The President´s March: la recepción de música dedicada a mandatarios norteamericanos en el s.XIX

 

1. Introducción.

En sus primeros doscientos años, una institución como la presidencia de los Estados Unidos de América generó composiciones musicales de muy diversa índole que el público interiorizó, haciéndolas propias. En algunos casos se convirtieron en patrimonio de la música popular. Pero en todos se considera una importante aportación al nacimiento de los estilos musicales norteamericanos a finales del s. XIX.

 

 

¿Recuerdan el día de la investidura de Obama? Fue un veinte de enero de 2009. Personalmente, estuve tan metido en la historia que hasta sentí el frío washingtoniano en mis huesos. Advertí la gran importancia que estuvo teniendo la música en el guión, lo cual le daba calidez al asunto.

Y tanto! R&B, gospel, pop… hasta el “Boss” hizo su aparición! Todos y todas glosaron, en un ambiente formal, pero lúdico, al nuevo Presidente desde lo mejor que sabían hacer: música.

Quizá lo que pueda escribir aquí queda resumido si escuchan el minuto 1:51 de “Air and simple Gifts”, una obra musical compuesta expresamente para este día y dedicada al Presidente por el prestigioso compositor John Williams. Un violín destacó la antigua melodía shaker “Simple Gifts” y esas notas nos hablaron sobre el ideal de grandeza estadounidense y sus principales señas de identidad [i].

Al igual que la innegable fuerza renovadora de los votantes, la identidad musical americana procede directamente de una serie de cambios y adaptaciones que favorecieron la creación de los estilos musicales norteamericanos a finales del s. XIX.

En efecto, sabemos que la música norteamericana, como producto de la cultura popular, ha ejercido una importante influencia en el mundo occidental a lo largo del siglo veinte. Blues, Ragtime, Jazz, Rock, Rithym & Blues o Rap son algunas de las manifestaciones con “sabor americano” que han triunfado a nivel internacional. Multitud de estudios han defendido la innegable influencia afroamericana, en la génesis del “estilo musical popular americano”, allá por el último cuarto del siglo diecinueve. A su vez, todos estos estilos han ido surgiendo a la vez que ha evolucionado la música llamada “clásica” en el país. Por ello, uno de los serios problemas que en estas últimas décadas han aparecido en los foros académicos en Estudios Americanos ha sido la forma de etiquetar o dar nombre a las nuevas manifestaciones musicales que han ido apareciendo en Norteamérica [ii].

Aunque no se puede hablar de un género por sí mismo, una de las manifestaciones musicales que se repite a lo largo de la historia de América es la música para los presidentes. Esta podía abarcar la celebración de campañas, inauguración y otros eventos políticos, así como los aspectos personales, biográficos. Uno de los homenajes musicales más repetidos la composición para las pompas fúnebres.

Si nos centramos en los primeros veinticinco presidentes de Norteamérica (de George Washington a William McKinley) observamos que fueron destinatarios de composiciones que variaron en calidad y extensión, pero haciendo un somero análisis, no se puede negar que no fuese música que cumpliese su objetivo: apoyar al candidato, no solo con la maquinaria industrial de la imprenta musical, sino con sencillas melodías que se transmitieron por el boca a boca.

La conservación y difusión de los primeros 200 años de este movimiento puede servirnos en el futuro para comprender mejor el mágico y poderoso ambiente musical que cada cuatro años invade nuestra realidad, tan cercana a la estadounidense en muchas cuestiones relacionadas con la industria de la melodía.

2. Antebellum America.

Hoy en día, existen colecciones que están conservando y dándonos a conocer esta peculiar música. Por ejemplo, la Biblioteca del Congreso custodia la colección “Music for the nation: American Sheet Music (1820-1860 / 1870-1885)” en el fondo “Performing Art, Music” de “American Memory”. De esta inmensa cantidad de partituras podemos ver, por ejemplo, mil setecientas composiciones para guitarra (incluye piezas con piano, voz, violín o flauta) y alguna de ellas tiene por tema principal la dedicatoria a un presidente norteamericano del s. XIX [iii].

