TRANSCULTURACIÓN Y METAFICCIÓN EN EL CORRIDO DE DANTE DE Eduardo González Viaña

   

“Unos dicen que entró a los Estados Unidos por la playa, otros aseguran que por los cerros, como la mayoría de nosotros, y otros más lo quieren ver volando. Lo ven flotar sobre breves colinas de Tijuana. Lo ven esquivar los puestos de radar y tramontar las luces infrarrojas. Lo ven elevarse ingrávido, por encima de los helicópteros de los gringos. Y lo sienten por fin posarse a la entrada de San Diego como afirmándose en el suelo, como si se amarrara a la tierra, como si temiera que se lo llevara el viento”[1]

 

Una de las tendencias literarias de más auge en la actualidad en Estados Unidos es aquélla escrita por autores latinoamericanos residentes en dicho país. Estos escritores suelen caracterizarse por llamar la atención al lector y a la sociedad norteamericana sobre la situación de los latinoamericanos que emigran hacia Estados Unidos. Uno de los autores que más ha destacado en los últimos años por su compromiso social con la comunidad latina en Norteamérica es Eduardo González Viaña, escritor peruano residente en los EEUU desde los años noventa donde es profesor en la Western Oregon University. Después de haber tratado el tema de la presencia hispana en Estados Unidos en las colecciones de relatos breves Las sombras y las mujeres (1996) y Los sueños de América (2000) y en un sinfín de artículos periodísticos conocidos como El correo de Salem[2], en 2006 publicó El Corrido de Dante por el que recibió el Premio Internacional Latino de Literatura 2007 en Estados Unidos.

En El corrido de Dante (2006), Eduardo González Viaña narra la odisea de la inmigración latinoamericana en Estados Unidos a través de la historia de Dante Celestino, que, tras haber experimentado siendo joven el drama del desplazamiento, del paso de la frontera y del encontronazo con la cruda realidad del sueño americano, se embarca de nuevo, como un Quijote del SXXI, pero esta vez con un burrito Virgilio como único acompañante, en un viaje simbólico por toda la geografía estadounidense en busca de su hija.

En este viaje, Dante no sólo se mueve por una geografía física, sino que inicia un viaje emocional hacia sus propios recuerdos. En una serie de retrospecciones, el lector llega a conocer el pasado de Dante y todos los acontecimientos que han marcado su existencia, entre otros: cómo tuvo que salir de Sahuay por falta de trabajo; sus múltiples intentos de cruzar la frontera antes de lograr entrar en la Estados Unidos; el trabajo duro y mal pagado llevado a cabo en dicho país; la inseguridad y la angustia que produce el ser ilegal; los diez años de espera antes de volver a ver a su novia Beatriz; el desdichado matrimonio entre ésta y un adinerado vecino para pagar los costes médico de la madre de ella; la vida familiar en Mount Angel y la temprana muerte de su esposa por una enfermedad.

Como señala José Manuel Camacho en su artículo “El Corrido de Dante de Eduardo González Viaña y la novela de los inmigrantes” el autor peruano, en un juego de inspiración cervantina, otorga a Virgilio el don de la paciencia y la capacidad para escuchar a Dante en su viaje a lo largo de toda geografía americana (4). El burrito, que aparece en su vida el mismo día en que desaparece su hija, acompaña a Dante y le hace más llevadera la soledad. Virgilio se convertirá en su compañero y confidente, atendiendo sus historias y mostrándole su conformidad o desacuerdo. Como apunta Camacho, desde el punto de vista de la narración, Virgilio resulta muy interesante ya que permite a Dante hablar y pensar en voz alta (4). 

Es a través de la historia de Dante Celestino y todas las intrahistorias de los personajes que aparecen en la novela que el autor peruano hace un retrato de la realidad de las comunidades hispanas en Estados Unidos. Según el propio González Viaña en una entrevista de Pedro Escribano, Dante es un personaje metáfora del drama de la inmigración latinoamericana en Estados Unidos. De hecho, en la obra se exponen las diferentes situaciones que experimentan los inmigrantes latinoamericanos en el proceso de paso de la frontera: las dificultades para atravesar el río Grande, lugar estrictamente vigilado por las autoridades norteamericanas, y el valor que posee como viaje iniciático para el que lo cruza, ya que se enfrentará a un mundo completamente nuevo y en muchos casos, hostil. Asimismo, en la novela se pone de manifiesto la falta de escrúpulos de los coyotes, los encargados de “ayudar” a los mejicanos a cruzar la frontera, que, en muchos de los casos, chantajean y abusan de su poder para conseguir el máximo dinero posible. Por otro lado se refleja el deseo de trasladarse cuanto más al norte mejor como si esto pudiera acelerar la traumática adaptación al nuevo país. Una vez que la frontera ha sido cruzada aparece el miedo, la discriminación, los prejuicios de raza, la precariedad, la pobreza y la ilegalidad.

