Solteras y casadas (poesía pornográfica clásica II)

En este segundo artículo que dedicamos a la poesía griega y latina de asunto pornográfico, reúno una pequeña colección de epigramas de la Antología Palatina,[1] cuyos protagonistas masculinos tienen relaciones con mujeres libres solteras o casadas.

Vida marítima

De Dioscórides,[2] que vivió en la segunda mitad del III a. C., se conservan unos cuarenta epigramas, de un fuerte realismo, acaso obsceno. Este alejandrino, seguidor de Calímaco y Asclepíades, fue incluido en la Corona de Meleagro. He aquí la traducción de un poema suyo:

Nunca tumbes boca arriba a una embarazada
en tu lecho, gozando de una fértil Cipris;
pues entre ambos habrá gran marea y no pequeño esfuerzo:
ella remará y tú te balancearás.
Pero dale la vuelta y disfruta con las rosadas nalgas,                                 5
considerando a la esposa una Cipris masculina.[3]

El poema da un consejo al lector sobre la forma más conveniente de tener relaciones sexuales con una embarazada; se trata de una relación conyugal, como se dice expresamente en el último verso. Según Dioscórides, es preferible el coito a tergo, pues evita las incomodidades provocadas por el vientre abultado de la mujer. Es notable la presencia de metáforas de la navegación: “gran marea”(v. 3, μέγα κῦμα) alude al vientre de la embarazada; en el verso siguiente “remar” y “balancearse” se refieren figuradamente a los movimientos de la mujer y el hombre durante el coito; también en esta línea está el uso de στρέψας (“dale la vuelta”), verbo que puede servir para un cambio de rumbo durante la navegación.[4] En este epigrama Dioscórides usa uno de los nombres de Afrodita, Cipris, para designar a la pareja.

Madre e hija

Por su parte, Marco Argentario[5] relata una aventura erótica con un curioso final:

A la virgen Alcipa amaba tanto, un buen día la seduje
y a escondidas la poseí en su lecho.
Nuestros pechos se agitaban con el temor de que alguien viniera
y contemplase los secretos de nuestros prodigiosos deseos.
Mas la madre no dejó de oír sus susurros, aunque, al verme,                 5
dijo al instante: «Ese Hermes a medias, hija.»[6]

La conocida aventura de la seducción de una muchacha, que cuenta con precedentes desde la poesía del siglo VII a. C.[7] se resuelve aquí de una forma bien curiosa, cuando la madre, al descubrir a los enamorados, reclama su parte. “Ese Hermes a medias” (v. 6, Ἑρμῆς κοινός) era una expresión corriente,[8] que se usaba cuando dos o más personas encontraban algo y tenían que repartírselo, pero un hermes era también un busto o cabeza del dios u otros personajes, puestos sobre una estela o un pilar que se encontraba en calles y plazas, y que a la altura correspondiente solía reproducir los genitales masculinos.
Esta madre contrasta, desde luego, con las madres de los Diálogos de cortesanas de Luciano, que venden la virginidad de sus hijas, y les proponen o consienten que tengan amantes: en el tercer diálogo una madre reprende a su hija Filina por mostrarse arisca con su amante; en el quinto diálogo Cróbile habla con su hija Corina sobre la forma de complacer a los hombres, después de vender su virginidad; o en el sexto diálogo Musarion escucha las reticencias de su madre acerca de su enamorado Quéreas.

Mi vecinita…

Agatías el escolástico[9] compuso en el siglo VI d. C. una antología llamada Ciclo, además de otras obras poéticas e históricas. El siguiente poema tiene un carácter marcadamente narrativo:

La vieja envidiosa yacía junto a mi joven vecina,
atravesada en el lecho, echada sobre la espalda,
cual inexpugnable baluarte; mas como defensa
cubría a la muchacha una ancha combinación;
y una criada altanera, que había clausurado las puertas de la casa,     5
descansaba aturdida por la bebida sin mezclar.
Con todo, no me asustaron, cuando alcé suavemente
con manos silenciosas el gozne de la puerta
y las teas ardientes con el aire de mi manto
apagué. Entonces me colé de refilón en la alcoba,                                   10
evité a la guardiana que dormía y repté despacio
sobre mi vientre por la cama bajo el dosel;
me encaminé poco a poco a donde la muralla era accesible;
y apoyando el pecho al lado de la joven,
me apoderé de sus senos; y le llené de besos la cara,                              15
gozando mi boca con la suavidad de sus labios.
Y era, de este modo, la bella boca mi botín y tenía
el beso como contraseña del nocturno combate.
Mas no saqueé aún la torre de la amada virginidad,
sino que está cerrada por una inevitable mora.                                       20
Con todo, si de otra batalla emprendemos la refriega,
pronto asediaré, sí, las murallas de su doncellez
y ya no me pararán baluartes. Y si tengo suerte,
trenzaré coronas para ti, Cipris, que concedes trofeos.[10]