¿Qué apoyo tuvo la música por parte de los primeros presidentes? con la proclamación de los Estados Unidos como país independiente, sabemos que la herencia inglesa presidió el pensamiento de los padres fundadores. John Adams, segundo presidente de los Estados Unidos y padre de la Declaración de Independencia, tenía poca visión de futuro en cuanto a las artes, influido seguramente por su puritanismo. El objetivo del arte, según él, era imitar el estricto orden del universo, reflejando su armonía:

I Could fill volumes with descriptions of temples and palaces, paintings, sculpture, tapestry, porcelain, etc., if I could have the time, but I could not do this without neglecting my duty. My duty is to study the science of government that my sons may have the liberty to study mathematics and science. My sons ought to study geography, navigation, commerce, and agriculture in order to give their children a right to study philosophy, painting, poetry, music, architecture, sculpture, tapestry, and porcelain [iv].

Aunque sus predicciones fueran aproximadas, pues es hacia 1840 cuando la música inicia su camino ya imparable (Nichols 1998), también tenemos a un padre fundador con una idea diferente: Thomas Jefferson, reputado violinista amateur, mantuvo un punto de vista plural, abierto de mente y libertariano, actitud que si bien admitía el limitado rol de las artes en los primeros pasos de la nación, favoreció la entrada de una corriente artística que como consiguió llegar al público en el primer cuarto del s. XIX (Garrett: 1961).

En la inauguración presidencial de Washington se escuchó “The President´s March“. Fue escrita por Philip Phile, compositor y violinista y sus trabajos incluyen también un Concierto para violín (1787). Otro músico de la época, Joseph Hopkinson, arregló la pieza con letra y lo tituló “Hail Columbia!”. Fue estrenada por Gilbert Fox en el Teatro Chestnut Street el 25 de abril de 1798. Fue la más fuerte candidata para convertirse en himno nacional de Estados Unidos, a diferencia de otras composiciones, como “America the Beautiful”. Hoy en día sigue apareciendo en películas ambientadas en los Estados Unidos durante el s. XIX.

¿De que madera estaba hecha la música de estos primeros compositores? Según Nicholls (1998), tuvieron que pasar tres fases hasta alcanzar una identidad propia. La primera fue la fase de aceptación. En este estadio había que entender que una educación musical en Europa no resolvía una mejor calidad musical ofrecida al público americano. La segunda fue la fase de la oportunidad. Si estos compositores americanos hubiesen trabajado en Europa, soportarían el peso de la comparación con Liszt, Berlioz, Chopin o Thalberg. En cambio, en estos nuevos territorios, sus nuevas composiciones eran bien acogidas. El tercer cambio, en pos de una identidad propia, se dio solo después de que el compositor hubiese alcanzado un marco de calidad aceptable, un pedigrí en los escenarios americanos, provocando una audiencia considerable, podría ser calificado como un líder americano musical. Así, la línea de líderes musicales que comenzó con la primera escuela de Nueva Inglaterra (compositores de tunebooks del s. XVIII) se vio relevada por la segunda escuela conformada por un grupo de músicos de Boston: Paine, Foote, Chadwick y Beach. Curiosamente, en la revisión de la literatura no se mencionan mujeres compositoras en esta etapa, solamente como músico amateur, de acuerdo con el rol establecido antes de la guerra civil.

Todo este proceso aparece implícito en la calidad musical de las partituras que podemos observar en la colección on line de “American Memory”. A continuación vamos a hacer un recorrido por las más significativas.

En las elecciones presidenciales antes de la guerra civil destacó la agresiva campaña de William Henry Harrison. Ninguna generó tantas canciones como esta. No se han encontrado canciones específicas para la campaña de su oponente, Martin Van Buren, aunque sí tiene dedicado un movido Quick Step (forma musical de baile, predecesora de aquellas aparecidas entre 1890 y 1920). Tampoco para ninguna campaña presidencial entre 1830 y 1840. Sí que encontramos canciones dedicadas a los presidentes Andrew Jackson y a John Quincy Adams.