A pesar de que la esta novela posee aspectos muy significativos que merecen un análisis detallado, como son su carácter comprometido y de denuncia hacia la realidad de la inmigración; los conflictos generacionales entre padres e hijos de inmigrantes; los problemas de identidad; los dificultades que surgen por la dificultad comunicativa; el presente trabajo se centrará en los rasgos metaficcionales presentes en la misma ya que dichos rasgos metaficcionales contribuyen a generar una visión global del fenómeno de la inmigración y la transculturación en Estados Unidos.

El término “transculturación” apareció por primera vez en 1940 cuando el antropólogo cubano Fernando Ortiz propuso su uso en sustitución del término muy extendido “aculturación” para referirse a la cultura cubana. Ortiz considera el término “aculturación” insuficiente porque sólo se refiere “al proceso de tránsito de una cultura a otra” (93). Para Ortiz  “aculturación” es un término anglo-americano, intercambiable con “asimilación”, un proceso que no es representativo de las circunstancias históricas de Latinoamérica y Cuba en particular. Ortiz explica que la voz “aculturación” es inadecuada porque:

En Cuba han sido tantas y tan diversas en posiciones de espacio y categorías estructurales las culturas que han influido en la formación de su pueblo, que ese inmenso amestizamiento de razas y culturas sobrepuja en trascendencia a todo otro fenómeno histórico (93).

       Para Ortiz, “transculturación” expresa de manera más precisa las diferentes fases del proceso. Dicho proceso de transculturación consta de tres fases según Ortiz: aculturación, entendida como la adquisición de otra cultura; deculturación, entendida como la pérdida o el desplazamiento de una cultura previa; y como última etapa, neoculturación, entendida como la creación de un nuevo fenómeno cultural (Ortiz 96). Por tanto, se concluye que en el proceso de transculturación, algunos elementos de una cultura se pierden a la vez que se adquieren nuevos elementos dando paso así a una nueva cultura: una cultura que no es ni una ni la otra, sino una fusión de las dos. Esta mezcla se convierte en una fusión única que posee rasgos de ambas culturas y que da como resultado una tercera cultura.

       Ortiz escogió el término “transculturación” para poder entender las dinámicas económicas y sociales de Cuba. El antropólogo cubano se centró en la descripción y en el estudio de la producción del tabaco y el azúcar de Cuba. De este modo, Ortiz consideraba el tabaco un producto propio de Cuba que poseía rasgos distintivos de la cultura cubana, era indígena, moreno, de género masculino. En el otro extremo de la polaridad se hallaría el azúcar, representativo de Europa desde donde se trajo a Cuba. Por tanto, estaría relacionado con lo extranjero, el color blanco, y el género femenino. Mediante este análisis del contrapunteo entre el tabaco y el azúcar Ortiz estudia las condiciones económicas y sociales de Cuba (Loustau 158).

       Desde los años 40 hasta el presente los intelectuales latinoamericanos han hecho uso del término de distintos modos y refiriéndose a países y culturas diferentes. Uno de los que más ahondó en el término fue Ángel Rama, quien expresa sus ideas sobre transculturación en un artículo de 1974 titulado “Los procesos de transculturación en la narrativa latinoamericana”. Sin embargo, es en su estudio Transculturación narrativa en América Latina (1984) donde Rama se refiere específicamente y aplica la teoría de Ortiz al estudio del impacto de la modernización de la novela latinoamericana. Rama señala que, frente al vocablo aculturación el cubano Fernando Ortiz propone el uso del término transculturación, definiéndolo de la siguiente manera:

Entendemos que el vocablo transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, porque éste no consiste solamente en adquirir una cultura, que es lo que en rigor indica la voz anglo-americana aculturación, sino que el proceso implica también necesariamente la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una parcial desculturación, y, además, significa la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse neoculturación” (Rama 39).