Los veinticuatro versos de este largo epigrama narran una aventura, cuyo protagonista se cuela en casa de sus vecinos[11] y se mete en la cama de una virgen. El allanamiento de una casa de una manera muy parecida se encuentra relatado en un diálogo de Luciano, aunque la aventura acaba de una forma muy diferente, puesto que el joven sorprende a su amada (una hetera, por cierto) acostada con alguien que él cree un hombre.[12]
Esta narración supone, en cierta manera, una burla a un tópico literario serio: el llamado paraklausíthyron, canto suplicante del enamorado ante la puerta de la casa en que vive su amada.[13] En la aventura que relata Agatías el joven consigue sortear todas las prevenciones (la vieja,[14] la criada, las antorchas, la puerta cerrada…) y tener una sesión de besos y caricias con la muchacha. No puede llegar más allá, dado que la vieja está atravesada en el lecho y obstaculiza otros acercamientos.
A lo largo de estos versos se deslizan numerosas metáforas militares relacionadas con la toma de una fortaleza, tanto en lo que se refiere a la entrada subrepticia en la casa (baluarte, muralla) como en el petting con la muchacha (“nocturno combate”, “si de otra batalla emprendemos la refriega, pronto asediaré, sí, las murallas de su doncellez y ya no me pararán baluartes”, “Cipris, que concedes trofeos”); y por cierto que este epíteto, aplicado aquí a la diosa Afrodita, se encuentra usado para la Victoria.[15]

La solución del problema

Entre los epigramas de Agatías el escolástico también se puede leer el siguiente, muy reflexivo en contraste con el anterior:

¿Qué camino seguiría uno hacia Eros? En las calles
lamentarás la lujuria ansiosa de oro del puterío;
mas si te arrimas a una cama virginal, llegarás a la boda
conforme a la ley o a las penas de los estupradores.
¿Con la legítima esposa? ¿Quién podría aguantar a una Cipris      5
sin placer, arrastrado por la necesidad?
El lecho adúltero es lo peor y ajeno a los amores:
vaya con la perversidad de la pedofilia.
Y la viuda, en su desorden, toma un amante vulgar
y se sabe todas las astucias del puterío.                                               10
La prudente, que a duras penas se entrega al amor,
sufre los aguijones de una despiadada inconstancia
y odia sus actos; conque, por un resto de pudor que le queda,
se echa atrás con un mensaje para acabar con las citas.
Pero, si te unes a tu propia sierva, tendrás que soportar                 15
convertirte tú, a tu vez, en esclavo de la criada.
Y, ¿con la ajena? En ese caso la ley te cubrirá de infamia
por causar ultraje en un cuerpo propiedad de otro.
Por ello, Diógenes rehuyó todo eso y el himeneo
entonó con su mano, sin necesitar a Lais.[16]                                   20

Este extenso epigrama no requiere demasiadas explicaciones; resulta muy difícil conseguir una vida sexual agradable, puesto que ningún tipo de mujer reúne todas las condiciones: las prostitutas están ávidas de dinero,[17] hacer el amor con las vírgenes es delito perseguido o implica acabar casado, tener relaciones con la propia esposa carece de interés, el adulterio es peor[18] y las viudas son desaconsejables, las mujeres decentes ni pensarlo, en cuanto a las esclavas ni las propias ni las ajenas. ¿Qué queda, entonces, según Agatías? La masturbación, como Diógenes el Cínico;[19] el poeta lo dice en una expresión primero refinada (“celebró el himeneo”) que deriva hacia la ironía (“con su mano”). Lais, una famosa cortesana,[20] en este poema representa por antonomasia la cumbre de los placeres. En realidad, el epigrama constituye una imitación de uno muy serio de Posidipo,[21] que se pregunta qué hacer en la vida: ante la falta de salidas, observa Posidipo que lo mejor sería no haber nacido o morir al ver la luz.