¿En qué momentos componían los autores de la época? los candidatos ganadores eran celebrados como presidentes y llorados en su funeral. Existen piezas, por ejempo, tanto para la inauguración de la presidencia de Harrison como para su fallecimiento, que se produjo apenas un mes después. Su vicepresidente y sucesor, John Tyler, también fue objeto de varias composiciones.

Entre 1844 y 1848 hubo una gran cantidad de música compuesta para la campaña de los candidatos. Pero en unas elecciones presidenciales, esto no significaba necesariamente que el vencedor dispusiera de un mayor número de composiciones. Un ejemplo, en 1844, Henry Clay generó más música que James Polk, quien sin embargo ganó las elecciones. Curiosamente, en la música que celebra la presidencia de Polk, también está presente, al menos implícitamente, la temática de la guerra con México.

Las elecciones de 1848 cuentan con piezas de apoyo a Zachary Taylor, pero no existe ninguna para Lewis Cass, su oponente, al menos en la colección de la Biblioteca del Congreso. Taylor, como presidente fue todo un recordman: dedicatorio de más piezas que cualquier otro entre 1820 y 1860. El fallecimiento durante su mandato también fue objeto del mayor número de música de duelo escrita para cualquier otro presidente de América. Su vicepresidente y sucesor, Millard Fillmore, también tiene algunas piezas dedicadas.

En la década de 1850 hubo poca música de campaña. En las elecciones de 1852 se escucharon algunas composiciones dedicadas a Winfield Scott y una sola pieza a Franklin Pierce. La etapa presidencial de Pierce, sin embargo, generó algo de música.

Las elecciones de 1856 también inspiraron poca música, ya fuese para Fremont o Buchanan. Solamente una pieza se dedica a la presidencia de Buchanan. Otros partidos políticos también aparecen en esta colección. En particular, el partido de los Know-Nothings de mediados de la década de 1850. El Free Soil Party tiene dedicada solamente una pieza.

La política exterior de los presidentes también se refleja en la publicación de la música americana de este período. En particular, los diversos movimientos nacionalistas de 1848, que los estadounidenses veían como un eco de su propia revolución (setenta años antes), tuvieron sobre todo canciones de celebración y piezas de piano. Napoleón, una figura icónica en todo el período, está representado por un número importante de piezas. Hay obras sobre la Revolución Francesa de 1848 y numerosas versiones de la Marsellesa. También hay piezas en el levantamiento húngaro, celebrando a su héroe, Lajos Kossuth, quien recorrió los Estados Unidos en 1851-52. Existen unas pocas piezas que reflejan la preocupación sobre la agitación italiana de 1848. Sin embargo, la actitud estadounidense hacia la política británica es compleja. Hay muchas piezas alabando a la Reina Victoria y otras tantas celebrando la caída de Sebastopol, en 1855. Existen muchas otras piezas sobre la defensa de la independencia irlandesa, como “Erin is my home: bohemian melody” para guitarra española. El tema de la expansión territorial generó mucha música también. Hay material sobre la fiebre del oro de California y la expansión hacia el oeste. Sobre la primera, se escribió The Dying Californian, una melodía que más tarde se convirtió en un estándar para los libros de himnos populares. También hay mucho material sobre la migración occidental, reflejando la controversia de Kansas-Nebraska. Por último, encontramos también una canción que trata el tema del Destino Manifiesto.