La transculturación supone la creación de algo nuevo, la cultura de origen recibe el impacto de la cultura mayoritaria pero no reacciona de manera pasiva, sino que, de ese cruce surgen nuevas realidades culturales. Del meeting pot de los 70 se pasa al salad bowl de las últimas décadas. Rama concluye que los escritores que mejor resisten la fuerza de la aculturación de la modernización son aquellos cuya respuesta a la modernización es la transculturación.  Estos escritores transculturadores, como Rama los define, serían José María Arguedas, Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Juan Rulfo y Joao Guimarães Rosa. Para Rama estos escritores transculturadores actúan como mediadores entre diferentes campos lingüísticos, geográficos, movimientos literarios y entre la alta cultura y la cultura popular.

Aplicando la descripción de transculturación del modelo de Ortiz a la literatura con sus correspondientes tres etapas, se omiten dos componentes importantes: selección e invención. Rama incluye estos dos componentes puesto que la producción de literatura implica un acto consciente de selección de material específico para crear un producto cultural. Por lo tanto, podría decirse que el escritor transcultural se mueve entre elementos culturales con el fin de escoger aquéllos que necesiten ser preservados, así como aquellos de la “otra” cultura que puedan ser útiles para lograr su objetivo de preservación y supervivencia de su cultura. Eso no significa que el material cultural preservado tenga que ser visible, de hecho, puede convertirse en algo híbrido, algo nuevo y único, puede que irreconocible mediante su sincretismo con la otra cultura. De hecho, el escritor transcultural puede incluso recuperar y revitalizar componentes de la cultura, que aunque pertenecen a la tradición cultural, no habían sido percibidos o utilizados de forma sistemática y cuya posibilidad expresiva se multiplica desde una nueva perspectiva (Rama 31). El escritor transcultural sabe que cada cultura es una estructura autónoma y por tanto, la incorporación de elementos externos le llevará a una rearticulación global de la estructura cultural promoviendo nuevos acercamientos dentro de ésta.

El aporte de los escritores transculturadores a la literatura latinoamericana es incalculable ya que sus obras desafían la visión tradicional de la literatura en Latinoamérica. Los textos transculturales deben leerse partiendo de la idea de que en ellos coexisten al menos dos mundos en constante tensión. Siguiendo estos parámetros, la obra de Eduardo González Viaña puede considerarse una obra narrativa transcultural, ya que en ella conviven dos cosmogonías y dos sistemas culturales en tensión. El propio autor es un sujeto transcultural y a la vez transculturador ya que su narrativa recoge los dos mundos, su origen latinoamericano y la cultura norteamericana. En esta obra podemos encontrar elementos de su cultura de origen, típicos del realismo mágico, como fantasmas de mariachis que tocan su música triste incluso después de muertos y cuyas canciones son perceptibles a todos aquellos que cruzan la frontera; o un burrito que vuela. González Viaña, lleva a cabo un homenaje a este género literario representante de los grandes escritores latinoamericanos del Boom y al mismo tiempo lo parodia. Es inevitable que hoy en día los escritores latinos en Estados Unidos vuelvan su mirada a los padres de la literatura latinoamericana, sin embargo, es necesario que se lleve a cabo una superación de los mismos y eso se hace a través del homenaje-parodia. Asimismo, González Viaña, en esta obra, se erige en voz de todos los inmigrantes que han sufrido y siguen sufriendo cada día la realidad de ser un recién llegado a los Estados Unidos desde un país latinoamericano. Su obra tiene claros tintes de denuncia social y su compromiso con la comunidad latina en Estados Unidos es una realidad.

González Viaña en su novela, pretende dar voz a esa otra Norteamérica, la de la inmigración latinoamericana. A través de la historia de Dante, pretende crear un espacio de voces múltiples que reflejen la realidad de los Estados Unidos. Por ello, el autor hace uso de diferentes recursos metaficcionales, que, de algún modo, contribuyen a crear ese collage cultural. En la novela, se hallan presentes diferentes discursos que fluctúan entre lo culto y lo popular. Como discurso culto cabe mencionarse la reescritura que lleva a cabo el autor de un texto clásico, La Divina Comedia de Dante Alighieri. Al mismo tiempo, hallamos en la obra elementos populares como el corrido, la religiosidad popular,  la superstición y, por último, el discurso periodístico. El relato se nos presenta como un reportaje periodístico sobre inmigración para el diario El Latino de Hoy que ha centrado su interés en la historia de Dante Celestino. Es llamativo que un reportaje que trata de ofrecer una visión sobre la Historia de la inmigración acabe siendo la narración de una de esas tantas historias anónimas que atraviesan la geografía norteamericana.