Por las buenas o…

Paulo o Pablo el Silenciario[22] fue amigo de Agatías el escolástico y poemas suyos fueron recogidos en el Ciclo de éste; en el libro V de la Antología Palatina se pueden leer muchos versos suyos. Entre sus muchas composiciones encontramos una escena de sexo a la fuerza:

La agraciada Menecrátide, entregada al sueño al atardecer,
yacía, con el brazo cubriéndose los ojos;
valientemente me metí en su cama, mas, cuando alegremente
iba a alcanzar la mitad del camino de Cipris,
la joven se despertó del sueño y con sus blancas manos                5
quería arrancarme de la cabeza todo el pelo;
mas, aunque luchaba, acabé el resto del acto del amor.
Y ella, saltándosele las lágrimas, me dijo:
«Criminal, ahora has logrado tu deseo, por el que
a menudo juré rechazar mucho oro de tu mano.                            10
Y te largarás a poner a otra bajo tu barriga,
porque sois trabajadores de una Cipris insaciable.»[23]

El protagonista abusa de la joven Menecrátide, aprovechándose inicialmente de que está dormida y después de su superioridad física; por cierto, el nombre de la chica viene pintiparado, puesto que el adjetivo del que deriva, μενεκράτης, significa “fuerte y resistente”. No se dice en el poema si se trata de una hetera, ni tampoco se menciona si era virgen.[24] En el poema hay, por otra parte, algunas expresiones metafóricas que aluden al coito: “el camino de Cipris”, “el acto del amor” y “poner bajo la barriga”.

¡Cuidado con el perro!

También Eratóstenes el escolástico pertenece ya al siglo VI d. C. y sus poemas fueron incluidos en el Ciclo de Agatías. Traducimos a continuación un epigrama sobre un encuentro casual en la calle:

Al ver a Mélite, me puse pálido, pues su esposo
con ella iba; tembloroso, le dije lo siguiente:
«¿Puedo descorrer los cerrojos de tu puerta,
soltando el glande de la doble hoja,
y cruzar el húmedo umbral del doble vestíbulo                         5
e introducir en medio el extremo del pasador?»
Mas ella dice riendo, mientras mira de reojo a su hombre:
«¡Aparta del vestíbulo, que te va a matar el perro!»[25]

El encuentro del protagonista y de Mélite acompañada por su marido da pie a un aparte entre ellos dos, conversación que está llena de dobles sentidos. “Los cerrojos de tu puerta” del tercer verso serían las hebillas o broches que, al soltarse, permitirían desnudar a la esposa, mientras que “el glande de la doble hoja” se puede referir al pasador de un collar, pero también al pene.[26] Eratóstenes también habla figuradamente, cuando menciona “el húmedo umbral del doble vestíbulo” y “el extremo del pasador”, que se refieren respectivamente a la vagina de Mélite y al miembro de su interlocutor. El perro del último verso hace alusión al marido de forma metonímica, pues alude al pene.[27] Por cierto, nótese la muy diferente actitud de él, pálido y trémulo, y de Mélite con sus risas.
Además la alusión final al perro quizá pudiera recordar al lector antiguo cierto cuentecillo, según el cual el ladrido era la contraseña de un amante que visitaba a una casada; en cierta ocasión otro individuo, que se había percatado de la señal, se adelantó al amante habitual y, cuando éste llegó, contestó a su ladrido, ladrando más fuerte que él desde dentro de la casa.[28]

Conclusión

En este segundo artículo sobre poesía pornográfica vienen a sumarse otros nombres de poetas (Dioscórides, Agatías, Paulo y Eratóstenes) a los ya conocidos.
Los epigramas aquí reunidos adoptan tonos variados, desde la forma de consejo a la narrativa, pasando por la reflexión o el diálogo. Las situaciones son variadas: el lecho conyugal, el sexo a escondidas, el allanamiento de morada, la conversación callejera…
La mayor parte de los juegos de estas composiciones se basa en el doble sentido: la acción de remar, los hermes, las metáforas militares, el allanamiento de una casa…