3. Después de la Guerra.

Después de la Guerra Civil cambiaron bastantes cosas. No solo el empleo de nuevas formas musicales o técnicas de impresión afectaron a la industria editorial. En 1870 la Biblioteca del Congreso se convirtió en la depositaria de toda la música presentada para el registro de derechos de autor. En la década siguiente, más de veintidós mil artículos de interés musical se depositaron. Algunos, debido a su formato (por ejemplo, libretos de ópera o himnos) fueron separados y catalogados de otra manera. Regularmente, otros fondos fueron trasladados a diversas colecciones de la Biblioteca por razones musicales o históricas. El departamento de música de la Biblioteca se creó oficialmente en 1896 y asumió la custodia de los depósitos de la mayor parte de música registrada. Gracias a esta labor podemos conocer los gustos musicales de una época pasada. Personalmente, creo que el fondo musical expuesto aquí nos constituye una tradición social perdida que espera a ser redescubierta.

En mucha música de la colección “1870-1885” de “American Memory” abundan, inevitablemente, los ecos de la Guerra Civil. Algunas piezas son reimpresiones de canciones, reminiscencias nostálgicas, y otras marchas fúnebres oficiales que murieron durante este período. También hay muchas canciones para el Decoration Day (ahora Día de los Caídos), que se celebró por primera vez en 1868 como una jornada de conmemoración de los muertos de la Guerra Civil. La firma del Tratado de Washington (el 8 de mayo 1871) también generó música de celebración.

Hubo un flujo constante de piezas patrióticas durante la década de 1860, así como piezas en conmemoración de acontecimientos especiales en la vida de la nación. Se mantienen en esta época dos tipos festivos y tristes) que produjeron cantidades de música.

En el Centenario de la Independencia Americana hubo un aumento radical de composiciones. Algunas de estas piezas celebraron eventos que sucedieron antes de la Revolución, como The Party Tea en Boston. Muchas de ellas se interpretaron en la Exposición del Centenario en Filadelfia, y a menudo la partitura contenía elaboradas portadas sobre los edificios del Centenario.

En este período, no hubo un evento que produjese un mayor número de música que el asesinato del presidente James A. Garfield, el 2 de julio de 1881. Hubo canciones de oración por su recuperación (no murió hasta el 19 de septiembre), canciones de luto por su muerte, marchas fúnebres, y canciones dedicadas a su viuda. Incluso fue compuesta una pieza a su asesino, Charles Guiteau, en cuya portada podemos ver como el diablo le invita al Hotel Hades (ver la satírica ilustración al principio del artículo).

Las elecciones presidenciales generaron un gran conjunto de canciones de campaña para cada candidato, el vencedor fue celebrado con marchas de victoria y marchas inaugurales. Hay piezas sobre la campaña de 1872 (Ulysses S. Grant vs Horace Greeley), la polémica elección de 1876 (Rutherford B. Hayes vs Samuel J. Tilden), la campaña de 1880 (James A. Garfield vs Winfield Scott Hancock), y la de 1884 (James G. Blaine vs Grover Cleveland).

Durante el último cuarto del s. XIX, se incrementó el número de canciones en las campañas presidenciales: esto reflejó el aumento general de la cantidad de música publicada en América, así como la mayor importancia de la música en la campaña. La diversificación de temáticas es otra característica. Por ejemplo, algunas de las publicaciones en 1884 no son para candidatos, se trata de electioneering bandbooks, diseñados para las bandas que podrían ser contratadas para tocar en cualquiera de los partidos, y dar tiempo igual a ambos.

Nuevamente, el ganador no siempre fue el candidato con mayores composiciones. Por ejemplo, existen más canciones de James G. Blaine que para cualquier otro candidato. Chester A. Arthur, quien se convirtió en presidente tras la muerte de Garfield, consiguió un par de canciones sin el beneficio de una campaña musical presidencial. En las elecciones estatales de 1882, la candidatura de Ben Butler para gobernador de Massachusetts generó varias canciones. Muchas de ella eran de índole sarcástica, de acuerdo con el estilo de la época.