González Viaña propone, de esta manera, una revisión de la Historia oficial a través de la intrahistoria, a través de la oralidad, de las miles de historias invisibles de las que se nutre la realidad norteamericana diariamente. Resulta muy llamativo el uso que hace González Viaña del género del corrido, la canción popular de origen mexicano que suele narrar las hazañas de héroes anónimos como Dante Celestino. Dante se convierte en el protagonista del corrido que le compone su compañero El Peregrino, al mismo tiempo que se convierte en el protagonista del relato periodístico de El Latino de Hoy y de la novela de Viaña.

En  esta obra podemos encontrar ciertos aspectos y mecanismos que se adscriben a la literatura de metaficción. La literatura metaficcional es aquella que se define por su autoreferencialidad, es decir, las obras que se agrupan bajo la etiqueta de metaficción tienen como denominador común una especial conciencia sobre el proceso generativo de ésta. La metaficción literaria, según Linda Hutcheon, es “fiction about fiction” (1).  Según Sánchez Pardo González, la metaficción es “ficción que reflexiona sobre la naturaleza de los sistemas fictivos, cómo se originan y de qué manera la realidad queda filtrada y transformada a través de distintos procedimientos narrativos” (25). Este aspecto se halla presente en la obra de González Viaña, ya que, en El corrido de Dante se nos presenta a un periodista que se dispone a escribir un artículo sobre Dante Celestino y acaba escribiendo una novela sobre su vida. El periodista se traslada a Mount Angel, el pueblo donde vive Dante Celestino para recopilar información que después incluirá en su obra.

La metaficción puede relacionarse con el principio de incertidumbre propuesto por Heisenberg, la conciencia de que, cada proceso de observación introduce un factor distorsionador y es imposible describir un mundo pretendidamente objetivo porque el observador siempre modifica lo observado (Sánchez Pardo 25). En este sentido, en El corrido de Dante se narra la historia de Dante Celestino, pero esta historia, tal y como llega al lector, es un relato de un relato, es decir, está filtrado, en primer lugar, por los vecinos y conocidos del Dante, que ofrecen sus testimonios al periodista y en segundo lugar, por la pluma de éste que recoge estos testimonios y los convierte en un artículo con dimensiones de novela sobre la vida de Dante.

¿Cómo conoce el lector la existencia de este narrador-periodista? González Viaña introduce al narrador homodiegético como un personaje dentro de la trama, lo introduce dos veces, al comienzo y al final de la obra. El lector, comienza a leer el resultado de su proceso de creación literaria y después conoce al autor de la misma. Asimismo, recibe esta información y es consciente de estar leyendo un relato escrito por uno de los personajes de la propia novela, que, en ciertos momentos, se inmiscuye dentro de la historia:

La gente de El Latino de Hoy, el periódico en español más leído, había oído contar la historia, pero el director no sabía qué había de cierto en toda ella. Los diarios en inglés de San Francisco y Portland habían hecho mucho ruido con la historia del mexicano que se perdió en el mapa de los Estados Unidos buscando a su hija […] me pidieron que escribiera lo que los periodistas llaman una “nota humana” sobre Dante Celestino. Cuando pregunté por el espacio que me darían, me ofrecieron todo el que quisiera, e insinuaron que tal vez sacarían un especial dedicado totalmente al asunto (25).

En el periódico ofrecen todo el espacio que sea necesario para escribir la historia de este inmigrante mejicano que se embarca en un viaje a través de los Estado Unidos en busca de su hija. El lector descubre que la novela es el resultado de esa “nota humana” que propone El Latino de Hoy al periodista-narrador. Los periódicos se interesan por esta figura que, ya en ese momento, posee cierto carácter mítico. Su historia se va reproduciendo de boca en boca y, de este modo, se lleva a cabo la mitificación del personaje.

Esta problematización entre realidad y ficción se aprecia  a lo largo de toda la novela, ya que, lo que en principio iba a ser una nota humana, algunos datos biográficos, se acaba convirtiendo en una ficción, en una novela que narra la historia de Dante Celestino convertido en personaje en el relato de ficción escrito por este periodista-escritor. No sería descabellado pensar que el periodista, tras escuchar los diferentes testimonios de todos los que conocieron, oyeron hablar de Dante y contribuyeron a su mitificación, lleve a cabo su propia interpretación e incluya elementos de ficción en la novela que finalmente acaba escribiendo.