Notas

[1] Para la Antología Palatina, véase la nota 1 del artículo Prostitutas y heteras (http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/).
[2] Sobre Dioscórides, cf. G. Galán Vioque, Dioscórides. Epigramas, Huelva, 2001; M. Fernández Galiano, Antología Palatina I. Epigramas helenísticos, Madrid, 1978, p. 257.
[3] V 54: μήποτε γαστροβαρῆ πρὸς σὸν λέχος ἀντιπρόσωπον | παιδογόνῳ κλίνῃς Κύπριδι τερπόμενος. | μεσσόθι γὰρ μέγα κῦμα καὶ οὐκ ὀλίγος πόνος ἔσται, | τῆς μὲν ἐρεσσομένης, σοῦ δὲ σαλευομένου. | ἀλλὰ πάλιν στρέψας ῥοδοειδέι τέρπεο πυγῇ, | τὴν ἄλοχον νομίσας ἀρσενόπαιδα Κύπριν.
[4] Para la navegación erótica con muy variados matices, cf. AP V 44 (de Rufino), 156 (Meleagro), 161 (Hédilo o Asclepíades), 190, 204 (ambos de Meleagro), 235 (Macedonio); IX 415 (Antífilo) y 416 (Filipo). Sobre el tema, cf. P. Murgatroyd, “The Sea of Love”, CQ 45 (1995), 9-25.
[5] Para Marco Argentario, cf. la nota 6 del artículo Prostitutas y heteras (http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/).
[6] V 127: παρθένον Ἀλκίππην ἐφίλουν μέγα, καί ποτε πείσας | αὐτὴν λαθριδίως εἶχον ἐπὶ κλισίῃ. | ἀμφοτέρων δὲ στέρνον ἐπάλλετο, μή τις ἐπέλθῃ, | μή τις ἴδῃ τὰ πόθων κρυπτὰ περισσοτέρων. | μητέρα δ᾽ οὐκ ἔλαθεν κείνης λάλον ἀλλ᾽ ἐσιδοῦσα | ἐξαπίνης, ‘ Ἑρμῆς κοινός,’ ἔφη. ‘θύγατερ.’ (El quinto verso presenta problemas de lectura, al menos para algunos especialistas).
[7] Cf. Arquíloco, fr. 196a West. Sobre la persuasión y el enamoramiento, cf. F. Rodríguez Adrados, Sociedad, amor y poesía en la Grecia antigua, Madrid, 1995, p. 205-213.
[8] Cf. Aristóteles, Rh. II 24, 2; Teofrasto, Char. 30, 2.
[9] Para Agatías como poeta, cf. A. Cameron, Agathias, Oxford, 1970, p. 12-29.
[10] V 294: ἡ γραῦς ἡ φθονερὴ παρεκέκλιτο γείτονι κούρῃ | δόχμιον ἐν λέκτρῳ νῶτον ἐρεισαμένη, | προβλὴς ὥς τις ἔπαλξις ἀνέμβατος· οἷα δὲ πύργος | ἔσκεπε τὴν κούρην ἁπλοῒς ἐκταδίη· | καὶ σοβαρὴ θεράπαινα πύλας σφίγξασα μελάθρου | κεῖτο χαλικρήτῳ νάματι βριθομένη. | ἔμπης οὔ μ᾽ ἐφόβησαν ἐπεὶ στρεπτῆρα θυρέτρου | χερσὶν ἀδουπήτοις βαιὸν ἀειράμενος, | φρυκτοὺς αἰθαλόεντας ἐμῆς ῥιπίσμασι λώπης | ἔσβεσα· καὶ διαδὺς λέχριος ἐν θαλάμῳ | τὴν φύλακα κνώσσουσαν ὑπέκφυγον ἦκα δὲ λέκτρου | νέρθεν ὑπὸ σχοίνοις γαστέρι συρόμενος, |ὠρθούμην κατὰ βαιόν, ὅπη βατὸν ἔπλετο τεῖχος· | ἄγχι δὲ τῆς κούρης στέρνον ἐρεισάμενος, | μαζοὺς μὲν κρατέεσκον· ὑπεθρύφθην δὲ προσώπῳ, | μάστακα πιαίνων χείλεος εὐαφίῃ. | ἦν δ᾽ ἄρα μοι τὰ λάφυρα καλὸν στόμα, καὶ τὸ φίλημα | σύμβολον ἐννυχίης εἶχον ἀεθλοσύνης. | οὔπω δ᾽ ἐξαλάπαξα φίλης πύργωμα κορείης, | ἀλλ᾽ ἔτ᾽ ἀδηρίτῳ σφίγγεται ἀμβολίῃ. | ἔμπης ἢν ἑτέροιο μόθου στήσωμεν ἀγῶνα, | ναὶ τάχα πορθήσω τείχεα παρθενίης, | οὐ δ᾽ ἔτι με σχήσουσιν ἐπάλξιες. ἢν δὲ τυχήσω, | στέμματα σοὶ πλέξω, Κύπρι τροπαιοφόρε. En el tercer verso hay un problema de lectura, que se ha querido resolver mediante dos conjeturas, οἷα δὲ πύργος, la que preferimos nosotros, y οἷα δ’ ἐπ’ ἦρι (“como en primavera”).
