rufinus edited with an Introduction and Commentary, Cambridge, 1978.
[14] V 36: Ἤρισαν ἀλλήλαις Ῥοδόπη, Μελίτη, Ῥοδόκλεια, | τῶν τρισσῶν τίς ἔχει κρείσσονα μηριόνην, | καί με κριτὴν εἵλοντο· καὶ ὡς θεαὶ αἱ περίβλεπτοι | ἔστησαν γυμναί, νέκταρι λειβόμεναι. |Καὶ Ῥοδόπης μὲν ἔλαμπε μέσος μηρῶν πολύτιμος | οἷα ῥοδὼν πολλῷ σχιζόμενος ζεφύρῳ… | τῆς δὲ Ῥοδοκλείης ὑάλῳ ἴσος ὑγρομέτωπος | οἷα καὶ ἐν νηῷ πρωτογλυφὲς ξόανον. | ἀλλὰ σαφῶς, ἃ πέπονθε Πάρις διὰ τὴν κρίσιν, εἰδὼς | τὰς τρεῖς ἀθανάτας εὐθὺ συνεστεφάνουν.
[15] De todos modos, Rufino dedica algún poema a Rodoclea (AP V 73, 74), a Ródope (V 92) y a Mélite (V 94).
[16] Para este juego de palabras con el nombre de Meriones parece probable que Rufino se inspirara en un epigrama de Antípatro de Sidón (AP XII 97, 2).
[17] Para esta metáfora, que aquí representaría el semen, cf. J. Henderson, The Maculate Muse, Yale, 1991 (2ª edición), p. 145 y n. 194.
[18] Cf. LSJ, s. v. στεφάνη, I 3 c. También se juega con ese doble sentido en AP XII 8 (epigrama de Estratón).
[19] V 35: Πυγὰς αὐτὸς ἔκρινα τριῶν· εἵλοντο γὰρ αὐταὶ | δείξασαι γυμνὴν ἀστεροπὴν μελέων. | καί ῥ’ ἡ μὲν τροχαλοῖς σφραγιζομένη γελασίνοις | λευκῇ ἀπὸ γλουτῶν ἤνθεεν εὐαφίῃ· | τῆς δὲ διαιρομένης φοινίσσετο χιονέη σὰρξ | πορφυρέοιο ῥόδου μᾶλλον ἐρυθροτέρη· | ἡ δὲ γαληνιόωσα χαράσσετο κύματι κωφῷ, | αὐτομάτη τρυφερῷ χρωτὶ σαλευομένη. | εἰ ταύτας ὁ κριτὴς ὁ θεῶν ἐθεήσατο πυγάς, | οὐκέτ’ ἂν οὐδ’ ἐσιδεῖν ἤθελε τὰς προτέρας.
[20] Según lo recoge Ateneo (XII 554cd; cf. XIII 609e-610a; Clemente de Alejandría, Prot. II 39, 3), lo cuentan Arquelao del Quersoneso y Cércidas de Megalópolis, autores del III a. C. Sobre estos concursos, cf. J. F. Martos, Desde Lesbos con amor. Homosexualidad femenina en la Antigüedad, Madrid, 1996, p. 21 y n. 2.
[21] Sobre este poeta no se sabe nada más, pues incluso el nombre parece inseguro.
[22] V 49: ἡ τρισὶ λειτουργοῦσα πρὸς ἓν τάχος ἀνδράσι Λύδη, | τῷ μὲν ὑπὲρ νηδύν, τῷ δ᾽ ὑπό, τῷ δ᾽ ὄπιθεν, | εἰσδέχομαι φιλόπαιδα, γυναικομανῆ, φιλυβριστήν. | εἰ σπεύδεις, ἐλθὼν σὺν δυσί, μὴ κατέχου.
[23] XI 328: τὴν μίαν Ἑρμογένης κἀγώ ποτε καὶ Κλεόβουλος | ἤγομεν εἰς κοινὴν κύπριν Ἀριστοδίκην· | ἧς ἔλαχον μὲν ἐγὼ πολιὴν ἅλα ναιέμεν αὐτός· | εἷς γὰρ ἕν, οὐ πάντες πάντα, διειλόμεθα. | Ἑρμογένης δ᾽ ἔλαχε στυγερὸν δόμον εὐρώεντα, | ὕστατον, εἰς ἀφανῆ χῶρον ὑπερχόμενος, | ἔνθ᾽ ἀκταὶ νεκύων, καὶ ἐρινεοὶ ἠνεμόεντες | δινεῦνται πνοιῇ δυσκελάδων ἀνέμων. | Ζῆνα δὲ θὲς Κλεόβουλον, ὃς οὐρανὸν εἰσαναβαίνειν, | τὸ ψολόεν κατέχων ἐν χερὶ πῦρ, ἔλαχεν. | γῆ δ᾽ ἔμενε ξυνὴ πάντων ψίαθον γὰρ ἐν αὐτῇ | στρώσαντες, τὴν γραῦν ὧδε διειλόμεθα.
[24] No sabríamos decir si la elección de la anciana se debe a la falta de dinero (cf. Marcial XI 87; AP XI 65 [Parmenión]), a su handicap sexual (cf. Marcial III 32) o a lo grotesco de la situación (AP V 38 [Nicarco]). No obstante, según la apreciación de los poetas, hay ancianas con gran atractivo sexual, cf. AP V 53 (Filodemo de Gádara), VII 217 (Asclepíades de Samos).
[25] Il. XV 187-193: τρεῖς γάρ τ᾽ ἐκ Κρόνου εἰμὲν ἀδελφεοὶ οὓς τέκετο Ῥέα | Ζεὺς καὶ ἐγώ, τρίτατος δ᾽ Ἀΐδης ἐνέροισιν ἀνάσσων. | τριχθὰ δὲ πάντα δέδασται, ἕκαστος δ᾽ ἔμμορε τιμῆς· | ἤτοι ἐγὼν ἔλαχον πολιὴν ἅλα ναιέμεν αἰεὶ | παλλομένων, Ἀΐδης δ᾽ ἔλαχε ζόφον ἠερόεντα, | Ζεὺς δ᾽ ἔλαχ᾽ οὐρανὸν εὐρὺν ἐν αἰθέρι καὶ νεφέλῃσι· | γαῖα δ᾽ ἔτι ξυνὴ πάντων καὶ μακρὸς Ὄλυμπος.
[26] Sobre esta metonimia, cf. supra el poema que dedica Marco Argentario a Menófila.

Ilustraciones

1. Casa del Centenario, Pompeya, siglo I d. C.

2. El Juicio de Paris (1599) de Hendrick Van Balen el viejo (Gemäldegalerie, Berlín)

3. Hetera con dos olisboi (cerámica de figuras rojas)

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About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

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