González Viaña introduce al personaje del narrador al comienzo de la novela y, de manera estratégica, al final de la misma, con el fin de recordar al lector que lo que ha leído es una reescritura o reinterpretación de lo que podría ser la historia real de Dante Celestino. El narrador homodiegético, al final de la obra vuelve a aparecer como un personaje que se mezcla con los que han sido protagonistas de la misma, conversa con ellos y les pregunta por sus planes de futuro. Así, visita a Johny Cabada, novio de Emmita, que se halla preso y quiere abrir una empresa una vez que salga. Cuando habla con Emma, ésta le cuenta que está dando clases de español y que va a entrar en la universidad. A Dante le pregunta si ve factible conseguir una visa de trabajo, pregunta que recibe una negativa por parte de Dante. A pesar de haberse convertido en un mito entre sus vecinos y conocidos y de entrar a formar parte, como mito, de la tradición oral, para Departamento de Inmigración de los Estados Unidos, él sigue siendo un inmigrante ilegal que carece de green card[3].

El texto presenta numerosos ejemplos de la estética propia del realismo mágico, género que González Viaña homenajea y parodia al mismo tiempo, ya que, muchos de estos ejemplos de realismo mágico vienen dados por los sueños o la mitificación que se lleva a cabo mediante la oralidad. Como apunta Loustau, es muy común que en Norteamérica la crítica tienda a encontrar una estrecha relación entre literatura latina y el realismo mágico. La constante conexión que hace la crítica entre el realismo mágico y la llamada literatura latina en Estados Unidos puede predisponer al lector a acercarse a la literatura latina considerando parámetros esencialistas que llevan al encasillamiento de dicha literatura en rígidas categorías de análisis. Es decir, si nos encontramos ante literatura latina existe casi un cien por cien de seguridad de que ésta posea rasgos del realismo mágico latinoamericano. Esta mitificación puede derivar en incomprensión (Loustau 194-5). Es decir, esta visión lleva a simplificar y a relacionar todo aquello que tiene que ver con lo latino con el mundo de lo mágico y lo esotérico y, por tanto, a oponerlo a la racionalidad de la cultura anglo-americana.

Es por ello que los autores latinos en Estados Unidos hoy en día saben hacer uso del realismo mágico cuidándose de no caer en la simple imitación de los escritores latinoamericanos del Boom. De hecho, el realismo mágico es un arma de reivindicación de la propia cultura a la vez que una forma de resistencia a la cultura mayoritaria que absorbe las realidades locales bajo su manto globalizador. Para estos nuevos escritores latinoamericanos es necesario llevar a cabo un “parricidio” literario, es decir, “matar” a los padres de la literatura, a sus propios modelos, con el fin de poder alcanzar una propia identidad literaria[4]. Esto supone una superación de la literatura anterior sin dejar de hacer un homenaje a los padres literarios. En el caso de González Viaña, el uso del realismo mágico siempre viene introducido por los sueños o la mitificación que se hace mediante la oralidad. Esto puede apreciarse en la narración que los vecinos de Dante Celestino llevan a cabo acerca de éste y de su historia al periodista del Latino de hoy. Algunos de los ejemplos más evidentes de realismo mágico se ven introducidos por las conjunciones “tal vez” y “quizás”, que incorporan la duda y cuestionan la veracidad de gran parte de estos hechos y que, a su vez, sugieren la incorporación de elementos ficticios a la narración.

El capítulo dedicado a la historia de Virgilio es un claro ejemplo de esto, y, como el propio nombre sugiere “Más falsos testimonios sobre Virgilio”, alude a la mitificación llevada a cabo por parte de los vecinos y conocidos de Dante: “El tipo que le había dado información sobre Virgilio le había contado historias increíbles. Según él, a Virgilio le llegó el momento en que se hizo hombre, o más bien adulto” (52). La historia del burrito viene acompañada por ese halo de mitificación que se observa en el relato de un vecino de Mount Angel al periodista y en la que hace referencia directa a las diferentes versiones que se van dando de una misma historia hasta que ésta se convierte en un mito:  

Unos dicen que entró a los Estados Unidos por la playa, otros aseguran que por los cerros, como la mayoría de nosotros, y otros más lo quieren ver volando. Lo ven flotar sobre breves colinas de Tijuana. Lo ven esquivar los puestos de radar y tramontar las luces infrarrojas. Lo ven elevarse ingrávido, por encima de los helicópteros de los gringos. Y lo sienten por fin posarse a la entrada de San Diego como afirmándose en el suelo, como si se amarrara a la tierra, como si temiera que se lo llevara el viento (26).