[11] También Rufino tiene un epigrama sobre su vecina (AP V 75).
[12] DMeretr. 12, 3; sobre Luciano de Samósata, cf. el artículo Prostitutas y heteras (http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/).
[13] Sobre este motivo, cf. AP V 23 (de Calímaco), 164, 189 (ambos de Asclepíades), 191 (de Meleagro), 213 (Posidipo); XII 90 (anónimo). Para este tema en general, cf. F. O. Copley, Exclusus amator: a study in Latin love poetry, Madison, 1956; W. J. Verdenius, “Opening Doors again”, Mnemosyne 33, 1-2, serie 4, 175; C. Yardley, “The Elegiac Paraklausithyron”, Eranos 76 (1978), 19-34.
[14] Que una vieja vigile a la joven parece habitual, cf. AP V 106 (de Diotimo), 262 (Paulo), 289 (Agatías).
[15] En el poema rezuma, por otra parte, el topos elegíaco del militia amoris, cf. ex. gr. Ovidio, Am. II 12 (el poeta celebra la victoria en su conquista del amor de Corina). En general, véase E. Thomas, “Variations on a military theme in Ovid’s Amores”, G&R n. s. 11 (1964), 151-165; P. Murgatroyd, “Militia amoris and the Roman Elegies”, Latomus 34 (1975), 59-79; J. C. McKeown, “Militat Omnis Amans”, CJ 90-3 (1995), 295-304.
[16] V 302: ποίην τις πρὸς Ἔρωτος ἴοι τρίβον; ἐν μὲν ἀγυιαῖς | μαχλάδος οἰμώξεις χρυσομανεῖ σπατάλῃ· | εἰ δ᾽ ἐπὶ παρθενικῆς πελάσεις λέχος, ἐς γάμον ἥξεις | ἔννομον, ἢ ποινὰς τὰς περὶ τῶν φθορέων. | κουριδίαις δὲ γυναιξὶν ἀτερπέα κύπριν ἐγείρειν | τίς κεν ὑποτλαίη, πρὸς χρέος ἑλκόμενος; | μοίχια λέκτρα κάκιστα, καὶ ἔκτοθέν εἰσιν ἐρώτων, | ὧν μέτα παιδομανὴς κείσθω ἀλιτροσύνη. | χήρη δ᾽, ἡ μὲν ἄκοσμος ἔχει πάνδημον ἐραστήν, | καὶ πάντα φρονέει δήνεα μαχλοσύνης· | ἡ δὲ σαοφρονέουσα μόλις φιλότητι μιγεῖσα | δέχνυται ἀστόργου κέντρα παλιμβολίης, | καὶ στυγέει τὸ τελεσθὲν ἔχουσα δὲ λείψανον αἰδοῦς, | ἂψ ἐπὶ λυσιγάμους χάζεται ἀγγελίας. | ἢν δὲ μιγῇς ἰδίῃ θεραπαινίδι, τλῆθι καὶ αὐτὸς | δοῦλος ἐναλλάγδην δμωίδι γινόμενος· | εἰ δὲ καὶ ὀθνείῃ, τότε σοι νόμος αἶσχος ἀνάψει, | ὕβριν ἀνιχνεύων σώματος ἀλλοτρίου. | πάντ᾽ ἄρα Διογένης ἔφυγεν τάδε, τὸν δ᾽ ὑμέναιον | ἤειδεν παλάμῃ, Λαΐδος οὐ χατέων.
[17] Sobre las prostitutas callejeras, cf. Aristófanes, Eq. 1400-1402; Teofrasto, Char. 28.3; Horacio, Ep. I 14, 21; Sat. I 2, 30; Juvenal XI 172-173. En general, v. S. B. Pomeroy, Diosas, rameras, esposas y esclavas, Madrid, 1990 (2ª ed.), p. 225.
[18] Acerca del adulterio y su consideración delictiva, cf. E. Cantarella, La calamidad ambigua. Condición e imagen de la mujer en la antigüedad griega y romana, Madrid, 1991, p. 66-70.
[19] Sobre Diógenes y la masturbación, cf. Dión Crisóstomo VI 17-20. Para la actitud de los cínicos ante el sexo y la mujer, véase F. Rodríguez Adrados, El cuento erótico griego, latino e indio, Madrid, 1994, p. 62 ss.