Ulysses S. Grant fue no sólo un candidato, fue un importante personaje público. Las piezas que se inspiraron en él fueron escritas sobre sus políticas, sobre la boda en la Casa Blanca de su hija Nelly, y su gira alrededor del mundo después de su presidencia. En 1885 la música de luto por la muerte de Grant rivalizaba con la de la muerte de Garfield. Por último, señalar de este periódo que la Estatua de la Libertad no fue dedicatoria hasta 1886. También se compusieron varias piezas dedicadas a su escultor, Frederic-Auguste Bartholdi.

4. Conclusiones

En estas últimas líneas, y a modo de reflexión, lanzo la siguiente pregunta: si pudiéramos preguntar a un ciudadano estadounidense de cada época acerca de que significa el presidente para el o ella ¿que respondería? podríamos aventurar que para el imaginario colectivo, el presidente de los Estados Unidos de América representaba el símbolo de la nación, a veces incluso un “héroe” con poderes sobrenaturales capaz de preservar lo más genuino del país.

Volviendo otra vez al día de la inauguración de Obama, creo que la canción folk “This land is your land” contiene una característica común a toda la música “presidencial”: el calor del tono patriótico, (sentimental a veces) que acompaña los anhelos del pueblo, que fijan en un punto todos sus sueños, el camino a tomar.

Y aunque son las decisiones del Presidente las que han afectado a todo el mundo, sería justo reconocer la importancia de dos factores que potenciaron, como nunca antes, la difusión de sus ideas a través de la música. Por un lado, la producción escrita de los medios de la época llegó a todos los estadounidenses en forma satírica, melancólica o alegre para cumplir una sola función: reforzar un sentimiento de rechazo o de aceptación del líder.

Por fin, en los ladrillos de la construcción y más allá, en el alma de estas músicas, estaría la clave para entender como, a veces, el presidente también se convertiría en un ser querido más, dentro de la gran familia Norteamericana.

Bibliografía:

  • Ellison, Mary, David Horn, and Philip Tagg. “Review of Popular Music Perspectives: Papers from the First International Conference on Popular Music Research, Amsterdam, June 1981″. Popular Music. 3 (1983): 313-315.
  • Library of Congress. American memory historical collections for the National Digital Library. Washington, DC: Library of Congress. http://memory.loc.gov. (acceso 1 de septiembre de 2010).
  • Nicholls, David, The Cambridge history of American music. Cambridge, UK: Cambridge University Press, 1998
  • Wendell D. Garrett. Diary and autobiography of John Adams. Boston, Massachusetts: Massachusetts Historical Society, 1961


Notas:

[i] Los Shaker creían que todo el mundo podía encontrar a Dios dentro de sí mismo, y no a través de rituales religiosos. En su sociedad, la inspiración musical era considerada un regalo divino que debía ser traducida mediante un sistema de notación musical llamado “Letteral System”.

[ii] En el I Congreso sobre investigación en Música Popular (1981), uno de los más distinguidos musicólogos, Charles Hamm, comenzó su ponencia con una afirmación: afrontar la dificultad de describir que se entiende por “música popular”. El handicap consistía en reconocer que: “we´re not sure what we´re talking about”, citado en el artículo de Ellison (1983: 313-315).

[iii] En la Biblioteca del Congreso, la clasificación de fuentes primarias relacionadas con la guitarra (partituras, métodos, etc) es a partir de MT582 (LC Number).

[iv] Citado en Nichols (1998). Preston colabora en el primer trabajo que Oxford University Press dedica a la Música Americana, escrito por especialistas de universidades de Reino Unido y Estados Unidos.

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About Daniel Vissi García

Profesor Superior de Guitarra (CSM), Maestro en Educación Musical (UMU), DEA en Educación Musical y Nuevas Tecnologías (UNED). Desde 2002 investiga sobre la música norteamericana en el s. XIX. Actualmente realiza estudios de Master en Estudios Norteamericanos (UAH).Ha sido profesor de guitarra y música de cámara en el Conservatorio Profesional de Música de Cartagena. Actualmente es profesor y jefe de departamento de guitarra en el Conservatorio Joaquín Turina de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) donde compagina su actividad docente con recitales y actividades gastronómicas.

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