El relato de la vida de Virgilio recoge acontecimientos increíbles y fantásticos que muestran una filiación con la estética del realismo mágico. Sin embargo, González Viaña lo parodia en un intento por dejar atrás la visión que se ha tenido de los latinoamericanos a partir de las grandes obras del realismo mágico. El autor peruano explica este realismo mágico mediante la mitificación llevada a cabo por la tradición oral.

La intertextualidad en esta novela también se hace evidente desde el principio. González Viaña se inspira en la Divina Comedia de Dante y la adapta a la realidad transcultural de los inmigrantes latinos en Estados Unidos. Los nombres escogidos para sus personajes son una clara muestra de ello.  Dante Celestino, al igual que Dante en la Divina Comedia, se embarca en un viaje que lo llevará a moverse por diferentes escenarios, dentro de los cuales, el “infierno” estaría representado por la experiencia traumática del cruce de la frontera y las vivencias como inmigrante ilegal en Estados Unidos. El mismo González Viaña señala en una entrevista con José Carlos Urioste que tal vez esta metáfora sea algún día la metáfora del inmigrante en su camnio por el infierno, el purgatorio y el cielo de los Estados Unidos. El Dante de González Viaña también se hace acompañar por un Virgilio, que en este caso es un burrito, su única compañía durante sus meses de búsqueda a lo ancho y largo de la geografía estadounidense y que, en realidad, le sirve como interlocutor silencioso que escucha atentamente su historia:

De algún lugar del cielo, emergió una nube púrpura como el color y el sabor de la Jamaica, que se elabora con las flores más rojas de México, y Dante se dio cuenta de que había estado fantaseando. Se le ocurrió que hablar con Virgilio para no quedarse dormido. No es que intentara conversar; le bastaba con hablar y ser escuchado (42).

En la obra también se hallan referencias a la Biblia. En diversas ocasiones evidencian en el texto ejemplos de intertextualidad bíblica que viene dada por la mitificación típica de la tradición oral y que al mismo tiempo, González Viaña parodia. Uno de los ejemplos de intertextualidad bíblica lo hallamos en el capítulo en el que un vecino de Mount Angel le cuenta al periodista la historia de Virgilio y cómo llegó a Estados Unidos junto a la familia de los Espino, la madre, el padre, el niño y el burrito. Posteriormente, hallamos una reescritura del Moises bíblico en la figura de Moises Facundo, el patriarca de los Facundo, una familia mítica en el recuerdo de Dante Celestino. Los Facundo eran una familia que intentaban cruzar la frontera a los que la gente seguía esperando que Moises, patriarca del clan, cuyo nombre “recuerdan pocos, pero Dante insiste en llamar don Moises” (62), los guiase en la dura travesía ya que “contaba que se le había aparecido un ángel y le había dicho: Levántate. Despierta a tu mujer y a tus hijos y llévatelos al norte porque ésa es la voluntad del altísimo” (62). Cual Moises bíblico, el Moises Facundo guía a más de 90 personas a través del desierto de Sonora y se erige en líder espiritual de sus seguidores imponiendo sobre ellos estrictas normas para acabar conduciéndolos por el desierto de Arizona en el que la mayoría de ellos muere de insolación (65).

      La intertextualidad del Quijote también se halla muy presente en la obra, ya que, Dante Celestino, como un Quijote del SXXI, se embarca en un viaje en el chocará no contra los molinos de vientos, sino, contra la incomprensión y las autoridades norteamericanas. Asimismo, encontramos en la obra intertextualidad con El Asno de Oro de Apuleyo o As I Lay Dying (1930) de William Faulkner, ya que en esta obra, como en El Corrido de Dante, se lleva a cabo un viaje al lugar de origen para enterrar a la matriarca de la familia[5]. De hecho, toda la trama de El corrido de Dante tiene como punto de partida el cumplimiento de la promesa realizada en el lecho de muerte, como hace Anse Brinden con su esposa Addie, en la que se compromete a trasladarla desde Yoknapatawpha al condado de Jefferson, para ser enterrada junto a los suyos. La muerte de Beatriz ahonda aún más en la soledad de los personajes de la novela. Una vez sola en el nicho familiar, Beatriz imagina a Dante completamente solo y siente una enorme congoja. Imagina a Dante desconsolado, dirigiéndose a la casa que habitaron juntos convertida en un lugar frío e inhóspito. Una vez enterrada, Beatriz se pasea por el cementerio como si aun estuviera viva, camina triste bajo la lluvia y se lamenta de que no hubiera siquiera un sepulturero en Sahuayo para enterrarla, porque el último tuvo que emigrar también hacia los Estados Unidos. Sin embargo, la tristeza se mezcla con la alegría de volver al lugar de origen, a la tierra que la vio crecer y estar junto a los suyos para siempre. Beatriz sigue acompañando a Dante después de su muerte. Lo acompaña en su búsqueda de Emma, lo consuela cuando éste se desespera, se le aparece cuando le entra sueño al volante de la furgoneta y lo protege de los bandidos con los que se topa en el camino.