[20] Sobre Lais de Corinto, cf. AP VII 218 (Antípatro), IX 260 (Secundo), XI 67 (Mirino); Ateneo XIII 570e; Claudio Eliano, VH X 2, XII 5, XIV 35; Marcial XI 104; Pausanias II 2, 4-5. Hubo otra Lais más joven, cf. Ateneo XIII 574e, 588cd, 589ab; Aulo Gelio I 8, 3-6.
[21] AP IX 359. Aunque también se atribuye a Crates el cínico y a Platón el cómico. En AP IX 360 Metrodoro intenta refutar esta tesis.
[22] Para este autor, cf. R. Keydell, “Paulus 9”, Der kleine Pauly, 4, 1974, c. 567.
[23] V 275: Δειελινῷ χαρίεσσα Μενεκρατὶς ἔκχυτος ὕπνῳ | κεῖτο περὶ κροτάφους πῆχυν ἑλιξαμένη. | τολμήσας δ᾽ ἐπέβην λεχέων ὕπερ. ὡς δὲ κελεύθου | ἥμισυ κυπριδίης ἤνυον ἀσπασίως, | ἡ παῖς ἐξ ὕπνοιο διέγρετο, χερσὶ δὲ λευκαῖς | κράατος ἡμετέρου πᾶσαν ἔτιλλε κόμην | μαρναμένης δὲ τὸ λοιπὸν ἀνύσσαμεν ἔργον ἔρωτος. | ἡ δ᾽ ὑποπιμπλαμένη δάκρυσιν εἶπε τάδε· | σχέτλιε, νῦν μὲν ἔρεξας ὅ τοι φίλον, ᾧ ἔπι πουλὺν | πολλάκι σῆς παλάμης χρυσὸν ἀπωμοσάμην | οἰχόμενος δ᾽ ἄλλην ὑποκόλπιον εὐθὺς ἑλίξεις· | ἐστὲ γὰρ ἀπλήστου κύπριδος ἐργατίναι.
[24] Que la virginidad estaba bien cotizada, lo prueba algún epigrama como AP V 45 (de Calíctor).
[25] V 242: ὡς εἶδον Μελίτην, ὦχρός μ᾽ ἕλε· καὶ γὰρ ἀκοίτης | κείνῃ ἐφωμάρτει· τοῖα δ᾽ ἔλεξα τρέμων | τοῦ σοῦ ἀνακροῦσαι δύναμαι πυλεῶνος ὀχῆας, | δικλίδος ὑμετέρης τὴν βάλανον χαλάσας, | καὶ δισσῶν προθύρων πλαδαρὴν κρηπῖδα περῆσαι, | ἄκρον ἐπιβλῆτος μεσσόθι πηξάμενος; | ἡ δὲ λέγει γελάσασα, καὶ ἀνέρα λοξὸν ἰδοῦσα· | τῶν προθύρων ἀπέχου, μή σε κύων ὀλέσῃ.
[26] Como en Aristófanes, Lys. 410, 413. Véase f. J. Henderson, The Maculate Muse, Yale, 1991 (2ª edición), p. 41 y 119.
[27] Sobre el perro, cf. nota 8 del artículo Prostitutas y heteras (http://www.sarasuati.com/prostitutas-y-heteras-poesia-pornografica-clasica-i/).
[28] Cf. F. Rodríguez Adrados, El cuento erótico griego, latino e indio, Madrid, 1994, p. 70 ss. De todos modos, κύων puede no ser la lectura correcta, ya que la original es σκευὴν “equipación, vestimenta”, etc., que, aunque figuradamente puede referirse al miembro viril, no parece adecuada al contexto.

Ilustraciones

1. En el tepidario (1882) de Sir L. Alma-Tadema (Lady Lever Art Gallery, Port Sunlight Village, Wirral Inglaterra).
2. Hermes de la isla de Sifnos (520 a. C.), Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
3. Diógenes (1882) de J. W. Waterhouse (Art Gallery of New South Wales, Australia).

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About Sebastián Martínez

Doctor en filología clásica y catedrático de griego, ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas (Cuadernos de Filología Clásica, Prometheus, L’Antiquité classique, entre otras).

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