   Asimismo, se hallan referencias directas en el texto a autores como Juan Rulfo y el territorio mítico de Comala, al que alude directamente al narrar el matrimonio de Beatriz y Don Gregorio y el vacio que esta unión produce en la que después se convertirá en esposa de Dante:

Entonces don Gregorio la arrastró por la sierra Tarahumara e hizo que mirara los árboles cuyas copas se pierden en el cielo y las cascadas fantásticas que obran el prodigio de silenciar al mundo y hacer que una pareja se idolatre. Pero Beatriz miró hacia otro lado. Después transitaron por Cómala y conversaron con mucha gente, pero todos eran difuntos y sólo narraban chismes del cielo (95).

Es El Corrido de Dante un texto palimpséstico en el que se hallan presentes múltiples referencias, guiños, homenajes a otras obras y autores. Hay múltiples referencias a Selena, cantante mexico-americana de gran éxito a la que González Viaña dedica un capítulo “Selena got up”. En este capítulo se narran los deseos y aspiraciones de Enma por convertirse en una popular cantante como Selena. El Corrido de Dante es un collage en el que se incluyen segmentos de otros géneros no literarios, como es el caso de la radio. La radio se convierte, durante sus meses de búsqueda, en su única compañía junto con Virgilio:

LOCUTOR: Sí, amigos de la Grande, la emisora de todos los hispanos del Área de la Bahía. Como les habíamos anunciado, después de dos semanas de exitosas presentaciones, hoy tenemos con nosotros nuevamente a Los Peregrinos de La Santa Muerte. Ésta fue la radio que los acogió a su llegada, y en ésta se están despidiendo de su público. A nuestro pedido, acaban de interpretarnos la canción que la primera voz le dedica a su compañero Dante Celestino.

Comercial […]

Timbre del teléfono (269).

        Pero no sólo se compone este gran collage de homenajes o guiños a otros autores, en él hallamos ecos del mundo de las radionovelas, letras de corridos, parodias de talk shows televisivos: “Aparte de las telenovelas, durante los últimos años, los Celestino no se habían perdido nunca el programa de la doctora Dolores. Los jueves cerca de la media noche veían los talk shows y al final, el programa se transmitía también por radio” (45).

         Precisamente, viendo uno de estos talk shows se problematiza de nuevo la división entre realidad y ficción cuando aparece un joven en televisión que dice haber sido traicionado por su novia con su padre. La historia causa una profunda impresión en Beatriz, que pasa un fin de semana entero llorando y quejándose de la falta de consideración de muchos hombres, aun sabiendo que el joven es su vecino y que no tiene padre y que todo es falso. En El corrido de Dante se juega con los conceptos de realidad y ficción, ya que, no puede llegar a saberse si todo lo que se cuenta sobre Dante Celestino surge de su propia imaginación, de la imaginación de sus vecinos y conocidos, si está retocado por la pluma del periodista o si ocurrió de verdad.

        El corrido de Dante es una novela que cuenta la inmigración latinoamericana en Estados Unidos haciendo hincapié en las dificultades que encuentran los inmigrantes latinoamericanos una vez que cruzan la frontera. A través de la historia de Dante Celestino y de todas las intrahistorias que vertebran la novela, el autor peruano indaga las razones que llevan a la inmigración, las dificultades y riesgos que conlleva el paso de  la frontera, así como  la explotación, la marginalización  y la ilegalidad que caracterizan la vida de los que se atreven a cruzar la frontera en busca de una vida mejor. González Viaña explora las identidades que surgen de los cruces culturales y los conflictos que se crean entre las diferentes generaciones. Dante representa la primera generación de inmigrantes que intentan preservar su identidad y que difícilmente podrán llegar a formar parte de la cultura mayoritaria por razones culturales y lingüísticas sin poder integrarse en la cultura dominante. Viven de la nostalgia y esperan volver a su país algún día, aunque conocen las dificultades que tendrían que sortear para lograr dichos objetivos. Sus condiciones laborales serán muy difíciles y en la mayoría de los casos nunca llegarán a obtener la green card, el permiso de residencia. El texto, a su vez, se hace eco de la diferente percepción que pueden llegar a tener los hijos de la primera generación de inmigrantes, como es el caso de Emmita, de su identidad  y de la cultura de sus orígenes. En el caso de Emma, este personaje se define a sí misma como norteamericana, sin embargo, la propia sociedad americana no tiene la misma percepción de ella. A ojos de los angloamericanos ella seguirá siendo latina, y por tanto, persona “de color” porque tiene un apellido hispano como se pone de manifiesto en los capítulos que narran la denuncia llevada a cabo por Dante en la comisaría de policía y en el que se narra los problemas que encuentra Emma en la escuela. González Viaña da voz a estos conflictos de identidad que dan lugar a identidades múltiples e híbridas que, en definitiva, componen el collage cultural y la realidad de Estados Unidos hoy en día y enriquecen el panorama cultural norteamericano.

          Su novela narra estas circunstancias con una sensibilidad propia del realismo mágico que contribuye a reforzar aún más esta realidad sincrética.  Asimismo, González Viaña hace uso de algunos recursos de la metaficción con el fin de construir un relato compuesto de múltiples voces, todas las voces que van narrando la historia de Dante Celestino, todas las voces que permanecen en el silencio y no cuentan en la Historia oficial, todas esas voces que ven en Dante a un personaje mítico y que sienten su historia como suya propia, en definitiva, todas esas voces silenciadas a las que González Viaña, a través de esta novela, ha conseguido subir el volumen.

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Bibliografía

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Castro, Rafaela. Chicano Folklore: A Guide to the Folktales, Traditions, Rituals and Religious Practices of Mexican Americans. Oxford: Oxford University Press, 2000.

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Notas:

[1] González Viaña. El Corrido de Dante. Murcia: Alfaqueque Ediciones, 2008: 26.

[2] El autor publica su obra periodística también en internet, véase El correo de Salem, http://www.geocities.com/egonzalezviana/.

[3] La Green Card es la Tarjeta de Residencia Permanente en Estados Unidos, un documento de identidad para residentes permanentes en los Estados Unidos que no poseen la nacionalidad estadounidense. Aquellos que están en posesión de esta tarjeta tienen derecho a residir y a trabajar en el país (Castro 157).

[4] Teoría desarrollada por Harold Bloom y recogida en The Anxiety of Influence: A Theory of Poetry (1973).

[5] As I Lay Dying se articula en torno a la pérdida de la mujer amada. El precipitado evento en la novela es la muerte de la madre. La historia comienza en el momento en el que la familia Bundren decide llevar el cuerpo de la madre muerta al pueblo de Jefferson para poder enterrarla. La narración se divide en cincuenta y nueve secciones de monólogo interior de quince personajes, cada uno con una percepción diferente de los hechos y una manera diferente de encajar la realidad. Las aventuras de la familia en la carretera tienen elementos de la comedia, de la tragedia, de lo grotesco y lo absurdo (Baym1693-1790).

 

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TRANSCULTURACIÓN Y METAFICCIÓN EN EL CORRIDO DE DANTE DE Eduardo González Viaña por Carmen Sales Delgado, a excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Spain Licencia.

About Carmen Sales Delgado

Carmen Sales Delgado es Directora Residente del programa de estudios The Center for Cross Cultural Study (CC-CS) con sede en Sevilla.  En el plano académico, es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Sevilla; tiene un primer Máster en la Enseñanza de Lenguas Extranjeras por la Universidad de Extremadura, un segundo Máster en Literatura Hispánica por University of Florida y un tercer Máster en Estudios Americanos por la Universidad de Sevilla.  Ha enseñado cursos de Lengua Española y de Literatura Hispánica en University of Missouri, University of Florida, Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) y en CC-CS.  Actualmente es doctoranda en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Sevilla.  Su tesis doctoral, dirigida por el Dr. José Manuel Camacho Delgado, se centra en el tema de la Frontera y de Latinos/as en EE.UU. En su faceta creativa, escribe poesía y forma parte del Grupo Literario Palabras Indiscretas.

One Comment

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